Nexus

Si había algo que podía decirse de Hermione Granger es que mejoró mucho con sus reacciones ante hechos inesperados. Hoy en día no se le olvidaba la obviedad de que era una bruja y podía solucionar las cosas con un buen movimiento de varita y unos cuantos hechizos. De la misma forma que tampoco le venía a la cabeza las excusas menos creíbles del Mundo solamente por encontrarse bajo un poco de presión. Así era ella hoy en día y por eso, afortunadamente, no había nadie más presente para ser testigo de cómo Hermione tuvo un acceso de pánico cuando comprobó que Draco se había herido en la cabeza llegando a derramar sangre.

Solamente es necesario un poco de sangre para devolverte a la edad de dieciséis años, y eso siendo bastante amable contigo, Granger.

Hermione bajó la vista a su regazo en donde descansaba la cabeza de Draco y, a pesar de lo extraño que se veía toda esta situación, no podía dejar de pensar en las cosas menos relevantes como, por ejemplo…

¿Nunca te has preguntado por qué, en tu cabeza, siempre te refieres a ti misma como Granger y no como Hermione o Jane? Aún soy capaz de recordar que había un tiempo que te decías Hermione pero eso fue, sorpresas dan la vida, antes de haber entrado en Hogwarts. Si, ya sabes por donde voy, ¿verdad, Granger?

Con mucho cuidado, llevó una mano a la frente de Draco antes de pasársela por su cabello que, tal y como siempre había sospechado, se sentía igual de suave como se veía. Se detuvo a la altura de su venda casera, si se le podía llamar casera al haberla hecha dentro de este cubo de piedra, y no pudo evitar un escalofrío al recordar el fuerte golpe que se dio Draco y como su inmaculado cabello platino se vio mancillado por el rojo de su propia sangre. Esa sangre pura suya con la que tanto le estuvo degradándola por ser una hija de muggles.

—Eres un idiota, Malfoy. No sabemos nada de lo que nos ha pasado, nada acerca de este lugar y por poco vas tú y te abres tu estúpida cabezota por no pensar primero antes de actuar.

—¿Tanto te molestaría, Granger?

—Claro que si porque tú me habrías dejad-…

Hermione se mordió la lengua al darse cuenta de que aquella pregunta no había sonado en su cabeza si no que procedía de alguien quien se suponía inconsciente en estos momentos.

—¿Decías, Granger?

Hermione tragó en seco mientras trataba de controlar cada una de las reacciones que su traicionero cuerpo estaba sufriendo por culpa del regreso al Mundo de los conscientes por parte de Draco. Y que la estuviera mirando desde su regazo no lo hacía nada más sencillo.

Y con esa insufrible media sonrisa suya,… ¿es qué no se da cuenta del problema en el que nos encontramos?

—Que, por no pensar las cosas antes de hacerlas, pudiste abrirte la cabeza…

—¿Preocupada por mí, Granger? Estoy conmovido— la interrumpió Draco.

—… y dejarme en este espacio tan reducido con un cadáver que se pudriría y acabaría matándome a mí con su sola presencia y la peste que provocaría. Fíjate, lo mismito que siempre he pensado cada vez que teníamos que estar en el mismo lugar— siguió hablando Hermione sin hacer caso de la interrupción de Draco—. ¿Qué pasa ahora?

Hermione estaba perdiendo la poca paciencia que el estado de Draco había logrado otorgarle, y todo porque esos ojos grises no dejaban de mirar para ella como si trataran de, no desnudarla, Merlín así lo quiera, si no de entender sus acciones.

—Si, una pena— negó con la cabeza. Lo que, teniéndola apoyada en el regazo de Hermione, quiere decir que la frotaba contra ella poniéndola tensa al instante—. Una verdadera pena.

—¿De qué estás hablando ahora, Malfoy? Y mírame a los ojos cuando lo hagas— le dijo cubriéndole los de él con una mano—. ¿Ni en estos momentos puedes reprimir el actuar como un pervertido? Y no trates de negarlo porque estabas mirando para mis… para mis pechos— siguió ella sin dejarle responder a su pregunta.

—Que tienes muy poco tacto, Granger— le dijo mientras levantaba la cabeza del regazo de Hermione para sentarse, y que ella no dudó en dejar su mano sobre la cabeza para acariciarle mientras lo hacía. Sentir su cabello deslizándose por entre sus dedos en un gesto inocente. Claro que, de esta manera, le estaba dando la espalda por lo que se giró lo suficiente para que ella pudiera verle el rostro, su media sonrisa—. Habría estado mucho más cómodo descansando sobre tus voluptuosos pechos.

El rostro de Hermione enrojeció ante semejante atrevimiento y no pudo evitar el cubrírselos con sus brazos, como si se encontrase desnuda, por mucho que llevase puesto la parte superior de su pijama.

—¡Malfoy!

—Si habría sido lo más normal, eso sin contar el haber usado tu top para hacer el vendaje, Granger y no… ¿de una pernera? Oh, ahora si que me siento afortunado— negó Draco como si no pudiera creérselo.

—Si la culpa es mía por no haber usado la tela de tus propios pantalones— se quejó Hermione aún protegiendo sus pechos de las miradas de Draco. Dejando claro que tuvo un acceso de pánico como en los viejos tiempos.

—¡Lo ves! Y luego me acusas a mí cuando eres tú quien tiene la idea de querer quitarme los pantalones, Granger— se podía decir, por el tono ligero de su voz, que Draco se lo estaba pasando en grande.

—¡MALFOY!

El grito de Hermione resonó por las cuatro paredes de piedra pero no hizo desfallecer la sonrisa de Draco, si no todo lo contrario, pues se hizo más amplia por momentos.

—Vaya y a mí que me gustó como me decías Draco.

Una cosa que aprendió Hermione era que se sentía más violenta y avergonzada por haberle llamado por su nombre que por el hecho de sus bromas con respecto a sus pechos y eso, a sus ojos, no podía ser nada bueno. ¿Cómo era que podía afectarle más el haber sido cogida llamándole por su nombre que por los comentarios que le dijo sobre sus pechos, voluptuosos pechos, y que le hubiera gustado descansar sobre ellos?

—Me parece que te diste demasiado fuerte en la cabeza, Malfoy. Porque estás empezando a tener graves alucinaciones.

Por lo menos, Hermione logró bajar sus brazos y ahora mantenerlos cruzados en actitud molesta hacia él en vez de tenerlos como protección, aunque llamase aún más su atención hacia sus pechos en vez de disminuirla. ¿O es que era eso lo que pretendía realmente sin ella querer darse cuenta de ello?

—Y, hablando de eso, ¿has averiguado algo sobre este lugar?— Draco, a pesar de seguir sentado en el suelo, se volvió para encarar a Hermione—. ¿Una salida al menos?

—¡¿Al menos? Eso sería mucho, Malfoy. Y no, no encontré nada más allá de lo que sabemos, que es nada, además de tener que haber perdido el tiempo evitando que te desangrases hasta morir. Por lo menos no hubo peligro de que se te escurriera el poco cerebro que tienes.

—Si tanto te molestaba hacerlo haberme dejado de lado, Granger.

Hermione casi soltó una maldición, en plan insulto no en la de utilización de imperdonables, al escuchar eso, una vez más.

—Yo no soy como tú, Malfoy. A pesar de ser por ti, yo no puedo dejar a alguien herido a su suerte, que en tu caso era nula, si puedo hacer algo al respecto.

—Me ofendes, Granger. Claro que yo te habría ayudado si el caso hubiera sido al contrario— ante la seriedad con que Draco lo dijo, Hermione sintió bajar un poco las defensas ante Draco,… que volvieron a levantarse cuando este continuó hablando—. Aunque, en mi caso, si hubiera usado tu top para realizar el vendaje, Granger.

—¡¿Pero a ti qué te pasa con mis pechos—, voluptuosos pechos—, Malfoy? Estamos en una situación peligrosa y desconocida, en donde es muy posible que nuestras vidas estén en peligro de perderlas, y tú no paras de molestar todo el rato haciendo comentarios sobre mis pechos—, voluptuosos pechos.

—Bueno, pues que son unos pechos y…— parecía que Draco estuviera haciendo un gran esfuerzo para encontrar algo con lo que continuar pero solamente negó con la cabeza antes de hacerlo— no, creo que con eso lo dice todo, ¿realmente necesitas más explicaciones, Granger?— le dijo como si con eso fuera suficiente y, lamentablemente, así lo era—. Además de que son unos muy buenos pechos. Y si ya lo son solamente de vista pues puedo imaginarme como serán…

—Te quedarías sin manos, Malfoy. Así que quédate esos comentarios para ti mismo— le advirtió Hermione.

—Muy bien, qué susceptibles estamos, Granger. Además de que yo no he dicho nada de manos— añadió con una sonrisa que logró turbar a Hermione de tal manera que tuvo que mirar para otro lado donde no estuviera el rostro de Draco.

—Déjate de tonterías y céntrate en el problema que tenemos entre manos.

Y Hermione no pudo evitar reprenderse por la utilización de sus palabras pero, por lo visto, obtuvo el resultado deseado.

—Muy bien— Draco cerró los ojos y se dio un par de palmadas en las mejillas para concentrarse—. Ya está, ¿contenta? Pechos fuera,… vaya, no ha sonado tal y como pretendía— Hermione nunca había visto sonreír a Draco tanto como le estaba viendo en estos momentos y eso, considerando haber pasado con él durante sus años en Hogwarts, era decir mucho—. Además de que no considero tus pechos como tonterías, Granger.

Dicho esto, y logrado el ruborizamiento por parte de Hermione, Draco se puso en pie para examinar de vista el lugar en el que se encontraban.

—¿Pura piedra, a prueba de magia, sin ningún tipo de zona debilitada por donde empezar a crear una ruta de escape, Granger?

—Así es, Malfoy. Lo que ves es lo que hay, desgraciadamente.

—Lo dices como si mi compañía no fuera deseada, Granger. Y, por lo que parece, vamos a tener que convivir juntos hasta que, quien fuera el que nos trajo aquí, se decida a hacer acto de presencia.

Draco se sentó, finalmente tras su examen del lugar, al lado de Hermione. Tal vez demasiado cerca para el gusto de la castaña pero no dijo nada al respecto. A pesar de lo infantil de su comportamiento previo, infantil pero tratando un tema para nada infantil, ya tenían su cuarto de siglo a sus espaldas, bueno, Hermione un año más, y sabían como comportarse. Lo de antes fue más por el tiempo que hacía que no se veían y no pudieron evitar reaccionar como en los viejos tiempos en Hogwarts.

Y realmente parecen ser viejos tiempos. Un cuarto de siglo de vida suena a mucho tiempo aunque solamente sean veinticinco años, veintiséis en mi caso y, a pesar de ser ya dos adultos, mira cómo nos comportamos apenas con sólo decirnos unas pocas palabras.

—¿Y si no tiene necesidad de ello, Malfoy?, ¿y si solamente buscaba traernos aquí y dejarnos encerrados hasta que nos muramos?— lo decía con voz tranquila y reflexiva pero Hermione estaba preocupada de que sus palabras terminasen por resultar ciertas.

—Da igual el plan que pudiera tener en mente, Granger. Solamente a un inepto se le podría haber ocurrido el secuestrarte. Como si hubiera alguien en el Mundo que no supiera a quien tienes cosido a la cadera— dijo con una sutil sonrisa en sus labios—. De seguro que ya te estarán buscando. No obstante eres una heroína de guerra, Granger. Aparte de su amiga y, supongo, que eso valdrá de algo.

—Aunque tienes razón, no en lo de tenerlo cosido a la cadera— le lanzó una severa mirada—, no me gusta el tener que quedarme sin poder hacer nada. Me hace sentir una inútil.

—Será por eso que casas tan bien con esos dos, Granger. Porque esos siempre resultan unos inútiles mientras no se están quietos, y mucho peor cuando lo están. Supongo que el Weasel habrá avisado de tu desaparición nada más despertarse aunque, por desgracia, aquí no tenemos la menor posibilidad de saber que momento del día es.

Hermione se cruzó de piernas, en la posición del loto, para evitar el tener que tocar con los pies en la fría piedra. Cuanto menos contacto mejor para su salud ya que no le gustaría coger un resfriado en este lugar. Ahora solamente se te congelará el culo, se dijo Hermione antes de negar con la cabeza, mentalmente para no atraer la atención de Draco a sus posibles pensamientos.

—Más bien lo habrán descubierto cuando no he aparecido por el trabajo en el Ministerio. No sé de dónde sacas tu información, Malfoy, pero yo no duermo con Ron. Aunque eso no sea de tu incumbencia.

Tras un vistazo, de reojo, a la nueva postura adoptada por Hermione, que, de atreverse a mirar de una manera más descarada, podría comprobar como de tensado se le ponía aquel pijama en cierta parte del cuerpo de la Gryffindor, Draco colocó las manos en la nuca y cerró los ojos para descansar, o para tratar de controlar ciertas reacciones por su parte.

—Dudo mucho que se den de cuenta que no te has pasado por el trabajo, Granger. Aunque solamente a ti se le ocurriría el ir a trabajar un sábado, si es que es, o sigue siendo, sábado, además de que no se puede decir que el Comité de Regulación de Criaturas Mágicas sea uno de los más bulliciosos. Espera, si que lo he dicho— se burló entre risas—. Solamente a alguien como tú se le podría haber ocurrido desperdiciar su tiempo e inteligencia en un trabajo semejante cuando podrías haber trabajado en cualquier lugar, Granger.

—No pienso hablar contigo de derechos porque ya sé de antemano que sería una pérdida de tiempo por mi parte, y menos sobre lo que consideras desperdiciar el tiempo viniendo precisamente de ti. Y me repito, ¿cómo es que sabes todo eso, Malfoy?

—Es culpa tuya, Granger. Leer "El Profeta" sería mucho menos agobiante sin teneros cada día copando espacio por alguna tontería que hagáis alguno de vosotros tres, principalmente.

—Eso no es mi culpa— se defendió Hermione con cierta furia contenida—. Que sepas que a mí no me gusta el aparecer en las noticias por el simple hecho de vivir mi vida. Además de que no eres quien para hablar ya que tú también sueles aparecer en ellas con cierta asiduidad— cuando no obtuvo una réplica a sus palabras, Hermione se volvió para mirar a Draco y se lo encontró descansando, más bien durmiendo allí sentado con los brazos tras la cabeza—. ¿Malfoy? Genial. Ahora ni siquiera puedo hablar con alguien.

Hermione no pudo evitar el inclinarse hacia Draco y, a su pesar, sacudirle ligeramente al cogerle por el hombro. No le gustaba la idea de que pudiera caer en coma por culpa del golpe, por mucho que tenía la impresión de que Draco era demasiado cabezota para que algo así pudiera sucederle. Tal y como había sospechado, Draco farfulló incoherencias al sentirse molestado y volvió la cara al lado contrario a donde se encontraba Hermione. Esto la tranquilizó pero, viendo que, o se ponía a hablar sola consigo misma o hacía como Draco, Hermione decidió tomarse una pequeña siesta ella también a pesar de que no hacía mucho tiempo de haberse despertado y encontrado en esta situación.

Tal vez cuando me despierte lo haga de regreso en mi cama. Sola y sin la agradable compañía de Malfoy. Yo sola en mi casa… si,… sola y sin ningún tipo de compañía… ¡viva yo!

Y Hermione ni siquiera sintió como se le cerraron los ojos y cayó dormida.


Continuará


Disclaimer: Todos los personajes relacionados con las novelas de Harry Potter, así como lugares, objetos, y demás, pertenecen a J. K. Rowling. Lo único que me pertenece es el argumento de la historia, y eso es algo que se nota dada su sencillez.

Gracias por los REVIEWS por parte de:

Gabe Logan.
Luna-maga.
Velvet9uchiha.

REVIEWS.
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Nos leemos.^^