28 de enero, 2012

Ha pasado un mes. A veces no puedo creerlo, pero es verdad. Esto está sucediendo realmente.

Santana y yo… bueno, no sé lo que somos. ¿Amigas con derechos? ¿Novias pero no del todo?

No creo que pueda ponerle un nombre aunque lo intente. Pasamos un montón de tiempo juntas y nos besamos y acurrucamos y nos besamos. Hablamos. Nos reímos y divertimos. A veces incluso hablamos sobre todas esas cosas profundas e importantes de la vida. Lo hacemos todo.

Excepto delante de la gente. Toda nuestra relación está dentro de los muros de nuestra casa… sobre todo nuestro dormitorio.

A veces me gusta pensar en nosotras como Romeo y Julieta… bueno, tal vez más como Julieta y Julieta. Nuestros padres probablemente no lo aprobarían e incluso podrían tratar de separarnos… pero nuestros sentimientos son demasiado fuertes como para ignorarlos. Y de alguna manera, a pesar de todas nuestras diferencias y defectos, funcionamos juntas.

Cuando estoy con Santana, me siento viva.

Pero eso es lo que hace tan difícil estar con ella también. No me gusta mentirle a todo el mundo. No me gusta andar a escondidas. Es mucha presión. Me da dolor de barriga. Y yo nunca he sido capaz de mantener grandes secretos a las personas que me rodean… bueno, aparte del hecho de que me gustan las chicas.

Me preguntaba si tal vez era parte del problema, sin embargo. Si no podía ser honesta con todos acerca de quién era yo, ¿cómo iba a sentirme lista para revelarle al mundo lo que teníamos Santana y yo? Tenía que empezar poco a poco y trabajar mi camino hacia delante.

Había un chico en el equipo de fútbol – Mike. Siempre habíamos sido muy buenos amigos, desde pequeños, y yo confiaba en él más que en cualquiera de las otras chicas de las Cheerios. La semana pasada, me decidí a salir con él y… por suerte, le pareció bastante bien esto. Dijo que no importa lo que hay entre las piernas de alguien, sino lo que hay en su corazón. Lo abracé más fuerte de lo que nunca he abrazado a nadie en mi vida. Cualquiera diría que ser "popular" significa tener un montón de amigos, pero no se puede confiar en casi nadie cuando las cosas se ponen difíciles.

Por supuesto, no le he dicho nada acerca de la chica que me gusta o por qué de repente sentí la necesidad de compartir mi secreto con él. Pero al menos había alguien que sabía que yo era lesbiana y eso me agradaba. Fue un gran alivio.

Bueno, hoy estaba arriba en nuestra habitación cuando oí el timbre de la puerta. Ya sabía que era Mike porque me envió un mensaje antes para hacerme saber que iba a venir. Me entusiasmo y corrí escaleras abajo lista para abrir la puerta y darle la bienvenida, pero Santana, que estaba en la cocina comiendo algo, se me adelantó.

No estoy segura de por qué lo hice, supongo que tal vez era solo curiosidad por ver qué pasaría. Ninguno de mis amigos había venido a casa desde que Maribel y Santana se mudaron – sobre todo porque yo les dije que no lo hicieran. Siempre tuve un poco de miedo y no quería arriesgarme a ser avergonzada por lo que Santana podría decirles. Normalmente yo simplemente iba a sus casas cuando queríamos pasar el rato. Pero las cosas habían cambiado. Santana no era tan intimidante. Así que tomé la oportunidad.

En lugar de ir hasta ellos, me escondí detrás de la pared y escuché la interacción.

"¡Hey! ¿Está Brittany en casa?" Preguntó Mike alegremente.

Hubo una larga pausa. Era incómodo. Imaginé que Santana estaba con esa mirada intensa, mirándolo con recelo.

"Depende de quién pregunte."

"Mh… Soy Mike. Voy a la escuela con ella." La voz de Mike era vacilante. "¿Tú eres su hermana? Santana, ¿no?"

Me encogí. Oh chico. Eso era sin duda la peor cosa que podía decir.

"Hermanastra." Santana gruñó. "Soy la hermanastra de Brittany."

"Oh, sí. Eso quería decir."

Otro largo silencio incómodo.

"Así que… ¿está aquí? Se olvidó su bolsa de deporte en mi coche cuando la traje a casa desde la escuela ayer y quería devolvérsela."

"Mmh… Bueno, lo siento, Britt está fuera. Creo que ha ido a correr o algo. Parece ser que tendrás que volver en otro momento, Jackie." La voz de Santana era extremadamente dulce y teñida de veneno al mismo tiempo.

"Eh… es Mike."

"Lo que sea." Oí el golpe de la puerta y suspiré profundamente. Pobre Mike.

Santana saltó en estado de shock cuando aparecí de detrás de la pared y fruncí el ceño.

"Joder Britt. ¿De dónde demonios has salido? Me has asustado."

La ignoré. "Eso no ha sido muy agradable."

Ella arqueó una ceja. "¿El qué?"

"No deberías haber sido tan mala con Mike. Él solo estaba siendo considerado."

Se cruzó de brazos con rigidez. "Sí, bueno… no me gusta. Parece sospechoso."

"¿Mike? ¿Crees que Mike parece sospechoso?" Me burlé, incrédula. Ese chico era el chico más honesto, genuino – si no un poco tonto – que había conocido. Era todo un amor.

"Sí, Mike. A no ser que Bruce Lee sea su verdadero nombre."

"Santana…" Le advertí.

"¿Qué, B? Él viene por aquí con su viscoso flequillo negro de emo, con su sonrisa tonta y esa chaqueta cursi, actuando como si nunca hubiera roto un plato. ¿Cómo esperas que reaccione? No voy a dejar que nadie se comporte así con mi chica."

Contuve una sonrisa. La Santana celosa era muy mona. Y me encantó que me llamara 'mi chica'.

"En primer lugar, Mike no puede evitar que su flequillo sea así. Así que no debes burlarte de él." Me iba a interrumpir, pero la paré poniendo mi mano hacia arriba. "En segundo lugar, tiene novia. Y en tercer lugar… yo no soy tu chica. Soy tu hermana, ¿recuerdas?" Sonreí burlonamente.

Santana entrecerró sus ojos. Aunque sabía que sólo estaba intentando meterme con ella, odiaba que le recordase ese hecho. "¿Es eso cierto?"

"Mhmm." Sonreí. Fue todo un reto, y ella lo aceptó de buen agrado.

Dando un paso más cerca, ella envolvió sus brazos alrededor de mi cintura y me dio un apretón en el culo.

Me reí y me mordí el labio.

"Así que, hermana… Si yo te sugiriera ir arriba y desnudarnos ahora mismo sería totalmente inapropiado… ¿verdad?"

Enredé mis manos en su pelo, temblando ligeramente mientras lamía la longitud de mi cuello. "Completamente."

Ella asintió y metió sus manos por debajo de la parte trasera de mi camiseta, pero yo di un paso hacia atrás y sonreí.

"Te echo una carrera." Dije girando sobre mis talones para correr hacia las escaleras.

Yo, por supuesto, llegué a nuestra habitación primero y en cuanto ella apareció por la puerta, la empujé sobre mi cama y ella cayó de espaldas, con los ojos muy abiertos, y claramente desprevenida.

Por alguna razón sentía de repente el deseo de demostrarle que ella no es la única que puede tener el control.

Le di una patada a la puerta cerrándola detrás de mí antes de dar unos pasos hacia la cama y tumbarme sobre ella. Pasé mis dedos por sus antebrazos, rodeando sus muñecas y las posicioné sobre su cabeza.

Era obvio que ella estaba tratando de reprimir un gemido y sonreí, sin estar segura de si era una reacción de sorpresa o disfrute, pero sin importarme de todas formas.

Sin perder tiempo, me quité la camisa y me incliné para capturar sus labios. Me obligué a ignorar la leve vergüenza que sentía por ser tan contundente. La imagen de ella tumbada debajo de mí, sus labios carnosos y sus ojos entreabiertos, cubiertos de lujuria, fue suficiente para deshacerme de mi timidez habitual. Ella siempre era la agresora. La dominante.

Pero esta vez yo sabía que tenía el poder.

"No sabía que eras celosa." Bromeé, sujetando sus muñecas con una mano y deslizando la otra debajo de su camisa para acariciarle un poco más contundente de lo que normalmente lo haría.

Ella parecía totalmente ofendida. "¿Celosa? ¿De Jet Li? Por favor."

Puse los ojos en blanco. "¿En serio? ¿Entonces por qué has liado todo eso? ¿Y por qué te estás poniendo colorada ahora?"

Santana frunció el ceño, se retorcía en protesta debajo de mi firme agarre. "Sólo estaba protegiendo lo que es mío."

Mu burlé. "¿Qué es tuyo? Cariño, creo que estás un poco confundida. Tú eres mía."

Ella levantó las cejas desafiante, como diciendo: demuéstralo.

Estábamos en un concurso de miradas. Sin embargo no estaba por la labor de dar marcha atrás. "No te muevas. O si no…"

"¿O si no qué?" Dijo desafiante.

Moviendo mis caderas en ella hacia abajo, lenta y firme, mordí su clavícula y oí un leve gemido de su boca. "O si no voy a bajar y te voy a dejar aquí para que termines esto tú sola." Bajé mi mano libre entre nuestros cuerpos y ligeramente acaricié su centro. "¿Entendido?"

Santana asintió furiosamente y estiró el cuello hacia arriba en petición. Concedí su deseo y volví a unir nuestros labios para un beso largo y caliente.

Cuando nuestras lenguas comenzaron a jugar, solté mi agarre de sus manos y esperé a ver si iba a seguir mis reglas. Unos segundos más tardes, cuando ella no se había movido, le recompensé presionando mis dedos entre sus piernas. Ella jadeó, arqueando la espalda.

Era tan fácil.

Me senté de nuevo para quitarle la camisa y desabrochar su sujetador, y luego deshice de sus pantalones vaqueros y su ropa interior. La expresión de su rostro era casi cómica cuando subí de nuevo en ella. Sabía que ella estaba intentando averiguar lo que estaba planeando.

"Quédate quieta." Le advertí, susurrándole al oído.

Un pequeño gemido de frustración se le escapó mientras yo dejé que mis manos vagaran por todo su cuerpo, corriendo desde la parte superior de sus muslos, a través de los músculos ligeramente temblorosos de su estómago, hasta posicionar las palmas de mis manos en sus pechos. Se mordió el labio inferior ante mi tacto. Su cuerpo se sentía increíble. Nunca podría tener suficiente. Y me estaba mareando. Quería estar en todas partes a la vez.

Pero tenía que mantener el control.

Al ver que estaba inquieta y se retorcía demasiado para alguien que se suponía que debía estar quieto, retiré mis manos de sus pechos y coloqué las suyas a ambos lados de su cabeza.

"¿Qué fue lo que te dije?"

Ella parpadeó, obviamente confundida.

"No te muevas." Repetí amenazadoramente pasando un solo dedo entre sus pechos y por su abdomen.

Ella se estremeció, pero asintió obediente.

Con una sonrisa complacida, me arrastré por su cuerpo para estar entre sus piernas. Ya había estado en esta posición antes. En varias ocasiones, además. Pero el poder esta vez lo hacía más emocionante y estaba sin duda disfrutando.

Pasé mis dedos por sus caderas y el interior de sus muslos antes de separar más sus piernas.

Sus manos se aferraron a las mantas de ambos lados de su cuerpo cuando su cuerpo tembló con anticipación. Saber que estaba luchando para obedecerme y no moverse ni tocarme, fue suficiente para venirme muy muy arriba.

Poco a poco me incliné y dejé mi aliento golpeara su centro.

Ella gimió y se retorció, pero por lo demás mantuvo su posición.

En respuesta, pasé mi lengua por la parte interior de sus muslos, chupando y mordiendo cerca de donde ella quería que yo fuera. Deslicé mis manos hasta su culo.

Podía ver lo cachonda que estaba. Y estaba consumiendo el aire a mi alrededor. Me estremecí al darme cuenta de que al hacerla esperar, yo estaba teniendo más problemas para reprimir mi propia necesidad de sumergirme en ella.

"Britt…" Su voz era tensa y suplicante.

Sonreí para mis adentros. "¿Eres mía?"

Miré hacia arriba para verla asintiendo, con los ojos nublados por el deseo.

"Dilo."

Ella arrugó la nariz hacia arriba y empujó la cabeza hacia atrás en el colchón. Su personalidad normalmente dominante había quedado completamente eclipsada por su posición ahora sumisa. Me encantó.

"Vamos, San. Dilo o pararé."

Irritada por tener que ceder, suspiró y puso un brazo sobre su cara. Murmuró algo, a pesar de que estaba bastante segura de lo que era, sentí la necesidad de jugar más.

Dejé caer mi cabeza y lamí su clítoris con el toque más ligero que pude. Ella gimió y todo su cuerpo se tensó. "¿Qué fue eso? No te he oído."

Jadeante, levantó la cabeza para mirarme de nuevo. "Soy tuya." Gruñó.

"Sí, lo eres." Me regodeé con una sonrisa de suficiencia, finalmente cedí a empujar mi lengua dentro de ella.

Ella se arqueó violentamente y casi gruñó de sorpresa. "Joder Britt."

Reí contra ella, amando su sabor ya familiar y la sensación que me rodeaba, completamente a mi merced, pidiéndome que le diera lo que ella ansiaba tan desesperadamente. Tan diferente a la Santana que una vez conocí. La chica que siempre emanaba arrogancia y superioridad. La reina de los insultos.

Y ahora, ella era totalmente mi puta.

Me deslicé en su húmedo calor rápidamente, sintiendo demasiado placer con todos sus ruidos y movimientos erráticos. Yo ya estaba palpitando de necesidad.

Yo apenas había caído en un ritmo constante, con mi pulgar rodeando su clítoris, cuando se vino abajo. A través de mi aturdimiento, mantuve el movimiento de mi lengua, sintiendo su pulso y presión alrededor de mí de forma inesperada. El fuerte gemido y la forma en la que sus caderas temblaban era una clara señal. No creo que nunca hubiera llegado tan rápido. Fue solo como dos o tres minutos. Tiempo récord.

Maldita sea, sí que era buena. Y Santana claramente disfrutaba ser dominada mucho más de lo que quería dejar ver.

Tal vez debería tomar el control más a menudo.

Cuando terminó de temblar, fui besando su cuerpo mientras subía hasta acurrucarme en su cuello.

"Cállate."

Mi sonrisa de placer solo creció contra su piel. "No he dicho nada."

"Sí pero sé que quieres… Es que… no pude evitarlo, ¿vale?" Ella trató de alejarse de mí para ocultar su rubor. Yo la traje de vuelta, manteniendo su cuerpo en el sitio con mi propio peso.

"No voy a decir ni una palabra. Te lo prometo." Pasé mis dedos por mi boca, simulando cerrar una cremallera. No necesitaba alardear de lo genial que era. Lo que acababa de pasar lo había dejado más que demostrado.

Ella se rió y envolvió sus brazos alrededor de mí. "¿Qué demonios estás haciendo conmigo?" Reflexionó sobre todo para sí misma.

Le di un beso en el hombre y me acomodé más sobre ella.

Hubo un largo silencio. A pesar del dolor persistente que siempre acompañaba al ir debajo de Santana, estaba dispuesta a esperar todo el tiempo que necesitara para recuperarse.

Pero me sorprendió cuando en lugar de cambiar bruscamente nuestras posiciones y atraparme bajo su cuerpo como normalmente haría, ella inclinó la cabeza para susurrarme.

"¿Sabes por qué seguí viniendo a tu cama todas las noches?" Preguntó, pasándose las manos por el pelo y dándome un suave beso en la frente.

La miré con curiosidad. "No. Dímelo."

Ella sonrió. "Tenía tantas ganas de tocarte… pero seguía echándome atrás. Estás tan guapa cuando duermes." Poco a poco, giró nuestros cuerpos para poder bajar lentamente mis pantalones.

Me reí y levanté una ceja hacia ella, sonrojándome un poco. "¿Solo cuando duermo?"

Ella terminó de retirar mis pantalones y ropa interior, haciendo un gesto para que me levantara de la cama para poder desabrocharme el sujetador. Cuando estábamos los dos desnudos y ella bajó su piel desnuda para encontrarse con la mía, la sensación de calor y hormigueo hacía que mi corazón diera un vuelco. Ella apartó un poco de pelo de mi cara y me miró intensamente.

"No… Todo el tiempo, B." Besó la tímida sonrisa de mis labios. "Todo el tiempo."

15 de febrero, 2012

Ayer fue San Valentín. Y por primera vez, tuve un Valentín.

Cuando llegué a casa de la práctica de las Cheerios, fui directamente a nuestra habitación, muy contenta para sorprender a Santana con mi tarjeta hecha a mano y la pulsera de plata con un medallón en forma de corazón que le compré, pero ella no estaba allí.

La llamé. Miré bajo la cama. Busqué por todos sitios de la casa. Nada.

Cuando finalmente desistí, decepcionada por no poder pasar las pocas horas sin padres con ella, me fui a la cocina a por un vaso de agua. Fue entonces cuando vi el post-it amarillo en la nevera.

Ponte algo de abrigo y reúnete conmigo en el patio trasero.

Lo despegué y fruncí el ceño. ¿Por qué estaba esperándome ahí afuera?

Con un encogimiento de hombros, seguí sus instrucciones, me puse unos pantalones de abrigo y una sudadera con capucha gruesa, y me dirigí a la parte trasera.

Cuando abrí la puerta, me quedé sin aliento por la sorpresa.

A pesar de ser invierno, aún no había nieve en nuestra ciudad este año. Es por eso que estaba tan asombrada al descubrir nuestro patio cubierto con una generosa capa de blanco.

Copos espumosos recubrían el suelo, en las puntas de las rosas rosadas y amarillas del parterre y encima de los arbustos pequeños y redondos que recubrían la cerca de atrás. En el centro del patio había una escultura gigante de hielo – dos delfines, de pie sobre la cola unidos por la nariz, formando un corazón.

A mi derecha había un perfecto muñeco de nieve, con una nariz de zanahoria, botones grandes como ojos, una bufanda y un sombrero de copa. Me reí. Parecía muy contento de verme. Aunque no tuviera boca.

Justo cuando estaba a punto de acercarme, Santana salió de detrás de la figura y sonrió.

"Hey." Saludó con suavidad.

"Hola." Me acerqué a ella y cogí sus manos en guantes con las mías. La punta de su nariz estaba teñida de rosa, al igual que el débil resplandor de sus mejillas. Debía de haber estado ahí afuera durante mucho tiempo.

"¿Te gusta?" Se sonrojó, inclinando su rostro hacia abajo con timidez y dejando unos mechones oscuros cubrir su cara.

"Es precioso." Sonreí, sujetándola por la barbilla para levantar su cara. Le di un rápido beso en los fríos labios y ella sonrió orgullosa. "¿Cómo se llama?" Le pregunté, señalando con la cabeza al muñeco de nieve.

"¿Cómo quieres que se llame?"

Pensé por un minuto y luego me iluminé cuando pensé en algo apropiado. "Miguel Ángel."

Ella hizo una mueca extraña. "¿Cómo el pintor?"

"No. Como la tortuga ninja." Golpeé su nariz y reí.

"Está bien…" Sacudió la cabeza divertida. Yo sabía que ella no entendía siempre las cosas que yo decía. Pero de todas formas, no las cuestionaba. "Bueno… Sé que estabas triste porque no este año no tuvimos un invierno en condiciones… Así que pensé en traer la nieve para ti."

"Es asombroso San…" Hice una pausa por un momento, mordiéndome el labio mientras pensaba. "Pero, ¿cómo has conseguido traer nieve a nuestro patio trasero?"

Ella arrugó la nariz juguetonamente y se encogió de hombros. "Magia."

Tiré de ella en un fuerte abrazo, apretando sus caderas. "Gracias."

Nos quedamos allí por un tiempo, mientras que la ligera brisa azotaba la piel. Se apartó bruscamente y agarró mis manos. "¿Has visto los delfines?"

"Ajá."

"¿Viste lo que hice en la parte baja?" Me presionó con impaciencia.

Fruncí el ceño. "No…"

Ella saltó sobre sus pies y me arrastró hasta la escultura gigante. No tenía ni idea de que pudiera estar tan excitada. Era completamente adorable.

"Mira." Señaló a la base de la figura.

Miré hacia abajo en las palabras talladas en el hielo – Estoy loca por ti.

No pude controlar la carcajada que salió de mi nariz y me cubrí la cara con las palmas de las manos.

Era tan cursi.

"Feliz día de San Valentín, Britt." Ella sonrió, claramente orgullosa de sí misma.

Me volví hacia ella, vi un brillo genuino y de adoración en sus ojos, rápidamente la levanté en brazos, comencé a dar vueltas mientras ella chillaba.

Cuando finalmente la dejé en el suelo, besé de nuevo sus labios, un beso mucho más largo y firme que el anterior. Y cuando nos separamos, jadeando ligeramente, sostuve su cara entre mis manos y sonreí.

"Te amo." Desde luego, no tenía planeado decir eso, pero nunca se había sentido tan bien. Era consciente de lo que había dicho, llevaba en mi cabeza durante días. No había otra explicación posible de lo que sentía. Y en ese momento, ni siquiera me importaba si era demasiado pronto o si Santana podría no estar lista para decirlo de vuelta… Sólo quería que ella lo supiera.

Después de un rato, ella respiró hondo y acarició mi mejilla, el más leve indicio de lágrimas apareció en su voz. "Yo también te amo."

22 de febrero, 2012

Después de San Valentín, creo que ambas nos dimos cuenta de que teníamos que decirles a nuestros padres lo que estaba pasando. Habían pasado meses desde que nuestra relación pasó a ser algo más serio y ahora con todo este asunto del 'amor', parecía que no podríamos ocultarlo mucho más tiempo a las personas con las que compartíamos casa.

Me sentí culpable de estar a escondidas. Y estaba de acuerdo con Santana cuando ella dijo que no había nada malo en que estábamos haciendo. No hay que avergonzarse de ello… no importa lo poco convencional que la situación pueda parecer para todos los demás.

Fue el destino. Simplemente no puedes elegir de quién te enamoras.

Así que cuando habíamos hablado sobre lo que queríamos decirles a nuestros padres como un centenar de veces… por fin me armé de valor y di el paso una noche en la que cenábamos juntos.

"Así que chicas, ¿cómo estuvo la escuela hoy?" Preguntó mi padre casualmente.

"Bien." Respondí agradablemente. Empujé hacia un lado algo de la comida de mi plato, sintiendo el rápido latido de mi corazón en cada vena de mi cuerpo.

"Sí, estuvo bien." Santana se encogió de hombros a mi lado.

Por un momento pensé en dejarlo pasar. Había tantas razones por las que sería una mala idea decírselo a nuestros padres. ¿Y si nos separaban? ¿Tendría Santana que irse a vivir con su padre del que odiaba incluso hablar? ¿Nos mirarían de diferente forma? ¿Pensarían que somos raras o unas pervertidas?

Me estremecí ante la idea.

Pero yo no podía luchar contra lo que sentía por Santana. Me encanta todo de ella. Su parte malintencionada, fiera y apasionada que aparecían cuando peleábamos o cuando estaba súper cachonda y quería tenerme desnuda lo más rápido posible… Y toda la dulzura que la hacía completamente adorable. Como cuando fingía odiar las películas Disney que me gustan y armaba un gran alboroto cuando le pedía que viera una conmigo, a pesar de que estoy bastante segura de que a ella también le encantan. He sentido la pequeña sacudida en el pecho cuando ella se ríe junto a mí… y estoy segura de que vi lágrimas en sus ojos cuando vimos Tod y Toby (El zorro y el sabueso) la semana pasada.

Me encanta todo. Y sé que ella siente lo mismo.

Es por eso que no podía echarle una de esas especiales miradas telepáticas que habíamos estado usando mucho últimamente, o fingir que tenía un dolor de estómago para ir al piso de arriba y hacer esperar a todo esto un poco más. Tenía que ser valiente. Si quería estar con Santana y sostener su mano cuando nos vamos de salidas familiares o acurrucarme con ella en la sala de estar sin el temor de que alguien pase por al lado.

"Papá… Maribel… Tenemos que hablar con vosotros sobre algo." Mi voz era temblorosa e insegura.

"¿Sobre qué, cariño?" Preguntó Maribel preocupada.

Miré a Santana y entrelazó nuestros dedos debajo de la mesa. "Santana y yo…"

Ella asintió con la cabeza con una pequeña sonrisa. Sabía que era su forma de animarme a continuar… pero me quedé petrificada.

Me aclaré la garganta y lo intenté de nuevo. "Eh… Santana y yo…"

Hubo una larga pausa.

"¿Santana y tú qué?" Intervino mi padre, dejando sus cubiertos en la mesa.

"Nosotras… eh…" Las palabras estaban allí. Queremos estar juntas. Estamos enamoradas. Nos amamos.

"¿Qué pasa, Brittany?" Volvió a preguntar mi padre, su mirada cada vez más imponente.

Tragué con dificultad y parpadeé un par de veces.

Separé mis labios para finalmente hablar, pero muy a mi pesar, el sonido se negó a salir. Mis hombros se hundieron en derrota.

Y justo cuando estaba a punto de sacudir la cabeza, sonreír tímidamente y decirles que no se preocuparan, escuché a Santana hablar.

"Estamos juntas."

Mi cabeza cayó hacia ella. La mesa quedó en silencio.

"¿Qué?" Balbuceó mi padre. "¿Es esto algún tipo de broma de mal gusto?"

Sentí la tensión en los muslos de Santana bajo nuestras manos unidas.

"No, no es una broma. Brittany y yo no somos hermanas… Nunca lo hemos sido… Y en un momento, las cosas por casualidad… nos dimos cuenta de que teníamos sentimientos la una por la otra." Las palabras perforaban la tensión que había en el aire y tuve que ocultar la sonrisa de orgullo que quería darle. Ella tenía miedo. "No es algo que estuviéramos buscando… Desde luego no era algo que tuviéramos planeado… Pero no puedes evitar por quién te sientes atraído. Y no creo que haya nada malo en ello."

Mi padre y Maribel nos miraban como si hubieran gritado ¡Fuego!

Me estremecí y me hundí en mí con vergüenza. "Por favor no os enfadéis… sólo queríamos que supierais la verdad… nos importan demasiado y… esperamos que podáis entenderlo."

Sentí los ojos de Santana en mí y encontré un poco de consuelo en aquel marrón oscuro. Tal vez si nos echaban podríamos huir juntas y vivir en una cueva donde nadie podría encontrarnos. Estoy segura de que estaríamos bien. Ella sólo tendría que aprender a vivir sin su iPod.

"Espera…" Mi padre se pasó una mano por el pelo rubio. "¿Sois lesbiana?"

"Pero pensaba que os odiabais mutuamente." Saltó Maribel con sus propios pensamientos antes de que cualquiera de nosotras pudiera responder.

"Eh-"

"Me parecía que estabais muy tranquilas últimamente." Continuó, hablando sobre todo consigo misma y sacudiendo la cabeza con incredulidad." Demasiado tranquilas… Pero pensé que simplemente habías dejado de pelear cada minuto del día… Eso, o algún tipo de chantaje por parte de Santana." Maribel inclinó la cabeza hacia un lado, pensativa.

"Brittany, ¿cuándo dejaron de gustarte los chicos? Siempre decías que te casarías con Aladdin cuando crecieras…" Mi padre parecía completamente confundido.

Ambos lo estaban.

Pero las preguntas seguían golpeándonos.

"¿Cuándo empezó todo esto?"

"¿Es esto porque no te voy a subir la paga, Santana?" Intervino de nuevo Maribel. "Porque si me entero de que has convencido a la pobre Brittany para gastarnos una broma, sólo para que te dé más dinero para faldas extremadamente cortas y tacones de vértigo, te juro por dios que voy a…" No entendí lo demás que dijo porque empezó a murmurar en español.

Me volví a Santana confundida, pero ella sólo me devolvió la mirada.

Maribel continuó diciendo lo que me imaginaba que eran amenazas de muerte y mi padre estaba abriendo y cerrando la boca como un pez de colores ahogándose fuera del agua, hasta que finalmente Santana se levantó y empujó su silla hacia atrás bruscamente. El ruido rompió su tangente de acusaciones y malentendidos.

"¡Parad! ¡Es en serio todo esto! No es ninguna broma. No es una broma. No estamos intentando tomaros el pelo. ¡Lo prometo! Sí, a las dos nos gustan las chicas. Sí, nos dimos cuenta de esto de repente y fue difícil de entender. Pero Britts y yo nos amamos. Eso es todo. ¿Así que podéis por favor calmaros e intentar hablar con nosotras dos de eso?"

Al oírla hablar así – tan firme y valiente – hizo que mi corazón se hinchara de alegría a pesar del terror que consumía el resto de mi cuerpo.

Mi padre y Maribel se sorprendieron, pero parecieron ceder algo de su histeria.

Después de que Santana resoplara y se sentara de nuevo, hubo una larga pausa. Minutos. Quizás horas. No estoy segura. Me aferré a su mano y la apreté para hacerle saber que íbamos a salir de esa conversación vivas.

Finalmente, mi padre suspiró: "Está bien. Si de verdad tenéis esos sentimientos la una por la otra, creo que tenemos mucho que discutir."

No recuerdo qué dijeron después de eso. Todo estaba borroso. Sólo recuerdo lo caliente que estaba mi cara todo el tiempo.

Sé que mi padre y Maribel no se enfadaron. Parecían preocupados, pero no nos gritaron.

Bueno, tal vez mi padre levantó un poco la voz cuando le preguntó a Santana si de verdad nos acostábamos como ella dijo. No creo que le gustara la idea de que su única hija desnuda y sudorosa con otra persona bajo su pecho. Maribel se encogió de acuerdo. Me acordé de todos los momentos en los que casi nos habían pillado. Tratando de mantenernos en silencio durante la noche, a escondidas a pesar de que Maribel o mi padre llamaran a la puerta para avisarnos de que la cena estaba lista, o cuando saltábamos la una encima de la otra cada vez que salían de casa para ir de compras… Mi barriga se tambaleó, incómoda.

Sin embargo Santana estuvo increíble. A pesar de que he añadido algún comentario aquí y allá, ella llevó a cabo la conversación con una compostura y razonamiento del que no la creía capaz. Mi padre y Maribel se convencieron poco a poco de la idea. Si hubiéramos sido hermanastras desde bebés y hubiéramos crecido juntas, las cosas hubieran sido diferentes. Pero siendo adolescentes cuando nos conocimos, teniendo ya edad suficiente para mantener relaciones y enamorarnos de las personas que nuestros corazones decidan.

Una vez que comprendieron que lo que pasaba entre nosotras no era tan malo o anormal (y una vez que mi padre dejó de preguntar si estaba segura de que me gustaban las chicas – supongo que Maribel ya sabía o se suponía que Santana era lesbiana porque no dijo nada al respecto), el resto de nuestra conversación fue mucho más fácil.

Mi padre y Maribel acordaron que estaba bien por ahora, pero que tendríamos que entender que la mayoría de personas no lo entendieran o no lo aceptaran. Después de todo, vivimos en una ciudad pequeña y la idea de dos chicas en una relación ya era suficiente para causar un gran revuelo.

Tampoco nos dejarían cerrar la puerta de la habitación y nos hicieron prometer no mantener relaciones mientras viviéramos en la misma casa.

No me gustaba esa norma. Pero sabía que podría haber sido mucho peor.

Y viendo las sonrisas que Santana me echó, sabía que íbamos a encontrar otras formas de hacerlo. Habíamos sido como ninjas hasta entonces. Sabía que unas simples reglas no nos iban a detener.

Nuestros padres no tenían por qué saberlo.

Al final de la discusión, creo que los dos estaban aún un poco extrañados por todo el asunto. Pero era un comienzo. Y nadie había recibido un disparo ni había sido enviado a un centro de salud mental. No nos acusaron de estar enfermas y no nos pusieron una orden de alejamiento que no nos permitiera estar a menos de 50 pies la una de la otra. Así que creo que fue todo un éxito.

Estaba segura de que iban a haber más conversaciones como esta. Nuestra situación era muy complicada. Pero, por ahora, las cosas estaban por fin yendo en la dirección correcta.

24 de junio, 2012

Han pasado casi seis meses desde que Santana y yo empezamos a salir. Y a veces, cuando miro hacia atrás en cómo llegamos hasta aquí, todo parece tan surrealista.

Desde conocidas que se odian, a compañeras de habitación que se odian aún más, a compañeras de cama, a amigas con derecho, a novias secretas, y finalmente a novias reales. Hemos pasado por mucho para estar donde estamos ahora. Pero el viaje sin duda valió la pena.

Nunca he estado tan segura de nada en mi vida. Me encanta Santana. Nos conocemos a la perfección. Y nos hacemos felices mutuamente.

Yo sé en qué estado de ánimo está sólo por la música que esté escuchando o la revista que esté leyendo. Y ella sabe si he tenido un mal día o un buen día por el color de camiseta que me pongo al llegar a casa de la escuela.

Sé los recuerdos de su infancia que contienen todas y cada una de sus cicatrices, y que prefiere el picor del chile a la dulzura del chocolate. Sé cosas sobre ella que nunca le ha contado a nadie.

Y con cada nuevo descubrimiento, me encuentro a mí misma enamorándome un poco más. No puedo imaginar mi vida sin ella.

Nuestros padres lo saben ahora también.

Al principio estaban algo preocupados y escépticos, pero poco a poco llegaron a aceptar la conexión especial que compartimos. Quiero decir, no me malinterpreten, creo que todavía siguen algo incómodos cuando nos cogemos de la mano o nos abrazamos frente a ellos. Pero eso es de esperar. Me doy cuenta de que es un progreso. Tomará algún tiempo antes de que puedan aceptar completamente nuestra relación en el sentido físico.

Después de todo, incluso a nosotros nos parecía extraño al principio.

Le dije a Mike sobre nosotras, no mucho después de decírselo a nuestros padres. Él, una vez más, se lo tomó genial. Se echó a reír y dijo que ya se olía algo cuando vino a casa y Santana abrió la puerta y casi le dio un bocado. Incluso nos preguntó si queríamos ir a una cita doble con él y su novia Tina. No sé cómo fue tan comprensivo. Pero no iba a cuestionarlo. Fue todo un alivio.

Espero que podamos ser amigos para siempre.

A parte de él, Santana y yo estuvimos de acuerdo en no decírselo a todos nuestros amigos. No mientras aún estuviéramos en la escuela. Ellos nunca lo entenderían. No eran más que niños, que no aceptaban a una persona por el simple hecho de no ir 'a la moda'.

Nuestro vínculo era demasiado complicado. Y no era necesario contarles nuestra vida cuando ni siquiera íbamos a verlos mucho más. Además de Mike, no me veo manteniendo una amistad con ninguno de mis compañeras de las Cheerios o de los 'populares' después de graduarnos. Y Santana admitió que ella nunca había tenido una amistad cercana con ninguno de sus compañeros tampoco. Así que lo dejaríamos así.

En lugar de ello, nos centramos en el futuro. Porque en este momento, parecía que iba a ser muy bueno.

Vamos a ir a la misma universidad.

¿No es una locura?

Ni siquiera lo planeamos. Fue sólo una suerte que las dos estuviéramos interesadas en los mismos lugares. Y luego recibí una beca de animadora en la misma escuela en la que Santana había sido aceptada, en Arizona. Supongo que en realidad era el destino.

Le diremos a la gente que estamos juntas. Sé que es probable que nos miren mal, y sean tan abiertos de mente.

Pero nosotras ya hemos decidido que si alguien nos pregunta por qué tenemos el mismo apellido, simplemente diremos que estamos casadas.

Y no se lo digas a nadie, pero Santana me prometió que dentro de unos años, eso no será una mentira.


Perdón si he tardado demasiado en subir el capítulo. Espero que os haya gustado.

Gracias por leer la historia, podéis leer también mis otras historias (escritas por mí, no traducidas), e intentaré terminar lo antes posible todas aquellas que no lo estén.

Si hay algún otro fic que os gustaría leer, pero os resulta demasiado complicado porque esté escrito en inglés, podéis decírmelo e intentaré traducirlo lo mejor que pueda.

Algunos me habéis preguntado cómo poneros en contacto conmigo, podéis mandarme un MP, ya que he conseguido arreglar el problema que os impedía escribírmelos (o eso creo).