DISCLAIMER: Yuri on Ice no me pertenece.


El reencuentro con Yuuri es caótico y muy emotivo. Hay lágrimas, gritos y en medio de tanta efusividad, los cuatro acaban en el suelo al abrazarlo, pero a nadie le importa. Están felices de tenerlo de vuelta. Lo que no les agrada, es la repentina atención que reciben.

Hubieran preferido que se tratara de una reunión íntima, pero entre tantos reporteros enviados para captar el momento, y gente curiosa del mismo Distrito, tener privacidad resulta imposible.

Mari nota que en apenas unas semanas, Yuuri ha cambiado mucho. Quizás no tanto en apariencia, más el aire que lo rodea sí que es distinto, ahora proyecta algo muy diferente a la fragilidad que lo caracterizaba y que sin embargo vuelve a aparecer cuando permanece absorto contemplado un punto fijo en la distancia. Es Viktor.

Creyó que estaría en primera fila para recibir a Yuuri en lugar de mantenerse alejado, así como también tuvo la impresión de que Yuuri se resistía para ir hacia él, pero al final lo ignoró.

"Es mejor así" se dice mientras ve que Viktor se marcha "De esa forma, le será más fácil a Yuuri olvidar".

Como parte del seguimiento al nuevo ganador, son grabados en el recorrido a su nueva casa, una mansión en la Aldea de los Vencedores, la primera en ocuparse desde que fueron construidas. Es difícil no maravillarse por el lujo, pero Mari no puede quitarse el sentimiento de incomodidad.

-Sé que es molesto, pero aprenderás a no hacerles caso-le aconseja Yuuri al percatarse de las miradas hostiles que su hermana les lanza a la gente del Capitolio-Es sólo porque soy la novedad, no durará, lo prometo.

Se resigna y trata de tomar lo bueno de la experiencia. Permite que una de las estilistas le tiña el pelo de rubio y acepta sus cumplidos al exhibir su fuerza ayudando a su madre a mover una pesada caja sin batallar, más requiere emplear todo su autocontrol al escuchar sus comentarios superficiales sobre el Distrito doce, al que unos se refieren como un "adorable y rústico pueblito" en tanto que otros se quejan de "cómo es posible que vivan en esas condiciones", como si la gente del distrito eligieran ser pobres por gusto.

-No todos son así-se apresura a intervenir Yuuri nuevamente.

Conoce a Pichit Chulanot, y acaba por darle la razón. El estilista es amable, considerado y muy simpático. Descubre que fue en gran medida por su trabajo que Yuuri se destacara tanto, si bien le sorprende que decidiera acompañarlo, sobre todo considerando la reputación del Distrito 12 como el más pobre. Según sabía, los vencedores regresaban a sus hogares en tanto que los estilistas permanecían en el Capitolio, gozando del éxito y la popularidad obtenidos a través de los tributos y no se veían hasta la Gira de victoria seis meses tras el final de los Juegos.

-Es que no puedo imaginar estar lejos de mi amigo por tanto tiempo-expresó Pichit con cariño, pasándole un brazo por los hombros, y aunque Yuuri se sonrojó, no hizo por apartarlo y Mari pensó que debía sentirse muy cómodo con él para aceptar tal muestra de afecto físico.

Terminó por aceptarlo de buena gana, tanto a él como a sus hamsters. Su hermano nunca había tenido muchos amigos y el que pudiera contar con otra fuente de apoyo luego de lo que tuvo que pasar, la reconfortaba de sobremanera. Pichit estaba al pendiente de Yuuri, pero sabía en qué momentos darle su espacio. Era un poco excéntrico, eso sí. Por ejemplo, siempre llevaba consigo una gastada cinta roja que guardaba con gran recelo, aún si en algunas ocasiones sus mascotas o el propio Vicchan gustaban de robársela para jugar con ella.

-Ustedes del Capitolio sí que son raros-le dijo sin rodeos tras devolverle la cinta después de que Vicchan y un grupo de hamsters se aburrieran de roerla.

-Lo sé-asintió Pichit, quien lejos de ofenderse por el comentario le regaló una sonrisa mientras enrollaba y guardaba la cinta-Gracias, es muy valiosa para mí. Era de un amigo-contó con nostalgia.

Mari no indagó en más detalles. Siempre que Pichit fuera bueno con Yuuri, podía hacer y tener lo que quisiera, sinceramente no le importaba.

Sin embargo, la verdadera sensación, fue la otra acompañante de Yuuri, Minako Okukawa. Los adultos la recordaban a la perfección: ganadora de los Juegos del hambre hacía más de veinte años, originaria del Distrito 10 y la última competidora en lograr un puntaje perfecto. La mujer era un misterio, se limitaba a hacer las apariciones mínimas de rigor sin dar muchos detalles de su vida personal y sólo salió de su aislamiento autoimpuesto para fungir como mentora de Yuuri.

-Yuuri es muy especial, simplemente tenía que ayudarlo-dio por toda explicación al súbito interés en su pupilo.

Mari, al igual que sus padres, les estaban agradecidos por toda la ayuda brindada, pero Toshiya sacó a relucir un punto muy válido.

-¿No tendrá problemas por estar aquí?

La mujer se limitó a hacer un ademán para restarle importancia.

-No creo que nadie me extrañe en el Distrito-respondió vagamente, omitiendo que no era a eso a lo que se refería la pregunta, si bien optaron por no insistir, temiendo incomodarla.

Parecía que todo marchaba bien y que Yuuri retomaría su vida normal, hasta esa noche.

Fue despertada en algún punto de la madrugada por los insistentes ladridos de Vicchan combinados con gritos provenientes de la habitación de su hermano. Corrió a toda prisa, preocupada de que le hubiera pasado algo, y al verlo sollozando, claramente atormentado, supo que estaba en lo cierto. Pichit ya se encontraba a su lado, tratando de calmarlo.

-Es común para algunos de los vencedores-les explicó Minako a ella y sus padres-Las pesadillas se detendrán… eventualmente.

La forma en que dijo eso último, no le dio confianza para nada.

-¿Qué podemos hacer?-preguntó Hiroko, angustiada.

-Sólo no lo presionen, cuídenlo… y cuídense también ustedes.

Le sonó casi como una advertencia, más no le dio mucha importancia, prefiriendo centrarse en Yuuri. Menos mal tendría tiempo para descansar y recuperarse antes de que lo obligaran a revivir los malditos Juegos en la estúpida Gira. O eso creyó.

-¿Cómo que regresas al Capitolio?-cuestionó incrédula al enterarse de sus planes-¡Ni siquiera llevas una semana aquí!

-Mucha gente me apoyó y quisiera agradecerles-respondió con una sonrisa que Mari supo era falsa-Además, Pichit dice que tengo un gran futuro como modelo y quiere diseñar una colección de ropa inspirada en mí. ¿Puedes creerlo, Mari? ¡Yo, un modelo!-expresó con demasiado entusiasmo.

Le dolió escucharlo. A diferencia de su voz, sus ojos no reflejaban ninguna alegría.

Para empeorar las cosas, Viktor comenzó a pasarse por la casa, esperando hablar con Yuuri.

-Aunque sea por unos minutos, tengo que verlo-suplicó.

Toshiya y Mari intercambiaron una mirada, no seguros de qué hacer. Sinceramente, Mari consideraba que la presencia de Nikiforov no haría sino aflorar recuerdos dolorosos para Yuuri, pero en esta ocasión ella no tuvo que intervenir. El propio Yuuri lo evitó por iniciativa propia, ya fuera ocultándose o argumentando una salida de última hora a siempre en compañía de Pichit o Minako. Al final, Viktor se marchaba, decepcionado y deprimido por su rechazo. Y pasó a convertirse en un doloroso círculo vicioso: Viktor preguntando por Yuuri sólo para que éste se escondiera o que de hecho no estuviera porque esas idas al Capitolio eran demasiado frecuentes, y así sucesivamente.

-Te mueres por hablarle -se atrevió a decirle, cansada de ver como Yuuri se ocultaba entre las cortinas para contemplar por la ventana a Viktor alejarse una vez más-Sólo hazlo y ya.

-Yo… no puedo-suspiró y negó con la cabeza.

-¿Por qué no? Esta sería la oportunidad perfecta, está en deuda contigo. Podrías pedirle cualquier cosa y estoy segura que haría hasta lo imposible por complacerte.

Yuuri, como era de esperarse, se mostró horrorizado y rechazó su propuesta sin dudar. Mari era consciente que obtendría esa reacción. Conocía bien a su hermano y de ninguna manera se aprovecharía de Viktor. Muy probablemente, incluso adjudicaría sus atenciones actuales a la culpa, o a que se sentía obligado a compensarlo por ofrecerse en su lugar, descartando automáticamente la posibilidad de cualquier interés genuino que Viktor pudiera tener en él. Y luego de verlo ser tan insistente, Mari comenzaba a creer que esa última opción era más que factible.

"O tal vez, Viktor se aburrirá y se olvidará en un par de días" pensó, más en el fondo, deseaba equivocarse. Y de hecho, así fue. Contra todos los pronósticos, Viktor se rehusó a darse por vencido.


Al cabo de un tiempo, llegó a la conclusión de que su hermano no evitaba únicamente a Viktor Nikiforov. Sus constantes viajes no le permitían estar ni con su familia ni con sus amigos y aún en casa, mantenía el contacto con ellos al mínimo. Rechazaba las invitaciones de Yuuko y Takeshi para reunirse y apenas hablaba con Yurio. A parte de Minako y Pichit, sólo Vicchan continuaba siendo una compañía constante.

"Se está aislando, está apartando a todos"

Y pronto, cayó en cuenta que tenía más motivos para preocuparse. Todo surgió a raíz de un comentario de su madre al recibirlo después de la Gira de Victoria.

-¡Oh, Yuuri!-exclamó Hiroko después de abrazarlo-¿Estás comiendo bien? ¡Estás muy delgado!

Yuuri rápidamente le restó importancia excusándose en que había iniciado un régimen de entrenamiento nuevo y una dieta por su trabajo como modelo, pero las sospechas de Mari se vieron confirmadas al notar la expresión desaprobatoria de Minako y la mirada llena de preocupación de Pichit. Yuuri siempre dejaba de comer cuando estaba nervioso. Algo sin duda lo agobiaba y debía averiguar qué.

-Si en serio eres amigo de Yuuri, me dirás que le sucede-increpó a Pichit.

-No sé a qué te… no puedo-renunció a tratar de negarlo-Le hice una promesa.

-Soy su hermana, su familia-insistió, no dispuesta a dejarse convencer-Tengo que protegerlo. Ya fallé una vez, no volverá a pasar.

-Confía en mí, no hay mucho que puedas hacer al respecto-admitió vagamente, agachando la mirada unos minutos, para después acercarse a ella-¿Viste lo que ocurrió en la Gira?

Mari arqueo una ceja, sin comprender la causa de la pregunta inesperada. Tuvo que rememorar en silencio por unos minutos antes de asentir. A diferencia de otros años, la transmisión en este fue terriblemente corta y con frecuencia se enfocaba de manera exclusiva en Yuuri, evitando mostrar imágenes de los otros Distritos propiamente o de su gente. La señal hasta llegó a fallar cuando Yuuri se encontraba en el Distrito 11.

-Vi lo que querían que viera-responde, al fin entendiendo.

Que el Capitolio controlaba la información y se esforzaba en nulificar la comunicación y el contacto entre los distritos era conocimiento de dominio público, pero tras los últimos Juegos, dichos esfuerzos parecieron aumentar. Una idea se sembró en la mente de Mari, aunque la rechazó por considerarla demasiado ilógica. Más cuando fue increpada por un grupo de jóvenes, tuvo que replanteárselo.

-¿Eres Mari Katsuki?

-¿A quién le interesa?-cuestionó a su vez, prudente.

El desconocido abandona su escondite junto con otros dos chicos. Mari piensa en huir, pero se obliga a permanecer en su sitio.

-Mi nombre es Ian-le informa quien parecer ser el líder, un joven alto de cabello castaño claro rizado-Y ellos son Ken y John-indica con un ademán a un pelirrojo con una cicatriz en la mejilla y a un chico de cabello negro y largo, respectivamente-Nos gustaría hablar contigo.

-Pues ya estamos hablando-rueda los ojos, evidenciando lo obvio.

-Por favor-insiste Ian-Sólo queremos hacerte unas preguntas acerca de Yuuri.

Mari se tensa instintivamente. Ya intuía de qué iba todo eso. Se da la media vuelta para irse, pero Ken y John le cierran el paso.

-Por favor, no vamos lastimarte-promete Ian-Puedes confiar en mí.

La chica asiente de mala gana y se cruza de brazos. Supone que en el peor de los casos, únicamente debe gritar para poner sobre aviso a los Agentes de la paz. Y por las miradas nerviosas que los otros dirigen a sus alrededores, está claro que son conscientes de ello.

-Sólo queremos saber cuáles son las intenciones de Yuuri-le plantea Ian en tono quedo-Si sigue siendo leal a la causa, o si se ha convertido en una marioneta del Capitolio.

-¡Mi hermano nunca…!-exclama indignada, pero se obliga a guardar silencio. No quisiera que alguien la descubriera teniendo ese tipo de conversación. Si bien se siente obligada a defenderlo. Gracias a los viajes de Yuuri, mucha gente parece creer eso ultimamente- ¿Cuál causa?-opta por preguntar. Los otros tres dudan- ¿Cuál causa?-repite enfadada.

-La gente está cansada de esta situación-explica Ken en apenas un susurro y Mari tiene que acercarse para escucharlo-Los Juegos de tu hermano lo demostraron, quieren un cambio.

-En los otros distritos ya ha iniciado-continúa John con gran seguridad-Pero no quieren que se sepa, temen que nos unamos.

-Por eso necesitamos a Yuuri-retoma la plática Ian-Si hablamos con él, y lo convencemos de que se nos una…

-No, no lo harán-niega enérgicamente Mari, conteniéndose de gritar y empujando a Ken y John para abrirse paso-Déjenlo fuera de eso, ni se les ocurra involucrarlo o si no…-les advierte antes de marcharse a toda prisa.

Omite mencionar su desafortunado encuentro. ¿Yuuri, un rebelde? De ninguna manera. Por si acaso, permanece alerta en caso de que traten de buscarlo. Al cabo de una semana, Ian es ejecutado en público sin que la naturaleza de su crimen se revelara, sólo se le señala como "enemigo del Capitolio", seguramente en un intento de parte de las autoridades por no darle ideas a otros. John y Ken simplemente desaparecen.

Mari jura que no le contará nada de eso a Yuuri, y sin que ella lo sepa, Viktor, con quien también contactaron, hace el mismo juramento.


Con el pasar de los días y entre más lo reflexionaba, estaba casi segura de tener la clave para explicar el comportamiento de Yuuri. Le quedó muy claro que alguien lo amenazaba. Tal vez otros rebeldes lo presionaban para que se les uniera y por eso buscaba alejarse del Distrito 12 y sus conocidos, pensando que así los protegería. Peor, las pesadillas no cesaban. Por más que ella y sus padres le pedían a Yuuri que se abriera y les contara qué le ocurría, él se negaba.

Le dolía verlo así, y fue entonces que tomó una decisión. Yuuri quizás no quisiera hablar con ella, pero confiaba en que quizás, alguien más fuera capaz de arrancarle la verdad. Situaciones desesperadas requerían medidas desesperadas. Fue a ver a Viktor.

Nikiforov continuaba visitándolos para preguntar por Yuuri, e irremediablemente, Mari le informaba que su hermano no lo recibiría, por lo que tenía sus dudas de cómo reaccionaría a su petición.

Por unos minutos, ambos se contemplaron en silencio. Viktor lucía nervioso, temeroso incluso y con justa razón. Mari nunca disimuló lo mucho que lo detestaba y que lo consideraba responsable del dolor de Yuuri, pero tras ser testigo de la genuina preocupación que mostraba por su hermano, su odio fue mitigándose poco a poco.

-Estoy siendo egoísta-reconoció con sinceridad-Pero vengo a pedirte que hables con Yuuri.

-Hace mucho que intento hacerlo-expresó con tristeza-No hay nada que quisiera más, créeme.

-Lo sé, y por eso te pido que sigas intentando-tomó aire, considerando con cuidado sus palabras-Él…suele tener problemas para abrirse y acercarse a los demás, pero ahora es diferente, es como si estuviera desesperado por aislarse, por apartarse de todos…-hizo una pausa, por si el otro quería decir algo, pero como guardó silencio, continuó-Si hay alguien que puede descubrir la verdad, eres tú.

Notó cómo Viktor se tensaba y un brillo determinado aparecía en sus ojos.

-Yuuri es afortunado de tenerte como hermana-dijo sonriendo. Sin que ella lo supiera, era su primera sonrisa verdadera en meses.

-Adularme no hará que me agrades-lo rebatió, aunque en el fondo la orgulleció el comentario. Ahora entendía porque Nikiforov se ganaba a la gente.

-Eso me consta-asintió Viktor-Y prometo que haré todo lo posible por protegerlo, voy a probarte que lo que siento por Yuuri es real.

-No es a mí a quien tienes que convencer- le dijo Mari a manera de despedida.

El reto, sería convencer al propio Yuuri.


Contrario a lo que creyó al principio, no fue Viktor el primero en hablar con su hermano, sino Yuri Plisetsky.

Para bien o para mal, Yurio no era nada discreto y aún sin estar presente, pudo hacerse una idea muy clara de qué iba la discusión. Lo escuchó reclamarle por ignorar a Viktor, echarle en cara que estaba preocupando a todos y en general, regañarlo por ser tan egoísta. Yuuri apenas y se defendió. A diferencia del otro, él si sabía cómo ser cauteloso y Mari no pudo oír su parte en la conversación.

Un ruido la sorprendió luego de unos minutos de relativa calma. Entro para encontrarse con Yuuri en el suelo y muy enojado Yuri.

-¡Eres un idiota!-lo insultó sin consideración-¡Te odio!-le gritó para después salir corriendo.

Mari trató de detenerlo, pero Yuuri se lo impidió.

-Está bien, no importa-negó para referirse al golpe en su mejilla.

-¿Qué demonios pasó?-demandó saber, pero como era de esperarse, Yuuri guardó silencio una vez más.

Pensó en ir a buscar a Yurio, esperando que le diera más detalles, pero sus planes se vieron interrumpidos ante la inminente cosecha que se avecinaba. Sería la primera vez de Yuuri como mentor en los Juegos del Hambre.

-No le permitirán que lo olvide-se lamentó Hiroko-Lo obligarán a revivirlo todo año tras año, hasta que haya un nuevo vencedor que pueda ser el mentor.

Mari se horrorizó ante la perspectiva: Yuuri sería forzado a entrenar a otros niños para participar en esa masacre y seguramente muchos morirían, aumentando el sentimiento de culpa con el que ya cargaba.

-Yo voy a estar con él-consoló Minako a los Katsuki-Ahora más que nunca.

-Pensé que los mentores sólo podían venir del mismo distrito-insistió Toshiya, quien aún encontraba alarmante el comportamiento descuidado de la mujer-¿No le preocupa que…?

-Supongo que sí-sonrió, encogiéndose de hombros-Pero no es como si pudieran tomar represalias contra mí. Por ahora, nuestra mayor prioridad es Yuuri, y también su futuro pupilo.

En preparación para los Juegos, Pichit y Minako tuvieron que marcharse antes. El primero, al Capitolio, la segunda, para arreglar unos asuntos pendientes en su Distrito antes de reunirse con Yuuri y Pichit en el proceso de preparación.

Se esforzaron por pasar la noche antes de la cosecha con la mayor normalidad posible: cenaron juntos, conversaron de cómo les iba con la panadería y cómo gracias a las ganancias de Yuuri por haber sido vencedor, podían permitirse contratar de manera oficial y pagar mejor a las personas que antes los ayudaban. Y por primera vez desde hacía tiempo, Yuuri se atrevió a abrirse con Mari.

Se despertó durante la madrugada y sólo por si acaso, fue a ver a Yuuri. Al principio se asustó por no encontrarlo en su habitación, más no tardó en calmarse, pensando que si algo malo le hubiera ocurrido, Vicchan habría corrido a avisarles. Al final lo encontró en la sala, sentado en uno de los amplios y lujosos sillones con Vicchan a su lado.

-No puedes dormir-afirmó más que cuestionarlo, esbozando una pequeña sonrisa ante su expresión de sorpresa.

-No, yo sólo…tengo miedo-concluyó apenado-¿Y si no soy un buen mentor? No quisiera decepcionar a mi tributo, ¿Y si no le consigo patrocinadores? ¿Y si muere por mi culpa?

Ahí estaba su hermano, el Yuuri de siempre, siendo víctima de su ansiedad y sus inseguridades. Sin embargo, en esta ocasión sus temores estaban bien fundamentados. Era la primera vez que el Distrito 12 contaba con un mentor que pudiera guiar a los tributos. Naturalmente la presión y las expectativas eran muchas y por más que Mari intentara ser optimista, le resultaba imposible perder de vista la realidad. Aún con el apoyo de Yuuri, el nuevo tributo tendría que hacerle frente a otros once jóvenes en un terreno desconocido con toda clase de peligros y algunos de sus contrincantes estaban mucho mejor preparados. Inclusive la victoria de Yuuri fue considerada por muchos como un auténtico milagro. ¿Qué podía decirle para hacerlo sentir mejor? Tomó aire.

-¿Recuerdas cuando trajiste a la bola de pelos?-señaló a Vicchan. El perro alzó la cabeza al sentirse aludido, pero pronto volvió a colocarla sobre el regazo de su dueño, bostezando-Ninguno de nosotros pensó que fuera a sobrevivir, pero tú lo sacaste adelante, y míralo ahora.

-No podía abandonarlo, me necesitaba-repuso débilmente, acariciándolo con cariño.

-Esa fue también la primera vez que peleaste, no para defenderte, sino para protegerlo a él-insistió Mari-Y no me puedes decir que ya olvidaste cuando rescataste a un cierto gatito de la lluvia-bromeó, refiriéndose a Yurio y Yuuri soltó una risita-A pesar de su carácter, te lo ganaste y todos sabemos que en el fondo te quiere.

-No estoy tan seguro de que siga sintiendo lo mismo por mi ahora…-se lamentó, pero Mari negó y le hizo un ademán para pedirle que guardara silencio.

-Yuuko también me contó cómo te enfrentaste a Takeshi en una ocasión cuando la molestaba.

-Sólo era una fase-intervino para justificarlo-En realidad, Yuuko le gustaba y él no sabía de qué manera demostrárselo, así que…

-Mi punto es…-lo interrumpió-Siempre que hay alguien en problemas, haces hasta lo imposible por ayudarlo. Si ese no es un rasgo de un buen mentor, entonces no sé que será.

Yuuri pareció relajarse un poco. Mari era consciente que requeriría mucho más para calmarlo, pero al menos ya no lucía tan angustiado.

-Tu amigo Pichit dijo que eres muy popular, seguramente no tendrás problemas para conseguir patrocinadores-comentó para motivarlo-¿Y sabes lo que me dijo Alice el otro día?-le hizo una seña para que se acercara-Me dijo… "Si tu hermano fuera un par de años mayor, me encantaría salir con él"-repitió imitando la voz de su amiga.

-¡Mari!-exclamó Yuuri, sonrojándose y cubriéndose el rostro con las manos, completamente abochornado.

-Hey, yo sólo soy la mensajera-se encogió de hombros-Pero pude haberla golpeado y creo que no entendió el problema con su comentario.

Ambos rompieron a reír. Vicchan los contempló, alternando entre uno y otro. Por un momento, toda la tensión quedó disipada. Mari recordó cuando eran más pequeños y proteger a su hermano menor era más sencillo, a comparación de la actualidad.

-¿Qué tal un bocadillo nocturno?-preguntó, no olvidando que Yuuri apenas y probó su cena más temprano esa noche.

-Eso me gustaría-asintió, sonriendo con sinceridad e indicándole a su mascota que los siguiera.

Pero aquel breve momento de paz, era la calma antes de la tormenta.

El nombre de "Yuri Plisetsky" se escuchó fuerte y claro de parte de la enviada del Capitolio durante la selección.

Mari y sus padres observaban la cosecha algo apartados, experimentando un vacío familiar.

-Pobre Nikolai…-expresó Hiroko, afligida-Va a destrozarlo.

-Tiene sólo quince años-se quejó Toshiya-Él no debería pasar por eso, nadie debería-agregó en voz baja.

Mari permaneció inmóvil, sintiendo una opresión en el pecho, como si se estuviera repitiendo la misma pesadilla. "No de nuevo" pensó "No Yurio…"

Se preguntó cómo lo tomaría Yuuri y decidió que era lo peor que podía ocurrirle. No sólo sería su primer año como mentor, su primer tributo era ni más ni menos que Yuri Plisetsky.

Nikolai corrió hacia su nieto, con toda seguridad buscando evitar que se lo llevaran y los agentes de la paz no tardaron en intervenir. Obviamente, Yuri comenzó a resistirse y a pelear, demandándoles que dejaran en paz a su abuelo. Mari frunció el ceño. Eso acabaría terriblemente mal. Reprendiéndose por reaccionar demasiado tarde el año pasado, intentó abrirse paso hasta el frente, esperando impedir de alguna manera el inminente desastre. Sin embargo, igualmente fue demasiado tarde.

-Yo me ofrezco-anunció Viktor Nikiforov con voz clara, alzando la mano-Me ofrezco como tributo, quiero ir en su lugar.

Se detuvo de golpe, segura más que nunca que se trataba de una pesadilla. No, de ninguna manera. Viktor no podía…

"Yuuri…"

Tuvo que retractarse en su pensamiento anterior. Esto era definitivamente lo peor que podría ocurrirle a Yuuri. Apretó los puños con fuerza. Su hermano debería estar viendo la cosecha en el tren y seguramente se sentiría devastado.

-¡Mari!

Se giró para ver a sus padres que la llamaban. A juzgar por sus expresiones, ellos también pensaron lo mismo.

-Vayan con Yuuri y traten de calmarlo-los instruyó-Yo voy a…-se interrumpió al ver como unos agentes escoltaban a Viktor. Yuri seguía gritando, recriminándole su forma tan tonta de actuar. Por suerte Yuuko corrió a su lado para calmarlo en tanto Takeshi ayudaba a Nikolai-Voy a despedirme.

Toshiya y Hiroko asintieron en silencio y Mari echó a correr.

"Estúpido, maldito Nikiforov…"


Justo antes de que el joven seleccionado partiera rumbo al Capitolio, le permitían despedirse de su familia. Mari reflexionó acerca de Viktor. Sus padres habían muerto hace años y no contaba con otros parientes, sin embargo era bien conocido en el Distrito y apreciado por muchos, pero entonces… ¿Por qué estaba la sala de espera sola? ¿Dónde estaban sus amigos? ¿Los otros chicos que lo admiraban? ¿Y las jovencitas que se le declaraban y le proclamaban amor eterno?

No pudo evitar compararlo con Yuuri hace un año, relativamente un desconocido para todos con excepción de su familia, y a pesar de eso, muchos más fueron a decirle adiós.

La puerta se abrió y se encontró con Nikolai Plisetsky. Aún desde fuera, le llegaban los gritos y protestas de Yuri y dedujo que seguramente los agentes no le permitieron entrar tras el escándalo armado en la cosecha. Esperaba no se metiera en más problemas.

-Vaya usted primero-le pidió al anciano, consciente que él y su nieto eran lo más parecido a una familia que tenía Viktor.

Nikolai le agradeció y no perdió más tiempo. Mari aprovechó para reflexionar qué le diría a Nikiforov. Reprimió las ganas de golpear la pared, por supuesto le reclamaría. ¿Acaso el sacrificio de Yuuri no significó nada para él? ¿Por qué arriesgarse, ofreciéndose? Más en el instante que vio salir al anciano minutos más tarde, con lágrimas en los ojos, lo comprendió. No había una respuesta correcta, todas las opciones eran malas. El año anterior, estuvo entre Viktor o Yuuri, en éste, entre Yuri Plisetsky y Viktor. Muchos otros ni siquiera contaron con la alternativa de que otra persona tomara su lugar, y en los Juegos del hambre era mucho más simple y a la vez, más cruel: todo se reducía a vida o muerte.

Experimentó una ligera satisfacción cuando Viktor se sobresaltó al verla entrar. Al menos tenía la decencia de sentirse culpable.

-Eres un idiota. ¿Lo sabes, verdad?-le dijo a manera de saludo.

-Entiendo si me odias-se excusó torpemente, evitando mirarla.

-Sí, te odio. Pero eso no es nada nuevo-le informa indiferente, cruzándose de brazos-Todavía no sé que vio mi hermano en ti.

O de hecho, sí lo sabe. El joven frente a ella se muestra incómodo, nervioso, con miedo. Dista mucho de la imagen segura y confiada que gustaba de proyectar a los demás. Por primera vez, Mari se cuestiona si no lo entendió todo mal. Tal vez Yuuri, de alguna manera, fue capaz de ver más allá de su máscara exterior y no fueron ni la admiración ni el querer que Viktor lo reconociera lo que inspiraron sus acciones todos esos años como originalmente creyó. Tal vez se percató de su vulnerabilidad oculta y simplemente deseó protegerlo.

-Lo lamento-se disculpa Viktor-Pero Yuri… no podía permitir…

-Lo sé-lo interrumpe, y ella misma se sorprende por su tono suave de voz, el que acostumbraba reservar cuando su hermano estaba asustado y trataba de calmarlo-Y es por eso que tienes que ganar, por él y por Yuuri.

Da un paso al frente y Viktor se encoje sobre sí mismo de manera inconsciente, anticipando un golpe. Mari en efecto, pensó en golpearlo mientras esperaba para entrar, pero en lugar de eso, lo atrapa en un fuerte abrazo, al igual que hiciera con Yuuri el año anterior durante su despedida.

-Si quieres verle el lado bueno-le dice después de soltarlo-Yuuri ya no podrá ignorarte.

Viktor se muestra sorprendido por el comentario, pero acaba por asentir en silencio. Antes de marcharse, le hace una última petición a Mari.

-Dado que Yuuri y yo estaremos lejos por un tiempo… ¿Podrías cuidar de Vicchan?

Parpadea, confundida por unos instantes antes de esbozar una pequeña sonrisa. Puede que Viktor y Yuuri tengan más en común de lo parecería a simple vista.

Se dispone a irse, pero se arrepiente y se gira para decirle algo a Viktor, para disculparse por todos esos años de prejuicios y enojos contra él que resultaron injustificados, pero los agentes intervienen y la obligan a retirarse.

Ya afuera, se lleva una mano a la mejilla y le asombra descubrir una lágrima. Está llorando. Teme por Viktor, por Yuuri y por lo que pueda suceder en los Juegos. Si Viktor llega a morir, Yuuri jamás se lo perdonará. Una súplica se fija en su mente:

"Por favor, por favor… que los dos regresen a salvo".


Respuestas a sus reviews:

Guest: Me hubiera gustado que dejaras un nick para agradecerte apropiadamente por el comentario, pero igual, muchas gracias por dejarlo! Lamentablemente, este ya es el último capítulo, pero la historia principal sigue y aún le falta mucho, espero la sigas. Gracias de nuevo!

Ya este fue el último capítulo de este PoV que se me alargó más de la cuenta como siempre, espero les guste. Muchas gracias por leer hasta aquí!

Y si les gustó, los invito a que chequen la historia principal situada en el AU de The Hunger Games: Everything remains as it never was.