Yo se que están aquí por el smut, ok? jajaja ya se viene xD Lo que pasa es que me gustan los romances lentos. Eso de que se agarren después de intercambiar unas cuantas palabras no me convence, los vínculos demandan tiempo para afianzarse.


"Si Dios está muerto, ¿Por qué he vuelto?, ¿Quién me resucitó?" bramó Castiel, el rugido y el destello de un rayo haciendo eco de su voz y electrificando sus azulísimos ojos.

Frunció el ceño, ocultando la desesperación tras su fachada de furia lo más que podía, el viento azotándole el pelo negro y la gabardina. Tenía el rostro empapado de la lluvia que se filtraba por todas partes de aquel cuartucho de gastada madera situado en medio de la nada en el que, con la ayuda de Dean Winchester, había articulado todo para tener a Rafael tal como ahora estaba, encerrado en un aro de fuego sacro a prueba de ángeles.

El ventarrón azotaba los pobres arboles allá afuera, sus hojas rasgadas volando por los aires, las delgadas ramas crujiendo, cediendo y azotando el suelo mojado. Castiel podía oírlos, sentirlos. Sus nervios al borde del colapso, el corazón bombeando como desesperado, sus manos sudando frío. Quería mostrarse fuerte. Ser fuerte. Su hermano sabría como herirlo si vacilaba un solo instante.

"¿Nunca se te ha ocurrido pensar que tal vez fue Lucifer quien te resucitó?" inquirió a modo de respuesta secamente el arcángel Rafael, sin el menor atisbo de emoción en su voz. Estaba atrapado, sí. Castiel podía inmovilizarlo, pero no callarlo.

"No" se apuró a replicar Castiel, y era cierto. No se le había hasta entonces ocurrido. La duda tiñó sus azules ojos. ¿Era normal sentirse desvanecer de esa forma? Rogó para que Dean, de pie a su lado, fuera lo suficientemente veloz como para sostenerlo.

"Piensa en ello. Lucifer necesita todos los ángeles rebeldes que pueda encontrar" declaró Rafael, divertido con la angustia en el rostro de su hermano. Sus alas se agitaron, amenazantes. Claro que el cazador no podía verlas, pero un escalofrío recorrió su espalda al tiempo en que sus preocupados ojos verdes se posaban en la figura de Castiel, que de pronto dejo de parecerle ese ángel implacable que constantemente le salvaba, para convertirse en la sombra de un niño perdido en medio de un bosque oscuro. Puto Rafael, pensó.

¿Un ángel rebelde? Era eso en lo que se había convertido, se preguntó Castiel, su corazón dubitativo latiéndole a mil. No había rastro de duda en la voz estentórea e hiriente de su hermano. Castiel inspiró con fuerza, mirando a su lado en busca de ayuda. Una vez más los verdes ojos de Dean Winchester le devolvían la serenidad, aliviado de no ver en ellos el germen de la incertidumbre que, por el contrario, estaba haciendo estragos en sí mismo.

Dean frunció levemente el ceño, sosteniéndole la mirada a Castiel, intentando comunicarle que, como fuera, el estaba de su lado. Sí, puede que Cas fuese un ángel rebelde, que hubiese pasado mucho tiempo con los humanos, compartido demasiado con él, pensó con culpa, pero eso no implicaba que fuera a unirse a las tropas del bastardo Lucifer, razonó el mayor de los Winchester, porque Cas era un gran sujeto, honesto, compasivo, justo. Confiaba en él. Además, haría todo lo que estuviera en sus humanas manos para evitar que fuera arrastrado hacia Lucifer si se hiciere necesario, pateando, rugiendo, luchando con toda su fuerza, porque la perspectiva de perder a Cas a causa de un puto demonio, tal como había perdido a su hermano Sam, le heló la sangre y llenó de aflicción como jamás nada hubo hecho.

No fue Lucifer, se repitió Castiel. Estaba seguro. Casi. Debió ser Dios quien lo trajo de regreso, tenía fe en ello. El aun era un ángel y tener fe en su Padre era lo que hacían precisamente los ángeles. Además, Dean creía eso también, se lo había dicho con una sola mirada. ¿O…acaso Lucifer era tan poderoso como para devolverle la vida? No...

"Deja tu mierda de palabrería, Rafi" gruñó Dean, atajando la línea de pensamiento de Castiel e interponiéndose entre el éste y el arcángel, en protector ademán. Castiel lo miró atónito y aterrado a la vez por la osadía del cazador de enfrentarse a su poderoso hermano.

"Hazme el favor de controlar a tu mascota, Castiel" dijo Rafael, dirigiéndole al mayor de los Winchester una mirada repleta de puro odio. Agitó sus alas eléctricas una vez más, enormes, peligrosas, que hicieron eco y rugieron como la tormenta que los rodeaba. Si Dean se estremeció, no dio señales de ello.

"Puedo ver directo a través de ti, amigo. Tan solo estas celoso porque Cas es el favorito de Dios" lo desafió el cazador, una sonrisa triunfante en su labios. "¡Lo trajo de vuelta y lo seguirá haciendo!" continuó, alzando la voz por sobre el bramido arrítmico y caótico de la lluvia, los arboles, la madera crujiendo y el latido de su propio corazón martillándole en los oídos.

"Te equivocas, mono. Soy yo el que puede ver a través de ti" le espetó el arcángel al cazador, hastiado. Dean sintió cómo su corazón se encogía con la sola mención de lo que él creía era su verdadero ser, el verdadero y sucio Dean Winchester. "Sé muy bien lo que has hecho, sé que una parte de ti disfrutó el tiempo allá abajo. El fin de los tiempos se acerca y todo es por causa tuya, tú lo empezaste, Hombre Justo. Me da igual el plan que nuestro desparecido Padre tenga para ti, ¿me oyes? Yo sé cuan podrido por dentro estás, cuanta basura y oscuridad hay en—"

"Silencio" lo cortó Castiel, fulminándolo con sus penetrantes ojos azules, su voz reverberando por todas partes, tan magna y poderosa de pronto que la naturaleza se volvió absurdamente silenciosa. "No tienes idea, Rafael. No sabes nada de Dean Winchester" aseguró, poniendo una mano en el hombro del cazador, apretando con suavidad en silencioso apoyo, alejándolo del círculo de fuego y acercándolo hacia sí. Dean lo miró, el ímpetu de hace unos instantes reemplazado por la angustia.

"Cas..." fue todo lo que alcanzó a mascullar Dean, arbumado.

Castiel sabía cuan frágil el cazador era por más que se empeñara en usar constantemente la fachada de tipo duro y bromista. Lo sabía porque tuvo que reconstruirlo cuando lo sacó del infierno, examinado e intentado sanar hasta la más pequeña fibra de Dean Winchester. Rafael podía vapulearlo y hacerlo dudar cuanto quisiera a él, pero no permitiría jamás que se metiera con Dean.

"No. No tiene idea. No te conoce. Pero yo sí lo hago. No eres nada de eso, Dean" dijo Castiel, una levísima sonrisa curvando sus labios. El cazador no dijo nada, retrocediendo unos pasos para quedar a la altura de Castiel.

"Oh, ya veo" soltó Rafael de pronto, contemplándolos, una sonrisa asqueada en su severo rostro. "No me esperaba esto de ti, Castiel. ¡Vaya que has caído bajo! Una cosa es atacar a tus propios hermanos. Pero otra muy distinta…" continuó, examinando a Dean como si de un insecto se tratara, "…es encariñarte con tu masco—"

"Silencio" vociferó Castiel, abriendo sus alas ahora visibles en toda su gran extensión, confundido, avergonzado y furioso.

Dean observó ese maravilloso y abrumador espectáculo, conteniendo la respiración y abriendo los verdes ojos de par en par. Supo, entonces, que no era la primera vez en ser bendecido con esa fantástica visión. Vio cadenas, sangre, fuego, azufre y después de toda esa mierda, las majestuosas alas de un ángel lo elevaban a algún lugar más luminoso. No estaba seguro si el pulso le iba mil por el recuerdo o por las palabras del maldito arcángel.

Castiel se calmó, controlando su respiración, apaciguando la velocidad a la que iban sus pensamientos y descartando las venenosas palabras de su no tan querido hermano Rafael. Eso era todo. Rafael no sabía dónde estaba su Padre, simplemente quería hacer estragos en su mente, mancillar su resolución. Era hora de irse. Castiel dio media vuelta dispuesto a marcharse, comunicándole con los ojos al cazador su resolución.

"Castiel. Te lo advierto. No me dejes aquí. Te voy a encontrar" le paró Rafael, constriñendo fieramente el ceño del recipiente que controlaba. Su voz era impasible, peligrosa y estaba repleta de cólera, tal como los relámpagos sacudiendo la tierra allá afuera. Dean bufó, la socarronería del arcángel le aburría, sus jueguitos de palabras lo tenían harto y el solo imaginar que pusiera un maldito dedo sobre Cas le enfermaba.

"Tal vez algún día. Pero hoy, eres mi pequeña perra" sentenció ásperamente Castiel, sin dejarse amedrantar por la amenaza del arcángel. Tenía miedo y dudas y estaba agotado, eso lo sabía, pero Rafael no tenia por que hacerlo, no le daría más en el gusto. Ya bastante había hecho confundiéndolo e inmiscuyendo a Dean en ello. Se dio la vuelta, con el mayor dramatismo del que fue capaz, la gabardina volando al viento, dejando tras de sí a su enfurecido hermano, y sonrió con orgullo cuando al cruzar el dintel de la portezuela de madera, escucho a Dean bramarle "Lo que él dijo" al arcángel cautivo en el aro de fuego. Si, puede que no tuviera pistas respecto al paradero de su Padre, pero al menos, Dean era su aliado.