III

No sería fácil llegar a la Enfermería a pie, en absoluto, y mucho menos para la trill Joan Kodan para quien el peso y el volumen añadido de un feto y algunos litros de líquido amniótico y demás menesteres convertirían en prácticamente un suplicio el traslado. Si a las desmedidas dimensiones características de su estado se añadían la pérdida de equilibrio propia de las alteraciones en su centro de gravedad y el hecho de que el Promenade – por el que necesariamente habían de pasar para llegar a la Enfermería – se encontraban atestado, abarrotado por los habitantes de la estación, el paseo hasta el centro médico de Espacio Profundo Nueve iba a ser un verdadero martirio. Demasiada gente, demasiado calor. Kodan no pudo evitar sentir un leve mareo mientras avanzaba, detrás de Dax, entre la multitud, y hubo de apoyarse en una de las paredes para cerrar los ojos y tomarse un respiro.

Jadzia pronto sintió su pausa y girándose para observarla comprendió su indisposición. Con preocupación se acercó a ella y la cubrió con su cuerpo para evitar algún indeseado empujón venido involuntariamente de entre la muchedumbre.

- ¿Estás bien? – le preguntó.

- Sí, sí... – respondió Kodan con los ojos aún cerrados, llevando una de sus manos a su vientre mientras la otra se posaba sobre su frente. Había palidecido levemente y parecía aturdida.

- Sólo unos metros hasta la Enfermería, Kodan. Cuando estés preparada... – le gritó Dax, porque gritar era la única forma de que su voz fuera escuchada por la otra trill entre el bullicio y la algarabía.

Kodan intentó alentarse a sí misma; abrió los ojos para comprobar que, en efecto, la Enfermería estaba tan sólo unos metros más allá. Su visión era borrosa, no obstante, y Dax hacía todo lo posible por envolverla en un curioso abrazo, tratando de protegerla, balanceándose al oponer resistencia cada vez que alguien la empujaba.

- Vamos – sugirió Joan, separándose de la pared -. Cuanto antes lleguemos mejor...

Dax asintió. Antes de continuar, no obstante, alzó su mirada intentando calcular cuántos metros aún y cuán difícil sería llegar finalmente a la Enfermería: no era mucha la distancia, en efecto, pero decenas de personas convertirían el recorrido en una eternidad, del mismo modo que los pocos pasos que habían sido capaces de avanzar desde que salieran del turbolift habían parecido interminables.

Al parecer gran parte de los residentes y visitantes de Espacio Profundo Nueve habían decidido salir y congregarse en el Promenade después de los apagones, seguramente preguntándose qué estaría sucediendo y probablemente suponiendo que allí encontrarían a alguien capaz de dar respuesta a su preocupación. El resultado fue que la multitud colapsara las zonas y pasillos del Promenade, que el griterío fuera caótico y que fuera casi imposible normalizar la situación en el área comercial de la estación. A lo lejos Jadzia Dax podía discernir la figura del Jefe Odo intentando poner orden e invitando a la multitud a volver a sus cuartos y negocios con el fin de desalojar la zona, pero lo cierto era que los intentos del jefe de seguridad no parecían estar dando fruto alguno. Podía verle gritar, ordenar, intentar con verdadero empeño calmar al gentío, pero todos sus esfuerzos eran vanos. En algún momento, poco después, sus miradas se cruzaron, y el metamorfo comenzó a avanzar hacia ella, haciéndose paso a codazos, no sin dificultad, entre las decenas de personas que entorpecían su marcha.

- ¡Teniente! – exclamó cuando al fin la alcanzó, y con asombro luego descubrió la figura de Kodan, aún pálida y descolorida, una de sus manos sobre el vientre.

- Jefe, tenemos que llegar a la Enfermería cuanto antes – explicó Dax.

Odo asintió. Con determinación comenzó a pedir a quienes encontraba a su paso que se hicieran a un lado: Se trataba de una emergencia, les decía, debían llegar a la Enfermería. Y con verdadera intrepidez y vigor consiguió, en efecto, que quienes encontraba a su paso se hicieran a un lado, de modo que al fin Dax ya sólo tenía que preocuparse por cubrir a Kodan y no de tener que, al tiempo, codear a quienes ante sí obstaculizaban su avance.

Una vez hubo sentido a Kodan irguiéndose y recuperando su equilibrio, pues, agarró una de sus manos para guiarla mientras que con su brazo rodeó la parte posterior de la cintura de la trill, asegurándose que su paso sería más confortable y firme de aquella manera.

Avanzando con lentitud, asegurándose que sus pasos no acabarían en un tropiezo y que el espacio que Odo iba dejando tras de sí era seguro y fiable, Jadzia Dax y Joan Kodan marchaban con sumo cuidado, intentando prevenir el tesoro contenido en el vientre de Kodan. Era curioso, aunque ninguna de ellas había caído en ello: cómo el bienestar de una criatura aún no nacida había sido la razón y el objeto para que una tregua se acordara entre ambas, tácita e inconscientemente, haciendo cesar hostilidades, enemistades y discordias.

Y así, al fin - ¡por fortuna! -, tras unos largos minutos de verdadero agobio y sofoco, llegaron a la Enfermería. La puerta se deslizó tras ellos una vez hubieron entrado y el murmullo y el ajetreo se extinguieron súbitamente dando paso al silencio característico de la estación espacial, aquel silencio casi retumbante, interrumpido sólo por la actividad de las computadoras o el ronroneo de la maquinaria. Fue un alivio. Dax sintió que al fin podría relajarse y a juzgar por cómo el rostro de Kodan parecía volver a su color natural, la embarazada también comenzaba a encontrarse mejor.

Odo alzó su mano para invitarlas a pasar, indicando a Kodan una de las camas donde podría acomodarse, observándola con curiosidad mientras la trill - sin vacilación, su rostro al fin brillando en gesto de alivio - se dirigía a la cama y se recostaba en ella, disfrutando del contacto con la blandura del material.

- ¿Dónde está Julian? – preguntó aún reclinándose, su voz detonando su preocupación.

- El capitán Sisko me ha ordenado desalojar la Enfermería – explicó el metamorfo -, y abandonarla de inmediato a su llegada.

Fueron palabras suficientes para que Dax comprendiera que el metamorfo desconocía qué era lo que estaba sucediendo o quién era la trill embarazada que aún esperaba una respuesta.

- Contactaré con la sala de operaciones – explicó Jadzia, y Odo ladeó su cabeza en gesto de asentimiento, comprendiendo que debía abandonar la Enfermería en aquel preciso momento. Se dirigió hacia la puerta, pues, provocando con su apertura que de nuevo el ajetreo y el ruido penetraran, sólo por unos segundos, cierto, pero los suficientes como para recordar el suplicio sufrido a Jadzia Dax que, cuando el deslizamiento de cierre aisló de nuevo la Enfermería, suspiró aliviada. Al fin habían quedado a solas... ¿A solas? ¿Dónde estaba Julian?

Sin tardanza Dax dio la orden de que se bloqueara la puerta - evitar visitas inesperadas era obviamente una prioridad - y luego dirigió su paso hacia donde Kodan estaba recostada: la trill de rubios cabellos y hermosas facciones acariciaba con nerviosismo su prominente vientre, y en cuanto sintió a Dax cerca de sí comenzó:

- Julian aún no se ha teletransportado – la agitación era perfectamente visible en su rostro-. ¿Dónde está?

- Estoy segura de que sólo están esperando el momento perfecto para comenzar el proceso – le respondió Dax.

Kodan resopló cerrando sus ojos al tiempo: Sabía que no debía alterarse ni agitarse, aunque lo cierto era que le estaba siendo realmente difícil, si no imposible.

- Capitán, hemos llegado. Todo en orden – dijo Dax a través de su comunicador -. Esperamos la llegada del doctor Bashir.

Pero Sisko no respondió de inmediato y los segundos que mediaron parecieron realmente eternos:

- Recibido – fue todo lo que dijo un instante después, y la sala quedó de nuevo en silencio, un silencio realmente incómodo que Dax trató de llenar con una sonrisa fingida para calmar a la embarazada.

Un silbido procedente del teletransportador comenzó a llegar entonces a sus oídos, y ambas dirigieron sus miradas al aparato. Kodan incluso se incorporó levemente sobre sus codos para comprobar que el silbido parecía derivar en un pitido y un remolino de luces comenzaba a mostrarse, como chispas fosforescentes planeando y alzándose traviesas y juguetonas...

Kodan no podía esconder su inquietud, y se preguntaba si el teletransportador siempre tardaba tanto en reatomizar a los sujetos o eran su angustia y su incertidumbre que habían alterado su percepción del tiempo. Porque realmente aquellos segundos parecieron una eternidad, como si los átomos luminiscentes danzando en el teletransportador hubieran decidido continuar su baile perpetuamente y nunca concretizarse en la figura de Julian Bashir...

Unas interminables milésimas de segundo después, las luces comenzaron a condensarse, y tanto Kodan como Dax dejaron escapar una sonrisa: era cuestión de un par de milésimas más y Julian estaría al fin allí, con su siempre afable y feliz sonrisa, preocupándose por el embarazo, analizando minuciosamente con su tricorder la anatomía y la bioquímica de Kodan...

Un grito. Kodan dejó escapar un grito al tiempo que - ¡maldita sea! - un nuevo apagón dejaba de nuevo a oscuras la estación. Esta vez, además, había venido acompañado por un breve sonido ensordecedor y hueco que la había sobresaltado y tras el que Dax había quedado confundida, mirando a su alrededor como esperando que las paredes fueran a darle algún tipo de respuesta. Y entonces, en la penumbra espacial, de pronto el horror y el pavor se dibujaron en el rostro de la joven Joan Kodan: dirigiendo su mirada de nuevo al teletransportador pudo comprobar no sólo que éste había cesado en el proceso que había iniciado hacía unos segundos, sino que nadie había aparecido en su interior, que estaba vacío, que...

-¡Julian! – gritó buscando el rostro de Dax en la oscuridad- ¿Dónde está Julian?