Título: La mascota Capítulo 3

Nota: más cortito pero actualicé!

Gracias de nuevo por seguirme! Y a Gen por los consejos.


Pasaron varias semanas y el señor Gold paseaba por el pueblo mirando a la gente con desdén, o fingiéndolo, había percibido que en el lugar había alguien que decía ser quien no era. Esa mañana entró en el Granni's decidido a solventar sus dudas y se se detuvo frente a la mesa donde se encontraban desayunando Emma y sus padres, no sabía cómo pero algo le decía que entre ellos debía de estar el farsante.

Sin abrir la boca escuchó a las afueras del hostal ladrar un perro y una voz que le decía que esperase ahí fuera. Regina entró con una cantimplora vacía y se acercó a la barra -¿Me la rellenas?-, la abuela la miró enfadada, -por favor, … es para mi perrita.

-¿No hay fuentes ahí fuera?

-Sí, pero…

-Regina-, Gold la interrumpió. -¿Puedes acercarte?.

-¿Qué está pasando aquí?-, dijo a su vez Killian llegando de los servicios y miró a Rumple y a Regina desconfiando del primero.

-Eso mismo iba a preguntar yo-, la alcaldesa iba vestida informal, como si viniese de hacer deporte pero un chaleco fino largo le tapaba hasta las rodillas, había hecho una mirada fugaz a Emma parándose en los padres de ella, le era más cómodo.

-Tenéis que acompañarme.

-Lo siento, pero Becca me espera en la puerta y ella es mi prioridad ahora-, Regina se giró con la intención de marcharse.

-¿Más que la seguridad del pueblo?-, la morena su rostro hacia él.

-¿Cómo?

-Cocodrilo, ¿qué nos estás ocultando?

-Perdona señor Garfio sabelotodo, ¿por qué cree usted que yo quiero convocar esa reunión? ¿para ocultar algo?-, Gold bufó hastiado, odiaba la fanfarronería del pirata.

-¿Dónde vamos?

-Acompañadme.

Pagaron a la abuelita fugazmente y salieron de la cafetería, la labradora los saludó agitando la cola pero cuando vio a Rumplestiltskin le gruñó.

-La perra es lista-, se burló Hook.

-Más que usted-, contestó Gold guiando a la cuadrilla hacia una de las calles, pasando dos más había una salida a una cabaña de madera que más bien parecía un granero.

En su interior

-Bien, ahora suelta el por qué hemos venido hasta aquí contigo-, dijo Hook plantándole cara.

-Killian, déjale hablar, por favor- le inquirió Emma, a veces sentía que salía con un niño chico, su inmadurez al comienzo le atraía, ahora le cansaba.

El pirata agachó la cabeza. Regina les miró a ambos. No habían vuelto a estar juntas desde aquella tarde en casa de Regina y ahora estaban frente a frente en aquel círculo improvisado. La perrita no para de olisquear el nuevo entorno.

-Llevo días notando que hay un intruso entre nosotros, alguien no es quien dice ser-, Gold se detuvo para observar las miradas de cada uno de los presentes que a su vez observaban la de los demás. Emma miró a Regina y se le pasó por la mente que fuese ella, estaba tan cambiada, su físico, su forma de vestir, su mirada…, la morena la miró a ella también y tuvieron una conversación sin palabras, Regina el guiñó un ojo como signo de paz y Emma esbozó una leve sonrisa, la morena parpadeó lento mientras sonreía también, parece que la tensión había desaparecido entre ellas, complicidad era la palabra correcta. "No es Regina", pensó Emma.

-Necesito que os sentéis en el suelo. Y no hagáis nada raro, he sellado las puertas mágicamente.

Con las piernas cruzadas y las manos sobre las piernas de los sospechosos, el señor Gold comenzó a pasear por la cara externa del círculo. En el centro había dejado una vela grande morada, que encendida iluminaba la estancia. Volvió al centro y sacó un libro del interior de su abrigo de paño. Lo abrió y comenzó a leer un hechizo, era otro idioma, fue corto.

La perra se había quedado misteriosamente tranquila en una esquina, cuando se había sentado Regina sobre la superficie de madera del suelo, por costumbre, Becca se le había subido encima. Normalmente cuando su dueña se sentaba en el suelo era para que ella se le tumbara y se dejara acariciar. Regina no se lo esperó y se ruborizó por las miradas.

-¿Puede quedarse?-, le dijo a Gold casi con miedo.

-Claro-, contestó el brujo con la mirada ausente y continuó con la retahíla.

Rebeca, o Becca, como ella la estaba llamando últimamente, apoyó su cabeza sobre una de las piernas cruzadas de Regina Mills, y medio cuerpo le cubría la otra teniendo las patas de atrás encogidas hacia un lado. La morena la notó temblar, y le comenzó a acariciar su cabeza con una mano y el lomo con la otra, tratando de tranquilizarla.

-Sigue, por favor-, le dijo apurada por la interrupción. Emma la observó acariciar a la perra y sintió algo en su interior. Esa muestra de cariño hacia el animal, hacia Henry, algo había cambiado en su mente que podía decirse, la hacía ver con otros ojos. Esa fachada de autodeterminación, seguridad, soberbia, y fuerza se había desplomado, solo por partes, pues esos adjetivos a veces eran cualidades que en ocasiones le habían llamado la atención, era su sello, y sin ellas no sería ella, y es ella a quien de verdad … Detuvo sus pensamientos de lleno, su respiración había estado agitada inmiscuida en ellos y los presentes la miraban.

-¿Emma estás bien?-, le preguntó su madre.

-Estoy bien, estoy bien-, contestó con la mirada inquieta.

Killian le puso su mano en el hombro y la miró con lástima, a continuación desvió su mirada a Gold.

-Terminemos con esto ya Cocodrilo.

El último párrafo del Oscuro hizo que la llama de la vela creciese y se abrieran las ventanas que estaban precintadas.

-Y que todo vuelva a ser como debe ser-, finalizó el hechizo, ya en su idioma.

Un rayo blanco salió de la llama de la vela y se dirigió directamente hacia la labradora. Una nube azulada rodeó a ella y a su dueña y al disiparse la perra ya no estaba, en su lugar estaba en la misma posición una mujer joven de cabellos largos pelirrojos, totalmente desnuda y con el collar de Rebeca en el cuello.

Continuará!

Bien, ¿cómo os habéis quedado?, Rebeca, a partir de ahora Becca, no es quien "decía" ser…