Severus, observaba a la exhausta Hermione, que se había quedado dormida en su cama. Luego de una ardua sesión de paseos, para dormirla. Cambiarla había sido otro dilema. Por lo menos, no tenía que desnudarla y podía verla en pañales. Podía ver su pequeño cuerpo, mientras respiraba. Estaba bastante cómoda, enrollada entre sábanas y moviendo algunos de sus deditos. La miró por un rato y luego, desapareció por la puerta. Se sentó, en calma, en paz. Todo tan normal.

Mientras leía, los pensamientos, se arremolinaban en su cabeza. ¿Cómo devolver a la pequeña Hermione, a la grande Hermione? Aunque eso sonase tremendamente rídiculo. No podía encontrar una forma viable. Necesitaba saber, por qué se había convertido en una miniatura de cuatro años. Estando allí, la pequeñita Hermione, ya despierta, se bajaba de la cama como podía. Caía sentada en el suelo y se levantaba, para salir corriendo.

- ¡Papá! ¡Papá!- una mota castaña, en pijamas rosadas, corría hacia él. El overol rosa se hacía cada vez más cercano.

- Se va a caer, Granger ¿Es que no entiende?

- ¡Papá!- gritó la pequeña Hermione, alzando sus manitas para que le cargara. Snape parpadeó perplejo y negó con la cabeza.

- ¿Otra vez?

- ¡Papá papá!

- ¿¡Quién le dijo que yo era su padre!?- le gritó y la observó, cuando componía un enorme puchero. Se echaría a llorar en cualquier momento y él, no sabía si tenía oídos para soportarla. Con un suspiro de frustración tuvo que ceder a sus pedidos, otra vez.

A la pequeña Hermione, le encantaba que la cargaran. Severus deseaba morir con un avada o quizá hacerse bebé también, para que alguien lo soportara. La pequeña Hermione, enmarañaba sus manos en su cabello grasoso. Lo encontraba divertido.

- ¡No me hale el cabello, Granger!- se quejó, pero ella seguía haciendo retorcijones en su cabeza- ¡Granger, eso se siente!

- ¡Papá!

- ¡Eso no le va a servir! ¡Suélteme el cabello en este instante!- le gritó y fue entonces, cuando escuchó su llanto estridente- ¡Está muy mimada, muy consentida!- se quejó, pero ella seguía llorando con fuerza.

No hubo forma de calmarla, por más que quiso. Ella seguía llorando y seguía, y seguía. Exhausto, Severus, estaba sentado en el sofá. La pequeña Hermione seguía en el suelo y pataleaba, por que su padre había sido duro con ella. Bueno, su niñero.

- Si se calla Granger, le doy mil puntos a su casa- la bebé Hermione no le hizo el mínimo caso- ¿cincuenta millones?

No tenía ideas y en realidad, con tanto ruído, ni pensaba en algo coherente. Como última instancia, la levantó del suelo y la sentó en el sofá. La contempló.

- Listo, ahora quédese quieta.

- ¡Papá!- se rió ella, y tenía planificado sostener su cabello. Había hecho su vía hasta su cabeza y seguía halándoselo con diversión.

- Veo que le hace feliz, que tiene aspiraciones futuras- le dijo, mientras Hermione mordía y halaba sus cabellos. Apoyó su cabeza en una mano y esperó a que se cansara de jugar con su cabeza. De todas formas eso no sucedió.

- Soy ahora, su muñeco personal- inspiró, mientras ella halaba y anudaba. Deshacía y rehacía sus nudos.