Capítulo 3: El florecimiento de los capullos
Kamigami no Asobi, ni ninguno de sus personajes me pertenecen son de propiedad exclusiva de Nippon Ichi Software y Broccoli
Apolo POV
Por enésima vez durante esta semana Dionisio me ha insistido con el tema de Yui, exponiéndome sus teorías, y es que no puedo descartarlas del todo. ¡Demonios!, es que ambas son demasiado similares, aquello no me entraba en la cabeza. Su forma de reír, su manera de moverse, su dulzura, sus expresiones; no puedo sacarme a Yui de la cabeza, e inevitablemente terminó comparándola con Casandra, y cada día que pasa me convenzo más de lo parecidas que son, tal vez físicamente no sean iguales, pero lo que ella es capaz de provocarme muy pocas veces lo he sentido, y siento un gran pavor de perderla, como perdí a Casandra.
Si tan solo tuviera los medios para averiguar que estaba sucediendo… Pero encerrado en este jardín y con mis poderes limitados lo único que puedo hacer es especular. Pues mi padre ni siquiera es capaz de darme una respuesta clara. O es que simplemente no quiere dármela. Es muy caprichoso cuando se lo propone.
—Sigues pensando en Yui —una voz me sorprende por detrás, como consecuencia pego un respingo. Es raro que a estas horas de la noche alguien ande deambulando.
—Tío Hades —digo luego de haberme repuesto del susto.
—Tu semblante melancólico te hace ver más desgraciado que yo —mí tío me brindó una pequeña sonrisa, gesto nada habitual en él, y también considerando que se dio el tiempo de bromear, seguramente algo importante tenía que decirme.
—Solo estoy pensando tío, hago lo que puedo para mantener la calma.
—Supongo que es normal —mí tío suspiró para luego centrar su mirada en las estrellas observándolas con fascinación—. ¿Recuerdas que alguna vez te dije que las estrellas son capaces de trazar nuestros destinos?
Hago memoria con dificultad, intento levantar un pesado velo de miles de imágenes que pasan por mi mente, aquello fue hace muchos siglos, justamente la misma noche antes de conocer a Casandra, antes de que me enamorara y sellara mi destino.
—Lo recuerdo.
—El cielo de esta noche es abrumadoramente similar al de ese día.
Un escalofrío recorrió mi espina, no sabía cómo interpretar aquella información ¿Qué tenía que ver Yui con todo el asunto?
—Tío…
—Estas confuso, ¿Cierto? —después de un rato mi tío retiró su mirada del cielo estrellado para volver a fijarse en mí—. Apolo algo está pasando, no tengo claridad de que es, pero también debes saber que el alma de Casandra nunca llegó al inframundo.
—¿Qué quieres decir con eso?
—¿Sabes por qué las almas van primero al inframundo antes de reencarnar?
—Van a descansar después de morir.
—Eso solo es una parte Apolo, en una de las zonas más alejadas del Inframundo se encuentra el río Lete, el río del olvido. Se usa para que las almas olviden sus vidas pasadas al comenzar una nueva vida, de esa manera sus recuerdos antiguos no interfieren en su nuevo comienzo. Pero si por alguna razón algún alma logra flanquear aquel proceso, terminará reencarnando con sus recuerdos intactos.
—¿Me estás diciendo que Casandra…?
—Solo es una suposición, nada más. No hagas nada idiota, solo observa, debemos averiguar un poco más.
—De acuerdo —acepto de mala gana, todavía pensando en la posibilidad de que quizás Casandra nunca se haya ido realmente, viejas memorias llegan a mí y todos los momentos que viví con ella me perturban. La amé como nunca he amado a nadie, y aquella perdida quedó grabada en mi corazón, con el fuego más doloroso jamás usado. Me he culpado tanto por todo, que sin querer me había ido perdiendo hasta el punto de no reconocerme, pero el haber conocido a Yui me despertó nuevamente, y ahora con todo lo referente a Casandra… ¿Debía quedarme solo con los brazos cruzados?
Veo como mi tío se aleja, mientras yo me pierdo en la vorágine de recuerdos que retumban en mi corazón.
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El paso de los meses fue algo complicado entre las dudas que me agobiaban, lo único que lograba confortarme un poco era la dulce sonrisa de mi pequeña hada, que cada vez iluminaba más mi existencia, aunque parte de esa luz era opacada por la cercanía que esta mantenía con Baldr, no es que él me desagrade, al contrario, podía llegar a considerarlo uno de mis amigos, pero eso no evitaba que sintiera celos cada vez que se acercaba a Yui. Por el accionar del dios nórdico era obvio que sentía más que amistad por mi pequeña hada, sus ojos reflejaban un amor naciendo cada vez que convivía con ella. Ante eso solo ocultaba mi pesar ante una sonrisa exagerada que los demás dioses tachaban de tonta, pero que escondía a la perfección mis sentimientos.
Como dios puedo tener una mayor perspectiva del mundo y su sentir, pero aquello no impide que sienta una gama de sentimientos que agobiaban mi corazón. Podía ser tan susceptible como los humanos.
—Idiota —siento un fuerte golpe en mi cabeza y la mirada de reproche del profesor Toth me trae de vuelta al mundo real, me percato de que estoy en el salón de clases y mis compañeros me prestan especial atención, algunos con diversión en la mirada y los menos con preocupación, en especial mi pequeña hada que sus ojos reflejaban inquietud—. ¡Presta atención! —un nuevo golpe con un rollo de hojas sobre mi cabeza, risas invadieron el salón y bajé la mirada algo avergonzado para luego asentir, el resto de la clase la pasé entre las explicaciones del profesor intentando prestar atención.
—Apolo… —siento un familiar llamado al salir del salón de clases, me volteo y coloco una sonrisa en mi rostro, mi pequeña hada está ahí viéndome preocupada.
—Hada ¿Qué sucede? —intento sonar normal, pero viejos sueños llevan sobrepasándome por las noches impidiéndome el descanso que tanto deseo.
—¿Estás bien? —su voz es delicada y cautivante para mí, desde que la vi ha abierto en mi antiguos sentimientos y cada día que pasaba su semblante, su forma de hablar y su mirada han devuelto a mí gran parte de mi personalidad pasada, junto a ella me siento completo.
—Nada, solo no he podido dormir bien.
Ella frunce levemente el ceño, como si no me hubiera creído.
—¿Solo eso? —cuestiona. Le sonrió.
—Solo eso —seguidamente la tomo del brazo y la hago seguirme—. Acompáñame a comer ¿sí? —la alejé de aquel sitio, nuestros demás compañeros venían saliendo y estaba seguro que Baldr intentaría acercarse a mi pequeña hada.
Gracias a su presencia pude distraerme de los melancólicos pensamientos que arreciaban mi mente, estaba abocado a solo vivir en el presente, aunque sea solo por esos momentos.
Como nunca mi pequeña hada pasó todo el día conmigo, agradecía eso, hacía mucho que no podía disfrutar de su presencia en soledad, mucho menos con Baldr tras ella. Sin siquiera percatarme ella se fue colando en mi interior y se volvió mi necesidad, perderla solo empeoraría la desdicha que ya portaba desde hacía muchos siglos, aunque en mi rostro no se notase por las eternas sonrisas que les otorgaba a todos a mí alrededor.
El día fue exuberante, divertido y animado, pasamos una comida entre risas y anécdotas de nuestra vida, ella sonreía con cada vivencia que compartía. En verdad su sola presencia era capaz de calmar la tormenta que se azotaba en mi interior.
El atardecer estaba cayendo cuando nos encaminamos hacia su habitación, íbamos en silencio caminando uno al lado del otro, de reojo observaba su andar, cada paso, el mecer de sus cabellos por la leve brisa que corría, sus dulces labios y sus delicadas manos. Un impulso que no podía controlar se apoderó de mí, deseaba con todas mis ansias poder sentir la calidez de sus pequeñas manos. El movimiento fue casi inconsciente, pero basto solo un roce entre nuestros dedos para que capturase su mano entre las mías, mi pequeña hada se detuvo y me miró directamente a los ojos, seguí su acción y de la misma manera la observé, en un rápido movimiento llevé el dorso de su mano a mis labios y la besé, sé que a ella este tipo de contactos la estremecía y avergonzaba, pero hacia tanto que deseaba hacer algo como esto; en mi interior sabía que lo que sentía por ella era más que el recuerdo de Casandra, ella estaba volviéndose parte de mi corazón y su rostro poco a poco estaba instalándose en mi mente para nunca partir.
—Apolo —susurró ella con las mejillas sonrojadas, el Sol enrojecía el cielo haciendo brillar sus ojos con un esplendor especial, una brisa ligeramente más fuerte impulso nuestros cabellos junto con las hojas que caían de los árboles. Un escenario mágico estaba formándose frente a nosotros, sentía como mi corazón latía con desenfreno, no podía seguir negándome a mí mismo la verdad, me había enamorado de Yui.
Sentí una calidez que desde hacía siglos rehuía, me sentía sin derecho a amar, pero esta pequeña jovencita ha roto todos mis esquemas sin ninguna consideración.
Ya no había vuelta atrás, con decisión y con todo el cariño del que fui capaz acerqué mi rostro hacia los labios de Yui, fue solo un roce, un leve contacto, pero ha sido lo más cercano que he sentido a la felicidad después de tanto tiempo. La brisa nuevamente azotó, trayendo consigo esta vez no solo los últimos vestigios del invierno frío como hojas muertas, sino finos pétalos blancos que nacían junto con la nueva estación, los capullos habían florecido trayendo consigo la primavera.
CONTINUARÁ...
