Mis amigos se acercaron a mi cuerpo inerte tumbado en el suelo. Mientras, el camionero salía de su cabina y la conductora del coche rojo se quedaba estupefacta. No quiso bajar del coche y se quedó con las manos agarrando su volante. El camionero saco el móvil del bolsillo de su chaqueta. La ambulancia ya estaba en camino pero seguro que no podría hacer mucho por mi vida. Cada vez perdía más y más la consciencia. Escuchaba susurros pero en realidad eran los gritos de mi amiga Tears, se le notaba porque sus tendones del cuello se estiraban haciendo que su cuello se tensase. Tanto tiempo queriendo morir y ahora que estoy muerto deseo la vida, cualquiera que me escuchase no me creería. Sentí que mi cuerpo se erguía de nuevo. Me puse de pié todavía con la vista nublada. Me sentía ligero como una pluma pero vi mis ojos cerrados y mi cuerpo tumbado y muerto reposando en el coche rojo.
Cada vez lo veía más lejos, confundiéndose entre las nubes elevándose más y más hasta pararse en una nube que parecía sólida. Me quedé mirando al suelo intentando esquivar las conglomeraciones de vapor consolidado, forzando mi vista para intentar ver algo sin lograrlo.
-No te fuerces chico- una voz proveniente de mis espaldas hizo que me sobresaltase-. ¡Oh! No te asustes, no te voy a comer- continuó con carcajadas que interferían en el mensaje-. Pero dime, ¿no eres demasiado joven para morir? Cada vez estáis más locos, de verdad… que malo es el destino ¿verdad?
Se notaba que le hacía gracia el asunto pero a mí me tenía atemorizado. No sabía dónde estaba ni quien me estaba hablando. Me giré para verle. La nube sólida se prolongaba unos metros hasta toparse con un enorme muro. A la izquierda, una enorme verja de acero dorado se elevaba hasta perderse de vista. Detrás de una mesa blanca envuelta en una neblina se encontraba un hombre canoso con una barba amenazante que daba miedo. Estaba esperando una respuesta que procediese de mi boca. No sabía qué contestar, todavía estaba aturdido. El me dejó más tiempo para pensar, pero lo malgasté observando en lo que me había convertido. Era el mismo de antes solo que esta vez tenía un traje blanco que me tapaba los pies. El hombre no era muy paciente e insistió en su pregunta:
-¡Eh! No sé si has acabado de reincorporarte pero, ¿qué haces aquí? Deberías de estar ahí abajo disfrutando de tu juventud. Todavía no te ha llegado la hora.
No respondí. Me aproximé hacia el hombre que sacó un pergamino de un bote bañado en oro que apareció entre la densa nube. Al abrir el bote examinó su interior que poseía algún tipo de información que le hacía fruncir el ceño, apartar su mirada de vez en cuando para mirarme con una cara de maldad y terminando con cara de preocupación.
-Muy bien… ¿Fernando? Sé todo lo que tengo que saber sobre tu vida- empezó tras terminar de leer el pergamino con una rápida lectura-. Sé que no te gusta tu nombre, que no soportas a tus padres, que no quieres estudiar, que malgastas tú tiempo todo el día pensando en morirte, etcétera, etcétera. Para que al final vengas aquí y tengas que volver JÁ ¿No crees que eres demasiado cruel contigo mismo?
-No se…
-Da igual, déjalo. Te voy a proponer algo pero con un par de condiciones. Júrame que las cumplirás, mejor que jurar, prométemelo y te dejaré volver a la vida.
-Muy bien. Dígame lo que quiera y haré todo lo que pueda. Pero no quiero volver como estaba antes y espero que lo comprenda. Todavía no entiendo donde estoy ni que es lo que está pasando y espero que me lo explique- se me quedó mirando. Su frente se arrugó y su ceño se frunció por lo que supuse que esperaba algo más-. ¿Por…favor?
-Muy bien. Yo te lo explico todo pero antes tengo que convencerte de tu error para que no lo cometas de nuevo.
En ese momento se puso serio conmigo. No entendía su desaprobación de mi cambio de vida y además, mi cuerpo no debería de estar en condiciones de recibirme de nuevo. Continuó hablándome mientras observaba su nombre grabado en una plancha metálica encima de su mesa cubierta de niebla. Se llamaba Keeper, guardián, supongo que por su puesto en aquel mundo extraño.
-En cuanto a la pregunta de qué ha pasado, sí, estás muerto, pero no por mucho tiempo. Este no es otro sitio que la antesala de El Cielo. Aquí a mi izquierda puedes contemplar la entrada y ya nada más. Esto es todo. Estás aquí para pedir acceso a El Cielo pero, amigo, no eres VIP y todavía tienes que ganarte las habichuelas.
-Perdón pero eso no lo acabo de entender
Le interrumpí antes de que volviese a abrir la boca y soltar otro sermón con escasas pausas. Por un momento creí que se iba a ahogar y le paré los pies por si eso ocurría y no me podía enterar de lo realmente interesante.
-Verás, por aquí han pasado millones de personas, y todas ellas con una misma característica: todas han muerto. Lo normal es encontrarme a ancianos que ya han vivido demasiado pero también algún que otro adulto, joven o niño que desgraciadamente ha sufrido una enfermedad de la que no ha salido adelante. Pero constantemente están apareciendo almas como tú a los que no les han llegado la hora.
Lo que hacemos con esas almas vagantes perdidas en la Tierra, es explicarles lo que les va a suceder. A muchos de ellos los hemos devuelto a la Tierra unos minutos antes de su error para que eviten su trágico final, lo que conlleva a los demás humanos a tener una sensación de "dejavú". Supongo que ya habrás pensado algo para ti ¿verdad?, pero tu gran problema es que no tienes un cuerpo donde volver por lo que tendrás que empezar tu vida en el paraíso.
-No,… no,… no me pueden hacer esto -susurraba con apenas fuerzas después de escuchar sus palabras que me llenaban de pena. Keeper se levantó y se puso a mi lado-. No debe de estar tan mal, no se puede hacer algo por él, por mi cuerpo.
-No, lo siento mucho. No es que esté en condiciones de habitarse el problema es que hay un nuevo alma que lo ocupa.
Al escuchar sus palabras la fuerza por volver se desvaneció por completo. No podía creer que por una vez que salía a la calle con mis amigos, por una vez que empezaba a valorarme, tenía que acabar tan mal. Mi cabeza gacha, se levantó y mis ojos dejaron caer dos lágrimas. Tal vez fuesen de cocodrilo, porque al instante en que Keeper se dio la vuelta para coger el teléfono de su mesa mis pies empezaron a correr hacia el borde de la densa nube. Al escuchar mi marcha, el guardián se giró rápidamente e intentó atraparme antes de mi intento por regresar a la Tierra. Mi propósito era saltar desde aquella altura pero mis escasos conocimientos de aquel lugar no me permitían saber con exactitud los kilómetros que había desde la nube perdida en el cielo hasta la superficie terrestre.
Sentí el aire en mi cuerpo, notaba como descendía rápidamente y mi hábito blanco se deshacía y se extinguía entre las nubes. Al fijarme, noté que mi cuerpo no era normal, era un haz de luz que viajaba por un lugar oscuro. Al fondo, una lluvia de puntos blancos ordenados irregularmente se extendía hasta donde me llegaba la vista. Empecé a pensar el lugar donde me encontraba, quizá fuese el espacio o simplemente había caído la noche. Empecé a distinguir el lugar donde me dirigía, las nubes se alejaban detrás de mí y las calles y casas de la ciudad donde me dirigía aparecieron.
Mi caída en el suelo fue mortal, sin embargo, no noté ningún dolor y me levanté. Exploré la calle en la que me encontraba: era ancha con mucho tráfico y bastante gente. Me encontraba en la calzada cerca de la acera pero era muy seguro que cualquier coche pudiera alcanzarme de nuevo.
Así fue. Un coche blanco se acercaba donde me encontraba. No parecía verme pues conseguí ponerme de pie mucho antes de que estuviese lo suficientemente cerca. No me lo podía creer. El coche no frenaba y se acercaba progresivamente hacia mí. El coche me traspasó. Mis brazos se encontraban rodeando mi cabeza y mi pierna levantada hacía que mi cuerpo se colocase de perfil. Al echar una ojeada por encima de mi hombro vi que un hombre se reía. Los demás no parecían inmutarse pero él tenía alguna habilidad para verme.
El hombre era viejo, con un bigote blanco y con escasos pelos en su calva. Tenía bastantes arrugas y unas gafas pequeñas colgaban de su cuello. Vestía con ropa informal y su sombrero descansaba en el hueco que faltaba en el banco.
Me acerqué a él. Al ver mi cara de enfado, dejó de reírse pero no podía evitar su risa escandalosa y soltó otra carcajada. Me miró de arriba abajo varias veces y al final consiguió pronunciar sus "primeras palabras":
-¿Eres nuevo verdad?
-¿Perdón? ¿Nuevo en qué?
-Sí, eres nuevo. Verás, te intentaré explicar con la mayor seriedad posible esta parte del mundo. Y digo con seriedad porque no lo suelo ser. Ya me ha pasado esto millones de veces y quiero ir rápido. Mira, yo soy un alma, tú eres un alma y aquel hombre también es un alma-dijo señalando al final de la calle donde se encontraba un hombre joven burlándose de las personas que pasaban-. Como habrás comprobado ahora, las cosas nos resbalan -y volvió a soltar otra risa enfermiza-. Todas nosotras somos almas sin cuerpo en el que vivir por lo que no hay obstáculo que se pueda apreciar, pero solo para los humanos y sus cosas humanas. Verás, llevo muchos años como alma y he pasado por tu situación y con el programa este que han sacado pues me he atrevido a entrar pero me parece una exageración.
Las almas están atrapadas en la Tierra, pues aunque en muchas películas muestren sus mentiras como no es de extrañar, no volamos ni nos transportamos ni podemos mover objetos con nuestra mente.
En ese momento intentaba apartar mi atención del hombre e intentar con todas mis fuerzas patear una lata del suelo. Como es de apreciar, no le estaba escuchando lo que le provocó un enfurecimiento masivo que originó el enrojecimiento de su cara. Al darme cuenta de que paró de hablar, giré la cara para encontrarme con sus ojos contemplando que sus orejas echaban humo. Me enderecé rápidamente.
-Como iba diciendo-comenzó de nuevo mientras se levantaba del banco y andaba por la acera-, las almas no pueden habitar un cuerpo que ya esté habitado, por lo que las almas tendrán que esperar a que un accidente…
-Sí, eso es lo que me ha pasado a mí –le interrumpí-, un accidente me ha hecho abandonar mi cuerpo y otro alma lo ha habitado.
-Oh, lo siento mucho.
-Pero, no entiendo, ¿qué ha pasado realmente? ¿En qué año estamos, no recuerdo que esta calle haya acabado sus obras?
-Oh, claro, es que ahí arriba el tiempo pasa muy deprisa. Ahora mismo estamos a mes de Junio, el día catorce y son… –y miró su reloj de muñeca- las doce de la mañana.
-Madre mía, es el día de mi cumpleaños. Tengo que irme a mi casa.
-¡No! Espera, tienes que acabar el tutorial.
Pero yo ya había avanzado unos metros con un paso ligeramente rápido.
Avanzaba cada vez más rápido por aquella calle. Sabía dónde me encontraba por lo que no se me hizo difícil el camino a mi casa.
Al llegar, contemplé el cartel de "SE VENDE" deslumbrando con su naranja fosforito desde el interior de la ventana de la cocina. Esperé sentado en el porche cuyas sillas de madera putrefactas, desde ese momento, me daban asco.
