Capítulo 3

Me incorporé rápidamente en la cama, despertándome de un tirón por culpa de mi teléfono móvil. Seguramente tenía una cara de dormido que no podía con ella, pero al menos no me veía nadie. Intenté abrir los ojos, pero volví a cerrarlos rápidamenrte a causa de la luz. Estiré la mano ciegamente hacia mi mesilla intentanto coger el móvil, que aún seguía sonando. Me lo puse en la oreja.

- Finn...

- ¿Rachel? - respondí sorprendido al oír su voz.

- Sí, soy yo.

Me levanté casi a ciegas para correr la cortina, evitando que entrase tanta luz y pudiendo abrir los ojos finalmente.

- ¿Te he despertado?

- Hace tres días que intento localizarte, ¿dónde estás? - dije ignorando su pregunta.

- Eso no importa...

- ¿Que no importa? Rachel, necesito hablar contigo, en persona.

Escuché al otro lado de la línea cómo ella aspiraba fuertemente con la nariz.

- Rachel... ¿estás llorando?

- No...

La oí hacer lo mismo de nuevo, y me di cuenta de que estaba mintiendo. Estaba llorando.

- No me mientas. Sé que estás llorando.

- Vale, ¿y? Sí, estoy llorando. ¿Qué importa? Lo que importa es que necesito que vengas a Nueva York. No puedo renunciar a mi sueño de ser actriz por esto y tampoco puedo hacerlo sin ti, te necesito.

Me quedé callado varios segundos debido a la sorpresa que me causó su confesión. Me necesitaba.

- No sabes si es mío.

- Es verdad, no sé si es tuyo.

Una punzada de dolor me recorrió el corazón.

- ¿Y si es de Brody? - dije con cierto odio.

No me respondió durante varios segundos, solo se quedó callada. Obviamente, era cierto. Podía ser de Brody, podía no ser mi hijo. Pero eso sí, ella era Rachel, y eso era lo que me importaba.

- Finn... - continuó ella - ¿No lo entiendes? No puedo hacerlo sin ti, sea de quién sea...

Sonreí.

- Tranquila, iré.

.

.

Cuando me senté en mi butaca del avión, fue cuando de repente me entró un miedo repentino e irracional. Entonces entendí por qué. Kurt, Santana, los demás y, más importante, Brody. No puedo presentarme ahí sin ninguna explicación, y si Rachel se lo ha contado, será demasiado incómodo. ¿Y qué me hará Brody cuando me vea? Si piensa que he dejado embarazada a su "novia"... qué asco. Bueno, si cree que la he dejado embarazada, puede meterme una paliza. Bueno, en realidad no, porque yo le daría más fuerte si eso ocurriera. De todas formas, estoy muy preocupado... ¿Y si no lo saben? ¿Tendré que inventarme una excusa de por qué estoy ahí o se habrá inventado Rachel algo?

- Finn, ¿te pasa algo? Estás sudando – dijo rozándome la mano.

La aparté y me sequé ambas manos en los pantalones. Es verdad, estaba sudando.

- Estoy un poco asustado – confesé.

- Yo también.

Suspiré y la miré a los ojos. Después de varios segundos, bajé la cabeza un poco incómodo. Ella hizo lo mismo.

- Sinceramente, no sé qué voy a hacer – me dijo.

- Tranquila, estoy aquí para lo que sea.

Le sonreí y le agarré la mano. Ella miró nuestras manos durante un segundo y luego me sonrió.

.

.

Cuando por fin aterrizamos en Nueva York, Rachel me llevó hasta su apartamento, ya que yo no me acordaba de dónde se encontraba a pesar de haber estado allí ya. Me sentía un poco perdido, pero me acostumbraría. Me puse un poco nervioso cuando empezó a buscar las llaves en su bolso, para luego abrir la puerta.

- ¡Hola! - gritó emocionada mientras entrábamos.

Kurt y Santana, que estaban sentados en el sofá, se acercaron a abrazarme.

- ¡Finn! ¡Qué bien que estés aquí! Te echábamos de menos – me dijo Kurt.

- Bueno, yo echo más de menos el coche así que venga – dijo Santana.

Entonces cogió mi maleta y la llevó a la habitación de Rachel. Yo fruncí el ceño sin entender nada.

- ¿Qué? - pregunté confundido.

- Para eso has venido, ¿te acuerdas? Para repararnos el coche. Aquí son muy necesarios si no quieres tener que lidiar todos los días con coger un taxi, y los talleres son el triple de caros que en Lima.

Asentí lentamente mientras sonreía a medias.

- Santana, no seas tan pesada – le dijo Kurt – Le dejaremos que descanse un poco y ya nos ayudará luego.

- Agh, está bien.

Me reí por lo bajo, cuando me di cuenta de algo. Miré por todos los lados de la casa, ya que prácticamente se podían ver todas las habitaciones.

- ¿Y Brody? - pregunté temeroso.

- No sé, la verdad – me respondió Kurt – Supongo que estará trabajando.

- Sí – continuó Santana – Tirándose a un montón de ricachonas con pasta.

- ¡Santana! - le regañó Rachel.

Santana le miró con una actitud despreocupada.

- ¿Qué pasa? Es la verdad, aunque no quieras verla.

Yo estaba ahí de pie, simplemente, sin saber qué hacer ni qué decir. Era bastante incómodo, y Rachel al parecer se enfadó mucho por el comentario de Santana, ya que le fulminó con la mirada para luego encerrarse en el baño de un portazo.