Ni ouat ni sus personajes me pertenecen, por el contrario la historia sí es mía.
Este fic va dedicado a mis chicas del whatsapp swanqueen, a las del grupo evil regals, al grupo de las reinas, a mi petita, a mi morena, a Irina, a amandis la tetis y por supuesto a mi manager adorada.
Va especialmente dedicado a mi amada esthefybautista, porque la amo más que a mi vida.
A mi Miss Swan tata favorita porque la quiero y punto, a mi manager hermanita porque la extraño, a mis sobris gen, Andrea y Bela, a vero porque es un cielo y a Natalia porque se lo merece.
Gracias a los que me leen y comentan, ayuda mucho saber vuestras opiniones. Sin más os dejo disfrutar del capítulo no sin antes recordaros que debéis leer a franchiulla, my dark queen, MaryMontoya17, EvilSwanQueen21, Erpmeis, el lado ciego del amor y por supuesto a mi amada esthefybautista.
CAPÍTULO 3 EL CAMPO DE LOS LIRIOS
La mañana se presentó cálida, el sol arremolinaba los colores de la primavera dándole a su hogar un matiz que teñía sus ojos de curiosidad, hacía años que la joven princesa se preguntaba qué había más allá de los bosques, de los hermosos ríos, de los suaves prados donde aprendió a correr en otro tiempo, cuando los Mills eran más pacíficos y aun podía disfrutar de un resquicio de libertad.
El funeral por el joven Jones se dio sin altercados, la familia Real presidió la procesión fúnebre, sepultando con honores al muchacho que había perdido la vida por su familia, las condolencias por la prematura muerte de aquel que iba a ser su esposo junto al apretado corsé que le quitaba el aliento pronto empezaron a marearla y asfixiarla, su único deseo era escapar, correr o cabalgar lejos de ahí, dejar atrás a sus padres, su título y obligaciones, marcharse lejos y vivir.
Al volver a su hogar, el encierro en su torre la puso de mal humor, como un animal enjaulado dando vueltas de un lado a otro hasta que Diana entró en sus aposentos, consiguiendo que una sonrisa adornase su rostro.
-"¿Cómo os encontráis majestad?"
-Bien… ¿Y vos?
-"¿Cómo os fue en el entierro?"
-No habéis respondido a mi pregunta Diana ¿Qué os aflige? Sabéis que me lo podéis contar
-"No, no puedo majestad, lo que me aflige solo me concierne a mi"
Diana se sentó con sus ojos claros perdidos en el infinito, podía leerse dolor en ellos por lo que Emma se sintió estúpida. Metida en sí misma y en sus propias desgracias no se había parado a pensar que su amiga estaba sufriendo
-Por favor Diana, cuéntame qué te sucede, quisiera poder aliviarte
-"No podéis majestad, nadie puede, a no ser que conozcáis la forma de arrancar el amor que tortura mi alma"
-¿Estáis enamorada? Pero eso es bueno ¿Quién es él?
-"Alguien fuera de mi alcance"
-¿Por su posición? Si sufrís porque solo es un campesino yo intercederé ante madre, nadie os puede quitar el derecho a amar
-"No es un campesino majestad, es un enemigo al que debo odiar pero mi alma y mi corazón se niegan a aceptarlo"
-Es… ¿Es Mills Diana?
-"Se llama Luci, Luci Mills y sé que me ama"
-Los Mills no aman, asesinan
Los ojos de Diana se volvieron a perder en el infinito, sabía que Emma jamás entraría en razón y que haberle confiado su secreto podría significar una sentencia de muerte no le importó, llevaba demasiado tiempo guardando sus sentimientos por la misteriosa morena de ojos castaños de la que estaba perdidamente enamorada.
En ese momento la puerta de los aposentos se abrió y penetró Mary Margaret Swan, la reina y madre de Emma por lo que ambas guardaron reverencial silencio.
-"Emma, hija, Eva te espera en el jardín, dice que quiere que paseéis con ella un rato"
-Voy en seguida madre
Con una sonrisa se adecentó el cabello y acicaló su vestido apresurándose a cumplir con el llamado de Eva Swan, su abuela y la matriarca de la familia. Si había alguien en el mundo a quien Emma adorase esa era Eva Swan y la anciana parecía sentir lo mismo por su adorada nieta.
Penetró en el jardín y divisó a la anciana deleitándose con el color de los lirios, su flor favorita. Eva alzó su mirada y sonrió al ver a su rubia consentida acercarse a ella, tomó su rostro entre sus manos y besó su frente con amor.
-¿Queríais verme mi señora?
-"Paseemos princesa, hace un hermoso día"
Tomadas por el brazo, pasearon entre los setos, en silencio, admirando las distintas flores con un silencio cómplice hasta que la matriarca Swan se detuvo, notando a su nieta preocupada.
-"¿Qué os preocupa mi joven princesa?"
-Abuela… ¿Cómo empezó nuestra enemistad con los Mills?
-"Es una larga historia, de hace varios siglos"
-Necesito entenderla
-"¿Por el joven Jones?"
-Por mi misma abuela
-"Está bien, la guerra empezó por lo mismo que empiezan todas las guerras, amor y poder. Hace siglos Toletum era próspero, vivía en paz bajo el reinado de la familia Swan. Un día llegó un extranjero, era rico más no tenía título, solo era un mercader un poco más acaudalado que los demás, se llamaba Leopold Mills. El rey lo acogió ya que este traía mercancías de tierras exóticas y avivaba su curiosidad, durante la velada Leopold se enamoró de la princesa Swan, la hija del rey. Al no poder tenerla ya que sin título se negaron a ofrecérsela en matrimonio juró que algún día sería un Mills quien se sentara en nuestro trono, iniciando una guerra por el poder de Toletum que aún perdura"
-Todo porque uno de mis antepasados se negó a entregar a su princesa porque Leopold Mills carecía de título, es injusto, tantas muertes por culpa de algo tan absurdo
-"Los errores del pasado no los podemos enmendar, solo aprender a vivir con ellos, los Mills quieren el trono y su heredera no parará hasta conseguirlo"
-¿Regina? ¿Qué opináis de ella abuela?
-"Admiro su coraje, ningún Mills había sido tan osado hasta que ella llegó ¿Y vos mi princesa? ¿Qué pensáis de Regina Mills?"
-No lo sé, solo sé que me intriga y que la odio porque desde su regreso mi vida se ha vuelto un infierno, encerrada en este castillo
-"¿Dónde iríais de poder hacerlo?"
-Al fin del mundo ¿Y vos?
-"No tan lejos mi princesa, yo me marcharía al campo de lirios, es mi lugar favorito en el mundo, ahora marchaos, gracias por vuestra grata compañía"
Con un beso sobre su frente se despidió de ella y la vio alejarse, tan joven y llena de vida, tan ingenua. Adoraba a esa niña, la vio crecer y convertirse en la hermosa mujer que algún día sería coronada reina de Toletum, si llegaba viva a ese hecho.
Su mirada se cubrió de sombra y lentamente se marchó, esquivando a los guardias como sólo ella sabía hacerlo, subiendo a pesar de su avanzada edad sobre un caballo y dirigiéndose a paso ligero hacia ese prado de sus sueños, el campo de los lirios.
A medida que se iba acercando, toda una vida de encierro en ese mundo ficticio cayó sobre su alma, era una de las veteranas del lugar, una de las primeras trasladadas, había olvidado cómo era el mundo exterior y su alma estaba vacía, presa eterna por un delito que ella misma había olvidado.
Llegó al campo y en seguida se dio cuenta de que no estaba sola, sobre la hierba había una mujer joven, su belleza era hipnótica, parecía esculpida por los ángeles. Sus cabellos eran del color de la noche, recogidos en una trenza elaborada, tenía los ojos cerrados mientras disfrutaba de la brisa y sus labios dibujaban una sonrisa, lo que más llamó la atención de la anciana Swan fue que esa muchacha vestía los colores enemigos, el rojo y el negro. Fijándose más en ella antes de ser descubierta vio la cicatriz sobre su labio superior, reconociéndola de inmediato, ante ella estaba Regina Mills, la asesina de la rosa.
Esa misma mañana, Regina había despertado aún enredada entre las piernas de Luci, con la espalda agarrotada tras haberse dormido en el suelo con la muchacha usándola de almohada. Hacía casi un año que había sido trasladada por deudas de sus padres y en cuanto pisó el hogar Mills, Regina la había tomado bajo su protección. Cuando se enamoró de Diana Swan tras una pequeña reyerta que tuvieron cerca de la frontera, empezaron sus encuentros en el cobertizo donde ambas se liberaban entregándose de forma carnal, Regina dejaba atrás la sensación de pesadez que tenía sobre sus hombros al pensar en las vidas que debía segar, las que ya había segado y aun le perseguían en sus pesadillas, mientras Luci descargaba con ella toda su frustración al amar de forma desgarradora a alguien inalcanzable.
La despertó con delicadeza ya que necesitaba estirar las piernas, besando suavemente su frente y sus labios. Que no hubiese amor no significaba que esa muchacha no le importase. Los ojos color caramelo de Luci, cargados de sueño, se posaron en ella y se levantó con suavidad, separándose del cálido cuerpo de Regina. Se vistieron en silencio y Regina partió, se coló en las cocinas de su casa donde robó algo de comida y ensilló su caballo, prefería la vida en campo abierto que las intrigas de la corte.
Cabalgó sin reparar en el paso del tiempo y cuando quiso darse cuanta estaba en territorio Swan. No le daba miedo penetrar en territorio enemigo, ya lo había hecho anteriormente en demasiadas ocasiones. Empezó a deambular por el lugar con los sentidos alerta ya que no necesitaba un enfrentamiento en esos momentos cuando dio de bruces con un parado enorme que no había visto antes y que la enamoró de inmediato.
Los lirios crecían por doquier, el verde era intenso y en cuanto bajó de su caballo sintió como la paz interior la invadía.
Decidió que se quedaría un rato, disfrutando de la soledad y del momento, por lo que se sentó en el suelo cerrando los ojos y dejándose acariciar por los rayos del sol, soñando con una libertad que se le antojaba un mito.
No supo cuánto tiempo estuvo meditando en aquel lugar, cuando una voz la sacó de sus ensoñaciones y, alzando la mirada, se topó con una mujer mayor a la que no había visto en su vida, vistiendo los colores de la familia Swan.
-Estáis lejos de casa muchacha
-"Un poco, mas este lugar merece la pena"
-La merece, decidme ¿Qué piensa la asesina de la rosa para tener el rostro sereno?
-"Ahora mismo que estoy en desventaja, vos sabéis quién soy mas yo desconozco quién sois vos"
-Levantaos Regina, dadle el gusto a esta anciana de pasear junto a vos por el campo de lirios
Regina se levantó, ofreciendo su brazo a esa mujer que le inspiraba confianza, y juntas empezaron a andar en silencio.
-Tenéis razón, quizás deberíais saber quién soy ya que gentilmente me habéis ofrecido vuestro brazo
-"No hace falta que me lo digáis mi señora, he sacado mis propias conclusiones"
-¿Las compartirías conmigo?
-"Lleváis los colores de la familia Real, el escudo del cisne en llamas y vuestros modales son exquisitos, sois Eva Swan la matriarca de la familia"
-Y vos sois la heredera de los Mills, la que quiere la corona, mi verdugo
-"¿Vuestro verdugo?"
-Regina… Liberadme os lo ruego
Regina se detuvo, en los ojos de esa mujer leyó la súplica muda, la súplica de alguien que llevaba preso toda la vida y simplemente no podía soportarlo más.
Se detuvo, no tenía órdenes de terminar con Eva Swan, no podía actuar a la ligera y a la vez se moría por concederle a esa anciana su deseo.
Finalmente desenvainó su espada, coronada con la rosa y, mirándola a los ojos, leyendo en la mirada clara de Eva determinación, simplemente suspiró.
-"Sea pues, yo os libero Eva Swan"
La estocada fue certera y la muerte rápida e indolora, sujetó en sus brazos a esa mujer mientras amargas lágrimas corrían por sus mejillas. La colocó con suavidad sobre la hierba, improvisando un pequeño homenaje con los lirios que adornaban el lugar.
Finalmente, de entre su capa sacó una de las rosas que siempre portaba, símbolo de su identidad y la colocó solemnemente sobre el pecho de esa mujer.
Durante horas permaneció sentada junto al cuerpo sin vida de Eva Swan, llorando amargamente sin poder sacar de su cabeza esa súplica ahogada, ese deseo de libertad, eso era lo que le esperaba rogar por su muerte ya que su vida había sido vendida al firmar el contrato que la convertía en Regina Mills.
