Y llegamos a Japón! Capitulo tres

Espero lo disfruten


(Tokio, Japón. 2:30 pm)

El vuelo había sido corto, menos de dos horas. Aun así estaba tan cansado que lo único que anhelaba era poder llegar a su departamento y dormir a pierna suelta. Claro que esto no le sería posible.

Suspiro cansado mientras se recordaba así mismo una y otra vez el porqué iba a casa de sus padres. Había pasado casi un mes fuera de la ciudad junto con la banda, por lo que su madre le había prácticamente rogado para que pasara aunque fuera una o dos noches en "casa" tras su regreso.

Solo por el simple hecho de ser sus progenitores, tenía que respetar sus deseos, aun si eso significara tener que lidiar con la presencia y los venenosos comentarios de su padre, acerca del cuando recapacitaría sobre el rumbo que le estaba dando a su vida.

Nuevamente el joven dio un suspiro cansado ahora más sonoro, que difícil era ser el primogénito de una familia acaudalada.

El Aston Martin one-77 negro se estaciono frente a la puerta de la mansión Uchiha al tiempo que pensaba esto.

"Uchiha"

Un nombre tan respetado como temido. A veces detestaba tenerlo tatuado tan marcadamente en su imagen.

-Bienvenido a casa Itachi-Sama.- Lo saludo el mayordomo abriéndole la puerta.

-Buenas noches Usui-san.- Respondió educadamente el joven, mientras se adentraba a la casa y le entregaba su abrigo.

-La señora lo espera en la sala.- Le señalo amablemente el joven sirviente.

El Uchiha sonrió amablemente en señal de agradecimiento y camino en dirección al lugar indicado. La sedosa y suave cabellera negra azulada de su madre brillaba frente a él, resaltando por encima del descanso del sillón rojo en el que se encontraba la dama.

El joven se acerco hasta ella sin hacer el menor ruido y coloco su mano en el delicado hombro de su progenitora. Ella no se sobresalto, separo sus ojos del libro que sostenía y miro dirección de quien la interrumpía. Su sonrisa se expandió tiernamente al encontrarse con los orbes negros de su hijo.

-¡Itachi!- Antes de que él pudiera hacer algo, la mujer se había puesto de pie y rodeó el sillón en el que estaba sentada para poder dar un abrazo a su hijo.

-¿Cómo has estado madre?- Pregunto su hijo correspondiendo el gesto y besándola en la mejilla. Tal vez una de las únicas dos personas a las que les demostraría esa clase de afecto.

-Muy bien hijo. Pero dime, ven cuéntame- lo guió hacia el sillón para que tomara asiento- ¿Cómo te fue en tu viaje?-.

-En realidad preferiría permanecer de pie un poco más si no te molesta, necesito estirar mis piernas.

-Por supuesto, imagino que debes estar cansado del trayecto. Pero bien, nárrame entonces como estuvo tu viaje ¿Se divirtieron tu y los chicos?-

Una sonrisa tierna se dibujo en rostro de su madre, e Itachi rio para sus adentros, aquello era igual a las preguntas que le hacía cuando tenía 6 años.

-Nos encontramos con algunos contactos que podrían ser muy útiles para la banda, tal vez la presentación más importante fue en Kioto, ahí el publico recibe con más entusiasmo al grupo…

-¿En Kioto? ¿Acaso no sabes el daño que le harás a nuestra reputación si la prensa te encuentra en un bar de mala muerte? Y peor aún, ¡en una zona poblada por nuestros inversionistas!-.

La voz que lo había interrumpido estaba detrás de él, clavando puñaladas de desdén, como siempre. Itachi trato de ignorar el rostro cansado de su madre, que miraba detrás de él. El veinteañero por fin se giro para encontrarse con su padre.

Como había deseado evitar eso.

-No tendrías porque preocuparte padre, de todos modos TUS inversionistas no frecuentan aquellos lugares.- Soltó con voz fría Itachi.

-¡Por supuesto que no! Esas son personas sensatas y decentes. He dicho que la prensa es la que te podría encontrar ahí, los reporteros son de la misma carroña que los tipos que frecuentas.- Soltó con desdén el adulto.

-¡Te he dicho que no los llames así!- Exclamo molesto su hijo- ¡Además, no puedes probar que esas personas que llamas "decentes" lo sean! ¿Oh me equivoco padre?- Lo ultimo lo soltó con sarcasmo. Su padre se quedo mudo por instante antes de continuar.

Hace cerca de un año, uno de los más importantes inversionistas de la empresa familiar fue vinculado con Yakuzas por deberles una fuerte suma de dinero de diversos negocios ilícitos que llevaron a cabo para él. Fugaku había logrado, con sus influencias, que esto no pasara a la luz pública, solo la policía supo la razón de que los Uchiha les cerraran el paso. Claro que a pesar de sus esfuerzos, Itachi siendo como era, se había enterado hasta del más mínimo detalle.

-¡Cuando dejaras tus estupideces y asumirás tu verdadera responsabilidad! ¡Estoy comenzando a hartarme de tu inmadurez!- Si Itachi rozaba siquiera el tema, la furia de su padre explotaba.

-Fugaku, tienes que entender que es lo que nuestro hijo ha elegido y debemos de respetar su decisi…-

-No te metas en esto Makoto, no lo protejas, ya no es un niño.- Interrumpió a la mujer de ojos oscuros.

-No, pero al menos yo tengo la madurez para comprender que no todas las personas pueden hacer lo que a mí se me venga en gana.- Respondió Itachi.

-¡Suficiente! - Fugaku tomo a Itachi por el cuello de la camisa- ¡Tienes que comprender que eres un Uchiha! No somos cualquiera, somos superiores y por ello ¡Tienes que empezar a comportarte al nivel de tu apellido!

-¡TU Y TU MALDITO NOMBRE SE PUEDEN IR A…

-Vaya, veo que no me equivoque. Escuche gritos, así que imagine que había reunión familiar.- Una voz de joven interrumpió la pelea.

-Sasuke…- Makoto miro a su hijo menor, agradecida por aparecer en ese instante.

-No empieces con tu sarcasmo Sasuke.- Le ordeno su padre sin mirarlo, soltando a Itachi.

-Solo venia a darle la bienvenida a mi hermano, padre, es todo.- Una sonrisa de medio lado se dibujo en el rostro del peli azabache.

-Como sea, tengo que salir a una reunión.- Señalo Fugaku. Se dirigió a su esposa, la beso fugazmente de despedida y salió de la habitación.

Los tres Uchiha restantes se quedaron en la habitación en silencio. Ahora una batalla de miradas se llevaba a cabo entre los dos hermanos.

-¿Y cómo te fue con tus héroes del rock hermano?- Aquello saliendo de los labios de Sasuke solo era una burla.

-No es algo que te importe mucho Sasuke.- volteo con su madre.- Iré a la habitación a descansar.-

-Está bien, le diré a Usui-san que te hable para la cena.- Sonrió su madre aliviada, estaba feliz de que la pelea entre su esposo y su hijo no pasara a mayores.

Itachi se dispuso a salir del lugar, pero al pasar junto a su hermano menor fue tomado por el brazo. Ni siquiera se miraron.

-¿Se comunico contigo?- La voz del Uchiha menor era seria y fría.

-¿Quién?-.

-Sabes de quien hablo. No ha contestado mi mensaje… ¿Hablaste tu con ella?- Los celos se notaban en la voz del joven.

-Como lo dije Sasuke.- Respondió soltándose del agarre e indiferente.- No es algo de tu importancia.

El primogénito de los Uchiha salió de la sala y fue hasta su antigua habitación para encerrarse dentro.

El cuarto era enorme, con paredes rojas y negras. Un enorme ventanal daba a su terraza, del cual abrió las puertas dejar entrar aire fresco. La habitación también estaba rodeada de estantes repletos de libros, y en una esquina tenía su colección de guitarras. Había comenzado a comprarlas desde que tenía 15 años, ahora era el presumible propietario de 21 instrumentos incluyendo un bajo.

Se dejo caer de un salto en la cama y se quedo admirando el techo con sus manos enlazadas detrás de la cabeza. Podía sentir la tensión en esa casa desde el mismo momento que ponía un pie dentro. Si la tensión no la creaba su padre, entonces eran los celos de su hermano hacia él lo que detonaba las discusiones.

Miro su reloj, apenas habían pasado hora y media.

Dio un largo suspiro cansado una vez más, aquella visita seria eterna.

En ese instante, entro Sasuke azotando la puerta, sin ademan de pedir permiso para pasar.

-¿Qué no sabes que primero hay que tocar?- Soltó con desdén Itachi.

-Déjate de esas estupideces. Ahora me vas a decir lo que quiero escuchar.- Soltó el peli azabache enfadado.

-¿Ahora tu me vas a venir con órdenes a mi? Cada vez eres más estúpido "hermanito"…- Itachi solo sonrió de medio lado ante la reacción furiosa que tuvieron estas palabras sobre Sasuke.

-¡Dime si has hablado con ella o no Itachi!- Comenzó a gritarle a su hermano mayor.

-¡Se acabo!- El pelinegro se puso en pie y a paso veloz cerró la puerta que estaba detrás de Sasuke, tomándolo del cuello de la camisa, acorralándolo entre esta y su feroz mirada rojiza.

-Te voy a decir una cosa Sasuke, y que te quede bien claro… No quiero que le vayas a hacer algo a Sakura ahora que se quede en Tokio.- Soltó con voz amenazante.

-¡Lo que haga con ella o no, no es bronca tuya!- Respondió furioso intentando zafarse del agarre de su hermano, pero era inútil, Itachi era más fuerte que él, siempre lo había sido.

-¡Ella no es una de las zorras interesadas que te tiras detrás de los bares ni en los asientos traseros de los autos Sasuke! ¡Si le pones un dedo encima te romperé la cara!- Le grito Itachi.

-¿¡Y QUIEN CARAJO TE CREES TU PARA VENIR A DECRIME ESO? ¿Qué ACASO TE GUSTA SAKURA?- Ahora los ojos del Uchiha menor también brillaban con esa intensidad carmesí.

-Bueno, una vez mas Sasuke, te lo repetiré…- Itachi sonrió triunfante mientras lo soltaba.- ESO, no es de tu im-por-tan-cia.

El representante de Akatsuki abrió la puerta ante el mudo Sasuke.

-Y ahora, sal de aquí.

-Mierda Itachi.- Soltó Sasuke mientras salía hecho una fiera sellando la puerta detrás de él.

Itachi rio divertido ante la actitud de su hermano menor, a veces su obstinación lo volvía un completo idiota.

Por supuesto que no le gustaba Sakura, simplemente la amaba como a una hermana, por ello la cuidaría de todo. Aun si eso significaba protegerla de la persona que más le importaba… aunque Sasuke nunca se enterara de cuanto se preocupaba su hermano por él.

Nuevamente Itachi se desplomo en su cama y descanso su cabeza en la almohada, forzándose a sí mismo a dormir, para así matar algunas de las horas que le quedaban dentro de ese infierno que antes solía llamar "hogar".

(Tokio 7:30 pm)

Recostado en el sofá de la pequeña sala de su departamento, un joven de 22 años dormía profundamente, con su guitarra eléctrica tinta sobre su pecho y una colilla de cigarro, cuya flama se había extinguido hacía horas, aun entre sus labios.

Sin notarlo, otra persona entro dentro de la vivienda. Vestía unos vaqueros rasgados y una camiseta sin mangas negra. Un hombre de cabello castaño oscuro, negro y largo; alto, 25 años.

El hombre vio al peligris tirado sobre el sillón, se dirigió en silencio a la cocina y lleno una enorme jarra con agua helada. Se acerco hasta el durmiente, hizo ademan de querer tomar un poco de agua, pero en una reacción fugaz, mejor arrojo el contenido de la jarra sobre el músico.

-¡¿PERO QUE MIIIIIIERDA?- El tipo se levanto de un salto, tosiendo por las aguas gélidas que se metieron por su nariz y garganta, con su movimiento brusco arrojó su guitarra al suelo.

El otro hombre se quedo en silencio viendo como su víctima recuperaba el aliento.

-Cof... ¡¿Qué CARAJO CREES QUE HACES KAKUZU? Cof…coff…- No podía dejar de toser mientras veía al aludido de pie frente a él.

-¿Qué me pasa?- Pregunto tranquilamente levantando una ceja.- Pues veras Hidan… -Tomo aire- ¡CUANTAS MALDITAS VECES TE TENGO QUE REPETIR QUE NO TE QUEDES DORMIDO CON EL JODIDO CIGARRO ENCEDIDO!

-¿¡QUÉ? ¡¿SOLO POR ESA JODIDA ESTUPIDEZ ME AHOGAS CON 3 JODIDOS LITROS DE JODIDA AGUA FRIA? ¡MIERDA!- Hidan comenzó a caminar hacia el baño, al tiempo que se quitaba la camisa empapada. Kakuzu iba detrás de él gritando.

-¿"SOLO POR ESO"? ¡LA ULTIMA VEZ CASI INCENDIAS EL CONDENADO APARTAMENTO! SI TE QUIERES QUEDAR SIN CASA ES TU MADITO PROBLEMA ¡YO NO TENGO PORQUE QUEDARME SIN TECHO POR TU ESTUPIDEZ, CON UN CARAJO!-.

-Ya cierra la boca, jodes como si fueras mi perra.- Respondió bostezando Hidan, saliendo del baño secándose el cabello con una toalla.

-Juro Hidan, que si el alquiler no fuera demasiado alto como para pagarlo solo, te asesinaría ahora mismo.- soltó con rencor el tipo, entrecerrando amenazante sus ojos verdes.

-Vamos Kakuzu, como si en verdad pudieras hacer eso.- Se burlo el más joven riendo.

Hidan volvió tranquilamente, con la toalla sobre sus hombros, al sillón. Se dio cuenta de la guitarra en el suelo y la junto para verla de cerca.

-Agh, mierda… se le ha roto una cuerda.- La recargó por un lado del sillón. Tomo la cajetilla de cigarros de la mesa de sala (la cual estaba repleta de revistas y papeles) y encendió uno de los pitillos. Al ponerse de nuevo en pie, tumbo todas las hojas de dicha mesa al suelo.

Hidan vio el desastre, pero lo paso de largo para tomar su chaqueta de la barra de la cocina.

-Iré a comprar unas cuerdas.- Dijo mientras se dirigía a la puerta y se colocaba la chaqueta.

-Deberías juntar eso.- Señalo su compañero de piso mientras tomaba una cerveza del refrigerador, y veía el desastre que se había esparcido por el suelo.

Hidan miro hacia donde observaba Kakuzu, y comenzó a reír.

-¿Para qué? De todos modos ya las mojaste, no hay peligro de que las incendie con un cigarrillo.

-Idiota…- Murmuro el hombre. Tomo un sorbo de su bebida.- ¿Iras sin camisa a la calle?

-La única que tenia limpia esta chorreando agua en el baño.- Dijo frunciendo el gesto.

-No es mi problema que seas un holgazán.- Se burlo divertido Kakuzu.

-Idiota…. Como sea después vengo. – Dijo saliendo del departamento.

-¡Lleva las jodidas llaves esta vez!- Grito atreves de la puerta.

-Si "mi amor"- Grito Hidan sarcásticamente. De nuevo le daba a entender que se comportaba como una novia molesta.

-Idiota.- Susurro divertido Kakuzu para sí mientras se sentaba en la parte seca del sillón y encendía la televisión.

….

Hidan caminaba fuera del edificio de departamentos con la mano en los bolsillos del pantalón. La tienda de música estaba a 9 calles, pero caminar no le molestaba para nada. Vivía junto con Kakuzu en un buen apartamento que habían conseguido hacia años, en el barrio Koenji de Tokio.

Era natural que hubieran elegido aquel lugar para vivir, Koenji era la cuna del movimiento rock y punk en la ciudad, además de ser el barrio bohemio y musical de Tokio. Pasaban todas sus noches yendo a ese lugar, desde que tuvieron la suficiente edad para descubrir el alcohol. Simplemente un día llego un amigo de Kakuzu ofreciéndoles el departamento en una renta comprensible.

Kakuzu era el mejor amigo de Hidan, aunque no le gustara a admitirlo. El tipo era como un hermano, siempre discutiendo, pero apoyándolo desde la primera vez. Se conocían desde niños, pues ambos habían vivido en el mismo orfanato.

Al contrario de Hidan, Kakuzu tocaba el bajo en grupos simplemente de hobby, para pasar un buen rato. Aunque no lo aparentara, el tipo era un universitario con maestría en finanzas, toda su vida había vivido becado por las escuelas a las que asistía, que fueron las mejores. En ese momento ganaba buena plata, pero era demasiado avaro como para gastar mucho dinero por un piso en una mejor zona él solo.

Fue también él quien lo introdujo con Itachi, quien fue compañero y amigo de él desde el liceo. Los tres fueron los fundadores de Akatsuki, pero con el tiempo Kakuzu encontró imposible continuar con la banda y su trabajo, así que término abandonando al grupo, después Itachi decidió pasar tras bastidores y ser simplemente el manager.

Después de un tiempo los demás miembros actuales de la banda se fueron integrando poco a poco.

Hidan camino tranquilamente durante largo rato, hasta llegar a su tienda predilecta en lo que instrumentos musicales se trataba. Compro algunas cuerdas y púas, y emprendió de nuevo camino.

En el trayecto de regreso al departamento, tuvo ganas de otro cigarrillo, pero cuando quiso darle lumbre, se dio cuenta que su encendedor se había quedado sin gas.

-Mierda…- Susurro molesto mirando el aparatito desechable.

En eso una mano con las uñas pintadas de barniz negro surgió de la nada, ofreciéndole la flama de otro encendedor. Hidan siguió con la mirada aquel brazo hasta dar con el rostro de la mujer que ofrecía aquel fuego. La despampanante sonrisa de una mujer pelirroja lo saludo con coquetería.

-¿Buscas fuego?- Pregunto en un doble sentido que no dejaba nada a la duda.

Hidan la escaneo con la mirada un instante, acerco el rostro con el cigarro entre sus labios al encendedor y tomo una larga bocanada de humo. ¿Por qué no? Sería como una especie de bienvenida a casa. Su sonrisa socarrona se dibujo al instante y sus ojos amatista refulgieron con deseo.

-Guíame a donde quieras y te mostrare lo que es un jodido incendio.-Le dijo a la mujer de ojos oscuros.

-No has cambiado nada Hidan.- Comento la chica complacida.

-Te equivocas Misa, hay algunas cosas nuevas de puta madre que me gustaría enseñarte…- Presumió arrogante el músico.

Ella sonrió ante el comentario, tomo su mano y lo guio al interior de un bar de la zona. Un poco de preliminares antes del sexo no dañaría a nadie. No había prisa, tenían toda la noche, y aquello era territorio ya explorado.

(Aeropuerto Internacional de Narita, Tokio, Japón. 2:15 am)

El avión ya había aterrizado, la familia Haruno bajaba del jet para por fin poner los pies en tierra Nipona.

Minato dio un largo respiro eufórico y sonrió, hasta el aire se sentía diferente en sus pulmones, algo en la atmosfera lo hacía sentir más ligero. Tomo la mano de su mujer y la apretó con cariño, ella lo miro a los ojos; El rubio estaba feliz.

-Bienvenido a casa amor.- Le susurro Kushina al odio y beso su mejilla. Ella también se encontraba feliz.

-¡Dios mío! ¡No puede ser que haya pasado doce horas en un avión! Que tortura…- Se quejo Sakura estirándose mientras caminaba.

-¿De qué te estás quejando Saku-chan? ¡Pasaste la mayor parte del vuelo dormida! Despertaste por unos minutos, después comiste algo, enseguida te volviste a dormir, despertaste y te arreglaste un poco… ¡Y Casi te quedas dormida de nuevo cuando estábamos aterrizando!- Le reclamo Naruto burlesco.

-¡Cállate Naruto! Solo estaba cansada, es todo…- Soltó indiferente ocultando su molestia.

-Pues yo más bien creo que eres algo perezo… ¡OUCH!- Naruto recibió el primer golpe en su cabeza en tierra Japonesa.

-¡QUE TU SEAS UN MALDITO GEEK ADICTO A LOS VIDEOJUEGOS Y PUEDAS PASAR 12 HORAS JUGANDO HALO SIN PARAR, NO QUIERE DECIR QUE SEAS MAS ENERGICO QUE YO!- Grito hecha una furia la pelirrosa.

-No llevamos ni tres minutos de haber llegado a Tokio y ya están causando una revuelta.- Comentó divertido el padre de los chicos.

-Al parecer no importa donde estemos, las cosas no cambiaran mucho.- Añadió Kushina.

Sakura enmudeció tras ese comentario, no creía que aquello fuera muy acertado. Naruto comprendió el silencio de su hermana y decidió callarse también, le daría un largo tiempo a Sakura antes de intervenir.

La familia camino a través del desolado aeropuerto, el vuelo del ex embajador se había arreglado para que llegara a una hora que el lugar se encontrara vacio. Era un favor que sus amigos influyentes le habían hecho, no quería tener que lidiar a la prensa tan rápido, y menos que estos afectaran la adaptación de sus hijos y esposa a la mudanza.

-Buenas noches Señor Haruno.- Saludo inclinándose respetuosamente un hombre vestido de traje de chofer en la entrada del aeropuerto.

-Buenas noches Nara-san.- Saludo el rubio mayor.- Kushina, Sakura, este respetable hombre es Nara Shikaku, (Naruto ya lo conoces). Es el encargado de transportarnos a su madre a mí por la ciudad o a la familia entera en eventos formales. Cuando ustedes necesiten quien los lleve, su hijo Shikamaru será quien conduzca. Espero que los traten con la cortesía que se merece.- Les dijo dirigiéndose a sus hijos.

-Si padre.- Fue lo que contesto Sakura. La reacción de Naruto fue un poco más exagerada.

-¡¿Eh? ¿Cómo es que el vago de Shikamaru puede tener una licencia y yo no?-.

-Bueno, creo que Shikamaru no violo 27 reglas de transito en los primeros dos días con su permiso de conducir ¿oh me equivoco Nara-san?- Pregunto volteando hacia el hombre.

-Mmm, prefiero no opinar señor- Respondió con una sonrisa entre incomoda y divertida Shikaku.

-¿Y yo qué? Yo no he violado ninguna regla de transito.- Pregunto Sakura.

-¡No la violaste en Paris! ¿Pero recuerdas lo que paso cuando intentaste conducir en Londres?- Cuestionó su padre.

Sakura tuvo un fugaz recuerdo de un mini Cooper rentado, un Naruto gritándole nervioso y la sensación de estrellar el coche contra la esquina de una casa.

-Mmm… ¿no?- Lo único que se le ocurrió fue fingir demencia. Minato solo suspiro cansado.

-Tuvieron suerte en no herirse, pero la señora de la casa estaba hecha una furia. Fue suficiente para darme cuenta de que eres un desastre conduciendo con el volante a la derecha. Y como aquí es igual que en Inglaterra… no automóvil hasta que te perfecciones.- Finalizo cruzando los brazos.

-Bien, de acuerdo.- Dijo derrotada la pelirrosa. El recordar los histéricos gritos de aquella cuarentona londinense aun le daba jaqueca.

-Señor, lo mejor será que suban al auto, ya es bastante tarde.- Le comento el chofer.

-Ah claro, vámonos.- Ayudo a su esposa a subir al auto y el subió detrás de ella, de ahí lo siguió Naruto y finalmente la chica. Sakura siempre se había negado a subir primero, le gustaba estar junto a la ventana. Su padre se lo permitía siempre y cuando no fuera un evento formal, en donde él tenía que bajar primero para ayudar a bajar a las damas.

Antes de entrar a la limosina, Sakura tuvo la sensación de ser observada, se quedo un instante de pie escrutando entre las sombras del edificio antes de decidir que todo había sido imaginación suya.

En el trayecto a su nueva casa, Sakura contemplo asombrada las brillantes luces de neón y letreros que se veían por toda la ciudad. Un océano de gente se extendía por todas partes a pesar de la hora, eran tantas personas que tuvo que tomarse un instante para calmarse y quitarse esa sensación de claustrofobia que la invadía.

Por supuesto, Naruto no dejaba de parlotear todo el camino, emocionado al describirle a la chica todos los lugares a donde la llevaría después, y todos los sitios que le gustaba frecuentar cuando viajaba a Tokio junto a su padrastro para visitar a Sasuke y a Sai. A ratos lo podía escuchar, de manera muy difusa por su mar de pensamientos que la ensordecían.

-¡Y en ese lugar venden el mejor Ramen de la zona! Te encantara Saku-chan, el de mamá es bueno, pero no tiene nada que ver con el de Ichiraku… ¡OH! Y ese club es de música House, se que amas esa mu….-.

"Pero que alguien me diga en que planeta aterricé… Todo es tan… ¿extravagante? Esto será imposible"

Los pensamientos de Sakura parecían ser aun menos optimistas después de haber llegado a su nuevo hogar.

La casa en si era entre moderna y tradicional, una mezcla muy bizarra, aunque debía admitir que era vanguardista, bastante chic. Tenía el estilo de las viejas casas de madera y papel que aparecían en las películas de Samuráis, pero el papel de las puertas había sido remplazado por cristales. Tenía unos hermosos jardines y fuentes que transmitían serenidad. La edificación, nada sencilla, era de tres pisos, más o menos del mismo tamaño que su antigua casa y con más habitaciones.

A pesar de todo, el contraste de estilos tradicionales entre Europa y Asia era demasiado notorio. Por primera vez en su vida agradeció ver a los guardaespaldas en sus trajes negro sastre custodiando la entrada de la residencia, al menos eso era familiar.

-¡Waaa! Esto es mil veces mejor que los hoteles en los que nos quedábamos de visita Minato-san…- exclamo emocionado Naruto.

-Me alegro que te guste Naruto. Y a ti Sakura: ¿Qué te parece?- Pregunto muy sonriente el hombre mirando a su hija.

-Es… muy linda padre.- Fue lo único que se le ocurrió decir. No era mentira, pero tampoco era la respuesta que sabía que su padre buscaba. Este frunció con preocupación el ceño.

-Sakura…- Comenzó a decir serio Minato, pero Kushina lo interrumpió.

-Sakura ¿recibiste algún mensaje de tus amigos en el avión?- Pregunto muy curiosa la dama.

-¿Eh?-La pregunta la tomo por sorpresa.- Emm si… uno de Amelie, uno de Itachi, uno de Sasuke…-.

-¡¿Qué? ¡SASUKE TE ENVIO UN MENSAJE! ¿¡QUÉ TE DIJO ESE IDIOTA!- Los celos de su hermano salieron a flote al escucharla.

"Mierda… olvide omitir esa parte" Se reprendió internamente la chica. Pero su madrastra acudió al rescate.

-¡Naruto! No interrumpas cuando alguien está hablando.- Le lanzo una mirada muy seria que lo hizo callar de inmediato.- ¿Solo ellos Sakura?- Se dirigió de nuevo sonriente a la joven.

-Este, también uno de Ino… que por cierto me dijo algo de una sorpresa que no entendí muy bien.- Murmuro pensativa la joven recordando el mensaje.

Minato y Kushina se miraron sonrientes con complicidad. Por supuesto los ojos jade de la chica lo notaron.

-¿Qué acaso ustedes saben algo que ignoro?-. Los cuestiono intrigada.

-Pues, digamos que también nosotros cooperamos en esa sorpresa.- Respondió el ojiazul mientras abrazaba por detrás a su esposa.

-Entra a la casa y veras de que hablamos.- La ánimo su madrastra.

Sakura levanto una ceja curiosa y se abrió paso hacia la mansión. Se paró en seco frente a la puerta, con la mano sobre la manija. Su mano temblaba, no ante el hecho de la tan mencionada "sorpresa" sino más bien al miedo de cómo luciera por dentro su "hogar". Al parecer tardo bastante en decidirse en entrar, porque unos murmullos comenzaron a escucharse desde adentro, a través de la puerta.

-¡Ya tardaron demasiado! Dijeron que llegarían hace décadas…- Se quejo escandalosamente una voz de mujer.

"¿Qué? Esa voz es de…"

-S-si, te dijeron que ya venían, n-no deben de tardar. No desesperes.- Dijo otra tímida voz.

-Hinata, eres demasiado paciente.- soltó la otra cansada.

"¿Hinata?" Eso fue todo, se decidió a entrar.

En el momento exacto en que abrió la puerta, los brazos de una chica rubia de 17 años se abalanzaron sobre ella, estrujándola en su abrazo.

-¡SAKURAAAA ¡! ¡KYAA!- Comenzó a gritar la chica, dando saltitos de alegría.

-I-Ino, no p-puedo respirar…- susurro asfixiada la pelirrosa.

-¿Qué dices?- Pregunto la rubia eufórica.

-Creo que deberías soltarla Ino.- Susurro gentilmente una joven de cabellos azul oscuro y ojos aperlados.

-¡Hinata!- La ojijade abrazo a su amiga y a cambio recibió un abrazo aun más fuerte que el de la otra joven.

-¡Te extrañamos mucho Sakura!- Grito Ino, convirtiendo eso en un abrazo de grupo.

-Es muy bueno verlas, pero ¿Qué hacen aquí tan tarde?- Pregunto intrigada la chica separándose.

-E-esto….Ah pues veras…- Comenzó a decir Hinata, pero fue interrumpida por la madrastra de Sakura.

-La joven Yamanaka y Hyuga pasaran una estancia con nosotros, mientras sus padres están viajando por negocios. Además, tu padre y yo pensamos que de esta manera te sería más fácil adaptarte al cambio.- Lo último lo dijo con su característica mirada amable.

-Entonces… ¿se quedara aquí?- Preguntó mirando a Kushina, quien solo asintió.

-¡Tenemos tanto que contarte Sakura! Ha pasado mucho tiempo, ayudamos a preparar tu habitación…- Antes de que pudiera opinar algo la pelirrosa fue arrastrada por su entusiasta amiga de ojos azules hacia las habitaciones de arriba.

-¡Y he aquí!- Grito jovial mientras le había la puerta a su recamara.

La joven Haruno se quedo muda al entrar a la habitación. Sus muros estaban pintados de blanco, para que ella decidiera lo que quería poner en ellos, a excepción de eso, su habitación estaba distribuida exactamente igual a la que tenía en Francia, mismos muebles, instrumentos, aromas… era un poco escalofriante.

-Gracias chicas.- Les dijo sonriendo, fingiendo felicidad. Sus amigas la volvieron a abrazar y entraron junas a sus aposentos.

Todo lo que siguió de la noche fue un sinfín de charlas y bromas sobre lo que había sucedido en la vida de las tres chicas. Sakura fue mostrando más entusiasmo ante la idea de tenerlas con ella, conforme avanzaban las horas. Al final, casi al amanecer, Hinata e Ino se quedaron dormidas.

Sakura aprovecho el momento de soledad para tomar su móvil, salir al balcón y realizar una llamada. El teléfono sonó dos veces antes de que lo atendieran.

-Ya se me hacía muy extraño que no me llamaras. Empezaba a dudar si habías tomado un vuelo directo a Tokio o a las Filipinas.- Saludo una voz adormilada de hombre que cualquier mujer hubiera catalogado como sensual. La chica sonrió.

-Vaya… ¿qué te parece? Suena como que tu inquebrantable paciencia se estaba resquebrajando.- Lo provocó juguetona la joven.

-Sabes que solo tú puedes preocuparme Sakura.- Podía imaginarse la sonrisa que estaba poniendo él en ese momento.

-Perdona por no haberte llamado antes Itachi, es que Ino y Hinata están aquí, al aparecer se quedaran por una temporada.- Comenzó a contarle la joven.

-¿Y eso no te entusiasma? Creí que eran tus amigas más cercanas…- Se extraño Itachi.

-¡Por supuesto que me alegra!- grito a la defensiva, pero inmediatamente bajo la voz por miedo a despertar a sus amigas.- Lo que sucede es que ya de por si es difícil intentar aparentar felicidad frente a mis padres, como para que encima tenga que fingir ante ellas… no me gusta mentirles.- su voz se había tornado algo melancólica.

-¿Tan malo es?- Pregunto el pelinegro.

-Cuando estaba sola en la parte trasera del jet y vi la torre de Tokio, me desplome en llanto. El hecho de que la torre Eiffel fuera lo último que viera y la esta lo primero en Japón… resulta algo irónico ¿no crees?- Una sonrisa decaída se pinto en sus labios.

-Estaré aquí como siempre para lo que me pidas, no lo olvides. Tu ventaja es que ahora me tendrás más cerca.- Bromeo como en coqueteo Itachi.

-Lo malo es que también tendré cerca a Sasuke…-

-¿Andamos pesimistas hoy verdad? Más te vale cambiar de actitud para cuando te vea en la cena de ahora.- Dijo serenamente el veinteañero.

-Está bien, y más te vale a ti llegar a tiempo.-

-A las 8 en punto la estaré saludando señorita Haruno.- Aseguro con voz de caballero Itachi.

-Ok, entonces hasta entonces. Cuídate.- La joven estaba a punto de colgar, pero la voz de su interlocutor la detuvo.

-Sakura…-.

-¿Si?-.

-En verdad me alegro de que estés aquí, hermana.- la última palabra hizo a la chica sonreír. Después colgó el móvil, sabía que no tenía que agregar nada más.

Uchiha Itachi, uno de sus mejores amigos. Cómo lo quería, a ese tipo de apariencia fría y seria que le había demostrado ser todo lo contrario, protegiéndola desde pequeña.

Que diferente sensación era la que le causaba su hermano, Sasuke.

Al pensar en el nombre, su corazón empezó a latir nervioso, apresurado. Esa noche seria la cena con la familia Uchiha, por fin, después de tantos años vería a aquel que fue su primer amor, ¿Cómo reaccionaría al tenerlo frente a frente?

La sensación que la embargaba en ese momento, no sabía si era buena o mala, pero estaba ansiosa por saber que pasaría en la velada.