(N/A): Regresé al fin después de un parón más o menos largo debido a asuntos universitarios. El capítulo que traigo hoy es el primer interludio, muy breve y sin diálogos, puesto que es un capítulo de transición antes de introducirme de lleno en la etapa de los diez años.
Disclaimer: No tengo pene ni ideas tan geniales como el señor Okubo, pero intento subsanar esto último (lo primero se queda como está)
VECINOS
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"La amistad es un hilo sutil e indestructible que atraviesa la vida y todos sus cambios" (Federico Moccia)
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Primer interludio
Pero el colegio comenzó, los primeros amigos se dieron a conocer y las promesas comenzaron a hacerse más difíciles de mantener. La distracción propia de la novedad hizo que las quedadas se fueran espaciando, primero en días, luego en semanas y más tardes en meses. Los 'mañana donde siempre a la misma hora' se fueron sustituyendo por 'no puedo, he quedado para ir a jugar a casa de un amigo', 'lo siento, prometí a una compañera que la ayudaría con los deberes'. El hecho de haber caído en clases separadas propició aún más esa situación.
Maka coincidió en su aula con tres chicas con las que hizo migas casi inmediatamente. La primera, Tsubaki, era una chica alta, quizás demasiado para su edad, de pelo largo y sonrisa amable. Algo tímida pero muy cariñosa.
Las otras dos, Liz y Patty, eran hermanas, pero no podían ser más dispares: la más alta, Liz, a pesar de su aspecto serio era asombrosamente fácil de tratar, amistosa, de carácter enérgico y decidido pero también muy miedosa. Adoraba vestir y desvestir muñecas, probando diferentes combinaciones de ropa, dejando así entrever a la obsesa de la moda que sería de mayor.
Patty, por su parte, era alocada y alegre, sustituía su indiferencia hacia las muñecas de su hermana por un amor desmedido hacia las jirafas y se reía por todo. Eran diametralmente opuestas pero se complementaban mutuamente.
Y Maka, por supuesto, las adoraba a las tres, puesto que ella nunca había sido muy sociable. En la guardería no solía jugar a menudo con los otros niños, pues prefería sentarse en un rincón a leer los libros que por allí había. Así que en ese momento se sentía plena.
Por otro lado, Soul conoció a dos niños con los que también congenió enseguida y pronto comenzó a compartir juegos y travesuras.
Black Star era un chico de baja estatura, cabello azul, risa escandalosa y extraordinariamente buen concepto de sí mismo, a pesar de su corta edad.
Kid, más alto y también más serio, perfeccionista y meticuloso, aportaba el toque de sensatez y lógica a tan dispar trío, aunque fácilmente se dejaba llevar por las locuras de los otros dos. A fin de cuentas era apenas un crío, y, aunque a veces los delirios de grandeza de Black Star le hacían perder los estribos y desear hacerle tragar una silla, normalmente se dejaba llevar por las locuras de los otros dos, terminando por participar muy activamente en ellas.
De esta forma, entre nuevas amistades y ratos de diversión, fueron pasando cuatro años de sus vidas. Maka pronto comenzó a destacar como la niña más inteligente del colegio en competencia con Ox, un niño de su mismo curso y también dotado de una inteligencia extraordinaria. Generalmente, cuando en clase celebraban una pequeña competición siempre se ponían en equipos distintos con la clara intención de medir sus fuerzas. Casi siempre quedaban en empate, o ganaba uno u otro por la mínima diferencia, pero Maka se lo pasaba en grande, pues veía la ocasión perfecta para poner a prueba sus habilidades midiéndose. Más tarde, cuando ambos habían cumplido los nueve, participaron en un torneo de ortografía en representación del colegio, quedando en el primer puesto. Desde ese momento, cuando por fin pudo demostrar sus aptitudes, Maka se sintió completamente feliz y se dedicó a sus estudios con toda su voluntad, sin olvidar por supuesto, los ratos de descanso que pasaba en compañía de las que se habían convertido ya en sus mejores amigas.
Soul también empezó a sobresalir, pero una rama menos pedagógica: el fútbol. Apenas pasados unos meses de ingresar en el colegio el entrenador del equipo del colegio lo mandó llamar, pues lo había visto jugar con sus compañeros en un par de ocasiones y vio en él aptitudes claras para ese deporte. Le propuso entrenar dos veces a la semana durante un mes antes de introducirlo en la categoría inferior del equipo, donde pronto podría participar en torneos interescolares. Qué decir que el chico aceptó de buena gana y se dispuso a dar lo mejor de sí partido tras partido, llegando así a los nueve años convertido en una auténtica promesa del fútbol y todo un orgullo para el entrenador y sus amigos Black y Kid, que compartían sus victorias como si ellos mismos hubieran estado compitiendo.
De ese modo, al cumplir ambos los diez, parecían haber encontrado un lugar que ocupar y en el que asentarse, intentando dejar atrás su niñez y con ella una antigua amistad que una vez prometieron sería eterna.
(N/A): Lo dicho, capítulo breve donde los haya, pero necesario para dar pie a otra etapa más de sus vidas. Prometo volver pronto con el siguiente, correspondiente a la primera parte de los diez años, donde por fin, se encontrarán ambos grupos.
Gracias a todos los que habéis añadido la historia a 'Favoritos', a los que dejáis constancia de vuestra pasada por la historia y también a los que no, porque yo misma reconozco haber sido una lectora en la sombra.
Y en fin, lo de siempre, para críticas, tomatazos, cartas bomba y amables recomendaciones de que me dedique a otra cosa dadle al botoncito de "Review".
Saludos!
