CAPITULO FINAL

Despertó muy temprano en la mañana, los rayos del sol se filtraban a través de las cortinas, los pájaros cantaban, trató de evitar aquellos rayos volteando la cara, pero fueron muy insistentes. Tratando de reconfortase, buscó con su mano a él que se suponía, debía estar a su lado, pero por más que buscó no lo encontró, así que resignada abrió los ojos para comprobar lo que era obvio.

- ¿Donde estará?- preguntó buscándolo con la mirada por la habitación, pero un olor la alertó- Creo que se levantó temprano hoy- dijo levantándose de el cómodo futon, cuando lo hizo se dirigió al baño de la habitación, donde se dedicó a lavarse la cara y cepillarse su cabello, que para estas alturas le llegaba más abajo de la cintura.

Una vez que terminó se quedó contemplándose en el espejo, recorrió la mirada por todo su cuerpo, tenía varios cambios en el, uno de ellos era su vientre inflado. Posó su mano sobre su vientre, lo acarició con dulzura, ya para este momento contaba con 6 meses de embarazo, su vientre no había crecido tanto como con Hana, y los síntomas del embarazo nunca llegaron. Sonrió ante el pensamiento de que pronto tendría a su segundo hijo en sus brazos.

Sumergida en sus pensamientos, de pronto le empezó a dar vuelta todo, se sintió mareada creyó que caería al duro suelo, debido que al momento de desvanecerse no tuvo tiempo de sujetarse de nada por lo repentino, espero el duro golpe, pero este nunca llego, en cambio sintió unos calidos brazos que la sostuvieron evitando la caída. Esos brazos la sostuvieron hasta que puedo sentarse segura en el suelo, pero aun así no la soltaron.

-¿Anna te encuentras bien?- preguntó el castaño preocupado por el repentino malestar de su esposa.

Anna tardó un momento en responder debido al mareo- ahh??? Sí, no te preocupes, son solo cosas de embarazo- dijo volteando un poco su cara para mirar el preocupado rostro de su esposo.

- ¿Segura?, pero no te han dado malestares, este es muy repentino, creo que lo mejor es llamar a Fausto- dijo ayudando a Anna a levantarse, para llevarla al futon.

- Ya te dije que estoy bien, solo es un pequeño mareo, es normal en las embarazadas, en algún momento tenia que tenerlos- dijo tratando de calmar al shaman castaño, pero lo acaba de decir ni ella se lo creía, ya que a ella también la tomó desprevenida.

- Bueno- dijo resignado por la terquedad de su esposa, nunca le podía ganar esas peleas - Pero creo que es mejor que no vayamos al parque si te sientes mal- dijo analizando la situación, no quería arriesgar a su esposa ni a su futuro hijo.

- No, claro que no, recuerda que ese paseo es para Hana- dijo seria por la sugerencia de su esposo, Hana estaba muy emocionado por dicho paseo, y no pesaba arruinárselo por un estupido mareo.

- Pero si no te sientes bien, podemos dejarlo para otro día mamá- dijo el pequeño entrando a la habitación por lo visto había escuchado parte de la conversación de sus padres.

- No, Hana, todo esta bien, te aseguro que estoy bien- dijo tratando de convencer a sus dos acompañantes.

- ¿Segura mamá?... no quiero que les pase nada- dijo acercándose a su madre para abrazarla.

- No te preocupes, no es nada- dijo recibiendo a su hijo en brazos con una ligera sonrisa, bajo la mirada sonriente de Yoh.

- Bueno si no es nada, esta bien iremos, así que Hana ve a arreglarte yo ayudaré a tu mamá- dijo desordenándole los cabellos a su hijo, este les dio una gran sonrisa como la de su padre antes de dirigirse a la puerta. .

- Sí, como digas papá- dijo separándose de su madre para irse- Por cierto buenos días- dijo al recordar que ni había saludado.

- Buenos días- dijeron los dos padres al unísono, devolviendo el saludo.

Se quedaron mirando hasta que su hijo se fue por la puerta, el castaño se dirigió a su esposa- ¿Qué fue ese mareo?- preguntó Yoh una vez que Hana se fue.

- Ya te dije que no es nada- dijo un poco molesta por la insistencia de su marido.

- No te pongas así Annita, solo estoy un poco preocupado- dijo al notar el tono molesto de Anna.

- Sí, lo se, es que las dos veces que he estado embarazada me tratas como si fuera una invalida- dijo cruzando los brazos, Yoh sonrío y la abrazó.

- No puedo evitarlo, te vez tan frágil y desprotegida, que no puedo evitar esa sobreprotección - dijo tiernamente estrechándola con mas fuerza.

- Sí, pero sabes que no lo necesito- dijo sin corresponder el abrazo.

- jijiji que se hace, bueno será mejor a baje y termine de preparar todo, pero si quieres me quedo aquí a ayudarte a vestir- dijo con "inocencia" el shaman castaño.

- No seas tonto yo puedo sola así que lárgate- dijo separándolo de ella, cubierta por un sonrojo, Yoh sonrió ante la reacción de su Anna, pero antes de irse le dio un beso en la frente para dirigirse a la puerta, pero no sin antes regalarle una sonrisa..

Anna se quedó mirando la puerta con una sonrisa, ese era su esposo tan protector y tierno, no podía desear uno mejor, incluso todavía se preguntaba como pudo pensar en divorciarse, hace unos meses, de seguro se hubiera vuelto loca, él y Hana era todo lo que necesitaba para tener una vida feliz, y con la llegada del nuevo integrante todavía tendrían mayor felicidad.

Bajo este pensamiento, y una sonrisa cálida se puso de pie para poder acomodarse antes de perder el día.

El clima estaba agradable, el sol brillaba, el cielo estaba precioso, el parque estaba tranquilo y eran pocas personas las que transitaban por el lugar, solo unas pocas familias que al igual que ellos estaban pasando un día agradable con sus seres queridos. Los Asakuras se habían instalado bajo la sombra de un árbol de cerezo, donde en estos instantes estaba Anna sentada en una manta. Observaba a distancia a su hijo y esposo jugar con una pelota de football con una gran sonrisa.

Cuando por fin terminaron su juego, Yoh y Hana regresaron a la manta, donde estaba Anna ya con la comida lista, se sentaron mientras esperaban que Anna les pasara sus platos correspondientes, en cuando lo tuvieron en la mano empezaron a devorárselo.

- Vaya papá esto te quedo delicioso- dijo Hana degustándose con la comida.

- Jijiiji sí, hasta yo mismo quede impresionado- dijo Yoh con su típica risita.

- Sí, debo admitirlo, por fin supiste complacer mi paladar- dijo Anna con su tono habitual.

- !!En serio Annita!!??? Genial- dijo Yoh con alegría robándole un rápido beso.

-!!!YOH!!!!- dijo Anna muy sonrojada por la acción de su esposo, y más por que su hijo los estaba observando.

Hana sonrió, a su madre no le gustaba esas demostraciones de afecto en público, pero le gustaba verla así de feliz por las tonterías de su padre, y el efecto que causaba en ella, desde esos meses de discordia que han quedado en el pasado, no ha existido un día en el que no fuera feliz.

- Ohh rayos- dijo Yoh buscando en el cesto.

- ¿Qué pasa papá?- preguntó Hana observándolo.

- Olvide la soda- dijo con fastidio- Bueno iré a comprar una- dijo poniéndose de pie, pero Anna lo detuvo.

- No te preocupes iré yo- dijo poniéndose de pie.

- No te esfuerces Anna, iré yo- dijo pero la mirada asesina que le mando su esposa de cristo los nervios.

- He dicho que iré yo, fin de la discusión, entendido - dijo con bastante frialdad, que a Hana también se le crisparon los nervios, algunas veces su mamá le daba miedo.

- N…no ninguno Annita jijiji- dijo Yoh un poco asustado.

Anna se dio la vuelta, para marcharse un poco molesta- Es el colmo con Yoh, solo por un mareo me trata como si estuviera en silla de ruedas- dijo molesta pero Hana e Yoh la escucharon.

- jijijiji cuantas veces le tendré que decir que no pudo evitarlo- dijo Yoh rascándose la cabeza.

- Sí, pero sabes que mamá es muy independiente-dijo Hana mirando por donde se fue su madre.

Anna caminaba hasta el puesto, que estaba un poco cerca, de donde estaban ellos instalados, ya estaba apunto de llegar, cuando uno de esos mareos la ataca otra vez, se sostuvo de un árbol que gracias a los grandes espíritus estaban justo al lado de ella en un momento tan crucial, se llevó la mano a la cabeza, para tratar de que pasara el mareo. ¿Pero que demonios le estaba pasando?. Esto es lo más repentino que le había pasado, después de un embarazo tranquilo a los 6 meses le pasa esto así como así.

- Señorita… ¿Se encuentra bien?- preguntó el señor encargado del puesto donde ella se dirigía en un principio.

- Sí, estoy bien- dijo después de reponerse del mareo.

- Debería tener cuidado en el estado que esta- dijo el encargado del puesto viendo su inflado vientre.

- Lo que yo haga no es problema suyo, ahora si es tan amable, podría darme tres sodas- dijo con frialdad.

- Sí con mucho gusto- dijo el hombre medio asustado por el tono que había usado la itako acompañado de una "amable" mirada.

- Gracias- dijo una vez que tomó su pedido, para regresar donde estaba su esposo y su hijo riendo seguro por alguna de las estupideces de Yoh.

- Bueno aquí están las sodas- dijo entregándoselas a Yoh.

- Bueno ahora si tendremos una comida perfecta- dijo mientras empezaban a comer, pasaron el resto de la tarde en el parque divirtiéndose en familia. (Dije comida perfecta por que yo no puedo comer sin un refresco al lado)

Ya anocheciendo, la familia Asakura estaba regresando a la casa, el primero en entrar fue Hana, luego seguido de la itako quien tomó la correspondencia que había en la entrada, una vez adentro Yoh se dirigió a la cocina a dejar las cosas, acompañado de Hana. Mientras tanto, Anna revisaba la correspondencia con indiferencia, hasta que una carta llamó su atención. Era de su sensei, dirigida a ella, a Anna le extraño eso.

- ¿Hay novedades?- la sobresaltó su esposo al entrar al recibidor.

- No, solo una carta de tu abuela- dijo con indiferencia.

- ¿Que quiere?- preguntó Yoh con su habitual calma.

- Ese no es tu problema. La carta esta dirigida a mí- dijo con frialdad, le molestaba cuando se metían en sus asuntos aunque esa persona fuera su esposo.

- Anna- dijo en todo de advertencia- Si es para algún entrenamiento o sesión espiritista, sabes que no iras- dijo Yoh severo un tono no habitual en él.

- Lo sé Yoh, no soy tan estupida como para ponernos en riesgo en mi estado, pero si que estas dramático, la abuela nunca me obligaría a ir en mi condición actual- dijo ella mirando a Yoh con severidad también.

- Hace 3 meses eso no la detuvo- dijo de una forma que a Anna le impresionó, ella sabía que Yoh no estuvo de acuerdo con ese viaje hace tres meses, trató de todas formas para persuadirla, pero no lo logro, al final accedió por su terquedad, pero no podía culparlo estaba preocupado así era su Yoh

- Sí, pero estoy aquí sin problemas "hasta hoy"- agregó para sus adentros, por alguna razón cuando vio la carta tuvo el presentimiento que tenía que ver con su inusual malestar y su relación con aquel pasado entrenamiento- Además solo fue una sesión espiritista- dijo con sequedad.

- Sí, por eso fue que te deje ir, porque de lo contrario te hubiera encerrado- dijo con una sonrisa acercándose y rodeándola con sus brazos- Haría cualquier cosa para protegerlos- dijo tiernamente estrechándola con una mano y acariciando su vientre con la otra.

Anna se sintió culpable en ese momento, ya que en realidad sí fue a un entrenamiento, se podría decir que por un momento algo se salió de control. Ella se acercó más contra él, hundiendo su rostro en el pecho del shaman. Se quedaron así un rato, hasta que sintieron una presión entre las piernas de los dos, se separaron para ver a su hijo abriéndose espacio entre ellos.

- ¿Tú también quieres un abrazo?- preguntó el shaman castaño tomándolo en brazos.

El pequeño asintió un poco sonrojado, los dos padres sonrieron con ternura, Anna le deposito un beso en la mejilla para después abrazarlo a los dos juntos.

Ya entrada la noche, Anna entró en la habitación, mientras Yoh se encargaba de acostar a Hana. Ella supuso que Yoh tardaría ya que su hijo no podía dormir sin las historias de su compañero de vida.

Aprovechado los momentos de soledad, decidió ver el contenido de la carta, la sacó de su bolsillo, con algo de impaciencia, luego sacó el papel y empezó a leer línea por línea cuidadosamente.

Al cabo de unos minutos Anna guardó la carta en su mesa de noche personal (no se los suyos pero mis padres son así tienen una mesa de noche cada uno) luego de eso se cambio de ropa y se puso la yukata. Al cabo de unos minutos entró su esposo, el cual la vio acostada en el futon dándole la espalda, este sonrió y se dirigió a cambiarse el también. Al rato se reunió con ella en el futon y la abrazó con fuerza.

- Te amo- dijo con ternura al oído de la rubia, nunca se acostaba sin decírsela era ya un ritual nocturno para el.

Anna le entró un escalofrió al escuchar esas maravillosas palabras, se cambio de posición quedando de costado a el y abrazándolo – yo también te amo Yoh- dijo ella enterrando su rostro en el cuello de él, Yoh percibió algo extraño en la voz de Anna, al igual que ligero temblor.

- ¿Por cierto que quería mi abuela?- se aventuró Yoh a preguntar, al momento de realizarla sintió un sobre salto de parte de Anna, ella se aferró un poco más a él hasta que la respuesta llegó.

- Solo quiere saber como va evolucionando mi embarazo eso es todo- murmuró la itako.

- ¿Por qué no llamó entonces?- preguntó Yoh extrañado, sabía que su esposa le estaba ocultando algo pero no quiso preguntar aun.

- No lo se Yoh- dijo con molestia- Si me disculpas quisiera dormir- dijo tratando de voltearse para darle la espalda a Yoh, pero este se lo impidió rodeándola con los brazos, Anna se encontró con la mirada de preocupación de Yoh, algo que a ella nunca podía resistirse

- Anna… ¿que sucede?- decidió preguntar- ¿Algo no marcha bien?- preguntó con preocupación.

Anna lo miró unos segundos, para luego tomar su rostro con sus manos, ella se acercó y le dio un beso en los labios con toda la ternura que sentía hacia él.

- No sucede nada, te estas preocupado demasiado- dijo con una sonrisa al separarse del beso.

- Anna, prométeme que si sucede algo me lo dirás, que pase lo que pase confiaras en mí- dijo tomándole las manos que hasta ese momento estaban en su rostro.

- Yoh sabes que confió en ti, y eres un tonto al dudarlo- dijo frunciendo el seño.

- Anna por favor prométemelo, si algo no anda bien, para eso estoy para protegerte y apoyarte en cualquier situación por que te amo- dijo con suplica, a Anna casi se le salieron las lagrimas mejor dicho se le salieron y para evitar que Yoh las viera hundió su rostro en el amplio pecho del castaño.

- Te lo prometo – dijo finalmente aferrando se a él.

- Gracias- dijo Yoh finalmente abrazándola con más fuerza para así quedar los dos dormidos uno en los brazos del otro.

A la mañana siguiente vemos a la familia Asakura desayunando en tranquilidad, hasta que esa calma fue interrumpida por el timbre.

- ¿Quién será?- preguntó Yoh extrañado, ya que no esperaban a nadie.

- Si no te paras y ves, no lo sabremos – dijo Anna fríamente.

- Yo iré, no te preocupes papá- dijo Hana levantándose para ir a la puerta.

Hana fue a la puerta, cuando la abrió frunció el seño, no le agradaba para nada la persona que estaba en la puerta.

- Hola pequeño Hana.- dijo una joven pelirosa viendo al pequeño.

- Buenos días- señorita Tamao- dijo fríamente ya que no le agradaba nada esa persona.

Tamao miró con tristeza al niño, ella sabía que no era de su agrado por que notó que le gustaba su padre- ¿Donde se encuentran los señores Asakura?- preguntó disimulando su tristeza.

- Están en el comedor, sígame- respondió neutro caminado al comedor.

Cuando entraron Yoh miró extrañado a Tamao y Anna bueno digamos que ella la miro con cara de pocos amigos.

- Tamao que sorpresa, no te esperábamos- dijo en forma de saludo.

- Sí, una verdadera sorpresa- dijo fríamente la itako.

- Disculpen lo repentino, pero la señora Kino me envió para que la señorita Anna no tuviera trabajo- dijo sonrojada por mirar a Yoh lo cual Hana y Anna lo notaron y no les agradó nada esa mirada en espacial al primero.

- No es necesario así estamos bien-dijo Anna fríamente.

- No Anna, ella tiene razón no quiero que te esfuerces mucho- dijo Yoh contradiciendo a la itako que apretó los dientes.

- Has lo que quieras – dijo fríamente parándose de su asiento y saliendo de la habitación seguido por Hana.

- Discúlpalos Tamao no se que les pasa- dijo Yoh apenado por la actitud de su hijo y su esposa.

- No se preocupe joven Yoh, ahora si me disculpa iré a dejar mis cosas en la habitación- dijo haciendo una reverencia y saliendo.

Anna entró a su habitación seguido por su hijo. Al parecer esa visita era más significativa de lo que su esposo pensaba. Le molestaba esa actitud de sentirse vigilada y espiada en muchos sentidos. Conocía las consecuencias de ese error, pero las afrontaría y las solucionaría sin llegar a estos extremos.

-¿Mamá… estas molesta?.- Cuestionó con curiosidad el niño al ver su semblante serio y poco agradecido por la visita de Tamao.

-No es nada, no me hagas caso.- Pronunció entre suspiros la itako, no podría manifestar su enojo de otra forma, pero debía de controlarlo y evitar descubrirse.

-Si es por ella, yo….- dijo Hana con preocupación, ya que si ella era la causante, él mismo la correría de la casa.

-Tranquilo, no es por eso. Será mejor que vayas a la cama.- Dijo con seguridad y firmeza en sus palabras; mientras abría la puerta de su recamara y salía en compañía de su hijo.

Entraron a su habitación y colocó en su apropiado lugar el futon. Miraba con nostalgia ese lugar, había pasado tantos momentos felices y muchos gracias a este pequeño niño. Suspiró con melancolía y miedo de abandonar eso, de dejarlo a Yoh… a Hana.

Hana la miró un poco envuelta en sus propios pensamientos y recostó suavemente su cabeza en su vientre, trayéndola nuevamente a su realidad.

-¿Qué tanto piensas, mamá? ¿Acaso hice algo malo?.- Cuestionó con curiosidad de sus pensamientos y sobretodo de su actitud poco distante.

-Solo recuerdos, y te agradecería que dejaras de preguntar tanto.- Dijo Anna con burla y un tono de voz dulce.

Acarició su cabello y besó su frente. Acomodó a su hijo dentro del futon y nuevamente se despidió de él. Hana parecía incomodo con la presencia de Tamao, pero si su madre le pedía tolerara esa visita lo haría.

Salió del cuarto con tranquilidad y un nuevo mareo la atacó. Recargó su cabeza en la pared y trató de mantenerse en pie, cada vez eran más prolongados y la frustración la llenaba por completo en cada uno.

Abrió repentinamente los ojos al sentir una mano posarse en su brazo.

-Se siente bien, señorita Anna?.- Preguntó Tamao con un tono más que preocupado y angustiado al ver su semblante un poco pálido.

-Por supuesto, es solo un pequeño mareo.- Dijo Anna con evasiva y soltó su brazo del agarre de la pelirosa, quien se sintió mal por su frialdad con ella.

Caminó hasta dirigirse a su habitación y cerrar la puerta con brusquedad. Su sorpresa fue grande al notar como la puerta se abría rápidamente y dejaba entrar a la pelirosa.

-Vete de aquí, Tamao!!.- Ordenó con sobresalto la rubia, pues sentía su espacio totalmente invadido.

-No puedo, la señora Kino esta preocupada y….- Trató de hablar, pero ella no le permitía expresarse y miraba con espanto su fuerte carácter.

-¡No tiene de que preocuparse, estoy en perfectas condiciones!.- Exclamó con fastidio en su voz.

-Pero los mareos….- Objetó con temor en su voz, sabía que la estaba retando y temía terminar mal aquella charla.

-Mi estado es obvio, puedo o no tener síntomas del embarazo. Así que lárgate de mi habitación.- Dijo con enojo en su tono de voz, aquella conversación no tenía un buen cauce y probablemente jamás lo tendría.

-Sí, pero no me iré de la pensión… entiéndalo es por su bien y por el del bebé.- Dijo Tamao. Sus palabras inspiraron decisión, algo poco usual en ella. Y así salió de su habitación.

Respiró con dificultad y se dejó caer al futon. Estaba agotada, sus fuerzas poco a poco iban disminuyendo y nada evitaba esas pequeñas fugas de poder espiritista. No podría remediarlo, a menos que hablara seriamente con Kino.

Kino deseaba saber su estado. No se podía mentir, estaba débil y muy agotada. Sin embargo, era una agotamiento distinto, podría decirse que inexplicable. Sus fundamentos los relacionaba con el entrenamiento especial y eso causaba un temor por ser realidad. Tenía miedo por su bebé. Los riesgos eran muy grandes y ella los había tomado.

Flash Back…

Metió ropa a una pequeña maleta. No tenía pensado pasearse por Izumo tantos días y menos en su estado. Un paseo relativo, ya que en realidad era más que un paseo o una simple reunión espiritista. Volvió al closet a sacar algunas prendas y tratar de quitárselo de encima.

Era el colmo, tenían veintiún años, casado, con casi dos hijos y él seguía actuando de manera tan infantil. Nunca cambiaría y a eso se había resignado. Aunque de cierto modo, era algo que le agradaba del castaño.

-No vayas, Annita. Por favor no te vayas a Izumo.-Rogó una vez más el castaño, era la décima vuelta y su insistencia no cedía.

-Es solo una simple sesión espiritista., no tardare más de una semana.- Respondió la rubia con un poco de fastidio por tanta insistencia en el mismo tema.

-Demasiado tiempo.- Dijo Yoh con desilusión en su voz.

-Estas exagerando un poco, por no decir demasiado.- Dijo con ironía la itako, ya que no se quitaba de encima a su esposo, su boleto estaba pagado de nada le serviría sus intentos por percudirla.

-Nunca es demasiado tiempo para mí, deberías saberlo.- Respondió con un ligero tono carmesí en sus mejillas, aunque era la pura y casta verdad.

Su comentario sonrojo de manera violenta a la rubia, quien no dejó de contemplar a su hombre. En verdad era un contraste fascinante, poseía una figura agradable a cualquier mujer y un carácter enternecedor.

-¿Hay manera que te haga desistir de esa idea?.- Pronunció Yoh con una tonalidad mas seria y mas seductora que impasible. Se acercó hasta quedar frente a frente.

Sus labios casi rozaban unos con otros y su aliento le hizo estremecer por completo.

-¿Aún tienes la esperanza de que así sea?.- Preguntó con curiosidad la rubia, ya que sabía que su decisión era un hecho y nada la haría dudar.

-Por supuesto.- Sonrió con un poco de picardía el shaman

Tomó a la rubia de su cintura hasta llevarla junto a él. Podían sentir sus cuerpos totalmente cerca uno de otro. Intentó besar sus labios, pero desistió de su idea. Bajó con lentitud a su cuello y succionó una pequeña parte de él.

Anna se entregaba de lleno a esa sensación, no era la primera ocasión en que podía sentirla, pero cada vez era más adictiva. Hubiese cedido a una petición así en ese momento, de no ser que alguien llamará a la puerta con tanta insistencia, sacándolos de su mundo de fantasía.

-Mamá!!! .- Gritó el pequeño niño afuera de la habitación.

-Agradezco mucho el hijo que me diste.-Susurró la rubia con un poco de burla en su voz.

Se separó del castaño rápidamente y cerró la maleta de la cama para dársela a su esposo. Yoh parecía no querer salir de su mundo, pero el sonido de sus dedos lo hizo despertar con pesadez de esa ensoñación.

-Apresúrate o llegaré tarde.- Ordenó con brusquedad y se retiró de ese lugar.

Anna abrió la puerta con rapidez y el pequeño niño pareció nunca haberla visto, ya que se arrojó hacia ella, diciéndole que su transporte había llegado y tomándole de su mano la guió afuera de la habitación.

Suspiró derrotado, había perdido nuevamente. Dos semanas trató de persuadirla de cualquier manera y ella simplemente se negaba al hecho de querer escucharlo, al parecer esta sesión espiritista era muy importante para ella.

Bajó las escaleras y se encontró a todos sus amigos reunidos en la entrada principal. Por lo menos tendría una excelente compañía en su ausencia. Las miradas lo recorrieron una a una, hasta que una voz llamó por completo su atención.

-Apresúrate o llegaremos tarde , Yoh!!!.- Sonrió entre forzado y un poco desconcertado. La misma frase dos veces en el día y por diferente persona era algo raro.

-Lo sé , Manta. No te enojes tanto.-Excusó el shaman, quien no dejo de buscar con la mirada a su esposa.

Junto a Ren se encontraba la rubia. Al parecer su hijo le había agarrado un cariño especial a su amigo y estaba con él. Anna le daba una serie de instrucciones a su amigo, lo cual lo puso un poco celoso, ya que el padre era él.

Llegó hasta donde estaban ellos y Hana se giró hacia él, pidiéndole lo subiera, ya que la rubia no podía cargarlo. Yoh obedeció al mandato de su hijo, no iba a negar que en ese aspecto se parecía demasiado a su madre.

Yoh parecía estar entre molesto antes de dirigirse a ellos, pero sus "celos" desaparecieron con el comentario de Hana, quien le había pedido a su madre un abrazo y un beso antes de marcharse.

-¿Te picó un mosquito o algo, mamá?.- Cuestionó con inocencia el niño al ver la marca roja en su cuello.

Anna se sonrojó violentamente por la indiscreción de su hijo. Olvido por completo la pequeña marca de Yoh, quien también adquirió la misma tonalidad de rojo en su rostro.

-Yo diría que más bien le pico un mosquito muy grande.- Dijo entre burlas y risas Horo Horo, mientras las miradas se posaban en Yoh.

-Pues el mosquito debió ser muy grande.- Agregó Hana con simpatía.

-Ya se quitará.-Intervino la rubia antes de oír otro comentario vergonzoso al respecto. Cuídate mucho, sabes que estas a cargo de esta bola de haraganes..- Agregó con dulzura e imposición en sus palabras.

Besó su frente y le dio un pequeño abrazó antes de salir y dirigirse al auto. No sin antes dirigirles a todos un par de miradas frívolas ordenándoles hacer sus quehaceres como corresponde a cada uno.

Yoh bajó al pequeño niño, quien entró a la pensión rápidamente. Subió al coche al igual que su esposa y su mejor amigo. El automóvil se detuvo hasta llegar a su destino. Los tres bajaron del vehiculo, dos de ellos con indiferencia del momento, pero el castaño no lucía de esa manera.

Fin Flash Back…

Yoh entró extrañado a su habitación. Se encontraba en el umbral de su ventana un poco pensativa de la situación. Los días anteriores hablaban poco y se mantenía distante con Tamao. Hana, por su parte, trataba de mejor manera a Tamao, aunque su comportamiento se veía un poco forzado.

Sus intentos por preguntarle su razón, habían fallado en más de una ocasión. Conocía su carácter, un poco testaruda para tomar sus propias decisiones, pero esta vez se cerraba a obtener una respuesta tan simple a esas reacciones.

-Estoy celosa, ya te lo dije.- Repitió con insistencia y obviedad en sus palabras.

Nuevamente mentía. Sabía de los sentimientos de Tamao y no creería en absoluto ese cuento de sus celos, pues durante años le permitió la entrada a Tamao y sin ningún problema.

-Porque insistes tanto en eso? Estoy celosa..- Insistió con enfado en su voz, es que acaso perdían credibilidad sus palabras.

-Nunca lo habías estado.- Dijo Yoh con serenidad, aunque por dentro no lo estuviera

-Pues ahora sí, Tamao ha crecido y tu pareces mirarla más..- Contestó con sinceridad y dolor en sus palabras, aunque realmente ese no fuera el motivo.

-Mientes, pero no insistiré más. Si no me tienes confianza… entonces no te obligaré a decírmelo.- Finalizó el shaman un poco dolido con esas palabras, él jamás se fijaría en otra mujer y menos en su amiga.

Suspiró resignado y salio de la habitación. Todos los días la misma discusión y ninguna respuesta aparecía. Observó como su hijo entraba a su habitación con su madre, su comportamiento de él era extraño y no podía garantizar nada bueno en eso.

Caminó por la sala y encontró a su amiga de la infancia, y quien a estas alturas era tema para hablar con su esposa. Desde su llegada pocas eran las ocasiones que hablaban sin entrometerla a ella, peor no se arrepentía, su sentido le decía que había algo oculto. Sin embargo, su sorpresa fue grande al verla…¿llorar?.

Ahora comprendía la entrada de su hijo a ver a su madre.

-¿Te ha dicho algo malo?

-No, para nada.

-Hana es un niño con un carácter un poco inestable, discúlpalo.

-No se preocupe, son solo sentimentalismos.

-No es por eso solo por lo que estas aquí, ¿cierto Tamao?

Negó con su cabeza aquella pregunta. Sin embargo, no podría decirle esas cosas, no le correspondía a ella llegar e invadir su mente con dudas.

-¿Qué es?

-No puedo decirlo… solo sé que es algo muy grave.

Sus ojos perdieron color con esas palabras. Ahora entendía su comportamiento, su evasiva y sus infundados celos. Apretó con fuerza los puños, no era furia, era impotencia. Ella corría peligro y él no lo sabía.

-Te lo suplico, dime todo lo que sepas.

-No puedo, usted deberá hallar esas respuestas. Busque en aquella mesa de noche… tal vez eso disipe sus dudas

Se marchó inmediatamente del lugar, dejando al shaman sumamente pensativo. La mesa de noche de Anna siempre estaba llena de accesorios personales, pero en especial de cartas.

-Cartas de la abuela.- Reaccionó con rapidez a la indirecta.

Corrió a su habitación, vio salir a su hijo y a ella de su habitación. Hana tenía un puchero en su rostro, como si lo hubiese regañado por algo, pero iban tomados de las manos algo que llamó su atención.

-Prepararé la cena.-Dijo con frialdad la rubia, aquella charla la había dejado muy pensativa y sobretodo distante de él.

-Sí, enseguida iré a ayudarte.- Contestó con un tono sobrio.

Entró y observó todo en perfecto orden. Su antigua habitación había cambiado mucho con la llegada de la rubia a ella, pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por aquel mueble. Miró con detenimiento el objeto y abrió con cuidado el cajón de este.

-No quisiera hacerlo, pero esto parece ser mas grave de lo que tu pareces decirme.- Susurró para si mismo, no podía engañarse, no deseaba invadir su espacio personal.

Sacó una pequeña caja, las cartas eran muchas, pero pronto diviso la más reciente. Aquella carta que numerosas veces le pidió que se la mostrara ahora estaba en sus manos y sólo él tenía la decisión y la convicción de abrir el sobre.

Sus manos picaban hábilmente la verdura. Durante esos años había adquirido destreza. Sin embargo, sus pensamientos divagaban en su relación, en aquellas dos semanas, en el entrenamiento. Sus palabras tenían un poco de verdad, pero eran mínimas comparadas con la realidad.

No deseaba mentirle y mucho menos ocultarle algo importante. Tenía miedo a como lo tomaría, si la despreciaría o simplemente no le perdonaría. Borró esos pensamientos de su mente, a fin de cuentas, no era su culpa, ella no pidió eso, jamás.

Miró a su hijo entretenido en la ventana. Él le brindaba una tranquilidad enorme y por él tenia que terminar con esa indiferencia. No era momento de interponer una barrera, sería por el bien de su familia. Se secó las manos y se quitó el delantal.

-¿A dónde vas?.- Cuestionó Hana con un poco de extrañeza por su comportamiento.

-Tengo que hablar con tu padre.

-¿Y la cena?

-Tamao podrá prepararla

Mencionarla no era la mejor opción que había tenido. Anna notó esa pequeña mirada melancólica. Su actitud no había sido la más cortés últimamente, pero la charla de un rato no tenia ni una sola palabra agradable. Acarició su cabello y levantó su pequeño rostro.

-Ella te quiere mucho y por lo mismo no debemos tratarla de esta manera

-Sí, mamá. Te prometo que hablaré con ella y me disculparé

-Eso espero.

Sonrió con felicidad por las palabras de ánimo de su madre y se marchó a su habitación.

Miró a su hijo irse y así lo hizo ella también. La tarde había caído y eso le parecía algo inspirador. Reunió fuerzas para verle nuevamente y decirle todo el problema, era su esposo y por lo tanto debía tenerle entera confianza. Abrió la puerta de su habitación y lo encontró con el sobre en mano.

Se sintió herida y traicionada. Su pensamiento fue tan absurdo al pensar que él esperaría a su respuesta, que le contará su problema, o al menos el problema real. Sin embargo, se sentía como una tonta, él ya lo sabía y no había necesidad para decirle más.

Se acercó hasta él y arrebató de golpe el sobre de sus manos. Rompió en mil pedazos aquel papel y lo arrojó al suelo. No era furia, ni frustración, era decepción.

-¿Cómo te atreviste?!!!

-¿Qué acaso no me tienes confianza?

-Tú no la tienes conmigo, como podría confiar en ti… ahora.

-¿Y tu acaso la tuviste conmigo? Jamás pensé que entre nosotros surgieran problemas por esto. Yo confió en ti con mi vida y mira como me respondes!! Con engaños y mentiras!!

-Tenía miedo y bien sabes porque! No puedes culparme, no quería que esto pasara

-Pero tenías opción, Anna. Debiste contármelo, en vez de ocultarlo, de guardártelo para ti. ¿Es que acaso tu orgullo es tan grande que es más fuerte que nuestro amor?!!!

Su silencio motivo a varias acusaciones. Aquello era el comienzo de un pleito mucho mayor. Presentía algo muy malo de todo eso.

-¿Es que acaso no piensas en mis sentimientos?!!!

-Y tu pensaste en los míos?!! Nunca! Siempre eres tú, y que hay de los demás. ¿Qué hay de mi, de Hana, del bebe? No te importa?!!!

Un sonido ensordecedor resonó en toda la habitación. Yoh no se movió, simplemente sintió el ardor en su mejilla, el golpe había sido demasiado duro. Su mirada era oscura y sus cabellos cubrían de ella, peor sus palabras eran de una mujer herida.

-No te atrevas a decir que no me importa!!!

Su rostro era serio y casi irreconocible. Su carácter siempre era tranquilo y apacible, pero la situación no le permitía emitir esa pureza. Intentó reprimir la impotencia, la preocupación y sus arrebatos, sin embargo le era imposible, no podía retenerlo.

-No me parece, aun y te escondes en esa coraza, no permites que te proteja, no lo haces, prefieres ser tu la que lleve esa carga!!!

-Tu que sabes de llevar la carga!! Nunca la has llevado!!!

Yoh se sorprendió por esas palabras, que enmudeció por completo. Sus ojos no podían expresar más sorpresa que esa. Anna tampoco creía en sus palabras con total afirmación. El shaman expresó dolor en su mirada y salió de la habitación

Sintió un nudo en la garganta, una declaración para nada cierta, ella lo sabía. Intentó detenerlo antes de salir de la habitación y así lo hizo. Sus miradas chocaron y su piel tocó su hombro por descuido. No forcejeó al contacto, pero tampoco le inspiró querer seguir ahí.

-No quiero seguir discutiendo, con esto me has dicho tanto-Dijo en un tono herido, con la mirada oculta en sus castaños mechones.

-¿Porque discutían?

Aquella voz los sacó de tantos pensamientos. Miraron hacia abajo, su hijo estaba ahí. ¿Hace cuanto tiempo?, no tenían idea. Sus miradas se ensombrecieron al escucharlo repetir la pregunta.

-¿Por qué estaban gritando?¿Acaso ocurre algo malo?

Las lágrimas se empezaron a acumular en sus ojos.

-¿Por qué se quedan callados?!!-Grito con desesperación el pequeño niño rubio, bajo las miradas ensombrecida de sus padres.

Continuara………..

Holaaaaaaaaaaa como esta toda mi gente de FF, pues bien al fin decidí dar señal de vida y eso solo significa una cosa SIIIII ESO MISMO ME GRADUEEEEEEEEE WOW AL FINNNNNN jeje pues como ven ya pude dedicarme un poco mas a mis fic, aun que tengo que ser sincera este epilogo se me extendió mucho, por que eso era principalmente un epilogo pero lo tengo que dividir por que mi inspiración se salio de control, no pude reducirlo mucho, aun me falta subir la otra parte que casi la tengo lista no se preocupen con este no me tardo tanto jeje.

Bueno este capi se lo dedico a una gran amiga que conocí en aquí en FF, me a ayudado en la elaboración estas partes del fic y en la ortografía que la tengo patética jeje pero no pudo decir nombre por que ella no quiere, pero creo que se merece créditos de mi parte, aun que se que me va a matar cuando lea esto pero oye no la mencione jeje, pero este capi esta dedicado a ti GRACIAS POR TU AYUDA Y APOYO.

Bueno espero que disfrutaran el capi, mándenme sus review que esos me darían el último empujecito que me falta para terminar el fic y muchas gracias a: