Buenos días, tardes o noches, según corresponda. Es para mí un verdadero placer traerles la tercera parte de esta historia que de corazón espero este sacándoles alguna sonrisa, con este capítulo mi finalidad es la misma pero también me he vuelto un poco codiciosa. Así que si alguno cumple años además de mí, feliz cumpleaños y a disfrutar.
Gracias a todos por leer.
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III.
-Al menos se ve mejor, ayer parecía un muerto. Con ojeras y todo. Y ni hablemos del mal humor.
Comentaba Ekko mordiendo su sándwich de atún.
-No lo recordemos…
-Entonces hablemos de como todo el vecindario vio tu pijama, esa que yo te regalé…
-De acuerdo, y podemos seguir con la vez que te caíste del columpio para niños y nos hiciste jurar que no le diríamos a nadie…
Ekko soltó su sándwich escandalizado, pero la risa de Lux y Ezreal no se hizo esperar en tanto Katarina los miraba preguntándose por tercera vez que hacia allí.
Mientras los tres amigos de Luxanna discutían rompiendo sus juramentos de niños, como cada vez que algo así sucedía, Katarina se acercó a Lux y empezó a hablarle lo suficiente bajo para que las voces de los otros tres ocultaran su conversación.
-Ya sufrí ¿Puedo irme?.
-Nop. Tengo ojeras y hasta que se me quiten del todo, te quedas a comer con nosotros…
La pelirroja bufó resignada. Pensó que la terrible venganza de la cual Luxanna hablaba sería algo menos molesto, pero verse forzada a socializar la estaba desesperando. Katarina era cool por todo lo contrario, mantener ese aire de misterio e inaccesibilidad era parte de su encanto y aunque no lo necesitare en el momento tampoco podía ir por ahí perdiéndolo.
Siguieron comiendo hasta que Lux se levantó para lavarse los dientes y dejó a Katarina en la mesa terminando lo último de su soda, cuando regresó la pelirroja ya no estaba.
-Creo que solo esperaba que bajaras la guardia para escapar.
-Yep. Y me ofende un poco que nos uses para torturarla – agregó Ezreal levantándose.
Lux levantó los hombros poniendo su mejor cara de inocencia, no se preocupó por buscar a Katarina y acompaño al trío hasta los baños. Luego se encaminaron hacia las aulas llegando a la suya cuando la alarma marcaba el fin del descanso. En cinco minutos sonaría de nuevo para dar inicio a las dos últimas clases de la semana.
Tal como esperaba Katarina apareció tarde tomando asiento detrás suyo y estirándole un montón de dulces cada que la señorita Shauna giraba para explicar en el tablero. A la rubia no le gustaban mucho las golosinas y la mitad de los regalitos de su novia fueron a parar a manos de Quinn que iba apilando los empaques vacíos en una esquinita de su escritorio. Todo iba bien, hasta que Vayne se acercó al escritorio de la susodicha cruzando los brazos sobre su pecho y mirándola fijamente hasta que la chica levantó la vista reparando en ella.
-Señorita ¿Está comiendo en mi clase?
Quinn, que estaba paralizada a mitad de una mordida al caramelo, hizo lo único sensato en ese momento: esconderlo en uno de sus cachetes y fingir inocencia.
-¿No?
Vayne no tenía ni que aclarar la mentira, bastaba con ver el bultico en la mejilla de la chica y el montoncito de envolturas sorbe su escritorio para desentrañar la verdad.
-La espero después de clase en el laboratorio uno de biología señorita Bravewing, con la falta que hace un asistente para el club me alegra mucho que se ofrezca para cubrir el lugar por el resto de año. Gracias. Ahora, bote ese caramelo y preste atención a la lección.
Quinn gimió mientras la mayoría de sus compañeros rió por lo bajo, pero no se deshizo del dulce sino que le dio un par de mordidas más y masticó rápido tragándoselo de inmediato. Su último acto de rebeldía del día.
La clase continuó tan pacífica como era posible con los comentarios del joven Rammus que aún insistía en que la maestra debía separar a Lux y Katarina porque no lo dejaban concentrar, pero la señorita Vayne no tenía ningún argumento pues la parejita estaba trabajando en silencio. Algo extraño por parte de la pelirroja y le daba un poquito de mala espina, hay que admitirlo, pero si no había un motivo claro no lo haría. Así que la alarma sonó a la hora programada y los adolescentes tomaron sus mochilas para dirigirse a la última clase de la semana.
-Quinn, lo siento…
Se disculpó Lux llegando al lado de su amiga.
-Ya que, yo que pensaba llegar a ver un maratón de super sentai con mi hermano. Bueno, ¡Pero qué clase de gente sin vida se queda un viernes después de clase!
Katarina pensó en su hermanito, orgulloso miembro del club que adoraba pasar tiempo entre frascos pero no dijo nada. Escuchó y observó todo el trayecto hasta la sala de música como Luxanna y Quinn insistían con el tema. Le pareció un poco extraño que ninguna reparara en ella, es decir, indirectamente era su culpa por llevar los caramelos y quizá de Lux por darle a su amiga.
En fin, lo más importante es que la princesita rubia no parecía molesta con ella.
Una vez en la sala de música la señorita Bouvelle dejó que los adolescentes escogieran con que instrumento deseaban trabajar, ó si preferían cantar con ella alguna tonada. La mayoría de los chicos se decantó por algún instrumento, Quinn que solo sabía tocar flauta sacó la suya y empezó a tocar junto a Janna y Ashe que intentaban aprender clarinete y violín respectivamente. El joven Rammus, Irelia y Lucian se unieron a otros dos compañeros para cantar junto a la maestra. Katarina estaba por dedicarse a no hacer nada, su especialidad, cuando vio que Lux miraba a los demás sin hacer el menor esfuerzo por participar en alguna actividad.
-Rápido, escoge algo, me dan escalofríos no verte haciendo nada. No es normal.
Lux apenas si volteó a verla.
-No sé hacer nada. No puedo cantar, no sé tocar ningún instrumento y tengo dos manos izquierdas no coordino nada. Déjame en paz, ve a dormir en la parte de atrás.
Katarina sonrió ante la respuesta. Esa falta de tacto que en ocasiones manifestaba la rubia era una de las cosas que más le atraían de la chica, aunque le hizo gracia que Luxanna supiera exactamente como pasaba esas clases pues demostraba que vivía pendiente de ella.
-Bueno, sabes. Atrás, allá donde me mandas a dormir, hace un poco de frío. Me vendría bien calor humano…
Dijo eso último acercándose a la chica y tomándola por la cintura, no pretendía que fuera una propuesta pero aun así la abrazó con la cadera y la besó. Todo lo anterior sonriendo con tanta confianza que a Lux le costaba diferenciar si lo decía de broma o en serio. Aunque conociendo a su noviecita seguramente era broma, así como la mayoría de las cosas que hacía, decía o insinuaba.
-No sé hacer nada… - contestó sin apartarse del beso.
Para sorpresa de las dos fue Katarina quien interrumpió el momento y se alejó con una sonrisa pícara en busca de una guitarra. Sabía tocar porque su padre le enseñó, antes de que se convirtiera en un espectro en su vida pero esa era harina de otro costal y mejor ignorarlo, no había que amargarse el momento pensando en su progenitor. Al regresar Lux la esperaba sentada en una de las bancas alejada de todo el mundo; Katarina no tomaba a la chica por tímida pero resultaba que lo era cuando se veía forzada a realizar actividades en las que se juzgaba un fracaso.
-A ver… hazte un poco adelante y más al borde. Me sentaré atrás y te voy a guiar, es sencillo.
Katarina le entregó el instrumento en tanto se acomodaba contra su espalda quedando Luxanna sentada entre sus piernas. Pasó ambos brazos por el frente de la rubia para acomodar la guitarra entre las manos de Lux que la dejaba hacer sin protestar, algo muy raro en ella.
-Coloca los dedos como yo. ¿De acuerdo?.
La rubia hizo como Katarina le pedía y colocó su mano en posición, pero con serias dudas sobre los resultados que esta esperaba. Ya era un hecho conocido, y comprobado hasta el cansancio, que Luxanna no tenía talento para ningún arte.
-Bien, ahora con la yema toca suavemente las cuerdas. Aplica presión pero no te lastimes los dedos.
Luxanna se concentró en aplicar la presión necesaria sin descolocarlos de sus posiciones, luego observó como Katarina tomaba su mano derecha colocándola sobre la parte baja de las cuerdas justo al lado de la suya.
-Ahora, con esta mano vas a pasar los dedos suavemente sobre las cuerdas.
La rubia obedeció, con cuidado acarició las seis cuerdas bajo sus yemas y sonrió ante el leve cosquilleó que le produjo. Se giró para mirar a Katarina que también sonreía, luego repitió la acción con mayor presión y se maravilló cuando el instrumento produjo un sonido agradable. La alegría en su rostro contagió de inmediato a la pelirroja quien con cuidado cambió la posición de sus dedos sobre la parte superior y esperó que Lux la siguiera, pero por iniciativa propia la rubia rozo las cuerdas inferiores con más fuerza. Continuaron así durante unos minutos, Luxanna estaba verdaderamente fascinada con lo que era capaz de producir solo con el roce sobre las seis cuerdas metálicas, era muy bonito y tener a Katarina susurrándole en el oído lo bien que lo estaba haciendo solo incrementaba su dicha.
Desde el piano la Señora Bouvelle observaba a la parejita con gran atención pues si bien la mayoría de sus compañeros docentes opinaba que Katarina era una desgracia y Luxanna un genio, para ella era más bien al revés. No hay que mal interpretar, Luxanna era una excelente estudiante pero en cuanto al arte era nula y era el caso contrario con Katarina cuyas notas no superaban lo necesario para aprobar pero siempre se interesó por la música y el dibujo. Además, verlas sumergidas en su mundito ignorando el que seguía girando a su alrededor le recordaba su propio romance con su querido esposo y aquello la hacía sonreír. Claro, las acusaciones del joven Rammus la tenían un poquito harta, pero ella era una experta en domar criaturitas salvajes y bastaba uno de sus gestos para el muchacho se mantuviera relativamente concentrado en el canto. A su modo de ver, las dos señoritas hacían una linda pareja aunque medio extraña a los ojos de un buen número de personas.
Con un vistazo rápido observó al resto de sus alumnos comprobando satisfecha que ninguno estaba por allí haciendo nada, bueno si estaba ocupada Katarina eso ya reducía las posibilidades dramáticamente, y entre los pequeños grupos que se formaron en el aula comprobó lo heterogéneos que eran. Para empezar, los tres adolescentes que cantaban al ritmo de su tonada no podían ser más distintos entre ellos.
El joven Rammus por ejemplo, era de baja estatura, gordito, de enormes ojos castaños y cara redonda. Se peinaba el cabello rubio con una cantidad alarmante de gel hasta que lograba hacerse unas puntas en toda la cabeza de las que andaba siempre muy orgulloso. Era muy activo, disfrutaba ser el centro de atención de la clase, le encantaba fomentar el desorden y no perdía una sola oportunidad para hacer comentarios fuera de lugar. Se sabía que estaba muy enamorado de Rek'Sai, una introvertida estudiante del segundo grado, pero con todo lo escandaloso que era no se había atrevido a cruzar más de que un puñado de frases con la muchacha. Bueno, eso y que por alguna misteriosa razón los dos hermanos Sandstorm de último año parecían estar interesados en la jovencita. Y Sona suponía que el joven Rammus sentía no tener la menor oportunidad con la muchacha.
Después estaba el joven Lucian Purifier, un chico bien parecido y alto como un poste de electricidad. Su tez oscura contrastaba con esos ojos azulados y los dientes blanquísimos que al sonreír provocaba suspiros en más de una de sus compañeras, pero era bien conocido que el muchacho era un caballero con todas sin darle esperanza a ninguna. Él había expresado en más de una ocasión que por el momento su único interés eran sus estudios, deseaba entrar a una buena universidad y llegar tan lejos como su ingenio le permitiera. La maestra no tenía dudas de que así sería, el chico era dedicado y trabajador, dos cualidades que son de gran importancia para lograr las metas que uno se propone, pero, y era el mayor problema, también era demasiado correcto y en ocasiones ingenuo. Quizá su buen amigo le podía ayudar a espabilar un poquito, así el mundo no lo atropellaría tan fuerte como otros soñadores antes que él.
Y la única chica del grupo allí reunido: Irelia Lito, hija de un reconocido empresario automotriz y hermana de uno de los más queridos egresados de la academia. Tal como su padre y hermano antes que ella, había tomado un lugar en el consejo estudiantil aunque no la posición de presidenta como todos pensaban. Tenía la piel blanquísima que contrastaba con su largo cabello negro y sus oscuros ojos verdes, las facciones de su rostro eran bien definidas y una de las razones por las cuales muchas de sus admiradoras decían que ese rostro fue esculpido en mármol. Era una estudiante sobresaliente, una líder natural y reconocida en la comunidad estudiantil como la persona a la cual acudir si tenías alguna dificultad. Con esas cualidades muchos se rompían la cabeza intentando descifrar como una chica tan agradable estaba enamorada de Syndra Rahee la presumida y sangrona presidenta, que en primer lugar ya era un misterio como llegó a ocupar el cargo. Aunque eso pertenecía a un tema diferente, a Sona si le parecía que Irelia podía tener una relación de verdad, no eso intermitente que esas dos señoritas llevaban donde una semana estaban bien, la siguiente separadas y después ni ellas daban razón.
Pero bueno, la juventud era una época preciosa, para cometer uno que otro error y aprender a no caer dos veces con la misma piedra por lo que incluso los emparejamientos más raros de la academia le parecían a la maestra un escalón más en el largo camino de los adolescentes. Con todo y eso, le hacía ilusión que entre Katarina y Luxanna se cimentara algo duradero pues, para empezar, le parecían de lo más adorable juntas e igualmente tenían un cierto grado de buena influencia mutua. Pero sobre todo lo primero, a veces cuando las veía recordaba alguna de las parejitas de anime que tanto le gustaban cuando era joven.
De regreso con la feliz pareja, Luxanna atendía con gran concentración las instrucciones de su pelirroja novia quién sonreía ante el tremendo esfuerzo que la chica hacía por seguir su ritmo. Claro que Katarina había seleccionado una tonada con nivel básico, quizá Lux no comprendía bien el ritmo y no fuera de las personas que podían aprender a tocar guiándose por el sonido, pero sí que lograba aprender una secuencia y reproducirla con menos errores cada vez. De a poquitos Lux iba encontrando el balance entre la fuerza de sus dedos sobre las cuerdas y el barrido necesario para hacerlas vibrar sin que al cambiar sus dedos de posición destruyera la armonía de la melodía.
-Lo haces bien. ¿Quieres intentarlo sola?.
-No… no. Aún no…
-Bueno. Entonces ahora intenta con esta secuencia…
Continuaron con la lección, Katarina demostraba un trozo de la nueva melodía y Lux iba poco a poco aprendiendo cada fragmento. Lo suficiente lejos para no ser escuchadas, Ashe, Quinn y Janna practicaban con sus instrumentos aunque la última se había detenido hacía unos minutos para observar a la parejita interactuar.
-¿No se ven lindas?
Las otras dos chicas dejaron de tocar para mirar en la dirección que Janna marcaba, justo cuando Luxanna reía por alguna ocurrencia de Katarina y esta se acercaba para darle un beso en la mejilla. Aquello provocó que Janna dejara escapar un suspiro.
-A veces me dan envidia. Sin ofender sé que Lux es tu mejor amiga Quinn pero a veces me parece irreal…
-A los chicos también les parece mentira aunque ya nos hicimos a la idea. Además, da un poco de cosa ver al demonio portándose tan…
-¿Adorable? – sugirió Janna sin apartar la vista de las chicas.
-Iba a decir melosa, pero supongo que algunas personas lo ven así.
Ashe aprovechó el momento para intervenir.
-Katarina puede ser muy agradable cuando quiere, no creo que es para sorprenderse tanto…
-Ah, pues tú debes saber, se la pasaba coqueteando contigo.
Aquello era parcialmente cierto. Katarina si le decía un montón de cosas al oído en esos días, pero las dos sabían que no eran ni la mitad en serio de lo que podían insinuar la pelirroja y Ashe no cedería a sus pretensiones. De modo que era como un jueguito relativamente inocente que las mantenía distraídas del tedio académico.
-Es posible, como dije, ella puede ser un verdadero encanto si se lo propone, pero creo que va más allá esta vez. Se ve muy cómoda, feliz diría yo. No parece que le cueste mucho portarse así con Lux y, como alguien que estuvo con en la misma aula que Nidalee y ella el año pasado puedo dar testimonio de las diferencias.
Las dos chicas permanecieron en silencio, contemplando a sus compañeras intercambiar sonrisas y uno que otro beso mientras Ashe retomaba la melodía y dejaba el tema de lado para concentrarse en su práctica.
-Quinn ¿Te puedo preguntar algo?.
-Supongo…
-¿Hay alguien que te guste? – dijo Janna sin mirar a la chica.
Quinn le miró directamente y giró un poco la cabeza pensando si existía tal persona. Había gente que le agradaba muchísimo, como la maestra Friora ó la señorita Caitlyn. Otras por las cuales sentía un cariño especial y profundo como Lux, Ekko o Ezreal y por supuesto estaba su hermano y sus padres. Pero no lograba imaginarse interesada en besar a ninguno de sus amigos o a cualquiera de sus maestras, por lo que respondió que no y se dispuso a volver a su flauta.
-¿Y tú Ashe?. Si no te gusta Katarina…
-Si, hay alguien que me gusta mucho. De hecho, estoy saliendo con esta persona. Y no, no estudia en la academia, es unos años mayor y nos conocimos por puro accidente.
Ashe no gustaba de exponer al escrutinio público su relación pero si Janna no insistía bien podía aprovechar para dejar en claro que entre ella y Katarina nunca hubo nada.
-¿Eh? ¿No es Tryndamere el que te gusta? – preguntó Quinn interrumpiéndose a mitad de una nota.
-¿El tipo de ultimo año que siempre busca alguna excusa para estar sin camiseta? – agregó Janna mirando a sus dos interlocutoras.
Quinn asintió, aunque era muy difícil equivocarse de persona con ese nombre y todos los rumores que el mismo empezaba.
-Por supuesto que no.
-Pues él estaba diciendo, no hace mucho, que salía con alguien pero en secreto porque como es tan popular no quería que sus fans se metieran con su chica. Más o menos era la tuya la descripción que daba, nadie lo dice directamente porque amenazó que si escucha algún rumor circulando le rompía la cara al que fuera pero…
Escandalizada Ashe se apresuró a negar cualquier posible relación con el sujeto. Estaba argumentando que existían más posibilidades de que ella se fuera de voluntaria a una misión espacial a Plutón que pasar por la tortura de besarlo, aunque fuere en la mejilla, cuando se escucharon un par de golpes secos en la puerta.
La señora Bouvelle dejó su lugar en el piano para dirigirse hasta la puerta y girar el pomo abriendo la puerta despacio. Al otro lado, todos, y algunos mejor que otros, observaron a la infame presidenta estudiantil sonreír a la maestra y preguntar si era posible que Irelia asistiera a una reunión de carácter urgente. Sona no vio problema alguno, por lo que la señorita Lito caminó hasta la entrada dispuesta a partir, pero el buen Rammus no la dejaría irse sin más.
El chico se apresuró a exponer su cuello de un tirón a su corbata y despedirse de Irelia deseándole la mejor de las suertes en su reunión frotándose la piel expuesta de forma exagerada. La maestra pareció no entender el gesto y le miró extrañada, pero las risas del resto de la clase y la mirada mortificada de la vicepresidenta le dieron una buena idea de que insinuaba el muchacho. Por su parte Syndra levantó una de sus perfectamente depiladas cejas a manera de pregunta, pero su segunda solo negó con la cabeza intentando restarle toda importancia al incidente y cerrando la puerta al momento de colocar sus dos pies fuera.
Las risas por lo frustrada y avergonzada que se veía su compañera no se hicieron esperar, tampoco las insinuaciones que Rammus hacía con toda la inocencia que podía fingir. Sin embargo, Lux no reía y Katarina al notar la anomalía le miró desde el costado dispuesta a recordarle que se trataba de una broma. Pero de repente Luxanna se giró para verla directamente a los ojos, olvidándose por completo del instrumento que aún abrazaba.
-¿Tú crees que sea una reunión de verdad o solo van a…?
Ahora fue el turno de Katarina para arquear su ceja izquierda ante el interrogante de la rubia. Con toda sinceridad, no creía que Lux se pudiera tomar en serio las burradas que producía Rammus. Pero, con todo y ello, se le ocurrió una manera de matar el tiempo de clase que les restaba, pasarlo con Luxanna y encima tener la suficiente privacidad para darle los besos que no iba a poder durante el fin de semana.
-¿Quieres saber?
Luxanna miró a la pelirroja como si acabara de proponerle acabar con el mundo pero no respondió de inmediato. Se tomó unos cuantos segundos para reflexionar. Se preguntó muy seriamente si satisfacer su curiosidad valía la pena arriesgarse con lo que sea que Katarina tuviera en mente, pero más importante era plantearse si no se trataba de alguna broma. De modo que el primer paso era comprobar que no fueran palabras vacías.
-¿Cómo?
-Fácil, salimos y las seguimos.
-Pero si van a la sala del consejo no vamos a poder seguirlas allí, no es como que les pedimos que nos dejen entrar ¿Verdad?
Katarina sonrió ante la impecable e inocente lógica de la rubia. Por supuesto que no, no estaba estipulado en ningún lado que los estudiantes quedaren por completo excluidos de las sesiones del consejo estudiantil, pero si podían reservarse el derecho de admisión.
-Mira Lux, la sala del consejo está en un segundo piso y las ventanas dan al jardín. Ese lleno de árboles grandes, ramas fuertes y hojas abundantes…
-¿Nos vamos a subir a un árbol para espiarlas?
Katarina asintió haciendo un enorme esfuerzo por no reír ante la cara de Luxanna, que no decidía si escandalizarse o aceptar que era algo que Katarina haría. Decantándose por lo segundo se acercó para mirarla con los ojos entrecerrados.
-¿Y si nos ven?
-No van a vernos, tranquila. Tampoco es un balcón de primera clase, pero puedes salir de dudas. A ti que te gusta tanto saberlo todo…
Luxanna sabía que era una pésima idea, sobre todo con la mala fama que tenía la presidenta pero si le daba mucha curiosidad saber porque los rumores que circulaban entre las dos chicas eran de lo más colorido. Por una parte, había quienes aseguraban que era Syndra quién no se cansaba de perseguir a la vicepresidenta quien producto de su naturaleza amable y gentil era incapaz de rechazarla como es debido. Por otro lado, los más extremos aseguraban que era Irelia quién no lograba despegarse de la presidenta porque toda esa fachada escondía una chica muy diferente, una que le gustaba… bueno, cosas que a Lux le provocaban repelús. En fin, su naturaleza fue más fuerte y terminó asintiendo suavecito.
Katarina sonrió y se levantó llevándose consigo la guitarra, la colocó en su lugar y luego fue hacía la Señora Bouvelle quien luego de un corto intercambio de palabras sonrió asintiendo. Cuando regresó la pelirroja la tomó de la mano y con una sonrisa misteriosa le guiñó un ojo para llevarla hacía la salida, antes de que Katarina pudiera terminar de cerrarla tras ellas el joven Rammus alcanzó a preguntar si también iban a la reunión. Aunque Lux no podía ver a sus compañeros estaba segura que el escándalo no pararía allí, si algo se le daba bien al chico era avergonzar a los demás.
Una vez en el pasillo Lux miró a su novia deteniendo el paso con un tirón lo suficiente fuerte.
-¿Cómo?
-Solo sígueme…
Katarina fue delante, llegó a las escaleras y rápidamente subió lo suficiente sin hacer ruido para ver como Syndra e Irelia golpeaban la puerta del salón de arte. Sonriendo se giró hacía Lux y le hizo una señal para que bajara, la rubia la miró con cierta desconfianza pero igual lo hizo y esperó en el primer piso tan solo unos segundos hasta que Katarina estuviera a su lado.
-Ven. ¿Por qué estás tan nerviosa?
Luxanna no respondió pero se agarró al brazo de Katarina mientras continuaban por el pasillo hacía la salida, pero en lugar de desviarse por el primer caminó para salir del edificio Katarina continuó caminando y no se detuvo a pesar que Lux se quedó atrás. ¿Qué le pasaba?. Estaba de un misterio y falta de comunicación.
Katarina se detuvo frente a la expendedora de refrescos, escogió un té helado para ella y la infame soda de piña para su rubiecita que la miraba impaciente metros atrás. La pelirroja sonrió, le encantaba cambiarle los planes a Luxanna solo por ver los pucheros que hacía, justo como el que tenía en ese momento y también el movimiento impaciente de su pie. Se veía linda. Sin embargo, por mucho que le gustara, tenía solo algunos minutos más por lo que regresó con la rubia y caminaron hacia el exterior.
Después de dar un par de vueltecitas llegaron a la parte posterior del edificio, desde allí podía verse una tupida línea de árboles que separaba el edificio principal de secundaria de la zona que aún no se decidían a construir. Katarina le pasó los dos refrescos a Lux mientras elegía cual roble ofrecía una mejor vista de la sala del consejo, el tercero a su derecha parecía ser el más apropiado así que se paró frente al tronco, lo rodeó y tomando apenas impulso brincó apoyándose con la pierna derecha para saltar lo suficiente alto y sujetarse de la rama. Después utilizó la fuerza de sus brazos para subirse y se giró para sonreír satisfecha con su trabajo, pero Lux le observaba desde el suelo con desdén. Katarina se preguntó qué debía hacer para impresionar a la chica, ¡Si ese truco funcionaba con la mayoría!. A todas les gustaba una pareja en buena forma ¿No?.
-¿Y cómo voy a subir?
-A ver, dame los refrescos y da la vuelta por este lado…
Luxanna lanzo la primera lata, la cual le pasó varios metros por encima a Katarina y rebotó en una rama precipitándose al suelo. La pelirroja rió pero atrapó la segunda que Luxanna le tiró con clara intención de darle en la cabeza y le guiñó un ojo al ver como la chica se lamentaba, por supuesto todo muy en broma. En fin, después de un par de intentos más Lux logró lanzar el segundo refresco con la precisión necesaria para que Katarina lo atrapara sin arriesgar una caída. Con la primera parte de la tarea completada la rubia se posicionó justo dónde su novia le señalaba y levantó los brazos, Katarina rió y se apuntaló lo mejor que pudo entre el tronco y su rama. Lux sintió el empujón pegando un gritico al comprobar como la fuerza que ejercía Karina era suficiente para obligarla a ponerse de puntillas, por instinto se acercó al troncó y utilizó sus piernas para subir por el mismo hasta que logró sujetarse de la misma rama que la pelirroja. Luego, de alguna forma entre las dos lograron que terminara por acomodarse.
-Bien, ahora. La segunda sala es la del consejo. Ya puedes espiar todo lo que quieras.
Luxanna le pegó con el refresco en el hombro pero se acomodó de todas formas y ni se molestó en responder a sus siguientes comentarios, quitó el seguro de su soda y empezó a beber. Katarina se sentó a su lado pero mirando en otra dirección, pues a pesar de no verse muy bien al fondo alcanzaba a distraer la vista con el entrenamiento del club de futbol. No que a ella le gustara mucho el deporte, pero no tenía mucho interés en averiguar que se hacían la presidenta y la vicepresidenta en la sala del consejo. Además, habían ido por la secretaria y quizá un par de representantes por lo que la reunión si era real.
Cual fuera el caso, Katarina agudizó la vista y dio un par de sorbos a su té disfrutando la sensación de frescura que le produjo; Lux, por su parte, esperaba con mucha paciencia que algo ocurriera.
Pasaron un par de minutos hasta que por fin la puerta se abrió, Irelia entró primero llevando en sus manos un montón de latas que ordenó sobre la mesa más cercana. Luego entró la presidenta con un contenedor que descargó a un lado y regresó para cerrar la puerta. Provisiones, la reunión no solo era real, sino que, según parecía, iba para largo. Un poquito decepcionada Luxanna se disponía a girarse cuando observó la sonrisa que se dibujó en los labios de la presidenta.
No le dieron mucho tiempo, Syndra se acercó a la vicepresidenta y la besó con una pasión que Lux solo había visto en televisión y no que viera mucha. Irelia por su parte levantó a la presidenta mientras respondía el gesto con mayor ahínco, pronto Luxanna atestiguaba una demostración nada inocente de lo mucho que se podían besar dos personas, mientras sus manos iba de aquí para allá tocando con cierta desesperación. Desde su posición no lograba ver dónde había ido a parar la mano derecha de la presidenta pero por la reacción de Irelia, no hacía falta ser muy inteligente par inferirlo. Sin proponérselo Luxanna se encontró imposibilitada para apartar la vista y, de repente, le parecía que hacía un calor infernal.
Irelia no se quedó quieta por mucho tiempo, rompió el intenso beso para girarse y tomar con ambas manos los muslos de la presidente a quien levantó sin demasiado esfuerzo del suelo para sentarla en la mesa al lado de las latas. Sin perder un segundo se acomodó entre sus piernas para volver a besarla solo un par de veces antes de cambiar de objetivo y atacar el cuello apenas expuesto, mientras Syndra hacía la cabeza hacía tras la mano derecha de Irelia subió para deshacer el nudo de su cinta dejando más piel a la merced de su boca. Con la misma mano empezó a acariciar el seno izquierdo de la presidenta quién ya no era capaz de mantener los ojos abiertos y se movía lentamente al ritmo que marcaba la mano de Irelia.
A pesar de la distancia y de que no era a ella a quien tocaban Luxanna parecía sentir los efectos secundarios, pasaba saliva con dificultad, sentía más calor del que debía y en zonas que era mejor no mencionar. Pero mientras Lux sufría sin poder quitar sus lindos ojitos de la parejita Katarina tomaba su té disfrutando del clima sin enterarse de la oportunidad que se perdía. Aunque si le parecía sospechoso que estuviera tan calladita.
Entre tanto en la sala del consejo, la vicepresidenta estaba colando su mano diestra por debajo de la camisa de Syndra que le facilitaba la tarea girándose lo justo para permitirle el paso sin que fuera necesario removerle la ropa. Ante la mirada atónita y medio desenfocada de la inocente Luxanna, Irelia levantó de un solo movimiento la camisa y el sujetador de su compañera quién se dejó caer sobre la mesa con una sonrisa satisfecha. Sin perder tiempo la menor de la casa Lito deslizó su rostro desde el cuello de la chica hasta su pecho y dejo que su lengua se posara suavemente sobre el pezón endurecido segundos antes de atraparlo entre sus labios, la reacción de la presidenta fue tomar ambas manos y enredar sus dedos en el cabello de Irelia quién continuó con su labor al tiempo que empezaba a levantarle la falda.
Luxanna necesitaba mirar a otro lado ¡Dónde fuera!. Se decía desesperadamente, la temperatura ya le estaba subiendo mucho y comenzaba a descubrir urgencias que no estaba segura querer explorar, al menos no de manera consciente porque con el calorcito que la apresuraba en ese momento era lo más se le antojaba. Pero no, Lux debía ser fuerte, debía mantener la compostura, debía ¡Mirar para otro lado de una buena vez!. Lo logró, giró la cara y se topó con Katarina bebiendo un trago de su té con la suerte que unas góticas se le escaparon y bajaron por su mandíbula, pasaron por su largo cuello y se perdieron por ahí abajo. Aquello causó que la mente de Lux la traicionara y un reemplazo de la escena anterior sucedió a la velocidad de la luz en su cabeza, girando de nuevo la vista como si su vida dependiera de ello Luxanna se topó otra vez con la sala del consejo. Tardó un par de segundos en darse cuenta que no veía a la vicepresidenta hasta que siguiendo los brazos de Syndra la descubrió. Bueno, más o menos.
Katarina escuchó una rara mezcla entre grito y gemino ahogado a su lado, más sorprendida que asustada giró el rostro para ver a Luxanna. Lo que encontró fue a la rubia con los ojos levemente dilatados, las mejillas sonrojadas y la respiración agitada, pero no tuvo tiempo de preguntar qué pasaba porque al verla pasar saliva despacio hizo un movimiento todavía más raro con su cuello y siguiendo su línea de visión entendió que ocurría.
En la honorabilísima sala del consejo, la distinguida presidenta reposaba sobre una de las mesas con la ropa levantada y los pechos expuestos. Al seguir el camino de sus brazos, se topaba el espectador con los negros cabellos de la vicepresidenta, quién estaba muy ocupada trabajando arduamente, con la cabeza entre las piernas de su jefa.
Actuando a gran velocidad Katarina dejó caer el té, pasó las piernas por encima de la rama y se posicionó para tapar con su mano diestra los ojos de Luxanna que dejó escapar un leve quejido cuando le obstaculizaron el panorama. En el piloto automático en el que se encontraba estaba por quejarse, cuando sintió un empujón que la desbalanceó lo suficiente para caer del árbol y gritó a la vez que algo paraba su poca agraciada caída. Sin querer arriesgar demasiado Katarina giró con Luxanna aún encima hasta quedar perfectamente escondida tras el tronco del árbol y se aseguró de no delatar su posición antes de fijar la vista en la rubia bajo ella.
Lo primero que se le vino a la mente fueron los ojos de Lux, la intensidad con la cual se clavaban en ella y como respiraba algo agitada con los labios entre abiertos. Fue el turno de Katarina para pasar saliva, se evaluó a sí misma sobre Luxanna y lo sencillo que podía resultar todo, en la condición de la rubia si la besaba un par de veces, si la incitaba tan solo un poquito sería suficiente para hacerla terminar de perder la compostura. Y Katarina lo consideró, se tentó pero no cedió. Aunque sonrió acariciando con la yema de sus dedos la mejilla acalorada de Lux y la besó despacio, lo hizo sin ninguna prisa ni intención secundaría hasta que la rubia recuperó el ritmo normal de su respiración y sus ojos volvieron a ser del color que a ella le gustaban. Oscurecidos por el deseo también le parecían lindos, no lo negaba, pero no producto de ver a su compañera de clase arrodillada y atareada con la presidenta del consejo. Si Luxanna se iba a poner así, Katarina quería que fuera por ella, por lo que le dijera y le hiciera ella, solo ella.
-¿Mejor?
Lux no respondió de inmediato sino que se tomó algunos segundos para asentir y enderezarse una vez que Katarina se hizo a un lado.
-Fue una mala idea. Muy, muy mala.
Katarina rió.
-Kata… creo que no podré volver a mirarla a los ojos. Cada vez que la vea voy a… voy…
Pero el demonio pelirrojo no la dejó terminar y la tomó por la nuca acercándose para besarla otra vez, Lux se abrazó a ella respondiendo de inmediato. Se quedaron así hasta que la alarma sonó anunciando el final de la jornada, solo entonces se separaron y caminaron de regreso al aula en busca de sus cosas para reunirse minutos después con los amigos de Luxanna.
Durante el trayecto hasta la estación de bus hablaron poco, Lux aún necesitaba procesar todo lo ocurrido y sobre todo entender un poquito las reacciones de su cuerpo y mente. No creía que fuera anormal, en teoría estaba en una edad en que ese tipo de respuestas concordaba con el alborote hormonal. Pero una cosa es leerlo en un texto aprobado por el ministerio de educación y otra era vivirlo en carne propia, aún sentía el fantasma de la excitación recorriéndole el cuerpo. Que por cierto insistía en despertarse cada que miraba a Katarina, pues aunque parecía mentira solo en ese momento se daba verdadera cuenta de lo atractiva que era su novia.
Había que ser medio idiota para no notarlo, o Luxanna no se fijaba en esas cosas lo suficiente. Para empezar, Katarina tenía unos ojos preciosos, de un verde brillante y oscuro que contrastaba con la pálida y delicada piel de su rostro, todo enmarcado por un largo y rojizo cabello. Su nariz bien definida, las líneas de su mandíbula y esas cejas que le conferían una picardía natural, en especial cuando hacía gala de sus habilidades y levantaba solo la izquierda. O sus labios delgados pero carnosos, rosados y provocativos cuando se curvaban en una triunfante sonrisa. ¡Dios, si era guapísima!. Ahora, podía también hacer un detalladísimo análisis del cuerpo que acompañaba ese rostro, pero bastaba con decir en ese momento solo se le ocurría perfecto para describirlo. Sus piernas largas, su cadera estrecha, su complexión delgada pero con una tonificada capa de musculatura y más arriba, allí dónde Luxanna empezaba a sentirse agitada por segunda vez en esa tarde, Katarina estaba bien dotada.
En tanto Lux luchaba por aplacar el despertar de su instinto sexual Katarina contenía la risa en un intento por facilitarle la labor. Pero no podía dejar de pensar lo guapa que era la rubia que caminaba a su lado, en especial cuando el color se le subía hasta las orejas y cerraba los ojos con fuerza meneando la cabeza con determinación. Katarina no se sorprendió con la despedida un poco seca de Luxanna, sonrió y la besó un par de veces antes de alejarse en la dirección contraria.
Esa noche, ya en la seguridad de su cama Katarina intentó recrear el rostro ofuscado de Lux con sus lápices y para cuando terminó el reloj marcaba más de las tres de la madrugada. Cansada dio un último vistazo a su trabajo comprobando que si bien era un bonito retrato, palidecía al contrastar con realidad de carne y hueso. Deseó que los dos días de receso pasaran rápido para verla y besarla de nuevo, sonrió. Antes de que el sueño la reclamara por completo, pensó en cómo le afectaba Luxanna pues si se hubiera tratado de otra persona quizá no hubiera desaprovechado la oportunidad.
La cuestión era, en palabras simples, que Katarina DuCouteau se estaba enamorando y Luxanna Crownward empezaba a aceptarlo.
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Pensar que en el borrador original esta hermosa escena no existía, más bien era entre Lux y Katarina pero afortunadamente decidí descartar esa idea. Los veo en quince días :3.
