3. Acciones irrevocables
La historia de Sophie es triste. O quizá no, depende del punto de vista de cada quién. A algunos les puede parecer infame, caprichosa y trepadora; a otros una persona normal que teme perder lo que más ama y por lo que siente que vale.
Para los escritores son las manos; para los bailarines todo su cuerpo; para un cantante su voz. Para Sophie lo más importante en todo el Universo era su belleza. Es entendible para aquellos que sabemos de su pasado.
Sophie Windermere no es el verdadero nombre de la vampiresa que me convirtió, a la que le debo tantas alegrías como tristezas, la mujer que odio con la misma intensidad que amo. Tampoco es inglesa, como les mintió a todos en la última personalidad con que la conocí. Y no porque haya muerto, sino porque tomamos caminos diferentes. El verdadero nombre de Sophie es Helena. Y en realidad, Sophie no es ni más ni menos que la Helena más famosa del mundo. La mujer más bella del Universo. Es Helena de Troya.
Sí, sí, suena disparatado, loco e inverosímil. ¿Helena de Troya no era una simple invención de la idealista imaginación de Homero? Y me toca preguntar¿acaso en este mundo mágico que conocí los centauros, hadas, sirenas, hipogrifos y magos, sobretodo magos, son invenciones? Aquí todo es posible.
En una de tantas noches vagando juntos en busca de sangre humana, Sophie me contó su historia. Un relato digno de transcribir, como son casi todos los que escucho y que ahora les transmito. Al principio ella no sabía cómo tratar el tema, pero ya habíamos pasado un siglo juntos y era hora de que me hablara un poco de su pasado.
-Iba a cumplir treinta años, Sorel-comenzó, llamándome siempre por mi apellido. Nunca me llamó Einsenheim porque se le hacía complicado y aburrido. Más de una vez me instó a cambiármelo, algo más corto, como "John" o "Henry", pero a mí me gustaba mi nombre. Todos los demás me parecían vulgares- El tiempo comenzaba a hacer estragos en mí- continuó- Paris casi siempre estaba en combate y yo no hacía otra cosa que estar encerrada en mi habitación. Cepillando mi cabello, viendo como la imagen que otrora había encantado y causado guerras se desvanecía a una rapidez casi imperceptible. Pero yo veía que las marcas de expresión enmarcaban mi rostro, que la piel perdía su frescura y suavidad. El cabello comenzaba a opacarse. Quizá eran imaginaciones mías¡pero lo veía! Y no podía soportar perder lo único que valía en mí. No era valiente ni inteligente. Había estado acostumbrada a mi belleza, sin pensar jamás que un día se esfumaría. Debía hacer algo para detener el paso del tiempo. Me encomendé a todos los dioses, hacía caso de cuanto consejo de belleza escuchaba a las criadas.
Ya que Paris nunca estaba me aburría, así que comencé a organizar fiestas y reuniones con amigos. Y como era de esperarse y sin hacer alarde de falsa modestia, demasiados pretendientes trataban de persuadirme de que dejara al "vulgar" de Paris y me fuera con ellos. "Jamás te abandonaré para ir al combate, estaré contigo día y noche" prometía uno. "Te haré un templo que compita con el de la Diosa Atenea" ofrecía otro. Pero ninguna de sus ofertas me era tentadora. Yo amaba a Paris. Quizá por su sencillez, su buen juicio o porque me trataba como su igual: no era menos por ser mujer ni más por mi belleza. Todo iba bien hasta que apareció, sin previo aviso ni invitación, cierto viajero que me impresionó por su audacia y misterio. Llevaba una elegante capa añil y el cabello corto y castaño bajo un sombrero de pluma. No era de los alrededores, comprobé al ver su vestimenta. Dijo llamarse Armand. Traía consigo un espejo de cuerpo completo, un espejo con la siguiente inscripción grabada: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse.
Quizá mi relato sobre Draco Malfoy les suena a que lo conocí cuando él ya era un hombre maduro, que se ganaba el trabajo con el sudor de su frente. Pero no es así. Mi encuentro con el Mejor Ilusionista de Londres fue en diciembre, cuando yo aún estaba en clases. Él apenas era un muchacho de escasos dieciocho años y yo no tenía más de un milenio, lo que equivale a juventud desde mi perspectiva.
Pude conocer a Draco gracias a las vacaciones navideñas que otorgaba Hogwarts. Me auto escribí una carta de mis padres y burlando una vez más la vigilancia del Colegio continué mi farsa. Para ellos era un estudiante modelo, algo raro quizá, pero muy aplicado. Mis padres eran muy ocupados y por eso no los habían conocido en persona. Vivía en la ciudad de Londres, la mayor parte del tiempo solo, junto a elfos domésticos. "Hermosa historia, soy un genio de la inventiva" me admiré, dado que la primera vez que vi a un elfo casi me desmayo del susto y mis padres habían muerto hace siglos creyendo que me habían secuestrado los enemigos de la nobleza. En lo único que no mentía era en que vivía solo. El dinero que antes tenía se iba esfumando poco a poco con los gastos del Colegio y pronto me vi apurado en buscar un trabajo. No sabía hacer muchas cosas pero sí tenía teoría de casi todos los oficios.
Con el pensamiento de encontrar un trabajo, cosa que literalmente no había hecho en siglos, me dirigí a Londres en el mismo expreso que me llevó al Colegio. Recorrí las calles de Londres y me llamó la atención un elegante Teatro. Recordé de pronto cuánto amaba las representaciones, hasta que cierto día les tomé fobia al encontrarme dentro de uno de esos recintos durante un incendio. Decidí volver a ese Arte y me dirigí a las taquillas para ver que funciones daban. Estaba una obra clásica de Moliére, una ópera de Puccini y lo que más me llamo la atención, aunque estaba en un letrero menos vistoso y semioculto: Draco Malfoy: el mejor Ilusionista de Londres.
"Para ser el mejor ilusionista no le hacen tanta promoción" pensé, pues en toda la ciudad no había visto ningún anuncio sobre él.
No soy un gran fan de los trucos falsos pero ese nombre –Draco Malfoy- me era bastante conocido. ¡Claro! Era el estudiante del cual hablaban los miembros de mi casa, murmuraban cosas fatales sobre él. Me llené de curiosidad y estaba a punto de comprar los boletos cuando vi acercarse a un muchacho de porte elegante, cabello platinado y fríos ojos grises.
La misión de Snape –volver a Harry malvado- tomó más tiempo de lo que esperaba. En primer lugar porque Harry no recordaba ni su nombre, y por ende, no sabía que era un mago. Aunque al principio fue difícil porque Harry no podía sostener la varita y atosigaba a Severus con mil preguntas diariamente, sin embargo, al cabo de dos semanas Harry había aprendido todo lo visto en Hogwarts y hasta un poco más. Esto fue posible gracias a que Harry cada vez que aprendía algún encantamiento o instrucciones para pociones recordaba otra docena de éstas.
El frío del invierno llegó casi tan rápido como los recuerdos didácticos a la mente de Harry. No obstante, sobre sus relaciones personales, nombres o hazañas, no tenía mucha noción. Y la que tenía era horrible. Todo gracias a que Snape mezclaba cada noche un poco de poción para dormir con la bebida de la cena, haciendo que Harry no despertase en toda la noche. Así mientras el chico estaba profundamente dormido, Snape introducía a la habitación dos dementores. Claro que también era un tormento para él, pero afectaban sobretodo a Harry, dándole sueños plagados de horrores y tristeza. Snape los sacaba antes de que los monstruos pudieran absorberle el alma al chico. Más de una vez Snape quiso dejar que los dementores terminaran su trabajo y misión. "Harry muerto y el Señor Tenebroso sin más preocupación que la de dominar el Mundo Mágico" pensaba. Pero se arrepentía al imaginar el enojo de Voldemort.
Pronto llegó la hora de realizar la última fase del plan: poner a Harry del lado Oscuro.
-Ha llegado el momento que esperabas, Po...Harry-dijo Snape. Había pasado casi un mes con el chico y aún no se acostumbraba a llamarlo Harry-, hoy te hablaré de tu pasado y la razón de que estés aquí.
Harry sintió que su corazón latía tan rápido que le dolía. Por fin sabría un poco de su pasado. ¡Con suerte podría descifrar las extrañas pesadillas que tenía cada noche!
-Hace mucho tiempo fue dicha una profecía sobre ti, Harry. Ésta decía que tú derrotarías a Voldemort. (Sí, el de los ojos rojos). El Mundo Mágico comenzó a explotar tu condición de héroe, utilizándote solamente como un arma para salvarse. A veces te admiraban, sobretodo cuando hacías grandes hazañas: derrotar basiliscos, ser el mago más joven en un Torneo. Pero también te difamaron, Harry. A ti y a tu mentor: Dumbledore.
El chico dio un respingo. Snape ya había mencionado un par de veces a Dumbledore, siempre dirigiéndose a él con respeto pero también con cierto resentimiento. Continuó su historia. Así fue como Harry se enteró de que Dumbledore lo dejó solo; de que nadie quería decirle nada. También se enteró de que cierto día había querido renunciar a tan difícil empresa –vencer a Voldemort- y el Mundo Mágico, enfadado, había decidido modificarle la memoria y volver a llenársela para que se dedicara exclusivamente a librarlos de Voldemort.
-El Señor Tenebroso, a pesar de que eras su más acérrimo enemigo, te recogió y trajo hasta acá, para darte un arma poderosa: la venganza. Para que te cobres todo el tiempo que fuiste utilizado, explotado...él está dispuesto a hacer las paces contigo, a darte la afiliación a tu bando. Solamente debes decir sí o no. Si respondes de la segunda manera, no quedará otra opción que la de desmemoriarte de nuevo y entregarte al Mundo Mágico para que seas el héroe de una batalla que no quieres pelear, o mejor dicho, que no elegiste pelear. Si accedes al plan del Señor Tenebroso tienes otra oportunidad y el panorama de una vida mejor. ¿Qué dices?
Harry no respondió de inmediato pues aún tenía miles de preguntas. Snape tardó casi toda la noche pero se las respondió todas, dándole la versión que más convenía a los intereses de Voldemort. Al terminar, Harry pidió más tiempo para dar una respuesta. Snape le dio de plazo hasta la hora del almuerzo del día siguiente. Quizá Snape confiaba demasiado en su habilidad mitómana y de persuasión, pero salió de la habitación con la sensación de saber lo que Harry escogería.
-¡Ya es Navidad y Harry no aparece!-exclamaba Ron, enfadado.
-Lo sabemos, pero hemos buscado en todas partes-replicó Tonks.
La nieve golpeaba las sucias ventanas de Grimmauld Place mientras la cena de Navidad inundaba con su olor toda la estancia. Pero nadie tenía hambre. Harry tenía meses desaparecido, igual que Voldemort, lo que les preocupaba. Algunos sostenían que Harry había ido en pos del Señor Tenebroso y que en un duelo habían fallecido ambos; otros decían que Harry se había suicidado porque no soportaba la pérdida de Dumbledore; los más optimistas decían que había huido del Colegio y se estaba auto-entrenando para luchar contra Voldemort.
-En cualquier momento puede aparecer por esa puerta-dijo Ginny, que era una de las seguidoras de la última teoría. Todos miraron instintivamente a la puerta y ahogaron un grito cuando ésta se abrió. Pero no era Harry quién apareció en el umbral.
-¡Feliz Navidad!-exclamó Lupin entrando-¿qué pasa¿Les desagrada verme?
-Extrañamos a Harry-sollozó Hermione.
-Todos, Hermione, todos-suspiró Tonks acercándose a Lupin y pasándole un brazo por los hombros al licántropo.
No muy lejos de allí, Luna Lovegood entraba a su casa vacía. Desde que había muerto su padre no la pisaba. El verano lo había terminado en casa de los Weasleys y la Navidad la había pasado con unos tíos suyos que detestaba. Eran demasiado... ¿cómo decirlo¿Normales¿Comunes¿Cuerdos?
La habían obligado a quitarse sus aretes de rabanitos y el collar de clips. Además, le cambiaban de tema cuando la conversación se desviaba a algo fantástico. Luna tuvo que soportar aburridísimas pláticas de política mágica y una que otra tontería muggle que citaba un tío suyo, quien trabajaba como chef de un restaurante en pleno centro de Londres.
Luna no vio en casa de sus tíos los muérdagos que cambiaban de color y recorrían la casa buscando una pareja; tampoco el vino que ponía a todos a cantar villancicos de navidad; mucho menos el postre de helado que cambiaba el color de tu cabello. A Luna le gustaba cuando se le ponía azul y combinaba con su bufanda Ravenclaw. Pero esa noche no hubo nada de eso. Solamente una aburrida cena de Navidad casi muggle.
-Hablemos en privado-susurró en mi oído. Ejercía una fuerte atracción, así que con sumo cuidado, para que ninguna de las criadas me viera y luego malinterpretara las cosas, lo conduje a mi habitación- Hermoso cuarto, aunque se opaca contigo-dijo al entrar.
-¿Por qué quería hablarme en privado?-inquirí sin hacer caso de sus adulaciones. Estaba demasiado acostumbrada a ellas.
-Mírate en este espejo-dijo por toda respuesta. Lo miré entre confundida y temerosa y haciendo un gesto con la mano me repitió la orden. Obedecí sintiéndome algo ridícula e intimidada, sentimientos que se esfumaron en cuanto observé mi reflejo.
-¡Es el pasado!-exclamé al verme tal y como era a los veinte años, cuando huí con Paris hacia Troya. Mi cabello de nuevo eran perfectos caireles sobre los hombros, dorados y brillantes. Mi cara conservaba sus rasgos finos y delgados, tersos. Y mi figura era digna de comparar con las estatuas de Venus que se hallaban sobre los altares del templo al que acudía diariamente. Toqué la superficie del espejo y la imagen desapareció. Recorrí mi cuerpo con las manos y comprobé que seguía igual: haciéndome vieja.
-No es el pasado, sino tu deseo más profundo. Puedo hacer que ese reflejo seas tú-dijo Armand jugando con mis cabellos y poniendo atrevidamente una mano en mi cintura.
-¿Qué eres¿Una especie de hechicero o algún Dios transfigurado?
-¡Dioses¡Hechiceros! Ah, ustedes los mortales son tan ingenuos. Ellos no son los únicos con poderes-dijo riéndose.
-Supongamos que sea verdad lo que usted ha dicho hace un momento¿tendrá un costo, verdad?
-Me conformo con amanecer contigo durante un siglo-respondió con una media sonrisa. Levanté mi mano, dispuesto a abofetearle por su atrevimiento, pero la atajó en un rápido movimientos-¿aceptas o no?-inquirió sin soltarme.
No lo pensé mucho. Quizá por la presión de su mano sobre mi delgada muñeca, porque él era el boleto a mi deseo, porque cada instante con Armand era una sorpresa. Asentí lentamente y me soltó.
-¿Hay que beber algo?-pregunté temblando. No sabía si mi respuesta había sido la correcta.
-Relájate y no opongas resistencia-me indicó mientras caminaba hacia mí. Retrocedí hasta chocar con el espejo.
Fue tan solo un segundo el que pasó entre el abrazo y el dolor que sentí cuando hincó sus dientes en mi cuello. Lo golpeé con fuerza pero siguió absorbiéndome, inmutable. Cuando sentí que moría hizo un corte en su muñeca y me dio a beber la sangre que instantes antes me había robado. Arrebatada por su mirada y el miedo sacié la sed que de pronto me invadía y me hundí en un sueño profundo.
-Solo te quedan noventa y nueva años de amaneceres conmigo-fueron las primeras palabras que escuché al despertar. Alejada de Troya para siempre, en un pueblo arábigo y desconocido, me abracé a Armand entre sollozos. ¿Qué había hecho¿Qué clase de demonio era él y en qué me había convertido? Todo eso desapareció cuando me acercó un espejo en el que una Helena de veinte años, con la belleza en su máximo esplendor, aunque quizá un poco pálida, me sonrió satisfecha. En el beso que otorgué a Armand expresé mi gratitud y dejé ir todo arrepentimiento y pasado.
Nadie hubiera imaginado lo que sucedería esa noche. En medio del extenso patio en la mansión Riddle ardía una gigantesca fogata. Mortífagos, alineados en un cuadrado perfecto, esperaban quietos la iniciación de aquella noche.
El cielo despejado parecía observar con los miles de ojos que eran las estrellas. Todos estaban atentos. Y entonces sucedió. Lord Voldemort entró majestuosamente y se colocó junto a la pira. Los mortífagos se inclinaron un poco y permanecieron con la cabeza agachada. A continuación entró Snape con paso rápido. Y detrás de él...
-Harry Potter-susurró Voldemort clavando sus fríos ojos en el muchacho- Así que has aceptado unirte a la causa...
-Así es-dijo Harry desafiante, casi con arrogancia.
-Nunca imaginé esto... dime exactamente porqué has decidido unirte a nosotros. Es un requisito indispensable antes de la iniciación.
-Quiero vengarme de todos los que me utilizaron-respondió Harry escuetamente- Y quiero vivir-agregó con voz temblorosa.
-Te daremos ambas cosas¡Severus!
Snape sacó algo de su túnica: un medallón con la forma de la Marca Tenebrosa, la acercó al fuego hasta que se puso al rojo vivo. "Voy a ser marcado como ganado" pensó Harry. Retrocedió inconscientemente...iba a doler...iba a arder. Se estaba arrepintiendo¿no era mejor morir? No era nada, no recordaba nada. Ni siquiera sabía si lo que decían era verdad.
-¡Morsmordre!-gritó Voldemort tomando el artilugio, que al parecer no lo quemaba, subió la manga de Harry produciéndole un gran dolor y clavó el medallón en el antebrazo izquierdo del muchacho. Ahora tenía la Marca Tenebrosa. Ahora era un mortífago más.
Harry comenzó a sentir que las lágrimas rodaban por sus mejillas. Cayó al suelo, presa del terrible dolor que experimentaba. Sin embargo, el contacto de su piel con lo caliente del medallón no le había provocado tanto dolor como los dedos de Lord Voldemort subiéndole la manga de la túnica. No había sido ardor, mas bien como si mil agujas se clavaran en su cuerpo. Miró al individuo de ojos rojos que sonreía triunfante. Un odio se apoderó de él haciéndolo sentir culpable. ¿No debería agradecerle el haberle dado otra oportunidad? Pero no podía hacer eso. Odiaba a Lord Voldemort. Le daba asco su rostro, su cuerpo oculto tras la túnica; no quería ser como él. Por un momento algo aleteó en su corazón. Un sentimiento incorrupto, el primero que experimentaba desde aquel día en que había despertado sin memoria. Snape le había contado todas las vilezas e ideas retorcidas del Señor Tenebroso. Harry sentía repulsión por todo lo que había hecho, quiso salir corriendo y comenzar una nueva vida. Sintió esperanza.
- Mañana quiero hablar con él- dijo Lord Voldemort mientras desaparecía en una confusa revoltura de tela y humo negro. Los mortífagos se dispersaron poco a poco y uno de ellos apagó la fogata dejando a Harry y a Snape solos en la oscuridad.
- ¿Para qué quiere hablar conmigo?-preguntó Harry.
-Seguramente para ayudarte con tu venganza-respondió Snape tendiéndole la mano para que se levantara.
El muchacho miró la palma que le tendían y se levantó sin ayuda. No quería confiar en nadie, aunque experimentaba hacia Snape una sensación parecida al agradecimiento. "No puedes pensar en eso" se reprendió mientras caminaba a su dormitorio, sin decir nada a Snape. "No le importas a nadie, eres un huérfano sin amigos que no tiene nada que ofrecer ni agradecer. Debes vengarte, es en lo único que debe ocupar tu mente". Se talló el brazo y comprobó que la marca aún estaba en carne viva, aunque una leve línea negra rodeaba la forma de una calavera y una serpiente saliendo por su boca.
Aquella noche soñó que aquella misma Marca flotaba sobre la torre de un imponente castillo. Un hombre caía por ella y Harry lloraba su muerte. Al día siguiente, la marca estaba perfectamente delineada y aquel sueño perturbó a Harry hasta que el Señor Tenebroso lo mandó a llamar.
Llevaba poco más de seis meses con los mortífagos cuando conocí a Byron Heathcliff. Todos lo admiraban con un respeto que rayaba en el terror. Incluso Voldemort se dirigía a él como si fuera un ser humano. Cosa rara porque el Señor Tenebroso siempre se dirigía a todos como si fuéramos algo menos que elfos domésticos.
En realidad no sé porque seguía fiel a ellos. La cura prometida no existía y lo único que me habían dado era un ungüento que me permitía salir en el día. Lo agradecí mucho y disfruté volver a ver el mundo sin sombras. La contemplación del amanecer después de un siglo sin verlo me sacó lágrimas.
Ya había llevado a cabo una misión con Byron: la de secuestrar a Harry. Al comentar que Heathcliff no me parecía muy peligroso los mortífagos me miraron con estupefacción.
-¡Muchacho idiota!-exclamó uno-¿es que no has escuchado de sus fechorías?
-Claro que sí. Pero no he visto ninguna-repliqué desafiante.
-Lo que pasa es que el niño no ha conocido a...Calígula-susurró una mortífaga que al hablar arrastraba las palabras.
-Creí que hablábamos de Byron.
-Lo hacemos, Einsenheim. Calígula es Byron.
Fue así como me enteré de que Byron tenía un problema crónico de esquizofrenia y doble personalidad. Bueno, "problema" para sus víctimas, él parecía muy contento con esa "arma". Mientras que Byron era educado, caballeroso, aristócrata y hasta un poco afeminado, Calígula era una especie de hombre primitivo que daba rienda suelta a sus más bajos instintos.
Heathcliff siempre vestía a la antigua, con una capa acompañada de ribetes de oro y adoraba el color gris, casi plateado. Nunca se le veía sin una prenda –ya fuera sombrero, capa, bufanda o saco- de ese color. Su cabello era dorado, ondulado en las puntas y fleco, siempre suelto, lo que a veces le daba un aspecto de desaliñado. Los ojos azules, con un toque violáceo, hubieran parecido bellos si no dirigieran esa intimidante mirada que daba la sensación de ser desvestido. Dedos repletos de anillos con zafiros, rubíes y esmeraldas pudieron ser la envidia de todos los reyes. La imagen que Byron proyectaba de si mismo era la de un caballero adinerado. Pero no era ni una cosa ni otra, más bien letal en cualquiera de sus dos presentaciones. Los dos causaban dolor, la única diferencia era que Byron lo hacía con estilo, método y razón; Calígula solamente actuaba bajo el ímpetu de sus deseos.
Causó muchísimo daño durante todo el tiempo que lo conocí, y si no hubiera existido muchísimas cosas fueran diferentes, pero ni he comenzado a contar sus vilezas y seguramente ya los he asustado. Suelo ser exagerado, pero al contar todo lo que hizo Heathcliff, ya sea con su personalidad de Byron o de Calígula, haré lo contrario. Aunque estoy seguro que siempre creerán, o más bien querrán querer, que todos sus crímenes y lo crudo de ellos son exageraciones mías.
Las vacaciones de Navidad aún no terminaban cuando Luna volvió a su casa. Aún quedaban dos semanas. Sus tíos le habían insistido en que pasara con ellos el resto de las vacaciones, pero se había rehusado. Prefería estar sola en esa casa fría que producía ecos y crujía de noche.
El retrato de sus padres en una exploración a la Sabana era lo primero que veía al despertarse y lo último que contemplaba al dormir. Por primera vez en su vida se sentía como una persona normal que sufre una pérdida. Las ganas de imaginar y buscar cosas que los otros ignoran o niegan se habían esfumado en un soplo.
-Recuerda que es mejor ser la mosca en la sopa que el fideo cuatro mil ochocientos treinta y nueve- le había dicho su padre cuando le escribió muy triste porque unos chicos de Hufflepuff la habían llamado Lunática por primera vez.
A partir de esas palabras Luna había logrado mantener su expresión despreocupada. Sus oídos se cerraban ante cada nuevo insulto y ofensa. Se sentía orgullosa de ser diferente y dejó de fijarse en lo que pensaban o hacían los demás.
Después de la tristeza por la muerte del Señor Lovegood, lo que más preocupaba a Luna era el destino del Quisquilloso. Por el momento había salido de circulación. Muchos de los colaboradores le insistían a que ella se hiciese cargo, pero era demasiado pequeña. Ni siquiera había cumplido la mayoría de edad en el Mundo Mágico.
Tenía muy claro que quería que el Quisquilloso volviera a los puestos de revistas mágicas, pero le aterraba comenzar ella sola ese proyecto. Se durmió pensando en eso y al otro día decidió salir a las calles de Londres. Le llamó la atención el anuncio de un Teatro muggle[i Draco Malfoy: el mejor ilusionista de Londres [/i. Ese nombre le sonaba conocido, aunque no podía recordar de nada.
Su padre le había hablado de aquellos "ilusionistas": "Son muggles que fingen ser magos y engañan a otros muggles haciendo trucos". Sin embargo, nunca había visto a uno en acción. No iba a dejar pasar esa oportunidad. Se acercó a la taquilla y pidió un boleto para la función de aquella noche con el dinero muggle que su padre siempre cambiaba en Gringotts, vestigio de su amistad con el señor Weasley.
Helena cambió de identidad muchas veces. Después del siglo prometido a Armand se despidió de él agradeciéndole tantas aventuras pero advirtiéndole que jamás la volvería a ver.
Su primera identidad fue la de una muchacha irlandesa y pelirroja llamada Scarlett, luego se convirtió en una actriz francesa llamada Marie y Armand la dejó de ver cuando ella contrajo matrimonio con un escritor rumano y se convertía en Lucy, con el aspecto de una inocente chica de cabello corto y negro. Para todas estas identidades, Helena se convertía en una asesina. Cada cierto tiempo, más o menos cada diez años, localizaba a una mujer, la más bella del lugar, e investigaba todo sobre ella. La asesinaba y con ayuda de algunas pociones y hechizos tomaba su identidad.
Cuando la vi algunos años más tarde, después que nos separamos, me contó que había dejado de interesarse en asesinar y tomar identidades ajenas, y que por ello conservaba su nombre y aspecto: Sophie Windermere. Estatura media, esbelta, pálida y con los ojos más verdes y seductores que he visto en mi larga vida. Su persona culminaba con una melena llena de caireles pelirrojos, tan bellos que parecían artificiales pero que caían sobre sus hombros y frente con una gracia natural. Ese no fue el último aspecto que tuvo, cuando la volví a ver habían crecido sus ambiciones y deseos, y para ello necesitaba tomar "prestadas" de nuevo algunas identidades. Pero ese material narrativo me lo reservo para más tarde.
El individuo de ojos grises me dirigió una mirada despectiva y estaba a punto de entrar al Teatro cuando me acerqué a él y lo cogí de la capa. Con una sonrisa y mi mejor mentira lo convencí de que era periodista y quería entrevistarlo. Aunque al principio se rehusó lo convencí diciéndole que venía de un importante periódico francés –mi acento me ayudó- y aceptó tomarse un café conmigo.
La entrevista de aquel día ya se las he contado, fue en ella donde me dio dos boletos. Me dolió botar uno, pero es que aunque era triste pensarlo, no tenía a nadie con quien compartirlo. Los trucos de Draco, el ilusionista, me dejaron anonadado y alejaron de mí todo pensamiento deprimente. Ya les he contado de las naranjas que hizo crecer de repente y lanzó al público. Faltaba la mejor parte. Anunció un truco peligroso para el que pedía voluntarios. Fijó su vista en el público, me hallaba en primera fila pero no daba muestras de desear subir al escenario. El Ilusionista se limitó a observar las butacas, esperando como todos a algún valiente. Al fin, de un palco se levantó una alta y rubia muchacha. Su aspecto era algo desaliñado pero caminaba con elegancia. El cabello causó infarto en las señoras pues éste se hallaba recortado en mechones irregulares, no portaba ninguna alhaja y vestía extrañamente: capa de color verde y falda larga anaranjada, una blusa larga y holgada. Lo que más llamaba la atención eran sus aretes. Pero atrapaba, esa chica rubia captaba la atención de todos. El miedo no se reflejó en su rostro pálido mientras subía al escenario. Y entonces la miré con más detenimiento¡no era otra que Lunática Lovegood! Había escuchado mucho de ella y habíamos sostenido una conversación sobre vampiros cierto día ¿Ella recordaría a Draco Malfoy?
-Una valiente damisela-sonrió Draco. La muchacha inclinó la cabeza y se puso la capa roja que Draco le tendía. Todos estábamos expectantes.
Llevaba un mes en el Colegio cuando conocí a Ginny. En ese entonces iba yo en sexto curso y tomaba Historia de la Magia con los alumnos de Gryffindor, incluida Ginny Weasley. Ésta última me era muy simpática, y me atraía por variadas razones. Era audaz, no una damisela en peligro, con los pies bien puestos sobre la tierra. Físicamente no era fea y más de uno andaba tras sus huesos. Yo, tímido como soy, me mantenía a distancia. Mi mayor rival si pretendía conquistar a Ginny Weasley algún día no eran los guapos jugadores de Quidditch de último curso; tampoco los inteligentes Ravenclaws que sabían qué decir exactamente; mucho menos los altivos Slytherin, quienes a pesar de llamarla traidora de la sangre no podían evitar dirigir su mirada a la pelirroja. No, mi peor enemigo era un chico torpe llamado Neville Longbottom. Donde estaba Ginny estaba él, la ayudaba con sus tareas de Herbología, la acompañaba a las clases aunque él llegara retrasado. Prácticamente se le declaraba en cada acto que hacía para complacerla. Pero eran inútiles, Ginny no podía ver lo que pretendía Neville.
La más pequeña de los Weasley despertaba y dormía con Harry en su mente. No soportaba haber vivido tan pocos momentos felices a su lado¿y si no lo veía nunca más? Guardaba la esperanza de que cuando todo acabase Harry y ella pudieran estar juntos; no contaba con la desaparición del chico.
Lo anterior me lo dijo cierto día que me atreví a hablarle, ofreciéndole mi amistad sincera sin otro fin que el de tener un amigo. Yo era parcialmente responsable de su dolor y aunque aún pertenecía al lado oscuro, Merlín sabe que no lo hacía por convicción, sino por ayuda.
-Ginny…en el poco tiempo que llevo de conocerte (apenas dos semanas) quiero decirte algo que me dijo mi padre antes de morir: no todos los sueños se cumplen. Con esa idea he vivido y he aminorado el dolor. No quiero ser esa clase de amigo que te miente para que seas feliz. Seré sincero: tienes razón, quizá nunca vuelvas a ver a Harry; pero también debo decirte que lamentándote por eso no ganas nada. Sé que lo quisiste mucho, pero ¿piensas consumirte por su amor el resto de tu vida?
-¿Cuál, amor, Sorel? Apenas y estuvimos juntos un mes… No puedo resignarme, quiero encontrarlo.
-Tal vez lo encuentres; pero no te hagas muchas ilusiones-revelé.
Luna fue la única que vio mi rostro de profunda tristeza. Diciendo una frase podía hacer que aquella pelirroja volviese a sonreír, pero me callé. ¿Por temor? Tal vez. Ella pronto volvería a ver a Harry, eso era seguro…pero no lo encontraría en las mismas condiciones. Quizá hubiese sido mejor que el chico hubiese muerto; su regreso causaría más que unas cuántas lágrimas en Ginny.
Recuerdo estar vagando por el Cuartel Mortífago cuando sentí que unas manos como garras se apoderaban de mi capa color vino.
-¿Qué tal, Sorel?-me preguntó Byron con una macabra sonrisa-, dime si son ciertos los rumores…
-¿Cuáles?-preguntó tratando de sonar valiente; pero estaba aterrado. Había escuchado cosas horribles sobre el individuo que estaba conmigo en esos momentos.
-Eso que cuentan de que eres un vampiro…
-Sssí…sí, son ciertos-titubeé-¿por qué?
-Oh¿y tan joven¿Es verdad que son eternos?
Asentí lentamente. Cierto, había sido convertido hacía siglos, pero seguía teniendo el aspecto de un muchacho de dieciséis. Afortunadamente mi fisonomía infantil había dado paso a una más adulta un mes antes de mi conversión, si ésta hubiese sido antes ahora mismo parecería un esmirriado niño.
-Y dime¿sabes convertir a otros?
Negué con frenesí. La verdad es que no se me había ocurrido convertir a nadie y condenarlo como yo. Cierto que a veces me sentía atraído por alguna muchacha y soñaba con estar a su lado eternamente, pero luego recordaba a Sophie, la tristeza de su mirada y mi amor eterno por ella. Estaba decidido a no convertir a nadie a menos que me llegase a enamorar como en ese entonces estaba de Sophie.
-Pues más te vale que recuerdes cómo te convertiste. Hazme un vampiro-me dijo, me ordenó con los ojos refulgiendo de ansiedad.
Claro, era lo único que le faltaba para ser "el arma perfecta": la inmortalidad. En cualquiera de sus dos presentaciones, Byron o Calígula, Heathcliff era mortal. Algún día iba a morir y su deseo insaciable de sangre y dolor quedaría inconcluso.
-Pero yo no sé…no quiero hacer daño.
-Ni yo, pequeño Einsenheim, pero a veces éste es inevitable¡¿entiendes¡CONVIÉRTEME!
Sus últimas palabras estaban llenas de una insana furia. Me golpeó con un fuerte puño lanzándome a la pared, que se manchó con la sangre de mi nariz. Caí al suelo, semiinconsciente mientras la punta de su zapato se encajaba en mis riñones. Dolor; Byron era el dolor encarnado.
-Trataré-dije con un hilo de voz, sintiendo que el dolor sería eterno como yo.
Me daba asco acercarme a él y a su cuello, él tuvo que hacerlo por mí tomándome de la nuca y acercándome a su yugular. Toqué su fría piel con mis labios y comencé a hundirle mis dientes. La sangre corrió de inmediato mientras él cerraba los ojos con una expresión de placer. Me dio miedo y confusión pues cuando fui convertido experimenté dolor. Recordando a Sophie me hice un corte en la vena de mi muñeca derecha y se la ofrecí. Fue esta vez él quién succionó. Me alejé de inmediato cuando cayó desmayado.
-He vencido a la muerte; soy todopoderoso-me dijo con una sonrisa al día siguiente.
Bajé la mirada y corrí alejándome de él y la inmensa culpa que me hacía experimentar. Gracias a mí ese demonio tenía la facultad de dar dolor eterno. ¿Cuántas vidas destruí?
De la nada, apareció un espejo de cuerpo entero en medio del escenario. El marco era dorado y brillaba a la luz titilante de las velas y candelabros. La voluntaria se colocó frente al espejo y su reflejo le devolvió una mirada de curiosidad. De repente, un segundo reflejo idéntico al primero apareció dentro del marco. La muchacha miró hacia atrás, buscando el truco, pero no había nadie. De improviso, el segundo reflejo sacó una espada, arremetió contra el primer reflejo, que se desplomó en el espejo al tiempo que la voluntaria caía desmayada en los ágiles brazos del ilusionista. El público se removió nervioso en su asiento y comenzó a murmurar, pero volvió a quedarse en silencio al ver salir del espejo un denso humo plateado que recorrió el escenario y se esfumó sobre el cuerpo inanimado de la voluntaria al tiempo que ésta despertaba lentamente. Abrió sus azules ojos y éstos chocaron con los grises de Draco. (nota: este truco fue tomado de la película El Ilusionista).
Flash Back
Sonó la campana y la clase se dio por acabada. Draco no se percataba de nada, aquél era su segundo día en el Colegio durante el último año y ya se hallaba completamente deprimido. Se mantuvo ajeno a la clase que salía del aula y a los nuevos Ravenclaws que entraban.
-Eh… disculpa- la voz distraída de Luna sacó a Draco de su ensimismamiento.
-Si, yo soy Draco Malfoy, el asesino-comentó el chico apesadumbrado.
-Ah, mucho gusto, soy Luna Lovegood, estás en mi asiento-dijo ella mientras extendía su mano-¿te han trasladado a Ravenclaw? Oh, espera…seguramente me equivoqué de clase de nuevo¡Oigan!- llamó en voz alta pero nadie le hizo caso-¿todos ustedes son Ravenclaws del sexto curso?- se escucharon unas risitas-, supongo que no me escucharon- y entonces Luna apuntó a su garganta e iba a pronunciar un encantamiento "sonorus" cuando Draco atajó su delgaducho brazo.
-No, estás en la clase correcta-dijo él-, yo soy el despistado.
-Ah bueno, adiós "Drake"- exclamó Luna ocupando su asiento.
"Drake" salió del aula y sonrió. Aquella era la primera persona con la que mantenía una conversación, quizá no muy sensata, pero libre de insultos.
Fin del Flash Back
-Hola Luna-susurró él.
-Hola Drake-dijo ella sonriendo-, sabía que eras tú… ¿qué haces aquí¿Estás obsesionado con los muggles¡Oh, yo sé que pasa! Eres un "detectador" y te infiltras en el mundo muggle para resolver la misteriosa desaparición del cantante vampiro Bludwyn Bludd.
-No, Luna, no soy ningún detective-dijo él rubio sin poder contener una sonrisa-, levántate para que pueda continuar con el acto y todos se den cuenta que no estás muerta.
Luna se incorporó de un salto, sonrió al público y bajó del escenario no sin antes despedirse con un "adiós, Drake".
Acabaron las vacaciones de Navidad y Ron, Hermione y Ginny tuvieron que regresar a Hogwarts. Sin Harry. Casi habían perdido toda esperanza de encontrarlo y era difícil saber cuál de ellos sufría más.
Su último curso en el Colegio era todo menos lo que se habían esperado al abordar el tren aquel primero de septiembre. No habían vivido las aventuras habituales, por primera vez no habían resuelto un problema. ¿Era acaso que faltaba el héroe que los guiaba en todas las aventuras?
Más de una vez quisieron salir de Hogwarts e iniciar la búsqueda por su cuenta, pero los vigilaban a todas horas y por más que intentaron –polvos flu, salir de Hogwarts volando en escoba como los gemelos, poción multijugos como en segundo curso- fallaron en todos sus intentos. Además, estaban aterrados porque no sabían tampoco nada de Voldemort¿Harry lo habría destruido en realidad¿O se habían destruido el uno al otro en una batalla secreta?
- No puedo concentrarme-dijo Ron cerrando de repente el libro sobre Pociones que Hermione había sacado de la biblioteca para los ÉXTASIS- Sin Harry no quiero ser auror¿contra quién pelearemos?
- Con los mortífagos descarriados-replicó Hermione-, estudia. Auror no es la única profesión.
- Mi segunda opción es el Quidditch y créeme que no necesitaré esto-añadió Ron alzando el libro de Herbología y lanzándolo lejos.
-¡Ron!-exclamó Hermione indignada, trayendo el libro hacia ella con ayuda de su varita-, nunca podrás ser jugador de Quidditch si no te gradúas. Debemos ver a futuro: yo me dedicaré a la docencia de Encantamientos o Transformaciones, y para ello me esfuerzo. Tú deberías hacer lo mismo. Aunque solo quieras ser un primitivo jugador de Quidditch-añadió titubeante.
-¡¿Primitivo?! Déjame recordarte que tú te enamoraste del rey Neandertal¡Krum!
-¡No metas a Viktor en esto! Esto es tan típico de ti, Ronald.
-¿Ronald¿No prefieres llamarme Ronnie o solamente reservas a Vicky los nombres cariñosos?
-No tengo ninguna razón para llamarte a ti con un nombre cariñoso-concluyó Hermione casi con lágrimas en los ojos y subió al dormitorio de las chicas con los brazos llenos de libros, pergaminos, tarros de tinta y docenas de plumas.
Ron la vio hasta que su silueta se perdió por el rellano de las escaleras y volcó su mirada al libro de Transformaciones que estaba sobre la mesa. Lo abrió por la mitad y fijó su mirada en una página, aunque los ojos no se le movían y solo pensaba en las últimas palabras dichas por Hermione. Sin embargo, después de un rato le interesó la transformación de hombres en cerdos. Igual que Circe tuvo de víctima a los hombres de Ulises, Ron tenía en mente a cierto búlgaro que, desde su perspectiva, iba a lucir bien de rosado.
-Pasa, Harry-dijo la voz fría detrás de la puerta cuando el muchacho fue al encuentro con Lord Voldemort.
-¿Quería verme?-preguntó Harry entrando a la habitación.
Era bastante elegante. Las paredes frías y oscuras, tapizadas de cuadros. Dos vitrales góticos daban vista hacia un jardín descuidado. Voldemort se hallaba en la silla más grande y de cuero negro. Hizo un gesto con la mano a Harry y éste tomó asiento en otro de los sillones mullidos, el más alejado de Voldemort. Éste le causaba mucha repulsión y lo invadía una sensación de odio cada vez que lo veía. Quería poner sus manos alrededor del cuello del Señor Tenebroso y apretar hasta ahogarlo. Quería ver escapar todo destello de vida de aquellos ojos crueles, fríos y rojos.
-Vamos a ver, Harry, te prometí una venganza y Lord Voldemort siempre cumple a sus leales súbditos- "¿Súbditos?" pensó Harry- Ya tengo planeada la primera venganza, es para alguien que te hizo muchísimo daño.
-¿De qué forma me dañó?-preguntó el muchacho ansioso por saber más de su pasado, aunque los recuerdos no fueran placenteros.
-Bueno, esta chica te utilizó solo para decir que estaba con el gran Harry Potter. Proviene de una familia de pobres y traidores de la sangre¿si recuerdas qué eran esos?
-Sí, magos que no merecen serlo-respondió Harry de inmediato, a quien Snape también le había explicado el significado de términos como sangre sucia , sangre limpia , e híbridos . - ¿cuál es su nombre?
- Ginevra Weasley. Aunque tú tal vez la recuerdes con el nombre de...Ginny.
-¿Era pelirroja?-preguntó Harry, a quien en ese momento lo invadió la imagen de una familia con todos los miembros de cabello rojizo.
-Así es, Potter. ¿Quieres que te cuente mi plan para que sufra?
-No. Quiero saber más de ella y todo el daño que me hizo; yo mismo quiero hacer el plan-respondió Harry crispando los dedos sobre uno de los brazos del asiento.
-¡Ah, interesante! No tengo tiempo de estarte contando esas cosas. Severus podrá informarte más de aquello. Búscalo, dile que el Lord le ordena que te hable del daño que te hizo la traidora de la sangre...
Harry se levantó de un salto, asintió con la cabeza y se encaminó hacia la puerta para hacer una reverencia, aunque sin saber bien a bien porqué lo hizo. Apenas había puesto la mano en la puerta cuando el Lord lo llamó de nuevo. Harry giró la cabeza para escuchar.
-¡Ah, Harry! También dile a Severus que busque a Byron. Él te será de gran ayuda para planear tu venganza. Cuando la tengan lista vienen los tres (Snape, Calígula y tú) para que la escuche y le dé el visto bueno.
El muchacho volvió a asentir y salió de la habitación sin mirar atrás y con la extraña sensación de querer ver a la pelirroja que tanto daño le había hecho.
El público hizo estremecer el recinto con sus aplausos y gritos cuando terminó la función de aquella noche. Draco se esfumó con un chasquido de dedos, el telón cerró y el público comenzó a salir. Yo, sin embargo, quería hablar más con el Ilusionista. Observé como Draco bajaba del escenario tan sigiloso como una serpiente y salía por una cortina que de no haber sido sacudida por la entrada del muchacho habría pasado inadvertida. Sin perder tiempo, me apresuré a seguirlo.
Recorrí un pasillo largo y oscuro hasta llegar al final de éste, donde una puerta cerrada invitaba a acercarse. Conforme lo hice, comencé a escuchar voces acaloradas provenientes de la estancia.
-… lo que estás haciendo es mediocre y patético- decía una voz susurrante pero clara-, debes volver al mundo mágico. Te has vuelto un traidor de la sangre, si tus padres vivieran se morirían de nuevo al ver que te has convertido en un bufón de muggles.
-¡Cállate! No eres el primero que quiere cambiar mi vida, pero no por ser tú aceptaré¿escuchaste¡No voy a alejarme de este trabajo! Tú no viviste la humillación ni el rechazo- musitó una voz que parecía la de Draco-, vives escondido ¡yo no pretendo vivir así!
-Ni lo lograrás, todos están enterados de la decadente criatura en que te has convertido. Sigues siendo humillado.
-Pero al menos ya no me doy cuenta y puedo fingir que todos creen que estoy muerto- espetó Draco-, haz el favor de irte sino quieres que te obligue.
-Me volverás a ver.
-Esperemos que no, hasta luego…señor.
La puerta se abrió bruscamente y Severus Snape salió hecho una furia. No se percató de mi presencia.
-Excelente espectáculo-alabé sin saber que decir.
-¿El que ocurrió en el escenario o el que acabas de oír?- inquirió Draco con acritud.
-Perdone…yo…no quería. Necesito preguntarle algo.
-Si quiere saber como hago mis trucos le responderé como a todos los reporteros: agito una varita mágica y asistí a un Colegio de Magia- dijo Draco con sorna, dándome la espalda.
-Yo también-dije. Draco paró en seco.
Me hizo pasar. Entramos en lo que parecía un pequeño departamento. Había varias puertas y en lo que estaban parecía una sala llena de lujosos muebles.
-Einsenheim Sorel, alumno inconcluso de Beauxbetons y graduado de Hogwarts- me presenté. .
-Draco Malfoy, alumno inconcluso de Hogwarts y graduado de la vida muggle.
La primera frase de la operación "Venganza" tenía a todo el cuartel alborotado. Por mi parte, no sabía nada salvo que el nombre de la operación tenía raras razones: Potter creía que el nombre del plan era por [isu venganza [/i, cuando en realidad se trataba de la venganza del Lord: hacer que Harry destruyera a todos sus seres queridos y después asesinarlo era un plan que lo deleitaba.
No supe en qué consistió la primera fase de la misión Venganza hasta que fue llevada a cabo. Fue una suerte para los mortífagos, pues seguramente yo lo habría impedido. Estaba resuelto a irme cualquier día del cuartel. Ya no soportaba ver más dolor y la cura jamás me la dieron. Había pasado toda una noche rumiando mi huida y estaba dispuesto a irme al día siguiente cuando sucedió algo que hizo que me quedara.
-Ha llegado una nueva mortífaga. Es preciosa-comentaba un mortífago a otro.
-Lestrange no está nada contenta con su presencia-replicó el otro.
-Claro que no. El Lord la ha hecho a un lado por la recién llegada.
-¿Cómo se llama la nueva mortífaga?-pregunté interesado.
-Frida Austen.
Agradecí la información y el corazón dejó de latirme fuertemente. Cuando dijeron que la nueva mortífaga era preciosa por un momento imaginé que volvería a ver a Sophie, pero esa tal Frida Austen me parecería lo que me parecen las mujeres bellas: mortales. Simples mortales cuya belleza se irá igual que ellas. Después de haber conocido a Sophie, ninguna mujer había logrado atraparme. Esa tal Frida tampoco lo haría. O eso pensaba.
-Sorel¿cierto?
"Esa voz" pensé volteándome para contemplar a la nueva mortífaga de la que había escuchado hablar hacía solo unos segundos. De inmediato me recordó a Sophie y si pudiera encontrar a una rival para ella aquella mujer sería la indicada. El cabello era bastante largo, casi hasta debajo de la espalda. Negro y casi azul cuando la luz arrancaba reflejos. Los ojos, de un azul claro, contrastaban con los labios carmesí. Me quedé estupefacto cuando reparé en la palidez de su piel.
-¿Sophie¿Helena?-pregunté casi sin voz.
-No, Sorel: Frida. Ahora soy Frida.
Eran tiempos difíciles y complicados para la Orden. Harry llevaba demasiado tiempo desaparecido y los sucesos que estaban teniendo lugar tanto en el Mundo Mágico como el Mundo muggle no toleraban más tiempo la espera de un héroe.
Los dementores estaban invadiendo las calles, atacando a muggles y magos por igual. Se habían descontrolado y los magos tenían problemas para actuar sin que los muggles repararan en aquellos héroes que desaparecían el frío y el miedo con un delgado palito de madera. Los gigantes se habían puesto del lado de la Orden, pero no era lo que se podría llamar discretos y librando batallas habían echado a perder ciudades enteras y conmocionado poblaciones que tardaron meses en ser completamente desmemoriados. Centauros y gente del mar también estaban en contra de Voldemort, que a pesar de no haber aparecido personalmente daba a entender mediante horribles catástrofes que seguía ahí. Esperando para dar el gran golpe. Viktor Krum persuadió a casi a todo Durmnstrang para que hiciera uso de las Artes Oscuras del Colegio contra las Artes Oscuras de Voldemort. A pesar que el jugador de Quidditch se había graduado hacía meses, consiguió convencer a sus ex compañeros y miembros docentes.
Pero ni siquiera todo ese apoyo era suficiente para contrarrestar el hecho de que el lado oscuro comenzaba a dominar poco a poco. Los Colegios tenían dificultades para ser protegidos y mantener a sus estudiantes en calma. Se añadieron entrenamientos de Defensa (además de la materia ya existente) incluso los fines de semana.
Muertes y desapariciones no se hicieron esperar. Familias histéricas que sufrían lo mismo al mismo tiempo. Y el Mundo Mágico, con sus aurores y aliados, librando una batalla que no tenía fecha exacta para decidirse a finalizar.
-¿Qué hará la Orden ahora que no está Harry y es el único que sabe un poco más sobre los Horcruxes?-se preguntó Hermione en voz alta después de haber escuchado una conversación entre Tonks y Lupin.
-Supongo que encontrar sus propios medios-respondió Ron a pesar que Hermione no se había dirigido hacia él.
-¿Sin Harry?-sollozó la castaña-¿hasta cuándo, Ron¿Hasta cuándo vamos a soportar esta incertidumbre¿Has leído el Profeta¡No hay más lado Oscuro que esperar¡Ya estamos en él!
-Tranquila...en cuanto salgamos de Hogwarts iniciaremos nuestra propia búsqueda-resolvió Ron muy decidido. – Vamos a encontrar a Harry.
-¿Cómo...lo dices en serio?
-Sí, Hermione. Harry no se hubiera quedado de brazos cruzados como nosotros...Harry hubiera actuado...será como otra gran aventura...Sólo que esta vez nosotros la buscaremos.
-Es peligroso...pero...
-Estaremos juntos en esto-dijo Ron sonrojándose y cogiendo la mano de Harry en un torpe acto- Como siempre.
Hermione asintió lentamente. Tenía ganas de hacer o decir algo más, pero las palabras se quedaron atascadas en su garganta. Soltó la mano de Ron sin dejar de mirarlo a los ojos y sonrió. De repente, un gran peso se esfumó en su corazón y sintió que muchas dudas que la habían atormentado durante meses habían desaparecido en un segundo y sin que ella se diera cuenta.
Aquello se tornó en algo más que una conversación del tipo entrevistador-entrevistado. Fue así como Draco se enteró de porqué jamás me había conocido, aunque asistimos al mismo Colegio. Había llegado el segundo mes de clases, cuando Draco ya había huido.
Por mi parte, me enteré de la fascinante metamorfosis de un Draco malvado y con aires de superioridad a uno indiferente y quizá hasta arrepentido. Después de abandonar el Colegio se dedicó a vagar por Londres, a veces derrochaba el dinero en visitas al teatro, al cine muggle (que por cierto le fascinó), en caros restaurantes o en pasar la noche y parte del día en lujosos hoteles; otras veces, se volvía increíblemente tacaño y no comía en todo un día, dormía sobre las bancas de algún parque olvidado y rompía su ropa para vender los retazos a tiendas de segunda mano. Lo aterraba la idea de quedarse pobre pero al mismo tiempo no se acostumbraba a administrar su dinero pues estaba demasiado acoplado a derrocharlo en lujos y placeres.
Flash Back
El semáforo indicó el alto para los automóviles, y Draco, que viajaba en un taxi, no tuvo más remedio que mirar por la ventana como un chico sucio y pobre repartía unos papelitos color morado a los conductores de los carros detenidos. El rubio esperó con curiosidad a que el chico sucio le diera uno de aquellos al conductor del taxi en que viajaba y cuando se acercó, Draco pidió el papel al chofer.
"El ilusionista Sebastien hará su debut en el teatro de la ciudad. Venga y deléitese con los actos de magia. Entrada libre por inauguración"
En la parte inferior del anuncio ponía la dirección del teatro. Draco sonrió, no estaba seguro de que hacer esa noche y creyó que aquello solamente era una obra teatral sobre brujos y magos. Ya había leído anteriormente que los muggles creían que si existían y le parecía interesente observar el concepto que los muggles poseían sobre la magia. Así que se decidió a ir…sin imaginar que aquello le resolvería todos los problemas.
Fin del Flash Back
-Fui, me di cuenta de que esa no era una obra de teatro ¡hacían magia real! Visité al ilusionista Sebastien y me di cuenta de que sólo eran trucos. Entonces pensé, "si este muggle sorprende a otros haciendo solamente trucos, yo podré sorprenderlos en mayor medida…y con magia real". Así que confeccioné mi traje de ilusionista y comencé a presentar mis trucos en las calles, logrando gran aceptación. Uso trucos verbales y pocas veces me apoyo en la varita mágica pues corro el riesgo de que algún aficionado quiera quitármela. Debido a mi éxito me ofrecieron trabajos en muchos teatros y así, viajé dos años perfeccionando. Pero volví a Londres, mi espectáculo se programó permanente en este teatro, comencé a ganar dinero sin hacer gran cosa y me instalé a vivir aquí. Pocos saben que resido dentro del teatro, incluso ignoran que existe esta habitación. Oculto la cortina después de cada show, para que nadie entre. Pero ustedes lo lograron.
-¿Y los magos qué dicen acerca de la (perdone que lo diga) estafa que está haciendo?-pregunté sorprendido.
-Varios me han pedido que vuelva al mundo mágico, algunos no me lo piden cordialmente…como el personaje que vieron salir hace poco, el profesor Snape. Antes daba clases en Hogwarts, tú no lo conociste- explicó. -Como decía… los del Ministerio están felices mientras yo no revele que soy un brujo de verdad y como no pienso hacer eso no hay problema.
-¡Vaya!-exclamé- Pero por lo que me has contado…esto no era lo que deseabas¿verdad?
-No. Pero¿cuántos sueños se cumplen en realidad?
-¿Y qué deseabas en realidad?-pregunté.
Harry no encontró a Snape el mismo día que Voldemort le ordenó buscarlo junto con Calígula para comenzar la venganza contra Ginny. Severus se había ido a su casa para descansar y regresaría hasta el día siguiente. Camino a su habitación, Harry se cruzó con Byron y lo miró con curiosidad. ¿Aquel individuo que parecía tan elegante era capaz de hacer tales barbaridades que los mortífagos contaban?
-¿Te puedo ayudar en algo?-preguntó Byron al notar los ojos de Harry clavados en su persona.
-No... No por el momento-respondió Harry algo cohibido ante la penetrante mirada de Byron.
-Bien. He escuchado muchas cosas de ti, Harry.
Harry quiso preguntar cuáles, pero la presencia de Byron le era casi tan incómoda como la de Voldemort, así que se quedó callado y con la vista fija en el suelo. Incapaz de poder sostener la irritante mirada de Byron. Éste sonrió con una extraña mueca y se alejó tarareando y arrastrando la capa por los suelos.
Cuando llegó a su cuarto, Harry se encontró con un horrible espectáculo. En su ventana, una hermosa lechuza blanca agonizaba. Tenía las alas llenas de sangre, como si se las hubieran intentado arrancar, y temblaba muchísimo. Le dio lástima.
-Estuvo molestando por aquí-explicó Colagusano saliendo de entre las sombras. Había tirado algo a la chimenea, una especie de pergamino. Harry se quedó acariciando a la lechuza, que parecía conocerle ya que se acurrucó en sus manos.
-¿No puedo quedármela?-preguntó- Aunque ya no vuele es muy bonita.
Colagusano dudó un momento pero después se encogió de hombros y salió de la estancia. Harry curó a la lechuza con ayuda de una varita que le habían dado hacía pocos días. Después, apareció una especie de percha y colocó ahí a Hedwig. No había perdido las alas, pero parecía incapaz de volar de nuevo.
-Te llamaré Asuka-susurró, y la lechuza hizo un ruido como de chasquido con el pico-¿no te gusta? Pues tendrás que acostumbrarte-añadió bruscamente. – Es un nombre muy bello que encontré en los libros que me prestó Vold...el Señor Tenebroso.
No sabía porqué, pero le asqueaba estar a merced de Voldemort. No obstante, le parecía que no tenía otra opción. Estaba ansioso porque Severus le contara un poco más de su vida. Por lo pronto, parecía que lo único que guardaba en su mente y corazón era odio. Quería salir de ese asqueroso cuartel y encontrarse cara a cara con el mundo que lo había usado y calumniado. Mostrarles que ya no era más su héroe, su especie de perro faldero que obedece órdenes. "Haré que me odien y no me importará en lo absoluto" pensaba. "No tengo nada que perder". Ya Snape le había advertido que los magos tratarían de persuadirle para que se pusiera de su lado y destruyera al Señor Tenebroso; para que volviera a hacer el papel de héroe que idolatran un día y que al mes ya nadie recuerda. "Nada de lo que digan me convencerá" fue su último pensamiento antes de acostarse y acariciar a Asuka por última vez. Una vez que apagó la vela y el cuarto se sumió en total oscuridad, Hedwig se le quedó mirando, como pensando si aquel era realmente Harry Potter.
-Tenemos todas las de ganar, Draco-dijo Snape en su centésima visita a Draco.
-Ya te dije que no me interesa el lado oscuro...no de nuevo.
-¿Y qué eres ahora¿Un traidor de la sangre¿Un miembro de la orden?
-Soy una persona normal a la que no le importa ni el bien ni el mal. Quizá suene a egoísmo, pero no me interesa lo que pase allá afuera mientras no me afecte.
-¡Esta vez el Señor Tenebroso tiene un plan que hasta el momento parece infalible?
Snape le contó a Draco el secuestro de Harry; el lavado de cerebro; que el chico ahora tenía la Marca Tenebrosa; los planes de venganza siguientes; el final con el dominio del lado oscuro que Voldemort anhelaba; los planes de matar a Harry. Draco escuchó impasible todo aquel relato y cuando Snape terminó, lo invitó una vez más a dejarlo en paz.
-Si Potter se vuelve malo o no me da igual. Nunca me cayó bien, cierto, pero he decidido olvidarme del pasado y comenzar una nueva vida.
-¡No puedes hacer eso, Draco¡Tarde o temprano deberás mirar atrás y reconocer tu condición de mago! Es imposible que te laves las manos y no te pongas del lado de nadie. Algún día tendrás que escoger y lamentarás no haberte puesto del lado correcto.
-El lado correcto para mí es en el que estoy ahora¡LÁRGATE¡NO LO REPETIRÉ!
Sacó su varita y Snape salió de la estancia con paso apresurado dejando a Draco ahogándose en un mar de dudas. Necesitaba pensar claramente, sentía que las paredes se apretaban contra él. Salió a las calles de Londres. Era época de Pascua. Se sentó en una banca del parque y comenzó a reflexionar. Sin embargo, pronto sintió una presencia a su lado. Luna Lovegood alimentaba a las palomas y parecía no haber advertido en su presencia.
- Cuando rechazan el alimento significa que no son palomas de verdad, sino [i Tanabous [/i, ellos solamente comen hojas de sauce boxeador y cambian de color para mezclarse entre las aves normales-dijo de repente-¿has escuchado de los Tanabous, Drake?
-¿Eh¿Qué¡Oh, sí, los Tanabous...dicen que habitan por el Norte! Es muy raro verlos por aquí-dijo debatiéndose entre la diversión y la curiosidad-¿por qué no estás en Hogwarts?
-Porque han resuelto que también podemos salir de él para las vacaciones de Pascua-respondió la rubia- La directora McGonagall piensa que si algo malo ocurre...es mejor que estemos el mayor tiempo posible con nuestras familias. Claro, yo ya no tengo familia. Quise encontrar un trabajo muggle, como el que haces de ilusionista en Navidad, pero ninguno parecía interesante.
-No me digas.
Miró atentamente a Luna, ella era su única conexión con el mundo que había dejado atrás¿tenía razón Snape al decirle que no podía borrar su pasado? Si eso era verdad, él debía volver al Mundo Mágico. No podía auto engañarse tan fácilmente. Además, tenía en su poder poderosa información: los planes de Voldemort. ¿Debía hablar¿Le creerían?
-¡Mira, seguro ese es un Tanabous! He escuchado que detestan a los muggles-señaló Luna al ver que una paloma había hecho sus necesidades fisiológicas en el saco de una persona que pasaba por ahí.
-Nos ha llegado importante información-dijo Lupin abriendo una carta.
El Señor Tenebroso tiene a Potter en su cuartel general. Un pequeño pueblo, hermano de uno grande, es bueno para comenzar y terminar.
-¿Una especie de acertijo?-murmuró Tonks después de releer el papel.
-La primera parte está muy clara. Es un anónimo. Quizá una trampa-terció Ojoloco.
-O una pista-musitó Bill emocionado-, tenemos que alertar a todos.
-Bill, espera-ordenó el señor Weasley deteniendo a su hijo- No le digas nada a los chicos...no hay que darles falsas esperanzas.
Bill asintió y salió de la habitación. Ginny, que había estado escuchando detrás de la puerta gracias a que había tomado "prestada" la capa invisible de Harry –pues su baúl aún se encontraba en Hogwarts – se escondió rápidamente en un armario. ¿Sería verdad eso que decían de Harry¿A qué pequeño pueblo se refería la nota¿Hogsmeade, quizá? Subió de inmediato a contarles lo ocurrido a Hermione y a Ron, que al igual que en ella habían salido del Colegio por las vacaciones de Pascua, aunque con un montón de deberes, ya que entrando tenían que presentar los EXTASIS.
-¡Pequeño Hangleton!-exclamó de inmediato Hermione, descifrando en acertijo- Es un pueblo cercano, a su lado hay una ciudad hermana llamada Gran Hangleton. Debemos decirle a la Orden...
-Se supone que no debimos escuchar eso-señaló Ron con desgana.
-¿Qué importa eso si podemos encontrarlo?-protestó Ginny-, vamos a decirles.
La Orden se puso en marcha hacia ese pueblo, pero no dejaron ir ni a los gemelos, Ginny, Ron y Hermione. "Pero si gracias a nosotros irán" replicaba Ron sin parar. Los gemelos y Hermione pensaban que no importaba eso siempre y cuando a su regreso trajeran a Harry consigo. Ginny no dijo nada porque sin decirle a nadie (ni siquiera a Ron o a Hermione) había hecho uso de la capa invisible y se había unido sigilosamente al grupo de la Orden que tenía la misión de ir a Pequeño Hangleton con un traslador y rescatar a Harry si es que la nota era real.
-Claro que funcionará ese plan, señor-dijo Severus- cuando yo pertenecía a la Orden los mocosos siempre estaban escuchando detrás de las puertas y usando objetos encantados que les servían de espías. Esa Weasley seguro viene...
-Y yo estaré listo-murmuró Byron con un extraño brillo en los ojos- Ya no resisto esperar más...
-Tranquilo, Byron...Calígula pronto será saciado. Y tendrás más víctimas, pero esas vendrán después. La venganza lenta es más dolorosa¿qué piensas del plan?-dijo Voldemort dirigiéndose a Harry.
-Lo merece-respondió el aludido lacónicamente.
Mientras tanto, fuera del cuartel, la Orden recorría el pueblo disimuladamente. Ginny se regazaba un poco. Un mortífago se dejó ver por ella y entró a un callejón. La pelirroja se distrajo un momento y cuando quiso alertar a la Orden ésta se había desaparecido. Imprudentemente siguió al mortífago y lo vio entrar empujando una puerta sin cerradura ni picaporte, fue como si solamente hubiera empujado un pedazo de pared. Ginny lo imitó y se encontró en una estancia oscura. Murmuró [iLumos[/i y la habitación se iluminó. Era amplia y parecía no dar a ningún lugar.
-Severus tenía razón-dijo Byron. Ginny dirigió su mirada hacia él. – Ustedes los jóvenes son tan fáciles de engañar...
-¿Dónde tienen a Harry?-preguntó la chica, temblando ante la mirada que le dirigía el individuo.
-Él vendrá pronto. [i¡Expelliarmus