Aclaraciones: Los personajes no me pertenecen, son obra de la fabulosa JK Rowling, yo solo juego un poco con ellos.
Advertencias: Lenguaje vulgar, probablemente algo de Ooc, (aunque trataré de ser fiel a la personalidad de cada personaje), tensión sexual y un hurón sexy que viene a arruinarlo todo(?)
Summary: Harry y Ron empiezan a creer que algo anda mal con su mejor amiga. Actúa raro, no la ven ya casi en el comedor, ha empezado a cubrir su cuerpo con más prendas durante el día y ahora tiene una extraña alergia al sol. Ambos tienen la ligera sospecha de que algo sucedió durante las cortas vacaciones de Navidad.
Hermione siempre tiene la misma pesadilla, despierta envuelta en oscuridad, sintiendo el frío tacto de un desconocido, pero solo recuerda sus pulmones llenos de agua y un líquido carmesí calentar su garganta.
Adrik, un antiguo y poderoso guerrero vampiro perdió lo más importante de su vida el día que le arrebataron a su novia, la mujer que el destino había elegido para él.
Con una sed de venganza, Adrik busca la forma de traerla de vuelta, sin imaginar que después de tres largos siglos finalmente ella volvería a él, convertida en la tierna mortal, Hermione Granger.
Ahora lo único que queda en su lista es acabar con el mago que le quitó la vida a su novia, el despiadado Cornelius Malfoy...aunque ahora luce más joven de cómo lo recordaba.
.
.
Dos veces ella
By: Allie-Laufeyson
.
Capítulo 2: Latidos
.
.
Cuando Hermione despertó, se encontró a sí misma desnuda, tendida en una cama y cubierta completamente bajo una manta. Se incorporó de golpe para darse cuenta de que estaba en una de las habitaciones de examinación en San Mungo, para ser exactos, en la zona más alejada de la cuarta planta. ¿Cómo lo sabía? Había estado un par de veces, durante los momentos más críticos de la guerra, presenciando cuando hacían…las pruebas a los cadáveres y revisaban qué maleficios fueron utilizados en ellos. La pregunta era, ¿qué hacía ella ahí?
Lo último que recordaba era el ataque de los mortífagos en la fiesta y su batalla con Dolohov…un momento, ¿qué pasó realmente?
Bajó rápidamente la mirada hasta su vientre.
«No hay ni una jodida cicatriz».
La castaña revisó sus brazos, piernas, hasta tocó sus costillas para cerciorarse si se las habría fracturado durante la pelea. ¡Nada!
No había cortes, heridas u otras contusiones, estaba intacta y tampoco sentía que algo estuviera mal con ella, a decir verdad, se sentía muy despierta.
Observó con atención el lugar, se dio cuenta que no estaba por ninguna parte sus ropas ni ninguna otra de sus pertenencias, solo unas sucias vendas que adornaban el piso y la considerable cantidad de sangre que hacía camino hasta la cama.
Curiosamente, ahora podía oler cientos de aromas mezclándose en el aire, incluso más allá de la habitación. Percibía el olor de la esencia de díctamo, como también los ingredientes de pociones para heridas. Huesos de sapo quemados, cenizas de druida…sangre de dragón. Por algún motivo, su garganta empezó a arder y experimentó un pequeñísimo cosquilleo en las encías, justo en donde los caninos iniciaban. Hermione apretó los dientes y gimió cuando accidentalmente un canino mordió su labio. Se llevó un dedo a la herida y vio casi embelesada la diminuta gota de sangre. Y otra vez volvía a molestarla esa maldita quemazón en la garganta.
Ignoró por un momento el malestar y decidió que sería mejor buscar a una enfermera para que la revisara, le diera de alta y así poder irse pronto a casa. Sus padres estarían preocupados por no tener noticias de su hija.
Jaló las mantas para tapar su desnudez. ¿Qué hora sería?
Estaba todo apagado y en calma; sin embargo, sus ojos se adaptaron perfectamente a la oscuridad y sus oídos se agudizaron. No tenía idea que el silencio podía ser un tanto perturbador.
Caminó lentamente fuera de la habitación y anduvo por los fríos pasillos hasta llegar a una casi solitaria estancia con decoración navideña.
La Gryffindor se arregló las mantas y se dirigió hacia la bruja recepcionista. La joven mujer estaba distraída con un ejemplar de Corazón de Bruja. Se acercó sin hacer mucho ruido e inclinó la cabeza para ver la foto en movimiento de la portada. Probablemente era algún nuevo escándalo de una modelo. Pensó.
La joven carraspeó.
—Disculpe, creo que ya me siento bien y me gustaría tener una revisión rápida antes de ser dada de alta.
—¿Número de habitación? —Preguntó la mujer, sin molestarse en dirigirle la mirada.
—Mi habitación está en la cuarta planta, uh en realidad… —Esto iba a ser difícil de explicar. —es la sala mortuoria.
La bruja resopló, parecía fastidiada, como si le hubieran contado un mal chiste y cambió la página a su revista, sin fijarse en ella. —En esa sala solo hay muertos y mejor ve a tu habitación antes de que llame a los otros sanadores y te den una buena pócima para dormir.
—Por favor, usted no entiende, parece que hubo una equivocación y fui enviada a esa sala. ¡Me encuentro completamente sana!
—Voy a llamar a seguridad si sigues insistiendo con lo mismo-…
—Mi nombre es Hermione Granger, por favor, vea en sus registros el historial clínico.
La bruja abrió desmesuradamente los ojos y alzó la vista hasta toparse con el pálido rostro de la muchacha, la ensangrentada manta que cubría su cuerpo y unos escalofriantes ojos carmesí que la observaban fijamente. La mujer le apuntó con el dedo y gritó escandalizada antes de perder el conocimiento.
Hermione no supo qué demonios acababa de pasar.
Se tomó unos segundo para que su cerebro procesara lo ocurrido, luego trató de acercarse a la inconsciente mujer cuando fue alertada por unos pasos. Se giró lentamente cuando escuchó la fuerte voz del medimago.
—¿Qué significa esto? —Preguntó el hombre de forma tosca. Hermione balbuceó algunas palabras. No ayudaba que el sujeto la observara como si hubiera nombrado a mismísimo Voldemort, solo la ponía más nerviosa.
Otro de los medimagos que también había corrido hasta el lugar se adelantó.
—Yo te conozco… —La miró con incredulidad. —Eres esa chica que trasladaron a cuidados intensivos, la del ataque de los mortífagos en la fiesta del Ministerio, la amiga de Harry Potter.
Su compañero frunció el ceño. —Ben, ¿de qué estás hablando?
—No lo sabes porque no estuviste presente cuando la trajeron. —El joven posó sus azules ojos en ella. Hermione se sintió como un insecto bajo la lupa por la forma en que era observada por ese par.
La castaña se animó a contestar. —Yo…uhm, no estoy muy segura de lo ocurrido, pero no puedo dejar pasar por alto el hecho de que fui abandonada en una sala que huele a muerte.
El sanador se dirigió a su amigo, sin quitarle la mirada a la muchacha.
—Amery, manda una lechuza al Ministro de Magia, dile que es estrictamente necesaria su presencia. —Echó un fugaz vistazo a la bruja tendida en el piso. —Y pide a alguien que venga a atender a Penny, necesitará descansar.
El aludido asintió y desapareció.
El medimago se dio media vuelta en dirección contraria de la que tomó su compañero.
—Te sugeriría que te des prisa y me sigas, van a venir los otros y te convertirás en el centro de atención con ese aspecto.
Hermione se mantuvo callada y caminó detrás del medimago por los desiertos corredores de San Mungo.
.
.
.
Tonks no podía creer lo que estaba viendo, sus ojos empezaron a empañarse y se mordió el labio para no romper en llanto en ese momento. Ella estaba ahí, con vida.
—Hola…—Susurró la castaña y le regaló una tímida sonrisa.
Sabía que era real, quería correr hasta donde estaba, abrazarla, llenarla de besos y no dejar ir a la que fue como su hermanita por los últimos años.
Se sobresaltó cuando la mano de Kingsley descansó en su hombro, giró el rostro para ver a su viejo amigo, quien la observaba con expresión de apoyo.
—Nos alegra volver a verla, señorita Granger. —Habló Shacklebolt, su tono era como el de un padre aliviado al ver a su hija sana y salva.
El medimago se aclaró la garganta.
—Soy Benjamin Lawler y agradezco que hayan venido tan pronto, lamento si fui inoportuno, pero no podíamos retrasar este asunto. —Dijo Ben. Hermione estaba sentada en la única cama de la habitación. Su nariz empezó a picarle cuando nuevo olores se sumaron en el ambiente.
El joven los hizo tomar asiento, para después sacar su varita del bolsillo y lanzar un hechizo insonorizador alrededor.
Kingsley alzó una ceja.
—Me gustaría que lo que tengo que decir solo se quede en estas cuatro paredes. —El Ministro y Tonks se miraron, mas no dijeron nada. —Creo que están al tanto que hace tan solo tres días la señorita Granger fue internada. —El mayor de todos escuchó atentamente. —Los tres aurores que la escoltaron mencionaron que la encontraron en un estado muy delicado, también explicaron que ella había luchado con varios mortífagos, aunque no supieron quién de ellos fue el que le ocasionó las heridas mortales.
—¡Esos hijos de pe-…!
—Tonks…—El Ministro le dedicó una mirada de advertencia. La de cabello violeta solo hizo una mueca y se cruzó de brazos. —Por favor, continúe.
Lawler jugaba con un anillo entre sus dedos.
—Cuando recibí a la señorita Granger, entendí que no había salvación para ella y finalmente después de unos pocos minutos, su corazón dejó de latir, no obstante, decidí tomarme las molestias de realizar las pruebas para verificar si fue atacada con algún maleficio. —El rubio mago se levantó para tomar unos informes y entregárselos al Ministro. Tonks se veía nerviosa mientras observaba como Kingsley leía meticulosamente las hojas. El que su frente se arrugara de esa forma no podía significar nada bueno.
Shacklebolt pasó una mano por su mentón, nada de lo que estaba leyendo tenía sentido.
—¿Quién realizó estos registros? —Demandó.
—Fui el medimago encargado de la paciente Granger, yo escribí cada una de las observaciones. —Volvió a juguetear con el anillo. —Una vez que comprobé que su pulso se había ido, mandé a que trasladaran el cuerpo a la sala mortuoria, en donde efectuaría los análisis avanzados.
—Recuerdo muy bien el mensaje que nos llegó al día siguiente de San Mungo sobre su deceso. ¿Es que acaso fue todo una broma de mal gusto? —Interrumpió Tonks repentinamente, se oía muy cabreada.
Hermione escuchó con total desconcierto semejante revelación. ¿Muerta?
—Déjeme, explicarle-…
—¡Nada! ¡Son unos imbéciles! ¿Sabes todo lo que tuvimos que hacer para mantener la mierda que nos lanzaron esos mortífagos en secreto? ¡No he pegado ojo en estas últimas noches al imaginarme en cómo decirle a Harry o Ron que su mejor amiga estaba muerta! Y aquí estás tú, sentado como si nada, ¡debería estar pateando tu culo! —Le escupió con rabia.
—¡Tonks, cálmate! Estoy seguro que el joven Lawler tiene una buena explicación. ¿Serías tan amable de guardar silencio? —Ella gruñó y contó mentalmente para tranquilizarse, de lo contrario estaría encima del hombre ahorcándolo por su incompetencia.
Benjamin no se amedrentó por la amenaza de ella, ya se había imaginado una reacción así por parte de alguno. Suspiró.
—Ella realmente estaba muerta. —Dirigió su atención a la castaña. —Existe algo llamado "Lividez Postmortem", y es cuando el corazón deja de latir, por ende la sangre deja de circular, se espesa y comienza a coagularse. Sin la circulación, el cuerpo pierde temperatura y lentamente los músculos se van endureciendo; sin embargo, en ella sucedió lo contrario. —Ahora todas las miradas estaban puestas en Hermione. Ella se sintió cohibida y retorció un extremo de la prenda que le había dado Lawler para cubrirse y reemplazar las mantas machadas de sangre. —Mediante un conjuro pude ver dentro de ella. El corazón estaba completamente inmóvil, al igual que los demás órganos vitales, pero extrañamente la sangre nunca dejó de circular, seguía en funcionamiento. —La castaña se tomó el pecho de forma inconsciente mientras trataba de entender la explicación. —Lo que estoy tratando de decir es que, en teoría, ella era un cadáver, estaba fría, pálida y sin signos vitales, a excepción de esa anomalía sanguínea. Realicé tantos estudios como apuntes para descubrir que es lo que estaba pasando, porque nunca había visto algo parecido y la única hipótesis a la que pude llegar es que la señorita Granger consumió una dosis de filtro de muertos en vida, con algunas alteraciones, claro. Eso explicaría porque sus órganos estaban en reposo y por qué no reaccionaba ante ningún hechizo. —Lawler se veía cansado, toda esa investigación lo había agotado.
—¿Pudiste recoger las muestras de esa poción en su cuerpo? —Indagó el Ministro.
—Me temo que no, una vez que el usuario consume la poción, se desvanece paulatinamente todo rastro en las siguientes horas, pero el efecto aún permanece, por eso fue difícil identificar a tiempo el problema.
—Comprendo. —Kingsley se alzó y se puso frente a la castaña. De pronto, se sintió pequeña, como si algo malo estuviera pasando con ella.
El Ministro, bastante serio, preguntó. —¿Cuántos más saben de esto?
—Únicamente las personas en esta habitación, sin mencionar a la enfermera recepcionista y mi compañero, ellos estaban al tanto y me llevaban las pociones que curarían sus heridas. Aunque, por otra parte, hay un puñado de sanadores que piensan que estuvo aquí por lesiones menores, nada serio.
—¿La prensa ha empezado a hacer preguntas?
—No, señor. Nadie más sabe que Hermione Granger ha sido internada.
—Bien, me gustaría que esto sea confidencial. —Se giró para ver a Tonks. —¿Tenemos noticias sobre los mortífagos del evento?
—Se encontró tres en el bosque, uno de ellos estaba muerto. Se les interrogó a los otros dos, pero ninguno dijo nada hasta que de pronto empezaron a convulsionar en la sala y fallecieron igual. Pensamos que quien está detrás de esto lo hizo como medida de seguridad y que de esa forma no pudiéramos sacarles nada de información.
El hombre asintió.
—¿Hay algo más que deba saber, joven Lawler?
—No, pero me gustaría seguir revisándola más adelante, quiero descartar la posibilidad de futuros efectos secundarios para la señorita Granger.
Kingsley volteó a ver a Hermione y ésta solo se encogió de hombros.
—Está bien, le encargaré eso y espero que siga manteniendo todo en completa confidencialidad.
—Por supuesto, señor.
El rubio utilizó su varita para hacer levitar una caja y colocarla a los pies de la cama. Hermione irguió el cuello para ver mejor el interior, sorprendiéndose de ver sus cosas.
Él le hizo un gesto para que se acercara. —Creo que esto te pertenece, aunque tal vez el vestido ya no te sea de mucha utilidad. —Le agradeció y buscó entre sus cosas lo que tanto quería. Sonrió cuando la tuvo entre sus dedos, sentía como la magia empezaba a hormiguear dentro de ella al hacer contacto con su varita.
—Pensé que la había perdido, me alegra volver a tenerla en mis manos. —Kingsley le regaló una sonrisa.
—Si eso es todo, entonces me parece que puede ser dada de alta. —Arrugó ligeramente la frente y la observó por el rabillo del ojo. —Si es que ya te sientes mejor, Hermione.
—Sí, estoy perfectamente bien. —Aseguró. Lawler dibujó una media sonrisa.
—De acuerdo, pueden esperar en la sala de recepción mientras voy por el papeleo.
Tonks y el Ministro se encaminaron a la puerta, seguidos por la castaña, cuando de pronto sintió un pequeño jalón en su antebrazo. Se volteó para mirar a Benjamin, quien se acercaba para susurrarle.
—Casi te olvidas de esto. —Y colocó discretamente en su palma el anillo con la bonita piedra roja en el centro que Hermione le había visto anteriormente. La Gryffindor iba a responderle cuando él la interrumpió nuevamente. —No todos los días ves una sanguinaria en el dedo de una bruja. —Y se marchó, dejándola con unas cuántas preguntas en su cabeza.
.
.
.
Estaba finalmente fuera de San Mungo. Tonks le pudo conseguir un poco de ropa, era ligera, pero lo compensaba la larga capa de invierno que le prestó. A pesar de que el frío empezaba a hacer acto de presencia en esa época del año, estaba bastante bien.
—Yo me despido a partir de aquí. —Ambas chicas escucharon hablar al Ministro. —Creo que Tonks puede cuidar bien de ti. —Sonrió.
—¡Qué poca fe me tienes, Kingsley! —Bromeó la bruja.
Se despidieron amablemente de él y la mayor pasó una mano por los hombros de la castaña. —Debes estar hambrienta, sospecho que no has comido nada desde que despertaste.
—Ahora que lo mencionas, no he comido nada desde la fiesta del Ministerio…
—¡Genial! Porque me estoy muriendo de hambre, ¿qué te parece si vamos a la cafetería que está a unas cuadras de aquí? ¡Escuché que hacen unos buenos sándwiches!
—Suena bien para mí. —Forzó una sonrisa que Tonks pareció creer genuina. No quería admitirle que no tenía mucho apetito en ese momento.
Ambas llegaron al lugar y tomaron asiento en la bonita terraza de la segunda planta. Hermione ojeó sin mucho entusiasmo el menú. Optó por una taza de té y un pastel de calabaza.
Se apoyó sobre un brazo, observando la noche y a los transeúntes pasar por las iluminadas calles, sin percatarse de la camarera que vino a tomar su orden. Sino fuera por su chillona voz de ardilla.
Tonks parecía una niña en una tienda de dulces, no se decidía por nada en el menú, y a este paso, la castaña creyó que pediría todo lo que estaba ahí. Al menos una de las dos lo disfrutaría.
No pasó ni un minuto para que sus pedidos aparecieran en la mesa. Dibujó una sonrisa al ver a la de cabello violeta engullirse un sándwich.
La Gryffindor jugaba con la cucharilla de postre, hacía pequeños cortes en el pastel y los separaba del resto.
Tonks le dedicó una mirada. —¿Aún te sientes mal?
Hermione la vio fijamente.
—No es nada, descuida.
—Me refería a…los mortífagos. —Dejó a un lado su segundo sándwich y se limpió con la servilleta. —Quiero decir, no tengo idea de lo que esos bastardos hicieron ese día, ni mucho menos cómo se las ingeniaron para ir sin llamar la atención de los aurores que custodiaban la ceremonia.
—Oh, te refieres a eso. —Hermione pareció pensarlo un momento. —Tal vez planearon con tiempo esa emboscada.
—Se supone que ellos no deberían estar libres.
—Parece que se escondieron bastante bien.
—Eso es lo que más me molesta. Atrapamos a varios mortífagos peligrosos y los enviamos a Azkaban.
—Por lo visto, no a todos y ahora exigen su venganza.
Tonks bufó.
—Esas cobardes cucarachas extremistas, juro que cuando tenga a uno en mis manos lo convertiré en comida para trolls. —Hermione rio ante eso último, pero borró rápidamente su sonrisa cuando vio la expresión de angustia en su amiga. —Tú…¿recuerdas quién te hizo eso?
La castaña asintió. —Pero no me pidas que entre en detalles, no creo que te emocione saber cómo Dolohov sonreía cuando trataba de lanzarme un crucio.
Tonks se quedó boquiabierta, luego reaccionó y golpeó un puño contra la mesa. Hermione agradeció que no hubiera nadie más que ellas en la terraza.
—¡¿Ese cerdo está vivo?! —La Gryffindor le dio un gran sorbo a su taza de té antes de contestarle.
—Muy vivo y por lo último que sé, mencionó algo de querer mi cabeza o eso fue lo que trató de hacerme entender.
Tonks empezó a raspar la mesa con el tenedor de forma frenética. Se veía que la noticia de que Dolohov estaba vivo y haciendo de las suyas la ponía furiosa.
—¿Viste a alguien más? —Escupió, tratando de contener las ganas de matar a ese hijo de puta.
—Lamentablemente, la mayoría de los que iba detrás de mí no eran tontos y llevaban todo el tiempo sus máscaras. —Se llevó un trozo de pastel a la boca. ¡Puaj, qué asco!
Sus tripas empezaron a protestar y casi lo escupe, pero sabía que sería de mala educación hacerlo. Así que tomó una servilleta y disimuladamente arrojó la mierda de pastel de su boca. Sonrió.
—Estoy bastante segura que ahora mismo Dolohov y sus hombres deben estar riéndose, creyéndome muerta. —Tonks frunció el ceño.
—Es lo más probable —Con molestia, le dio un mordisco a su sándwich.
—Dejemos que lo sigan creyendo. —La castaña se terminó todo el té de un trago, quería que el bendito sabor de ese pastel desapareciera. ¿De qué diablos hacían sus pasteles? ¿De barro? Se quejaría más tarde con el dueño.
—¿Y vas a contarles a Harry y Ron de…?
—¡Morgana! ¡Claro que no, Tonks! —Exclamó horrorizada. —Imagínate sus reacciones. Conozco a Harry y sé que sería capaz de dirigir una nueva batalla y en cuanto a Ron…él es demasiado impulsivo y haría algo muy estúpido. —Frunció los labios en un gesto que mostraba desaprobación. —Júrame que no le dirás a nadie de esto. Solo tú y Kingsley pueden saberlo, ¿está bien?
La bruja asintió lentamente. —¿Es realmente lo que quieres?
—Si eso evita que hagan algo arriesgado, entonces sí. —Dirigió la mirada a su dedo anular, en donde descansaba el anillo que le dio el medimago. —Podemos rastrearlos en silencio, descubrir su guarida y qué es lo que están tramando.
—Pero ¿no sería buena idea alertar a todo el mundo mágico de la presencia de los mortífagos? De esa manera estarán preparados.
—Lo único que conseguiríamos sería preocuparlos. Tan solo míralos, Tonks. —Hermione le hizo un gesto a la joven para que echara un vistazo por la terraza.
Había varias parejas felices caminando, familias pasando una agradable noche, algunos niños contemplando los escaparates de las tiendas de juguetes. Ella lo entendió.
—Estamos en vísperas de Navidad. —Se lamentó.
—Exacto. Ellos creen que están a salvo, que la guerra "terminó". El incidente en la fiesta solo lo saben las personas que fuimos y los aurores que se enfrentaron a los mortífagos. Tengo el presentimiento que el Ministerio preferiría que todo se mantenga en secreto, al menos mientras ellos puedan controlar las cosas. —Se recostó un poco en la silla. —Además, este es mi último año en Hogwarts y no quisiera que los alumnos estén todo el tiempo con miedo, pensando en que cualquier momento El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado vendrá y les hará daño.
—Es cierto, olvidé que seguías en Hogwarts. —Meditó. —¿Cuándo volverás?
—El profesor Dumbledore mencionó que teníamos hasta tres días después de las fiestas de Año Nuevo.
—Sabes, si te sientes mal o tu cuerpo reacciona a algún tipo de efecto secundario de la poción del filtro de muertos en vida, podemos mandar una lechuza e informarle a Dumbledore que tu regreso se retrasará. Él lo entenderá, por supuesto, después de explicarle la situación.
—No, está bien. Planeo volver el primero de enero.
—Kingsley va a querer darle los detalles del incidente en la ceremonia no solo al director, también a los demás profesores para que estén alertas por si hay algún ataque.
Hermione pestañeó varias veces. —¿Le contará sobre mi encuentro con Dolohov? —Tonks se mordió el labio.
—Creo que mencionó también a McGonagall y uno que otro maestro de confianza.
—Genial. —Rodó los ojos.
—Vamos, es por tu bien, ellos sabrán cuidarte por si algo malo pasa o si te empiezas a sentir "rara". —De repente, una sonrisita boba apareció en su rostro. La castaña entrecerró los ojos. —Además, Remus estará ahí.
—Pero ya no es mi profesor.
—Lo sé, lo sé, pero le diré que mantenga un ojo en ti y si algo ocurre que nos contacte inmediatamente.
—No sé por qué no vi venir esto. —Resopló. —Está bien, pero nadie más debe saberlo, ¿de acuerdo?
Tonks levantó la mano y asintió varias veces. —Lo prometo. Ahora, ¿por qué no terminas de comerte ese pastel? No lo has tocado casi nada.
Hermione arrugó la nariz y vio con molestia el postre. Ni loca volvería a probar esa cosa. Recordó que tenía que quejarse con el dueño.
—Se me han ido las ganas de comer, tengo el estómago cerrado. —Su amiga levantó una ceja. —Aparte que el sabor es desagradable.
Tonks tomó una cucharilla y probó el pastel, seguido de un hmm.
La joven la vio tragar el pedazo de pastel, sin hacer ni una mueca de asco.
—¿De qué estás hablando? ¡Este pastel de calabaza está increíble! —Exclamó. —¿Estás en alguna especie de dieta o en contra de los dulces?
Se extrañó de verla degustar con tanta felicidad. Frunció el ceño y cogió la cucharilla para probarlo. El efecto fue el mismo, inmediatamente sus papilas gustativas gritaron y sintió que estaba comiendo lodo. ¡¿Qué mierda?!
Hermione, haciendo de tripas corazón, se tragó con dificultad el bocado.
Se le formó una sonrisa tensa. —Creo que es mucho dulce para mí, no soy una amante del azúcar. —Mintió.
Tonks bromeó un poco más con ella, antes de pagar y llevarla a casa de sus padres.
Al final, no tuvo la oportunidad de quejarse por el pastel, algo le decía que mejor mantuviera el pico cerrado, que sea lo que sea que esté mal con ella pasará al día siguiente. O eso esperaba.
.
.
.
—Ben, ¿tienes un momento? —Preguntó Amery, el otro sanador. Él le asintió. —Es Penny, ha despertado, pero-…—Lawler le hizo un gesto para que continuara. —Está delirando, quise decirle a alguien más, pero mejor recurrí a ti, creo que deberías verla para que entiendas de lo que hablo.
El rubio lo siguió hasta la habitación donde estaba la bruja y la saludó.
—Hola, Penny, ¿cómo te sientes?
La mujer empezaba a retorcerse en la cama y balbuceaba cosas ininteligibles. Se dirigió a su amigo. —¿Podrías darme un momento a solas con ella?
Su compañero se fue del cuarto y Ben se acercó más a la joven.
—Está bien, tranquila, no pasa nada. —Empezó. —Soy yo, Benjamin.
Ella seguía moviéndose en la cama.
—No es n-normal…
El medimago se inclinó para poder escucharla mejor, luego sintió la mano de Penny apretar en un puño su atuendo y dedicarle una expresión de terror.
—¡Eran rojos! ¡Eran rojos! —Repetía varias veces.
—¿Q-Qué eran rojos? —Preguntó casi desesperado el rubio. —¡Sino me explicas, no podré entenderte, Penny!
—¡Sus ojos! —Gimió. —Era iguales a la sangre, ¡tenía los ojos de un…demonio! ¡Dile que no me haga daño, por favor!
—¿Pero a quién te refieres? —El pobre hombre no podía calmar a la bruja, no sabía de qué estaba hablando.
—Esa chica…la que ya no es un cadáver. —Y Ben entendió que se estaba refiriendo a la señorita Granger.
.
.
.
N/A: Lamento tanto la espera, pueden lincharme si eso quieren, jé (?)
Pero mi madre llegó de viaje y estuve pasando algo de tiempo con ella antes de que se fuera nuevamente y recién hasta ahora se pudo corregir el episodio lol.
Gracias a las personitas que me felicitaron por la titulación, ¡les mando un beso! :D
Draco no nos ha bendecido con su presencia en este capítulo, aparecerá pronto, ¡tengan fe!
Espero que les haya gustado y verán que poco a poco se va conduciendo al punto al que quiero llegar…¡Hogwarts!
Es ahí en donde las cosas se pondrán interesantes y veremos como Hermione va a empezar a descubrir un par de cositas.
¡Muchas gracias por sus comentarios y nos leemos hasta la próxima actualización!
Pd: Perdonen si ven algún error de dedo, ¡prometo corregirlo pronto! :(
.
¿Me regalan un review? :)
