Mejor sé Slytherin – Capítulo 3

Mejor sé Slytherin – Capítulo 3
Por Jharad17
Traducción: Relena Sakurazuka

Disclaimer: No es mío. Desafortunadamente.

Resumen: Durante su primer año, Harry es seleccionado en Slytherin en vez de Gryffindor y nadie está más sorprendido que su nuevo Jefe de Casa.

Previamente:

Cuando la última de sus serpientes se había ido de la sala común, él se retiró. Nada mal, decidió mientras entraba a sus aposentos y se servía dos dedos de whisky de fuego para disfrutar junto con el último número de la Alianza de Maestros de Pociones de Europa.

Todo hubiera salido perfecto, si no le hubiesen cargado con el Mocoso Que Continuaba Sorprendiéndolo.

Serverus no estaba asombrado de escuchar el sonido de su alarma de monitoreo. Gimió, se volteó, canceló el hechizo y se salió de su cama aún medio dormido. Su boca estaba pegajosa producto del whisky de fuego, y entrecerró los ojos ante la brillante luz de sus habitaciones mientras se ponía su capa. ¿Habrá podido dormir dos horas esta vez? ¿Tres? Realmente, en la primera noche, debería abstenerse de de dormir, de una vez. Cada año era lo mismo; uno de sus pupilos creía que era demasiado bueno para obedecer reglas e intentaba poner a prueba su paciencia y su "Todo lugar al mismo tiempo" por no acatar el programa que tan minuciosamente creó. Sin errar, cada año, alguna serpiente u otro salen de la cama más temprano o más tarde de lo debido, y él tenía la necesidad de mantenerlos a raya.

La única pregunta, como cada año, era quién sería el suficientemente tonto como para enfrentar su ira.


Harry se coló al baño con su bolso con sus útiles y tomó una toalla de la estantería justo en la puerta. Definitivamente tenía que ducharse antes de que despierten lo demás. Era tentador no hacerlo, lo sabía, pero no podría soportar la inevitable risa y miradas de sus compañeros de dormitorio si lo veían desnudo. Y lo pero de todo, no podría lidiar con la idea de estar en detención tan temprano en la mañana por no tener las vestimentas apropiadas.

Estuvo tendido sobre su cama despierto casi toda la noche pensando en lo que dijo el Sombrero Seleccionador, y sobre las nuevas reglas que tenía que memorizar, y tratando frenéticamente de idear un modo de evitar ganar detenciones por el resto de su vida antes de que pudiese hacer algo al respecto de sus muy largas y gastadas ropas. Deseó haber tenido más tiempo donde la Sra. Malkin cuando estaba comprando el resto de su uniforme escolar-sus túnicas, pantalones, corbatas eran todos nuevos- pero Hagrid estaba atrasado, le dijo, y ellos llegaron momentos antes de que la sastrería cerrara. Afortunadamente la dueña sólo los tenía a ellos de clientes, por lo que pudieron obtener las ropas que le quedasen rápidamente. Desafortunadamente, nadie se molestó en pensar en calzoncillos. Esta mañana, tuvo que enviar a Hedwig antes de que alguien pudiese darse cuenta de ello, lo que significaba levantarse muy temprano e ir a la lechucería y regresar antes de que alguien notase que estaba ausente.

El Profesor Snape era alguien con el que no quería nunca toparse. Se dio cuenta de las miradas que le dedicaba antes durante la reunión, y se preguntaba qué era lo que había hecho para que él ya estuviese enojado con él. Probablemente era el que haya sido seleccionado en su Casa; nadie había estado feliz con ello durante la cena. Harry no estaba muy seguro que podría hacer para ser aceptado, pero la primera cosa que necesitaba hacer era estar presentable. No quería ser una vergüenza para sus compañeros de Casa.

Después de colocar las ropas desechadas de Dudley en un cajón junto a las duchas, Harry giró el grifo y fue inmediatamente sorprendido por encontrar agua caliente. No muy caliente, pero agradable para bañase. Estaba tan acostumbrado únicamente a las duchas de agua helada, lo que parecía algo penosamente extravagante, y se prometió siempre lavarse de forma rápida. Se sacó sus lentes dejándolos en la repisa de la ducha y se metió bajo el chorro de agua. Era glorioso. El calor del agua aliviaba el dolor de sus moretones y los tensos músculos, como también el constante dolor de cabeza por los lentes que no eran de su medida.

Se frotó rápido con el champú el desordenado cabello que nunca podría controlar no importando lo mucho que tratase, luego jabonó su escuálido-según los Dursley-cuerpo, enjuagando y cerrando con facilidad el grifo después de estar bajo la ducha por tres minutos. Estaba alcanzando su toalla cuando alguien agarró su brazo y lo jaló hacia él, completamente desnudo, fuera de su cubículo. Ni siquiera tenía puestos sus lentes, pero pudo reconocer las ondeantes ropas del Jefe de Slytherin a través de una densa neblina.

Oh, Dios. No.

-Que deficiente eres, ¿No, Potter? – gruñó el hombre. Estaba arrugado, como recién salido de su cama, y con su cabello para todos lados, casi como el suyo. Pero Harry estaba muy asustado para hacer algo más que menear su cabeza. Como si no lo notase, el profesor Snape continuó - ¿Es que tu pequeño cerebro es tan insuficiente para poder conseguir obedecer tan simples instrucciones?

-N-No, señor. – Dijo Harry. Entonces tragó su miedo y levantó un poco su mentón. Si lo conseguía, lo conseguía. Él podría lidiar con esto. ¿No que Dudley y su pandilla siempre le daban una paliza casi todos los días? Pero él no se iba a acobardar por nadie. – No, señor, - dijo de nuevo – no soy deficiente.

-¿De veras? – el profesor dijo arrastrando la voz, aún teniendo su brazo fuertemente agarrado. Maldición, esto va a dejar otro moretón. – ¿Entonces como es que estás aquí, cuando deberías aún estar en cama?

¿Qué podía decir? No la verdad, ciertamente. Eso sólo llevaría a más preguntas y enojar a los Dursley y probablemente la expulsión de la escuela. Sabía como esto iba a terminar. Había una enfermera, en primaria, que le hizo muchas preguntas, y él incluso le contestó con la verdad, acerca de cuánto comía, y luego, cada cuánto tiempo iba a ver al doctor, y luego alguien de Cuidados Infantiles fueron de visita a la casa de los Dursley y le preguntaron-en frente de ellos-algunas de las anteriores preguntas. Bueno, ¿Qué iba a decir? Él mintió, por supuesto, y sonrió y dijo que todo era estupendo, y que la enfermera lo trató como un fenómeno que sólo buscaba llamar la atención. No le gustaba recordar la reacción de su tío.

Snape lo sacudió del brazo y le gruñó - ¡Te hice una pregunta, muchacho!

A pesar de su decisión de no acobardarse ante nada, no pude evitar encogerse un poco – lo lamento, señor.

-¡Seguramente lo estarás! Supongo que sientes que no necesitas responder una buena pregunta, ¿Es eso? Y que las reglas son para todos los demás, ¿Pero no para los Potters? Bueno, déjame decirte algo, mocoso insufrible, aprenderás rápidamente que cuando doy órdenes, son para que las obedezcan. Y cuando estimo prohibir algo, ¡Supuestamente no debes hacerlo! – para cuando terminaba la frase, había jalado más cerca de Harry y la saliva golpeaba el rostro y pecho desnudos de Harry. Incluso sin sus lentes, Harry podía ver el disgusto y la rabia claramente en los ojos del sujeto.

-Sí, señor. Lo lamento, señor. Obedeceré el programa.

-Obviamente lo obedecerás. Y tienes detención esta noche a las 7. No. Llegues. Tarde. – dándole a Harry un último sacudón en el brazo, el profesor liberó a Harry y salió del baño en un vendaval de ropas negras y amenazas.

Harry agarró su toalla y se secó, luego se vistió en un santiamén, y repasando el encuentro en su mente. Las palabras del profesor gritó no fueron peores que las que ha escuchado de los Dursley, después de todo, y realmente las merecía. Estaba contento de que Snape n hiciera más preguntas que no pudiese responder.

Ya vestido, salió de la Sala común de Slytherin e hizo un breve-o lo más breve que pudiese-desvío a ver a Hedwig y darle una orden a Gladrags, en Hogsmade. Estaba feliz de que la ubicación de la lechucería haya sido parte de la información que dio su Prefecto, como también una lista de ropas para estar en la escuela.

Para cuando ya había regresado, los otros estudiantes estaban recién estirándose, iniciando su camino a las duchas, y Harry se mantuvo ocupado leyendo un capítulo de su texto de pociones, esperando estar lo más preparado posible cuando fuera a las clases de Snape. Tomó un poco de pergamino igualmente, y practicó su toma de apuntes con la pluma y la tinta. Era mucho más desastroso que con un bolígrafo, y después manchó todo el rollo, tanto que apenas podía leer algo, hubiera intercambiado cien ranas de chocolate por una lapicera.

Cuando estaba tratando de quitar un poco del exceso de tinta, vio a Malfoy llegar a la Sala Común, escoltado por dos chicos que lo seguían a todos lados. Goyle y Cumm…no, Crabbe. No estaba muy seguro de cuál era cual, pensó. Malfoy, por otro lado, no era difícil distinguirlo en una muchedumbre, con su cabello rubio y su permanente media sonrisa, como si supiera de una travesura de la que serás víctima, y por un precio, él te iba a decir cuál.

Harry miraba a Malfoy mientras éste andaba relajado y los otros dos se apoyaban pesadamente sobre los sillones y desplomarse sobre ellos, pero siguió en lo suyo. Malfoy fue uno de los que no le habló durante la Cena, pero sí era uno de los que se quedó mirando.

- ¿Es ridículo, no? – dijo el rubio, y cubrió con su mano un bostezo. – Que tengamos que levantarnos tan temprano cada día. Es decir, puedo entender el primer día, con los programas a la mano y todo. ¿Pero los fines de semana?

Harry, no muy seguro de que le estuviese hablando Malfoy o a sus matones, no dijo nada, aunque privadamente estaba de acuerdo.

-¿Estás sordo, Potter?

Asegurándose de apartar la pluma de su pergamino, levantó la mirada a Malfoy sonriéndole sarcástico. – No. No sabía a quién le estabas hablando.

Malfoy rodó los ojos – Como si conversara con estos dos, honestamente.

Harry le dio una media sonrisa. Dudley estaba tan descartado como esos matones. Eso no los detenía de tener bastantes puños sobre sí a su orden, pensó. Y Harry estaba realmente cansado de ser golpeado en el colegio. Así que se encogió de hombros. – Podríamos tener permitido quedarnos acostados los fines de semana. No tiene mucho sentido despertarse tan temprano. Pensé que el desayuno no estaba listo sino hasta las 8.

-Exactamente – Malfoy se inclinó un poco hacia delante y tendió su mano. – Creo que no nos hemos presentado apropiadamente. Soy Malfoy. Draco Malfoy.

-Harry Potter – Dijo y estrechó la mano del chico.

-Intenté encontrarte en el tren...

-¿Lo intentaste? – Harry preguntó. Creyó que había visto brevemente al rubio desde la orilla del carril, cuando estaba volviendo del baño una vez, pero Ron no le dijo nada acerca de ello cuando volvió a su compartimiento.

Malfoy lo miró intensamente – Por supuesto. Eres bastante famoso dentro de algunos círculos. - sonrió, con un dejo de arrogancia. – Quería saber todo sobre el escándalo que ocurría.

Harry rió. – No hubo escándalo. De verdad. No sabía que era un mago hasta hace un mes.

Algo en la cara de Malfoy se endureció. – Pero tus padres no eran Muggles.

-No…- Hagrid le dijo lo que eran los Muggles, y que algunas personas en el mundo mágico no les interesaban aquellos que no eran magos, o nacidos de magos. – Pero fui criado por Muggles. Tú sabes, después de que mis padres murieran.

Frunciendo la nariz como si oliera algo muerto por una semana o más, Malfoy se volvió a recostar sobre el sillón. – Eso es…penoso.

Bueno, Malfoy no tenía idea ni de la mitad de ello, pero Harry no iba a decirle. – A ellos no les gustaba la magia – dijo, de todas formas. – Pero seguí usándola de todas formas, supongo.

-Obviamente. – Algo en el tono de Malfoy sugirió que hubiese sido imposible que algo distinto hubiese ocurrido.


El desayuno era un silencioso asunto en la mesa Slytherin, como todos los estudiantes que se habían levantado o muy temprano o muy tarde, pero algunos de las otras mesas eran bastante ruidosos, especialmente los Gryffindors, donde Ron Weasley fue seleccionado. Harry estaba un poco triste por ello, pero él sabía que el muchacho que conoció en el tren y que le habló sobre coleccionar ranas de chocolate y cosas así, problablemente era más feliz con su familia de lo que pudo haber sido en Slytherin.

Como se suponía, Harry esperó hasta que todos hubiesen terminado de desayunar antes de sacar una rebanada de tostada, que casi se le cae de vuelta al plato cuando Draco lo miró insistentemente. En vez de ello, la mordió en las orillas, justo cuando el profesor Snape andaba alrededor de las mesa con los programas.

Harry mantuvo la cabeza gacha, sus orejas enrojeciendo, recordando la escena de la mañana en el baño, pero el profesor Snape no dijo nada al respecto, de hecho, sólo le lanzó una larga mirada mientras le otorgaba un trozo de pergamino a Harry.

Draco espió sobre sus hombros. – Tenemos primero Transfiguraciones. – Rodó sus ojos y dirigió su mirada a la mesa más ruidosa – Luego Herbología, con los Gryffindors.

-Me pregunto cómo podrán oír lo que dice su Jefa de Casa, con todo ese ruido, - Murmuró Harry.

Draco contuvo la risa – Como mi padre decía, ellos con unos rufianes incultos. No pueden evitarlo, realmente.

Harry arrugó su nariz, pero terminó su tostada y esperó, de acuerdo con las nuevas reglas, por sus compañeros de año que terminaran, como también por cualquier anuncio, antes de irse a su primera clase. A pesar de sentirse algo mareado por el pensamiento de que no sabía nada de magia y que iba a estar terrible frente a todos sus compañeros de clase, él aún era muy cuidadoso, mientras caminaba al lado de Draco a su primera clase, se aseguró de que su penosa ropa se viera por encima de su uniforme. Era difícil esconder sus zapatillas, pero si daba calculadamente ciertos pasos, su túnica no ondearía y se mantendrían sin ser vistas. Hasta el momento todo bien, por el día.

La profesora McGonagall parecía severa, pero justa, y les dijo como primera cosa que en su clase sería la más dura que tendrían en todo Hogwarts, y que no toleraría ningún tipo de desordenes. Más tarde, en Herbología, Harry tuvo la oportunidad de decirle "Hola" a Ron por primera vez desde que bajaron de los botes en el lago, pero para su decepción, Ron le dio una mirada asqueada y volteó.

Viendo esto, Draco juró por lo bajo algo sobre "Traidores a la sangre", lo que Harry no entendió. El resto del día fue bastante bien, y Harry estaba acostumbrándose a la extraña manera en que las escaleras se movían cuando menos lo esperabas, y cuando algunos de los fantasmas revoloteaban por los pasillos. Peeves era otro asunto, pero como todos parecían igual de molestos con el poltergeist, esto estaba bien también.

Almorzó con "Teddy" Nott, como él prefería que lo llamaran, mientras Draco se sentó con un par de chicas de su año, que dijo que las había conocido por años y que quería hablar con ellas. Teddy seguía dándole miradas raras a Harry durante la comida, y finalmente Harry dijo - ¿Qué? ¿Tengo algo en la cara ?

Los labios de Teddy se curvaron en la sombra de una sonrisa. – Excepto por tu cicatriz, no.

Harry frunció el ceño. Era un memento de la noche en que sus padres murieron, y prefería no pensar en ello, pero Harry dijo que no habían muerto en un choque automovilístico, sino que asesinados por un mago llamado Voldemort. Y esa era la cicatriz que lo hacía famoso. – Es sólo una cicatriz. – Dijo, y peinó su cabello hacia abajo, cubriendo la cicatriz lo mejor que podía. – desearía que la gente dejara de quedar mirando.

Los ojos ensanchándose un poco, Teddy asintió secamente y siguió con su comida. Harry pensó que estaba algo…precavido, lo que era algo desconcertante.


Después del almuerzo, tenían más clases, y después la cena, y luego Harry tenía que a la oficina del profesor Snape por detención. Tocó suavemente la puerta, con el corazón en la garganta, pero determinado a no llorar, incluso si llegaban a golpearlo con una varilla, como Dudley dijo que ellos hacían con los fenómenos como él.

-Entre.

Harry empujó la puerta y boqueó en el cuarto ante las botellas y los francos y los jarrones con extrañas y horribles plantas y muchas partes de animales flotando en varios líquidos de colores. El olor a desinfectante y algo… terroso estaba en el aire.

-Cierra la boca, Potter, antes de que una mala hierba de Doleshinkle haga allí su hogar. El profesor estaba encorvado sobre su escritorio, escribiendo rápido en brillante tinta roja sobre algunos pergaminos, los que deben ser trabajos de estudiantes. ¡Ni siquiera ha levantado la mirada! Y aún sin mirar a Harry, apuntó con un delgado dedo hacia la puerta que daba con la sala de clases. – Encontrarás calderos allí. Límpialos. Sin magia. Ahora ve.

Harry saltó a obedecer, y después de arremangar las mangas de sus ropas, pasó las siguientes horas refregando calderos. Era bastante bueno en limpieza, pero había un par de manchas que sencillamente no querían salir. Refregó esas por bastante tiempo, hasta que sus brazos dolían y sus dedos estaban rojos y había salpicado lavaza en su ropa. Sólo le quedaban dos de la docena que le fue encomendada, y cada uno de ellos con una última imbatible mancha con la que aún trabajaba, cuando una voz detrás suyo le hizo saltar.

-Es suficiente. Retírese.

Se volteó para encontrar a Snape a medio metro de él, y mirando hacia la desdeñosa cara. – Pero, señor, yo no fui capaz de…

-¿Todavía tienes problemas en acatar órdenes sencillas? – Dijo el profesor de un tirón – puedo darte otra detención, si ése es el caso.

-No, señor. Lo siento, señor. – Velozmente dejó sus implementos de limpieza y apuró el paso a la puerta, sin notar la mirada pensativa que Snape le dedicaba.

No tuvo mucho tiempo para hacer tareas antes de que fuese programado que estuviesen en sus camas, pero alcanzó a leer el inicio de Transfiguraciones, para preparar el ensayo que tenía que entregar en dos días. Cuando estaba en su cama, nuevamente, Harry no quiso desvestirse en frente de sus compañeros de Casa, así que trepó a su cama y cerró las cortinas antes de cambiarse de pijama-una enorme camisa de Dudley que estaba lo suficientemente usada como para ser más suave que sus otras ropas.

-Ahhhh, ¿El pequeño mestizo es tímido?- llegó una voz del cuarto. Harry la reconoció, aunque el chico nunca le había hablado. – ¿Escondiéndose tras las cortinas para que nadie vea su pequeño y desagradable cuerpecito mestizo?

-Cállate, Zabini – dijo otra voz, fría.

-¿Es tu novio, Teddy? – Le tomó el pelo Zabini.

-Te dije que te callaras. De verdad. – gruñó Teddy. – No sabes con quién te estás metiendo.

Con eso, Zabini lo dejó solo, pero toda la cara de Harry estaba roja, así que se zafó de sus cobijas y enfiló su camino al baño para cepillarse los dientes y usar el baño.

Tendría que enfrentarlos tarde o temprano… más temprano que tarde, se percató, cuando tenga que ducharse con ellos en la mañana. No podía cruzarse con Snape otra vez, eso era seguro. Esa noche, por primera vez en un buen tiempo, soñó con el hombre con cara de serpiente, quien reía en medio de un rayo verde, y su cicatriz dolía con fuerza cuando despertó en la mañana.