Disclaimer: Los personajes aquí usados no me pertenecen, son todos de mi futuro esposa Himaruya-sensei y sólo me los presto por un rato. Esta obra es sin fines de lucro y asdf.

Advertencias: Un Prumano sin mucho sentido (?)


Segunda Noche. Segunda Parte

Se levantó del suelo del baño, en un principio sin intención de salir de aquel lugar tan agradable y por otro lado, deseando salir para cruzarle unas cuantas palabras a ese cabeza de pollo. Se miró una última vez al espejo y notó que estos tenían un poco más de agua de la normal y se apresuró a limpiarla. Hecho esto salió, con el ceño fruncido, y su clásico porte.

Para su desagradable sorpresa Gilbert ya no estaba sentado y Alemania e Italia se disponían a lavar los platos antes de irse a dormir.

— ¿Dónde está Gilbert? —preguntó molesto.

— ¡Niichan! ¿Estás bien? —Veneciano detuvo su canturreo al ver a su hermano mayor y prácticamente se abalanzo contra este, mientras Ludwig lavaba los platos en silencio en la cocina.

—Joder que sí, ¿no me ves? —le dijo haciéndolo a un lado. — Te he preguntado por el cerebro de pollo.

—Humm, me he preocupado tanto cuando has salido corriendo al baño, así que le pedí a Gilbert que fuera por ti —le dijo Veneciano, muy tranquilo y contando su historia sin notar que su hermano se había puesto pálido. ¿Había ido por él? ¿Q-qué significaba eso? ¿P-podría ser po-posible que escuchara sus… sus palabras? Su cerebro se desconecto de su mente en automático. ¡Mierda! ¡Mierda y más mierda! ¡Mierda al infinito!

Después de que su hermano y el patata-mutante habían acabado de lavar los platos le desearon las buenas noches y lo guiaron a su alcoba. Lovino fingió dormir, esperando el momento justo para atacar y golpear al bastardo ese y preguntarle qué tanto había escuchado. Se levantó a mitad de la noche, con un calzón rojo y su camisa de trabajo, obviamente no saldría desnudo a la casa del alemán, todavía tenía dignidad, además de que preferiría no estar desnudo frente al pruso. ¿O no?

Vigilando ser cuidadoso y muy silencioso, como si fuese a cometer un crimen, caminó hacia la puerta de su cuarto. Aunque claro, no tenía esa intención pero… si las cosas se ponían feas (o molestas), el italiano mataría a Gilbert. Sí que sí. Y no se preocuparía de nada, quizás desaparecería o se cambiaría el nombre y usaría un bigote falso (aunque la idea le aterraba). Y se haría llamar Piero.

Salió de su cuarto y caminó a la cocina, tomó un vaso y lo colocó en la puerta del cuarto del alemán. Ni loco abriría esa puerta, qué tal si su hermano y el rubio estaban cogiendo conejos y no no, aún no quería ver algo así. Es más, jamás desearía ver algo así. Pegó el vaso a la puerta y comprobó que estaban durmiendo, o al menos escuchaba los vee's característicos de su hermano al dormir y los ronquidos del alemán. Qué asco, ronca, pensó el italiano llevándose el vaso y dejándolo en la cocina, en el lugar exacto donde lo encontró. Sabía de las mañanas obsesivo-compulsivas del alemán y no quería lidiar con él mañana. Si es que había un mañana para él, se autosugestiono.

Ahora venía la parte difícil. Una vez se había cerciorado que todos estaban dormidos y que no había nada ni nadie que evitara su encuentro con el prusiano, debía pasar a la fase dos, o séase, entrar a terreno enemigo. Lo tenía trazado en su mente todo, punto por punto: primero, entrar al cuarto, segundo, lanzarse a la cama del pruso y ahorcarlo hasta que le dijera la verdad, tercero… bueno, el tercer lugar no quedaba claro así, que lo dejo en blanco, ya después se le ocurriría algo.

Se acercó a la puerta, esa puerta. Su mano, temblando, tomó el pomo con suma delicadeza y comenzó a girarlo mientras su pulso estallaba y el sudor frio descendía por su espalda. Estaba nervioso, pronto se enfrentaría cara a cara contra ese maldito y le diría que con Lovino Vargas nadie juega, ¡nadie!

La boca se le seco al instante en que comprobó que estaba cerrada.

— ¡Mierda a la deci…!—su frase se vio interrumpida por su mano que le golpeaba la boca, evitando que gritara más. Un ronquido pausado en el cuarto de su hermano le alerto, y rezó porque el alemán reanudara el sueño y así fue.

Dentro de su mente, el mafioso que llevaba por dentro, le gritaba una serie de majaderías que dejarían sin cejas al mismísimo Arthur. ¡Estaba por arruinar su plan maestro por una estupidez! Se puso de rodillas en el suelo, frente a la puerta y escarbó en los bolsillos de su camisa y saco su mano, con una sonrisa alegre, frente a él estaba su siempre confiable y adorado amiga, un pequeño pasador que había sido su amiga durante sus años en España, abriendo cajones y cofres y todo tipo de cosas en la casa del español. Su sonrisa se hizo aún más grande mientras metía el pasador al pomo, esperando ser cuidadoso y poder abrir esa maldita puerta.

¡Click! Escuchó del otro lado y abrió la puerta, agradeciendo el desorden compulsivo del alemán por tener todo a la perfección, ya que la puerta no chirrió en ningún momento. Ahora, segunda parte del plan en acción. Entró a toda velocidad a la habitación y saltó sobre el pruso, tomándolo de lo que pensó era su cuello pero pronto cayó en cuenta de que algo había salido tremendamente mal.

¿Quién podía asegurarle que el pruso gustaba de ir a mitad de la noche al baño y dejaba sus almohadas acomodadas como si fuera él?

—M-me cagó en Mussolini y toda su progenie… —murmuró, con lagrimitas en sus ojos. Mientras tanto, la puerta se había cerrado y se abrí la del baño, por donde salí Gilbert Beilschmidt, sin camisa y solo con la parte baja de su pijama. Lo que sucedió a continuación fue relativamente ridículo, pero a final de cuentas, sucedió.

Lovino arrugó con sus manos las cobijas, murmurando groserías y palabras despectivas contra el pruso, mientras este miraba la puerta y al chico sin entender qué demonios hacía en su cama, sin casi anda de ropa y… el cerebro de Prusia hizo ¡click! Como si algo acabara de ponerse en su lugar. Se acercó con una pequeña sonrisa en los labios hasta Lovino, sentándose en su cama y mirando al chico que se debatía internamente.

—Creo, y digo creo, porque no estoy seguro —comenzó el pruso mientras Lovino seguía chillando de furia—, que has llegado a mi cuarto para hablar conmigo, ¿richtig? —Lovino giró un poco su cabeza, para mirar al prusiano que interpretó aquella mirada como un sí—, y que todo te ha salido al revés, ¿richtig? —de nuevo, la misma mirada y Gilbert se tiró de espaldas, observando el techo de su cuarto.

Lovino le miró, impaciente, esperando algo del muchacho, una risa, una frase lo que fuera ¡pero que hablara, carajo! Y al fin, como caído del cielo, el albino se empezó a reír de forma estrepitosa. Estúpidamente estrepitosa. Lovino se hizo a un lado, evitando ser golpeado o tocado por los brazos del albino, que parecía muy divertido.

— ¿De qué te burlas, imbecille? —le recriminó, recuperando su tono de voz normal.

—Es que… es que es tan gracioso —dijo entre risas el pruso y mirando al chico, intentando no soltarse a reír de nuevo.

— ¡No le veo lo gracioso! —le espetó, furioso, mientras sus mejillas se teñían de rojo. De pronto, el alemán se calmó y se sentó frente al chico, mirándole atentamente, tornándose serio. Lovino retrocedió levemente, al verse atrapado por aquella mirada tan profunda y seria era simplemente tan… provocadora.

Lentamente, la mano del albino se colocó con suavidad sobre la mejilla derecha del italiano, la acarició con cierta delicadeza que se antojaba tierna. Mientras el calor subía por el rostro del italiano que no podía hacer más que acercar más su rostro y su cuerpo ante semejante mirada. Era tan jodidamente penetrante, tan ridículamente sexy y abrazadora que no podía apartarle la mirada. Simplemente no podía y no quería. Pronto, la distancia entre ambos se fue cortando hasta que sus respiraciones chocaron una contra la otra.

—Lovino… —murmuró el alemán contra los labios del menor, que tan sólo pudo acercarse, deseoso por esa boca.

— ¿S-sí? —preguntó, mientras su lengua saboreaba aquellos labios que se volvieron una sonrisa lobuna, como de burla.

— ¿Sabías que este es un sueño? —me cagó en Mussolini…


Y ojalá ustedes piensen lo mismo que Lovino x'D —se oculta segura de los tomatazos—, saben que no lo dejaré así, pero es que me mata el sueño y mañana subo la última parte, además de que me siento tan irónica ahora mismo. Un beso a todas~

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