Alya se ha llevado tres horas para peinarme, maquillarme y enfundarme uno de mis diseños. Me ha obligado a coserlo bajo amenaza de contarle a Adrien que llevo enamorada de él dos años. Al menos, el vestido es precioso: azul noche con destellos a lo largo de la falda y el escote. Me he enguantado las manos en unos guantes negros de tela y Alya me ha prestado una gargantilla plateada y negra, a juego con mis nuevos tacones. A mi madre le cuesta vida y milagros quitarme a mi padre de encima.
Cuando por fin Alya y yo podemos salir de casa son las diez de la noche. No dejo de morderme el labio mientras caminamos cogidas del brazo en dirección a la mansión Agreste. De hecho, el muro que rodea la casa me intimida aún más y hace que tenga ganas de correr de vuelta a mi cuarto. Hay una larga cola de compañeros del instituto esperando para entrar. Por suerte, avanza rápido y no tardamos en pasar el control de seguridad.
―Qué estilazo, ¿no?―bromea Alya y yo la miro de reojo.
―Chloe debe estar en su salsa―respondo, avistándola en medio de todo el mundo junto a…―¡Ay, mi madre!
Alya sigue mi mirada hacia el único punto en el que podría enfocarme. Allí está él, el anfitrión de la noche, tal y como esperaba que estuviera. Aunque Chloe le tiene cogido del brazo, ni siquiera las arrugas de la manga de la chaqueta podrían quitarle atractivo a Adrien, sobre todo porque pasa de ella para poder saludar a todo el mundo. Tiene una enorme sonrisa plantada en la cara y los ojos verdes viajan por cada uno hasta llegar a mí. Su mirada se encuentra con la mía y me guiña un ojo. Siento que el corazón se me para y me quedo sin aire.
Mi mano se levanta por voluntad propia y le saludo desde la distancia. Noto entonces que Alya me da un empujón y nos mete en medio del barullo para llegar a la puerta. Apenas soy consciente de que llego a la entrada y Adrien se quita a Chloe de encima para acercarse a nosotras.
―Estáis aquí―dice, como si pudiera estar esta noche en otra parte.
¿Era yo la que quería volver a su habitación? No, seguro que no.
―¡Vaya, Adrien! ¡Esto es una pasada!―interviene Alya, despertándome de mi ensoñación― Es increíble.
―Gracias―responde Adrien, volviendo a mirarme―. Entrad, Nino ha llegado hace un rato. Seguro que está junto al DJ, al fondo a la izquierda, junto a las escaleras principales.
Asiento a cámara lenta y dejo que Alya me lleve al interior de la casa de Adrien. La música a todo volumen y el ruido de la gente me hacen regresar a la realidad. Ay, ojalá Tikki estuviera aquí…
―¿Te has fijado, Mari? Adrien no dejaba de mirarte―grita Alya junto a mi oído para hacerse oír.
Miro un segundo atrás, pero ya no puedo ver a Adrien. Hay demasiadas personas.
―No era para tanto…―intento quitarle hierro, seguro que he tenido visiones.
―Ya, claro. ¡Vamos! Creo que ya he visto a Nino.
Mi mejor amiga me lleva con ella hasta la mesa del DJ. Efectivamente, Nino se ha subido al atril y juega con las maquinitas del DJ, que se está divirtiendo de lo lindo con mi amigo. Ambos van pichando canciones, como si se estuviesen retando a ver quién es el que consigue que los invitados griten más. Nino parece dar con la tecla cuando pone una canción reciente y todos empiezan a cantarla y a saltar. Decido entonces que debería actuar como todos los demás. He venido a divertirme. Además, Adrien ha montado todo esto por mí, porque yo no quería meterme en un sitio donde nos pudieran echar por ser menores de edad. No pienso desperdiciar el esfuerzo que ha hecho.
Veo a Rosita y a Juleka acercarse a nosotros, con Iván y Nathaniel tras ellas. Les sonrío y les saludo con la mano sin dejar de bailar junto a Alya.
―¡Hola, chicos!―grito, animada.
―¡Ey! Agreste se ha lucido, ¿eh?―comenta Iván, chocándole la mano a Nino. Es tan alto que llega a su altura incluso en el atril del DJ.
―¿Habéis visto las cortinas?―comenta Juleka, haciéndonos dar una vuelta― Odio las fiestas, pero esas cortinas sí son de mi estilo.
―Ha conseguido que encajemos todos―comenta Rosita, aplaudiendo―. Esta va a ser la mejor fiesta de la historia.
Todos gritamos. Estamos de acuerdo y lo hacemos saber sin dejar de bailar. Sin embargo, echo de menos a Adrien junto a nosotros. Me muerdo el labio inferior. ¿Debería ir a buscarle? Seguro que Chloe ha encontrado la forma de no separarse de él en todo el rato.
―Oye―dice entonces Alya en mi oído, sobresaltándome―, si quieres ir a por él, hazlo.
Me giro hacia mi mejor amiga.
―Pero… ¿Y si el molesto? ¿Y si cree que soy una pesada?
―¿Más que Chloe? Lo dudo.
Bueno, en eso tiene razón. El problema es que hoy está más guapo que de costumbre y creo que eso no me ayudará en nada. Por suerte, no tengo que quebrarme mucho la cabeza. En cuanto desvío los ojos de mi amiga, Adrien aparece en medio del tumulto para reunirse con nosotros. Me encojo sobre mí misma un poco y cruzo los brazos por debajo del pecho, como si de esa forma mi corazón no fuese a salirse de su lugar. Adrien saluda de nuevo a cada uno y se marca una especie de baile con Iván. Todos nos reímos y es entonces cuando Adrien vuelve a fijarse en mí. Me mira de arriba abajo y yo siento como si me estuviera desnudando. Tengo que abrir la boca para poder respirar en el momento en que se acerca a mí y tira de una de mis manos.
―¿No bailas o qué?―grita junto a mi mejilla para hacerse oír.
Su aliento se cuela por mi cuello, provocándome un estremecimiento.
―Sí, claro―respondo y Adrien me aleja unos centímetros para hacerme dar una vuelta y obligarme a bailar con él.
Busco a Alya con los ojos tras Adrien y ella alza los pulgares. Se lleva a todo el mundo un poco más lejos de nosotros y me deja sola con el amor de mi vida. Suspiraría de la emoción, pero eso me haría parecer más rara que de costumbre. Adrien pone una mano en mi cintura y entrelaza los dedos de la otra mano con los míos. Yo subo la mano que me queda libre a su hombro y él me sonríe. En ese momento, a Nino le da por poner una canción algo más lenta y yo siento que desaparezco en medio de un ardor insoportable. La cara me arde y tengo que romper el contacto visual para no morirme de la vergüenza. Noto bajo mi mano que el pecho de Adrien vibra y me doy cuenta de que se está riendo.
―No sé para qué contrato un DJ si él va a hacer todo el trabajo―comenta, haciéndome reír.
No digo nada, estoy completamente de acuerdo con él.
―Escápate conmigo esta noche, bebé…
Me cuesta unos segundos darme cuenta de que lo que he escuchado no es solamente la canción que resuena en los enormes altavoces repartidos por toda la estancia. Miro a Adrien a los ojos y su mirada me confirma que ha sido él quien ha cantado. Ambos sabemos lo suficiente de español como para entender lo que significa esa frase. El calor vuelve a agolparse en mis mejillas, pero estoy tan hipnotizada con el juego de luces en sus ojos que no puedo apartar la vista de él. Me muerdo el labio inferior, atrapada en su baile, en cómo se mueve con suavidad contra mí.
Adrien se inclina un poco hacia mí. No sé si estoy teniendo visiones, pero sus ojos se fijan en mi boca entreabierta. Sin embargo, su mirada vuelve a centrarse en mis ojos en el instante en que se da cuenta de lo que está haciendo. La música ha desaparecido para mí, lo único que escucho es mi respiración entrecortada. Siento mi pulso acelerándose poco a poco, a medida que Adrien va acercando su rostro al mío. Apenas soy consciente de que hemos dejado de bailar y que nuestros compañeros se agolpan junto a nosotros, sin percatarse de cómo Adrien me pega a su cintura y recorre mi mejilla con los nudillos de la mano entrelazada a la mía. Es tan dulce que hipnotiza y yo no puedo moverme ni decir nada. No sale ni un solo sonido de mi boca. Estoy absolutamente hechizada.
Me muerdo el labio inferior y Adrien se pasa la lengua por el suyo. Me mira fijamente a los ojos mientras ladea la cabeza y se acomoda a mí. Me tenso, me preparo. Los labios de Adrien me rozan la comisura izquierda y jadeo. Me besa y se queda pegado a mí, como si estuviera esperando algún tipo de reacción por mi parte. Lo único que puedo hacer es jadear. Esto es un sueño, no hay otra explicación.
Veo que Adrien esboza una media sonrisa, conforme y empieza a cubrir un poco más de mi boca. Cierro los ojos y me apoyo en su pecho, laxa, preparada, lista para…
―¡Adrien!―grita alguien de repente.
Nos separamos rápidamente, como si nos hubiera dado calambre. Chloe está junto a nosotros, con los brazos en jarras. La gente se dispersa a nuestro alrededor y empieza a formar una especie de círculo del que nosotros somos el centro.
―¿Se puede saber qué estabas a punto de hacer?―inquiere Chloe, molesta.
Ahora mismo, la cogería de la coleta rubia repeinada y la llevaba a rastras hasta el río para tirarla al agua. En lugar de morirme de vergüenza, que es lo que sería más lógico que me ocurriera, mi enfado va aumentando nivel tras nivel a la velocidad de la luz.
―¿De qué hablas, Chloe?―dice entonces Adrien, ocultándome parcialmente tras él.
―¡De ella!―Chloe me señala con una uña de porcelana― ¿Cómo puedes hacerme esto, Adrien? Me dijiste que querías salir conmigo… ¡y yo acepté!
Un segundo. ¿Qué?
Frunzo el ceño y observo a Adrien. Tiene el rostro serio y no se da cuenta de que estoy esperando algún tipo de explicación por su parte. Chloe siempre ha dejado claro su interés por el hijo del diseñador más famoso de París, pero jamás había admitido que estaba saliendo con él, sobre todo porque las mentiras tienen las patas muy cortas.
―No vas a decir nada, ¿verdad?―prosigue Chloe con una sonrisa maléfica.
―Eso no es…―empieza a decir Adrien, pero noto que no está seguro de sus palabras y me asusto; me asusto de verdad.
Doy un paso atrás y me alejo de él, algo que jamás creí posible. Adrien se percata del movimiento y se gira hacia mí, con los ojos abiertos por completo.
―Marinette, no creerás lo que dice, ¿verdad?
Miro a Adrien y a Chloe a partes iguales. Es entonces cuando llega Sabrina, la mejor amiga de la rubia estirada. Trae el móvil en la mano y me planta la pantalla frente a los ojos, hasta el punto de cegarme por un instante. Ojalá me hubiese cegado por completo. Tengo ante mí una foto de Adrien y Chloe, abrazados, besándose… justo esta misma noche.
Casi puedo escuchar el sonido de mi corazón haciéndose trizas y los cachitos cayendo en cascada al suelo de mármol de la mansión de los Agreste. Cuando vuelvo a mirar a Adrien, me duele verle. Está confuso, debo de tener cara de espanto. Noto entonces que alguien me coge de los brazos y me giro bruscamente para ver a Alya sujetándome. Me doy cuenta de que estaba a punto de tirarme encima de Chloe a arrancarle los pelos. ¿Qué demonios estoy haciendo aquí?
Trago saliva e intento serenarme. Todo está pasando demasiado rápido, pero las reacciones de Adrien ante la foto que le enseña Sandra van a cámara lenta.
―Marinette, no es lo que crees―murmura entonces y su voz resuena en el vestíbulo; ¿cuándo han quitado la música?― Eso no es real.
Intenta acercarse a mí y cogerme de la mano, pero yo me retiro antes de que lo haga, como si quemase.
―Déjame, Adrien.
Nunca, jamás en mi vida, creí que llegaría a pronunciar esas palabras. Pero el desengaño está siendo demasiado grande y no hay otra cosa que pueda definir lo que siento ahora mismo. Empiezo a caminar como un zombie, ajena a las caras de pena y burla que veo a mi alrededor. La gente se aparta y me deja salir a la calle. Escucho a Adrien llamarme varias veces, pero eso solo me provoca arcadas. Tengo ganas de vomitar.
En cuanto salgo del jardín de la mansión, me apoyo en el impresionante muro y dejo salir mi cena del estómago en medio de lágrimas. Noto a Alya recogerme el pelo y sujetarme la cabeza. Tengo suerte y ni los zapatos ni el vestido se manchan.
―Tranquila, Marinette, respira…―susurra Alya junto a mí.
Cuando he acabado, rebusco en mi bolso un pañuelito para secarme la boca. Apenas he estado una hora y media en la fiesta y ha resultado ser un desastre absoluto. Me fijo entonces en mi mejor amiga.
―Deberías entrar―digo con voz pastosa―. Nino estará preocupado por ti.
―Nino sabe que estoy donde debo estar―responde Alya con suavidad―. Tiene que haber un error en todo esto.
―No lo hay, Alya. Has visto esa foto tan bien como yo.
―Puede haber sido un montaje…
―¡No lo es!―grito, triste, enfadada y derrotada al mismo tiempo― No lo es. Yo creía… Pensaba que… tal vez… yo… yo…
Alya no deja que siga hablando para hacerme más daño a mí misma. Me rodea con los brazos y deja que repose la cabeza en su hombro. Las lágrimas se han secado en mi cara, llevándose consigo parte del magnífico trabajo de maquillaje de mi mejor amiga. El calor de Alya me relaja lo suficiente como para serenarme.
―Tengo que volver a casa―murmuro entonces, separándome de ella―. Está cerca, no hace falta que me acompañes.
―¿Estás segura? Nino puede venir con nosotras, si no quieres que regrese sola.
―No, déjalo―intento sonreír, aunque me parece que lo que consigo es dar más miedo aún―. Diviértete, pásalo bien con Nino y los demás. Por mí, Alya, por favor―ruego.
Alya duda, no está segura de si es sensato dejarme sola. Finalmente, gracias a Dios, me hace caso y deja que me vaya, aunque siento sus ojos oscuros fijos en mi espalda hasta que desaparezco por la esquina y me quedo completamente sola.
