DISCLAIMER: Los maravillosos personajes de esta historia le pertenecen a la grandiosa J.K. Rowling (Si fueran míos Draco y Hermione se hubieran casado y hubieran vivido felices forever and ever and ever…) La trama es producto de mi imaginación.
RAZÓN No III: SUS MEJORES AMIGOS, SON MIS PEORES ENEMIGOS
La clase de adivinación sin duda era la más detestada por Hermione quien la consideraba demasiado inexacta por no decir que una pérdida de tiempo, sin embargo, esa no era su única razón para odiarla pues aunque jamás lo admitiera, aún recordaba aquel momento en tercer año cuando la profesora Trelawney la había ridiculizado delante de todos, diciéndole de la manera más descarada que ella no tenía ninguna actitud para la misma, lo cual había sido una ofensa de magnitudes alarmantes que la chica jamás podría borrar de su mente.
No obstante, volvía a estar en el aula de la profesora para cursar el segundo nivel, aunque hubiera sido sólo por ceder a la petición de su mejor amigo quien estaba sumamente interesado en todo lo que la adivina pudiera predecirle, algo que era sumamente entendible al ser el chico que con mala suerte, tenía alguna conexión con algo tan oscuro como Voldemort.
—Donde esa loca vuelva a ponerme en ridículo frente a todos te juro que voy a lanzarte una imperdonable. —Le decía Hermione a Harry mientras ambos ingresaban al aula en compañía de Ron.
—Vamos Hermione no puede ser tan malo. —Comentaba Ron.
—Relájate Herms que las posibilidades de que se fije en ti son remotas teniendo en cuenta que hay tantos estudiantes tomando la clase. —Contestó el chico con una sonrisa traviesa en el rostro.
—Más te vale porque no creo que seas capaz de sobrevivir un Avada Kedavra dos veces. —Agregó la chica ubicando un lugar en la media luna del salón.
Al parecer esta clase no sólo iba a ser molesta por las tonterías de Trelawney sino también por ciertos estudiantes indeseados entre los asistentes. La castaña no comprendía que utilidad podían sacarle a la adivinación algunos descerebrados como Malfoy y su pandilla, quienes estaban allí mucho antes de que el resto llegara.
—Mis niños —Pronunciaba la profesora tratando de enfocar sus enormes anteojos en quienes la acompañaban. Hermione pensaba que estos la hacían verse demasiado ridícula dado el grosor de los mismos— El día de hoy vamos a practicar el gran arte de la lectura de la mano, para lo cual quiero que formen parejas.
Tonterías y más tonterías, pensaba la castaña.
—Srta. Granger —Dijo la bruja fijándose en la castaña en particular— no pensé volver a verla por aquí pero veo que es muy persistente a pesar de no poseer ningún talento para la adivinación. —Ya estaba, Harry Potter iba a morir a manos de su mejor amiga— Pero no se preocupe, usted puede aprender mucho más que eso en esta clase.
Hermione sintió como sus orejas se calentaban lentamente, recogiendo allí toda la furia que empezaba a bullir en su interior y a su lado, un muy avergonzado Harry se lamentaba por haberla convencido de asistir, sin embargo, algunos asientos a la derecha había alguien que sin duda estaba disfrutando del momento.
Con una sonrisa burlona, el rubio platino parecía saborear cada uno de los desplantes que Sybill Trelawney le hacía a la castaña pero nadie podía culparlo, la profesora era un ser patético que ni siquiera se percataba de su falta de tacto al hablarle a Hermione, poniéndola en ridículo justo como aquella vez hace dos años.
La chica pareció no soportarlo más y mucho antes de que la profesora o sus amigos pudieran decirle algo se levantó de su asiento con la firme idea de salir de allí lo más pronto posible, sin embargo, un agarre en su brazo izquierdo la detuvo en seco y al girar su cara se encontró con la profesora quien al parecer había entrado en una especie de trance.
«Lágrimas de sangre han de brotar de tus ojos al recorrer el sendero oscuro que te espera… Pero habrá luz y los brazos fuertes de aquel que entregaría su alma por ti, él piensa que no puede alcanzarte pero tú vas a mostrarle el camino y ambos tendrán la redención».
Todos en el aula se sumieron en un extremo silencio mientras Hermione, aún atrapada por el agarre de la profesora, trataba de entender las palabras que esta acababa de decir. Parecía una profecía pero ¿Qué había querido decir con todo eso? Mientras la castaña seguía preguntándoselo, la adivina despertó del trance igual de confundida que ella.
—¿Pasó algo? —Preguntó la mujer al tiempo que soltaba el brazo de Hermione permitiéndole seguir su camino lejos de ahí pues necesitaba pensar y ahora tenía una cosa más porque hacerlo, no obstante, ella no era la única pues algunos puestos al frente cierto rubio platino había borrado la sonrisa de su rostro.
La hora del almuerzo estuvo como siempre bastante concurrida y mientras Harry platicaba con Ron sobre el próximo juego de Gryffindor contra Ravenclaw, Hermione tenía aun las palabras de la bruja en su cabeza.
«Lágrimas de sangre han de brotar de tus ojos al recorrer el sendero oscuro que te espera… Pero habrá luz y los brazos fuertes de aquel que entregaría su alma por ti, él piensa que no puede alcanzarte pero tú vas a mostrarle el camino y ambos tendrán la redención».
¿Qué significaba? ¿Acaso era algo que sucedería en verdad? Por lo que sabía aunque Sybill Trelawney fuera una loca imprudente, sus profecías siempre habían sido exactas y a pesar de que no le preocupara lo que vendría más adelante lo cual estaba segura serían tiempos difíciles —no en vano estaba entrenándose con Harry en el Ejército de Dumbledore—, si le causaba bastante curiosidad la parte donde le hablaba de un hombre.
Ella hasta el momento no había tenido la oportunidad de tener una relación con nadie pues aunque Viktor Krum parecía más que interesado, la chica pensaba que cuando estuviera con alguien debía tener la oportunidad de compartir tiempo con él y le parecía bastante difícil teniendo en cuenta que el chico vivía en Bulgaria.
Por otra parte ahí estaba Ron quien según recordaba, se había visto bastante celoso cuando ella había aceptado asistir al baile de navidad con el búlgaro, sin embargo, su atracción no había trascendido pues aunque ella tenía un gran sentimiento por el chico, ambos parecieron entender que era una cuestión de amistad que con el tiempo terminó convirtiéndose en fraternidad.
Pero ellos no eran los únicos, en algún momento había escuchado que Cormac Mclaggen, un chico que iba un año antes que ellos en la escuela también estaba bastante interesado en acercársele y eso era algo que había podido comprobar en cierta ocasión cuando habían tenido la oportunidad de cruzarse en la biblioteca, no obstante y aunque el chico era verdaderamente guapo, su arrogancia y desdén al hablar de algunas personas lo descartaban totalmente de sus presentes y futuros afectos.
Como sea, no hacía falta devanarse los sesos con aquellas palabras. Si algo tenía que pasar, pasaría tarde o temprano y nadie podría impedirlo.
La mesa de Slytherin era toda una algarabía, tal vez los únicos que guardaban silencio eran Crabbe y Goyle por la sencilla razón de tener sus bocas llenas de comida. Draco no podía escuchar sus pensamientos y eso era algo que le molestaba infinitamente pues llevaba bastante rato dándole vueltas a las palabras que la profesora de adivinación le había dedicado a cierta castaña en particular. Tal vez sólo era basura, como gran cantidad de las enseñanzas del colegio pero el chico no podía negar que una parte de la profecía había atraído totalmente su atención.
«Los brazos fuertes de aquel que entregaría su alma por ti, él piensa que no puede alcanzarte pero tú vas a mostrarle el camino y ambos tendrán la redención»
¿Qué había querido decir con todo eso? ¿Tendría alguna relación con él todo lo que la bruja había dicho?
Al parecer él no era el único cavilando sobre aquello pues al dirigir su atención a la mesa de Gryffindor pudo ver a Hermione absorta en sus pensamientos, aun cuando la comadreja y San Potter trataban de incluirla en su plática. Si ella supiera que tan a sólo algunos metros de distancia había alguien conectado a sus pensamientos… Y como si ella pudiera adivinarlo, levantó su rostro para fijar sus ojos chocolate en el chico que extrañamente mantuvo esa conexión.
¡Si ella supiera tantas cosas!
Pero no podía, claro que no. Aceptar cualquiera de ellas era hundirse en el fango hasta el fondo. No tenía que recordarse porque razón la repudiaba pues aunque la lista era clara en su cabeza, siempre podía añadir una razón más, tal como ahora al recordarse a sí mismo que no sólo estaba el asunto de la sangre sino también el hecho de ser la mejor amiga de sus peores enemigos, eso no estaría en discusión jamás, ya que por ello había decidido pertenecer a la Brigada Inquisitorial de Umbridge, aunque también existieran otras razones oscuras para ello.
Unas que jamás aceptaría en público.
La conexión duró solo un momento más, pero fue más que suficiente para que como siempre los sentimientos encontrados que sólo ella era capaz de despertar en él, dieran rienda suelta en su interior, permitiéndole a su imaginación volar y llegar hasta su mesa justo a su lado y poder rozar con la yema de sus dedos la piel de sus mejillas que de seguro era tan tersa como se veía.
Las clases de la tarde fueron tan aburridas como lo había imaginado.
Defensa contra las artes oscuras era una patética imitación de una escuela muggle, dedicada específicamente a divagar entre las hojas de un libro que no contenía nada útil en su interior y ni que decir de Aritmancia, una total pérdida de tiempo.
Y no era que Draco Malfoy no tuviera ningún interés por la enseñanza mágica, era más bien que sus disciplinas favoritas eran selectas y reducidas a cosas más útiles como las Pociones o la Oclumancia e incluso podía decirse que sus intereses en la escuela iban más allá de lo académico, no obstante, tenía que asistir a todas sus clases si deseaba graduarse algún día, aunque a veces dudara que ese momento pudiera llegar teniendo en cuenta la guerra que se gestaba tras bambalinas y de la cual nadie se atrevía a hablar abiertamente.
Porque era un hecho, lo que habían dicho Potter y Dumbledore acerca Del-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, era totalmente cierto y aunque todo el mundo se empeñara en negarlo, una segunda guerra mágica era inminente y lo más probable es que él mismo tuviera participación en ella, aun cuando escogiera el bando equivocado. Y no es que no considerara el legado y las tradiciones de su familia pero estaba más que convencido de que todo ello era absurdo pues el señor oscuro, quien peleaba por erradicar del mundo a aquellos que no fueran de sangre pura, era un mestizo, igual que el mismo Snape que también lo secundaba.
Mientras caminaba cerca de la mazmorra cinco, haciendo una de sus habituales guardias de prefecto, Draco Malfoy pareció escuchar ruidos provenientes del aula los cuales logró distinguir como una voz una vez agudizó su oído y aún cuando le pareciera inverosímil, aquel lugar estaba ocupado nada más y nada menos que por Hermione Granger quien extrañamente estaba sola al parecer practicando un hechizo.
La puerta estaba entreabierta y la chica le daba la espalda a esta, lo cual le permitió al rubio entrar sin ser visto para ubicarse tras de una de las columnas del aula y observar detenidamente cada movimiento de la castaña quien con evidente alegría y sobre todo destreza manejaba lo que parecía ser el encantamiento Patronus.
Aquello era todo un espectáculo para sus ojos y más teniendo en cuenta el lugar donde se encontraban y el simple hecho de que estaban solos. Podría hacer lo que fuera y tenía ganas de hacer tantas cosas… Tal vez poder conversar con ella por horas y preguntarle sobre tantas cosas que deseaba saber o simplemente quedarse contemplándola mientras las manecillas del reloj avanzaran o por que no, contando con muchísima suerte, poder incluso llegar a besar esos labios rosa con los que había soñado más de una vez. Pero no, nada de eso sería posible ni en un millón de años ¿En que estaba pensando? Eran demasiadas tonterías para que pudieran coexistir en la cabeza de un Malfoy, sin embargo, en ese instante una especie de luz pareció llegar a su pensamiento haciéndolo comprender algo que había estado rondando en él durante todo el día…
«Lágrimas de sangre han de brotar de tus ojos al recorrer el sendero oscuro que te espera… Pero habrá luz y los brazos fuertes de aquel que entregaría su alma por ti, él piensa que no puede alcanzarte pero tú vas a mostrarle el camino y ambos tendrán la redención».
¿Cómo no lo había comprendido antes? Allí viendo a una danzarina Granger pasear su varita conduciendo a aquel pequeño animal lleno de luz, por fin pudo entender lo que la profecía de Trelawney quería decir y aunque hubiera sido hecha para Hermione, él estaba seguro de que lo incluía al cien por ciento.
Era simple, Harry Potter estaba prácticamente destinado a ser quien comandara el ejército que se alzaría en contra del señor tenebroso y si ese era su destino, también sería el de sus dos mejores amigos quienes tendrían que luchar codo a codo con él. Las lágrimas de sangre que la profesora había mencionado en la profecía de seguro hacían referencia a todo lo que ella tendría que sufrir y perder durante el tiempo de oscuridad que se avecinaba y la luz…
La luz y los brazos fuertes de los que la bruja hablaba estaba más que convencido de que eran los suyos pues tan como decía la predicción, él estaría dispuesto a vender su alma por ella. Pero entonces estaba la otra parte, aquella que decía que aunque él pensara que era inalcanzable seria ella misma quien le mostraría como llegar y ambos encontrarían la «salvación» o la «redención» como la llamaba la bruja. ¿Acaso sería posible? ¿Estaría en su destino llegar a…? No, eso era absurdo, tan imposible como negar su sangre pura pero tan tentador que valía la pena soñar con ello, sin embargo, no era seguro y aun cuando pasara lo que pasara para que Hermione lo aceptara, estaba la otra parte de la historia en la cual él se convertía en un seguidor de Voldemort gracias al legado oscuro de los Malfoy, mejor sería para ella si se mantenía alejada.
¿Y si ella era su salvación? ¿Y si estaban destinados? Esas preguntas tal vez no podrían ser contestadas ahora mismo, pero de seguro rondarían en su cabeza un tiempo más.
El chico seguía tan absorto en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que el Patronus de Hermione ya no estaba en el ambiente y que en cambio los ojos de la chica estaban clavados en la columna tras la cual se escondía amenazando con ser destruida por su varita que se encontraba en guardia y en dirección a él.
—¡Sal de ahí, quien quiera que seas! —Anunció la castaña con voz fuerte, tomándolo completamente por sorpresa.
El rubio no tuvo más remedio que salir tomando su varita en el acto pues aunque estaba seguro de que no podría hacerle ningún daño a ella debía mantener como siempre su máscara de desprecio bien puesta.
—Vaya Granger ¿Qué tenemos aquí? ¿Practicando hechizos de defensa? Me pregunto que pensara Umbridge de todo esto… —Dijo el chico con la voz más arrogante que pudo encontrar.
—Eso es algo que no te incumbe, además ¿Qué demonios haces aquí y todavía espiándome como un vulgar ladrón? —Escupió ella con desdén y aun apuntando con la varita en su dirección.
—No tengo porque darte explicaciones pero como hoy me siento particularmente generoso te diré que uno, soy el prefecto encargado de esta área por lo cual puedo restarte puntos si se me da la gana y dos, no olvides que pertenezco a la Brigada Inquisitorial por lo cual me permito recordarte que estas cometiendo una grave falta practicando este tipo de hechizos así que creo que no estás en calidad de decir nada. —Soltó el rubio aproximándose a ella lentamente al tiempo que pudo notar como la chica ya no sostenía con firmeza su varita y empezaba a bajarla de a poco— Así está mejor Granger y ahora sí cuéntame lo que pasa aquí.
—Hurón estúpido. —Masculló ella por lo bajo, al tiempo que se dirigió a la salida.
—No tan rápido Granger —Agregó el rubio al tiempo que por segunda vez la agarraba de la muñeca tirando de ella hasta acorralarla contra una de las paredes de la mazmorra— Esta vez no me vas a dejar con la palabra en la boca y mucho menos vas a atreverte a volver a golpearme. —El corazón del chico bombeaba tan rápidamente que sentía que iba a estallar en su pecho, mientras los ojos chocolate de una enojada Hermione, se fijaban en su rostro.
—¿Qué estás haciendo? ¡Suéltame imbécil! —Forcejeaba la castaña bajo el cuerpo atlético del rubio.
—¿Y qué piensas hacer al respecto? —Escupía Draco con el ceño fruncido pero totalmente inundado por una descarga de adrenalina producida por la cercanía de la chica y su delicioso aroma— Te recuerdo que no estás en condiciones de objetar, además los babosos de tus amiguitos están bastante lejos para poder hacer algo por ti.
—No necesito que me defiendan o ¿Es que acaso olvidas la última vez que te metiste conmigo? —En medio de su enojo la chica fue capaz de poner una mueca burlona en su rostro al recordar al rubio platino sosteniendo su nariz cerca del lago negro.
—No tientes a tu suerte Granger. —Agregó el chico mirándola de manera penetrante, mientras inhalaba el perfume delicioso de ella una vez más para luego quedarse sin decir una palabra congelando el tiempo para ambos, pues mágicamente Hermione tampoco dijo nada y se quedó totalmente quieta sosteniéndole la mirada de la misma intensa manera.
—Suéltame. —Extrañamente la voz de ella sonó más amable de lo que hubiera deseado y es que no entendía absolutamente nada de lo que estaba pasando salvo el hecho de que Malfoy podía acusarla con la cara de sapo.
—No has dicho por favor Granger. —La voz del chico también era más suave y tenía un toque de coquetería que a ella no le paso por alto. Debía estarlo imaginando ¿Draco coqueteando con ella? Eso era imposible, aun era mucho más probable ver a Luna Lovegood en el baile de navidad con alguien como Theo Nott.
—Púdrete. —Contestó ella pero aún menos agresiva sintiendo como su corazón empezaba a latir más fuerte ¿Qué era todo eso?
Sin embargo, no hubo más tiempo de pensárselo pues una fuerte voz que acababa de cruzar el umbral de la puerta los detuvo ambos en seco, haciendo que el chico instintivamente se separara de ella.
—¿Pero qué está sucediendo aquí? —La voz de Minerva McGonagall resonó en el aula vacía— Sr. Malfoy, Srta. Granger —Dijo pasando su mirada de uno a otro— ¿Me pueden explicar que están haciendo aquí?
Ambos chicos parecían petrificados ante la visión de una enojada profesora que podía estarse imaginando miles de cosas, algo que afectaba enormemente a la castaña pues la mujer era su maestra favorita en toda la escuela.
—Esto… Yo… —Balbuceó el rubio para ser interrumpido por Hermione.
—Practicábamos. —Agregó más rápido de lo que pudo pensar.
—¿Practicaban? —Preguntó una desconfiada McGonagall— ¿Exactamente qué?
—Para el baile. —Contestó la chica, ignorando la mirada perpleja del rubio que seguía en silencio— Verá profesora, usted bien sabe que Malfoy y yo nos llevamos bastante mal y como hemos sido elegidos como pareja para asistir al mismo hemos decidido hacer una tregua, además él me pidió que le enseñara a bailar pues no sabe hacerlo y sería bastante vergonzoso para él y para mí que llegara esa noche y no pudiéramos coordinar.
—¿Es eso cierto Sr. Malfoy? —Preguntó la profesora mirándolo inquisitoriamente.
Los ojos de Draco se abrieron de par en par con total desaprobación, sin embargo, al sentirse amenazado por la mirada de la chica que le ordenaba que le siguiera el juego, terminó por hacerlo. —Si profesora.
—Bueno, eso es ciertamente algo que no esperaba, sin embargo, deben saber que este no es ni el momento ni el lugar para hacer algo como eso pues usted —Dijo señalando al rubio— está en su ronda de prefecto y usted —Se giró hacia la castaña—, no tiene autorización para estar en este sitio, debería volver a su sala común.
—Si. —Contestaron los chicos al unísono, al tiempo que se dieron a la tarea de salir de allí.
—Sr. Malfoy —Lo detuvo McGonagall—, creí que era usted un excelente bailarín, eso fue algo que sin duda demostró en el baile del año. —Agregó la bruja al tiempo que salía de allí dejándolo completamente solo y convencido de que no creía una palabra de la excusa que le había dado Granger.
¿Entonces porque no había insistido?
Camino a la sala común de Gryffindor una confundida Hermione avanzaba a grandes zancadas recordando cada detalle de lo que acababa de suceder ¿Acaso ella había defendido a Draco Malfoy? Si esta mañana le hubieran dicho que algo como eso sucedería de seguro se hubiera echado a reír ante tal ocurrencia y sin embargo, había pasado. Ahora sólo bastaba esperar a ver si el rubio la acusaba con Umbridge, lo cual sería bastante contraproducente.
¡Gracias por leer! Hoy me inspire y escribí otro capítulo que espero les guste. Quiero aprovechar para saludar a Rose Malfoy y a Adrmil. ¡Gracias por sus comentarios!
