MONSTERS ARE US

Cap. 3 EXPEDIENTE HARUNO S.

La cabeza le punzaba, casi como si se tratase de una migraña fusionada con una jaqueca ocasionada por algún golpe. Al menos la fiebre había bajado.

Y el hombro…

Sakura sacudió la cabeza hacia el otro lado de la almohada y se cubrió hasta el rostro con el cobertor. El teléfono timbró, pero estaba demasiado débil como para levantarse a contestar. Siquiera como para poder enfocar la vista.

Timbró dos, tres veces. Cuatro. Y finalmente enmudeció.

Si se trataba de su madre, bien podría darle la excusa de que se había ido a dormir temprano. Sin embargo, volvió a sonar y ella siguió sin moverse.

El aparato sonó dos veces esta vez, luego se silenció y la alarma pasó a ser la del móvil.

Ino. La única que tenía la costumbre de marcar al teléfono y al móvil a la vez.

Alargó una mano hacia la mesita de noche y tomó el teléfono con pesadez, como si se tratase de una piedra. Por inercia encendió el altavoz.

— ¡"Frentesota"! –el chillido estridente de la chica pareció taladrarle los oídos— ¡¿Qué rayos pasó?! ¡Te estuve marcando y no contestabas!

Sakura espetó un suspiro agotado, sin saber exactamente qué contestar.

—Sólo…

— ¿Qué? Oye ni siquiera servía la línea en la clínica. ¿No viste las noticias?

—Aparte del apagón… no…—y ése era uno de los momentos en los que agradecía que la efusividad de Ino irrumpiesen en su afán de curiosear más de lo que debería— ¿Qué ocurrió?

—Una pareja de campesinos,… —el sonido intermitente de la televisión desvanecía la voz de Ino Yamanaka por intervalos—lo encontraron muerto cerca de….

La fiebre había vuelto y con ella aquel zumbido intermitente en su cabeza. La luz fluctuaba como si se tratase de faros alógenos. Sakura entrecerró los ojos y su mente embromada daba vueltas hacia el mismo asunto.

Lo de esa noche. Claro, pero… ¿Qué era lo que había pasado?

Los fusibles, no. No había sido sólo los fusibles, fue un apagón general; al menos era lo que Hana había dicho, cuando llegó y le encontró…

Con la bata cubierta de sangre… y esa cosa… No, no era una cosa, ella lo había visto, se había abalanzado sobre ella y…

— ¡Ehh! ¿Sigues ahí?

El calor corporal se hizo más intenso. Comenzaba a sudar.

—Sí, —Sakura echó el cobertor hacia un lado y se sentó casi por inercia— No me encuentro bien, tal vez falte mañana a la escuela.

— ¿Tu? ¿Faltar a la escuela? –Ino chasqueó la lengua— ¿Pasó algo?

—No… —ahogó un jadeo provocado por otra pulsación en la cabeza. Ahora hasta el eco de su propia voz parecía incomodarle tanto como tener una banda de rock pesado en su propia habitación—Sólo… —su mente ideó una respuesta rápida—…creo que pillaré un resfriado.

Genial, que creativa eres, Sakura… se reprendió mentalmente.

—Hum… o sea que tendré que pedirle a Shikamaru el resumen de literatura… de nuevo—aquejó Ino. A lo lejos y aun por sobre el hueco sonido que provocaba el altavoz, pudo escuchar al padre de Ino— ok, cuelgo antes de que me sentencien la línea. Te marco en la mañana.

Sakura simplemente asintió con un gemido. Apagó el móvil y la lámpara.

Volvió a tumbarse boca arriba, mientras su mirada quedaba fija en el grisáceo techo. La confusa oscuridad le envolvió de nuevo y ella se sumió entre sus pliegues. El vago recuerdo le invadió:

¿Un qué? –Hana había álzalo levemente la voz, mientras que sus manos, cubiertas por guantes de látex, examinaban minuciosamente aquellos amorfos surcos sobre el hombro de Sakura.

El generador externo trabajaba a marcha forzada, haciendo que la luz menguase como si se tratase de una luz de vela.

Un lobo –dijo a la mujer. Apretó los dientes para ahogar un gemido—…yo lo vi.

No hay lobos en toda la zona de Konoha… menos por lo que queda de la reserva del bosque. ¿Estás segura que no era un perro?

La mirada disyuntiva de la chica de cabello rosa se dirigió hacia el bulto amorfo que descansaba en la mesa de exanimación. Los restos de Hikaru estaban cubiertos por la bolsa de plástico sobre la cual Hana los colocó.

Eso no lo hubiera hecho un perro… no se confunde un lobo con un perro y eso hasta yo lo sé.

Los Nara habían reportado que un perro salvaje o un zorro merodeaba cerca de su propiedad y por lo que vi en aquella reja…

No era un perro… ¡ahh!—el escozor del yodo sobre la herida abierta pareció quemarle como brasas ardientes. Hana medía el cuentagotas incrustado en la jeringa y Sakura no evitó palidecer levemente— ¿Es necesario eso…?

Mejor prevenir. —respondió Hana.

Sakura desvió la vista de la aguja, al menos así era un poco más tolerable el sólo sentir la hipodérmica. Hana le dirigió una mirada inflexiva.

Tendremos problemas con los Sawara…—murmuró ladeando la cabeza hacia el cuerpo inerte en la mesa de revisión—…y con tu madre.

Sosteniendo la gasa sobre su hombro herido, Sakura sólo negó levemente.

No tendría por qué enterarse.

Hana arqueó una ceja. Un gesto perentorio, demasiado respaldado en la blusa de la joven, manchada tanto de sangre como de tierra. "No, claro… ni siquiera lo va a notar", era lo que ella hubiese querido decir.

Pero Sakura interpretó la expresión.

Necesito el empleo. –dijo tratando de emular una vaga sonrisa.

Una simple farsa, debido a que conocía perfectamente la reacción de su madre si se hubiese enterado de eso.

¿Y acaso pensabas decirle?... o esperarás a que se entere en cuanto te vea con el hombro destrozado por algo que supuestamente pudo haber sido un…

¡Basta! –Sakura gritó abruptamente.

Entonces despertó.

Con el semblante cubierto por una capa de sudor, las sábanas enrolladas entre sus piernas y un estertor intenso en sus pulmones.

Sin embargo había gritado… al menos tan fuerte que le pareció escuchar el eco en su habitación.

Oyó que una serie de pasos sobre el pasillo. Tenía los ojos entrecerrados y aun sentía que todo el entorno, borroso y confuso, eran parte de aquella bruma semiconsciente. Inclusive le pareció ver la silueta de su madre, apoyada en el marco de la puerta.

— ¿Sakura?

No, no era una ilusión.

Su madre estaba allí, había entrado a la habitación y corrido un poco la cortina. ¿En qué momento se había hecho de mañana?

Sakura se irguió levemente, frotándose levemente los adormilados ojos para despejarse.

Y notó la mirada escrutadora de su madre.

—¡Kamisama…! —dijo con sobresalto—¡Mírate nada más…!

Y ella no ató los cabos…hasta que sintió aun la venda y la gasa sobre su hombro. Por inercia llevó su mano hacia el vendaje, a pensar que el gesto era completamente obvio.

— ¿Qué? –intentó preguntar a modo de distracción.

El hombro. ¡Y si su madre se enterase…!

Mebuki Haruno alargó una mano hacia la frente de su hija.

—Fiebre –su expresión se tensó— Ya me lo suponía… ¿A qué hora llegaste anoche?

—Igual que siempre, ocho y media.

Ladeó levemente la cabeza, en ademán desaprobatorio.

—Y supongo que volviste a olvidar el suéter…¡Ay, niña! —se levantó—Llamaré a la escuela y luego a Inuzuka-san, ¡Definitivamente te quedarás en casa!

—Mamá, no es para tanto, me siento bien…

Mentira. A pesar de estar aun recostada en la cama, podía sentir de nuevo ése extraño mareo, que se hizo más fuerte en el instante en que se levantó, sin evitar llevarse la mano a la cabeza.

—Si claro, ya me di cuenta.

Tomó a Sakura por ambos brazos, y la sentó de nuevo en la cama. Nuevamente sin siquiera reparar en el vendaje, oculto bajo la blusa del pijama.

—Mamá, te digo que estoy bien. Sólo me duele un poco la cabeza pero no es nada grave. –Sakura protestó, pero su madre le miró con aquella aprensiva obligada, típico de ella— Está bien, me quedaré. —dijo finalmente.

Miró hacia el reloj que estaba sobre el escritorio. Eran las 7:20, bueno, ya no tenía tiempo cambiarse y desayunar para ir a la escuela, así que se resignó a la idea de pasar el día entero en casa. No le vendría mal, después de lo poco que había conseguido dormir. Extrañamente se había estado levantando, temblando y sudando, como si se despertase en medio de una agitada pesadilla.

— Bien, ¿bajarás a desayunar? —preguntó su madre, con una mano en la puerta.

—En un rato más –miró la hora en la pantalla del móvil— Sólo una hora más… —Sakura se recostó de nuevo, cubriéndose con la sábana hasta el rostro.

De nuevo aquel dolor, pero esta vez sentía que se concentraba en la nuca. Era más intenso. Cerró los ojos, tal vez si descansaba un poco se pasaría.

Lo único que pudo escuchar fue la puerta cerrarse. Ya bajaría para desayunar, si, después. Primero trataría de descansar. Sintió como el cuerpo se le acalambraba, como si le hubiesen aplicado un sedante.

Los párpados le pesaban, y finalmente se abandonó al sueño.

0—

—…Lo que parecía como una de tantas noches tranquilas de luna llena, se convirtió en una auténtica carnicería en las afueras de Konohagakure, en una de las sobrevivientes carreteras rurales que conectan con Iwagakure. Se encontraron los cuerpos mutilados de varias piezas de ganado, la mayoría perteneciente a una familia de granjeros residentes en el área. Los cuerpos de estos se encontraron con las mismas condiciones y apenas reconocibles. La zona fue acordonada tras las investigaciones pertinentes de ambos condados y los restos están en proceso de analizarse. Según las autoridades pudo deberse a una manada de perros salvajes o un coyote rabioso. EL departamento de policía de Konoha no tiene más pista que…

—¡Me lleva! –Tsunade apagó el televisor, reprimió un gesto de cólera y apretó fuertemente el puño contra la mesa—Jiraiya es cadáver…

Shizune, su sobrina, secretaria y elemento de más confianza, sólo apremió a un gesto cauteloso mientras le dejaba el café sobre el escritorio.

—Tsunade-sama…—dijo con la voz en un susurro—…alguien le ha buscado desde la mañana. En la línea del teléfono seis…

—Hiruzen-sama –Resolló Tsunade con hastío, sin escuchar el casi inaudible aviso de Shizune—Genial. Lo último que me falta es que ahora tengamos al mismo Hokage haciendo preguntas respecto a todo esto. ¡Le dije a Jiraya que no llamase la atención! Pero no, ah no, tenía que convertir esto en una nota roja justo al inicio de los lunes

—No, Tsunade-sama, es…

—…Y ahora lo más seguro es que hasta tengamos a la prensa entera aquí.

—-Tsunade-sama…

—¡¿Que?!

La joven de cabellos negros se encogió de hombros.

—Ji…Jiraiya-sama esta aquí.

—¡Buenos días! –sin esperar aviso, Jiraiya sólo avistó a sonreír descaradamente, entrar en la oficina y sentarse en una de las sillas delante del escritorio, aun avistando a la severa expresión de la mujer rubia, quien parecía querer fulminarlo con la mirada. Cosa que prefirió eludir socarronamente—¿Llego temprano para el café?

Por cualquier respuesta, Tsunade simplemente le puso enfrente el periódico de esa misma mañana, doblado justamente en la primera plana bajo el peculiar encabezado: "SANGIENTA NOCHE EN LAS AFUERAS DE KONOHA"

—¿Con azúcar y crema? –Tsunade espetó sarcásticamente antes de alzar más la voz—¡¿Qué diablos es esto, Jiraiya?!

—Ejem…, íbamos discretamente a…

—¿A esto le llamas discreción? –Tsunade alzó el impreso, señalando uno de los extremos de la imagen, en los cuales podía el semblante de un desconcertado Ebisu, a la izquierda de Jiraiya, el cual mostraba una mirada directa hacia la cámara. Ambos estaban justamente detrás del área acordonada y a pocos metros del cadáver de algo que parecía al mismo tiempo medio humano y medio animal.

Jiraiya bajó levemente la mirada, pasándose una mano por el mentón.

—Bueno obviamente no estaba tratando de llamar la atención, pero que puedo hacer…soy fotogénico.

—La cosa esa, ¿al menos tuviste la inteligencia de recodar ficharlo para el registro? –Tsunade cortó abruptamente los comentarios de Jiraiya. La mueca desenfadada de éste se desvaneció convirtiéndose en un gesto pensativo.

—No tiene importancia, por lo que encontramos con los registros dentales y huellas digitales era un simple campesino… o al menos eso había sido antes de la infección –musitó Jiraiya, chasqueando la lengua—Era un pobre diablo sin oficio ni beneficio. Llevábamos siguiéndole casi tres meses y obviamente pensaba capturarle vivo. Dejamos escapar más tiempo del necesario y el muy bastardo casi se sale con la suya.

Tsunade contempló de reojo los bloques de documentos apilados sobre el escritorio. A pesar de que el sol otoñal iluminaba a raudales la estancia, no era un brillo cálido. Eran tan sombrío como su ánimo desde esta mañana.

—Además por el cuerpo no hubo problema –continuó diciendo Jiraiya, con un tono de voz un poco más relajado—Dos contactos en el anfiteatro se encargaron de cambiar los restos por los de un lobo ordinario, así que ante las autoridades esto no fue más que uno de tanto casos de ataques por animales. Pero el bicho original está registrado; muerto pero registrado.

—¿Hubo testigos? –Tsunade cortó abruptamente los comentarios de Jiraiya. La mueca desenfadada de éste se desvaneció.

—Ninguno, bueno sólo la chica…

—Genial, un sobreviviente. Al menos no es todo el personal de una agencia constructora como hace quince años... –la mujer dobló de nuevo el periódico y sacó una de las carpetas que estaban en el altero. Se la dejó a Jiraiya— Toma, que Genma se encargue del resto del papeleo, si la joven sobrevive, pues…

—Ya tengo todo controlado –Jiraiya le devolvió el folder, a la vez que le entregaba un par de hojas dobladas descuidadamente—Del papeleo me encargo yo, tengo algo de tiempo libre.

—¿Por qué siento que esto no me convence del todo? –suspiró ella, mientras contemplaba abatidamente el informe llenado con apuro por puño y letra de Jiraiya.

0—

Dos semanas pasaron, y el incidente a las afueras de los suburbios de Konoha se tornó un episodio aislado que los medios olvidaron, quedando sólo como una nota sensacionalista en uno que otro reporte de algún diario o boletín de ufano interés y empezó a borrarse de la memoria de la gente y de la de Sakura Haruno, aunque éstas eran cosas que la propia conciencia nunca podría olvidar.

Sakura aún recordaba a aquella "cosa" que le había atacado y los sueños que acompañaron al "disimulado" accidente, pero ya era casi como si aquello le hubiera ocurrido a otra persona o fuera una secuencia de un telefilme, falsos sonidos producidos en una caja de resonancia.

Hasta ese nublado y ventosa tarde de viernes, cuando salió media hora más tarde del horario escolar, acompañando a una quejumbrosa Ino Yamanaka. Caminaban a paso calmado, con dos cajas de libros de texto cada una; el ambiente estaba tranquilo, solo unos cuantos alumnos del turno vespertino más inmersos en sus conversaciones como para notar a aquel hombre enfundado en gabardina grisácea y gafas oscuras.

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Confirmado…salió del edificio hace casi quince minutos, aproximadamente –una voz perteneciente a un hombre joven, parecía renuente a desaparecer en medio de la constante interferencia.

Hubo un chasquido, luego un siseo y finalmente alguien respondió al otro lado de la línea.

Perfecto, Ebisu-san. –Jiraiya emitió un inaudible quejido al forzar la voz del intercomunicador—Cercaremos el perímetro cerca de las siete.

¿Necesita que vaya también?

Se hizo una pausa y Jiraiya respondió inmediatamente.

Ehm…no. No creo que sea necesario, si la operación tiene algún imprevisto, Tsunade va a masacrarme. Me haré cargo, al menos si algo sale mal, sólo me gritará a mí, jejeje.

Como ordene, Jiraiya-sama.

0—

El sol había caído por completo y el negro azulado de lo que parecía ser una noche nublada de verano cubría el cielo en su totalidad; una luna blanca como hueso mondado estaba en medio de aquella negrura de gibosas nubes.

Unas cuantas farolas del alumbrado se encendieron sobre una de las avenidas centrales, igual que las que estaban frente a la escuela preparatoria de Konohagakure.

—Odio las horas extra. Ahora resulta que el resto del salón no piensa encargarse del aseo de cada mes como habíamos acordado… ¡Estoy segura de que la jefa de grupo me odia!.. —Ino miró a su compañera, andando a paso lento detrás de ella, con una mano aun sobre el hombro herido y un semblante pálido que no le agradó mucho—. ¿Segura que Hana está de acuerdo con que faltes hoy, Sakura?

—Si, de todas maneras no tenía nada urgente hoy.

—Ah, bien… como te decía, el estúpido de Shikamaru…

En medio de un torbellino de entrecortas y apuradas frases de ella, Sakura no pudo más que asentir, mientras que la presurosa rubia hablaba casi estridentemente.

El pulsar incesante del hombro había dejado de molestarle, hasta el momento en que se detuvieron sobre la acera, ya completamente fuera de la escuela.

Ahora todo se había mezclado en una envolvente marejada de sonidos y olores que no hicieron otra cosa que apabullar a Sakura aún más. Oyó a lo lejos a Ino preguntarle algo y ella apenas y dirigió la vista, para encontrarse con el rostro de un desconocido, el cual le había tomado forzudamente por el brazo.

—Haruno-san –resopló aquel hombre, enjuto, de unos cincuenta y pico años, con unos ojos grises dotados de gran inteligencia y una mata de pelo blanca crecida hasta los hombros, el extraño esperaba con calma frente a él, con las manos unidas a la espalda.—Debe acompañarnos.

No mostraba identificación de nada. No había insignia, no había ni siquiera un mísero gafete sobre el saco negro de aquel mustio traje que portaba.

—¿Qué? —Sakura seguía aturdida y desorientada, aun cuando una camioneta, con vidrios polarizados y también sin ningún emblema en los exteriores, aparcó a pocos metros delante de ella.

Ino se había adelantado y ella le había perdido de vista. Ahora dos sujetos más, de uniforme militar oscuro, le cerraron el paso.

—Tenemos que irnos, Haruno-san

—¿Qué?... ¿Qué pasa?—preguntó, alarmada y confundida. Le habían tomado por ambos brazos, el agotado cuerpo no aprestó a objetar defensa alguna— ¡¿Qué está ocurriendo?! ¡Suéltenme!

Estaba claro que no había tiempo para explicaciones. Sin miramientos, le metieron a la fuerza en el asiento trasero del coche. En un impulso primario y lógico, Sakura trató de resistirse, pero el cuerpo no respondió.

— ¡Hey! ¡¿Qué están haciendo?! ¡Sakura! —Ino estaba demasiado asustada y sorprendida como para quedarse callada

Uno de los sujetos uniformados le había cerrado el paso y por más que quiso gritar hacia la joven, no obtuvo respuesta de ésta. Antes de que Sakura pudiera siquiera empezar a procesar lo que estaba ocurriendo, el vehículo había arrancado.

Rumbo a quien sabe dónde.

0—

Muerta para el mundo, Sakura Haruno tenía la espalda apoyada en el frío respaldo de una silla de titanio. La joven de cabello rosa despertó de repente, todavía sintiendo el mareo provocado por el sedante. Parpadeó varias veces, confusa, sin saber muy bien dónde se encontraba. Tardó varios instantes en comprender que la blancuzcas paredes de la estival calle habían desaparecido, sustituida por el entorno más mundano del piso franco de alguna cámara militar. Sin pensar, trató de frotarse los ojos con los nudillos y al hacerlo descubrió que una de sus manos estaba unida a la silla por unas esposas de metal.

¿Qué rayos…?

La constatación de aquel hecho provocó una respuesta iracunda. Gruñendo de esfuerzo, tiró con todas sus fuerzas de la cadena. Se debatió de un lado a otro, tratando de soltarse con toda la fuerza de su cuerpo.

Las esposas no cedieron ni una fracción de milímetro.

—¡EHH! —gritó con voz entrecortada por el esfuerzo. No sirvió de nada. La pesada silla de titanio y ella estaban unidos irrevocablemente.—¡Alguien! ¡Ayuda!

Volvió a gritar, para nuevamente ser respondida por un silencio hueco. Estaba completamente sola en medio de aquella amplia cámara de paredes blindadas y un amplio ventanal a modo de domo, dejando entrar totalmente la poca luz de un nocturno cielo estival.

La frente le ardía como si estuviera incendiada y un pálpito insoportable recorría su cuerpo entero. Una película de sudor frío le pegaba la blusa al cuerpo. Tenía la boca tan seca como el desierto de Suna.

Kami, esto no deja de empeorar. ¿Qué demonios me está pasando?

Un dolor sordo y palpitante empezó a crecer y extenderse por todos los huesos de Sakura.

—¿Aun nada? –al otro lado de la habitación, detrás de un vidrio estratégicamente camuflajeado como uno de los linóleos de las paredes, Ebisu contemplaba a la cautiva joven, acompañado de un silencioso Jiraiya.

El viejo Sannin permanecía taciturnamente expectante, hasta el comentario. Chasqueó la lengua, moviendo el asiento levemente hacia atrás.

—Cuestión de tiempo…—respondió tan bajo como un bostezo. Bajó su atención hacia uno de los cajones de la gaveta del escritorio, sacando una pequeña bolsa de papel café—Al menos puedo terminar de almorzar. ¿sabes? Hasta podría poner un poco de música, o me quedaré dormido aquí.

—No creo que sea muy apropiado…—musitó Ebisu, sin que Jiraiya le tomase importancia. Éste había sacado un radio de bolsillo y estaba más atento buscando sintonizar alguna estación, hasta que el asistente le increpó—Oh…oh.

En la penumbrosa cámara, la mirada agotada de Sakura se dirigió al cielo nocturno; de improviso, antes de que supiera lo que estaba ocurriendo, la luna llena asomó la cara por detrás de un banco de furiosas nubes de tormenta.

El brillante disco blanco provocó una respuesta inmediata. Las pupilas verdosas de Sakura se dilataron. Su corazón latía con tal fuerza que sus oídos estaban llenos con lo que parecía la turbulencia desatada de un huracán interminable. Sus tripas se encogieron en su interior y expelieron un gemido torturado de sus agrietados labios. El estómago le dolía como si le estuvieran dando la vuelta desde dentro. Hasta el último músculo de su cuerpo estaba convulsionándose sin control. Su visión era borrosa, el color estaba desapareciendo y el mundo estaba convirtiéndose en una sombra gris monocromática.

—¡Ahhg!...¡Dueleee! —Un violento espasmo sacudió a Sakura de la cabeza a los pies, arqueándole la espalda—¡AUXILIO!

Los tendones se retorcieron y serpentearon, haciendo que los huesos cambiaran dolorosamente de posición. Toda su estructura ósea empezó a cambiar de forma.

Las uñas de los dedos empezaron a crecer a velocidad estremecedora hasta convertirse en garras grisáceas y curvadas como garfios. Ambas manos se habían cubierto de finos pelos rosáceos, y los dedos se habían deformado en gigantescas zarpas.

La mayor parte de sus ropas se desgarraron por completo, quedando sólo el breve vestigio de su pantalón ceñido en la cintura y los despojos de su blusa, ahora sin mangas y raída en los hombros; de los cuales surgía una mata de áspero pelaje lobuno. Grueso y rosáceo. Los zapatos explotaron cuando sus pies empezaron a deformarse en una especie de garra. El pelaje se extendió desde los hombros hasta el vientre y las piernas. Las orejas se cubrieron también de pelo y comenzaron a tomar una forma triangular.

La espalda baja crujió dolorosamente mientras el vestigio de una cola lobuna brotaba de la rabadilla.

Afilados caninos e incisivos asomaban desde su boca; la quijada se había pronunciado hoscamente como el inferior de unas fauces lobunas. Jadeó con la boca abierta, mientras la dentadura se alineaba en una nueva configuración... más animal que humana.

Sakura intentó gritar, realmente quería hacerlo. Echó la cabeza atrás y todo cuanto brotó de esta, fue un estridente y reverberante aullido.

Mientas, al otro lado de la cámara, las suaves notas de aquella melodía se prestaban casi borrosas por la interferencia del radio de bolsillo de Jiraiya.

—¿Quiere que me encargue del resto, Jiraiya-san?

—No, yo quiero hacerlo –los dedos de este seguían firmes en la perilla del radio.

La señal palideció ante la estática, casi al final de la última estrofa de "Blue Moon"

El cerrojo triple de la puerta chasqueó y cedió con un eco de herrumbre, abriéndose lentamente. Ataviado con su habitual gabardina café y la seguridad de una escopeta de un solo cañón pesando sobre ambas manos, Jiraiya entró en la cámara.

Detrás de él, Ebisu se había quedado inmóvil y sin apartarse del metálico marco de la puerta de acero forjado. Silencioso y atento a cualquier movimiento de alarma entre aquella cosa de pelaje rosáceo y el sannin. Éste último dio un par de pasos cautelosos, mientras su dedo índice se aferraba al gatillo.

La bestia estaba de espaldas hacia él, y todo cuanto podía escucharse eran una serie de jadeos entrecortados. Una señal que Jiraiya internamente comparó con la calma que puede avecinar a una tormenta.

"Y un mal momento para recordar… que las hembras son más violentas. ¡Bien hecho, viejo, ahora la ironía será que te arranque el cuello apenas y te vea…!" Refulgió su mente con burla mordaz.

La otra mano se deslizó por el cargador del arma, dejando asegurado el disparo de la primer munición. El crujido de este hizo que la criatura se diese la vuelta inmediatamente.

"No dispares hasta ver el amarillo-ámbar de los ojos" se recordó Jiraiya al alzar el cañón de la escopeta, directo hacia la yugular.

Y se quedó allí, tieso como una estatua en el momento en que no vio el tono amarillo salvaje en los ojos de la nueva mujer-loba. En lugar de esto, el brillo verdoso de sus pupilas se había acrecentado, casi brillando.

Sakura, quien había estado levemente en cuclillas, se irguió totalmente sobre sus actuales dos metros de alto. La mirada intensa de ésta se clavó en los ojos de Jiraiya…y en la escopeta.

— ¿Qué…va a…hacer con esa… a-arma? —De entre sus hoscos colmillos asomándose entre sus labios escapó una voz profunda, como un gruñido grave…y a la vez entendible.

Jiraiya, estupefacto, había bajado la escopeta. Ladeó levemente la cabeza, hacia Ebisu. Éste dejó caer el arnés de seguridad quedándose con ambas manos sujetando la nada.

—Señor… ¿Es normal que "eso" hable? –inquirió tembloroso.

El hombre de cabellera blanca, sin despegar la vista, negó con la cabeza,

—Esto es algo que no me esperaba…


CONTINUARÁ


Siguiente Capítulo: Otogakure...Respira

N/A: Capítulo actualizado! Bueno... ahora podriamos decir que, el equipo está completo! jejeje... ya veremos que ocurre, espero que deduzcan lo que se avecina... ya con el título del siguiente capítulo jejejeje

Ya saben duda y comentarios... al apartado de REVIEWS n.n