La cosa es que el tener a una Kyoko asustada abrazada a él mientras veían una película de miedo era una idea en extremo tentadora. Tanto como para no dejar pasar de largo la oportunidad. Un cliché. Un tópico. Más propio de una comedia romántica que de la vida real. Eso es lo que era… Pero bueno, en cualquier caso, eso le brindaría horas de su compañía, los dos a solas, en su apartamento… Además, es deber de todo buen senpai ayudar a crecer a su kohai como actriz, ¿cierto? "Sí… Tú sigue diciéndote eso, Kuon…".
La estrategia de Ren era simple: vencer el miedo enfrentándolo. ¿Y cómo se hacía esto? Pues saturando a la pobrecilla Kyoko con sesiones intensivas de cine de zombis. Tanto que al final mirara a un zombi como el que mira la hora en el reloj cuando está aburrido. Terapia de choque, lo llamó él. Tortura, lo llamó ella.
Pero a Kyoko le gustaba tanto su papel que al final, entre escalofríos, se dejó convencer. No las tenía todas consigo, desde luego, pero confiaba en su senpai. Después habían cotejado compromisos y establecido el calendario para las noches de las sesiones. Porque serían sesiones nocturnas. Las pelis de zombis hay que verlas por la noche. Nada de hacer trampas…
Pero todo el plan acarreaba un pequeño despliegue logístico.
Lo primero sería reservar esas noches solo para la 'terapia'. Esto es, Yashiro debía ser puesto al tanto. Cuando fue informado, a Ren le extrañó que no montara un escándalo fangirlesco ni se pusiera tonto perdido. No, Yashiro Yukihito estaba en modo profesional. Es lo que hace un mánager. Anotó las fechas escrupulosamente en su agenda, las volvió a comprobar con él y asintió. Ningún compromiso laboral interferiría con sus noches con Kyoko-chan. De eso se encargaba él. Pero en cuanto Ren se dio la vuelta y salió de la oficina, el emocionado hombre empezó a levitar, agitando las manos frente a él tan rápido que se despeinó…
Lo siguiente era comunicarlo formalmente al Taisho y la Okami, ya que su intención era hacer sesiones intensivas, pues solo disponían de dos semanas para lograr su objetivo. Terminarían tarde, y es por ello que lo más cómodo para todos es que Kyoko se quedara en su apartamento esas noches. En la habitación de invitados, por descontado, le dijo al Taisho con su voz más formal. Eso no le libró de miradas suspicaces por su parte, las cuales Ren aguantó como un campeón, hay que decirlo. Kyoko no entendía el porqué de la reacción del Taisho. Ni que Tsuruga Ren fuera a tener segundas intenciones con ella…
La última gestión fue añadirla a la lista de personas autorizadas de su apartamento. Kyoko hizo un escándalo con esto. Que qué iba a pensar la gente, que eso era una imposición por parte de esta humilde kohai... Que todo se iba a malinterpretar, que no le traería más que vergüenza, que iba a ser la responsable del hundimiento de su carrera… Ren tuvo que llamarla al orden y ponerse serio. La mitad de las noches no podría pasar a recogerla, otras podría retrasarse y llegar tarde. ¿Qué iba a hacer ella? ¿Quedarse esperando en la calle, de noche, sola y muerta de frío? Pues no. Si él no estaba, el portero la acompañaría y le abriría el apartamento. Ay de ella si no la encontraba dentro cuando llegara… ¿Es que quería matarlo de la preocupación?
Pues bien, aún bajo los efectos de esa extraña inquietud amenazadora (o más bien inquietante amenaza…) que desplegaba su senpai, Kyoko llegó con él a la sala de seguridad del edificio, y se llevó la sorpresa de su vida cuando vio que en esa lista solo estaban el Presidente y su mánager. Dos personas. ¿No tenía más amigos Tsuruga Ren? ¿Padres, hermanos, familia de alguna clase? Por los dioses, ¿no tenía una novia? ¿Y la chica aquella de preparatoria?
Además, a Kyoko le preocupaba sobremanera estarle robando tiempo a su descanso o para hacer lo que quiera que hiciera Tsuruga-san cuando no estaba trabajando. Él se tuvo que morder un 'pensar en ti' que casi-casi se le escapa. En cambio, lo que hizo fue asegurarle que estaría más que encantado de pasar con ella esas noches.
Cosa por lo demás, absolutamente cierta.
