Disclaimer: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling, yo simplemente los utilizo con fines de entretenimiento.
N/A: Mi intención inicial fue terminar esta historia en el mes de Mayo, ya que únicamente se abarca el tema del embarazo de Hermione y un capítulo final. Lamentablemente la imaginación y mis tiempos ya no se pusieron a mi favor y mi primer declive fue cuando mi perrito se me enfermó al día siguiente de publicar el tercer capítulo, después de eso mi concentración fue total en él. Luego comencé a tener bastantito trabajo y cada que quería escribir lo hacía sin ánimos pero lo curioso que escribir en físico no ha sido un problema, ya que me es más fácil ahí plasmar ideas de al menos dos líneas. Ya tengo el final escrito pero no los meses noviembre, diciembre y enero. Espero volver pronto con esos capítulos.
El próximo capítulo será más largo que este pero era este capítulo o nada.
Gracias por seguir leyendo y dejando sus comentarios:)
Septiembre.
Era primero de septiembre de 1998.
Un día precioso para cualquier persona que deseara salir a dar un paseo, el sol resplandecía con fuerzas sobre Londres también era el momento adecuado en que muchas personas se iban a despedir de sus seres queridos en la estación de King´s Cross dentro de cierta plataforma.
Harry tenía unas inmensas ganas de aparecerse en la estación e ir a despedirse d cierta Weasley pero no lo hizo. Se sentía nostálgico de no poder regresar al lugar que alguna vez llamo hogar, sin embargo recordaba la promesa de no regresar a Hogwarts y terminar sus estudios. En aquel castillo conoció la amistad, el peligro, la envidia, la fama, el amor. Un perfecto lugar para vivir. ¿Realmente lo iba a extrañar mucho?
Fijo su mirada en Hermione, que picaba con el tenedor su plato de fruta sin mucho ánimo; desde su lugar Harry podía notar que las ojeras se colaban bajo su rostro. Agosto no fue un mes precisamente encantador, en realidad fue muy difícil para los dos. Iniciando por los cambios que Hermione comenzaba a experimentar a causa del embarazo: náuseas, delirios, cansancios e incluso llegó a desvanecerse en sus brazos. Recordó la angustia y el dolor en su pecho al creer que podía perderla también, recién habían terminado de cenar cuando Hermione cayó al suelo y él se precipito a su lado. Kreacher fue quien se mantuvo cuerdo y rápidamente le dio una botella con alcohol. Hermione volvió a la consciencia a los pocos segundos pero terminó vomitando sobre la alfombra debido al fuerte olor. Hermione terminó llorando por la angustia y vergüenza. Harry trato de calmarla y la llevó a su habitación.
Sabía que parte de su tristeza se debió a que la conversación con los Weasley no fue nada buena.
—¡Tiene que ser una maldita broma! —Exclamó Ron levantándose furioso del sillón, tenía los puños apretados. Fulminaba a Hermione como si quisiera matarla—. ¡Traidores de mierda! ¿Cómo pudieron? ¿Cómo pudiste? ¿No que me amabas?
—No es ninguna broma, Ron —Hermione contestó, Harry pudo notar que ella trataba de sonar tranquila—. El cariño que te tengo no es precisamente amor, Ron, te lo dije en claro el día que… tú sabes qué día.
Harry frunció el ceño ante sus palabras… ¿Ese día qué? ¿Cuándo dio por finalizada su relación? ¿O es que acaso ella le contó sobre…?
—¡Ahora lo comprendo todo! —Fue el turno de Ginny de hablar, quién caminaba de un lado a otro, sus mejillas estaban sonrojadas y hacía muecas en dirección a Hermione—. ¡Por eso me dijiste que me alejará de Harry en Hogwarts! ¡Porque él nunca se fijaría en mí! ¡Lo querías para ti misma, Hermione! ¿Cómo pudiste hacerme eso? Se supone que eres mi mejor amiga y hermana.
—No confundas, Ginny—Las lágrimas ya resbalaban por el rostro de Hermione—. Yo te di un consejo de que tenías que continuar con tu vida, que dejarás de creer que todo corría alrededor de Harry. ¡Y cuando te dije eso Harry salía con Cho! —Se defendió—. Jamás…
—¡No quiero escucharte más! ¡Maldita mentirosa!
Ginny chilló un par de veces y después de empujar a Harry salió corriendo de la sala, el sonido provenía de las escaleras y dio a entender que ella fue a refugiarse a sub habitación. El azote de la puerta lo confirmó y pronto el silencio fue largo en la sala de la Madriguera. Molly Weasley no pudo ocultar su decepción y enojo ante las noticias recibidas por ambos jóvenes.
—Siempre tuve una buena opinión de ti, niña —Dijo Molly fríamente acercándose—. Al final he visto que todo lo que Rita Skeeter dijo de ti no fue más que un aviso por adelantado de lo que eras capaz. Sabías que mi niña amaba a Harry, sabías que Ron te amaba. Y decidiste jugar con ellos. Harry, querido, ¿has bebido algo que Hermione te haya dado?
Hermione abrió la boca para defenderse de semejante acusación, quiso decirle unas cuantas palabras, incluso algunas groseras, pero sus padres jamás la educaron para que algún día perdiera la paciencia de semejante modo. Se sentía mal, sus piernas temblaban y quería recostarse en algún lado, pero lo que más anhelaba era irse ya. Quería ver a Andrómeda y quedarse en la tranquilidad de su hogar…, no, ella no tenía un hogar.
Harry fue un espectador silencioso sobre como los Weasley se abalanzaron y atacaron únicamente a Hermione, se sentía enojado, la furia corría por sus venía, quería golpear a su mejor amigo y decirle unas cuantas palabras a las mujeres Weasley, incluso por algunos segundos tuvo la tentación de querer darles también un buen golpe. ¡A las mujeres! Algo muy extraño en él, la única vez que tuvo ese sentimiento fue cuando la hermana de su madre le dio un par de golpes porque él sacó un diez en su tarea y Dudley un siete.
¡Todos culpaban a Hermione! ¿Que acaso no le podían reclamar a él? ¡Él fue una parte fundamental del embarazo de Hermione! ¿Una poción de amor? ¡Blasfemias! Harry se acercó a la castaña y rodeo los brazos de Hermione, la apegó más a él y frente a ellos le dio un beso en la frente. Hermione no supo reaccionar.
—Les recuerdo que fui yo quién le dio vida al bebé que ahora Hermione carga sobre su vientre —dijo cuidadosamente, de manera protectora puso su mano libre en el vientre—. No es ninguna broma, nos casamos y así seguiremos. Lamento las decepcionas, señora Weasley, pero las cosas siempre ocurren por una razón. Y no, Hermione jamás sería capaz de darme una poción de amor, ella nunca caería tan bajo como usted cree.
—¿Vas a ingresar a la Academia de Aurores? —Le preguntó Hermione.
Harry estuvo tan perdido en los acontecimientos del mes pasado que no se dio cuenta que Hermione terminó su plato de frutas. A pesar de verse pálida, Hermione seguía luciendo preciosa con la ropa sencilla que llevaba, su larga cabellera desapareció una semana atrás cuando Andrómeda los visito, ahora su cabello llegaba hasta los hombros.
Harry recibió la solicitud de que fue aceptado e iba firmada por el nuevo Ministro, le pareció irónico, ya que no termino el examen para su admisión ni sus estudios en Hogwarts, que eran fundamentales para poder ingresar.
—¿Crees que debería?
— Es lo que quieres ser, lo dejaste más que en claro en quinto y sexto año.
—En aquellos años no tenía una esposa ni esperaba un hijo y creía que iba a morir —respondió secamente—. Ir a la Academia de Aurores me va a quitar mucho el tiempo, las clases, los ejercicios, las prácticas, sabes que todo eso no se llevara en una o dos horas, pueden ser hasta nueve diarias. Estudiaría si fuera soltero y no tuviese obligaciones contigo, pero no tengo todo ese tiempo para regalar.
—No soy tu obligación, Harry —Hermione respondió con enojo—. Soy tu esposa, todo lo que tendrías que hacer si te vas a estudiar es ser fiel a tus votos y volver a casa cuando tus clases terminen. Dudo mucho que te vayas a quedar en casa hasta que mi embarazo terminé.
—Pues no lo haré de todos modos. Tú no fuiste a Hogwarts por el embarazo, sabías que podías irte y no tendrías problema alguno. Madame Pomfrey te atendería y McGonagall te daría muchas libertades en caso de que te sintieras mal. No es justo que yo me vaya a preparar profesionalmente mientras tú te quedas en casa.
Hermione asintió ante sus palabras y se levantó de su silla.
—Iré a recostarme.
