Ver a Ranma partir no le hizo sentir el alivio que esperaba, tan solo agrando el agujero que le rompía en dos las entrañas en ese momento. Tres años de compromiso se escapan como agua entre las manos. Entro a la casa silenciosa, pasó de largo la habitación de Nabiki con quien había estado durmiendo las noches anteriores y abrió la puerta de su cuarto, en el cual nada parecía haber cambiado. La luz de la mesa de estudio estaba encendida, alumbrando levemente aquella foto que se tomó todo el grupo en su viaje a esa misteriosa isla, se sonrió al recordar las increíbles anécdotas vividas y como Ranma la reclamo como suya sin importarle el agua del pozo que fácil podría haberle quitado la maldición… pero las cosas habían cambiado, ella y el chico ya eran casi marido y mujer y aun así no dejaban de haber mujeres en el medio. Shampoo se interponía cada vez que se le daba la oportunidad y Ukyo no lo hacía nada mal, además de las chicas esporádicas que suspiraban su nombre. Ranma hacia deferencia hacia ella y la protegía ante todo pero cada vez que las cosas se ponían románticas entre él y Akane cambiaba el tema y se alejaba sonrojado, por eso mismo la chica decidió darle una oportunidad a Ryoga… quería sentirse amada. Se recostó en la cama desecha, rosando las sabanas con la punta de los dedos. Ahora se encontraba sola en la cama que había compartido con su novio para dormir abrazados… y con su amigo para descansar después de dejarse amar, los recuerdos llenaban su cabeza. …... -¡pero por que debes irte a entrenar de nuevo!-encerrados en el cuarto de la chica, la pareja discutía. -si quieres que me haga cargo del Dojo debería preocuparte que este bien entrenado niña tonta-Ranma metía unas cuantas cosas en un bolso, la pareja compartía habitación hace bastante y cada vez que las cosas se ponían tensas pasaban horas a puertas cerradas hablando. -pero debería ser yo quien vaya contigo y no Ukyo. -Akane mírame-el chico de la trenza la sostuvo fuerte por los hombros, mirándola serio con su mirada azulada-nada va a pasar entre Ukyo y yo, ella es solo mi mejor amiga.- una lagrima caía del rostro de la muchacha y Ranma la limpio con sus dedos dándole un dulce beso en la mejilla. -debo irme, volveré en una semana. Así sin más se despidió y partió rumbo a las montañas con su padre y su amiga. Akane lloraba silenciosa en el marco de su ventana cuando un sonoro estruendo se escuchó desde el comedor. Bajo apresurada las escaleras y al ver a Ryoga desorientado y parado en el umbral se lanzó a sus brazos en un saludo eufórico. -¡Ryoga! qué bueno que estés aquí. -hermosa Akane ¿Dónde está Ranma? Iríamos a entrenar a las montañas hoy- el chico miro en todas direcciones y al darse cuenta de que había llegado tarde nuevamente, se sentó en el suelo a descansar, Akane se sentó su lado. Sabía que amaba a Ranma pero otros sentimientos se le colaban cada vez que estaba cerca de Ryoga y este la trataba con tanta dulzura, unas ganas de apoyarse en su pecho y regocijarse con las bellas palabras que su amigo siempre le entregaba… ¿acaso se puede amar a dos personas a las vez? -estuviste llorando-Ryoga la alejo de sus pensamientos al rosar la misma mejilla que Ranma hace tan poco rato atrás. -si pero no es nada-la chica se levantó rápido, se sentía culpable de aquel escalofríos que le recorría el cuerpo cada vez que él la tocaba-vamos a entrenar al Dojo para que no pierdas el viaje, puedes quedarte aquí a pasar unos días. Akane no paraba de decirse a sí misma la pésima idea que esto había sido, con Ryoga sin camisa y sudoroso entrenando frente a ella los latidos le aumentaron al mil por ciento, trato de concentrarse en Ranma y en el poco tiempo que restaba para que estuvieran casados. Ya no sería más Akane Tendo, sino la señora Saotome, tomo impulso de alguna parte misteriosa en su interior y acorto el camino que la separaba del muchacho, quien paro de entrenar y se le aproximo también, quedando de frente y a centímetros de distancia. -A…Akane ¿está todo bien?...-le pregunto entre agitadas respiraciones. -no, no, nada está bien Ryoga, vienes siempre y me haces sentir bien, te comportas tan caballero que no sé qué pensar ¿Por qué haces todo esto? Si Ranma no te agrada entonces porque siempre regresas- las manos de la peli azul golpearon con rabia el fornido pecho de su amigo, quien la contuvo de las muñecas. Las pupilas de Ryoga parecieron agrandarse de la sorpresa y su respiración que ya se calmaba volvía a agitarse, desde la primera vez que diviso la sonrisa de Akane se guardaba todos esos sentimientos y ahora la tenía frente a él pidiendo explicaciones. Era el momento. -porque te amo, Akane, te amo desde que te conocí y no importa cómo se separen nuestros destinos, si te casas con Ranma o si me caso con otra, te amare hasta el final de los tiempos.- acerco sus labios nerviosos a los de ella y la beso, rosando sus labios con tal delicadeza que la chica debía acercarse por más. Así era Ryoga, la paz… Ranma, la tormenta. Entre besos y caricias se recostaron en el suelo del Dojo, Ryoga se abría camino entre la complicada blusa de Akane, jugueteando con las manos, haciendo cosquillas, rosando con los labios. -solo déjame saborear este momento-las manos del moreno se hundían en las caderas de su amada, sabía que no habría otra vez, quería recordarlo para siempre, continuo besando aquellos senos y bajando por la estrecha cintura… -Ryoga-murmuro ella mientras el muchacho deslizaba una mano bajo su ropa interior-ten cuidado ¿sí?-él paro en seco, mirándola fijo- Jamás he hecho esto con nadie. -lo siento, pe…pensé que tú y Ranma.-el hecho de nombrar siquiera a su amigo/enemigo lo freno, pero Akane lo abrazo sin dudar, podía sentir los senos de la chica apoyados en su espalda desnuda, haciendo crecer más aquello en sus pantalones que no pasaba desapercibido. Entre risas y susurros se desnudaron por completo y se entregaron al amor en todo su esplendor. Akane sentía como la calidez de Ryoga le invadía su interior, primero tímido y luego decidido y certero, haciéndola sonrojarse cada vez más, el chico no paraba de acariciarla mientras la hacía suya, haciéndole erizar la piel cada vez que su aliento la rosaba. Cayeron juntos de cansancio y gozo… empapados en sudor y un montón de sentimientos confusos que aparecían para hacerlos sentir culpables. -ya anocheció-Ryoga de espalda al piso jugueteaba con los cabellos de Akane quien estaba recostada en su pecho-será mejor que me valla. La mirada de Akane estaba perdida en el techo, acababa de aprovecharse de los puros sentimientos de aquel joven viajero para traicionar a su prometido. El remordimiento le abofeteaba en la cara. -deberías dormir un rato, mejor vamos a mi habitación. No hay nadie en casa. Subieron en ropa interior al cuarto de la peli azul, hace mucho que Ryoga no entraba ahí ya que cuando Ranma comenzó a dormir con su chica no dejo entrar a p-chan nunca más. Se recostaron entre las cobijas abrasados y Akane estaba hablando medio dormida, su inconsciente debía aclarar las cosas. -sabes que igual me casare…con Ranma ¿verdad? -…si- Ryoga lidiaba con una sensación horrenda en su interior, amaba a la chica como a nada en el mundo pero eso no quitaba el hecho de que era la prometida de su único amigo, a quien decía odiar pero al final eso no era más que un juego de niños-Akane, esto no está bien. -lo se…yo solo-la chica suspiraba cada tanto, no de amor sino de pena-quería sentir, por favor perdóname Ryoga. -no soy yo a quien debes decir eso, siempre tendrás mi perdón hermosa Akane-la beso suavemente en la frente, en señal de respeto-debemos hablar con Ranma y contarle todo, después de eso no volveré a molestarlos-trago saliva para evitar llorar frente a ella. -está bien-contesto la muchacha, sabiendo que le rompería el corazón a dos personas en un tiempo record-pero quédate a dormir esta noche. No sabes cómo voy a extrañarte. Se acurrucaron juntos bajo el sonido titilante de la noche, cuando a eso de 4 de la madrugada la voz enervada de Ranma los despertó. El clima en las montañas estaba tempestuoso y Ranma no encontraba la forma de entrenar, apenas al llegar estaba malhumorado y su desempeño no le satisfacía…tan solo hace unas horas había dejado de ver a Akane y ya su rostro aparecía en cada pensamiento. Era ella quien debía acompañarlo y ya no lo dudaba. -que pasa hijo ¿acaso no quieres entrenar? –Genma, sentado comiendo las tortillas de Ukyo lo observaba detenidamente. No, la verdad es que no quería, quería correr a casa y decirle a Akane que lo sentía, que era un estúpido por no invitarla y por no confesarle que ya no podía más de amor, que no aguantaba una noche más de dormir con ella sin abrazarla ni besarla ni susurrarle al oído todo aquello que la chica le hacía sentir, pero su torpe boca no lo acompañaba y las palabras se tergiversaban antes de salir. -nos vamos a casa-dijo el chico de la trenza-debemos llegar antes de que amanezca. El camino parecía eterno y Ranma sentía dentro de sí que estaba tardando demasiado, apresuro el ritmo y a eso de las 4 de la madrugada estaba en casa. Todos estaban durmiendo, parecían haber llegado tarde de una cena pues no habían trastos en la cocina… no importaba el hambre, ya habría tiempo para comer luego. Subió apresurado a la habitación… -¿Akane?... ¡AKANEEE!- sus ojos se llenaron de lágrimas al instante y sin pensar en nada mas lanzo a Ryoga por la ventana de un solo Golpe. … Nabiki encontró a Akane a la mañana siguiente, profundamente dormida estrujando las cobijas y la foto del paseo a la isla hecha pedazos en el suelo, se quedó con ella hasta que despertó, debía decirle algo importante. -hermanita vamos a desayunar, debes comer algo- Nabiki no ocultaba el tono triste de lo que iba a decir. -¿Qué quieres Nabiki? Jamás me dices hermanita-la chica se había incorporado de la cama restregándose los ojos. -hay… está bien, acaba de venir la abuela de Shampoo a despedirse cordialmente pues se van a China y no creen volver. -y a mí que me importa esa chiquilla estúpida y su anciana abuela- de a poco el humor de Akane volvía a la normalidad. Nabiki suspiro largamente. -es que Ranma va con ellas, ya partieron hace unas horas… es probable que no vuelvas a verlo.
