Capítulo 2

"Pehr"

Hola, me llamo Pehr. Nací en Suecia, y cuando sucedió lo que les voy a contar, tenía 19 años. Empezaré por mi infancia. Soy hijo único. Mis padres se divorciaron después de que cumplí ocho años, y fui a vivir con mi mamá y mis dos abuelos, que estaban algo chiflados, tenían estatuas de gnomos en el jardín, y se disfrazaban de cosas raras, para ir a desfiles y celebraciones de antiguas creencias escandinavas. Siempre me asustaban contando historias sobre hadas y duendes, hasta que un día, me regalaron este collar para que me protegiera de los ogros y me diera buena suerte. Desde entonces ya no tuve tantas pesadillas. Pero también me regalaban cosas buenas, como videojuegos. Desde niño me encantan los videojuegos.

Yo era nuevo en el pueblo y no tenía amigos, así que me pasaba horas jugándolos, y no cambió en la adolescencia. Cada juego se veía más real que el anterior, y era más complicado manejarlos. Sus historias me gustaban más que los libros y jugarlos era más emocionante que ver las películas. Pero había algo más. Algunos de los personajes, eran tan increíblemente rudos, varoniles, y atractivos. Me hacían imaginarme cosas en las noches, y tener sueños con los que me tocaba, y sentía que el corazón me latía tan fuerte que se me saldría.

Mamá y abuelos nunca estaban en casa. Mi única compañía era mi gata Pixie, y estaba bien, pero yo anhelaba otro tipo de compañía. Tenía curiosidad de saber si había otros chicos como yo. Desvistiendo a sus superhéroes y figuras de colección. Me imaginaba como serían los jugadores tras sus personajes en los videojuegos. Tal vez eran guapos, tal vez, podríamos reunirnos y ser amigos, nos disfrazaríamos para ir a convenciones, y hablar sobre quien nos gustaba más, o cual era el más guapo. Pero nada de eso pasó.

Cuando me fui a la ciudad, me propuse buscar amigos que compartieran mis intereses y un departamento grande, bonito y con una vista espectacular. No encontré nada de eso. lo más cercano fue un pequeño cuarto compartido con ellos: el deportista Sven, y el parrandero Holger, que a pesar de parecer que no teníamos nada en común, y de que por momentos el departamento era un caos, había un momento en que nuestros mundos se juntaban y pasábamos buenos ratos. Y claro que no se me olvida pixie. Ella también parecía contenta viviendo ahí, aunque esos últimos días, la había notado algo extraña.

Esa noche, todo iba bien. Estábamos jugando, hasta que apareció algo como un túnel, y la realidad de sus gráficos nos sorprendió a los tres. Parecía que el vortex era real y salía de la televisión. Vi que el amuleto que me regalaron mis abuelos brillaba y comenzó a jalarme hacia adentro de ese remolino. Intenté quitármelo pero no podía. Asustado, les grité a los dos que me ayudaran. Me sostuvieron de las piernas y la fuerza que nos arrastraba fue mayor. Nos llevó a los tres, y a Pixie, que estaba en el sofá, dormida a mi lado.

Mientras caíamos por ese túnel lleno de luz, el talismán que brillaba, se desprendió de mi collar. Voló hasta que se reunió en el centro del remolino con un pene que también brillaba, y se fundieron en uno solo. La forma del talismán se grabó en la base redonda que formaban los testículos, y una fuerte energía salió de esta unión. Nos cubrió y se mezcló con la luz del túnel, haciendo que cambiara de color. También nosotros tres cambiamos. Nos transformamos en imágenes diseñadas por computadora. Incluso había un sujeto de cabello verde, que tras un destello, quedó convertido en un ser virtual en tercera dimensión.

Hubo otro destello, esta vez, provenía de una estrella metálica con los puntos cardinales. Se aceleró nuestra velocidad de caída, y todo se volvió blanco. Pocos segundos después, perdí el conocimiento.