CAPÍTULO 3
Esa noche me costó mucho dormir. Cuando lograba conciliar el sueño, los profundos ojos verdes de Caroline se me aparecían y me despertaba sudoroso y excitado.
No sé cuántas veces me masturbé esa noche, pensando en la exquisita rubia y su dulcísima voz.
Al mediodía me fui a casa de mis padres ya que habían organizado una comida familiar.
- Hey, hombre, qué tal? – me saludó Kol cuando entró en el salón y me encontró mirando una carrera de Nascar. – Cómo te fue el otro día con Pearl? – susurró
- Bien – dije sin entusiasmo – Es guapa y bastante "fácil", aunque sus implantes no son de muy buena calidad – Kol soltó una carcajada
- Nadia me dijo que es una chica a la que le gusta pasárselo bien – se burló – Qué tal si quedamos con ellas esta noche? – sugirió mi hermano – Bonnie vuelve mañana y ésta es mi última noche soltero.
- Lo siento, tengo planes.
- Venga, ya. Invéntale algo a Amara. Seguro no le importará y a ti te vendrá bien un polvo excitante con una chica fácil.
- Le inventaré algo a Amara – confesé y el sonrió satisfecho – Pero no para salir contigo y tus amiguitas.
- Wow – se rió – Ahora buscas tus propias amiguitas
- No es lo que tú piensas. He conocido una chica especial.
- Ya. Lo imagino
- Piensa lo que quieras – me encogí de hombros
Cancelar mi cita con Amara fue mucho más fácil de lo que pudiera imaginar. Le dije que había quedado con unos compañeros del hospital y no se lo cuestionó.
Estaba demasiado excitado por tener una cita con Caroline aunque en realidad creo que no era una verdadera cita. Simplemente iría a verla tocar como lo había hecho las dos noches anteriores.
Ya en la ducha me masturbé pensando en ella y su inocencia, para intentar aguantar un poco delante de ella y no parecer un pervertido.
Me calcé mis vaqueros oscuros y una camiseta blanca que según Rebeca me quedaba muy bien. Cogí mi chaqueta negra de piel y las llaves del carro y salí.
Cuando llegué al pub Caroline aún no estaba tocando sino que estaba sentada en la barra hablando con Katherine.
Me acerqué a ella y la saludé con un beso en la mejilla haciéndola sonrojar. Katherine me miró cómplice y me puso una cerveza antes de alejarse.
- Has venido – dijo en voz muy baja
- Te dije que vendría
- Lo hiciste – volvió a bajar su mirada
- Tenía ganas de verte – confesé – pero espero que hoy no huyas de mí – sonreí astutamente obteniendo un nuevo sonrojo.
- No estaba huyendo – se excusó
- Ah, no?
- No. De verdad hoy tenía un día complicado.
- Espero que no fuera un mal día.
- No tanto – sonrió poniéndose de pie para coger su guitarra – Debo irme – señaló el escenario y yo asentí dejándola marchar.
Caroline subió al escenario y se acomodó en su silla. Acercó el micrófono a ella y su guitarra y comenzó a tocar "World Spins Madly On".
Su voz me embrujaba. Su repertorio era dulce y yo no creía ser capaz de volver a mi vida diaria sin escuchar su voz.
- Es muy dulce – dijo Katherine llamando mi atención desde detrás de la barra
- Sí que lo es. – volví la mirada a Caroline – La conoces hace mucho?
- Desde que llegó de Virginia. – asentí sin dejar de mirar el escenario – Pero a veces temo que la ciudad la pase por arriba.
- A qué te refieres? – la miré sorprendido dándole un trago a mi cerveza
- Es tan inocente e ingenua, que temo que se aprovechen de ella – me miró dejando una acusación escondida en sus palabras.
Sonreí sintiéndome culpable.
- Espero que sepas que no tengo intención de aprovecharme de ella – Katherine sonrió con ironía.
- Espero que no la tengas.
Cuando Caroline acabó su actuación bajó del escenario tímidamente. Hoy la audiencia era bastante menor y la saludaron todos a quiénes se cruzó en su camino hasta la barra.
- Has estado genial – besé su mejilla – Hoy no huirás, verdad? – sonrió y negó con la cabeza. – Qué quieres beber?
- Un refresco – pidió y Katherine lo sirvió y me entregó otra cerveza.
Cogí la mano de Caroline sintiendo la misma descarga eléctrica del día anterior
- Ven, busquemos una mesa – tiré de ella y nos dirigimos a una mesa que quedaba bastante oculta.
Me senté frente a ella sin poder dejar de mirarla. Estaba hipnotizado. Nunca me había sentido así. Esa chica era como una droga y yo nunca había sido tan adicto a nada como hoy.
- Sabes que me encantas, no? – dije y cómo era de esperar el rubor cubrió su rostro.
Bajó su mirada a su vaso y no me contestó.
- Cuéntame algo de ti, Caroline. Quiero conocerte – confesé
- No hay mucho que contar. No soy muy interesante.
- Déjame discrepar contigo. Nunca he conocido nadie tan interesante como tú.
- Qué quieres saber? – me preguntó tímida
- Cómo decidiste dedicarte a la música?
- Mi madre era concertista. Dejó la música cuando yo nací pero siempre se dedicó a enseñarme su amor por la música.
- Y a qué se dedica ella ahora
- Murió cuando yo tenía ocho años
- Debes echarla mucho de menos – me lamenté
- Sí – suspiró – supongo que por eso estudio música. Siento que estoy más cerca de ella.
- Cuántos años tienes, Caroline?
- 18 – sonrió – aunque Bill siempre dice que parezco de 35.
- Bill es…
- Bill es mi padre – anunció con orgullo – Y tú a qué te dedicas?
- Soy médico en el Metropolitano
- Wow – sonrió – y qué te llevó a dedicarte a la medicina
- Supongo que viene de familia, mi padre es médico y mi hermano menor también lo es.
Estuvimos contándonos nuestras vidas durante unas horas más. No fui totalmente sincero con Caroline, no podía serlo, sabía que no era de las chicas que saliera con un chico que tuviera novia, pero no podía perderla. Esta chica era mi nueva obsesión y la deseaba, la quería tener conmigo, quería hacerla mía y sabía que lo haría.
- Creo que debería irme – me dijo cuando pasaban las 4 de la mañana
- Hoy no impedirás que te lleve – aseguré
- De verdad no hace falta, vivo muy cerca.
- Hay alguna razón por la cual no quieras que sepa dónde vives? – pregunté y me miró extrañada
- Desde luego que no
- Entonces te llevo – dije poniéndome de pie y dándole la mano
El viaje fue excesivamente corto ya que Caroline vivía a dos calles del lugar. Bajamos del coche y la acompañé a la puerta de su edificio.
- Aquí vivo – me dijo tímidamente
Suspiré de pie frente a ella. Llevé mi mano a su mejilla y acaricié su suave piel haciéndola estremecer.
Con excesiva lentitud me acerqué a ella. Sus labios entreabiertos estaban expectantes cuando los míos se posaron sobre ellos. Eran dulces como la miel y sabían a gloria. Mis labios se amoldaron a los suyos y mi lengua los recorrió con delicadeza. Con mucha suavidad colé mi lengua en su boca y ésta se abrió temerosamente. Enredé mi mano en su suave cabellera y con la otra en su cintura la acerqué a mí apretándola contra mi cuerpo. No quería que se asustara así que esperaba que no notara mi creciente erección.
Nuestras lenguas comenzaron una excitante danza. Caroline era excesivamente tímida y eso me estaba poniendo a mil. Cuando sentí la necesidad de besarla con más pasión, me separé de ella aunque con gran dificultad.
- Me estás volviendo loco – susurré en sus labios apoyando mi frente sobre la de ella.
- Debería entrar – respondió con suavidad
- Deberías hacerlo – asentí y me alejé de ella – Podemos vernos mañana? – le pedí
Asintió en silencio
- Te llamaré mañana – le aseguré guardando su número de teléfono y me marché sin poder quitar de mi cabeza a esa dulce rubia.
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