Capítulo III
—¿Entonces Sakura-chan se fue de vacaciones sin mí?— El rubio estaba molesto. ¿Cómo era posible que su novia se haya ido sin avisarle? Y luego seis meses... ¿Pues a dónde iba a ir? ¿A la luna?
—Naruto... Tienes misiones que cumplir, ya te lo he dicho. Esa es la razón por la cual no puedes salir de Konoha sin consentimiento.— Tsunade se masajeó las sienes, ya tenía más de dos horas escuchando los alegatos del Uzumaki. Sin duda sería un largo día.
La pequeña casa parecía muy acogedora, tenía dos recamaras, una cocina, una pequeña sala y un baño, estaba amueblada a la perfección y había una chimenea en el cuarto principal. Hinata entro cargando a Sasuke, mientras que Sakura encendía el fuego y después echaba un ojo a la nevera, solo para descubrir que estaba vacía.
—¡Hina-chan! Voy al mercado, ¿necesitas algo?— Gritó desde la cocina.
—¡Shhh! No grites tan fuerte, vas a despertar al niño.- Dijo haciendo un puchero.
—Lo siento... Voy a traer verduras, algo de carne, pan, arroz, leche...— Rodó los ojos y comenzó a hacer una lista mental de lo que necesitaban.
—Eso, trae también salsa de soya y... También necesitamos biberones, pañales y jabón especial para bañarlo, además de ropita...— Le recordó la ojiperla.
—Bien... ¿Y cómo se supone que alimentaremos a Sasuke-kun?— Preguntó confundida.
—Verás en el Clan Hyūga existe un jutsu sencillo que provee a las mujeres que no dan suficiente leche con la necesaria para alimentar a los bebés, aunque no sé si funcionaría en nosotras— Hinata trataba de recordar, pues ella vio como Hanabi fue criada de la misma manera al morir su madre. Luego puso su mirada en la Haruno.
—¡Demonios! No me veas así...— Presta, Sakura se cubrió el pecho debido a lo que le dijera la peli azulada.
—No te preocupes, no lo utilizaré en nuestra persona, pero venden fórmula en las farmacias, así alimentaremos al bebé— Dicho esto la chica suspiró con tranquilidad, casi se había llevado un susto de muerte.
—¡Vale! Regreso en media hora.— Dijo la pelirrosa y desapareció por la puerta. Hinata volvió a la alcoba dónde estaba el bebé durmiendo plácidamente.
Se sentó al borde de la cama y acarició una de las manos del nene, eran tan suaves y cálidas.
—Hola corazón... ¿Sabes? Eres muy lindo...—Lentamente besó su frente y el pequeño hizo una mueca a modo de sonrisa. Era tan tierno y frágil.
Sakura regreso tiempo después y Hinata preparó algo de cenar, mientras platicaban de los hechos recientes.
—¿Cambiará en algo nuestra búsqueda?— Preguntó Sakura llevándose una cucharada de sopa a la boca. Hinata suspiró alejando el plato, no podían ir en busca de los hermanos Uchiha por el simple hecho de que tenían que cuidar del pequeñín.
—Tal vez, deberíamos dejar las cosas así... Regresaremos a Konoha...— Dicho esto se levantó y fue atizar el fuego de la chimenea que poco a poco estaba menguando.
—Hinata... ¿Qué ocurre?— Preguntó Sakura desde la puerta.
—Nada...— Respondió sin voltear a verla. La joven se cruzó de brazos, esperando a que su amiga rompiera el silencio que se había forjado en la habitación.
—¿Y?— Soltó en un suspiro.
—Ni siquiera tengo oportunidad de ser feliz por el simple hecho de que Itachi es un ninja renegado, lo he pensado tanto... Creo que el destino lo quiere así... Sakura, no importa ya...— Se incorporó lentamente para acercarse a la ventana y observar a través de ella la nieve que lentamente se cernía sobre ese pequeño poblado.
Sakura se quedó callada, aunque intentara consolar a su amiga, no sabría qué decir.
Habían pasado casi tres semanas desde que estuvieran al cuidado del pequeño Sasuke y ese era el día en que regresarían a su aldea.
Prepararon todo minuciosamente, esperando no olvidar nada.
—¿Crees que debamos decir la procedencia de Sasuke?— Cuestionó Sakura dudosa.
—Sí, le pediré a Lady Tsunade que me permita criarlo...— Respondió seriamente mientras se acomodaba la mochila a su espalda y cargaba al bebé.
—¿Y tu padre lo aceptara?... Digo, sé que él no es muy amable que digamos...— Sakura levantó las manos a manera de disculpa.
—No tiene nada que decir, yo soy la líder del Clan ahora...— Esto sorprendió a la Haruno, puesto que los rumores de hacía apenas un año atrás decían que Hinata no sucedería a Hiashi, sino Hanabi.
—Le he escrito a Temari que no iremos a Suna, seguro nos esperaba impaciente.— La ojiperla inclinó la cabeza, recordando a la chica rubia. Se habían vuelto muy amigas, desde que tuvo varios problemas con Ino a causa de Shikamaru. El líder del escuadrón ANBU estaba felizmente comprometido con la hermana del Kazekage, claro se estrecharían aún más los lazos de las dos naciones. Suspiró tranquilamente y comenzaron a andar de regreso a Konoha, eran tres horas de camino, pero agradecida estaba al cielo de que había amanecido despejado y no había viento, aunque si hacía frío.
Llegaron antes del atardecer, los guardias de la puerta Norte las recibieron con una gran sonrisa pero quedaron desconcertados al ver que Sakura traía un pequeño bulto en brazos. No le tomaron importancia y las dejaron pasar, las jóvenes irían a la oficina de la Hokage primeramente.
Una mujer de cabello castaño y corto, caminaba de un lado a otro por todo el lugar. Shizune estaba acomodando unas pilas de documentos y no se percató de la presencia de las dos chicas, hasta que le hablaron.
—¿Shizune-sama?— Cuestionó la chica de ojos perlas.
—¿Quién? ¡Oh! Hinata y Sakura, no las esperábamos tan pronto.— Su voz fue cambiando de tono conforme hablaba y sus ojos se posaban en el pequeño ser que comía ávidamente del biberón que le había ofrecido la pelirrosa.
—¡Oh no! ¿Estabas embarazada de Naruto— Preguntó sorprendida viendo a Sakura de hito en hito. —Jamás lo hubiera imaginado, no se te notaba... ¡Suertuda! Estas igual de delgada...— Subrayó la morena muy desconcertada. —Pero pasen, Lady Tsunade esta aun en su oficina.— Antes de que alguna de las dos muchachas pudiera replicar algo, ella abrió la puerta rápidamente y entró seguida de ellas.
—¡Shizune! No quería que me molestaran...— Masculló la Quinta con un deje de molestia mientras se servía otra copa de Sake.
—Pues, Tsunade-Sama, aquí están Sakura y Hinata...— La rubia levanto la vista para encontrarse con las dos chicas y con el pequeño bebé.
—Vaya, vaya... ¿Quién es el padre?— Ambas suspiraron al mismo tiempo con cansancio después de escuchar la pregunta tan directa que les formulara la Hokage.
Naruto caminaba rumbo a Konoha después de haber ido a una misión a en una aldea cercana. Estaba muy cansado y después dar su informe iría a su departamento y tomaría una ducha para luego ir a comer su tan ansiado ramen, que era lo único que le levantaba el ánimo desde que Sakura se había ido. Sus compañeros de equipo fueron Kiba Inuzuka y Sai, quienes corrieron con rumbo desconocido dejándolo solo para que se hiciera cargo de lo demás.
Saltó entre los tejados para ahorrar tiempo, llegando en cuestión de minutos a la Torre del Hokage. Subió los escalones de piedra y sin previo aviso empujo la puerta. La escena que se presentó a sus ojos era de lo más extraña, Tsunade y Shizune haciéndole cariñitos a un pequeño bebé que traía Sakura en los brazos, mientras que Hinata observaba emocionada la escena. La quijada de Naruto cayó al suelo y medito por unos minutos a quien podría pertenecer él bebé, de una vez descartó a la Hokage y a la morena, solo quedando su amada novia y Hinata como posibles madres del pedazo de carne rosa. Comenzó a contar con los dedos, sí, ya tenía vida sexual activa con la chica de ojos color jade desde hacía más de un año pero ella le había dicho que se estaba cuidando, ¿no era así? Volteó a ver a la Hyūga pero para él, quedó inmediatamente eliminada, ella no tenía novio y seguro su padre la mataría.
—¡Hijo mío! Sakura-chan, ¿por qué no me lo dijiste? Por eso te fuiste, para darme la sorpresa cuando llegaras, ¿verdad?— Las cuatro mujeres lo observaron como si de un extraterrestre se tratara.
Naruto arrebato al pequeño de los brazos de la pelirrosa, dejando a esta un poco molesta por la insinuación de su novio. Shizune y Tsunade comenzaron a darse ligeros codazos, era de suponer, por lo que dijo el rubio que tenían más que una relación de "manita sudada".
—¡Naruto! Ese niño no es de nosotros es de...— La joven pelirrosa dudo de decirle la verdad a su rubio, así que consideró que era mejor no decir nada. Tsunade lo observó fijamente, de todos modos algún día se iba a enterar.
—El niño es de Sasuke...— La reacción del Uzumaki no se hizo esperar.
—¿Del Teme? ¿Dónde está ese maldito?— Indagó buscándolo entre las pilas de documentos y por debajo del escritorio de la Hokage.
—Naruto, ¿quieres tranquilizarte?— Le espetó Sakura.
—Sí, él no está aquí... De hecho no sabe o no le importa la existencia de su hijo. Ahora, Hinata se hará cargo del pequeño, así que por el momento todo está arreglado...— Dijo seriamente Lady Tsunade.
—Así que tengo un sobrino... Será el consentido, de veras.— Levantó el puño al cielo en señal de victoria, ante la mirada atónita de las ahí presentes.
La mansión Hyūga quedaba ya a solo unos cuantos pasos, podía ver el portal que marcaba la entrada del Distrito. Ella suspiro y él bebé se removió en sus brazos, durante el trayecto la gente cuchicheaba y eso era por demás molesto. Entró y la recibió uno de sus sirvientes.
—Hinata-sama, ha regre...— Los ojos del hombre se abrieron como platos y de la impresión no pudo terminar sus palabras. La joven no le tomó importancia y caminó de allí dirigiéndose al despacho de su padre, pero no tuvo que ir tan lejos, él estaba en el jardín.
—Hinata...— La llamó sin voltear a verla.
—Padre...— La joven bajó los pequeños peldaños y se aproximó a su progenitor.
—¿De quién es ese bebé?— Preguntó fríamente, mientras giraba hasta ponerse enfrente de su hija. Hiashi la observó interrogadoramente, esperando una respuesta. Ella le pidió que se sentaran para poder conversar tranquilamente, conforme hablaba el ojiperla se sorprendía hasta del más mínimo detalle, claro, le hizo saber de todo lo acontecido con el pequeño exceptuando lo de la fallida búsqueda de los Uchiha.
—Bien, ¿que has decidido?- Cuestionó y Hinata no dudo en contestar.
—Lo criaré como mi hijo y como parte de este Clan...— Dijo sin emoción en su voz.
—Eres muy inteligente...- El Hyūga se cruzó de brazos y continuó. —Si heredó el Sharingan es posible que sea uno de nuestros aliados, le pondremos un sello especial de sumisión y así...— La ojiperla no salía de su estupor, podría perdonarle que nunca la haya amado pero esto, no, de ninguna forma lo permitiría.
—¡No! El será criado como uno más de la rama principal y ¿sabes que, padre?— Hiashi estaba sorprendido. —El sello será eliminado, jamás nadie volverá a utilizarlo en los de la rama secundaria, ¿quedó claro? Es una reverenda estupidez...— Se alejó de allí sin tomar en cuenta que el hombre se quedó impasible con los ojos cerrados, meditando en su proclamación.
Entonces llegó a su habitación y acomodó al crío en la cama. Sonreía demasiado a pesar de estar dormido, ajeno a toda la maldad que habitaba en el mundo y ella solo pudo deducir que Karin lo cuidaba y le mimaba en forma de ángel. Sí, era agradable pensarlo, sabiendo que de ninguna manera sería así.
Pero estaba segura de que mientras estuviera viva, el pequeño Sasuke Hyūga, sería el niño más feliz de la tierra... Porque lo amaba, por Dios, que si lo amaba...
