1 de septiembre de 2004, estación de King Cross.
Una dicharachera Hermione iba de la mano de su recién adquirido novio Ron, feliz de la vida. La el único nubarrón que podía nublar su dicha era la muerte de su amigo Harry, de hecho, había estado dos semanas de luto y muy deprimida, pero al final había llegado a superarlo... eso, y que Ron le pidiese ser su novia, hacían de la castaña Gryffindor una de las chicas más felices de Inglaterra.
Su acompañante no se quedaba atrás, su habitual estupidez le impedía estar más de dos días recordando la muerte de quien lo había querido como a un hermano, y en lugar de ello, había centrado el objetivo de su vida en intentar llevarse a la cama a la rizosa, que, si bien hacía como que se resistía, tenía tantas ganas como el pelirrojo de llegar a tal, pero en la casa en la que habían pasado el verano, rodeados de la orden del fénix, resultaba... ciertamente incómodo.
Sólo de vez en cuando recordaban a Harry, y, si bien sentían un poco de pena, los morreos, toqueteos y pequeñas escapatorias les hacían olvidar completamente al amargado ojiverde.
-Mmmmhhh... Ron... sabes que voy de luto?-le preguntó Hermione sonriendo pícaramente.
-¿Ah sí?- le respondió, un poco dolido, ya que al parecer su difunto amigo tenía prioridad en sus pensamientos.
-Sí... tú espera a ver el tanga negro que llevo puesto...
El joven Weasley sonrió con lujuria, mientras cruzaban el andén mágico que los llevaba frente al rojo expreso de Hogwarts.
Se montaron en el tren, eligiendo un compartimento vacío, que tenían pensado ocupar más tarde, después de la correspondiente reunión de prefectos y posteriores rondas por el pasillo.
-A ver qué dice el gilipollas de Malfoy en esta ocasión?-murmuró Ron mientras acomodaban sus equipajes.
-Tú no te dejes provocar... y no te alteres si me insulta, vale? el mejor desprecio, es no hacer aprecio, venga, vamos.- Le dijo Herm mientras la pasaba la mano por la cintura.
La reunión de prefectos fue una sosada, como de costumbre, repetirles las normas hasta la saciedad, encargarles unos horarios de rondas por el tren, y avisar a algún profesor si había algún altercado, ya que no podían hacer magia estando fuera de hogwarts.
-Bofff... qué coñazo!- exclamó Ron abriendo la puerta de su compartimento, por lo menos ya habían terminado su ronda, regañar a un par de estudiantes de segundo que estaban amenazando a uno de primero, una colleja a cada uno, y tan tranquilos.
Las horas iban pasando, de forma lenta y tediosa. Se introdujeron en el compartimento Ginny, Luna y Neville, éste último bastante taciturno y aún de luto.
No conversaron mucho... Hermione parecía emobada con Ron, y éste parecía disfrutar del poder que ejercía sobre la chica. Luna estaba haciendo un crucigrama de lo más extraño, y Ginny hacía un buen rato que se había dormido. Nevillo miraba pensativamente su mascota, intentado desentrañar la compleja mente del sapo, que parecía estar ocultándole algo.
Hasta que un retumbar de paredes les hizo desviar su atención, algo se había estampado contra la pared del pasillo, presumiblemente bastante cerca de su compartimento. Siguió una explosión, el tren descarriló, sepultándolos a todos bajo sus equipajes.
-¿Qué ha pasado?- Se escuchó la ahogada voz de Ron.
Distintos chillidos se oían, provenientes del resto de los vagones. Los demás alumnos chillaban como ratas (iba a poner otra cosa, pero a lo mejor alguien se ofendía).
-¡¡¡Ahhh... no, no, no... mamá... mamá...!!!
-¡Son dementotes! ¡cubríos con los patronus!- Se oyó una temblante voz, sorprendentemente para todos, la de Neville, que se erguía fuera del compartimento con la varita apuntando hacia esas criaturas.
-¡Expexto patronum!- gritó. Y un semi-difuso elefantillo plateado emergió de su varita, manteniendo a ralla a un par de dementotes que se le acercaban... muy heroico, pero absolutamente irrelevante. El elefantillo resistió un poco más, pero acabó desapareciendo. No había sólo dos dementores, parecían ser cientos. Acosaban al tren desde todos los flancos, manteniéndose prudentemente alejados de los patronus de los profesores, dejando que su mera presencia los desmoronase.
Hermione lloraba encima de Ron, que también lloraba, encima de Ginny, que se había quedado inconsciente con la cabeza bajo Luna, que no había parado de hacer su crucigrama; todo un cuadro.
De repente, un estirón desde la parte delantera del tren, y los pocos que aún seguían conscientes notaron como que los vagones volaba, arrastrados hacia arriba. Los dementores se quedaron atrás, incapaces de seguir al ahora volador tren, intentaron alcanzarlo con sus ridículos efectos levitadores, pero no tardaron en quedarse atrás, perdiéndose en el horizonte.
Arribaron en hogwarts... los profesores que estaban el castillo salieron corriendo a recibirlos, alarmados ante lo sucedido. Estaban sacando a los alumnos de sus compartimentos, y apenas nadie se fijó en una figura que se alejaba cojeando de la parte delantera del tren, envuelta en un aura amarilla, con pequeños cortes en los brazos y el pelo rubio y de punta... sólo duró unos segundos, al poco tiempo el resplandor se había ido como si nunca hubiese existido, la figura ya no se distinguía entre el resto de alumnos.
0000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000000
Después de la selección, en la que apenas tomaron parte unos 10 alumnos (de los cuales 7 fueron a slythering), Dumbeldore se levantó para hacer su habitual discurso, con el semblante más serio de lo habitual en él:
-Queridos alumnos, como muchos de vosotros ya sabréis, durante el verano uno de nuestros alumnos, Harry Potter, fue hallado muerto en su casa.- Anunció el anciano, con la mirada triste perdida en el infinito.- El ministerio considera adecuado que no os informemos de lo sucedido, pero yo opino que lo primero es, siempre la verdad...
-Muy bien... ahora les cuentas el resto de la historia, y ya lo bordas.-Se oyó una voz desde la puerta de entrada.
Un joven descansaba apoyado contra el enorme marco de la gigantesca puerta, el pelo, negro y corto, se le disparaba en todas las direcciones, y la más que bien formada musculatura del chaval hacía las delicias de algunas estudiantes. Llevaba una camisa negra pegada al torso, dejando desnudos los brazos, cruzados sobre el pecho, unos pantalones militares y unas botas del ejército, a lo que había que añadir un par de chapitas metálicas que colgaban de una cadena de su cuello. Su rostro no se podía ver con claridad, ya que la construcción del lugar le hacía sombra y la distancia desde las mesas era bastante grande.
-¿Perdona?... Si gustase a presentarse, podríamos hablar en mejores términos.- Le respondió Albus, poniéndose cada vez más pálido a medida que iba terminando la frase, que, por cierto, acabó en un quedo murmullo que no oyeron ni los profesores sentados a su alrededor.- ¿Harry?
-No, Juan XXIII, que vuelvo de la tumba para comeros a todos, no te jode.- Añadió el ya revelado Potter, avanzó con parsimonia unos cuantos pasos entre la multitud, se quedó un rato plantado delante de la mesa de los profesores, sonriéndole al director, y después se sentó en la mesa de gryffindor, en una de las muchas banquetas libres.
Un murmullo recorrió todo el comedor, Dumbeldore se había quedado lívido, por primera vez no fue él el que puso silencio en el comedor, sino Snape, que a base de unas cuantas maldiciones, castigos de por vida y amenazas de expulsión consiguió calmar el barullo. Mcgonagall se acercó a Harry, que permanecía sentado, aún con los brazos cruzados sobre el pecho, mirando con indiferencia su plato (sin gafas, puntualizo), esperando a que se llenase de comida.
-El director le espera después de la cena en su despacho.
-Sorpresa...- Murmuró rascándose una oreja.
La comida apareció como por arte de magia (¿sí? ¡no jodas!), todos miraban a Harry con respeto, recelo e incluso pavor, según en qué casos. Pero éste permanecía muy ocupado con su plato, del que estaba dando salvaje cuenta en esos momentos: parecía que no había comido en su vida, engullía todo a increíble velocidad, pasando de uno a otro plato nada más terminaba, hasta que pareció darse por satisfecho, se recostó un poco y entrecerró los ojos, soltando un plácido: "ahhhh..."
-ehmmm... ¿Harry?- dijo Hermione intentando romper el hielo.- ¿No crees que te vas a empachar?
-Tengo que crecer Hermi... entiéndelo, tengo que desarrollarme. Si no, ¿cómo iba a mantener este tipito?- Dijo levantando un poco los brazos, evidentemente disfrutando con la baba que la novia de su amigo estaba soltando poco menos que a chorro.
-Y... ¿podrías explicarnos qué fue lo que pasó durante el verano?- añadió la castaña, recuperándose del ataque de sus hormonas.- Estuvimos muy afectados por tu presunta muerte.
-Ehhh... no, no os lo explico. Y no me mientas, que no soy imbécil, no estuvisteis afectados por mi muerte en absoluto, tú si acaso echaste cuatro lágrimas y te lamentaste un poco con Ron, pero tengo entendido que ahí acabó todo.- Dijo sin alterarse Harry, pasándose la mano por el estómago, intentando digerir más rápido la comida.
-Yo no... nosotros...- Balbuceó Hermione, más roja que el cabello de su novio.
-Harry... amigo... ¿qué fue lo que te pasó? Nos tuviste preocupados.- Añadio Ron uniéndose a la conversación sin ningún descaro.
-Ehhh... Ronnie, ¿tú eres imbécil o te lo haces?- Le preguntó sin cambiar de expresión, entre dormido y amodorrado.- Me suicidé, ¿te enteras? Mi vida era una mierda y decidí ponerle fin de golpe. ¿Y me dices que estuviste preocupado?... tiene cojones la preguntita... ¿tú crees que os voy a responder?.
El cerebro de Ron se habría camino entre las hormonas, la comida y ¿lechugas?... algo así... preguntándose qué era lo que no encajaba, Harry se había suicidado; Harry estaba vivo y comiendo de forma más grotesca que él mismo; Harry estaba vivo... ahí había algo que no encajaba, algo que no alcanzaba a comprender... Harry estaba muy musculoso, Hermione se había quedado mirando sus abdominales más tiempo del lógicamente necesario... ¡eso era algo serio! Se olvidó completamente de la cuestión suicidio-vuelta a la vida, y se centró en asuntos de mayor trascendencia para la humanidad: su novia babeaba por otro.
-Y... ¿qué es lo que te pasa Potter? ¿Por qué nos tratas así? ¿No somos tus amigos?- Dijo, mudando el rostro de la más absoluta ignorancia a uno de envidia y deseos de apareamiento.
-Ron...- le dijo suavemente Harry, inclinándose levemente sobre la mesa.- Ten por seguro que no me interesa tu novia... por lo menos a nivel sentimental, siempre podría darse otro tipo de relación... más animal, ya sabes, así porque sí.
Esto último lo dijo mirándole directamente a los ojos a Hermione, que, para disgusto de su acompañante, no consiguió reprimir lo que semejante proposición le seducía.
-¿Te crees que por haber aparecido así, de repente, sin que nadie sepa dónde has estado los dos últimos meses, tienes derecho de acosar a mi novia?- Le dijo entre dientes, mirándolo con odio.
-... Sí. Y perdona pero no he acosado a tu novia, más bien ha sido ella la que me ha mirado lascivamente, no yo a ella... aunque ahora que lo dices...- añadió mientras sus ojos se abrían un poco más al variar de "objetivo".
-Aléjate de ella...-bufó Ron mientras Hermione, poniéndose de parte de su novio, se alejaba un poco de Harry.
-No te preocupes, sólo bromeaba, no tienes porqué alterarte, a fin de cuentas, tu hermanita tiene un culo mucho más apetecible.
Si Ron no saltó sobre Harry en esos momentos fue porque éste ya se había puesto de pie, encaminándose hacia el despacho de Dumbledore. ¡Había insinuado que su novia no tenía un culo bonito! ¡Y se había estado deleitando con la visión de su hermanita pequeña!
Ya en el despacho del director, Harry abrió la puerta al tiempo que tocaba, sin esperar ser respondido.
-Harry...-Dumbledore estaba en su asiento, aún sin terminar de creerse lo que sus ojos veían.-Harry, dime, dónde has estado? No moriste aquella noche? ¡Es imposible! ¡Yo mismo comprobé los niveles biológicos de tu cuerpo, te intoxicaste hasta las cejas!
-Yo encuentro más interesante saber porqué esa gente de ahí no tiene ni idea de qué fue lo que me llevó al suicidio.
-Yo...no... ellos no deben saber... la profecía...
-Albus, ¿qué importancia puede tener la profecía esa de mierda si yo estoy muerto? Tengo entendido que si una de las personas muere sin haber cumplido la profecía, ésta se deshace y no tiene ningún tipo de relevancia, ¿no?
-Yo... Harry... por favor... no nos guardes rencor... únicamente buscaba lo mejor para ti...
-Mira Dumby, me parece muy bien eso que dices, pero encuentro deplorable que no tuvieses en cuenta mi más que probada madurez.
-No Harry, mira, únete a la Orden del Fénix, vale? Así te enterarás de todo!
-Se cree que soy idiota?- Dijo después de haber estado un buen rato riéndose.- ¿Exactamente qué podría impulsarme a unirme a su orden del fénix? Las cosas están así: me necesitáis mucho más de lo que yo a vosotros, y de unirme a esa especie de club de marujas que tenéis formado, lo único que obtendría a cambio serían más intentos de vigilancia, y eso, disculpa, pero no es lo que busco.
Y con esas palabras salió del cuarto, sin darle tiempo a nadie a responderle. Se encaminó lentamente por los pasillos de Hogwarts, sin prisas, hacia la torre de gryffindor. Al entrar, los estudiantes que aún estaban despiertos se le quedaron mirando, nadie se atrevió a decir nada. Salvo un airado pelirrojo que no estaba dispuesto a tolerar semejante afrenta contra lo que él consideraba algo así como su "manada" de leonas.
-¿Piensas que por venir vestido en plan soldado muggle tenemos que rendirte pleitesía?
-Perdona el comentario Ron, pero al parecer tanto a tu hermana, como a tu novia, como al resto del alumnado femenino (y parte del masculino) de hogwarts parece agradarle mi atuendo, en uno u otro sentido, aunque no dudo que algunas preferirían verme sin él.
Ron, Seamus, Dean y los demás chicos gryffindors, aparte de muertos de envidia, se quedaron con la boca abierta, buscando algo con lo que rebatirle, pero antes de que diesen con un comentario lo suficiente consistente, Harry ya había subido a su habitación.
