Mi libro de tapa oscura.
''A veces tengo temor, lo sé. A veces vergüenza.''
Soda Stereo
Hace unos días, cumplí dieciséis años. Estuvo bien, me siento mayorcito. Ese día, se organizo la típica fiesta familiar en mi casa, en donde se le saluda y da importancia a todo el mundo, menos a mí. Pero eso es lo de menos, puesto que los chicos de la Brigada y uno que otro compañero del salón fueron, y animaron el festejo.
La familia se retiro temprano (para mi suerte), y pronto nos dejaron divertirnos. Solo un familiar, a excepción de mis padres y mi hermana, se quedo en la sala con nosotros.
Este, es uno de mis familiares favoritos, al cual yo admiro y no había visto en uno o dos años mas o menos; mi tío.
Mi tío Goro, es un tío muy especial. Irónicamente, su nombre significa ''el quinto hijo'', siendo él el numero cinco en el rango de hermanos de mi padre.
Tiene veintiséis años y es cronista, aunque es joven, ya publica columnas semanales y diarias en varios periódicos de prestigio. Es muy listo y siempre tiene buena platica. Esa noche se quedo hasta tarde con nosotros. Cuando ya todos se habían retirado, me hablo desde la cocina para entregarme mi regalazo.
— ¿Te sigues comiendo la cascara de las naranjas? — Me pregunto mientras se acomodaba en el comedor de la cocina.
— Nop, eso ya no.
— Entonces ya eres lo suficientemente maduro.
— ¿Y para que?
De su mochila saco un libro de tapa de gruesa. Me asuste creyendo que este era algún libro ''para adultos'', pero la preocupación se fue cuando leí mi nombre en la tapa.
— Cuando cumplí tu edad, tu padre me regalo un diario, pero en vista de que tu no tienes un hermano mayor, mi trabajo es darte uno.
—Muchas gracias tío, pero no acostumbro...
—Eres un muchacho muy serio. — Me dijo, posando una de sus manos en mi hombro. — De seguro que te guardas muchas cosas, algo has de tener que contar.
Lo medite unos segundos y después asentí.
—Es mejor cuando se lo dedicas a alguien, como si le contaras todos tus secretos a una persona cercana.
Luego saco otro libro igual, pero de tapa azul y me indico que este era su diario, el que escribió a mi edad.
— También te doy este.
¡Cuanta confianza!
Esa vez me dormí hasta tarde pensando en que escribir. Dedicárselo a alguien ¿eh? Ay, no sé. Pense mucho. El ponche me cayó mal. Pensé más. Mi estomago gritaba. Pensé y pensé. Me dormí.
En la mañana del domingo desperté con la mano sobre el diario. Lo abrí y repase sus hojas finas marcadas con líneas azul claro. Entonces recibí una altanera llamada por parte de Haruhi (¡oh, sorpresa!).
—¡Por culpa de tu ponche no me puedo levantar de la cama, tengo una terrible indigestión!
Fue ahí cuando un agudo dolor se coló por mis entrañas. Bajando, bajando, hasta mi estomaguito.
— Te entiendo.
— ¡Ah, no se que va a ser de mi...! — Y después de emitir un abrupto sonido de su boca (creo yo), colgó.
Mire el diario, y a sabiendas de que en todo el día no me iba a levantar de aquella cama, me propuse escribir.
Empece con un ''Querido Diario'', pero al darme cuenta de lo patético que esto sonaba, lo borre. Entonces recordé lo que había dicho mi tío la noche anterior, sobre dedicárselo a alguien. Revise el suyo, y encontré que se lo dedicaba a una tal Alina.
Decidí hacer lo mismo.
La anterior llamada me inspiro a elegir al remitente de mi diario, la persona a la que más secretos guardo, Haruhi. Claro, ella nunca lo leerá.
Pase ese día y los siguientes escribiendo masivamente en mi diario. Le conté tantas cosas a Haruhi por este medio que, cuando la veía, ya ni le decía nada.
Escribí sobre sus poderes, sobre Koizumi, Asashina y Nagato. Sobre los raros que son y sobre mi normalidad.
También sobre cosas personales, lo que me gusta y lo que no. Lo que hago en un día normal y lo que sueño a veces.
En fin, me desahogue bastante.
Por lo mismo me encargue de proteger mi diario con escudo y espada. Dado que tengo una pequeña infiltradora de la ley en casa, tuve que ingeniar un buen escondite para mis memorias. Créanme que me quedo muy bien, mi diario esta mejor protegido que la Death Note.
El diario de mi tío esta junto al mío .
Y ayer, jueves por la mañana, desperté con muchas cosas en la cabeza (muy tarde, por cierto), y entre mis apuros, acabe por meter el diario en la mochila y tratar de seguir con la labor en la escuela.
El día en el salón estuvo tan apretado que mi voluntad por escribir se vio reprimida. Fui al salón del club, pero en la puerta tenia un letrero que decía:
Brigada SOS
¡Inactivo por hoy!
Mis deseos por escribir se fueron a pasear cuando me di cuenta de la monumental tarea que tenia. Me puse a hacerla (¿cómo ven?), y comí.
Caí en la cama como esclavo al final del día.
Hoy la primera hora fue libre, el profe de Historia se enfermo de las anginas y no pudo asistir. Abrí mi mochila en busca de mi diario, y al no encontrarlo, casi me caigo de la silla.
¡Estaba segurisimo de que de ahí no lo había sacado! ¡Y no estaba! ¡No estaba!
Di una segunda inspección. Busque entre los cuadernos, en la bolsa de enfrente, en la de atrás, en la del almuerzo. Todo. No estaba.
Maldita sea.
No pude ver a mis compañeros. Entro el profesor de Biología y me miro raro. Rehuí la mirada. Mientras todos anotaban el dictado, no me atreví a despegar mis ojos de mis manos. No veré a nadie, no lo haré. Pensar que ahora todos saben de mis secretos. ¡Horrible! Seguí esquivando miradas.
Incluso Haruhi me pico varias veces la espalda, pero la ignore. Extraño, por que desde ayer ha estado evitándome.
A la hora del almuerzo no aguante mas y salí disparado a casa, evitando miradas de burla o ironía. Hasta fui grosero con Asashina, que al verme correr por los pasillos me pregunto a dónde iba.
— No importa. — Le dije esquivando.
Cuando estaba a punto de salir del edificio escolar una figura femenina impidió mi fuga.
— ¿A dónde crees que vas, idiota? — Me dijo acercándose.
— A casa.
— ¿¡Te crees muy listo!? — Era Haruhi, molesta.
— Nada de eso, solo déjame salir.
— Te la has pasado evitándome.
— ¡Tu te la has pasado evitándome!
— No es cierto. — Dijo volteando el rostro a otra parte.
— Claro que sí, desde ayer.
— Pues tengo motivos.
— ¿Qué motivos? — Pregunte.
— ¡Estoy enojada!
— ¿Y por que?
— Intente hablarte en Biología y no me hiciste caso.
— ¿Solo por eso? Que simple eres. Pues mira, aquí estoy ¿qué quieres de mi? — Le dije, un poco enfadado.
— ¡Eres un idiota!
— ¿Qué clase de respuesta es esa?
— No es por eso — Dijo inflando los cachetes. — ¡Es por esto! — Enseguida me arrojo un libro de pasta dura hacia mi pecho. — ¿Quién es esa tal Alina, eh? ¿Por qué le escribes cosas tan románticas? ¿Crees que puedes verte con mas gente sin consultarme? ¡Eres un desvergonzado! ¡Quiero que quemes esas paginas ahora! ¡Ahora!
Yo permanecí de pie frente a ella escuchando su monologo con interés.
Cuando por fin termino el primer round, tomo una profunda bocanada de aire para seguir con el segundo. Pero no se lo permití.
Puse mi mano en su boca, al momento que coloque el libro de tapa azul frente a sus ojos.
— A ver, Haruhi. ¿Qué dice aquí?
Dijo algo que no entendí y le volví a preguntar.
— ¿Qué dice aquí?
— Pues... Goro.
— ¿Y desde cuando me llamo Goro?
— Esto... quien sabe.
— Este es el diario de mi tío, necia.
— ¡Aaargh! Pues no lo vi.
— El mío esta dedicado a otra persona. — Le dije mientras guardaba el libro en mi mochila.
— ¿Y a quien? — Pregunto con curiosidad.
— A una chica.
— ¿Y que chica? — Pregunto ruborizándose.
— A ti.
Se puso roja. Roja como rebanada de tomate.
Pero después me sonrío.
Con esa sonrisa que bien podría abastecer de energía a una ciudad entera.
Lo hizo sin saber que esta noche quedaría escrita en mi libro de tapa oscura.
¿Reviews?
¿Komentarji?
¿Kommentarer?
¿Comentarios?
Ah, sí. Lo olvido siempre. Pero... ningún personaje es mío (aun), solo Goro. Todos son propiedad de Don Nagaru y su pandilla.
