(Los personajes de esta historia no me pertenecen, ni las canciones mencionadas ect... Créditos a sus respectivos autores. )
Cuando llegó a la sala, Luka la estaba esperando sentada en un sillón. Leía cuidadosamente un papel, aparentemente concentrada. Miku la saludó algo nerviosa. Ella apartó la vista del papel, sonrió y se acercó a ella.
-¿Preparada?-Dijo. Miku se moría por dentro. Lo que acababa de hacer era sentenciar su amistad con Luka y, probablemente, la relación de esta con Kaito. Tardó un poco en responder.
-…Sí.-Respondió al fin. Pero se paró a pensar. ¿Ocultárselo sería lo mejor? Sí, probablemente. No quería hacer sufrir a Luka, pero tarde o temprano se enteraría. Disolvió esos pensamientos en cuanto llegó Kaito y, cómo si nada hubiera sucedido, se acercó a Luka y le dio un beso en la mejilla.
-Siento haberte hecho esperar.-Sonrió. Miku se quedó mirando aquella escena, entristecida.
-No hay problema. Empecemos.-Se colocaron en sus respectivos lugares para grabar y empezaron a cantar. Las primeras líneas era trabajo de Kaito, que las interpretó con elegancia. En el turno de Miku, le faltó la voz. No podía cantar así, se veía indefensa y tenía miedo. Pidió disculpas muy afectada y empezaron de nuevo. Esta vez Miku cantó sus líneas dulcemente, mirando a Kaito a los ojos. En el dúo, ambos cantaron conectados. La precisión de sus voces al unísono embellecían aún más la canción. Luka interpretó sus líneas con su dulce voz, tomando la mano de Kaito al cantar juntos. Para el final, el trío debía interpretar a la vez. Miku se dejó la voz en el final, cantó con todas sus fuerzas para intentar demostrar a Kaito que lo que cantaba representaba lo que realmente le gustaría decirle. Al terminar, Luka la felicitó.
-¡Miku, has estado estupenda!-Le acarició la cabeza.
-Gracias, tú también Luka-san…-Respondió ella, agachando levemente la cabeza.
-Deberíamos irnos ya.-Anunció Kaito, mirando su reloj. Ambas asintieron. Miku se retiró excusándose de tener que buscar a Rin y los dejó solos. Caminó con la cabeza baja hasta el camerino de Rin y se paró. La puerta estaba entreabierta. Un hilo de curiosidad recorrió la espalda de la peliazul, ¿debería mirar o directamente pedir permiso para entrar? Se curiosidad se oscureció en cuanto escuchó unas voces. Eran de los Kagamine. Miró alrededor; al no ver a nadie optó por echar un vistazo. Se acercó a la pequeña apertura y aguzó el oído. Lo que vio hizo que su corazón palpitara muy deprisa. Los dos se miraban fijamente y sin parpadear. Pasado un rato Len, con los ojos algo llorosos, parpadeó levemente. La rubia se exaltó y con un grito de victoria celebró:
-¡He ganado! ¡He ganado!-Decía, dando saltos por la habitación. Len, por su parte decía algo molesto:
-Sí, sí has ganado…- Se cruzó de brazos y pequeñas lágrimas cayeron por su rostro.
-No llores, bebé llorón.-Se burló ella.
-¡Y-yo no soy un bebé!-Frunció el ceño.
-Claro que no…-Dijo ella, sarcásticamente. Tomó de las mejillas a Len hasta que estas quedaron rojas.
-Rin, he dicho que no.-Tomó las muñecas de la chica fuertemente.-Deja burlarte de mí…-
-Len, ¿qué…? Para, ya no es divertido.-Ella intentó liberarse frenéticamente, pero el muchacho la empujó contra la pared. Miku observaba la imagen sin saber muy bien que hacer, iba a detener al rubio pero lo que vio continuación la hizo detenerse.
-¡Len, suéltame! ¿Qué pasa? ¡Para, me haces daño!- Empezó a ponerse nerviosa, Len no era así.
-Rin, lo siento pero…ya no puedo aguantar más…- Se acercaba cada vez más a los labios de la rubia, a su cuerpo, a su respiración…Algo los interrumpió. Miku se había apoyado demasiado en la puerta, había caído hacia delante y ahora se encontraba en el suelo de la habitación. Todos se miraron sorprendidos, Rin fue la primera en hablar.
-¿M-Miku…? ¿Estabas…espiando?- Len se alejó inmediatamente.
-¿E-espiando? ¡No, no! S-solo pasaba por aquí y…¡t-tenemos que irnos!- Miku cogió a Rin de la mano y la arrastró fuera del edificio. En jadeos, Miku comentó:
-¿Q-qué crees que estabas haciendo?-
-¡Y-yo que sé! Len me estaba arrastrando y yo me quería dejar llevar…un momento…-Rin dirigió una mirada fría a Miku.-¡Me has arruinado el momento! Es decir, ¿cuándo tendré otra oportunidad así?-Suspiró.
-¿O-oportunidad? ¡Pero si parecía qu…! Mejor dejémoslo…me alegra saber que no soy la única…-Miku se odió a si misma por pronunciar eso, ahora Rin la acosaría a preguntas porque la curiosidad de la rubia nunca estaba saciada.
-¿Única? ¿Por qué dices eso? ¿Me ocultas algo?-Y realmente no se equivocaba.-¡Responde, Miku!-
-Pu-pues…-Empezó a hablar con dificultad.-Esto…p-pues…-Se lo explicó todo, no podía ocultarle nada a Rin. Era cómo su hermana y lo sabía todo de ella, hasta su amor incondicional hacia Kaito. Rin escuchó emocionada y al final, tomó las manos de Miku y la felicitó:
-¡Me alegro mucho por ti, Miku! Por fin lo has besado.-
-Rin, no…esto no tendría que haber sido así…la tontería que he hecho no tiene perdón…-Miku retiró su mirada.
-No digas tonterías, esto no saldrá de aquí y, por la cuenta que le trae a Kaito, estoy segura de que tampoco dirá nada.-Rin nunca se preocupaba por nada, Miku se alegró se haber hablado con ella y se sintió más aliviada. Al ser la hora de marcharse, ambas se alejaron y, con sus amigos, caminaron hacia casa. Kaito y Luka iban delante de todo el grupo, de la mano. Miku hablaba con Rin y Len. Los rubios parecían haberse olvidado de todo lo que ocurrió en el camerino de Rin. Cuando Miku llegó a casa se tiró en su cama y suspiró. Habían pasado tantas cosas en tan poco tiempo. Súbitamente su pensamiento se centró en Kaito, recordando ese beso. Se acurrucó contra si misma. Ese beso fue algo más que una mera demostración de adultez. Para Miku, pero ¿y para Kaito? ¿Ese beso fue cómo una confesión directa? Se cubrió la cara con las manos, sonrojada. Que tonta había sido, Kaito jamás dejaría a Luka por ella porque Megurine-sama, como la llamaban algunas veces, a los ojos de Miku era la chica más perfecta que podría existir. Se levantó de la cama y se miró en su gran espejo. Dio algunas vueltas para verse enteramente e hizo algunas muecas. Asintió y pensó:
-"Hablaré con Kaito y le diré que ese beso no significó nada, será lo correcto."- Abrió la puerta y salió de su habitación audaz como un rayo. Cuándo llegó a la puerta de Kaito dudó en llamar, pero al escuchar voces aguzó el oído. Definitivamente estaba adaptándose a una muy mala costumbre; el escuchar conversaciones ajenas. Pero optó por llamar.
-¿Kaito-kun? ¿Estás ahí?-Dijo golpeando la puerta suavemente. Pasaron unos minutos, escuchó ruidos bastante extraños, hasta que la voz ronca de Kaito contestó con dificultad.
-U-un momento, Miku…-Él abrió la puerta, su torso desnudo y bien marcado hizo que a Miku se le subieran los colores. Tenía solo unos pantalones y Miku al asomarse más a la habitación distinguió a Luka, semidesnuda. Las piezas encajaron en su cabeza como un puzzle.
-Y-yo…¡siento haberos molestado!-Salió corriendo hacia su cuarto y se escondió bajo sus sábanas. Sentimientos descontrolados nadaron en ella como un banco de peces huyendo de algún depredador. Y así, entre llantos, Miku se adormeció.
