Notas de la autora: ¡Hola lectores, lectoras! No tengo perdón de Dios, me he tardado mucho en actualizar. He aquí el segundo capítulo.

Disclaimer: Los personajes de esta historia no me pertenecen, salvo algunos OC, los ya conocidos fueron y son propiedad de J. K. Rowling.

Advertencias: OoC, UA, Slash.


Capítulo 2.

Y así nos conocimos…

Hermione había armado un escándalo una vez que le dijeron que su misión era en otro país, alegando que ellos no tenían nada que hacer en Francia, y que los únicos que tenían la responsabilidad de resolver aquel conflicto era el escuadrón de Aurores Franceses.

Harry quería participar en aquella exaltada conversación, pero no lo dejaron ni hablar. Sus hijos al igual que sus sobrinos, habían armado un alboroto. Ron tuvo que levantar la voz para que se escuchará sobre los vastos murmullos de ellos.

—Sé que será difícil…

—Y peligroso. —dijo Rose, mirando seriamente a su padre se cruzó de brazos, como esperando a que alguien negará ese hecho.

—Lo será—dijo Harry, tragando saliva antes de continuar—. Pero no podemos hacer nada.

Miró la cara de frustración de Hermione y lo preocupada que se encontraba Molly. También no pasó por desapercibido, los labios apretados de Lily, el ceño fruncido de Albus y el resoplido de enojo de James.

Hugo no parecía comprender muy bien las cosas, pero sabía que era algo muy peligroso que su padre se fuera a miles o tal vez millones de kilómetros de distancia, en busca de un peligroso asesino.

Harry sabía que era peligroso, era como irse a meter a la boca del lobo, literalmente. Ellos no conocían del todo el lugar, salvo unas misiones que duraban un día para otro, ya que les tocaba escoltar a algún mago de puesto importante.

—Tranquila, Hermione. Hemos enfrentado casos peores, y entre más pronto nos vayamos más pronto volveremos.

— ¡Y si no vuelven! ¡Harry dile que es peligroso!

Harry se tensó, ya que cuando Hermione estaba exaltada se le daba por pegarle a las personas, lo cual daba miedo.

—Yo…—dijo—es peligroso, pero tiene razón Ron. Entre más pronto nos vayamos, más pronto regresaremos.

— ¡No se dan cuenta que es un lugar desconocido para ustedes! ¡Y si es una trampa! ¡O si ese mago ya sabe que van por él!

— ¡Lo sabemos! — Levantó un poco la voz Ron, provocando que Hermione lo viera aun más preocupada—pero no podemos simplemente dejarlo pasar. ¿O quieres que siga matando muggles?

Hermione se quedó callada, por lo que Harry supuso que eso había sido suficiente para que comprendiera.

—Además… no iré solo. Iré con Harry Potter, jefe de los Aurores. Debería sentirme emocionado. —Ron rió levemente, provocando que Hermione soltará una pequeña risa, acción que relajó un poco la tensión en su rostro.

— ¡Basta, Ron! —Harry fingió enojo, pero también soltó una carcajada. Lo cual suavizó un poco aquel ambiente tenso que habían creado.

Él tampoco quería separarse de sus hijos, menos cuando faltaba una semana para que se fueran a Hogwarts; pero el trabajo se lo impedía y sabía que Ron estaba en la misma situación, era la primera vez que no los iban a acompañar a abordar el expresso.

—Molly, ¿quisiera pedirte si…?

— ¡Por supuesto, Harry! No te debes preocupar por ello, será una gran dicha convivir con mis nietos esta semana y más llevarlos a que aborden el expresso de Hogwarts.

—Y yo iré con ella. No tienes que preocuparte. —dijo Hermione, sonriendo levemente. Harry sabía que a ambas mujeres no les agradaba para nada la idea, pero lamentablemente ellos no podían hacer nada.

—Gracias. —dijo Harry, mientras miraba a sus hijos algo decepcionados. Ya se los recompensaría después, eso era seguro, pero por el momento tenía que preocuparse por regresar a salvo de la misión que ahora tenía.


—No lo haré.

Draco entreabrió la boca, miró duramente por segunda vez a Blaise, el cual se encontraba cruzado de brazos y parado frente a su escritorio. Soltó un bufido y sonrió de lado, mientras negaba con la cabeza.

—Blaise…

—No lo haré. —dijo Blaise, sentándose en la silla de cuero que estaba detrás de él. Draco frunció el ceño, no es que fuera un mandón de mierda, pero ¿decirle no? ¿A él? ¿A Draco Malfoy? Definitivamente debía estar bromeando.

—Blaise.

—Draco, definitivamente no.

—Harás enojar a Pansy. —dijo Draco con un tono amenazador, era verdad que su amiga había exagerado con aquel lugar al que los había invitado.

Aun podía recordar como uno de sus sirvientes había tocado estrepitosamente la puerta de su despacho y le informaba que tenía una llamada de Pansy Parkinson; Draco de muy mala gana recibió la llamada, y su humor empeoró al saber cuál era el motivo por el que lo llamaba.

El maldito lugar a donde los iba a llevar a "divertirse", no era nada más ni nada menos que "Chansons d' Amour".

Todo estaba bien, era un lugar elegante, pero de muy buen ambiente. Era un lugar genial, por lo que podía ver en el sitio WEB oficial. Que se anunciaran en internet era una buena presentación y mercadotécnica, Corporaciones Malfoy tampoco se quedaba atrás, tener su propio sitio WEB era un trabajo bastante proveniente y no sólo por la popularidad que habían ganado, si no porque podían hacer ventas online, lo cual les favorecía demasiado.

— ¿Chansons d' amour? He oído del lugar… bueno, es un sitio muy elegante y la música está muy bien, pero… es para homosexuales ¿sabes? —le dijo Scorpius, algo apenado. Draco enrojeció un poco, aclaró su garganta y sonrió fingiendo que no pasaba nada. Preguntarle eso a su hijo, era bochornoso y más al enterarse que era un sitio para homosexuales.

Bien, había follado con hombres y Scorpius lo sabía, pero esa no era excusa para preguntarle directamente sobre… esas cosas.

Sin mencionar, que el tipo que estaba parado frente a su escritorio, viéndolo seriamente y con él que había follado unas cuatro, cinco o tal vez diez veces, era el padrino de Scorpius.

Draco mordisqueó un poco su labio inferior, y asintió.

—Bien—dijo—pero tú le tendrás que decir a Pansy.

La mirada de asombro que apareció, no la pasó por desapercibida. Era claro que la razón por la que Blaise no quería ir era por su prometida, un lugar para bailar estaba bien, si se llegaba a encontrar con algún conocido podía decir que era una salida de amigos, sin embargo ir a un sitio donde iban homosexuales, bueno, no era una salida perfecta.

—Draco…

—Ya, no te preocupes. Pero, promete que irás a tomarte unas copas conmigo. —dijo Draco haciendo una sonrisa burlona, sabía que lo hacía por su prometida; era divertido verlo tan exaltado y preocupado.

—Lo prometo, y gracias. Llamaré a Pansy. —dijo Blaise, levantándose de aquella elegante silla en la que permanecía sentado por horas cuando tenían demasiado trabajo, salió de la oficina de Draco haciendo que éste suspirara de fastidio. Ahora tendría que ir él solo con Pansy, aunque en cierto modo le agradaba que hubiera sitios donde podía ir con tranquilidad a invitar a cualquier hombre a bailar sin la necesidad de follar. Ya estaba un poco harto de aquellos antros gay en los que todos los tipos del lugar parecían querer follar a gritos.

Una buena conversación era para los heterosexuales, en el antro gay sólo intercambiaban palabras para saber quién era el que iba a "entrar". Draco pensó por un momento que esa sería una buena oportunidad para intercambiar algunas cuantas palabras con hombres que en realidad quisieran eso, una simple conversación; sin necesidad de que sus primeras palabras fueran: "¿Quieres follarme o que te folle?"

Bien era cierto que la mayoría de las veces en las que se dignaba a tomarse un poco de tiempo libre e ir al antro, era con ese fin, tener un buen polvo aunque no supiera ni el nombre del tipo con el que se estaba metiendo en esos momentos.

Aun así, cambiar de ambiente le agradaba. Y en esos momentos, en los que había descubierto que había alguien infiltrando información de la empresa a la "competencia", creía que lo necesitaba más. Un momento de relajamiento no le vendría nada mal.


—Hemos llegado. —dijo Harry, viendo algo sorprendido el lugar. Se estiró un poco y bostezó estaba cansado por todo aquel viaje, habían partido desde el viernes para poder llegar ahí el miércoles a temprana hora del día. Un hombre alto de cabello castaño se acercó a ellos, Ron y él lo vieron con precaución demostrándole la desconfianza que les recorría por todo el cuerpo, era joven, Harry le calculaba unos veintiocho años, exagerando.

Harry tomó su varita por instinto, y un minuto después se encontraba guardándola, debido a que le había mostrado su insignia de auror.

—«Hagui Potteg», soy Elliot Boutin. Me han mandado a «escoltaglo»—Harry asintió levemente, si estuvieran en otra situación probablemente él junto con Ron soltarían una carcajada debido al acento que tenía. Sin embargo, ambos permanecieron serios y se limitaron sólo a seguir al auror francés.

—Al menos le entendemos ¿no? —susurró Ron, dándole un toque de gracia a la pregunta. Harry sonrió levemente y asintió, viendo con detalle aquella gran plaza mágica que recorrían. Los magos franceses se veían acostumbrados a ver magos desconocidos por ese lugar, Harry supuso que el mundo mágico de Paris era igual de turístico que en el mundo muggle.

—El inglés es un idioma básico, así que no me sorprende. —dijo Harry, conservando aquella sonrisa y viendo todo con interés. Sus maletas flotaban a sus espaldas siguiéndolos como cachorros; Harry veía las tiendas de ropa, si no fuera por algunas tiendas de comida, calderos, mascotas, seguramente hubiera pensado que en Paris sólo les importaba la moda.

Sus ojos vagaron por una tienda de escobas, tal vez antes de que regresaran podría comprarles algo a sus hijos de recuerdo.

—Hemos llegado, pasen.

Harry parpadeó un poco y se sorprendió al ver a aquel lugar elegante, que por supuesto no se comparaba en nada con el ministerio de magia de Londres. Era verdad que el ministerio de magia británico tenía lo suyo, pero ahí parecía estar viendo alguna mansión de algún mago sangre pura, todo elegante y antiguo. Sacudió levemente la cabeza, y se adentró a aquel lugar, en el que le darían todos los detalles para poder regresar más rápido a su hogar.


— ¿Es necesario infiltrarse? —Ron hizo una expresión de desagrado cuando tuvo que decir esas palabras, notó a Harry con aquella aura seria que siempre iba con él cuando se trataba de misiones.

—El empleado que atiende este «lugag» les «ayudaga», es un viejo amigo. Ha notado «vaguios» movimientos en esa zona.

Ron suspiró, el ministro de magia era muy agradable, sí. Pero realmente el trabajo que les pedía era algo, fastidioso.

Tener que hacerse pasar por un muggle homosexual, no era parte de sus más preciados sueños. Miró a Harry esperando que él encontrara otra solución, que no implicará usar poleras de color rosa con las grandes letras de "a mí me gusta que me den por detrás", pero al parecer su amigo estaba tan consternado como él.

Aunque parecía estar analizando la situación, el suspiro que dejó escapar hizo que Ron perdiera todas las esperanzas que tenía.

—Si no queda de otra.

—Elliot los «acompañaga, pog cualquieg» situación que se les «llegaga» a «apagueceg». Lamentablemente, él no «poga ig» más allá con ustedes.

— ¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Ron algo molesto, si él se rebajaba a entrar a uno de esos lugares rosas, por qué el francés no.

—Bueno, Ron… es comprensible la situación—dijo Harry—imagina esto, el mago que está haciendo esto, es posible que conozca a los que conforman el escuadrón de aurores de Francia, así que puede ser riesgoso que nos vean con él.

— ¿Y qué te hace pensar que no nos ha visto?

—No. Lo dudo. En realidad, pienso que él en estos momentos debe estar buscando a su siguiente víctima y no está investigando que magos extranjeros llegan. Exhibirnos con él, en el mundo muggle, sería darnos en bandeja de plata. —dijo Harry viendo los expedientes de los aurores y muggles muertos o desaparecidos que tenía en sus manos.

Ron soltó un resoplido de fastidio, asintiendo después de un momento. No le agradaba ese trabajo, pero no dejaba de ser eso, trabajo.


—Draco, pasó por ti en media hora, no quiero estarte esperando.

Viernes en la noche, ya se le hacía extraño a Draco que Pansy no lo hubiera jodido el día de ayer, para recordarle lo de la salida. Pero, ahora que había llamado por tercera vez y le había repetido que no podía escapar por millonésima vez, no pudo evitar sentirse irritado. Tal vez, había sido una mala idea salir sólo con ella.

—No, Pansy. Me maquillaré rápidamente, lo prometo. —dijo Draco con sarcasmo, haciendo que su amiga soltará una risa.

Hace dos horas y media le había hablado para confirmar la cita, hace una hora con quince minutos le había vuelto hablar para amenazarlo que no se atreviera a escapar y ahí estaba de nuevo, diciéndole que iba a pasar por él.

En cuanto escuchó el sonido que había colgado, subió a la habitación de su hijo y tocó tres veces la puerta con suavidad.

—Adelante. —la voz de Scorpius, fue suficientemente fuerte como para que la escuchara pero bastante discreta como para no formar eco en la mansión.

Draco abrió la puerta y miró a su hijo, sentado en medio de su cama con varios libros abiertos y esparcidos a su alrededor, mientras él tomaba apuntes acerca de los diferentes organismos bioluminiscentes. Eso era algo que encontraba extraño en Scorpius, su enfermiza obsesión por las cosas luminosas.

—Scorpius, he venido a despedirme y a decirte que no te acuestes tan tarde. Probablemente tu tía Pansy quiera volver a su casa hasta la madrugada y yo tendré que esperarla, por lo que no es necesario que tú te quedes despierto.

—Lo sé, papá. Tía Pansy está emocionada por ir a ese lugar ¿no?

—Sí, aunque no le encuentro sentido. Es decir, a ella le gustan los hombres. Hombres que gustan de mujeres.

—Sí, tal vez por eso va. —dijo Scorpius sonriendo, provocando que Draco lo mirara con incredulidad.

— ¿Cómo? —dijo Draco, esperando alguna explicación por el comentario de su hijo.

—El dueño de Chansons d' amour, es un tipo apuesto o al menos eso han dicho en varios comentarios de su sitio WEB. Me parece que es heterosexual o bisexual, no recuerdo bien.

—Ya veo. Ahora sé por qué tanta insistencia en ir el viernes y a las diez de la noche.

Scorpius soltó un resoplido de burla, y enseguida cambió su expresión a una más seria.

—No regreses tan tarde, ¿vale?

—De acuerdo, procurare no regresar tan tarde. —Draco palmeó un poco la cabeza de su hijo y sonrió, Draco al ver aquella mirada tan inexpresiva, no pudo evitar abrir la boca para comentar algo, pero enseguida escuchó la voz del mayordomo detrás de la puerta, anunciando la llegada de Pansy.

—Cuídate.

— ¿Del dueño de Chansons d' amour o de tu tía Pansy?

—Papá.

Draco soltó un resoplido que parecía risa, y asintió. Para tranquilizar un poco a su hijo, últimamente había muchas personas muertas o desaparecidas, todas de preferencia homosexual.

Draco podía comprender la preocupación de Scorpius, él la había sentido cuando su crío se había ido a bailar con algún tipo y no había regresado hasta muy tarde. Le dio un sermón de más de dos horas y media, hablándole de que era muy peligroso andar a tales horas por lugares desconocidos. Estaba seguro que a Scorpius le habían quedado muy pocos ánimos de volver a repetir eso.

Salió de la mansión, mirando a Pansy como siempre. Elegante y llamativa, lo cual le hacía un poco de gracia a Draco.

—Te ves bien. —dijo Pansy, viendo a Draco de arriba hacia abajo y viceversa. Draco sonrió de lado y pasó su mano por su cabello, no es que fuera vanidoso, eso no estaba en sus principios, pero debía admitir que en cierto modo al verse al espejo hasta él se había impresionado del esmero que había empleado al arreglarse.

No es que no le gustará salir presentable, y tampoco significaba que nunca saliera lo mejor vestido posible, pero debía admitir que a veces, sólo a veces, parecía esmerarse en elegir cuidadosamente la ropa con la que iba a salir de paseo o más bien, a ligar.

—Siempre, Pansy. —sonrió de lado, y no pasó por desapercibida la risa que provocó en su amiga. En menos de unos cuantos minutos, se encontraban en el automóvil último modelo de Pansy, rumbo a Chansons d' Amour.


El ruido de aquel lugar le provocaba un gran dolor de cabeza a Harry, sin mencionar que el pantalón apretado le estaba incomodando de manera sobrenatural los huevos. No podía creer que vendieran ese tipo de ropa en París.

Llevaban media hora en ese lugar, lleno de tipos que no hacían más que invitarlos a bailar. Harry no tenía que voltear a ver a Ron, para saber que ese momento era el más incomodo en su vida. Sin mencionar, que lo había tenido que detener antes de que le lanzará un hechizo a un muggle que había dicho algo así como: "Me gustan mucho los pelirrojos, se mueven muy bien, si sabes a lo que me refiero".

Harry tuvo una pequeña charla con él, acerca de que si volvía algún hombre muggle a acercárseles dirían que eran pareja. Todo para salvar su integridad. El supuesto amigo del ministro, solía llegar a las diez en punto junto con el dueño del lugar. Ahí solo estaban empleados de una menor responsabilidad, que seguramente si les preguntaba acerca de algo relacionado con el asesino, no sabrían que decirle o los echarían a patadas del lugar.

Lo mejor era esperar o eso era lo que el ministro aconsejaba. Harry se sentía seguro de sí mismo, a pesar de ese extraño traje (muy bonito, pero demasiado incomodo) que le habían puesto.

Harry estaba seguro que se veía como esos chicos magos adolescentes que quieren copiar a algún famoso jugador de quidditch. Miró a Ron de reojo, y pudo notar que también estaba al tanto de todo; sin embargo, más que estar buscando al amigo del ministro, al dueño o incluso al asesino, estaba cuidando que ningún hombre de aquel lugar se le acercara.

Chansons d' Amour.

Harry no podía entender todavía el significado de aquel nombre, y no es porque estuviera precisamente en francés, más bien era que lo podía entender perfectamente pero no lograba encontrarle algún significado.

—Harry…—escuchó la voz de Ron, y desvió la mirada un poco para mirar a su amigo que se encontraba vigilando a las personas que entraban y salían del lugar.

—Dime…—susurró.

— ¿Crees que aparezca el tipo ese, del que habló el ministro?

—No lo sé, ya son las diez, espero que aparezca. Si es verdad que siempre llega con el dueño podremos interrogarlo un poco.

—Supongo… espero no tarde más. Las miradas de estos tipos me empiezan a incomodar.

Harry no pudo evitar una pequeña risa, miró al escenario que había. Eran artistas que apenas iban iniciando, a veces pasaba alguien a cantar y otras veces el dj era el que subía a tocar algunas canciones conocidas, otras no tanto. El lugar tenía un buen ambiente, era como uno de esos antros muggles de clase baja, pero siempre conservando el elegante carisma de cada persona que entraba ahí.

Sin mencionar que las mesas, sillones, sillas, bebidas y demás eran simplemente fascinantes.

—Dímelo a mí. —dijo Harry, después de un momento, era verdad que no lo miraban tanto como a Ron y Harry lo comprendía muy bien. Él no era alto, ni tan parecido como su amigo, y los que lo llegaban a mirar enseguida desviaban su mirada a su mejor amigo.

—Mira, mira… —dijo Ron, apresurado. Harry dejó de pensar en cosas innecesarias y volvió su vista a la entrada viendo la llegada de cuatro personas que resaltaban en la multitud. No porque tuvieran algo extraño, si no porque pareciera que estuvieran viendo a cuatro magos antiguos.

Tal como lucían sus antiguos compañeros de Slytherin. Bastante imponentes y llamativos, con aires de grandeza. El tipo de personas que hacía a Harry rabiar.

—Es él.

Viendo a un chico delgado, de tez blanca y vestido con uniforme que tenía estampado el nombre del lugar. Harry lo comprobó cuando el joven, levantó una mano en modo de saludo; tanto Ron como Harry sólo movieron la cabeza al saber que lo habían visto.

Se acercaron a la barra justo después de que ellos se instalaran en ella. Fue entonces, cuando Harry pudo notar mejor a las otras tres personas.

Una de las personas, era una mujer de cabello negro, muy linda, pero su aura parecía estar rodeada de egoísmo y superficialidad. Las otras dos personas se trataban de dos hombres, uno de cabello negro, alto y robusto con unos intensos ojos negros; mientras que el otro era rubio, era también alto pero menos que el hombre de cabello negro, sus ojos eran grises y estaba algo pálido, aun así Harry no pudo evitar pasar saliva al ver como el rubio lamía su labio superior debido al sorbo que le había dado a su bebida.

—Creo que el rubio es el dueño de este lugar, y ya sabemos quién es el amigo del ministro. ¿Ahora qué?

El comentario de Ron, gracias a Dios lo había sacado del trance en el que estaba.

—Puede ser… pero aun no estamos seguro si es así.

Era cierto que el rubio tenía ese porte de ser un rico prepotente, pero es que así lucían todas las personas de ese lugar. Aun así, ellos destacaban en todos los sentidos.

—Pregunte….

—Bienvenidos a Chansons d' Amour, ¿les ofrezco algo?

Harry miró al joven que había interrumpido a Ron, casi agradeció que lo hiciera debido a que justo hace unos segundos, se había dado cuenta que su vista se volvía a posar en aquel sujeto.

—Gracias a Merlín. —dijo Ron y puso la palma de su mano en su frente, como si estuviera comprobando si tenía fiebre.

—Dejen de usar esas palabras tan raras.

—Tu inglés es muy bueno. —dijo Harry, sin evitar que saliera un tono de agradecimiento.

"Merci", pero no es para tanto. Estoy acostumbrado a hablar diferentes idiomas, debido a que este lugar a pesar de ser nuevo, es muy popular entre los turistas.

—Entiendo. Pero… a todo esto… ¿sabes a lo que hemos venido?

—Por supuesto, auror Harry Potter. —dijo el muchacho en un susurró, sirviendo algunas bebidas como si las hubiesen ordenado.

Harry abrió un poco la boca, pero un pequeño toque en su hombro hizo que volteará y abriera un poco los ojos de la sorpresa.

— "Vous dansez avec moi?" —Harry parpadeó varias veces, viendo al rubio con la mano extendida hacia él, volteó a ver rápidamente a Ron, él que por supuesto en vez de brindarle apoyó, hizo un gesto que parecía decir que lo alejara de ahí, que él se encargaría del interrogatorio.

Eran tan claras las intenciones del hombre que estaba parado frente a él, que no tuvo que aprender francés, para saber qué era lo que le estaba pidiendo.

—En realidad yo…

— ¡Oh, por favor! No sea tímido, señor Potter. "Il parle anglais". —Harry volteó a ver al chico, el cual tenía la misma mirada que Ron. Lo último seguramente se lo había dicho al rubio, ya que éste sonrió algo apenado. Harry miró de nuevo a Ron y éste hizo un movimiento de cabeza, para que se fuera a bailar con el supuesto dueño del lugar.

Harry miró de nuevo a aquel hombre y sonrió tensamente, se levantó, dispuesto a bailar con él. Aunque en realidad no tenía ni puta idea de cómo bailar, era verdad que cuando se había casado con Ginny habían hecho una gran celebración, lleno de bebidas, comida y sobretodo baile; por momentos pensaba que jamás debieron gastar tanto para que todo terminará mal.

Tomó la mano del rubio y lo siguió hasta la pista de baile, tratando de olvidarse de Ginevra y todos los recuerdos que la implicaban a ella.

Una canción comenzó a sonar y el rubio lo miró a los ojos. Harry desvió su mirada, frotándose un poco la frente como si le doliese la cicatriz que después de diecinueve años, no le había vuelto a doler.

Pero, es que era verdad, no le estaba doliendo en absoluto. Solo estaba nervioso, volteó a ver a Ron, el cual estaba comenzando con el interrogatorio; Harry hubiera preferido estar ahí, escuchando cada detalle de lo que le decían a Ron, en lugar de estar haciendo el ridículo con un desconocido.

Summertime Sadness, se convirtió en una canción realmente tortuosa para Harry. No sólo por el hecho de que pensó que comenzarían a bailar por separado, cada uno haciendo movimiento de lo más extraño y finalizando con "gracias por haber bailado conmigo, me voy a bailar con otro".

Pero no, él parecía ser el mago más atrayente de problemas. Sintió la mano del rubio sobre su cintura acercándolo más a él, haciendo que sus cuerpos estuvieran lo suficiente cerca como para ver cada expresión del otro, Harry por impulso quiso empujarlo pero su cuerpo no reaccionaba, su mirada estaba conectada con la de él, mirándose desafiantes, como si estuviese jugando algún tipo de juego extraño.

— ¿Cuál es tu nombre completo, Potter?

Fue en ese momento, cuando Harry se dio cuenta que ese hombre sabía que no era homosexual, que no tenía esa clase de gustos y seguramente también sabía que estaba ahí por otra cosa, algo más que encontrar a otro hombre para follar o hacer quien sabe que. Harry por primera vez, después de tanto tiempo, se había encontrado con un segundo señor Tenebroso, que no le causaba tanto miedo como el primero, pero si una angustia indescriptible.


Lamento la tardanza, he tenido muchos conflictos últimamente. Gracias por los reviews del capítulo anterior, espero que les haya agradado este capítulo, y me dejen un comentario.

Con respecto a las frases en francés que he puesto no estoy muy segura de ella, traté de hacerlo lo mejor posible.

En fin, gracias de nuevo por leer. :)