Hola... Siento que me tardé en actualizar... pero mis estudios necesitan tiempo y acción de mi parte. Lucho para obtener una beca e irme a los Estados Unidos ^_^
Bueno, acá reportándome y dándoles otro capítulo de esta, no tan pervertida, historia de amor. ¬_¬ jejeje
Advertencias: Un poco de lemon Incluido. Naruto y sus padres tiene una personalidad un poco cambiada. Hinata es de pelo Rizo y un poco bajita. (Me pareció Moe imaginarla así *-*) Hanabi es Rubia ._. y la hice Hermanastra De Hinata.
Declaimer: Esto es una adaptación y también un mundo alterno. He cambiado el título, algunas escenas y he puesto a los personajes que mayor satisfacción me han dado para el papel que representarán aquí. La Autora real es LYNNE GRAHAM y me encanta todo lo que ella escribe.
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Capítulo II
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-¿Qué le has hecho? –Preguntó Hina furiosa.
Naruto la fulminó con la mirada.
-Yo no le he hecho nada y no tengo por qué darte explicaciones.
Hina se cruzó de brazos, interponiéndose en su camino.
-Yo creo que sí. Parece que Hanabi ha estado bebiendo… ¿Es que no sabes que es menor de edad?
-No se supone que eras tú quien debía cuidar de ella? –Le espetó Naruto. –Pues lo haces de pena.
Hina se sintió mortificada. Evidentemente Hanabi la había engañado al decir que se iba a la cama. Y después de darle esquinazo se había ido de fiesta con Naruto.
Shion Demons se acercó entonces y estaba mirándola con una ceja levantada cuando apareció su pequeña hermana, Kyra.
-Kyra, lleva a Hanabi a la cama, por favor… Evidentemente ha bebido demasiado. –Agregó cuando su hermana desapareció con Hanabi escaleras arriba. –No me parece buena idea que monte una escena señorita Himawari…
Hina apretó los labios.
-No sabía que estuviera montando una escena. Sencillamente quiero saber qué ha pasado.
-Hanabi no está en condiciones de contárselo y sus padres no querrían que esto se supiera. –Dijo Shion.
Naruto abrió una puerta al otro lado del vestíbulo.
-Ven, Hina. Hablaremos aquí.
Evidentemente se sentía ofendido porque no estaba acostumbrado a que nadie le llamase la atención. Hina sospechaba que tenía un carácter volcánico; y algo que previamente había odiado en su impulsiva y a menudo porfiada madre, de repente le pareció fascinante.
-No es necesario, Naruto. –Intervido Shion. –La señorita Himawari no tiene derecho a pedir explicaciones.
-Yo me encargo de esto. –Replicó él haciéndole un gesto a Hina para que entrase con él en el estudio, y cerró la puerta en las narices de su anfitriona.
-A dónde has llevado a Hanabi? –Le preguntó ella.
-No la he llevado a ningún sitio. ¿Por qué iba a hacerlo? Para mí es una niña. –Naruto dejó escapar un suspiro. –Creo que sus amigas y ella llamaron un taxi para ir al Pub del pueblo. Cuando llegué el camarero se negaba a servirles más copas sin una prueba de que eran mayores de edad y Hanabi estaba discutiendo con él.
-Por favor… -Hina se pasó la mano por la cara. –Me dijo que se iba a la cama.
-¿Una adolecente en la cama antes de las doce? –Replicó él, irónico.
-Sí… bueno. ¿Y qué pasó después?
-Tomé una copa en el Pub y me marché media hora después, pero cuando volvía me encontré a Hanabi en la carretera, a un kilómetro del pueblo…
-¿Sóla?
-Estaba tan borracha que no podía sostenerse en pie.
-Dios mío…
-No podía dejarla allí, como te puedes imaginar. Subió a mi coche y empezó a llorar como una histérica… aparentemente, había quedado con su novio en el Pub pero él le había dado plantón.
Hina sintió que le ardía la cara cuando Naruto clavó su mirada en el cuello del albornoz, el escote del camisón apenas escondía el nacimiento de sus pechos.
-No sabía que Hanabi hubiera salido. –Dijo finalmente.
-Y si ha salido de aquí sin decírselo a nadie, No querías que se encontrase precisamente conmigo, ¿Verdad?
-No sé qué intentas decir con eso. –Replicó ella.
-Tú sabes muy bien lo que quiero decir. Te he visto cuando apareciste en la escalera. –Dijo mirándola con esos increíbles ojos azules. –No te ha gustado verme con Hanabi porque te has puesto celosa.
Hina lo miró perpleja.
-¡Eso es una tontería! No te conozco de nada. ¿Por qué iba a ponerme celosa?
-Dímelo tú. –Naruto sonrió, insolente.
Y era una sonrisa presiosa, tuvo que admitir Hina. Naruto Namikaze era un espécimen masculino perfecto, tan guapo que no podía dejar de mirarlo.
¡Maldición Hina, aparta la mirada!, se reprendió sin lograrlo.
-Conozco lo bastante a las mujeres como para leer en sus ojos, Glikia mou.
-¡Tú no has leído nada en mis ojos porque no hay nada que leer!
-Eso no es verdad.
Hina se puso tan furiosa que, por primera vez en su vida, estaba a punto de darle una bofetada a un hombre. En ese momento entendía cómo una provocación podía hacer que alguien perdiese los nervios.
-Eres increíblemente arrogante. –Le espetó al verlo moverse por todo el estudio como un león en su jaula. A pesar de su enfado, no odia dejar de mirarlo, estudiando sus movimientos con una emoción que era nueva para ella. –Ni siquiera me caes bien.
-No necesito caerte bien. –Dijo él clavando en ella sus ojos azulinos. –Tan sólo que me desees.
Hina sintió un cosquilleo en la piel como si la hubiese tocado. Una parte de ella quería salir corriendo, pero otra parte quería quedarse. Tenía la sensación de que aquel era un momento importante en su vida; que estaba a punto de experimentar algo que había esperado tanto tiempo. Quería darle una bofetada, quería gritarle que era un tipo insoportable, pero todo eso se mezclaba con el poderoso deseo de besarlo.
Naruto Namikaze exudaba un atractivo masculino que la atraía y la repelía al mismo tiempo.
-Y me deseas. –Siguió él, aparentemente seguro de sí mismo. Por un momento se había preguntado si se había equivocado. Después de todo ella lo había rechazado cuando le pidió que se tomasen una copa juntos. Pero al ver el bruillo de deseo en sus ojos, se preguntó si la negativa habría sido una argucia femenina para despertar su interés. –Como yo te deseo a ti, Glikia mou.
Fue esa admisión lo que rompió las defensas de Hina como la eficiente hoja de un cuchillo. Hasta ese momento, ningún hombre la había hecho sentir atractiva y sexy, pero Naruto había conseguido ese milagro con una sola frase.
Mientras la estudiaba, con una intensidad y un ansia que no podía esconder, ella tuvo que sonreír casi sin darse cuenta.
Al ver esa sonrisa, Naruto la apretó contra su pecho y se apoderó de su boca con exigente ardor. Los sabios movimientos de su lengua entre sus labios abiertos le hicieron sentir una punzada de placer, casi como una descarga eléctrica, pero la dulzura inicial fue sustituida por una fiera sensación de deseo.
El beso no era suficiente. Dejando escapar un inconsciente suspiro de satisfacción, Hina puso las manos sobre los hombros para apoyarse en el duro torso masculino. Necesitaba ese contacto para satisfacer la sensibilidad de sus pezones y el cosquilleo que sentía entre las piernas.
Como respuesta Naruto la envolvió en sus brazos y aplastó su boca, disfrutando el rico sabor a fresa de sus labios. Le gustaría tomarla en brazos y llevarla a su habitación para saciar ese loco deseo que despertaba en él…
Excitado como nunca, enredó los dedos en la masa de risos y echó su cabeza hacia atrás para mirar los gloriosos ojos lilas en contraste con la piel de porcelana. De nuevo intentó entender esa poderosa atracción.
¿Era la sinceridad que veía en esos ojos o la salvaje sensualidad con la que se había rendido a sus besos? En la cama, sospechaba, su pasión sería abrumadora.
Un móvil sonó en ese momento y Hina, parpadeando como si estuviera saliendo de un trance, levantó las manos para apartarse de él.
Naruto frunció el ceño mientras apagaba el móvil después de mirar la pantalla.
-No seas así.
-¿Qué quieres decir?
Hina sentía que le ardía la cara y las piernas no le respondían. Atónica al descubrir que su albornoz estaba abierto, se abrochó el cinturón con manos nerviosas.
Respiraba con dificultad y sus pensamientos eran un caos, pero entendía que lo que acababa de pasar era algo totalmente nuevo para ella, una tentación con la que nunca antes se había encontrado. Lo que había sentido era tan increíblemente poderoso que sus pezones le dolían como respuesta y experimentaba un deseo que nublaba su visión, y sólo podía pensar en repetir la experiencia.
Naruto alargó la mano.
-Ven…
-¡No! –Hina dio un paso atrás, sintiéndose absurdamente como una mujer en peligro de perder su alma. –Buenas noches Naruto…
-¡No lo dirán enserio! –Exclamó él, incrédulo, al ver que se dirigía a la puerta.
-Muy enserio. –Dijo tomando el picaporte. –No va a pasar nada entre tú y yo.
Naruto la vio salir del estudio conteniendo el aliento. ¿Qué le pasaba a aquella chica?
Nunca se había excitado tanto con una mujer para ver luego que le daba la espalda, dejándolo insatisfecho. Y tampoco nunca se había sorprendido tanto por el deseo que una mujer le hacía sentir.
Darse una ducha para calmar un poco su ardor no le parecía apetecible, pero iba a ser totalmente necesario.
…
Hina encontró a Hanabi profundamente dormida y, después de quitarle los zapatos, la cubrió con el edredón. Lo observó dormir tranquilamente y se dijo que parecía un ángel cuando dormía. Sonrió ante eso. Vio que su cabello rubio y liso, empezaba a nacer oscuro. Aún no entendía por qué escondía el color de su cabello. Había visto una foto cuando ella tenía quince y ahí tenía su pelo tan oscuro como el de su padre, y también la misma mirada pero la actitud al glamur de su madre.
Hina suspiró. Al día siguiente intentaría ganarse su confianza y tal vez tendría la oportunidad de convencerla de que no estaba compartiendo el fin de semana con una gobernanta.
Una vez en su habitación no dejaba de darle vueltas a lo que había pasado. En lo que se refería al sexo opuesto, siempre había creía se inteligente y sensata, menospreciando las aventuras amorosas de su madre. Sí, la verdad era que se había sentido superior en ese campo, convencida de que ella nunca haría tonterías… pero tal vez había sido demasiado soberbia. Había creído saberlo todo y había descubierto que no era más sofisticada que una cría en lo que se refería a los hombres.
Porque en veinticuatro horas, Naruto Namikaze le había enseñado cosas sobre sí misma que Hina no había querido saber. Conocerlo resultó ser una experiencia iluminadora, pensó. Descubrió que estar a su lado la mareaba, incapacitándola para pensar de forma racional.
Había descubierto que era humana y capaz de hacer tonterías. Y también que no dejarse llevar por el deseo… podía doler.
Ahora entendía por qué su madre había roto tantas relaciones siendo infiel. Hinamory Himawari nunca había dicho que No a una atracción así. Había hecho lo que quería y, a menudo, había pagado un precio muy alto por ello. Pero Hina también había tenido que pagar.
En más de una ocasión se había encariñado con alguno de los novios de su madre y la consiguiente desaparición de ese hombre la había confundido y disgustado.
Siendo muy pequeña había decidido que no podía confiar en los hombres y que era más seguro no encariñarse con ellos. Sólo cuando tenía cierta edad empezó a comprender que era el comportamiento de su madre lo que destrozaba esas relaciones.
En cualquier caso, tener una relación con Naruto Namikaze no la llevaba a ningún sitio.
Sólo me hubiera llevado a su habitación, pensó. Y también que retrasar una satisfacción no era algo de lo que Naruto pareciese saber mucho. Los dos querían más después del beso y él no parecía entender por qué tenían que esperar.
Hina sabía muy bien lo que había pensado porque había sentido la urgencia de su deseo, reconociendo al mismo tiempo el suyo propio.
Tal vez seré virgen toda la vida, pensó horrorizada. Viviría siempre sin ser tocada, sin ser deseada por un hombre. Naruto no iba a perseguirla esperando a que ella cediera. Porque un hombre como él sería una cosa de una noche.
Qué locura, se dijo a sí misma. No tenían nada en común, excepto la descendencia griega pues, él tiene acento griego. Aunque Naruto no lo sabía pues, su padre no tenía intención de contarle a todo el mundo quién era ella. Vivían en dos mundos diferentes. Naruto es un hombre muy rico mientras que ella, una simple estudiante.
Sin mencionar que Hanabi se había encargado de que físicamente ellas no se parecieran en absoluto y ni hablemos del estatus social en las que, evidentemente, están cada una.
Supuestamente, aquel era el momento de cometer errores y descubrir quién era en realidad. ¿no era el momento de saltarse las reglas y experimentar un poco? Pero acostarse con Naruto sería, definitivamente, un error. No había futuro para esa relación y…
¿Todas las relaciones tenían que tener futuro?, Se preguntó entonces. ¿Siempre deberían de haber sentimientos serios e importantes? ¿No había sitio para algo ligero, sin complicaciones?
Hina daba vueltas y vueltas en la cama, indecisa. Ella no quería enamorarse y casarse inmediatamente. Sólo tenía veinte años. Y tampoco era tan tonta como para soñar que Naruto se enamorase de ella. La hija de Hinamory no podía ser tan ingenua porque, siendo adolecente, a menudo se sentía mortificada al ver algún extraño en la mesa de desayuno tonteando con su madre y Hinamory jamás se había percatado de la turbación de su hija.
Como casi había amanecido cuando por fin pudo conciliar el sueño, despertó muy tarde y totalmente desorientada cuando Hanabi tocó su hombro.
-¿Qué hora es?
-Casi mediodía.
-¡¿Qué…?! –Hina intentó apartar sus rizos de su cara. -¿A qué hora te has levantado tú?
Su hermanastra parecía irritantemente despierta y llena de energías para ser alguien que se había ido a la cama en estado de embriaguez.
-Temprano. –Respondió Hanabi. –He tenido tiempo suficiente para desayunar y jugar un partido de tenis. Los hombres han ido a los establos y nosotras vamos de compras, así qué…
-¿De compras? ¿Por qué? –Exclamó Hina apartando el Edredón.
-La pregunta lo dice todo. –Respondió su hermanastra haciendo una mueca. –No tiene que haber una razón para ir de compras. Esta noche hay una gran fiesta y no puedes volver a ponerte el vestido negro. Además, yo también quiero ponerme algo nuevo.
-Sobre lo de anoche… -Empezó a decir Hina.
-Por favor, no me eches la bronca. –Le interrumpió. –Pero sí te debo una disculpa por esta habitación. Es una pocilga.
Hina miró los muebles viejos y la pintura desconchada que, aparentemente, la familia de Shion consideraba educada para el servicio pero no para los invitados.
-¿Qué pasó con Konohamaru anoche?
Hanabi se puso a la defensiva.
-No apareció porque no pudo… se perdió. –Respondió. Pero su aire de desafío sugería que sus amigas tampoco se habían tragado esa excusa.
Hina se encontró siendo prácticamente empujada hasta un Rover que pertenecía a unas de las amigas de Hanabi, pero no había tenido tiempo de comer nada y su estómago protestaba ruidosamente.
Durante el viaje intentó que su hermanastra le hablara de Konohamaru pero parecía no estar dispuesta a compartir esa información.
…
Westgrave Konoha Manor había sido tomada por un ejército de empleados de catering cuando Hina volvió en taxi, pues las otras chicas tenían cita en un salón de belleza. Su padre la llamó para ver cómo iba el fin de semana y Hina no le contó lo que había pasado por supuesto, pero aprovechó la oportunidad para preguntarle el por qué no le caía bien el novio de Hanabi.
-Konohamaru Sarutobi tiene antecedente como traficante de drogas. Es un delincuente y no lo quiero cerca de mi hija. –Contestó Hiashi Hyuga.
Sí… razones más que suficientes.
Hina usó el cuarto de baño de Hanabi, como había pedido su hermanastra, para ducharse y lavarse el pelo. Aquella tarde había sido divertida, debía reconocerlo. Hanabi había insistido en comprarle un vestido de satén azul turquesa con escote bordado de piedrecitas y, aunque era más corto de lo que ella solía llevar, se sentía muy guapa con el. Le encantaba el color y como parecía iluminar su cara.
O tenía ni idea ni idea de lo que había costado y no pensaba preguntar. A veces se sentía mayor de lo que era después de tantos años cuidando de su madre y, por una vez, quería sentirse joven y despreocupada.
Pero cuando sintió la mirada de Naruto Namikaze clavada en ella, su corazón se volvió loco. No podía creer que fuese tan inmadura, pero su corazón palpitaba con tal violencia que apenas podía probar vocado.
Un joven moreno de pelo castaño se acercó entonces con una copa de champán en la mano.
-Me parece que no nos conocemos. –Le dijo, con una agradable sonrisa. –Soy kyba Inusuka.
-Hina Himawarai. –Se presentó ella. –Te daría la mano pero tengo las dos ocupadas… -Hina rió intentando sostener el plato, la copa y el tenedor. Por no hablar del bolsillo de noche que colgaba en su muñeca.
Kyba tomó su plato y la llevó hacia una mesa.
-Ven, vamos a sentarnos un rato.
…
Al ver al mago de la informática, Kyba Inusuka, flirteando con Hina, Naruto tuvo que apretar los dientes.
Esa noche Hina estaba increíblemente sexy con aquel vestido. Ese cuello bordado de piedrecitas le acariciaba el nacimiento de sus pechos y la falda por la mitad del muslo mostraba muy bien sus torneadas piernas.
La inmediata rigidez que sintió bajo el pantalón le sorprendió porque normalmente solía controlar su libido.
No sabía por qué aquella chica le atraía tanto. Pero sí sabía que no le gustaba nada verla con Kyba.
…
Cuando Hanabi pasó a su lado con un hombre alto y peli castaño, Hina la llamó y su hermanastra se detuvo con desgana para hacer las presentaciones. Mientras anunciaba que su novio iba a pinchar más tarde, Hina observó los calculadores ojos miel de Konohamaru y la posesiva mano en el brazo de su hermanastra. Debía de tener, al menos, treinta años. Era mucho mayor de lo que había esperado, demasiado para una chica de diecisiete.
-Me iré dentro de un rato con Konohamaru a la discoteca y seguramente no volveré. –Anunció Hanabi. –Pero no se lo cuentes a mi padre…
-No voy a mentirle. –Le advirtió Hina.
-Pero tienes que hacerlo…
-Pues te equivocas. Y tú tampoco le mentirás. Pasa el fin de semana con tus amigas como está previsto. Recuerda… para eso me trajiste, ¿O no? –Le miró seriamente. En ese momento se sentía como la verdadera hermana que es para ella.
Hanabi murmuró una grosería antes de alejarse. Hina, haciendo una mueca, se volvió hacia su acompañante.
-Lo siento, pero se supone que debo de cuidar de ella.
-Y sospecho que no es fácil. –Comentó Kyba con la irónica sonrisa de un hombre acostumbrado a los caprichos de las adolecentes. –Es la hija de Hiashi Hyuga, ¿No?
-Así es.
-¿Trabajas para él?
Hina carraspeó, incómoda con el papel que Hanabi le hacía interpretar.
-Algo así.
Cuando miró hacia el otro lado del salón vio a Naruto observándola e incluso a esa distancia sus preciosos ojos azules la hacían temblar de deseo. Nunca había sentido algo así y le fascinaba. Naruto despertaba su sexualidad como ningún otro hombre.
Un camarero se acercó entonces con una copa.
-La señorita Hyuga le envía este coctel para usted.
-Ah… -Hina tomó la copa y miró alrededor buscando a su hermanastra, pero no la encontró. ¿Sería su manera de pedirle disculpas?
-Se te va a enfriar la comida. –Le recordó Kyba.
Apartar los ojos de Naruto requirió de toda su disciplina. La tentación de mirar la masculina perfección de sus rasgos le avergonzaba, cuando miró su plato, se dio cuenta de que había perdido el apetito por completo. Tomó un sorbo del coctel. Sabía a fruta y era más de su gusto que el champán, al que no estaba acostumbrada.
-Hina… -La saludó Naruto, mirando luego a su acompañante. –Hola Kyba…
No se había dado cuenta cuándo se movió pero, Al ver que estaba molesto se levantó y Kyba también, imitándola. Era evidente que no le gustaba verla con otro hombre…
Naruto estaba celoso.
Ningún hombre se había mostrado posesivo con ella y, aunque por primera vez en su vida sentía el poder de ser mujer, descubrió que no sentía el menor deseo de usarlo. Además, ese carácter volcánico que Naruto no podía esconder le fascinaba.
Shion Demons se unió a ellos entonces y Hina se disculpó ante Kyba con la mirada cuando Naruto la tomó por la cintura para llevarla aparte, en un gesto que irritó a su anfitriona.
Hina no le hizo caso feliz de estar con Naruto pero ligeramente mareada.
-Esta noche estás conmigo. –Dijo él.
-¿Y mañana? –Se aventuró a preguntar ella, tomando un sorbo del coctel.
Naruto alargó la mano para apartar algunos rizos de su cara. Los ardientes ojo azulinos estaban clavados en los suyos y HIna no hubiera podido apartarse aunque se le fuese la vida en ello.
-Mañana seguirás siendo mía, Glikia mou. –Respondió él tomándola por la cintura para apretarla contra su cuerpo. -¿Qué estás bebiendo?
-No lo sé… Me lo ha enviado Hanabi. Me sorprendió porque acabábamos de discutir y estaba enfadada conmigo… -Hina frunció el ceño al notar que le costaba trabajo pronunciar bien las palabras.
-¿Por qué habéis discutido?
-Quería marcharse con su novio y le he dicho que no pensaba mentirle a su padre. Por lo visto su novio tiene antecedentes de tráfico de drogas… Oye, no sé que me pasa pero no me siento bien…
-Espera, vamos a comer algo. –Dijo él.
-No tengo hambre… de hecho, me siento muy rara.
No la sostenían las piernas y apenas podía hablar porque se le trababa la lengua.
-¿Cuántas copas has bebido?
-Sólo este coctel… no lo entiendo. No puedo creer que esté borracha con un solo coctel…
Hina suspiró aliviada cuando Naruto la llevó hacia una silla. Le pesaba la cabeza y tenía que apoyar la barbilla en una mano para mantenerse erguida. Se sentía fatal, como si todo diera vueltas.
-Lo siento, pero creo que estoy a punto de des… mayar… me.
No había terminado de hablar cuando ya estaba resbalando de la silla. Naruto la sujetó mientras hacía un gesto a Hanabi para que se acercara.
-¿Quieres que se lo lleve a la policía? –Le espetó, señalando el coctel.
-¿La policía? –Repitió Hanabi Horrorizada.
-Has echado algo en el coctel de Hina…
-No, eso no es verdad.
-¿Por qué lo has hecho? ¿Por qué Hina no quería que te fueras con tu novio? –Dijo enojado. –Pues, me acabas de estropear la noche a mí y te aseguro que no ha sido bueno idea. Dime qué has echado en el coctel… y mientras tanto, tu novio puede ir marchándose con viento fresco. No creo que a Shion le haga gracia que alguien eche sustancias extrañas en la bebidas de sus invitados.
Hanabi miraba a Naruto como una cobra mira a un encantador de serpientes.
Hina parpadeó, intentando concentrar la mirada y, finalmente, cerró los ojos. Ni siquiera una alarma de incendios podría haberla sacado de aquel estado tan comatoso…
...
...
Continuará...
Avance:
-Ah, por fin estás despierta.
-¿Se puede saber cómo he terminado aquí? ¿Qué ha pasado? ¿Has dormido conmigo?
-Naturalmente... ésta es mi habitación.
...
-Entiendo que anoche... no pasó nada entre nosotros. -Lo vio sonreír y por un momento se mortificó ante la posible respuesta.
...
-¿Por qué siempre sales corriendo?
-No voy a salir corriendo... es que...
-Sientes lo mismo que yo. / -Te deseo Moli Mou
-No puedes tenerme.
-Sólo dame u beso antes de marcharte.
...
Al apartarse un poco, Naruto vio una mancha de sangre en el albornoz blanco.
hohohohohohohohoho... ¿Intriga por saber más?
Por cierto, gracias a un comentario me di cuenta de que he estado escribiendo el Nombre de Menma mal... He estado escribiendo Memba y es Menma, OMG! La verdad es que no me había dado cuenta hasta que me lo hicieron ver. Gracias! ^_^
...
Bueno...
Ya saben lo que digo:
Comentarios = Escritora Feliz = Más capítulos.
¡Hasta la próxima! \(^_^)/
