Este es el penúltimo capítulo de a través de pesadillas, lamento que sea corto, pero no tengo mucha inspiración, así que cualquier sugerencia es bienvenida ^^


~yuki..yuki~ le habló 24 hours

-¿Donde estamos?- le preguntó confundida.

~Llegamos a un circo~

~Y no es uno normal y colorido~

Yuki sacó su pequeño y delgado brazo a través de los barrotes de la jaula, alzando la manta negra para ver afuera y tuvo que ahogar un grito para que no la descubrieran. Frente a ella se encontraba un hombre robusto, con barba y algo mayor, sosteniendo un látigo en su mano derecha mientras que a sus pies estaba un niño de tan solo 10 años. Le gritaba y lo golpeaba con brutalidad.

-¿Quién te crees para desobedecer mis órdenes mocoso?!- gritó propinándole un latigazo en la espalda.

-Por favor perdóneme Maestro- imploraba bañado en su propia sangre.

-Por tú culpa la función fue un fracaso!- no tenía piedad contra el pobre niño. La poca cordura de Yuki aún poseía se rompía fácilmente con todo lo que había visto en los pocos días que ha estado fuera de su casa.

No podía despegar la mirada de aquella escena, y sentía arder su piel con cada nuevo latigazo que le propinaba. Hasta que algo le tocó su hombro, provocando que gritara y el maestro la viera.

Se giró y vio a una chica con cabellos azulados en diferentes tonos, piel pálida y vestía un camisón 4 tallas más grande para ella, lo suficiente para que le cubriera los pies.

-Qu..quien ere..?- aquella chica no pudo hablar cuando el maestro abrió de repente la jaula. Ambas cubrieron sus rostros ya que la luz les lastimaba los ojos.

-Valla valla valla, tenemos mejor material esta vez- decía en tono de burla, pero en cuanto vio a Kaai la sonrisa de su rostro se desvaneció.

-Tú…- frunció el ceño en desagrado, tomándola por el cuello de su vestido y sacándola de la jaula a rastras. La pequeña forcejeaba para que la soltara, pero sus intentos fueron en vano. La soltó lanzándola al piso.

-No tienes ninguna deformidad… que demonios haces aquí?- tomó su látigo amenazadoramente.

-Ettoo…yo…em..eeh…- aun temblaba de miedo, las palabras no salían con fluidez de su boca, lo cual enfurecía más al maestro.

-Te he preguntado algo!- Yuki cerró fuertemente los ojos, esperando el golpe y sentir como su piel se desgarraba por el dolor, pero eso nunca pasó.

En frente de ella estaba la chica de cabellos azulados, tocándose el brazo derecho que tenía un gran moretón, la había protegido. A esa poca distancia pudo ver su verdadera forma, no tenía pies, esos no eran pies normales, en donde debería de tener piernas de humano tenía patas traseras de un animal, parecían de cabra. Ni en sus peores alucinaciones había visto algo parecido.

-Canta…- pronunció la chica -ella canta junto conmigo- en sus ojos se asomaban pequeñas lágrimas.

-mm me puede servir-

Yuki y la chica fueron separadas después de eso, encerradas en diferentes jaulas como viles animales en la parte trasera. En frente habían otras jaulas con niños dentro, tenían algunas deformidades en sus rostros en donde les pintaban flores de colores. A otros les faltaba una extremidad o tenían de más.

En esos momento deseo que todo fuese una de las tantas pesadillas que la atormentaban en las noches sin dejarla dormir. No, incluso esas pesadillas eran mucho mejores que lo que veía.

Buscó con la vista a su protectora, y estaba en la jaula de al lado, acurrucándose en una esquina de la jaula mientras se cubría la parte inferior de su cuerpo con el camisón.

-Oye…- habló captando su atención, ella levantó la vista, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

-Gr..Gracias- decía yuki. Parecía haberla sorprendido con sus palabras, como si en mucho tiempo nadie más le hubiera agradecido.

-Mi…- logró pronunciar -Miku…- definitivamente tenía una voz angelical y delicada. La pequeña entendió que se estaba presentando.

-Yuki, kaai Yuki- sonrió de lado. También había pasado mucho tiempo desde que platicaba con alguien más que no fueran sus padres, doctores o 24 y 80 hours.

No hablaron más, ambas tenían que aclarar su mente, no sabían el por qué estaban ahí, solo que Miku había escuchado a algunas enfermeras hablar sobre el circo.

En una jaula apartada del resto se podía ver la silueta de una persona sentada de espaldas, traía una camisa de fuerza que le impedía moverse bien. A Yuki le asustó ver como volteaba de repente y sus miradas se cruzaban, los ojos de aquel chico de cabellos azules fuertes estaban inyectados de sangre y con una ira animal. Se retorcía como si estuviera convulsionándose, su boca emitía gruñidos aterradores y luchaba para poder salir.

Kaai no podría soportar más estar ahí, pero desde que el maestro la sacó de la jaula no había visto a 24 y 80 hours de nuevo. Odiaba admitirlo, pero las necesitaba mucho, quería ver esos rostros aterradores que se habían vuelto tan familiares para ella.