Los personajes no me pertenecen. Son del gran Tite Kubo. Yo sólo los uso un poco para diversión mía y de los lectores.
Mi delirio
¿Escucharon alguna vez la frase "es peor el remedio que la enfermedad"?
Nunca se han preguntado cómo esa inocente y antigua frase puede aplicarse en la vida de las personas. Cómo la solución de algunos de nuestros problemas puede provocarnos más problemas que el problema mismo.
Si nunca vivieron una situación igual o si no tienen ni la más mínima idea de lo que se refiere esta frase, presten atención que nuestro héroe Ichigo Kurosaki nos va a mostrar en carne propia como se volvió loco gracias a su remedio, Rukia Kuchiki.
Después de eliminar al hollow y de tener su típica pelea de reencuentro, los dos shinigami se dirigieron hacia su hogar para tener un merecido descanso.
Ichigo ya se encontraba en su cuerpo, lo había dejo escondido entre unos árboles cerca del terreno donde estaba el ser, pero Rukia seguía en su forma espiritual, todavía con su traje mojado provocando una seria pelea interna en nuestra fresa.
"No mires hacia abajo, no mires hacia abajo" Como si fuera un mantra se repetía Ichigo en su cabeza mientras tenía una rígida mirada al frente. Su cuello se encontraba firme y sus puños fuertemente cerrados demostrando el esfuerzo que estaba haciendo para mantener su vista en cualquier ángulo que no sea el de su acompañante, pero era muy complicado cuando todo sus células le pedían por una pequeña inclinación de su cabeza, por una discreta y veloz mirada hacia un posible paraíso.
Si en un principio su cuerpo había respondido de manera eficiente a la figura remarcada de su nakama, gracias a la diferencia de estaturas Ichigo tenía una vista privilegiada de la anatomía superior de su amiga, solo debía mover un poco su cabeza para ver lo que muchos consideraban imperceptible pero en estas circunstancia se podía ver que no era tan así.
Incluso Zangetsu/hollow le animaba para que mueva su cabeza solo un poquito para poder apreciar el escote de la vestimenta de la shinigami, que se encontraba pegado a su pecho revelando más de lo apropiado según él. Por fortuna, como era un espíritu nadie podía verla porque sino ya habría uno que otro hospitalizado por ver, de la misma manera que él, a Rukia, nadie podía verla así, solo él.
"Quien se atreva conocerá a Zangetsu" Pensó cruelmente mientras innumerables ideas de matar pasaban por su mente y una sonrisa muy parecida a la de su hollow se reflejaba en su cara.
- ¿De qué te ríes?- pregunto Rukia intrigada por esa rara sonrisa, le recordaba mucho al hollow interno de Ichigo. Este al verse descubierto por Rukia volteo su rostro, ya recompuesto, para verla pero en un microsegundo vuelve la mirada al frente, un poco más y todo su esfuerzo se iba al carajo.
- N-Nada… ¿Dónde dejaste tu gigai?- pregunto un sonrojado Ichigo desviando su mirada un poco más, luego de ese desliz su resistencia estaba algo debilitada.
- En casa de Urahara, como apenas llegue sentí al hollow no tuve tiempo de pedirle mi gigai- explico Rukia mientras mirada extrañada a su amigo que fruncía cada vez más su ceño en muestra de clara molestia.
Y claro que estaba molesto, desde un principio se dio cuenta que la situación iba a ser difícil para él pero, después de su mísero error, el tener que evitar ver a su compañera, y cierta parte de ella, hasta llegar a la casa del sombrerero loco le sería verdaderamente difícil e irritante.
- Tranquilo mi rey… ¿por qué no mejor disfrutas del paisaje el resto del camino? Se ve muy… apetitoso…- y mediante una especie de pantalla en la mente de Ichigo su hollow apuntaba hacia el pecho de Rukia, marcado por los contornos de su escote. Esta imagen es la misma que Ichigo vio cuando miró por accidente a Rukia.
"Desgraciado" Pensaba molesto mientras gruñía internamente. "La amenaza de muerte también te incluye maldito… por muy espada mi que seas"
Sip, Ichigo Kurosaki protege y cela a su chica incluso de los ojos de sus otras partes… por muy extraño que suene…
-o-
- Ya volviste Kuchiki-san... ¡Oh, tanto tiempo Kurosaki-san!- exclamo Urahara, que se encontraba como de costumbre sentado tranquilamente en la entrada de su tienda- Que mal amigo eres Kurosaki-san, solo viene a visitarnos cuando cierta dama de la nobleza se encuentra este humilde establecimiento- exclamo dramáticamente el rubio, Ichigo solo enrojeció de rabia ante ese comentario.
Como se le ocurre quemarlo de esa manera… ¡Y en frente de Rukia! Por suerte parece que ella no prestó atención, ya estaba acostumbrada a los comentarios malintencionados del rubio.
- Urahara ¿Dónde está mi gigai?- intervino Rukia antes de que Ichigo comenzara con una de sus peleas con el tendero.
- Por aquí Kuchiki-san- señalando una habitación- Kurosaki-san ¿puedes esperar en la sala? Tengo algunas cosas que explicarle a Kuchiki-san. Enseguida mando a Tessai con algunos bocadillos- le dijo al pelinaranja dejándolo extrañado.
- ¿Y por qué no puedo ir con ustedes?... ¿No pensaras utilizar a Rukia para algunos de tus locos inventos de nuevo, verdad?- pregunto Ichigo mientras comenzaba a molestarse.
Por muy buen amigo que sea de ellos y todas las aventuras que pasaron juntos Ichigo siempre tomaba ciertas precauciones cuando se trataba de los artefactos que creó Urahara para Rukia, todavía no olvidaba que fue él quien metió ese aparato tan peligroso y codiciado por Aizen en el alma de Rukia, casi provoca que la maten.
- ¡Kurosaki-san! ¿Cómo osas acusar de algo así a este noble, humilde y sexy tendero?- antes de que Ichigo diga algo siguió- No tengo ningún problema con que nos acompañes… pero creo que al capitán Kuchiki no le gustará saber que viste a su hermanita como Kami-sama la trajo al mundo- concluyo con su abanico escondiendo su rostro y su perversa sonrisa.
Blanco, un blanco inmaculado era el rostro de nuestro sustituto ante el pensamiento de la espada del capitán del 6 escuadrón clamando venganza ante un hecho semejante, el terror que le invadió a Ichigo fue tanto que no le permitió a su inaugurada mente pervertida volar con la imagen de Rukia sin ninguna prenda que cubriera su cuerpo.
- ¿Rukia esta-ta… des-desnu…- comenzó a tartamudear mientras imágenes de sus últimos sueños se colaban por su mente, luego de una ardua batalla con la parte aterrada de su cerebro, provocando que el blanco de su rostro pase a un intenso rojo, muy parecido al que tenía Rukia.
- Así es, después del arduo entrenamiento que tuvo Kuchiki-san, al igual que los demás, su espíritu no solo se fortaleció sino que también creció, por lo menos un poco- susurro lo último el rubio pero la mirada fulminante de Rukia indicó que lo escucho perfectamente, este hizo como si nada- Por eso desde que me informaron que Kuchiki-san volvería estuve adaptando su gigai para que este acorde con su alma.
- Y bien… ¿Dónde está?- volvió a preguntar toscamente la morena, todavía moleste por el anterior comentario.
- Detrás de esa puerta Kuchiki-san- le indico mientras apunta hacia dicha puerta- Kurosaki-san… ¿Nos acompañas?- Ichigo negó rápidamente con la cabeza roja como un tomate. No era tan idiota por exponerse al peligro de esa manera, y no hablaba solamente por Byakuya, la mirada asesina de Rukia le expresaba detalladamente lo que le pasaría si incluso se atrevía a bromear con acompañarlos.
- Los espero aquí… tómense su tiempo- y ante estas palabras la teniente del 13vo y el ex-capitán del 12vo escuadrón ingresaron a la habitación dejándolo solo, este suspiro tratando de tranquilizar su agitado corazón mientras se sentaba.
Por más que intentaba era imposible sacarse las imágenes de su anterior sueño, y de todos los que tuvo, más los sucesos vividos recientemente en el arroyo. Es como si cualquier cosa, por más mínima que sea, fuera una llave que abría una sección especial de su cerebro donde se guardaban todos los pensamientos subidos de tono que tenía de Rukia.
Para colmo Urahara solo lo incentivaba a que volara su imaginación con la mención de que en el cuarto de al lado se encontraba Rukia, o el cuerpo de ella, sin ninguna clase de vestimenta. No era de hierro para resistir la tentación y ahora estaba demostrando su flaqueza al mirar fijamente la puerta en donde se encontraban sus dos amigos.
- Si tantas ganas tenías de verla ¿por qué no fuiste?- una voz gruesa sonó por la habitación despertando a Ichigo. Sobre la mesa se poso un gato negro conocido por el muchacho.
- ¡Yoruichi-san!- exclamo sorprendido de verla, hace tiempo que no veía a la noble felina, claro que cuando analizó sus palabras volvió a enrojecer- ¿Quién dice que quiero verla?- pregunto indignado mientras voleaba su rostro al lado contrario, el gato solo sonrió socarronamente ante el visible sonrojo de su antiguo pupilo.
- Entonces… ¿Porqué mirabas la puerta como si fueras a traspasarla con la mirada?- pregunto burlonamente, Ichigo no sabía que decir pero para su fortuna la puerta se abrió dejando salir a el dueño del local pero sin la chica.
- ¿Y Rukia?- pregunto su amigo olvidando la conversación con la ex-noble.
- La deje para que se vista Kurosaki-san. Tampoco quiero ser víctima de senbonzakura- expresó sabiamente Urahara mientras su fiel asistente entraba con unos bocadillos.
Luego de unos minutos Rukia salió del cuarto ya vestida dejando a la vista de Ichigo los cambios que su cuerpo había sufrido y que por culpa de su ropa de shinigami no eran tan visibles.
Su cintura esbelta se había moldeado más dando una agradable imagen curvilínea de ella y de sus caderas, sus piernas tenía mayor tonicidad y las cicatrices que tuvo en antaño habían desaparecido gracias a las aguas termales, su busto se encontraba un poco más hinchado que antes, no de una manera exuberante pero si un poco más. Eran detalles pequeños que para cualquiera podían pasar desapercibidos pero para Ichigo que estaba constantemente pendiente de su compañera para evitar que se lastimaran eran fáciles de notar, incluso su cabello había crecido unos centímetros, los mismo que había obtenido su altura pero aun seguía siendo una enana para Ichigo, su enana.
- Vaya Rukia ¡Te ves muy bien!- exclamo feliz el gato mientras se reía internamente de la cara de baboso de Ichigo.
- Si, no cabe duda que Ishida-san es un experto con la aguja e hilos- estuvo de acuerdo el hombre del sombrero, Ichigo seguía perdido en la figura de Rukia.
- ¿Ishida hizo esta ropa?- pregunto Rukia todavía parada mientras admiraba su atuendo. Era una camisa blanca de mangas largas sencillas y que a los bordes de la camisa y las mangas tenías unos finos encajes, tenía una pollera tableada negra parecida a la de su antiguo uniforme escolar solo unos centímetros más corta y en la parte donde se enganchaba tenía un adorno de una mariposa. Era un conjunto sobrio pero muy lindo, del gusto de la pequeña shinigami.
Ichigo al fin reparo en el atuendo de Rukia cuando esta comenzó a analizarlo también, y no pudo negar que Ishida por muy irritante que sea sabía cómo hacer lucir el cuerpo de Rukia con sus modelos. Tal vez la próxima vez que peleen no lo golpearía muy fuerte en muestra de gratitud por esa linda ropa.
- Si, me lo dejo hace unos cuantos días alegando que necesitarías un nuevo conjunto para cuando volvieras- Ichigo agradeció al quincy pensando que directamente no lo golpearía en agradecimiento por lo que hizo por Rukia- Dijo que como Kurosaki-san es tan malo sintiendo la presencia espiritual era probable que hasta que él se diera cuenta de tu llegada pasaría un buen rato hasta que traiga tu ropa- dijo Urahara arrancando sonoras carcajadas de los presentes y que Ichigo se replanteara sus ideas.
"Agradecerle ni que nada… la próxima que lo vea lo muelo a golpes" Pensaba molesto el shinigami mientras les gritaba a los otros para que dejaran de reírse de él.
-o-
Luego de su amena charla con los ex-shinigami Ichigo y Rukia decidieron seguir su camino.
Rukia quería ver a sus demás amigos pero cuando el pelinaranja le dijo que eran los conejillos de india de Orihime y sus inventos culinarios dijo que podía verlos otro día, pero acordaron que estaría bien ir a comer algo, ambos se estaban muriendo de hambre.
Fueron a un restaurante que frecuentaban Ichigo y sus amigos después de sus clases. Era sencillo, con un ambiente y estilo orientado a los jóvenes, con algunas mesas afuera del local, la comida era muy buena y con una amplia variedad de platillos, la mayoría de los clientes eran jóvenes estudiantes, solo unas cuantas familias eran las que se encontraban en ese momento.
Apenas entraron al establecimiento se encontraron con sus amigos listos para ordenar. Estos habían decidido salir a comer luego de que la comida de Orihime explotara misteriosamente.
Según les explicaron, cuando Ishida fue a controlar la comida para que no se quemara por "accidente" agrego una sustancia desconocida, cuyo logo era el de los productos de Urahara, pensando que era alguna especie perteneciente de la dueña del hogar, después de eso se imaginaran como quedo todo. La pelinaranja pensó que fue su error al tratar de cocinar a una temperatura de mil doscientos grados, todos los que escucharon esa justificación les cayó una gotita por la cabeza estilo anime, incluyendo a la moza.
Uryuu lamentaba haberle hecho eso a su amiga pero con Chad pensaron que en caso de alguna invasión de hollows era necesario que ambos se encontraran en perfectas condiciones físicas, por lo que justificaba su conducta.
Todos estaban contentos del regreso de Rukia y aprovecharon la coincidencia para hacerle una pequeña bienvenida invitándola a cenar lo que quisiera, claro que el encargado de pagar la parte de la morena sería Ichigo quien ya empezaba a despedirse de su dinero al ver el brillo de ilusión en los ojos de la joven al leer el menú pero al verla así de feliz le hacía pensar que era un gasto bien empleado.
Rukia estaba feliz de estar de nuevo con sus amigos, después de tantas peleas y mucho trabajo al fin podía tener algo de paz. Aunque no les dijera los había extrañado mucho, en poco tiempo se habían convertido en personas muy importantes para ella, no eran solo sus compañeros de batallas, eran sus amigos, los que habían peleado y casi perdido su vida por tratar de salvar la de ella.
La comida fue muy amena, llena de risas y peleas de parte de Rukia y Uryuu que se complotaron en contra de Ichigo causando la risa de los presentes por las miradas de odio que este le daba a sus amigos, principalmente a Uryuu.
Ya habían pagado la cuenta cuando la mesera que los habían atendido se acerco a Ichigo a entregar dicha factura. Desde el momento que llegaron esa chica no dejo de comerse con la mirada al estudiante de medicina, cada vez que se dirigía a él lo hacía de una manera seductora, sin importarles los demás miembros de la mesa ni que cierta enana le este fulminando con la mirada.
Ichigo ya cansado de la actitud de esa pesada mujer solo recibió el papel de mala gana, esta sin importarle eso movió sus labios como diciendo voltéalo, le guiño un ojo y se fue meneando sus caderas como pavo. Curioso, volteo el papel para luego fruncir más su ceño y soltar un insonoro gruñido, arrugo el papel y lo dejó sobre la mesa, por suerte sus amigos estaban tan enfrascados contándole a Rukia de sus nuevas actividades que no se dieron cuenta de lo que pasó, salvo una persona.
Rukia vio el extraño gesto que la molesta chica le hizo a su amigo y como cuando hablamos de curiosidad nadie le ganaba, no pudo resistir la tentación de ver que había molestado a su amigo. Rápidamente tomo el papel y mirándolo de arriba abajo descubrió que en la parte del reverso estaba escrito un número con la frase que decía llámame. El solo imaginarse a Ichigo llamando a esa mujer hizo que toda la comida que ingirió se le revuelva en el estomago.
-o-
Una vez que se despidieron de Chad, Orihime e Ishida hasta el siguiente día, Rukia e Ichigo siguieron su camino hacia la casa del chico.
Las calles estaban quedándose sin transeúntes, solo unas cuantas personas que salían de sus trabajos o finalizaban sus últimas ocupaciones del día eran los únicos que se encontraban en las calles. El sol estaba despidiéndose dando paso a otra bella y solitaria noche, solo que para el joven Kurosaki ya no sería tan solitaria, no con la presencia de su gran amiga.
Mientras se dirigían hacia su destino ambos iban sumergidos en sus pensamientos en un cómodo silencio, siempre fue lo mismo con esos dos, no eran necesarias las palabras para ellos con solo mirar a los ojos del otro o sentir su presencia bastaba para que ambos estén tranquilos.
Hubo un momento que Ichigo se preocupo al ver la cara de su amiga, esta tenía una ligera mueca de disgusto, durante la cena también había notado esa cara de parte de Rukia pero como luego volvía a la normalidad no le dio mucha importancia.
- ¿Está todo bien Rukia?- corto el agradable silencio Ichigo preocupado por lo que le estuviera incomodando a la shinigami.
Rukia solo siguió caminando analizando la pregunta. Mientras se dirigían a la casa Kurosaki pensó en todo lo que vivió esta noche y, principalmente, en cómo se sintió al ver a esa chica coquetear con Ichigo.
Sabía que su amigo era atractivo, muchas chicas tanto del mundo humano como del espiritual se sentían atraídas hacia él. Entonces ¿por qué le molestó tanto ver la actitud de esa chica hacia él? ¿Por qué no podía sacarse de la cabeza a todos los personajes que conocieron y se mostraron interesados en su amigo? ¿Acaso estas emociones desconocidas para ella eran más que simple protección hacia su mejor amigo? ¿Ella estaba…?
- Nada… solo… estoy cansada…- y confundida, debía dejar de pensar cosa rara e imposibles- ¿Cómo te va en tus nuevas clases? Los chicos me dijeron que son algo complicadas- decidió cambiar el tema hasta poder darle una definición a lo que sentía pero, además, es algo que en verdad le interesaba saber.
Ichigo no era tonto, sabía que le estaba mintiendo y evadiendo. Pero como en una ocasión ella espero a que él estuviera listo para hablar, él haría lo mismo con su amiga y cuando lo haga se encargaría de que esa tristeza que veía en sus ojos desapareciera.
- Bien… es más complicado que el colegio pero solo es cuestión de acostumbrarme- le contesto con tranquilidad dejando de lado esa preocupación, por lo menos hasta ahora.
- Estudias la misma profesión que tu padre ¿no?- recordaba que una vez le dijo que espera seguir con la carrera de medicina, al igual que su padre.
- Si… el viejo será un loco de remate pero es un gran médico- le dijo con una pequeña sonrisa. Desde pequeño admiro a su padre, no solo eran un gran profesional sino que, a pesar de sus locuras, siempre se preocupaba por su familia, pero JAMÁS se lo diría a la cara. Nunca.
- Ya veo…- volvieron a quedarse en silencio pero solo por unos minutos- Espero que seas un buen alumno Kurosaki-kun- ante esto Ichigo no pudo evitar pararse cabreado tanto por la pregunta como por el tono de voz empleado.
- ¿Qué quieres decir con eso enana?- le pregunto enojado, al ver esa falsa sonrisa de inocente que no rompe ni un plato en su rostro una pequeña venita sobresalió en su frente.
- Nada…- le contesto con su sonrisa mientras soltaba una pequeña risa, no importa el tiempo que pase siempre sería un gran gozo cabrear a la zanahoria.
Ichigo solo sonrió levemente, tranquilo de que la tristeza que la embargaba haya desaparecida.
- ¿Si quieres… podría enseñarte a usar el kido?- le dijo suavemente la teniente luego de unos minutos. Ichigo solo la miró intrigado- De ese modo podrías ser el médico más preparado de todos, no solo curarías personas vivías, también a los espíritus- dijo dando una sonrisa un poco nerviosa al ver la cara sorprendida del chico.
La idea le llamo la atención pero no solo por eso de ser el más preparado de todos los médicos sino que gracias a eso podría encargarse el mismo de la shinigami, no tendría que recurrir a nadie más para curarla, el sería el único de protegerla y atenderla, claro a ella y sus otros amigos.
- ¿Crees… que podría?... No soy el mejor en eso de usar el kido- le pregunto apenado Ichigo. Reconocía que cuando se trataba de despedazar a sus oponentes era el mejor pero se requería de paciencia y concentración no servía para mucho, por no decir para nada. Incluso con todo su entrenamiento de los últimos tiempos no logro ningún progreso en ese campo.
- Bueno… admito que será difícil enseñar algo a esa cabeza de naranja dura- la vena en la frente del chico cada vez aumentaba de tamaño ante el tono burlón- Pero no imposible si soy yo quien te enseña- concluyó con una sonrisa y un guiño, Ichigo consideró a ese gesto de lo más dulce consiguiendo que todo su enojo desapareciera y un tenue rubor apareciera en su rostro.
- Es más… me comprometo a ser tu maestra particular y a no renunciar hasta que aprendas, por lo menos, lo más básico para curar- juro solemnemente- ¿Qué te parece?… ¿Ichigo?- le pregunto al no escuchar nada de parte de su acompañante. Como la noche ya había arribado no podía ver claramente el rostro de su amigo, de lo contrarió vería que su cara estaba bastante roja y con una mueca un tanto rara, era una mezcla entre perturbación y perversión.
Todo iba bien con la charla, estaba ilusionándose con la idea de poder realizar kidos de curación pero cuando Rukia hizo ese inocente gesto a su amigo todo se fue a la mierda. La mente de Ichigo comenzó a volar en esa nueva área recientemente inaugurada donde se preservaban sus inusuales sueños pero todo fue peor cuando Rukia mencionó que sería su "maestra privada", fue como si con esas palabras hubiera abierto la puerta hacia el desastre mental del sustituto.
Apenas escucho eso la mente de Ichigo comenzó a diseñar lo que sería el perfecto escenario de estudios según el pequeño peluche con forma de león Kon, en el se encontraba una Rukia personificando perfectamente la nueva faceta.
Se encontraban en la habitación del pelinaranja, el se encontraba sentado en su cama y vistiendo, curiosamente, su uniforme escolar; al frente de él se encontraba su amiga pero vestida de manera diferente, llevaba una falda entubada de color negro brillante, unos zapatos de tacón alto con tiras a los tobillos del mismo color que la falda, una camisa igual a la que tenía puesta solo que un poco más transparente y con los primeros botones desabrochados permitiendo ver el inicio de sus senos y el encaje negro de su ropa interior, llevaba el cabello igual que siempre y portaba unos anteojos de marco delgado y elegante. ¡Rukia estaba vestida como toda una maestra! Pero desde un punto de vista menos ortodoxo y más lujurioso, hasta los labios los tenía pintados de rojo pasión y entre sus manos jugaba con un metro dando ligeros golpeas mientras le decía suavemente, "Kurosaki-kun sé un buen estudiante…si no tendré que castigarte"
Zangetsu desde su lugar le gritaba que él desde un principio fue una mala espada y necesitaba de varias horas de castigo, mientras que Ichigo pensaba que cosas debía hacer para que Rukia lo castigue.
- Ichigo… ¿estás bien?- la voz de Rukia nuevamente se oyó llamando a su amigo, preocupada de la cara tan roja que tenía. Ichigo con mucho esfuerzo, y pesar, despertó de su ensoñación para ver el rostro preocupado de su amiga, a una escaza distancia del suyo.
Esto, sumado a la incómoda situación, hizo de su rostro un lindo farolito rojo brillante y que la pobre capacidad mental de Ichigo quedara nula por lo que solo pudo asentir mirando hacia otro lado que no sea la cara de Rukia mientras seguían su camino.
Todavía estaba muy fresco en su memoria el rostro de Rukia con esa sonrisa pícara y sus labios adornados por esa pintura roja, siempre creyó que el blanco era el color que mejor le quedaba a la menuda chica pero ahora no estaba tan seguro.
"Maldición… ¿por qué diablos luce tan condenadamente bien… y sexy? Se cuestionaba internamente el chico mientras otros pensamientos cruzaban sin permiso "¿Cómo le quedaría alguna prenda de ese color? Antes de que su mente le traicionara con nuevas imágenes de Rukia en sugestivos conjuntos de ese color en específico avanzo rápidamente hacia la puerta de su casa para poder entrar y darse un buen baño de agua fría.
Lamentablemente para Ichigo su cerebro todavía era solo una masa gris viscosa sin capacidad de pensar por lo que se olvido de un pequeño detalle.
- Ya llega…- una patada voladora proveniente de la casa impacto en el rostro del joven de peculiar cabello tirándolo al piso, su compañera solo miraba desde una distancia prudencial al agresor Isshin Kurosaki como se incorporaba al lado del cuerpo de su caído hijo.
- Estúpido Ichigo… ¿Cómo osas llegar tarde a casa sin avisar? Las cenas en familias son sagradas y ningún integrante falta… por… ningún… motivo- la voz del padre de familia fue disminuyendo a medida que se daba cuenta quien acompañaba a su primogénito. Al no escuchar ninguna clase de escándalo los demás integrantes de la familia fueron a ver qué sucedía, llevándose ellas también una sorpresa.
- ¡Rukia-chan, volviste!- grito de alegría la pequeña Yuzu mientras se acercaba a la aludida a darle un gran abrazo. Karin solo quedó en el marco de la puerta observando pero era fácil apreciar la sonrisa que se formaba en su rostro al ver que una buena amiga volvía y al tener, ahora sí, la certeza de que su hermano volvería a la normalidad.
- ¡Yuzu, Karin! Que gusto volver a verlas- dijo sinceramente Rukia mientras devolvía el abrazo a la pequeña castaña y regresaba la sonrisa a la futbolista.
- ¡Rukia-chan, has vuelto a tu amado hogar! ¡Ven y dale un abrazo de oso a tu amado padre!- exclamo Isshin para saltar hacia la pelinegra pero un fuerte pie interrumpió sus planes.
- ¡¿Qué diablos te pasa viejo loco?! ¡¿Por poco y me sacas la cabeza?!- le reclamo a su padre Ichigo, estaba molesto por la agresión pero más que nada trataba de liberar tensiones. Para situaciones como estas su padre era de gran ayuda.
- ¡Oh, Masaki! ¡Nuestra tercer hija ha vuelto a casa!- Isshin corrió como si nada el pie de Ichigo para seguir con sus tonterías, el joven se tambaleo un poco pero pudo seguir de pie preparado para cualquier locura de su padre- ¡De seguro volvió para ayudar al imbécil de nuestro hijo a dejar de ser virgen y darnos muchos, muchos, muchos nietecitos!- no pudo continuar porque un Ichigo rojo lo golpeo con una súper patada tumbándolo al suelo pero no quedó ahí ya que su padre le agarro una de sus piernas y también lo tumbó comenzando una guerra de luchas estilo greco-romano.
Las chicas solo veían la escena sin preocuparse, Rukia veía todo con una sonrisa. No importaba las pelas o las locas situaciones que presenciara, le encantaba estar en ese lugar donde encontró una familia que apreciaba y la aprecian por igual.
-o-
- Fuiste muy mal chico Kurosaki-kun- decía suavemente Rukia mientras ser acercaba sensualmente hacia Ichigo, quien estaba sentado en una especie de escritorio escolar.
Llego hasta donde estaba el chico y corriendo la mesa del escritorio se posiciono al frente del chico, quien trago duro al ver a su "maestra".
- Rukia…- la llamo sorprendido por lo que estaba haciendo Rukia, esta subió poco a poco su falda mostrando sus perfectas piernas envueltas en medias finas negras, el pelinaranja miraba hipnotizado los movimientos de la pelinegra.
Con la falda subida a medio muslo Rukia se sentó sobre las piernas de Ichigo, este al sentir el peso de la chica no pudo evitar subir sus manos hacia sus piernas y acariciarlas encima del liguero que portaba mientras ella se acercaba al oído del chico.
- Tendré que castigarte- le susurro sensualmente al chico, a Ichigo se le erizo la piel ante su tono de voz mientras una involuntaria y boba sonrisa cruzara por su rostro mientras se acercaba a la boca de la joven dispuesto a hacer todo lo posible para que su castigo sea el más memorable de todos.
-Ichigo… Ichigo… ¡Ichigo!- se despertó abruptamente el joven para luego soltar un suspiro decepcionado por no poder ver el final de su sueño.
Y pensar que él creía que una vez que su amiga regresara todo volvería a la normalidad, sin ninguna clase de sueño marca Isshin Kurosaki, pero al parecer la situación era más seria de lo que creía. Desde que Rukia volvió sus hormonas estaban más locas y susceptibles de lo normal, haciendo que cualquier cosa que ella haga, por más inocente que sea, lo tomara desde otro punto de vista menos inocente.
¿Qué otra cosa mala le podría pasar esta noche?
- Ichigo… ¿Estás bien?- el pelinaranja estaba con los ojos abiertos, mudo y sin capacidad para poder espirar- Estabas… ¿gimiendo?...- ahora sí que no sabía dónde meterse, solo deseaba que un hollow lo tragara- Y… me llamabas entre sueño- ¿Por qué no podía ser un chico normal que tuviera fantasías con la chica de sus sueños, sin que ella lo escuchara llamarla?
¿Ahora como le explicaba a su mejor amiga y objeto de fantasías, cuyos ojos lo miraban llenos de preocupación, que lo único que hacía su cuerpo y mente era reflejar todo lo que ella le provocaba y no era capaz de expresar con palabras?
Definitivamente, alguien haya arriba lo odiaba con toda su alma.
Hola! Volví con otro nuevo capítulo, pude hacerme un tiempito de la facu, pero ahora si será el último descanso, ya empiezan los exámenes… para mi suerte T-T (tengo miedo de penal… jajaja).
Espero que les guste lo que salió de mi loca cabecita y tengo una propuesta para hacerles, si tiene alguna idea o sugerencia sobre alguna fantasía, locura o momento bochornoso que le gustaría le pase a Ichigo o a sus amigos, escríbanlo y mándenmelo como un comentario o mensaje privado, el más gracioso será publicado y se dedicara el capitulo al que lo sugirió, ¡vamos! Juntos podemos hacerle al vida de cuadritos a Ichigo ;) jajaja
Nos leemos luego!
Besos y éxitos!
