¡Hola de nuevo!
¿Me esperaban tan pronto?
Con ustedes -redomble de tambor- ¡El tercer capítulo! Dedicado especialmente a Blue Bird por sus comentarios y apoyo. ¡Gracias!
Stranger Things y sus personajes NO me pertenecen. Sin embargo, la trama que se lleva a cabo sí, por lo que no hay autorización de ser publicada en otro sitio sin mi consentimiento.
El Valle de las Sombras.
Capítulo III: El caballero perdido.
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Amigo: Es alguien por quien harías lo que sea.
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Paralizado. Era ésa la palabra exacta con la que se podía describir la situación de Michael Wheeler en ese momento, e incluso la condición de cada uno de los presentes. Simplemente ninguno de los cuatro amigos podía asimilar lo que hace tan sólo unos minutos había sucedido frente a sus ojos, mucho menos tratándose de la delgada chica que reposaba inconsciente en los temblorosos brazos de Mike. Casi podían sentir que volvían a esa noche de lluvia, la noche que se adentraron en el bosque con la esperanza de encontrar a Will, en cambio tropezaron con una asustada niña descalza en camisón que parecía huir de algo. Siempre parecía estar huyendo.
— Debemos avisar inmediatamente a un profesor. —La voz de Debbie Leester, nerviosa y teñida de un toque de miedo, se coló en el torrente de pensamientos que atacaban la mente de Lucas, logrando que recuperara el sentido común del que se sentía tan orgulloso la mayor parte del tiempo.
— ¡No!—exclamó tomando el brazo de la chica y alejándola de la puerta. Debbie soltó un exclamo de indignación y no tardó en forcejear con el moreno, más Lucas no se permitió darle ventaja alguna en esta ocasión—. Es grave, extremadamente grave—declaró, apresando con firmeza las muñecas de Leester entre sus manos.
— Es por eso que necesitamos llamar a un adulto—replicó la chica y ante el amago de querer levantar el pie (posiblemente para pisarlo de nuevo o para una certera patada), Lucas dio un rápido giro y se colocó detrás de ella para evitar que hiciera movimiento alguno rodeándola con ambos brazos—. ¡Sinclair, suéltame!—chilló.
— No adultos, Debbie —determinó una tercera voz— Nadie debe saber que ella ha llegado—Dustin ni siquiera se dignó a mirarla pero la grave seriedad que destilaban sus palabras la obligaron a mantener el silencio y dejar de forcejear entre los brazos de Lucas.
Dustin Henderson, el chico de la eterna sonrisa traviesa y los chistes a la punta de la lengua (siempre buscando el lado humorístico a todo), no era el mismo que veía frente a ella: consternado, callado y abrumadoramente serio.
Entendiendo la gravedad que significaba para ellos el extraño acontecimiento que había presenciado hace un momento, Debbie fue disminuyendo la fuerza de su forcejeo hasta quedarse completamente quieta entre los brazos de quien la detenía.
— No iré por nadie...—murmuró hacia Lucas. Él enarcó ambas cejas, incrédulo por la repentina decisión que su compañera ha decidido tomar. Debbie rodó los ojos de manera exasperada a la vez que golpeó el brazo del chico que la sostenía—. Que me sueltes, te digo. No iré por nadie, ¿bien? No soporto que me toquen sin permiso —masculló por último; hubo algo en su voz al decir aquellas palabras que le convencieron de que era una amenaza disfrazada y que pagaría las consecuencias si no la soltaba.
Por tal razón le obedeció deshaciendo el agarre.
— ¿Alguien podría explicar-?—comenzó a preguntar.
— Ahora no. —Sinclair interrumpió la pregunta de Debbie antes de que ella pudiera terminar de formularla, pasando de largo como si la chica ya no fuera un componente de importancia en la complicada ecuación a la que se enfrentaban. — Dustin, ¿está despierto?—cuestionó a su amigo que sostenía a Byers. El aludido asintió al instante y volvió la atención a Will, quien se mantenía inclinado hacia el frente con la vista fija en la espalda de Mike.
— Will, amigo, ¿estás bien?—La voz de Dustin logró liberarlo de su pequeño trance; giró la cabeza hacia su amigo mas no logró borrar de su mente la imagen presenciada hace sólo un instante. — ¿Puedes pararte?—preguntó al notar la expresión consternada de Byers, quien se limitó a asentir en silencio. Sin embargo, necesitó apoyarse del hombro de Dustin al sentir sus propias rodillas flaquear al incorporarse del suelo.
— E-Es... ¿Eleven?—titubeó pero no había necesidad de responder la pregunta de Will. A pesar de lo confundidos que se encontraban en ese momento, no podía haber duda alguna de que la chica que Mike aún sostenía contra sí se trataba de Eleven.
— Tenemos que irnos. Ahora. —Ni Dustin ni Will vacilaron a la orden que dio Lucas.
— Toma—Sinclair extendió las llaves del auto de su padre hacia Dustin—, lleva el carro al otro lado, por los salones de laboratorio. Será mejor que nadie la vea—agregó refiriéndose a Eleven. Henderson asintió –de haber sido otra la situación, incluso se habría burlado de la actitud demandante de Lucas–, pero como no era el momento, emprendió el camino con Byers apoyado sobre su hombro.
— Te ayudaré—Debbie se acercó a tomar el brazo libre de Will a lo que Dustin hizo el amago de alejarse.
— Deberías irte, Debs—sugirió tratando de disimular el tono nervioso de su voz. La chica, que nunca en su vida se permitía un 'no' por respuesta, frunció la nariz al mirar hacia él.
— Tienen dos opciones: me explican qué está sucediendo y confían en mí, o me largo en este momento a contar todo lo que vi al profesor Clarke. —La seria afirmación de la muchacha tuvo la reacción esperada en sus dos compañeros, quienes cruzaron una fugaz mirada de preocupación y finalmente Dustin masculló un "Puedes venir" entre dientes. Los labios de la chica se curvearon hacia un lado en una tenue sonrisa de orgullo mientras tomaba nuevamente el brazo de Byers para ayudarlo a caminar.
William giró a mirar por sobre su hombro en dirección a Mike, quien permanecía inclinado con la extraña chica acunada en sus brazos. Ella, inconsciente; él, estupefacto.
Fue Lucas quien se acercó hacia ellos hincándose al frente de Michael con la intención de que su amigo reaccionara ante su presencia pero el joven Wheeler no parecía ser capaz de razonar las circunstancias en las que se encontraban. Se limitó a mantener la mirada fija sobre la castaña que refugiaba contra sí; su cabello marrón despeinado, su rostro pálido, cada facción de éste que aún atesoraba en algún lugar de su mente donde guardó las memorias de aquellos tiempos, de ella, su primer amor, su heroína. Finalmente, su vista se detuvo en el brazo de la chica donde un tatuaje le adornaba con simpleza: 011.
— El... Realmente eres tú—titubeó envolviéndose de felicidad y temor al mismo tiempo.
"¿Qué sucedió contigo, El?", se preguntó a sí mismo.
— Mike... Mike...—El antedicho no respondió al llamado de su amigo incluso parecía no haber percibido siquiera su presencia, pues se mantenía atado al torrente de emociones que hacían su cuerpo temblar. Lucas soltó un bufido exasperado antes de tomar los hombros de su Wheeler y sacudirlo con cierto nivel de rudeza con el fin de hacerlo reaccionar. — ¡Michael, escúchame!—exclamó.
Entonces, Mike volvió en sí.
Lo primero que sintió fue el frío viento del invierno chocar contra su rostro y estremecerlo, cayendo en cuenta que de sus mejillas resbalaban lágrimas de un llanto inconsciente. Pudo ser capaz de reconocer a quien estaba frente a él, los colores y la situación. Ansioso giró de nuevo la mirada hacia Eleven para comprobar que no se trataba sólo de una cruel ilusión.
— L-Lucas, es ella... De verdad es Eleven—musitó.
— Mierda, Mike, no estoy ciego, ¡ya sé que es ella!—Lucas volvió a dar otra sacudida a los hombros de su amigo para hacer que le mirara de vuelta. Si bien podría considerarse el más sensato del grupo, las situaciones estresantes lograban que su actitud impulsiva saliera a flote no siempre de la mejor manera, sin embargo era necesaria. — Lo sé, Mike, tanto como sé que tú entiendes que debemos marcharnos ahora—determinó—. Eleven estaba huyendo de algo y sea lo que sea, vendrá por ella. Debemos irnos ahora—añadió con la urgencia dominando su tono de voz así como la expresión ansiosa de su rostro.
Michael asintió en silencio afianzando el agarre sobre Eleven. Pasó un brazo por la espalda de la chica y el otro debajo de sus piernas; era tan menuda como la recordaba, si no fuera por los rasgos de adolescente que su rostro mostraba, él podría creer que se trataba de la misma niña de tres años atrás.
Al incorporarse del suelo tambaleó y fue Lucas quien lo retuvo del brazo para evitar que cayera. Una vez que Mike aseguró a la castaña en sus brazos emprendió el camino detrás de Sinclair quien continuamente se giraba a verlo para asegurarse de que todo estuviera bien.
— Will y Dustin se adelantaron al auto—informó apresurando el paso hasta cruzar por completo el Gimnasio y llegando a la siguiente sección de la escuela: los laboratorios. Al no alcanzar a ver aún el auto, se giró hacia Mike haciendo una tenue mueca de preocupación— ¿Quieres que te ayud-?
— No—le cortó Michael—, yo puedo con ella.
Lucas no siguió insistiendo (era claro que Wheeler no dejaría que otra persona se hiciese cargo de Eleven), por lo que volvió la mirada al camino frente a él donde finalmente logró ver el auto viejo de su padre.
— ¿Por qué tardaste tanto en-?—comenzó a replicar acercándose hacia el automóvil pero una vez que llegó a la ventanilla del piloto se llevó una amarga sorpresa— ¿Leester?—cuestionó con claro disgusto— ¿Qué sigues haciendo aquí?
— Curiosa forma de agradecerme haber traído el auto hacia acá. ¿Sabes lo complicado que fue burlar a los profesores?—cuestionó ella en respuesta con un marcado tono de indignación.
— No irás con nosotros—determinó bruscamente al mismo tiempo que abría la puerta del asiento de piloto. Debbie soltó un bufido enfurruñado y salió del auto murmurando un claro "Idiota" que Lucas se obligó a ignorar para no iniciar una discusión en un momento como ése.
— Debs, ¿abres la puerta?—pidió Mike llamando la atención de la que aún era su pareja de baile. Ella se giró hacia él al escuchar la petición y la escena con la que se encontró estaba lejos de ser amigable.
Titubeó un instante con la mirada fija sobre la muchacha en los brazos de Wheeler. En el año que llevaba como ciudadana de Hawkins jamás había visto a la chica, pero la manera en que Mike la miraba –como si fuera una clase de superhéroe– le confirmaba que él la conocía más de lo que ella quisiera aceptar. "¿Y si...?", Debbie interrumpió de inmediato el pensamiento que comenzaba a formularse en su mente y se inclinó hacia la puerta trasera para abrirla. No, no era momento ni lugar para dejarse llevar por algo tan estúpido como los celos.
La cabeza de Will reposaba contra el cristal de la ventana cuando Mike se aproximó al auto para resguardar a Eleven, causando que su pálido amigo volteara la cabeza hacia ellos. A pesar del cansancio que expresaba su semblante, Byers se inclinó para ayudar a Mike en su tarea de acomodar a Eleven de la mejor manera posible; una vez hecho, continuó a subir él. Se quitó el saco de su traje con el que cobijó a la castaña, le rodeó por los hombros acercándole hacia su pecho. No dejó de mirarla ni por un sólo instante.
Debbie se mantuvo al margen mientras observaba la escena. Quería no sentirse de esa forma, como si se tratara de una chiquilla tonta que se dejaba llevar por los celos, pero no podía negar que había algo en la mirada y el trato que Mike tenía con esa extraña chica que lograba hacerla sentir una verdadera tonta.
— ¿Vendrás o no?—La repentina voz de Lucas (cargada de un tono despectivo) la despertó de su pequeño trance y asintió torpemente a manera improvisada de respuesta. Subió al carro acomodándose en el pequeño espacio que Mike había dejado para ella. Tratando de evitar la imagen del chico (¡su pareja de baile!) abrazando afectuosamente a una extraña, se inclinó a jalar la puerta para finalmente cerrarla.
Lucas arrancó al instante y un incómodo silencio inundó el auto.
— No puedo creer que haya vuelto—murmuró Dustin a la vez que soltaba un largo suspiro, expresando en voz alta lo que llevaba dando vueltas en la mente de sus amigos. Debbie, quien difícilmente podía apartar la mirada de Mike, aguardaba en completo silencio con las preguntas que deseaba expresar retenidas en su garganta creando el 'nudo' del que tanto se escribía en los libros.
— No debiste salir, Debbie. —Ella dio un respingo al escuchar la susurrante voz de Michael dirigiéndose hacia ella a pesar de no mirarla.
— M-Me preocupé por Will—mintió—. Sinclair lucía alterado y tú saliste corriendo, creí que-
— Lo siento—le interrumpió mientras se giraba a ella para mirarla. Debbie se encogió sobre su lugar agachando la vista debido a la cercanía del chico; estuvo por replicar la disculpa de Mike, mas él continuó— Seguro no es la noche que esperabas—añadió mientras sonreía tenuemente a modo de disculpa.
— No, no lo es—admitió la chica echando una fugaz mirada a la joven que dormitaba sobre el hombro de Wheeler.
Leester entre abrió los labios dispuesta a finalmente saciar la curiosidad que le atormentaba desde que presenció todo ese extraño circo detrás del gimnasio, sin embargo Mike pareció leer en su expresión las intenciones que tenía por lo que cortó sus palabras al decir: — Te llevaremos a tu casa.
— N-No, no es necesario, yo...—Una vez más, Michael volvió a interrumpirla alzando la voz e indicando a Lucas que harían una rápida parada en la casa de la chica. Sorprendentemente, el moreno no replicó ante la decisión de su amigo y aunque eso le aclaró que ellos trataban de protegerla (había perdido la cuenta de las veces que la palabra 'grave' fue mencionada durante la aparición de la extraña), Debbie no pudo evitar sentirse cruelmente rechazada.
Tragó amargo a la vez que se inclinaba hacia el frente e indicaba la dirección de su casa al joven que llevaba el volante. La joven decidió permanecer en esa posición para no tener que presenciar la imagen de Mike cuidando de la inconsciente extraña que –suponía– no le dejaría dormir esa noche.
Alrededor de diez minutos llegaron a la dirección que Leester había indicado. No había sido difícil dar con la casa de la chica, después de todo, era la única casa nueva al perímetro de del bosque de Hawkins; se había construido meses antes de la mudanza de la familia de Debbie un año atrás.
Dustin soltó un silbido.
— Woah, Debbie... Tu casa es muy linda—halagó una vez que echó una mirada por la ventana encontrándose con la reciente construcción que fácilmente podría opacar al resto de las viviendas en el condado. La aludida se encogió de hombros ante el adulo, ligeramente incómoda.
— Supongo. Aunque hubiera preferido algo que estuviese apartado del bosque—comentó ella con una tenue mueca en los labios. Vaciló al acercar su mano para abrir la puerta como si realmente no fuera su voluntad marcharse, no obstante la voz de Mike la detuvo y giró su vista hacia él de inmediato, esperanzada de que hubiese cambiado de opinión.
— Deberías ponerte esto—murmuró mientras extendía una chaqueta marrón hacia ella. Debbie trató de esconder la desilusión repentina tras una tenue sonrisa de agradecimiento—Dejaste tu suéter en la escuela—añadió Mike.
— ¿Ésa es mi chamarra?—murmuró Lucas mirando por el espejo retrovisor.
—Gracias—Debbie tomó la prenda que colocó sobre sus hombros para protegerse del frío. Abrió la puerta y la empujó para salir, sin embargo se detuvo por un momento y giró hacia Wheeler quien aún la miraba. Tratando de ignorar a la pálida castaña que el chico (su pareja de baile, reiteró en su mente) mantenía abrazada protectoramente contra su pecho, se inclinó hacia él y plantó un fugaz beso sobre la comisura de sus labios. — Buenas noches, Mike—deseó al dar la vuelta para salir del automóvil y cerró la puerta detrás de ella.
— No puedo creer que le dieras mi chaqueta—masculló Lucas mientras miraba enfurruñado hacia el porche de la gran casa donde Debbie rebuscaba debajo de una pequeña maceta lo que podría ser la llave de repuesto.
— No puedo creer que Debbie Leester te haya besado—dijo Dustin girando sobre el asiento de copiloto a mirar hacia la parte trasera. Incluso Will parecía haber retomado un poco el humor puesto que miraba a su amigo con una discreta expresión divertida.
Michael, sonrojado y con el ceño fruncido, desvió la mirada.
— Ella no me besó—aclaró con aspereza, un aspecto que logró que sus amigos se percataran de que la razón por la que el rostro de Mike se había cubierto de un tono carmesí se debía al enfado más que otra cosa—. ¿Y qué esperabas que hiciera, Lucas? ¿Enviarla a su casa sin algo que la protegiera del frío?—prosiguió en el mismo tono molesto— Sólo apresúrate—dijo por último entre dientes.
Michael lucía enfadado y lo estaba. En un momento como ése no podía permitirse pensar en algo más que no fuera Eleven inconsciente entre sus brazos. ¡Eleven! ¿Qué importaba una simple chaqueta cuando ella finalmente había vuelto? ¿Por qué tendría que pensar en Debbie cuando la dueña de su primer beso estaba justo a su lado? No, nada más podía tener lugar en sus pensamientos si no se trataba de Eleven.
Mirando en retrospectiva, cayó en la cuenta de que nunca fue posible pensar en algo sin pensar también en ella durante tres años desde su partida. Era una costumbre irreversible.
Y él era incapaz de corregir sus costumbres.
— Realmente espero que ella no esté huyendo—escuchó decir a Lucas mientras aparcaba el automóvil en el terreno que estaba detrás de la casa Wheeler; finalmente habían llegado a su destino. Apagó el motor y sus hombros cayeron acompañados de un suspiro— Piénsenlo—dijo a sus amigos—; si ella estaba huyendo significa una sola cosa.
— Peligro—completó Dustin— Pero, ¿qué tipo de peligro?
— Demogorgon—respondió Mike en alto, un pensamiento que había preferido que quedara albergado en su mente para evitarse la mirada alarmante que William le dirigió.
Por un instante el silencio absoluto inundó el auto siendo abruptamente interrumpido por la carcajada que soltó Lucas ante la afirmación de su amigo.
— ¡Eso no es posible!—exclamó convencido—Ella acabó con el monstruo. Lo vimos, ¿no es así?—Al igual que Dustin había hecho, se giró sobre su asiento para mirar hacia Mike. — No sé cuál sea tu recuerdo de esa noche, pero yo estoy bastante seguro de que Eleven lo destrozó.
— Lo cual fue asombroso—añadió Dustin con una sonrisa de orgullo— Como si fuera Jean Grey usando la fuerza mística del Fénix, ¡auch!—soltó en queja al recibir el golpe de Lucas contra su brazo. Arrugó el entrecejo y lo miró con reproche.
— Tómalo con seriedad—le recriminó.
— Lo hago—replicó Dustin—, estoy tomándolo con seriedad. Pero, ¡vamos, chicos!—continuó alzando ambas manos para enfatizar su punto de opinión— Quizá apresuramos todo este asunto y no hay cosas extrañas sucediendo en Hawkins de nuevo. Quizá Eleven simplemente logró vencer 'El otro lado' y regresó porque extrañaba los waffles, o a Mike, o incluso tu encantadora personalidad, Lucas—ironizó al último— ¿Por qué no podemos simplemente aceptar que nuestra amiga regresó sin acarrear problemas detrás de ella?
Lucas guardó en silencio tras las palabras de su amigo meditando detenidamente dicha opinión. En la parte trasera, Mike volteó discretamente a mirar hacia donde se encontraba Will; estaba pálido (nada extraño en él durante los últimos tres años), pero lo que llamó la atención de Wheeler fue la mortal seriedad que expresaba el semblante de su amigo unido a un extraño temblor en sus manos. Parecía que saldría corriendo del auto en cualquier momento.
— La extrañé, lo admito—Lucas habló tras el breve silencio— Me alegra saber que ella no, bueno, ella... Ya saben—rodó los ojos para restar importancia a su propio comentario; no tenía por qué completarlo cuando todos habían sopesado la posibilidad de que Eleven pudo haber fallecido en el enfrentamiento final ocurrido años atrás—. Pero ella siempre ha acarreado problemas, Dustin... Aunque bien, tampoco creo que se trate de algo tan serio como lo fue el Demogorgon—agregó echando una mirada significativa hacia Mike.
Wheeler separó los labios, listo para defender su alocada teoría –de una forma que no delatara a Byers–, cuando una susurrante voz robó su palabra paralizando a todos. Se trataba de Eleven.
— Will... W-Will...—La chica se removió debajo del saco con el que Mike le había cubierto y frunció el ceño soltando un par de sollozos. —Will... No, Will—alzó las manos apartando el saco y movió la cabeza de un lado a otro claramente siendo víctima de una pesadilla.
Mike volvió a rodearla por los hombros acercándola contra sí, murmurando en su oído con el objetivo de lograr serenarla: — Calma, El... Todo está bien, todo está bien, tranquila—susurraba cariñosamente intentando disfrazar la abrumadora preocupación que le recorría por dentro —Estoy aquí... Estás bien, El—añadió. El cuerpo de la joven antes tembloroso pronto comenzó a apaciguarse hasta volver a dormitar sobre el pecho del chico.
— Eso fue...
—Extraño—completó Dustin la oración que Lucas había comenzado. Una vez que logró apartar su mirada de su antigua amiga –lo cual resultó más difícil de lo que esperaba–, se giró hacia donde Will quien le regresó la mirada; lucía asustado, realmente asustado— ¿Por qué dijo tu nombre?—cuestionó en un murmullo.
Tanto Lucas como Mike voltearon hacia el castaño, éste miró por un segundo de vuelta a Wheeler quien asintió, señal silenciosa de que brindaba su apoyo absoluto. Sintiéndose con la suficiente fuerza para continuar, William supo que ya no podía guardar más su oscuro secreto a quienes eran sus mejores amigos.
— Mike tiene razón—musitó— Hay algo que deben saber—Will alternó la mirada entre Lucas y Dustin para después agachar la cabeza y soltar un largo suspiro— Hay algo que debí decirles hace mucho, mucho tiempo.
La expresión de sus amigos pasó de confusa a preocupada. William Byers nunca mentía y si deseaba hacerlo, no era nada bueno en ello. Entonces, ¿qué tan mal podían ir las cosas para que el más sincero del grupo decidiera guardar silencio y alejarlos de todo? Sea lo que fuera que el chico estuviese guardando, ciertamente no sería nada agradable.
— Será mejor entrar—susurró Mike mientras atraía a Eleven hacia él.
Nadie se opuso a la idea del azabache, todos compartían el sentido común que les gritaba que el patio trasero de la casa Wheeler no era el mejor sitio para llevar a cabo una conversación sobre lo que todos habían denominado 'cosas extrañas'.
— Lucas y yo llevaremos a Eleven hasta el sótano—anunció Dustin a la vez que bajaba del auto y abría la puerta trasera. Michael separó los labios, listo para replicar ante la decisión que su amigo había tomado –aparentemente– por iniciativa propia, pero Henderson le interrumpió antes de que lograra formular su queja en palabras— Alguien debe distraer a tus padres, ¿sabes?
Mike guardó absoluto silencio tras escucharlo y finalmente soltó un cansado suspiro, resignado a que Dustin tenía un buen punto. Sin realmente querer hacerlo, se separó de Eleven y dejó caer cuidadosamente la cabeza de la chica sobre el respaldo del asiento trasero. Al salir del auto echó una mirada seria hacia el de los rulos.
— Con cuidado—advirtió.
— Tranquilo, Mike, la arrojaremos por las escaleras del sótano con demasiado cuidado—ironizó Lucas ganándose un golpe en el brazo por parte Dustin cuando la mirada de Wheeler resultó ser la menos amigable que nunca antes había visto. Sinclair bufó con impaciencia al mismo tiempo que rodaba los ojos— Joder, sólo bromeo, Wheeler—aclaró con ligero tono de fastidio que ocultaba algo parecido al arrepentimiento.
— Bien—se limitó a murmurar Mike entre dientes y giró hacia Will, palmeándole el brazo en señal de que le acompañara. El azabache emprendió el paso apresurado para rodear su casa y llegar por la puerta de entrada principal con Byers pisándole los talones.
— Gracias—escuchó la suave voz del castaño detrás de él. Mike se detuvo casi abruptamente y miró en dirección a su amigo con un gesto de confusión pintado en su rostro. Will hizo una tenue mueca (torciendo los labios hacia un lado) y encogió los hombros— Por no decir nada a los chicos—aclaró a lo que se refería.
— Era tu responsabilidad—respondió Mike y aunque trató de sonar seco en sus palabras, su preocupada expresión aseguraba que desde el momento en que tuvo conocimiento de la condición de Will no fue capaz de simplemente hacerse a un lado y renegar cualquier responsabilidad.
La amistad Mike Wheeler no era así y nunca lo sería.
— Realmente no quise mentirles—susurró Will una vez que habían llegado frente a la puerta principal de la residencia.
Antes de tocar, Mike volvió su mirada hacia él.
"Fue un seis", Will le miraba justo como lo había hecho la noche de su desaparición. Michael recuerda lo decepcionado que se sentía respecto a que su campaña de aquella tarde no hubiese sido finalizada por lo que ni siquiera se había detenido a pensar en el último lanzamiento de dados que definiría el desenlace de la aventura. "El Demogorgon me atrapó", se sinceró el castaño con una pequeña mueca en los labios.
Michael recuerda haber agradecido en silencio contar con un amigo tan honesto como Will lo era. Y tal como sucedió al día siguiente –tres años atrás –al enterarse de su desaparición, una sensación abrasadora de salvarlo lo dominó en ese momento. No estaba en sus planes perder a Will. No podría estar nunca listo para perder a un amigo.
— Lo sé, Byers—respondió—, sé que lo hiciste para protegernos—Mike apoyó su mano sobre el hombro de su abatido compañero y le mostró una sincera sonrisa— Podemos arreglarlo, ¿de acuerdo? Es una promesa.
William quiso creer en él, deseó hacerlo como nunca antes lo había hecho, pero el extraño sentimiento que se regocijaba en sus entrañas desde que despertó en la camilla del hospital en 1983 aumentó con fuerza impidiéndole mantener la confianza que Mike tanto expresaba.
Ni siquiera Will podía estar seguro de lo que sucedía dentro de su cuerpo y mente, así como no se sentía preparado para lo que Eleven pudiera explicar al respecto. Algo dentro suyo ya le gritaba la respuesta tan clara como el agua de la lluvia en noviembre.
Sin decir nada más, Byers estiró el brazo hacia la puerta y oprimió el timbre de la casa Wheeler.
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Nancy mantenía la mirada fija sobre el chico frente a ella mientras él narraba con inusual emoción una de sus tantas anécdotas sobre sus estudios en la NYU y su estadía en la gran ciudad. Una espontánea risa escapó de los labios de la chica ante la anécdota que Jonathan contaba en ese momento sobre la extraña 'iniciación' que tenían en el edificio de estudiantes; él reía más de lo que ella nunca le vio durante el tiempo que fueron amigos, incluso se coloraba mientras su anécdota se tornaba en situaciones tan bochornosas en las que parecía casi imposible que alguien reservado como Jonathan se involucrara.
— Si olvidamos el hecho de que tuve que dormir sin colchón por no llegar en primer lugar, podría decir que fue casi divertido—comentó finalmente mirando hacia su acompañante que tenía las cejas enarcadas, incrédula de lo que escuchaba.
Al mismo tiempo, los dos se echaron a reír.
— No puedo creer que te hayan hecho correr por Central Park en ropa interior. —Ella volvió a soltar una risa. — Por favor dime que hay fotografías de tu vergonzosa carrera—añadió en tono burlesco.
— Si lo que quieres es verme en ropa interior, sólo tienes que pedirlo—Nancy separó sus labios reflejando en su expresión una extraña mezcla de ofensa, molestia y un claro destello de diversión. Tomó una papa frita del plato en el que ella comía y lo lanzó directo hacia el rostro de su amigo. Jonathan hizo el amago de esquivar el alimento pero fue inevitable que éste no diera de igual forma contra su rostro debido a la buena puntería que poseía la chica.
— Eso quisieras, Byers—atacó ella con la nariz ligeramente arrugada. Sin embargo, no fue capaz de ocultar el color carmín que cubrió los pómulos de Nancy y que logró una inconsciente sonrisa en los labios de su compañero (sonrisa que ella no notó).
Jonathan tomó la papa que la joven había lanzado en su dirección y le dio una mordida mientras encogía los hombros sin dar respuesta alguna. El silencio les envolvió después de eso, un silencio que sólo se llenaba con las voces del resto de las personas en el lugar y el tamborileo que hacía el pie de Byers contra el suelo del establecimiento. Era el tipo de silencio que cualquier otra persona enloquecería por llenar con alguna trivialidad cuanto antes, cualquier otra persona que no fueran ellos.
Nancy Wheeler era siempre el modelo perfecto para una fotografía (en ese preciso instante, Jonathan tenía que reunir todo su autocontrol para no tomar la cámara que guardaba en su morral para inmortalizar la imagen de la joven), sobre todo cuando ella se encontraba en silencio; un gesto de Nancy continuamente decía más que cualquiera de sus palabras, mucho más. Las personas solían no notarlo nunca pero él era la excepción: Jonathan siempre la notaría.
— New York es increíble, Nan, —comentó rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos—, pero siempre hay algo que hace falta, ¿sabes?
Ella pareció reaccionar al escucharlo y en silencio agradeció por ello, pues estaba al borde de un colapso mental por todo lo que su mente guardaba desde la 'discusión' con Steve, aunque en el fondo consideraba que su malestar provenía de más tiempo atrás. Retirando los negativos pensamientos de su mente, Nancy se inclinó ligeramente sobre la mesa fijando su atención en Jonathan.
— ¿Qué falta?—cuestionó sinceramente curiosa por la respuesta.
Jonathan se tomó un par de segundos para contestar. Inconscientemente su mirada se detuvo en el centro de la mesa, justo donde Nancy había dejado caer distraídamente su pálida mano con la palma hacia arriba. Ahí estaba esa delgada línea que resaltaba en la suave piel de su amiga, la cicatriz que él compartía, el recuerdo constante del noviembre en 1983.
El recuerdo constante de ella.
— Tú —dijo finalmente aproximando su mano hacia la de ella, dejando una suave y casi imperceptible caricia en los dedos de la chica que le hizo mirarle fijamente— Haces falta tú.
Él alzó la mirada hacia ella, encontrándose con ese par de ojos azules que tanto alteraban sus pensamientos desde que era un niño. Sí, un niño de no más de trece años cuando visitó la casa de los Wheeler y se encontró con esa fantástica niña disfrazada de elfina. Más tarde, su pequeño hermano le había comentado que Nancy era 'asombrosa' porque jugaba con ellos a representar los personajes de Dungeons & Dragons. Nancy Wheeler le pareció la niña más original que existía en el aburrido condado de Hawkins.
Sin embargo, no todo resultó como él lo había planeado. Los problemas en su casa afectaron más de lo que creyó y su propia seguridad se vio terriblemente afectada. Se convirtió en un chico callado, apartado de todo el mundo como si éste pudiera hacerle el peor daño ante el primer roce. Mientras tanto, la niña disfrazada de elfina crecía y olvidaba los cuentos, olvidaba la originalidad y diversión convirtiéndose en otra chica más.
Pero no para él.
— Yo... No creo que yo...—Nancy había comenzado a hablar, separándolo de sus propios recuerdos y obligándole a regresar al presente.
La chica volvió a sellar sus labios y los mantuvo en una extraña mueca que expresaba incomodidad y algo más que ni ella pudo identificar. Sentía la sangre arrebolarse en sus mejillas y secretamente deseó que el chico no fuera capaz de notarlo, aunque tomando en cuenta la naturaleza observadora que poseía un fotógrafo, concluyó que no había nada que pudiera evitar para que Jonathan le leyera cual si fuese un libro abierto. ¿Por qué siempre parecía que él podía leerla como un libro abierto?
— No creo que yo haga demasiada falta en tu vida de universitario—declaró al mismo tiempo que alejaba su mano de la de Byers— Con todas esas historias, los lugares que visitas y tus compañeros... No, no soy tan entretenida—Nancy forzó una sonrisa en sus labios mientras negaba con la cabeza.
— No hagas eso—le recriminó el castaño a lo que ella encogió los hombros.
— ¿Hacer qué?—sus ojos azules parecieron más grandes con esa expresión de duda.
— Tirarte para que te levante —aclaró. Ella separó los labios con una respuesta pensada para aquello, mas Jonathan se apresuró a interrumpirla— Tú... —se detuvo por un instante, componiendo de inmediato el comentario que mantenía guardado sólo para sus pensamientos internos— Eres mi mejor amiga, Nancy Wheeler. En realidad, eres mi primer y única amiga. Nada puede eclipsarte, ni todas las luces de New York.
— ¿Ni siquiera en época navideña?—murmuró ella en broma, intentando ocultar la extraña conmoción que causaron las palabras de Jonathan en ella.
— Ni siquiera eso —afirmó el contrario antes de sonreír.
Aún con el paso de los años, Nancy seguía encontrando extraño la facilidad con la que los labios de Jontathan se curveaban en una espontánea sonrisa cuando estaban juntos, casi desentonando con la usual seriedad en su rostro.
En el fondo, la joven atesoraba cada momento en el que aparecía dicho gesto en su amigo. Le gustaba pensar que era ella quien provocaba sus sonrisas y que éstas pertenecían sólo a ella, que el Jonathan frente a sus ojos era diferente al que el resto del mundo podía ver. Muchas ocasiones se reprendió a sí misma cuando su mente divagaba en tales pensamientos (de alguna forma debía recordarse que no perdería al chico aun cuando éste se encontraba lejos de Hawkins), pero con el paso del tiempo dejó de privarse de la libertad de su imaginación; Jonathan se mostraba ante ella como realmente era, quizá como nunca nadie lo conocería. No quería ser egoísta, pero prefería seguir guardándose el privilegio para sí misma y no compartirlo con el resto del mundo, mucho menos con New York.
— ¿Te he dicho que me asusta cuando estás tan pensativa?—Por segunda vez en la noche, Nancy dio un respingo ante la abrupta interrupción a sus pensamientos, así que se apresuró a sonreír despreocupadamente y negar con la cabeza.
— Lo siento, cosas del trabajo —se excusó.
— ¿Qué tanto tienes que pensar si trabajas en un salón de belleza?—Al instante de que la pregunta murió en sus labios, Jonathan cayó en la cuenta de lo inconsciente que había sido al decirlo de ese modo. El gesto herido de Nancy fue suficiente para hacerlo sentir el idiota más grande del mundo entero—Nance, yo no-
— Sí, sé que no estudio como tú, Jonathan—interrumpió la chica con la amargura destilando en su tono de voz—, sé que lo único que conozco en mi vida es Hawkins y sí, quizá tengas razón. ¿Qué de complicado puede haber en los pensamientos de una joven de los suburbios?—espetó Nancy haciendo el nulo intento de oprimir los labios para retener las palabras, pero eran inevitables. Se sentía herida, avergonzada, ¡humillada!
— No quise decirlo de ese modo, Nancy. Lo siento, yo sólo- —Jonathan trató de explicarse pero las palabras salían atropelladas y comenzaba a sentirse nervioso. Las relaciones con el resto de las personas nunca habían sido su fuerte y temía que, gracias a su estupidez social, terminara arruinando el poco tiempo que tenía en Hawkins para compartir con ella.
— Oh, no, quisiste decirlo —replicó Nancy al tiempo que tomaba su bolso azul y sacaba un par de billetes que dejó sobre la mesa.
Byers frunció el ceño al ver dicha acción pero su mirada pronto se desvió a ella cuando se levantó del asiento.
— Vamos, Nance —reclamó—, no puedes ponerte así por un comentario. Tú perfectamente podrías estar en la NYU si lo hubieras querido.
Una vez más, Jonathan no pudo seguir hablando debido a que la chica se levantó de repente provocando que la mesa hiciera un fuerte sonido al moverla. El mayor de los Byers casi había olvidado lo que una mirada enfadada de Nancy Wheeler podía hacerte sentir; era como ver tu propia muerte sin posibilidad alguna de poder intervenir.
— Quizá hayas aprendido demasiado fuera de Hawkins, Jonathan—habló con enfado contenido—, pero nunca aprenderás cómo tratar a las personas. Tienes la maldita sensibilidad que una cucharadita de té —masculló al final y emprendió el camino hacia la salida del local.
Jonathan se quedó paralizado sobre su lugar con los labios ligeramente separados como si fuera a decir algo, pero ninguna palabra salió de éstos. En el fondo de su mente podía escuchar su consciencia (que extrañamente tenía una voz muy parecida a Will) reclamarle por su actitud sin filtros; Nancy tenía razón, había cosas que él no podía evitar decir y eso le costaba demasiados problemas con la gente que de verdad quería.
"Te pareces tanto a mí", soltó una maldición en su mente cuando las difusas palabras de su padre se colaron entre sus pensamientos, optando por apresurarse para alcanzar a Nancy quien ya estaba saliendo por el umbral del local.
La chica se abstuvo de azotar la puerta una vez que llegó a la calle, no quería parecer una loca y mucho menos deseaba mostrar otra escena de novia molesta al inicio de una discusión. No es que ella se considerara una novia para Jonathan (¡por Dios, no!) pero la última conversación con Steve (de quien sí era novia) aún permanecía presente dentro de su cabeza y el hecho de que él no se hubiese comunicado en casi tres días comenzaba a casi enloquecerla.
"¿Y si fui muy dura con Jonathan?" pensó a sus adentros, relacionándolo con el estado sensible en el que se encontraba el último par de semanas. Estaba por girarse y volver al establecimiento, cuando una voz capturó toda su atención.
— ¿Nancy?
Era Steve.
— ¡Nancy, espera!—La puerta del local se abrió repentinamente y Jonathan salió a su encuentro.
La chica separó los labios ante la sorpresa de ver a Steve frente a ella, con el cabello ligeramente despeinado y la corbata desanudada. No obstante, él no se mostraba sorprendido por verla (no del todo), sino que su mirada iba de ella al chico detrás. Jonathan, por su parte, oprimió un poco los labios y se llevó ambas manos a los bolsillos de su pantalón, repentinamente incómodo por la situación en la que se encontraba.
— Jonathan Byers, qué sorpresa—comentó Steve y pasó de largo a su novia, extendiendo la mano hacia el mencionado. Jonathan titubeó un par de segundos antes de responder el saludo, formando en sus labios una mueca que bien podría pasar por ser una sonrisa— Una verdadera sorpresa verte aquí—continuó Harrington—Con mi novia, pero bien, parece que a ella le gusta pasar el tiempo con cualquiera que no sea yo.
— Ni siquiera te has dignado a llamarme en casi tres días—se defendió Nancy, murmurando entre dientes.
— Sólo trataba de darte tu espacio para pensar las cosas—respondió él en un tono afligido que desconcertó a la chica; estaba acostumbrada al sarcasmo en sus respuestas o que ignorara las discusiones, no a esa persona que le miraba de manera extraña— Pero veo que realmente estás replanteando todo—añadió Steve, echando un vistazo hacia Jonathan.
Como un flash, Nancy recordó que había visto antes esa expresión en el rostro de su novio. Fue a comienzos de su relación, tres años atrás, después del incidente de su nombre en la cartelera. Cuando él había creído que ella y Jonathan... "Oh, no", pensó, "no de nuevo".
— Harrington, no es lo que parece —Byers entró en defensa de su amiga, aunque Nancy deseó que no lo hubiese hecho.
— Claro—contestó con ironía Steve— Nunca es lo que parece, ¿cierto, Nancy?—agregó la pregunta dirigiendo su mirada hacia la chica.
— Estás pensando tonterías, ¿sabes?—Ella soltó un largo suspiro, acomodando la correa del bolso sobre su hombro— Jonathan ha vuelto de New York—comenzó a explicar— Pasará poco tiempo en Hawkins, así que acordamos salir para hablar sobre lo que han sido nuestras vidas—finalizó, volviendo la mirada hacia su novio.
Se sentía torpe de haber tenido que dar una explicación, porque si nada malo había sucedido, ¡las explicaciones no eran necesarias! Algo en el gesto incrédulo de Harrington le demostró que él podía estar llegando a la misma conclusión. Sin embargo, ya no eran los adolescentes de diecisiete años que habían sido tiempo atrás, los mal entendidos no tenían lugar en su relación y una escena de celos no arreglaría.
Nancy confiaba en Steve tanto como él confiaba en ella.
— Lo siento, amor—Steve negó ligeramente con la cabeza y se dirigió hacia Jonathan—Bienvenido, Byers.
El aludido sonrió apenas, asintiendo al saludo.
— Gracias—murmuró.
Un incómodo silencio tomó lugar. De alguna extraña forma, cada uno sintió como si estuviera de más en la escena. Jonathan estaba por despedirse cuando un rechinido de llantas llamó la atención de los tres y dirigieron la vista hacia la moto que había estacionado en la acera frente a ellos.
El conductor bajó de la motocicleta y se quitó el casco; tenía el cabello rubio un poco más debajo del lóbulo de sus orejas. Cuando se giró, todos pudieron notar que se trataba de una chica.
— Olvidaste tu cartera en la oficina, Harrington—comentó la rubia, lanzando la billetera hacia el de traje, quien la atrapó en el aire. Nancy enarcó ambas cejas y miró a su novio, pidiendo una explicación.
— Ah, Loo, ella es mi novia Nancy—la presentó— Cariño, ese cavernícola es la chica de las copias.
— Siempre tan atento—ironizó Lorraine (Loo era su diminutivo) —Un gusto—dijo en dirección a Nancy, mas ningún gesto en la chica expresó que realmente fuera un gusto conocerla, por lo que Wheeler no supo si sonreír o decir algo más.
Sin embargo ni una de las dos opciones fueron necesarias, cuando la motociclista ya había dado la vuelta y agitaba la mano enguantada detrás de sí a modo de despedida. Antes de ponerse el casco nuevamente, volvió la vista hacia las tres personas frente al local de comida y sus cejas se unieron en un gesto de desconcierto.
— Por casualidad, ¿saben qué ha sucedido en la Secundaria? Hay demasiada gente en el lugar—comentó la joven— Dijeron que era un apagón, pero créanme, en la ciudad los apagones no ocurren de esa forma—añadió burlona, poniéndose el casco y encendiendo el motor. Antes de que Steve pudiera detenerla para preguntar al respecto, Loo arrancó dejándolos detrás.
— Pedante odiosa—masculló Harrington— Es una patada en el trasero—agregó un segundo insulto, que Nancy pudo traducir como: 'la clase de persona que no deja que Steve Harrington se salga con la suya'. Iba a comentar exactamente eso, cuando su cerebro dio un clic repentino.
— ¿La secundaria?—cuestionó en alto, dando un vistazo hacia Jonathan quien ya la miraba con la misma expresión de susto en el rostro.
— Will / — Mike.
Murmuraron al unísono los nombres de sus hermanos menores. Sin detenerse un segundo más, los dos echaron a correr por la acera en dirección a donde Jonathan había dejado el automóvil.
— No de nuevo—murmuró Steve reprimiendo un resignado suspiro y corriendo tras los otros dos. Parecía una clase de Deja vú y él no estaba preparado para enfrascarse de nuevo en lo que sea que ese par estuviera planeando.
Sin embargo, tenía que estar ahí por Nancy. ¡Las cosas que seguía haciendo por ella!
Subió en el asiento trasero del auto de Byers, absteniéndose de hacer pregunta alguna. No quería saber nada a menos que fuera estrictamente necesario (pues si bien conocía la historia del monstruo y el niño Byers gracias a Nancy, prefirió no ahondar por completo en ella para proteger su salud mental). El viaje fue en silencio, no había nada que decir ni tampoco tiempo, ya que en menos de cinco minutos se encontraban frente a la secundaria Hawkins donde todos los alumnos de arremolinaban en la entrada.
Algunos se esparcían a sus alrededores, otros esperaban a sus padres.
Al bajar del auto, Jonathan corrió entre los estudiantes en busca de Will. Steve y Nancy hicieron exactamente lo mismo, buscando entre todos los chicos de traje a Michael Wheeler.
— ¡Hop!—Jonathan se acercó al oficial al reconocerlo entre el gentío. Jim se encontraba mortalmente serio, aunque su gesto se compuso una vez que el mayor de los Byers llegó hasta donde él— ¿Qué ha sucedido?
— Al parecer, sólo un apagón—informó Hopper, no obstante la respuesta no satisfizo del todo a Jonathan, quien le miró escéptico. James tuvo que aceptar que no podía esconder la verdad de él, por lo que lo tomó del hombro y lo alejó del resto de las personas— Fue más extraño que sólo un apagón. Toda la electricidad ha muerto en este lugar. Cada foco que recuerdas en la escuela, estalló.
— ¿Y Will?—cuestionó impaciente.
— No lo he encontrado—Hopper se quitó el sombrero de su uniforme y exhaló el aire, agotado— Tampoco al resto de los chicos.
Jonathan miró hacia atrás ante esas palabras, dando con Nancy que se movía de un lado a otro en busca de su hermano. Sintió que algo no estaba bien, que todo se desmoronaba en ese preciso momento y que él no había podido evitarlo. Nunca podía. Tres años atrás –no importaba lo que Joyce dijera–, Jonathan tenía la certeza de que todo había sido su culpa. De haber estado esa noche para Will, él nunca se habría extraviado.
— Debe haber ido a casa—Hop llamó su atención, como si supiera a qué rumbo se dirigían sus pensamientos y quisiera evitarlo. Aún fuera diminuto, Jonathan se sintió conmovido por el acto.
— Sí, o debe estar con los Wheeler—aportó Byers.
— Tienes razón, con los Wheeler...—Jim curveó los labios en algo que parecía ser una sonrisa. Jonathan frunció ligeramente el ceño, confundido por la reacción del oficial, más cuando estaba por preguntar al respecto, el mayor continuó— Yo buscaré a tu hermano—afirmó, dando una palmada en el hombro del universitario— Tú deberías irte a casa; si Joyce se entera del apagón, será mejor que estés con ella para librarla de la preocupación, ¿de acuerdo?
Jonathan ya había sido testigo de la seguridad que el hombre frente a él emanaba (después de todo, era el jefe de policía), pero nunca había notado ese tipo de mirada; era una mezcla de cariño y protección. Cayó en cuenta del por qué Will apreciaba tanto a James Hopper: lo veía como una figura paterna. En el fondo de su mente, Jonathan se preguntó si acaso él también lo miraba de esa forma.
— De acuerdo—asintió el muchacho.
Jim se separó de él y pasó por su lado, aunque se detuvo a unos pasos, mirándolo de vuelta.
— Jonathan...—le llamó. Por un instante pareció que no iba a decir nada más, pues su mirada se desvió hacia el suelo y volvió a elevarla en su dirección. Finalmente, separó los labios para decir: — Cuídala.
Jonathan asintió con seguridad. Jim Hopper se dio la vuelta satisfecho con la respuesta silenciosa del joven y caminó hasta la camioneta de policía estacionada frente a la escuela.
Byers le miró partir, extrañado por la petición. ¿Cuidar de su madre? ¿Qué clase de orden era esa? Jonathan no pudo evitar pensar en aquellas palabras como una difusa despedida que él no entendía, pero eso no era posible. Quizá Hopper sólo estaba preocupado de que los acontecimientos de 1983 estuvieran nuevamente tocando las puertas de Hawkins; si él se involucraba una vez más, era lógico que deseara mantener a Joyce fuera del peligro.
Al llegar a esta conclusión, Jonathan sonrió apenas. Quizá él no era tan malo para su madre.
Sin embargo, lo que él no sabía era que Jim Hopper realmente estaba despidiéndose. No era un buen hombre, quizá nunca lo había sido, y para continuar con el plan que había dado comienzo tres años atrás, necesitaba renunciar a Joyce Byers. Renunciar a una familia entera.
. - . - . - . - . - .
Hundió una vez más el trapo en el recipiente de agua tibia que había preparado minutos antes, lo exprimió un par de veces antes de doblarlo y llevarlo hasta el rostro de la inconsciente chica sobre el sofá. Trataba de lucir lo menos afectado posible aunque parecía absurdo siquiera intentarlo. ¿Cómo podía no afectarle su regreso? Eleven había aparecido en su vida para voltear todo de cabeza (incluso de forma literal) y creyó que todo estaba perdido desde el instante en el que ella desapareció. Pero estaba equivocado, porque ahora Eleven se encontraba ahí, ¡ahí justo en frente de él a una distancia tan cercana que incluso podía besarla!
Cuando dicho pensamiento se coló en su mente, Mike tuvo que agachar ligeramente la cabeza para que sus amigos no se percataran del sonrojo que cubrió furiosamente sus mejillas. ¿A qué clase de chico se le ocurría pensar en un beso cuando se encontraba en semejante enredo que presagiaba peligro para Will y para todos? Se sintió un idiota y secretamente se dijo que eso no estaba del todo mal.
Eleven siempre había sido una niña bonita. Sí, definitivamente no era como el resto de las chicas que él conocía; ella no tenía el llamativo color dorado en su piel como Debbie Leester ni sus grandes ojos verdes, tampoco desprendía feminidad como Nancy y su cabello mucho dejaba por desear. Sin embargo, su sonrisa... Eleven tenía la sonrisa más sincera y hermosa del mundo, los ojos más inocentes y una asombrosa valentía que lo deslumbraba. Bonita, realmente era bonita.
Ahora los años habían hecho su trabajo con ella. Su cabello castaño se rizaba desordenadamente en las puntas y de un largo que apenas rozaba sus hombros; sus facciones aún lucían aniñadas pero se combinaban con el rostro de una joven. Pómulos altos y delicados, nariz graciosamente respingada justo como la recordaba. Mientras Michael limpiaba el rostro de la chica con suavidad, iba haciendo nota mental de cada pequeño cambio hasta que sus ojos volvieron a detenerse en los pálidos labios de la chica. Sintió que perdía el suelo donde estaba hincado y que sólo debía acercarse un poco más, sólo un poco, para poder comprobar si sus labios conservaban la suavidad que él tan bien recordaba.
— ¿Tú lo sabías?
La repentina voz de Lucas lo sacó súbitamente de su hipnosis provocando que se retirara de la chica cuanto antes, mas su brinco le provocó caer de sentón hacia atrás ganándose la atención del resto de sus amigos. El moreno enarcó ambas cejas ante la torpeza de Mike.
— ¿S-Saber qué?—preguntó mirando directamente hacia Lucas, intentando deshacer cualquier pensamiento que estuviera cruzando por la mente de su amigo después de ver su ridícula acción.
Dio resultado, pues pronto las facciones de Sinclair volvieron a contraerse en su característico ceño fruncido y Michael pudo notar como el chico cerraba los puños conteniendo el enfado.
— Sabías lo de Will, ¿no es así?—repitió la pregunta con más lentitud, aumentando la amenaza en sus palabras.
"Así que finalmente les contó", se dijo mentalmente cuando llevó la mirada hacia donde estaba Will; lucía más pálido de lo que estaba en la parte trasera del gimnasio.
— Sí, lo sabía—confesó— Pero lo supe este jueves, ¿de acuerdo?—aclaró antes de que Lucas pudiera empezar a quejarse como bien solía ser su costumbre. En cambio, el chico extendió la mano hacia Mike para ayudarle a incorporarse del suelo.
— No puede ser —murmuró Dustin que permanecía recargado contra la puerta del baño en el sótano— No. Puede. Ser—repitió separando cada palabra una de la otra y dotándola de cierto dramatismo que sólo él podía expresar— Justo cuando las cosas parecen ir bien, ¡sucede esto! Dios, Dios...—se llevó ambas manos a la cabeza y despeinó con urgencia su cabello, hasta que sus dedos se enredaron entre sus rulos y le hicieron soltar un quejido de dolor.
— Debiste decirnos —Lucas miró hacia Will, quien prefirió no verlo de vuelta por temor a la seria expresión de su amigo— Hemos visto cosas más extrañas que un par de gusanos, ¿sabes?
— Intenta escupirlos desde tu interior —farfulló el castaño.
Lucas entrecerró los ojos, claramente molesto por el comentario, mas decidió simplemente dejarlo pasar. Si bien se caracterizaba por ser como un gato (huraño y sumamente orgulloso), la parte razonable de la que tanto alardeaba le recordó que no podía enfadarse con uno de sus mejores amigos por hechos del pasado, situaciones que ya no estaban en su poder cambiar.
Soltó un largo suspiro y se sentó en una de las sillas que rodeaban la mesa central del sótano, pasó una de sus manos por el rostro y sus tres amigos le miraron discretamente, como si esperaran que Lucas decidiera irse en cualquier momento. Finalmente, esto no sucedió y el moreno alzó de nuevo la cabeza hacia Will.
Parecía querer decir algo, mas Dustin se adelantó.
— ¿Te duele?—cuestionó en un tono bajo, separándose de la puerta y caminando hacia la mesa— Cada que eso sucede... ¿Te duele?
Will pareció sorprendido ante la pregunta.
— En realidad no, sólo...—las miradas fijas de sus amigos sobre él le recordaron las consecuencias de sus mentiras, así que torció los labios y giró la cabeza, evitando mirarlos de vuelta— No, no duele. Pero cada que sucede vuelvo a ese lugar.
— Con volver te refieres... ¿A verlo? ¿Lo recuerdas?—preguntó Dustin, que a pesar de su dramatismo, parecía ser el único que se detenía a pensar adecuadamente sobre la situación.
Will negó.
— Regreso, realmente estoy ahí—la voz de Byers adquirió un tono ansioso al responder— Todo ese aire putrefacto, el frío, la oscuridad... Es aterrador, ¿saben? Y se ha vuelto tan frecuente—alzó una de sus manos y la pasó por su cabello, un gesto nervioso que había aprendido de su madre.
— ¿Frecuente?—Mike frunció el ceño— Dijiste que sucedía muy pocas veces, que incluso estaba disminuyendo. Tú... ¿Tú me mentiste?
Los labios de Michael se torcieron en una mueca, estaba molesto, incluso más que molesto. Volvía a sentirse como aquella tarde en la enfermería cuando descubrió el secreto de William. ¡Después de todo seguía sin confiar en él! ¡En su mejor amigo! Se preguntó qué era lo que no hacía bien para perder de ese modo a Will. Nunca imaginó un mundo donde Byers fuera capaz de ocultarle un secreto, no cuando había sido su confidente desde que eran sólo niños.
— Está despertando—Lucas capturó la atención de todos tras tales palabras. Dustin se acercó apresuradamente a un lado de su amigo, frente al sillón donde dormitaba Eleven.
Mike apartó la vista de William, con el amargo sabor de la decepción aún dentro de sí, y caminó hacia el sofá sentándose en el pequeño espacio que quedaba de éste a los pies de la joven.
— El... ¿Puedes oírme, El?—susurró, inclinándose hacia ella.
—Mike—respondió ella— ¿Mike...?—repitió mientras sus ojos se abrían lentamente, intentando enfocarlos hacia el lugar donde provenía la voz.
— Sí, El, soy yo—Wheeler sonrió emocionado, tomando la mano de su amiga entre las suyas. Dustin –observador silencioso desde siempre– fue el único en notar la extraña caricia que Mike hizo sobre la palma de la chica, como si ella se tratara de una muñeca de porcelana.
— Sigue hablando, quizá recupere la consciencia con mayor rapidez—aconsejó Henderson con cierta burla. Eleven elevó la mirada en su dirección y un gesto conciliador cubrió su cansado rostro.
— Dustin—murmuró al mismo tiempo que se removió en el sofá para poder sentarse. Mike trató de detenerla, pero ante su insistencia, no le quedó de otra que ayudarla a incorporarse.
— Es bueno saber que no has olvidado a tus amigos, rara —Sinclair se plantó frente a ella y extendió su mano. A pesar del paso de los años, él recordaba que tenía que hacer las paces con la chica. Tres años atrás, él había atacado primero y de acuerdo con las reglas, dar el primer paso era su responsabilidad.
— Lucas—le nombró la castaña, aceptando el gesto que tiempo atrás vio entre el moreno y Mike.
— Es como tener doce años de nuevo—comentó Dustin y los cuatro compartieron una sincera sonrisa, olvidando por un momento que una nube gris (mucho más grande que la del pasado) se cernía sobre ellos tal como una depredador acechando su presa.
Eleven fue la primera en volver a la realidad, aunque la chica aún parecía no poder librarse nunca de la oscuridad de su pasado y presente.
— Will—dijo con seriedad— ¿Dónde está Will?
Los tres amigos se miraron entre ellos, confusos por el repentino interés de Eleven en alguien que apenas conocía. No obstante, William se abrió paso entre ellos y en voz baja murmuró: — Estoy aquí.
El rostro de la muchacha se iluminó de pronto y se levantó del sofá al instante, lanzándose hacia Byers para rodear su cuello en un torpe e impulsivo abrazo. Lucas arrugó la nariz ante aquello, mientras que Dustin desvió discretamente la mirada hacia Michael, quien permanecía completamente congelado frente a tal escena.
— Aún estás a salvo, Will—dijo Eleven en el abrazo— Me siento bien al saber que estás a salvo—añadió, demostrando al resto que su vocabulario seguía siendo limitado y no reconocía las emociones tan bien como cualquier otro ser humano.
Dustin diría que ella estaba alegre, Will parecía asustado, Lucas confundido y Mike... Grabó el rostro de su amigo en su mente. ¿Celos?
— ¿A qué te refieres, El?—Wheeler frunció el ceño. Eleven, al escucharlo, se separó de Will para mirar hacia Mike— ¿Cómo que aún está a salvo?
— Está en peligro—expresó ella como si esa explicación fuera suficiente para que el resto le entendiera— Me disculpé con él porque no pude evitarlo. Nada ha terminado—agregó.
— ¿Te disculpaste?—Lucas se adentró en la conversación— ¿Cuándo y precisamente cómo es que te disculpaste con Will? Tú estabas, bueno, ¡desaparecida!
—Lo sé—respondió ella— Pero, nosotros-
— Te has comunicado con él—Mike le interrumpió y su voz sonó extrañamente enfadada— ¿No es así?
No hizo falta que alguno de los dos respondiera, Michael Wheeler tenía el talento de descifrar a las personas que más quería como si se trataran del más fácil de los acertijos. Eleven se mantuvo al margen, como si realmente no supiera lo que estaba sucediendo dentro del chico, fue Will quien se acercó a él para tomarle del hombro pero Mike se apartó con brusquedad.
— ¡Me mentiste!—le gritó— ¡Todo este tiempo, Byers, me mentiste! Sobre ti, sobre el Otro Lado, sobre Eleven... ¡Sobre ella!—recalcó, poniendo en sus últimas palabras toda la tristeza con la que había tenido que lidiar por tres largos años, todo el sufrimiento que Will pudo haber detenido con tan sólo unas cuantas palabras.
— Mike, por favor, no entiendes-
— No, claro que no entiendo, ¡no lo entiendo, Will!—espetó una vez más, siendo incapaz de contenerse, mejor dicho, sin querer hacerlo.
— Mike, quizá debamos-
— ¿Por qué nunca dijiste nada? Estaba viva y lo ocultaste—Mike se acercó hacia Will interrumpiendo las palabras de Henderson. Estando uno frente al otro fue sencillo notar que Byers era un par de centímetros más bajo que su amigo y que en ese momento lucía como un cachorro que no tenía escapatoria—Nos has mentido a todos. ¿Qué clase de amigo eres?—murmuró.
William nunca creyó que podía sentirse tan triste frente a su mejor amigo.
— Trató de protegerlos—intervino la castaña tomando la mano de Mike, pero él la apartó del mismo modo en el que se había alejado de Will.
— No, tú no te acerques—susurró, aún consternado— Te llamé. Muchas veces intenté hacerlo. ¿Alguna vez me escuchaste?—Ella le miró fijamente al momento de asentir en silencio. Mike sintió que pronto se desplomaría sobre el suelo— Y no respondiste—llevó su brazo hacia el rostro para tallarse los ojos, ocultando las lágrimas que se acumulaban en ellos.
Sin decir nada más, caminó hacia las escaleras.
— Mike—susurró Eleven, siguiéndole el paso— Mike, estamos en peligro—agregó.
Wheeler se detuvo en el primer escalón y la miró por sobre el hombro.
— Vamos, Michael, no es tiempo para peleas—Lucas intervino caminando hacia él— Will hizo mal y es algo que pagará, pero no ahora.
Mike apretó la baranda de la escalera donde se sostenía y su gesto se endureció. Se sentía terriblemente traicionado por dos de las personas más importantes que existían para él. ¡Apostaría su vida por ellos! ¡Lo había hecho! Podía hacerlo de nuevo, más la herida que sentía dentro de sí dolía más que una caída del precipicio.
Tragó en seco y finalmente se giró hacia ellos.
— ¿Qué necesitas?—preguntó brusco hacia la chica. Eleven titubeó un instante; no era esa la forma que había soñado tanto tiempo para su reencuentro con Mike.
— Saben que vine al lugar que más quiero—respondió a la vez que miraba el sótano. "Era más grande", pensó para sí misma— Así que tenemos que huir ahora.
— ¿Huir? ¿Hablas en serio?—Dustin interrumpió a la castaña. Ella asintió— ¿¡Y a dónde!? ¡No podemos huir una noche sólo así! Estas cosas se planean, y-
— Tomaremos comida de la alacena de Mike. También, tenemos mudas de ropa aquí, ¿no es así? Las tomaremos. Tengo el auto de mi padre y si nos movemos ahora, llegaremos al Castillo Byers antes de levantar sospechas—Lucas habló con absoluta rapidez, dejando a todos un poco impresionados por un plan tan apresurado que no lucía del todo mal.
— Buena opción—aportó Mike tras un breve silencio— Nadie conoce el Castillo Byers más que nosotros. Y bueno, la mamá de Will, Jonathan y Hop-
— ¡No!—Eleven saltó repentinamente y sus ojos se abrieron con gran sorpresa, incluso su delgado cuerpo había comenzado a temblar— ¡Hop no! N-No, él no... —la chica oprimió los labios, dudando sobre continuar. Sin embargo, tras un breve suspiro, murmuró con absoluta seriedad: — Malo. Hop es malo.
El silencio gobernó en el sótano de los Wheeler tras las atropelladas palabras de Eleven. Sin embargo, cada uno pudo asegurarse de que ella no mentía, de que existían muchos secretos detrás de esos tres años y que ninguno de ellos podía siquiera darse una idea de todo lo que sucedía. Estaban de nuevo atrapados en un juego de laberinto.
Malo. La palabra sonó como un eco en la mente de Will. ¿Jim Hopper? ¿En qué clase de mundo Jim Hopper podría ser un hombre malo? Sus manos temblaban ante la confesión de su amiga y sus ojos habían comenzado a cosquillearle, pues las lágrimas se acumulaban en ellos. Nunca en su vida había confiado tanto en un adulto (exceptuando a su madre), nunca creyó que podría saber lo que significaba tener una verdadera figura paterna hasta que Jim llegó a su vida. Y ahora... Todo era una mentira.
— ¿A dónde iremos entonces?—preguntó Lucas, alejándolo de sus pensamientos.
— Quizá podamos pedir ayuda a Jennifer y-
El nombre de Jennifer Hayes lo regresó de golpe a la realidad.
— De ninguna manera dejaré que ella se involucre en esto—Las palabras de Will fueron dichas con tanta firmeza que logró sorprender al resto de sus amigos, incluida Eleven, quien se había acostumbrado al temeroso muchacho que encontraba en cada viaje a El otro lado.
Dustin se abstuvo de hacer un comentario al respecto y prosiguió.
— Creo que sé a dónde ir —anunció, ganándose la plena atención de los cuatro— Así que... ¿Alguien dijo algo sobre asaltar una alacena?—añadió con una traviesa sonrisa en su rostro, contagiando su simpatía al resto.
Empero, eso no eclipsó el peligro que se avecinaba. Todos podían sentirlo, el miedo y la ansiedad flotaba en el sótano que había sido testigo de un sin número de juegos infantiles. En esta ocasión no se trataba sólo de una campaña, sino de una verdadera batalla para la que ellos –quizá– no estaban preparados.
. - . - . - . - . - .
Tal como previó, el sótano de los laboratorios era un completo caos. Las voces se enredaban unas con otras, impidiéndole descifrar con exactitud lo que cada persona decía, aunque no tenía que ser un genio para adivinar cuál era el tema que causaba tanta polémica.
— James Hopper—habló una voz cercana a él, se trataba de Jeremy Blake, uno de los más jóvenes entre los científicos 'locos' que llenaban la sala. Automáticamente, el resto calló sus discusiones y sus miradas se giraron en su dirección.
— ¿Y bien?—preguntó el hombre a la cabeza de la mesa, apoyando las manos sobre ésta— ¿Qué noticias nos tiene, jefe?
— Ella no salió de Hawkins—anunció.
Jeremy Blake soltó una cantarina risa.
— La sujeto es capaz de destrozar puertas y crear portales, ¿nos estás diciendo que ella desaprovechó sus habilidades quedándose en Hawkins?—el joven negó repetidas veces con la cabeza, sin que la sonrisa abandonara su pálido rostro— Tonterías.
— Quizá hay algo que la ata a Hawkins—apostó una mujer arrugando suavemente el entrecejo, acentuando las arrugas de su rostro.
El hombre sentado a la cabeza se limitó a permanecer en silencio con la mirada fija sobre Hopper, mientras el resto de sus compañeros volvían al desordenado diálogo compartiendo sus puntos de vista respecto a la reciente baja en su proyecto.
— Sabes en dónde apareció la chica—murmuró el doctor a mando con una sonrisa ladina iluminando su rostro. Se inclinó hacia atrás a la vez que se acomodaba la bata, mostrando con claridad el gafete que le identificaba dentro de los laboratorios: Dr. J. Leester.
— El baile de Invierno —respondió Jim, sin inmutarse cuando Jacob caminó en su dirección. Después de todo, el doctor de piel oscura era centímetros más bajo que él, aunque eso no restaba la severidad de su mirada.
El contrario asintió en silencio ante la respuesta, recordando que estaba al tanto del baile escolar al que su hija única había asistido esa noche; hizo una nota mental de preguntar los detalles de la celebración cuando volviera a casa.
— Fue donde ocurrió el apagón—observó Jeremy, frunciendo el ceño— Podemos simular un grupo de reportaje y entrevistar a los que asistieron. Quizá los detalles que den puedan indicarnos a dónde-
— No es necesario—le interrumpió Hopper—. Sé exactamente a dónde irá.
Jacob Leester amplió su sonrisa.
— Entonces no perdamos tiempo—anunció jovial— Te encargarás de la chica, Hopper, mientras que dejaré al sujeto 01 en manos de Blake—indicó, dirigiendo una rápida mirada al más joven del lugar, quien sonrió satisfecho con su tarea.
— ¿Byers?—Jim se interpuso inconscientemente frente a la puerta, impidiendo que Leester saliera de la habitación. Éste frunció el ceño, desconcertado por la actitud del oficial— Él chico no está listo. No estamos listos para la fase II—argumentó Hopper.
Jacob soltó una risa seca.
— Oh, Jim... No me digas que te has encariñado con la familia Byers—se burló mientras negaba con la cabeza.
— De ninguna manera—respondió James y su voz sonó grave, sin poner a dudas que sus palabras eran verdaderas.
— El sujeto está listo—Leester colocó su mano sobre el hombro del oficial, indicándole con una palmada que estaba obstruyendo su camino. Jim, quien permanecía estoico, se movió para darle paso. Jacob miró por sobre su hombro hacia la sala y antes de continuar su camino, dijo: — Hace tiempo que lo está. Y nosotros también.
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¿Y bien? ¿Ya tienen ideas de lo que está sucediendo? ¿Alguna teoría? Sólo advertiré que aún no comienzan los verdaderos problemas... muajaja.
Respondiendo el review Blue Bird:
[[ Te aseguro que pronto descubrirás lo que sucede con Will, aunque eso del alien en el estómago no está tan lejos (?). Y definitivamente Debbie será parte de esta nueva aventura, ¿es amiga o enemiga? No puedo decirlo. Sí, ocultar a una chica de 15 es mucho más difícil que a una de 12; ahora imagina, ¿cómo ocultaremos a cinco chicos de 15? ¡Auch! Gracias por comentar, de verdad me alegra saber que te gusta aksldjkdfsl. ]]
Espero tener el próximo capítulo para Navidad.
Nos leeremos pronto.
Promesa,
Nina Scherbatsky.
