Los personajes le pertenecen a Kota Hirano.
La historia es mía y es alternativa, no permito que la tomen sin mi autorización.
Recomendación: Ya saben, escuchar con cualquier canción de Adele.
George caminaba por los enormes pasillos de su mansión, mirando por todos lados por no tener nada que hacer, ya había ido a las mazmorras de Alucard y no estaba ahí. ''¿Habrá salido?'' Se preguntó mentalmente el apuesto joven, entonces sonrió, le pareció buena idea salir de la mansión, aunque su padre se lo tenía prohibido puesto que eran actitudes de plebeyos cuando no era cuestiones de trabajo. George era un alma libre y valiente, no le interesaba su posición aunque le hiciera la vida más fácil, no le interesaba platicar con gente menor a su rango, no discriminaba a nadie, era muy varonil y caballeroso, por lo que tenía muchísimas chicas atrás de el, pero a su edad, el no pensaba en enamoramientos, si no, en las aventuras que podría tener.
Casi en la entrada, tomó su abrigo aún caminando con una mano y tiró su abrigo por detrás de su hombro aun sosteniéndolo y salió de la mansión. Caminó mirando a su alrededor y miró un poco a lo lejos los juegos. Olvidó que eran días festivos, sonrío pensando que sería una noche divertida aunque estuviera solo, se encamino hacía las fiestas tomando un atajo, pasó por una iglesia que estaba casi cerca de las fiestas pero un poco alejada, volteó a verla e iba a irse de paso pero inmediatamente volvió a fijar su mirada en la iglesia, en las escaleras de la entrada estaba una muchacha sentada con una mano apoyada en su barbilla, tal vez de unos 13 años, calculó el, algo en ella llamó su atención y dio unos pasos hacia la iglesia, volteando a ver por sus lados y por detrás,
Disimulando un poco, mientras se acercaba a ella, la chica aun no lo volteaba a ver aunque ya estaba subiendo sus primeros escalones, el siguió subiendo esperando que la chica lo mirara, pero nunca pasó, así que decidió hablarle.
-Buenas noches- Saludó George un poco curioso. La chica giró un poco su cabeza para mirarlo hacia arriba, primero verificando si el saludo fue a ella.
-Oh… buenas noches- Adabelle pensó que solo saludó por cortesía y volvió a fijar su mirada al frente.
-¿Estás sola?- Preguntó el muchacho para que ella volviera a fijar su atención en el, ella lo hizo pero con una ceja levantada extrañada por la pregunta.-No me malinterpretes, es solo que yo estoy solo también y me preguntaba si podrías ofrecerme un rato tu compañía- Le sonrió el muchacho, ella miró sus buenas intenciones y aunque decidió estar sola esa noche, permitió que aquel chico le hiciera compañía.
-Claro…- Medio sonrío la chica con una voz queda. El muchacho solo se sentó a lado de ella, dobló sus rodillas separadas y colocó sus brazos encima de ellas, juntando sus manos.
-Es una hermosa noche…- Comentó vagamente el muchacho, levantando un poco los hombros. Ella lo miró cuando hizo el comentario pero miró hacia delante de nuevo.
-Lo es…- contestó la muchacha vagamente al comentario de el.
El vio que la chica o era de pocas palabras o estaba deprimida por algo, tal vez las dos. Considerando lo último se levantó, la chica solo lo miró levantarse.
-Vamos- Invitó el joven dándole su mano para que ella la tomara. Ella solo miró su mano y luego miró el rostro del joven, fue cuando notó que tenía unos ojos azules como los de ella y que era apuesto, aun así, ella lo miró con interrogación dudando si aceptar la invitación.
-¿Vienes?- Insistió el joven aún con su mano al aire y su sonrisa de lado, ella miró la mano de el de nuevo, no quiso preguntar a donde, solo la tomó. El Joven sujetó su mano fuertemente para ayudarla a levantarse. Una vez que la muchacha se levantó, caminaron en dirección a las fiestas.
En la mansión Hellsing, ya habían terminado de cenar, se escuchaban risas de varios hombres casi ebrios, de tanto vino que tomaron. El único conciente era Burton quien reía solo para disimular su fastidio, miró disimuladamente a los lados queriendo investigar en la mansión.
-Richard, quisiera ir al baño, en donde se encuentra?- Preguntó astutamente Burton a su compañero ebrio de a lado.
-¡Walter!- Gritó el dueño de la mansión. Cuando en menos de dos segundos apareció el mayordomo.
-¿Si, señor?- Preguntó elegantemente a pesar del estado en que se encontraba su amo.
-Indícale al señor Burton donde esta el baño- Ordenó Richard mientras seguía en risas con los de la mesa redonda.
Burton se levantó y siguió al mayordomo, cuando caminaban por los pasillos miró que habían varias puertas y parecía que habían quitado cuadros por las manchas en la pared.
-Aquí es señor- Señalo a un lado el mayordomo a lo que Burton asintió.
-Gracias, se el camino de regreso, puedes retirarte- Le dijo Burton quien entró al baño.
-Si señor…- Walter se marchó del lugar con su porte.
Burton salió un rato después del baño, cerciorándose que no hubiera nadie ya en los pasillos, cerró con cuidado la puerta y se encaminó a buscar la oficina de Richard.
No sabía cual podría ser puesto que habían muchísimas puertas, subió las escaleras sigilosamente y vio que ahí no habían tantas puertas, en un extremo del pasillo estaban 3 puertas, dos a los lados y una al final, lo mismo en el otro extremo. Decidió irse por su izquierda, caminó y abrió la puerta que estaba en su lado izquierdo. Estaba oscuro, prendió la luz y se escuchó eco. El cuarto estaba completamente vacío. Burton bufó y apagó la luz cerrando la puerta, abrió la puerta de su lado derecho y estaba en las mismas condiciones que el otro cuarto. Cuando cerró la puerta, pensó que lo más probable era que la puerta de enfrente estaba igual, pero aun así decidió investigar.
Abrió la puerta y prendió la luz, en ese cuarto parecía que estaba apunto de tener el mismo destino que los otros dos de a lado, puesto que miró cuadros con sabanas, al igual que varios muebles. Entró y se dedicó a buscar en cajones, en partes donde podría haber algo. Lo hizo en varias partes pero no encontró nada, suspiró frustrado pero aún faltaban los demás cuartos por revisar y tenia que ser rápido para no levantar sospechas de su ausencia. Estaba apunto de salirse y apagar la luz cuando volteó por última vez y de repente miró algo debajo de la almohada de esa cama. Se dirigió rápidamente ahí y levantó la almohada, estaba una foto ahí. Cuando la observó escuchó que mencionaban su nombre abajo, preguntando donde estaba el. Supo que era Richard así que guardó la foto en su abrigo y salió de ahí inmediatamente para dirigirse al comedor.
Adabelle estaba con el joven que conoció en la iglesia, ya tenían rato en las fiestas, se habían subido a varios juegos ya, después de ahí se compraron algodones de azúcar, algo para beber, mientras caminaban por ahí, de repente haciendo paradas en conciertos que habían, danzas, teatro, lo que hubiera. Adabelle en verdad reía muchísimo con ese joven, se la estaba pasando bastante bien.
-Vamos a la rueda de la fortuna- Le dijo el joven animado mientras la tomaba de la muñeca y la llevaba hacía ahí. Adabelle se dejó y subieron al juego, cuando empezó a girar lentamente, estaban los dos sentados disfrutando de la vista.
-Nunca me había subido a estos juegos, es decir, nunca había estado en estas fiestas- Comento la muchacha animada mirando al joven, quien la miró sonriendo.
-¿De verdad? Yo he venido cientos de veces, nunca me canso- Le contestó el muchacho emocionado por ver mas animada a la muchacha.
-Supongo que no te dan miedo las alturas…- Dijo mientras miraba hacia abajo, ya que estaban en la cima. El joven solo rió por el comentario mientras columpiaba el asiento. Adabelle disfrutó aquello, como sintiéndose libre al estar tan alto y moviéndose de esa manera, reía mientras le ayudaba a mover el asiento. El joven se sorprendió por esto, pensó que por el comentario, ella le temía a las alturas, se extraño pero nunca dejo de sonreír y reírse. Cuando el juego terminó, bajaron y se dedicaron a caminar por ahí, pasando entre casas y calles.
-Demasiada adrenalina por hoy- Comentó irónicamente el muchacho mientras metía sus manos en sus bolsillos con su sonrisa de lado.
-Ya lo creo- Rió la joven mientras pasaban por el reloj gigante de Londres. Ella miró la hora y pensó que tal vez Pip estaría preocupado porque ya era tarde. El joven notó que la sonrisa de la joven desvaneció cuando miró la hora.
-¿Sucede algo?- Preguntó mirándola.
-Tengo que irme…- Le dijo simplemente la muchacha, volteó a mirarlo y le sonrió con sinceridad.- Gracias por todo, fue una noche muy agradable- Le agradeció ella, le estrecho la mano como agradecimiento. El solo asintió y en el estrecho de mano, se presentó.
-George… George Catwright- Le sonrió el muchacho aun estrechando su mano.
-Fue un placer, George- Contestó educadamente Adabelle, soltó su mano y se volteó para marcharse.
-¡Espera!- Le llamó el joven a lo que ella volteo- No me dijiste tu nombre...- Se acercó un poco el joven a ella. Ella solo sonrió levemente temiendo que dijera eso, porque no sabia su verdadero nombre si es que tuvo uno, pero aun así decidió decirle su nuevo nombre.
-Adabelle…- Le contestó con su voz queda. George sonrió.
-Adabelle… te acompañaré a tu casa, es tarde- Se ofreció George pero Adabelle negó con la cabeza ligeramente.
-Vivo cerca, no te preocupes, tengo que llegar sola…- Le contestó ella caminando ya para irse.
-Claro que no- Rió George, mientras caminaba con ella. Adabelle solo lo miró extrañada, pero decidió dejarlo que la acompañara, después de todo, pasó una gran velada con el.
Burton ya había llegado a su mansión, con paso apresurado se dirigió a su oficina, cuando llegó ahí se encerró. Sacó la fotografía de su abrigo cuando se sentó en su escritorio. En la fotografía estaba una señora de cabello rubio ondulado y corto, sonriendo con una niña como de 12 o 13 años, con el cabello rubio como su madre, pero lacio y más largo, la niña tenía ligeramente la piel del sol, dorada, con unos hermosos ojos azules cobalto, era una bellísima fotografía. Burton solo suspiró, no conocía a ninguna de esas mujeres, miró la firma al reverso de la fotografía.
''Señora y madre: Helena
Hermosa hija: Integra''
Solo eran sus nombres, no estaban sus apellidos, por lo que Burton suspiró de nuevo frustrado, pero decidió guardar la fotografía en caso de algo. En eso, decidió irse a su cuarto a descansar, salió de la oficina, subió las escaleras y en eso, escucho la puerta de la entrada abrirse. Volteó a ver hacia ahí y miró a su hijo que acababa de llegar.
-¡George!- Regaño su padre llamando su atención. El joven solo lo miró aburrido de lo que le iba a decir.
-Ese soy yo- Contestó en burla George pero cansado, dirigiéndose a su recámara.
-¿A dónde crees que vas? ¿De donde rayos vienes?- Siguió regañando Burton ante eso.
-Vengo de afuera, claro- Contestó de nuevo irónicamente el muchacho.
-Ven acá George… George!- Gritó su padre al ver que el joven no le hacia caso y se encerró en su cuarto. Bufó molesto y se dirigió mejor a descansar.
Adabelle ya estaba acostada en su estrecha cama, con su pijama lista para dormir, pero no podía, así que se incorporó pero sin levantarse de la cama, para mirar por la ventana que tenía a un lado de su cama. Miró el cielo y se mostraban unas bellísimas estrellas acompañando a la enorme luna. Sonrió inconcientemente al recordar la noche, ese chico le hizo olvidarse temporalmente de su situación, sin duda se había divertido, ella era sería a pesar de ser tan joven, de repente ella se preguntaba cual era su edad, no lo sabía, y sin embargo, rió toda la noche como nunca ella pensó que lo haría, incluso sintió que habló de más. Suspiró pensando en George ¿lo vería de nuevo? No lo sabía, pero no le desagradaría en absoluto. Escuchó como Pip se movió en la cama de a lado, lo miró y su brazo y pierna estaban salidas de la cama. Adabelle sonrió a eso y se levantó de su cama, metió el brazo de Pip al igual que su pierna y lo cubrió bien con su cobija, el simplemente se acomodó dormido. Adabelle volvió a su cama intentando dormir.
George estaba tirado en su cama pero aún vestido, pensando en la noche al igual que Adabelle, respiraba notablemente mirando el techo, en su cara se veía emoción. Sonrió sin pensar, definitivamente la vería de nuevo, jamás había sentido la necesidad de buscar una chica a su edad, pero ella era diferente. Sí, era diferente. Lo emocionó de sobremanera pensar sobre ella, con los recuerdos George reía cuando recordaba algo en específico. La vería de nuevo. Era una sentencia, de todas formas, sabía como llegar a ella.
-¿Larga noche?- Escuchó una voz ronca y de barítono George, pero no se sobresaltó, sabía de sobra de quien era.
-Al contrario, mi querido Alucard- Sonrió George de lado cerrando sus ojos con una mano volteada en su frente y la otra en su abdomen, acomodándose. El vampiro sonrió con su típica sonrisa burlona, había alcanzado a leer algunos pensamientos de su joven amo, conocía a George y sabía que el era muy libre, desobedecería a su padre con tal de estar con aquella chica de seguro y el disfrutaría cada momento de ello.
¿Oops? Bueno, aún no pasa nada interesante que digamos, pero todo a su debido tiempo (sigo con la esperanza).
Gracias por los reviews! Aún los sigo anhelando, no dejen de escribirme, cual sea su comentario, publiquenlo, dejen sus reviews sin miedo.
