Caray, ya tenía éste hecho, pero había olvidado subir el capi, jojojo. Salem misao: Muchas gracias por la porra, en serio me levanta el ánimo cada vez que leo tus fics, desde antes les había echado el ojo, XD y Nawa: Sí, de hecho Mori tiene cierto desorden neuroquímico relacionado con el sueño. De acuerdo al manga, Mori senpai se vuelve inusualmente conversador y coqueto cuando tiene sueño, pero después de echarse su siesta, ¡se le olvida todo cuanto hizo durante el rato! Existe un omake en donde incluso le lanza piropos a Haruhi, fué muy divertido. Gracias por tu comentario.

Sin más preámbulos les dejo éste capítulo sólo para sus ojos en donde nuestro querido Takashi pregunta...


¿Hay sitio para mí?

- No veo inconveniente en que el primo de Hani senpai nos acompañe por las tardes, ¿pero hacerlo parte del Host Club? – Tamaki se sacudió de los hombros varios pétalos de flor de cerezo del blazer blanco, luego se puso de pie.

- Se llama Mori senpai. Y debes confiar en mí cuando te digo que puede vender sus virtudes a las clientas. – contestó Kyouya, terminando su sándwich. El enorme jardín de Ouran pululaba de jóvenes que disfrutaban de sus refrigerios sentados en el césped a la hora del receso. – El muchacho es bien parecido y muchas de sus compañeras voltean a verlo cuando entra, si eso te parece poco deberías ver lo locas que se vuelven al verlo interactuar con el pequeñito Haninozuka… les da un serio ataque de ternura, creo.

- No lo sé. A mí me parece un poco simple. – dijo, dubitativo y con una mano en la barbilla.

- Le veo potencial.

- ¡Parece un robot gigante!

- Yo creo que tienes envidia.

- ¡¿Perdón?! – cloqueó el rubio.

- Envidia de que sea mucho más alto y contemplativo que tú.

- ¡Pamplinas! ¡No hay nada que pueda superarme a mí o mi intelecto!

- ¡Bon jour, bakatono! – terció de pronto una voz Hitachiin a su espalda.

- ¡Kaoru! ¿Qué aberración es esa? – gruñó con los puños levantados, dándose la vuelta para encararlo. El chico pelirrojo abrió los ojos con sorpresa sólo por un picosegundo, pero después su expresión volvió a ser diabólica, como la de su gemelo.

- Es franconés, ¿te gusta? Por cierto, yo soy Hikaru.

- Como sea, es raro verte a ti solo, ¿en qué te puedo ayudar?

- Aahh… estee… pues, su-sucede que tengo tarea de francés y pues…

- ¡No hay problema! – interrumpió Tamaki, echándole el brazo sobre el hombro de inmediato. - ¡Cuenta conmigo, yo voy a ayudarte. Estoy muy seguro de que éste será un gran primer paso para que tú y yo nos volvamos amigos! – el Hitachiin se estaba incomodando de que ése alienígena lo estuviera apretando como si se conocieran de años. - ¡Ten confianza, el francés es mi primera lengua, no es muy difícil. Y tú, Hikaru, desbordarás lágrimas de gratitud después de darte mi poderoso e infalible curso intensivo, tanto así que me dirás al fin el secreto para poder diferenciarlos a ustedes dos, oh sí, entonces… entonces todo estará perdonado, después de eso no habrá nada que ustedes digan que pueda lastimarme otra vez…!

- ¡Oi, Kaoru! ¿Qué estás haciendo con el gaijin bastardo? – dijo el otro Hitachiin con voz sombría y acercándose a espaldas de ellos. Los lentes de Kyouya brillaron y anotó en su libreta: Kaoru pidió ayuda con el francés. ¿Significa esto que es más humilde? Ootori cerró la libreta y al levantar la vista notó que Tamaki se había arrinconado bajo un árbol que se secó al percibir su tristeza gris, además de que había un enorme charco de lágrimas debajo de sus pies.

- Esbirros de Satanás, ¿por qué siempre sacan a relucir eso? – chilló Tamaki, llorando.

- Mira, no necesitamos de tu ayuda. – dijo el verdadero Hikaru. – Preferimos mil veces sacar una D en Lengua Extranjera antes que rebajarnos a tener tratos contigo, bakatono. ¡Vámonos! – acto seguido, tomó a su hermano por la manga del saco blanco. Antes de irse, Kaoru le dedicó a Tamaki una mirada breve y sentida por ése comentario cruel que hizo su hermano, pero sólo Kyouya pudo darse cuenta.

- Se han ido, levántate.

- ¡Kyouyaaaaaaa! – saltó a sus brazos, llorando melodramáticamente. - ¡Tú sí eres mi amigo, por favor nunca seas tan cruel como ellos! ¡Waaaahhh!

- Ya, ya. – contestó, palmeándole la espalda. – No creo que debas sentirte tan mal dado que has hecho avances con ellos. – le ofreció un pañuelo cuando se separó de él y Tamaki se sonó la nariz haciendo un ruido infernal y asqueroso. Iba devolverle el pañuelo pero Kyouya objetó, con una vena tan gruesa como una manguera sobresaliendo de su frente: - Quédatelo.

- ¿Qué avances? Mi paciencia se vuelve más frágil con cada día que pasa. No creo poder resistir por mucho tiempo más éste abuso.

- No estoy de acuerdo, ¿cómo supiste que Kaoru era Kaoru?

- Es porque soy un genio. – contestó, recuperándose de inmediato. Estaba de pie en la rama más alta del árbol donde antes había llorado. Los lentes de Kyouya se empañaron, hacía un minuto lloraba a mares y después de un parpadeo estaba como si nada. ¿Cómo diablos había hecho para subir allí tan rápido? Tamaki gritó a todo pulmón: - ¡Esto no es nada! Hace falta que venga el fin del mundo para quebrarme ¿oyeron? ¡Hoy acerté, ¿verdad?! A KAORU SE LE DIFICULTA EL FRANCÉS.

- No sabía que Suoh kun fuera mago. – dijeron algunas chicas aplaudiendo, ya que el árbol seco en el que estaba parado comenzó a retoñar y se llenó de follaje verde en menos de un minuto como inyectado de un poder invisible. Tamaki tenía los puños cerrados sobre las caderas y un rayo de luz lo iluminó. El árbol floreció y cientos de pétalos rosas cayeron al soplo de una fuerte ráfaga de aire. Los ouranitas reunidos en el jardín volvieron a aplaudir.

- ¡Fue un golpe de suerte! ¡Necesitas más que eso para que puedas vencernos! – ladró Hikaru, que estaba sentado junto a su hermano como a veinte metros de distancia. Tamaki hizo caso omiso del comentario y se bajó de su árbol dando un auténtico salto de gimnasta olímpico. Las chicas gritaron y aplaudieron una vez más.

- Estaré estudiando en el Tercer Salón de Música, los exámenes se acercan no lo olvides. Búscame cuando dejes de hacer tonterías. – Kyouya recogió la basura de ambos y fue a tirarla en el bote más cercano una vez que se retiró de allí.

No habían pasado ni diez minutos cuando fue testigo de una escena en uno de los tantos pasillos. Al parecer una estudiante era asediada por un joven de segundo año.

- Deja de hacerte del rogar, Chiaki san. He estado siguiéndote por meses y no recibo nada a cambio de ti… ni una sonrisa, ni una palabra amable, ¡nada! ¿Es que acaso te crees una princesa?

- Nunca te he dado motivos para que creas que voy a corresponderte. Te he dicho antes que lo dejes por la paz, por favor no insistas. – contestó la muchacha, retrocediendo hasta la pared conforme el acosador se acercaba.

- ¿Por qué no quieres aceptarme? No estás en posición para negarte, tu padre tiene serios problemas financieros y si vienes conmigo mi familia te daría el trato de una reina, ¿sabes? – por supuesto, Kyouya no era de los que se metían en asuntos ajenos, pero al escuchar ése insulto decidió apretar el paso para intervenir.

- Eso es de mal gusto. – terció una voz profunda, desde lo alto de las escaleras.

- ¡Mori kun! – exclamó aliviada la chica al verlo descender con la mochila a cuestas por las escaleras. Kyouya disminuyó de inmediato el paso y decidió observar el giro en los eventos mientras hacía uso de ése don extraordinario de mimetizarse con el entorno para pasar desapercibido.

- ¿Por qué no te pierdes, Morinozuka? ¡Esto es entre ella y yo!

- No he visto que haya nada entre "ella y tú". – estipuló, irguiéndose en toda su estatura y posicionándose en medio de los dos. El rostro inexpresivo y los ojos helados. – El no de Chiaki san es no. ¿Sería mucho pedir que no molestes más a la señorita?

- ¡Kisamaaa! – siseó el agresor, apretando los dientes.

- Cuidado. – Mori dejó su mochila en el piso y volvió a encararlo. – Si intentas algo te lastimarás.

- No olvidaré esto Takashi Morinozuka, ¡que no te quepa duda! – ladró el muchacho retrocediendo. Chiaki respiró tranquila una vez que él desapareció de su vista y Mori la ayudó a levantar los libros que estaban regados por el piso.

- Lamento que tuvieras que molestarte con esto. Otomo kun es muy obstinado a veces, me pregunto si no estaré siendo demasiado ruda o prepotente...

- No. – contestó de tajo. – Eres demasiado noble para él. No lo vale.

Chiaki se sonrojó al escuchar eso, pero Takashi siguió con su rostro taciturno como de costumbre. Ambos se levantaron y Mori incluso le quitó los libros de las manos para llevarlos él mismo.

- ¡Ah! ¡No por favor, ya has hecho bastante!

- No es molestia. Yo lo hago.

La chica estaba colorada hasta las orejas y agradeció repetidamente su amabilidad.

- Anoo… M-Mori kun, muchísimas gracias. Si insistes lo acepto, estaba por regresar esos libros a la Segunda Biblioteca, gracias por acompañarme.

- Aah.

Kyouya salió al fin de su escondite y los observó marcharse por el pasillo. El heredero de los Morinozuka era muy fuerte. Llevaba a la espalda su pesada mochila y aparte sostenía en las manos cerca de diez libros tan gruesos como El Quijote de la Mancha o la Biblia.

- Interesante. – Kyouya entornó los ojos y una brillante chispa diabólica saltó en la armazón de sus lentes. Debía haber una forma de convencer a Tamaki para que mirara al chico Morinozuka como él lo hacía. Si tenían suerte y Mori aceptaba, el Host Club sería un negocio muy rentable.

Desde luego había buscado información acerca de él. La policía secreta de los Ootori era muy efectiva y muy pronto supo que el buen Takashi gustaba de leer gruesos libros de historia, que estaba loco por su hermanito Satoshi, que adoraba a los animales y tenía un fuerte espíritu conservacionista – se le vió una vez en un barco de Greenpeace protestando contra la caza de las ballenas, cosa rara para un japonés – pero sobre todo, era un deportista nato y campeón nacional de kendo. Eres un silencioso estuche de monerías, Mori senpai, pensaba Kyouya, sorprendiéndose más y más por su moral intachable y lo templado de su carácter.

¿Cómo diablos lograría que Tamaki fijara su atención en el Host Salvaje de una vez por todas? Kyouya era un especialista de las artimañas, después de haber anotado en su libreta el nombre del agresor de Chiaki san, descubrió que Manabu Otomo era el hijo de un temido clan yakuza, que tenía un carácter explosivo y que un cacahuate tenía más intelecto que él. Kyouya cloqueó suave y siniestramente delante del monitor de su laptop. Lo tengo, ¡es perfecto! se decía mientras una gran sonrisa le partía la cara. Haré circular rumores… Mori y Chiaki son pareja. Por lo que sé, Otomo estará furioso. ¡Debo aprovechar la oportunidad para demostrarle a Tamaki lo fuerte y salvaje que puede ser Mori si se lo provoca! Tan entusiasmado estaba, que no se había dado cuenta que su guardaespaldas había entrado a la habitación para llevarle la cena. Tachibana lo miraba desde hacía rato con gruesas gotas de sudor perlando su frente. Definitivamente, el amo Kyouya me asusta más cuando sonríe que cuando está serio.

Cuatroojos no se avergonzaba de admitir que no tenía escrúpulos. Después de todo, las cosas siempre salían a su manera, conseguía lo que sea a la hora que él lo deseaba. Y tener a Mori resultaría ser un triunfo, un trofeo secreto. Así que no perdió tiempo y decidió poner manos a la obra justo al día después de presenciar la escena. Sólo diría una vez lo que iba a decir, pero ya tenía en mente a la persona indicada para hacer correr el chisme por Ouran.

- ¿Conoces a Chiaki Mariko?

- ¿La que va en segundo grado del grupo A? – preguntó Tamaki, mientras caminaban hacia el jardín durante el receso.

- Esa misma. – hacía calor esa mañana, por lo tanto Kyouya decidió quitarse el blazer blanco para llevarlo sobre el hombro. – Parece ser que a esa chica le gusta mucho Mori senpai.

- ¡Waaaaaah, ¿en serio?! – gritó Tamaki con alegría. - ¡Eso me parece estupendo! ¿Mori lo sabe?

- Por supuesto que no, espero que no se te ocurra decir algo de esto.

- Kyouya, mon amie ¿por quién me tomas? – cloqueó Tamaki inocentemente, aunque Ootori kun sabía que el rumor no tardaría en esparcirse. Dentro de poco Otomo se enteraría y luego llamaría a sus compinches para darle a Mori una paliza. Y por supuesto, Kyouya arrastraría a Tamaki para observar desde primera fila el nacimiento del Host Salvaje. Oh sí, todo saldría de acuerdo al plan.

- Y hablando del diablo. – musitó el joven pálido. Tamaki miró delante de ellos y tuvo ante sí una visión de romance celestial. Chiaki san avanzó hacia la sombra de un árbol, donde Takashi leía El Hobbit. La chica tenía una caja de obento detrás de la espalda. ¡Jo, ni mandado a hacer!

- Ettoo… Mori kun, sólo he venido a agradecerte lo de ayer. Toma, es un poco de hegi soba y estofado. Espero que te guste.

- Gracias. – tomó los palillos y empezó a comer sin ceremonia de ningún tipo. – Itadakimasu.

Mori no tenía mucha hambre, pero si una chica amable se había tomado la molestia de traerle el desayuno no iba a ponerse remilgoso. Y estaba bueno. Tamaki soltó un suspiro, como si fuera una señora viendo una telenovela y Kyouya notó que uno de los amigos cercanos de Otomo kun también había presenciado la escena y salió corriendo un instante después. Tal parece que los planes se acelerarán por sí mismos, a veces me asusto de haber nacido con tanta suerte. Kyouya no pudo evitar sonreír al calcular en su mente lo que vendría después.

- ¡Ah! ¡Lo has terminado todo, estoy muy felíz! – exclamó Chiaki, al ver que la caja se había quedado completamente limpia en menos de cinco minutos.

- Oishii desu. Arigato. – agradeció, haciendo una reverencia y regresándole el obento. – Debo irme ya, empiezan las clases. – la ayudó a levantarse y ambos siguieron por caminos separados.

- ¡Vamos, vamos! – urgió Kyouya a Tamaki. – Nos toca Inglés. - ¡Mentiraaa! Con su labia que lo caracterizaba se las arregló para conversar con Tamaki y al mismo tiempo seguir a Mori a una distancia prudente por el pasillo. No tardaría en pasar, apostaría incluso a su propia hermana a que todo saldría de acuerdo al plan. Y entonces…

- ¡MORINOZUKAAA! – la áspera voz de Manabu Otomo era como música para los oídos de Kyouya. - ¡Pelearemos! ¡Aquí y ahora! – de las escaleras bajaron ocho estudiantes, algunos del club de box y otros del club de lucha greco-romana. - ¿Quién te has creído para meterte en mi relación con Chiaki san? ¿Crees que te tengo miedo, eh?

- Relájate, esto no va a dolerte… tanto. – dijo uno de los muchachos. Mori no se había movido ni un centímetro de donde estaba a pesar de estar rodeado.

- ¡Una pelea! ¡Kyouya, avisemos al prefecto! – chilló Tamaki, molesto y sacando fuego por los ojos. - ¡Son nueve contra uno, qué injusticia! – gritó, levantando el puño.

- ¡Cállate y mira! Veamos qué es lo que hace Morinozuka kun.

- ¿Qué pasa? ¿Es que no piensas decir nada? ¿No estás asustado por lo que te va a pasar?

Mori soltó un sonoro eructo con un leve gusto a ajo y se llevó una mano a la boca, apenado.

- Perdón, acabo de comer. ¿Podemos dejarlo para otro día? – sugirió el caballero impávido.

- ¡Miserable! ¿Es que te estás burlando de mí? ¡Ahora no puedo ni acercarme a Chiaki!

- Estás malentendiendo todo. Chiaki san es sólo una buena amiga y nada más.

- Hace rato no daban esa impresión, ¡agárrenlo! – los esbirros de Otomo sujetaron a Mori por ambos lados, pero él ni siquiera opuso resistencia. ¿Qué está haciendo? pensó Kyouya. Ésta reacción no la esperaba. Tamaki ahogó un grito cuando Otomo propinó un gancho al abdomen del muchacho alto. Mori se encorvó un poco, pero dentro de un momento volvió a enderezarse. - ¿Y éste es el campeón nacional de kendo?

- Prueba otra vez, hasta una chica tiene más fuerza que tú. – dijo, sin pizca de emoción.

- ¡¿Cómo dices?! – eso lo volvió loco, Manabu Otomo golpeó a Mori varias veces al cuerpo y a la cara antes de quedarse exhausto. Jadeaba un poco y se enderezó para acomodarse de nuevo el peinado y el uniforme. Tamaki lloraba al final del pasillo y Kyouya tenía una expresión indescifrable en el rostro.

- ¿Ya terminaste? – dijo Mori de pronto, y antes de que cualquiera de ellos hiciera un movimiento, el kendoka se liberó de los brazos que lo aprisionaban. Manabu y sus esbirros saltaron sobre él, pero Takashi era si acaso cien veces superior en fuerza y estrategia. Derribó a varios con un increíble manejo de llaves de judo y a golpes de karate. Después de hacer varias fotografías con su cámara digital, Ootori echó un vistazo a su acompañante y vió con satisfacción que el rostro de Tamaki estaba partido a la mitad por una amplia sonrisa, tenía las manos entrelazadas y varios corazones flotaban en el aire. Mori se contuvo, ya que estaba seguro de que de haber querido habría mandado al hospital a todos ellos con soberana paliza. Tres escaparon, y el resto estaba regado por el piso. Sin embargo, el único que sangraba era Manabu Otomo. Mori lo levantó por la corbata, sacó un pañuelo y comenzó a limpiarle el hilillo de sangre que salía por su nariz. – No había necesidad de que involucraras a tus amigos en esto. Eso demuestra que eres un cobarde… y un tonto. – lo soltó. – No vuelvas a molestar a Chiaki san, si lo haces me veré obligado a intervenir.

- Esto no va a quedarse así, Mori. ¡Sabrás de mí en breve, te doy mi palabra! – dijo el chico, caminando por el pasillo como un hombre ebrio. Lo vió alejarse y soltó un largo y pesado suspiro cuando al fin desapareció de su vista. Sin embargo, Mori soltó un respingo cuando al darse la vuelta se encontró con la cara enorme de Tamaki delante de él.

- ¡ESO FUE SENSACIONAL, MORI SENPAI! – el chico Suoh formó un rectángulo con los dedos pulgar e índice de cada mano como si fuera un director de cine y observó el rostro de Takashi a través del marco. - ¿Te digo una cosa? Tal vez te parecerá raro escuchar esto, pero tú también eres perfecto para el Host Club.

- ¿Ahh? – fue lo único que pudo articular.

- ¡Eres alto, rudo, callado y salvaje! ¡Sí, soy un genio! ¡Tú serás el Host de tipo Salvaje que nos hacía falta! – el excitado Tamaki sacó un cepillo de la bolsa de su pantalón y comenzó a sacudirle el polvo del blazer azul. Kyouya se subió los lentes por el puente de la nariz y echó a reír por lo bajo. Había funcionado.

- ¿El qué? Oh, no… - sonrió un poco Mori, si acaso porque todo lo que decía el muchacho rubio no tenía sentido y le parecía realmente cómico, sin embargo se sobresaltó cuando Suoh lo tomó por las solapas para hacerlo inclinarse sobre él. – ¡Oye!

- ¡No te muevas, ven acá! – Tamaki comenzó a revolverle el cabello de forma salvaje hasta que prácticamente lo tuvo todo de punta. - ¿Qué es ése peinado relamido que traes siempre? ¡Mira, así te ves mucho mejor! – Kyouya se adelantó con un espejo oportuno para que él pudiera mirarse. Luego, sin avisar tampoco, Tamaki le desabotonó el saco, le aflojó la corbata y retrocedió varios pasos para mirarlo en su totalidad. Kyouya asintió aprobatoriamente. Tamaki idiota. Hasta que al fin te diste cuenta de lo que trataba de decirte. Suoh caminó en un círculo para observar a Mori, como si fuera un crítico delante de una obra de arte. – El saco abierto, la corbata floja y el peinado en un caos ordenado. ¡Perfecto! No me había dado cuenta de lo apuesto que eres. ¡Pareces un modelo!

- Ya está bien. Me estoy abochornando. – dijo, volviendo a apretar su corbata y cerrando el saco. – Me halaga que pienses en mí para tu nuevo proyecto… pero, creo que no es para mí. No sabría cómo ser un host apropiado. Me cuesta mucho trabajo hilar una plática, ya lo sabes…

- ¡Sólo tienes que ser tú mismo, Mori senpai, ni más ni menos!

Ya está, ni yo lo hubiera dicho mejor, pensó cuatroojos.

- La ventaja es que podrás pasar más tiempo con Haninozuka senpai después de tus actividades en el Club de Kendo. – aseveró Kyouya.

- Mmmh… - Mori profirió ese sonido suyo tan característico indicando que no estaba convencido.

- ¡Piénsalo por favor!

- Demo…

- Ah-ah, ¡sin peros! ¡Sólo dílo! ¡Dí que lo pensarás, Mori senpai!

Que cuides a Mitsukuni kun está bien, aniki; solía decir Satoshi. Pero debes saber que también hay un mundo allá afuera. Cuidar a mi primo y el kendo no es todo cuanto hay en la vida ¿sabes? Si no sales a divertirte aunque sea un poco vas a preocupar a papá y a mamá. Takashi se la pasó mirando el piso de mármol durante un minuto que a Tamaki se le hizo infernalmente largo. Sin embargo algo en su interior le decía que estar en ése club le ayudaría a ser un poco más abierto. Tal vez… podría ser que tal vez las cosas funcionaran. ¡Qué diablos!

- Lo pensaré.

- ¡MORI, MON AMIEEEE! – Tamaki saltó sobre él, envolviéndolo con brazos y piernas. – ¡JE TE AIME! - ¿qué le pasaba? Parecía como si fuera un novio al que le dieran el sí. Takashi sabía muy bien lo que significaba eso que había dicho, tal vez el chico Suoh era muy emocional, pero aún así se las arregló para arrancarle una risotada al estirado Morinozuka, ya qué le iba a hacer. Tamaki se descolgó de él al fin y levantó el pulgar. – Tienes mi número, si te surge alguna otra duda puedes consultarlo conmigo, Mori senpai.

Takashi no dijo nada. Sólo se limitó a devolver el saludo levantando el pulgar. Y así sin más Tamaki y su sombra de nombre Kyouya desaparecieron de su vista.


Me divertí mucho escribiendo ésto. Especialmente la aparición especial de los gemelos y ése árbol de carácter tan voluble en el jardín, jejeje. Fué un poco raro, pero entiéndanme. ¡Lo escribí en una madrugada y con hambre! XD ¡Comenten!