Hola :) volví. Aquí les traigo el tercer capítulo de mi historia, si se que me demoro mucho jaja pero si no la recuerdan la pueden volver a leer jaja ok no. Bueno así soy yo, solo esa excusa puedo dar, me gusta escribir cuando de verdad tengo ganas para que me guste primero a mi y por consiguiente les pueda gustar a ustedes. Este capítulo me gustó bastante y es más largo de lo que usualmente suelo escribir, me gustan más los caps cortitos. Gracias por sus mensajes a quienes no tienen cuenta y no les puedo responder, si los he leído y los aprecio mucho.


CAP III

Pansy Parkinson, una típica slytherin, lo había analizado todo. Era la solución perfecta, según ella, o la sería cuando terminara de afinar los detalles.

Ya no quería que la siguiesen viendo como una apestada, ni siquiera había participado en la guerra, su familia la había mantenido alejada y se los agradecía, pero a los demás eso les valía medio pepino. Vestir los colores verde y plata era considerado un sacrilegio, ella era una sacrílega y merecía morir en la hoguera. La perseguían como a una bruja y era curioso porque precisamente eso era.

De la manera más hipócrita, la comunidad de magos pregonaba: Integración, perdón, renovación, sanación de heridas y demás promesas características de pastor vendiendo salvación. Pero cambiaban de acera si la veían pasar.

Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería, era un claro reflejo de aquello. Los alumnos de las tres casas restantes se llenaban de emoción y asentían aprobadoramente ante los discursos integradores de Minerva McGonagal, antigua profesora de Transformaciones, hoy Directora. Pero luego de los vítores y los rostros conmovidos, cuando la vida normal seguía su curso, los slytherins seguían siendo hijos de mortífagos y había que tener cuidado porque no eran de fiar. O había que vengarse de ellos de las maneras más crueles posibles. Pansy prefería que le temiesen porque eso ya lo hacían antes, aunque ahora fuese incómodo.

Sin embargo, en ese momento creía tener la medida justa para acabar con todo aquello en sus manos. Por fin dejarían de tratarla como si tuviera lepra. Por fin podría caminar por los corredores de Hogwarts sin que los más pequeños huyeran en cuanto la vieran, o en su defecto, decidieran que pegarse lo más que pudiesen a la pared los salvaría de ser asesinados por ella. Y ganas no le faltaban. Pero lo que más le importaba era que su madre podría caminar por el Callejón Diagon sin que los demás guardaran silencio a su paso. Que su pequeña hermana podría asistir a Hogwarts y quedar en Slytherin, como seguramente pasaría, sin sentir la desaprobación de todos, bajo un silencio absoluto y las miradas acusadoras de hasta los profesores. Como había ocurrido con los nuevos alumnos ese año.

Y la solución estaba en ese par de tontos que buscaban momentos para observarse cada vez que el otro volvía ponerle atención a la clase. Que en la mayor parte del tiempo era Granger pues a esa chica ni siquiera un elefante volador podría apartarla del principal motivo de su existencia: Conseguir puntos para Gryffindor.

El brazo de Hermione Granger se levantó cuatro veces durante la clase de Encantamientos, y las cuatro veces obtuvo puntos para su casa. Ella era fastidiosamente inteligente, sus constantes aciertos eran más que molestos para Pansy Parkinson. No obstante, Draco Malfoy no dejaba de contemplarla con la cara más estúpida que la slytherin hubiese visto en su vida. ¿Sería que no se daba cuenta?

—Podrías poner un balde debajo de tu mandíbula. Eso evitaría que se te callera y además contendría toda la saliva que chorrea cada que Granger abre la boca. —le dijo al oído Pansy a Draco.

—¡Cállate, Pansy! —le contestó él sin poder contenerse.

Lo había casi gritado y toda la clase había volteado inmediatamente para verlo. El profesor Flitwick había dejado de impartir su lección. Toda el aula se mantuvo mirando al muchacho por unos segundos, incluida Hermione Granger.

—Señor Malfoy. —dijo el pequeño profesor— ¿Tiene algo que compartir con nosotros?

—No, profesor. —contestó incómodamente.

—Pues no parece. ¿Quizás la señorita Parkinson si tenga algo que decir?

—No, profesor. —respondió Pansy muy divertida.

—Pues que sea la última vez.

El profesor Flitwick, siempre amable, dejó pasar el incidente solo por aquella oportunidad.

—Para la siguiente clase. —continuó el maestro— Quiero recibir sus composiciones completas. Y por favor alumnos, este es su último año, escogieron esta asignatura para sus EXTASIS ¡Por el amor de Merlín! ¡Por una vez en sus vidas dejen de conversar en clase! … Que tengan un buen día.

Más que motivarlos, las dramáticas palabras de Flitwick desencadenaron una serie de risitas y murmullos entre los estudiantes.

Pansy se dispuso a recoger sus cosas pero el fuerte jalón del rubio slytherin no la dejó continuar.

—¿Qué pretendes, Pansy?

—¡Auch, Draco! ¡Me lastimas!

El chico la había tomado del brazo izquierdo y la había pegado a él para poder hablarle sin que los demás alumnos escucharan. Estaba harto de las insinuaciones de su compañera de casa. Tenía suficiente con lo de Hermione Granger como para soportar las tonterías de ninguna otra chica.

—¡Si vas a pedirme algo, hazlo ahora! ¿Qué quieres, Parkinson? ¡Dime!

—Es la segunda vez que presencio cómo usas la fuerza contra una chica, Draco Malfoy. La primera vez eso solo empeoró las cosas. ¿No lo entiendes, cierto?

—Está bien, Pansy. .. Siento eso. —dijo el joven slytherin aflojando el agarre pero manteniéndose cerca— ¿Desde cuándo tan feminista?

—¿Desde cuándo zarandeas a la gente de esa manera? En serio contrólate. ¿Qué diría tu madre?

—¿Qué diría mi madre? Si es impura no importa, eso diría. Si es sangre pura, que no se entere su familia.

—Da lo mismo, eso no te da derecho a tratarme de esa manera. Deberías de ser más amable.

—No han sido mis mejores días… Pero… me estás cambiando el tema, Parkinson. ¿Qué quieres?

—¿Qué quiero de qué?

—Tú sabes a lo que me refiero. Si vas a chantajearme, adelante. Pero deja de mencionarla cada vez que puedes.

—¿A quién?

Pansy Parkinson lo miró con una amplia sonrisa en su rostro.

—No quieres sacar a relucir tu juego aún. ¡Bien! Pero deja de molestarme. —le dijo señalándola con el dedo índice.

Draco Malfoy dio media vuelta y caminó dos pasos. Se quedó petrificado pero nadie le había lanzado ningún hechizo.

Hermione Granger observaba a ambos slytherins desde la puerta. Los había visto con escasos centímetros de distancia entre ellos. Tan pegados que podía imaginarse lo peor. Luego Draco y Pansy le devolvieron la mirada y se sintió fuera de lugar. Con los ojos rojos, la boca semiabierta y los brazos sosteniendo fuertemente sus libros, salió presurosa del salón.

Draco avanzó hasta la puerta, quiso seguir a la muchacha pero se arrepintió al llegar a la entrada. Draco y Pansy habían quedado completamente solos. De nuevo.

—¡¿Por qué no la sigues?! —le dijo Pansy.

—No vale la pena.

—No te mientas, lo vale. Se ve que te gusta, Malfoy, y mucho. Solo tendrías que verte la cara…

—¡YO no valgo la pena, Parkinson!

—Que cursi eres.

—No lo entenderías.

—Tienes razón. —dijo pensativamente— Tengo poca experiencia siendo cursi… ¿Y qué harás? ¿Solo te quedarás ahí parado?

—No, Pansy. Tenemos otra clase. Me voy.

—Eres un cobarde. —le respondió ella rodando los ojos— Pero todavía tenemos un pequeño receso. Vamos a hablar, Draco Malfoy… y no me pongas esa cara.

—Parece que te importara, Pansy… ¿Un slytherin con interés por el prójimo? ¿Qué sigue? ¿Un hufflepuff con carisma?

Acto seguido, la joven serpiente se llevó a su amigo del brazo rumbo a los jardines de Hogwarts. Quizás podría llegar a un acuerdo, hacer algo, tramar algo. No por nada la manipulación era una virtud muy slytherin. Si aquel par de tontos se unía y le mostraba al mundo que un slytherin y una gryffindor podrían estar juntos y hasta amarase; que si una heroína como la perfecta, pura y sin mancha, Hermione Granger podía amar al más que lleno de defectos, hijo de, y por corto tiempo, mortífago, Draco Malfoy; entonces quizá su familia ya no tendría que sufrir el repudio y la lástima hipócrita de todos. Quizás los niños dejarían de asustarse con tan solo verle la cara —aunque le gustase la manera en la que los hacía correr si los tomaba de sorpresa y les decía "buu"— y ella dejaría de sentirse como jamás se sintió en su vida y como se encargó ella misma de hacer sentir a cada hijo de muggle o traidor a la sangre: Escoria.

oOo

—Así que… entonces… ¿Viste a la pequeña y dulce flor de Gryffindor y no pudiste controlar tus ansias de poseerla?

La pregunta tomó por sorpresa a Draco Malfoy. Habían recorrido en un extraño silencio todo el camino hacia los jardines de Hogwarts. Para Draco era raro que Pansy Parkinson se mantuviese callada, pero más que eso, absolutamente peligroso. De igual manera, había agradecido al cielo aquel pequeño momento de paz.

—¿Cómo? —le respondió él.

—¿No fue así como empezaron?

—¿Qué? … No.

—¿Entonces cómo fue?

—No te incumbe, Parkinson.

—No te incumbe, Parkinson. —lo imitó ella— Seamos claros, Malfoy. —prosiguió mientras se acomodaban en el pasto bajo un viejo árbol— Yo se lo que se. Y tú sabes que yo se.

—¿Qué?

—Que yo se lo que tú sabes que yo se. Así que no hay por qué ocultar nada ya que si yo lo se ahora, no tienen por qué saberlo los demás. Simple.

Se miraron a los ojos. La mirada intensa de los ojos grises de Draco Malfoy parecía analizarlo todo a mil por hora. Pansy no estaba muy segura de lo que hacía pero de lo que sí se aseguraría era de que aquellos dos terminaran juntos, si era posible casados, si era posible con hijos y si era aún más posible con un lindo Golden Retriever de mascota y un alegre buzón de correo en la puerta de Malfoy Manor con las palabras "Sr. y Sra. Malfoy" grabadas en él.

—Si me lo repites puede que te entienda algo. —terminó por decir Malfoy.

—¡Es obvio que te hablo de Granger, Malfoy!

—Si hubieses empezado por ahí…

—¿Entonces qué?

—¿Qué cosa?

—¡¿Me vas a contar lo tuyo con Granger?!

—No.

—¡Maldita sea, Draco Malfoy! ¡Vas a abrir la boca en este instante como que me llamo Pansy Parkinson!

—No te incumbe y ya te dejé claro que si quieres pedir algo puedes hacerlo ahora que es tu momento.

—No quiero nada, tan solo que confíes en mí.

La risa del slytherin no se hizo esperar. Mientras su amigo reía a carcajadas, Pansy rodó los ojos y frunció el ceño.

—¿Qué es tan gracioso?

—Pues tú. —le dijo Draco con dificultad y tratando de controlarse— Por favor, Pansy, la preocupación no te queda. El chantaje es más acorde a ti ¿pero la preocupación? … Ya, en serio ¿qué pretendes?

—Solo quiero saber.

—Tengo que explicarte algo, Parkinson, creo que no lo has entendido: Compañerismo, valentía, preocupación, sinceridad, y todas esas tonterías, son atributos Gryffindor. Egocentrismo, individualismo, ambición, y demás, esos son atributos Slytherin. Así funciona.

—Pues añádele "curiosidad" a los atributos Slytherin. Soy chismosa y quiero saber. O me lo dices o empiezo a gritar a los cuatro vientos que te vi arrodillado ante Granger.

—Eso nunca pasó.

—Pues no lo se porque no me lo has aclarado.

—Está bien, Parkinson. Aún no se con qué motivo lo haces, lo averiguaré de todas maneras, pero está bien.

—Soy toda oídos.

...

Los pensamientos de Draco Malfoy se trasladaron entonces hasta su sexto curso en Hogwarts. Cuando todavía luchaba con sus propias ansías de poder, de reconocimiento, y con la preocupación por el bienestar de su familia.

Mientras le describía a Pansy Parkinson todo lo que tuvo que pasar, también le contó cómo Hermione Granger había intentado ayudarlo. La primera vez cuando lo había encontrado en el baño de Myrtle y en otras oportunidades cuando lo había vuelto a buscar no obstante las negativas del slytherin.

Los intentos de la gryffindor se perfilaban como obstáculos para lo que debía de hacer. Debía de matar a Albus Dumbledore, el cómo no se lo habían dicho. No era tonto, en el fondo sabía que el Señor Tenebroso no buscaba que tuviese éxito sino que muriese en el intento, sin embargo prefería engañarse a sí mismo. Era mejor eso que pensar que su vida acabaría en corto tiempo, sin haberla vivido si quiera y por una guerra en la que nunca habría tenido que haberse visto inmiscuido en un primer momento.

Pese a la molestia que le causaba, poco a poco empezó a entender que probablemente esos débiles intentos de ayuda serían el único apoyo que recibiría. Que justamente, serían las estúpidas maneras de Hermione Granger para tratar de disuadirlo de contarle lo que le pasaba, lo único bueno que alguien haría por él.

Durante ese tiempo, él nunca accedió a conversar con ella. Y ella eventualmente dejó de tratar. Secretamente, Draco Malfoy, le agradeció que al menos lo intentara.

Cuando la guerra pasó y su padre fue a parar a Askaban, volvió a agradecerle, de nuevo en secreto, que ayudara a que ni su madre ni él tuviesen el mismo destino. Harry Potter lo había salvado, dejándolos libres a él y a Narcissa Malfoy. Habían sido Potter y su mejor amiga.

A la decaída familia Malfoy le costó levantarse del lodo, pero finalmente lo hizo. Con Lucius Malfoy en prisión y su cámara en Gringotts controlada por el Ministerio, Narcissa y Draco tuvieron que volver a hacerle frente al mundo de los magos con lo poco del orgullo Malfoy que les quedaba. Ya no podían derrochar, la sociedad los rechazaba y los pocos de su clase que habían quedado libres de polvo y paja les rehuían puesto que si se volvían a encontrar podrían acarrear sospechas que los llevasen perder la poca suerte que habían tenido. Y mucho más tratándose de la familia de Lucius Malfoy, quien había sido por mucho tiempo la mano derecha de Lord Voldemort, y cuyos esposa e hijo, a pesar de estar libres, aún ostentaban la marca tenebrosa en el brazo.

Ostentar era decir demasiado, aquella marca en su brazo era algo con lo que Draco Malfoy tendría que vivir por el resto de su vida. Era el peso que tendría que cargar por el error de sus padres, quienes no se arrepentían lo suficiente, y por el suyo propio.

Volver a Hogwarts no había sido una decisión fácil de tomar. Se había comunicado a través de cartas, vigiladas aún por el Ministerio de Magia, con compañeros de slytherin y algunos de ellos le habían confirmado su regreso a Hogwarts. Quienes regresaban tenían apariencias que guardar ante la comunidad mágica. Algunos, como él, tenían un padre purgando condena y sus familias los enviaban para aparentar un buen comportamient; otros se habían salvado absolutamente y de igual forma debían fingir estar de acuerdo con una sociedad que antes quisieron ver en cenizas.

Él debía hacerlo también y ya lo había hablado con su madre, pero ambos sabían que no sería fácil. Mantenerse encerrado durante un año con otros magos y brujas que se encargarían de echarle en cara sus desaciertos no era una idea que lo alentaba. Muchos de sus compañeros habían perdido familiares a manos de mortífagos y ellos mismo habían tenido que ocultarse para no ser asesinados. Los gryffindors, hufflepuffs y raveclaws recibirían a Harry Potter, Hermione Granger y Ron Weasley como héroes. En cambio, la casa Slytherin sería vista como traidora siempre, y no es que sus miembros no lo hubiesen sido. Además de todo, sabía bien que quien se ganaría un odio especial sería él.

Tomó la decisión junto a su madre. Volvería a la escuela, terminaría el último año que le quedaba y aparentaría ir por la senda correcta ante el Ministerio de Magia.

La primera salida pública de los Malfoy después de todo lo pasado, había sido para comprar los libros y demás implementos de Draco en el Callejón Diagon. Habrían preferido que alguien más lo hiciera por ellos pero eso significaba agachar la cabeza, algo que se negaban a hacer. Asimismo ya no contaban con demasiada gente bajo su mando. Los elfos domésticos de la casa se habían reducido a solo un viejo elfo llamado Winkler y ningún mago o bruja quería verse relacionado con ellos como para ofrecerles sus servicios.

No pueden quedarse viéndonos así todo el tiempo, querido.

Pueden, madre, y al parecer lo harán.

Los Malfoy habían aparecido causando un gran silencio. Solo el ulular de las lechuzas y el leve sonido de los letreros de las tiendas meciéndose con el aire fueron lo único que pudo escucharse durante varios minutos. Pansy le había contado en sus cartas que lo que causaba la presencia de las familias que habían estado ligadas al Señor Tenebroso era una sensación bastante incómoda pero él nunca se imaginó que fuese de tal magnitud. Draco sentía la mirada de todos en su nuca, pese a eso, tanto él como su madre caminaron con toda la solemnidad de la que pudieron hacer uso a través de aquella calle. Ciertamente, el porte y la belleza de Narcissa Malfoy todavía imponían algún respeto así que, luego de lo que pareció una eternidad, los magos y brujas presentes volvieron a entablar conversaciones tratando de mantener la naturalidad pero viendo de reojo a madre e hijo.

No debería ni siquiera de estar aquí Hermione.

Pero estás, Harry. Así que deja de quejarte.

A Draco Malfoy, la voz de Harry Potter y Hermione Granger le llegó de improviso mientras organizaba las compras con su rubia y espigada madre.

Debería de estar persiguiendo a esos mortí…

Draco y Narcissa Malfoy se habían encontrado con Harry Potter y Hermione Granger en mitad del callejón. Los cuatro se miraron sin decir nada por un tiempo. Todos habían curado sus heridas, por lo menos las externas, pero no sabían si las internas serían tan fáciles de sanar. Ante cualquier eventualidad, Draco sostenía su varita en el bolsillo del pantalón.

Mi mamá nos está buscando los libros ¿por qué no mejor vamos… —Ronald Weasley había llegado para romper el silencio que habían guardado. Al ver a los Malfoy se había quedado igual que sus dos amigos, estático y mirándolos fijamente.

Señora Malfoy. —dijo Harry al cabo de un rato— Malfoy. —y a ambos los saludo con un asentimiento de cabeza.

Buenos días, señora. —dijo Hermione— Hola, Malfoy.

Ron Weasley no dijo una palabra, la situación era más difícil para él. Había perdido a su hermano Fred en la batalla y eso no lo superaría fácilmente.

Hola. —respondió Draco.

Buenos días. —dijo Narcissa.

Los ojos azules de Narcissa inspeccionaron detenidamente a los tres muchachos, siempre mostrando altivez.

Draco, querido, buscaré mi parte de la lista. Y nos veremos aquí en dos horas.

Puedes ir, madre.

Con permiso. —dijo Narcissa y entró a una de las tiendas.

Draco entonces dio media vuelta y dirigió su camino a la botica de Slug & Jigger.

¿Volverás a Hogwarts? —la voz de Hermione Granger lo detuvo.

El slytherin volteó el rostro para verla pero no supo si responderle. Hermione se sintió avergonzada de pronto por haberse atrevido a preguntar ya que sabía que no estaban pasando por una buena situación.

Podrías responderle al menos. Es lo mínimo que le debes después de que ayudó a salvar tu trasero. —Ron Weasley se había apresurado a hablar ante el mutismo del slytherin y era evidente su enojo al tenerlo en frente.

Ron, por favor… —quiso continuar Hermione.

Si, voy a volver. —la voz de Draco se había dejado oír

Vaya, aún te queda el suficiente cinismo para volver.

Basta, Ron. —Harry intentó calmarlo.

¡Es un mortífago y jamás dejará de serlo!

La discusión había empezado a atraer las miradas sobre él nuevamente. Draco Malfoy no quería pelear, no se sentía lo suficientemente fuerte para defenderse aún. Mucho menos ante palabras que escondían una verdad tras ellas. Hermione se había acercado a Weasley para tratar de calmarlo. Se aproximó lo más que pudo e intentó hablarle en voz baja.

Ronald, estamos llamando la atención, por favor. No es el momento de…

¡Si, ya se! … No es el momento. —Ron dio media vuelta y se fue rápidamente. Harry Potter fue tras él.

Hermione Granger se había quedado frente a Draco Malfoy con toda la gente viéndolos fijamente a su alrededor. Draco la miró e hizo ademán de irse también.

Dra… ¡Malfoy! —lo llamó ella— ¿Podemos hablar?

No es necesario. —le contestó.

Por favor… Nunca accediste a hablar conmigo antes.

El joven Malfoy intentó continuar su camino. En realidad consideraba innecesario hablar con ella. Seguramente guardaría los mismos rencores que sus amigos y no estaba de humor para escuchar más acusaciones.

¡Me lo debes, Malfoy! —le dijo la gryffindor tratando de detener su camino— ¡Y lo sabes!

Hermione Granger había alcanzado su cometido. Momentos después ambos jóvenes se encontraban en una mesa en el Caldero Chorreante. Hermione había pedido un té mientras Draco había preferido solo tomar asiento.

Le falta azúcar —dijo Hermione probando su té— pero no importa.

¿Cuál es el importante asunto que necesitas tratar conmigo?

Yo… ¿Es cierto que…? —Hermione dudaba en preguntar— Se que está absolutamente fuera de lugar que te pregunte esto ahora pero… ¿En verdad pensabas matar a Dumbledore?

¿Por qué no lo dices más alto, Granger?

A pesar de que se encontraban en un establecimiento cerrado, las personas del lugar aún los miraban desde sus mesas. Era mejor que encontrarse en plena calle pero todavía llamaba la atención que Hermione Granger y Draco Malfoy se sentaran pacíficamente a intercambiar palabras.

Sabes que sí. —continuó el rubio slytherin.

Se que lo ibas a hacer, que no tenías otra opción pero… ¿En realidad hubieses cometido ese crimen?

¿Para esto querías hablar conmigo, Granger?

Ahora se que ese era el problema con el que batallabas en Hogwarts.

Sigues con eso. —dijo Malfoy colocando su mano en la frente.

Necesito saber si en realidad tú querías hacerlo. Si de verdad era tu deseo… matarlo. Si hubieses… matado.

¿Por qué? ¿Quieres que te agradezca que ni mi madre ni yo estemos acompañando a mi padre? Bueno, gracias. ¡Gracias!... ¿Contenta? —el reproche en la voz de Draco era evidente pero Hermione no calló.

No es ese mi propósito…

¿Entonces qué?

Pude ayudarte… Nunca quise creer que estuvieses inmiscuido tanto y de esa manera. Trate de… pero me rendí.

No puedo creerlo. —Draco sonrió amargamente— Creo que de haber sido de otra forma, si mi madre y yo hubiésemos sido condenados, te hubieses encargado personalmente de mantenernos en una celda "familiar". Incluso nos hubieses llevado panecillos y chocolates algunas veces. ¿Por qué así son ustedes? ¿No? La mayoría por lo menos. Yo no hubiese hecho lo mismo. Nosotros no lo hubiésemos hecho. Nosotros los hubiésemos visto en el mismísimo infierno y nos hubiésemos burlado de ello. ¿Sientes remordimiento? Lo siento, no puedo hacer nada.

No tienes que ser tan descortés.

Son extraordinariamente interesantes las cosas que te quitan el sueño, Granger. Pero lo siento, tengo suficiente con mis cargos de conciencia.

Bien… Pues me lo debes… Responde.

Ya usaste esa carta, Granger.

Me debes muchas cosas, Malfoy.

Pues tendrás que aprender a vivir con tan solo un "gracias" mal dado.

Draco Malfoy se levantó y caminó hacia la entrada del Callejón Diagon. Había perdido tiempo y no había conseguido nada de la lista. Pero cuando se dispuso a tocar los ladrillos…

¡Dime!

La voz de Hermione lo había asustado. Al voltear vio a la chica agitada, al parecer había corrido desde su mesa para alcanzarlo.

Dime… por favor. Necesito saber si no fue en vano. —continuó ella con la respiración entrecortada.

No lo hubiese hecho. Dude al final por si no lo comentó Potter. Pero quería hacerlo, por lo menos antes quería o eso pensaba… Pero al estar frente a quien debes matar y verlo a los ojos… Al parecer, al final realmente no quería.

A Hermione le llevó unos segundos estabilizar su respiración. Pero solo eso necesitaba saber. Le quitaba un gran peso de encima saber que había salvado a alguien que lo merecía, que aunque fuese solo unos instantes había decidido hacer lo correcto o por lo menos dejar de hacer algo que lo hubiese condenado a la miseria.

Gracias. —le dijo Granger.

A ti. — le respondió Malfoy— Se enfriará tu té. —dicho esto siguió su camino.

...

—Entonces… ¿Se enamoró de tu dulce y caballeroso modo de tratarla?

Pansy Parkinson había escuchado sin decir una palabra el relato de su amigo. Pero mantenerse callada por mucho tiempo era algo que no conseguía.

—Qué puedo decir, soy todo un galán.

—En serio, Malfoy. Esa chica está desesperada así que tienes mucha oportunidad.

—No, no la tengo.

—A todo esto. ¿Cuánto tiempo llevan? ¿… o llevaban?

—Desde un poco antes de Halloween. No soy bueno con las fechas.

—¡¿Qué?!

—Así fue.

—¡Qué rápidos! Ustedes si que supieron resolver sus diferencias.

—Demasiado rápido… quizá eso fue lo que pasó.

—No la nostalgia de nuevo, Malfoy. —dijo Pansy haciendo un puchero y bajando los hombros.

—Búrlate lo que quieras. Solo mantente callada.

—Sigues con eso ¡Que no le diré a nadie!

—Eso espero… Por ahora, es tiempo de irnos.

—No me has terminado de contar.

—Tenemos clase, no es culpa mía.

Tomaron el mismo camino para regresar a Hogwarts y mientras lo hacían Pansy volvió a guardar silencio. La tórrida historia de amor prohibido de su amigo y la despeinada gryffindor le convenía pero además había empezado a interesarle. Era curiosa y le divertía saber que era la única en aquella escuela de magia que conocía lo que había pasado. Esas eran las ventajas de esconderse tras las armaduras.


Bueno y hasta aquí llegó el capítulo. Espero sea entretenido para ustedes. Denme señales de vida aka reviews y nos leemos en la próxima oportunidad... No se olviden que tengo otros fics (que debo actualizar también D:) que pueden ir leyendo mientras tanto. Ahora sí que la fuerza esté con ustedes.

FIC EN DESCANSO INDEFINIDO. POR FAVOR, LEER LA NOTA EN LA PARTE INFERIOR DE MI PERFIL.