¡Buenas noches preciosas criaturas!
Les traigo capitulo nuevo! Lamento mucho la demora.
Agradezco mucho todos sus comentarios, me alegro de que les haya gustado este fic.
Perdonen todos mis errores!
Disfruten de su lectura!
Makoto dormitaba tranquilamente gracias a los efectos de los calmantes, Haruka estaba a su lado sin soltar su mano; las lágrimas que habían caído de sus ojos ya estaban secas, y ahora sólo se encontraba observando a su amigo, no tenía idea de la hora, ni mucho menos de lo que estaba pasando a su alrededor, su mundo se había reducido a aquel chico que tenía adelante, Makoto se veía hermoso mientras dormía, pero bien sabía que detrás de esos párpados sólo había belleza muerta y sin gracia. El pelinegro cerró los ojos por un momento, estaba cansado, muchas emociones vividas en tan corto tiempo, habían hecho estragos en él ¿Qué pasaría ahora? ¿Makoto volvería a ser el mismo? La incertidumbre lo invadía y lo carcomía por dentro, como le gustaría poder poseer los engranajes del tiempo y manipularlos para que retrocediera, tal vez la muerte de su familia era inevitable, pero podría haber evitado que el menor presenciara tal asqueroso y sangriento festín.
—Deberías descansar —El joven doctor encargado de Makoto entró a la habitación con una humeante taza. Haruka abrió lentamente los ojos, estaban hinchados y el brillo en ellos era opaco— Sé que no te quieres separar de tu amigo —Le entregó la taza, que contenía leche caliente— Dicen que una taza de leche caliente por las noches te ayuda a relajarte y dormir.
—Gracias… —Susurró mientras sostenía la taza con ambas manos, la calidez de la taza le daba una pequeña sensación agradable que hacía minimizar sólo un poco el congelamiento que sentía en su interior.
—Sólo puedo ofrecerte la comida del hospital si tienes hambre —Se acercó al chico durmiente y comenzó a revisar sus signos vitales, dirigió su anaranjada mirada hacia el pelinegro, sólo para recibir un movimiento de cabeza negativo, sonrió comprensivo, nadie tendría hambre en un momento como este.
— ¿Estará bien? —El doctor podía sentir el anhelo detrás de esa pregunta, soltó un gran suspiro mientras ponía una mano sobre la frente de Makoto para comprobar si no tenía fiebre.
—No me gusta mentir —El menor estaba algo afiebrado pero no era nada de lo que preocuparse, acarició las hebras oliva buscando las palabras exactas para poder explicarle la difícil situación al adolescente de orbes oceánicos— Él… No va a estar bien.
Haruka no volvió a preguntar ni a hablar, no quería saber la realidad con la que se encontraría cuando Makoto despertara. Decidió beberse la leche antes de que enfriara, el mayor sólo miraba desde su lugar, sentía lástima por el pelinegro y mucha más por el de orbes esmeralda, él sabía cuáles eran las consecuencias que sufrían las personas en este tipo de casos, y también sabía que la recuperación era lenta y dolorosa, incluso habían veces en que la persona jamás se recuperaba y caía en una profunda depresión de la cual no se podía sacar, pero de algo que estaba seguro, era que todas las víctimas quedaban con secuelas, y algunas eran muy graves.
Cuando el adolescente de profundos mares abrió los ojos, se preguntó en qué momento se quedó dormido y en qué momento le habían puesto una manta encima; una luz tenue lograba traspasar las persianas cerradas que colgaban de las ventanas, un silencio puro inundaba la habitación que sólo se veía ensuciado por el constante pitido del electrocardiógrafo que enunciaba los latidos de un corazón destrozado, y por último, una tranquilidad inquietante que lo atemorizaba porque no sabía qué hacer además de esperar, y lo peor de todo es que no sabía tampoco qué esperar. En un vago pensamiento recordó su celular, lo había tenido apagado desde que la llamada de sus padres concurrió en el peor momento de su vida, se preguntó si estarían molesto con él por no haberles contestado, en sí, la respuesta no le importaba, pero aun así le daba curiosidad. Cuando lo volvió a encender, se sorprendió de la cantidad de llamadas perdidas que tenía; unas tres eran de sus padres, y el resto eran de Nagisa, Rei y Rin, siendo este último el que más había llamado, no entendía por qué lo habían llamado tantas veces, pero sospechaba que era por lo que había ocurrido; no devolvió ninguna llamada, no tenía ánimos para hacerlo, en cambio sólo apoyó su cabeza sobre el colchón donde descansaba el menor, y se quedó hipnotizado viendo cómo el diafragma del nadador subía y bajaba armoniosamente, sin percatarse de la feroz tormenta que estaba arremetiendo su endeble mundo que no estaba preparado para catástrofes de esas magnitudes. Después de entrar en relativa calma al observar la respiración de su amigo, orientó sus mares a su rostro, carecía de su bella sonrisa, y eso para él era algo que no quería perder, porque Makoto sin su sonrisa no era Makoto.
Una enfermera entró a la habitación y en cuanto vio a Haruka, le regaló una tierna sonrisa, llevaba consigo una pequeña bandeja en la que habían algunas jeringas y tubos.
—Buenos días —Saludó amablemente mientras manipulaba la vía intravenosa del adolescente de hebras oliva.
—Buenos días —Haruka dijo en voz baja mirando con detención lo que hacía la mujer, al parecer le estaba administrando algunos medicamentos, pero no estaba seguro.
—Son calmantes y un antipirético para la fiebre —Explicó la enfermera al ver la mirada interrogadora del pelinegro— Ya que se le subió un poco en la madrugada —El menor asintió sin dejar de ver lo que hacía la fémina, cuando terminó de medicar a su mejor amigo, se acercó a él y puso una mano suavemente sobre su mejilla— Estás pálido ¿Has comido algo? —Haruka se encogió un poco ante el sutil toque de la enfermera y negó en silencio desviando la mirada— Entonces ven conmigo.
—No es necesario… —El nadador miró discretamente a Makoto, si salía de la habitación tendría que separarse de él, y eso es lo que menos quería en ese momento, porque Makoto podría despertar y no ver a nadie a su lado.
—Tú amigo estará bien —La enfermera tiró con delicadeza del brazo del chico obligándolo a ir con ella— No despertará hasta entrada la tarde o incluso hasta mañana. Ahora vamos, tienes que desayunar para recuperar energías.
Al salir de la habitación, se encontró con un mundo distinto al que ha estado viviendo las últimas horas, habían enfermeras y doctores caminando de aquí a allá, siguiendo su rutinaria vida como si nada, era increíble el contraste de realidades que se podía encontrar en un hospital. En donde una vida nacía y otra moría a cada minuto, donde el llanto podía ser de felicidad en una habitación y en otra de una profunda tristeza, y en donde simples palabras podían entregar inmensas esperanzas, así como también arrebatarlas. A Haruka no le gustaban los hospitales, porque cada vez que visitaba uno, no era para algo bueno. La enfermera lo llevó a desayunar con ella y con las que estaban de turno, el pelinegro se sentía algo incómodo al estar rodeado de mujeres, que con sus animosas sonrisas trataban de derrumbar ese estoicismo frívolo que adornaba su rostro, sin embargo fue cortés, y contestó sin llegar a crear oraciones completas, a las preguntas que le hacían. Ya terminado su desayuno, dejó a las enfermeras con un leve gesto y se dirigió nuevamente hacia la habitación donde se encontraba su mejor amigo.
—Haru —El pelinegro se volteó al escuchar su nombre, y se llevó la sorpresa de ser recibido por unos fuertes brazos que lo rodearon en un gran abrazo— Gracias a Dios que estás bien.
—Rin… ¿Qué haces aquí? —Haruka se apartó del pelirrojo y lo miró extrañado.
— ¿Cómo que qué hago aquí? —Rin frunció el ceño, pero su semblante no era de molestia— Estoy preocupado por ti, Rei y Nagisa también lo están, ya que no contestas el celular.
—Lo siento —Desvió la mirada, si el adolescente de orbes rojizas estaba aquí, es porque debió haberse enterado de todo.
— ¿Y Makoto? —La voz del más alto se quebró un poco al decir el nombre de su amigo— Por favor dime que está vivo —El chico de hebras oscuras se encontró con los infiernos escarlata y en ellos podía ver el miedo y la profunda preocupación.
—Lo está —Dijo sin siquiera pensar, fue una respuesta automática— Ahora… me dirigía a verlo.
Rin siguió al nadador en silencio, se sentía inquieto, impaciente e incrédulo; la noticia lo había golpeado fuertemente, fue Gou quien lo había llamado muy preocupada y alterada, ya que en los noticieros estaban hablando sobre el horrible asesinato de una familia y el lugar en el que había ocurrido era en la casa de Makoto. A pesar de que no habían dado nombres, la chica supo de inmediato de que la casa que mostraban, era la del adolescente de cabello oliva. Al principio no le quiso creer a su hermana, pero después de que cortara la llamada, le había llamado Nagisa diciéndole lo mismo, luego fue Rei con la misma información; así que decidió llamar al pelinegro, después de todo era el que vivía prácticamente al lado de Makoto, pero éste no contestaba, no importaba cuantas veces llamara, lo único que tenía de respuesta era la grabadora indicando que el teléfono se encontraba apagado. Había llegado al hospital, gracias a que habían anunciado que un sobreviviente de la masacre se encontraba allí. El depredador sintió un gran alivio cuando vio a Haruka y sintió uno más grande al saber que Makoto estaba vivo.
Cuando entró a la silenciosa habitación donde se encontraba el precioso chico, se sorprendió al verlo dormido, conectado a máquinas y sondas, se acercó al muchacho que parecía tranquilo, pero nadie podría saber qué era lo que estaba ocurriendo detrás de esa abrumante serenidad.
— ¿Está herido? Quiero decir si… le hicieron daño, ya sabes —Rin se sentía algo estúpido al hacer esa pregunta, obviamente Makoto estaba herido, después de todo había perdido de una forma nefasta a su familia.
—Está bien… —El adolescente de orbes oceánicos no supo cómo pudo decir eso tan fácilmente, porque era una gran mentira. Tal vez fue para convencerse a sí mismo más que para contestarle al otro chico.
—Haru… ¿Qué fue lo que pasó? —El depredador no quitaba la mirada de aquel adolescente inconsciente, tenía miedo de que si lo tocaba fuera a despertar de un sueño que tal vez era lo único que lo mantenía con vida.
Haruka se preguntaba lo mismo, todo era tan surrealista, digno de aquellas películas y juegos que a Makoto le atemorizaban tanto. Sólo ayer aquel adolescente estaba sonriéndole como siempre lo hacía, y ahora lucía como una flor marchita incapaz de volver a brillar. Un gran suspiro salió de sus labios, sintiendo como su alma trataba de escaparse en él, no tenía ánimos para hablarle sobre tragedias, pero Rin tenía derecho de saber, porque también era un importante amigo del nadador.
El detective Ozaki se encontraba en la estación, investigando más sobre la familia del adolescente de orbes esmeraldas, no podía ser que no existiera ningún familiar con el que pueda comunicarse y hablarle sobre lo sucedido, porque el menor no podía quedarse solo, mucho menos si seguía en ese estado de ensimismamiento, alguien debía cuidar de él. Se dirigió hacia la sala en donde se encontraban interrogando al asesino, que no había dicho nada aparte de su amor por los ojos verdes; esperó fuera de ella, sólo podía escuchar la voz de su compañero que le hacía constantes preguntas que quedaban en el aire, ya que el criminal no se molestaba en responder. Terminado el interrogatorio, un hombre vestido de traje y corbata, con el cabello de hebras rubias algo corto y orbes pardos, salió de la sala en que estaba con el homicida.
— ¿Conseguiste algo? —Le preguntó a su compañero a lo que éste suspiró cansado.
—Nada, sólo se queda ahí mirándote como si fueras la cosa más interesante del mundo —Contestó mientras se pasaba una mano por el pelo.
—Tienes que presionarlo más, necesito que hable.
—Pues inténtalo tú, yo no quiero estar ni un minuto más encerrado en una habitación con ese tipo —Decía el rubio apuntando al lugar donde se encontraba el criminal— ¿Lo has visto a los ojos? Es como… Es como si hubiera algo muerto y podrido dentro de él, realmente es muy perturbador.
—No seas cobarde —Ozaki rodó los ojos cruzándose de brazos— Este tipo de asesinos son así, tratan de infundirte miedo, cuando en realidad son ellos los que están asustados.
—Puede que trabajando en los barrios más peligrosos de Tokio estés acostumbrado a estas cosas —Hizo una pausa para respirar profundamente— Pero aquí en Iwatobi no lo estamos, y ahora que se encargaron de hacerlo público la gente vivirá con miedo en una ciudad que era muy tranquila.
—Si se crea una paranoia colectiva, sabes perfectamente a quienes culpar —El detective tomó su chaqueta de cuero junto a las llaves del auto— Iré a ver al chico, tal vez este sea un día mejor.
Cuando Tarou llegó al hospital, pudo ver que se encontraba rodeado de periodistas, dispersos por todos lados buscando información, trató de pasar lo más rápido y desapercibido posible, para que no lo vieran y llenaran de preguntas que sin importar toda la insistencia que le impusieran, no contestaría. Llegó al pasillo donde se hallaba la habitación de Makoto y se acercó a uno de los mesones en donde se encontraba el joven doctor hablando por teléfono.
—Ya le hemos dicho que no podemos brindarle esa información, es confidencial, así que por favor dejen de llamar —Explicaba mientras se sobaba las sienes. Los de la prensa habían estado llamando toda la mañana y para el doctor que no estaba acostumbrado a ello, le era muy agotador tener que estar lidiando con ese trabajo. El hombre más alto, cansado también por la testarudez de los periodistas, que para él realmente parecían una jauría de perros hambrientos que luchaban entre ellos para obtener el mejor pedazo de carne, le arrebató el teléfono al castaño y empezó a hablar por él.
—Buenas, soy el detective Ozaki Tarou y estoy a cargo del caso del que quieren tanto hablar —El doctor llamado Tora lo miró algo extrañado, después de todo el de ojos miel fue muy enfático en decirle que no quería que le dieran información de su caso a absolutamente nadie, y ahora parecía que él mismo se las iba a dar— Espero que tengan un lápiz y papel consigo, porque les tengo el titular de su primera plana, así que escuchen bien… ¡Váyanse a la mierda! —Y sin más que decir, colgó abruptamente.
—Usted realmente no conoce la cortesía —Decía el de lentes mirando algo sorprendido al de cabello entre castaño y anaranjado.
—Anami… ¿Acaso eres cortés con las ratas que entran a tu casa a roer tu comida?
—Ese es un mal ejemplo —Suspiró ordenando algunos papeles que estaban sobre el mesón— Y también veo que no conoce las formalidades.
—Es el mejor de todos, como sea, averiguaste lo que te pedí —Dijo ignorando las palabras del doctor.
—Sí —Rodó los ojos preguntándose si aquel hombre conocía la palabra amabilidad— Revisé las fichas y registros de Makoto-kun buscando algún contacto, y los únicos que tiene son sus padres, nada más.
—Qué es lo que voy a hacer con este chico —El mayor se revolvió frustrado sus hebras, necesitaba a alguien que se hiciera cargo del muchacho, que velara por él y también lo protegiera. Esto se estaba complicando, tenían todo y a la vez nada. Las pruebas estaban ahí pero los testimonios no, y simplemente no podían ir a un juicio sin declaraciones, lo peor de todo es que tenían que encontrar a una persona pronto, porque si no, el adolescente quedaría en manos del Estado, y él no quería eso para Makoto.
—Usted es el detective, debe saber encontrar a algún familiar, aunque sea lejano —Al doctor también le preocupaba mucho la situación, ya que si sus sospechas eran ciertas, lo que vendría después podría llegar a ser muy problemático y tormentoso, especialmente para quien decida estar con aquel chico.
—Créeme que he estado haciendo todo lo posible, llamé a su escuela e incluso conseguí comunicarme con su antiguo entrenador de natación, y me dieron la misma respuesta que tú —Para el detective, esto era como buscar una aguja en un pajar, se escuchaba sencillo, pero era muy difícil— ¿Sigue dormido? Pasaré a verlo —Ozaki no esperó a que el castaño le contestara, simplemente se dirigió hacia la habitación en donde se encontraba el menor, cuando entró se llevó una sorpresa al ver a Haruka junto a otro adolescente que nunca había visto— ¿Y esto?
—Es un amigo de Makoto también —Respondió el pelinegro, Rin se levantó de su asiento al lado de la camilla e hizo una pequeña reverencia.
—Me llamo Matsuoka Rin y lo siento mucho sé que las visitas están prohibidas pero…
—Está bien, me alegro que estén aquí —Interrumpió sonriéndole a ambos muchachos— Así me pueden hablar más sobre Makoto, y también algo de su familia.
Los dos nadadores se miraron en silencio y asintieron levemente, le empezaron a contar todo, desde que lo conocieron hasta el día de hoy, en el caso de Haruka no tenía una verdadera cuenta de hace cuanto conocía al chico de orbes esmeralda, pues desde que tenía memoria lo recordaba. Habían muchas cosas que Rin dijo, que el pelinegro no sabía, y eso le llamaba bastante la atención, porque creía saber todo sobre su mejor amigo, pero al parecer el menor le ocultaba algunas cosas, como lo de estudiar en Tokio. Siguieron contestando las preguntas que les hacía el mayor, hasta que una enfermera irrumpió en la habitación junto al joven doctor, el detective miraba sigiloso los movimientos de la mujer que le estaba inyectando algo a Makoto.
— ¿Qué es lo que le están poniendo? —Preguntó entrecerrando los ojos.
—Calmantes —Le contestó el doctor revisando algunas hojas.
— ¿Qué? ¿Acaso no lo estás mirando? ¡Está totalmente drogado! —Decía frunciendo el ceño— ¿Tratas de llevarlo a un coma inducido o qué?
—Le evito una taquicardia —El doctor le contestó algo molesto— Son antiarrítmicos y están diluidos, por lo que su efecto es muy poco. No sabemos cómo va a despertar, así que estos medicamentos lo ayudan a relajarse.
—No quiero dudar de tus habilidades Anami, pero espero que no lo estés llenando de calmantes sólo para retrasar su despertar.
—Usted es muy desconfiado Ozaki-san —El castaño tocó la frente del muchacho y sonrió al ver que su fiebre había bajado— Pero descuide, todo lo que estoy haciendo es por el bien de Makoto-kun, y tampoco le estoy retrasando su despertar, es más, Makoto-kun puede despertar en cualquier momento ahora que su fiebre bajó, incluso puede hacerlo en este mismo instante.
Los dos adolescente estaban en silencio presenciando la pequeña discusión de los mayores, Rin estaba preocupado, no quería saber qué pasaría cuando Makoto despertara de su acogedora narcosis, algo le decía que no iba a ser para nada bueno. Dirigió su mirada a la de su amigo, pero éste sólo la tenía pegada en el piso, un huracán de pensamientos había dentro de esa cabeza, y Haruka ya no tenía su refugio al que escapaba para ponerse a salvo de ellos.
El detective les dio algo de dinero al par de nadadores y los envió a almorzar, los muchachos obedecieron a regañadientes y fueron a una cafetería que quedaba cerca del hospital donde se encontraban ahora.
— ¿Cuándo… Te dijo sobre lo de Tokio? —El chico de preciosos orbes oceánicos nunca rompía los silencios, pero no pudo evitar verse tentado.
—Hace un par de días —Rin bebió de su jugo antes de continuar— Estábamos coordinando una práctica y le pregunté si ya había pensado en algo, Tokio era una de sus alternativas, pero no era algo que lo tuviera decidido, estaba más preocupado de tu futuro que el suyo, se quejó de que siempre le evadías el tema —Fijó sus infiernos escarlata en los profundos mares que trataban de no hacer contacto con ellos.
—No me gusta hablar sobre eso… —Haruka no sabía que Makoto estaba preocupado por su futuro, aunque si lo hubiera sabido, tampoco sería como si fuera a cambiar algo.
—Honestamente… ¿Alguna vez le has preguntado lo que piensa? o ¿Los planes que tenía para su futuro? —No habían respuestas, sólo el pelinegro desviando la mirada lejos de la de él.
—Qué importa el futuro ahora… —El nadador se sentía mal, demasiado mal, y las náuseas le volvieron— Se me quitó el apetito —Dijo levantándose de la mesa y alejándose.
— ¡Haru espera! —Rin dejó el dinero sobre la mesa y fue tras su amigo. Los dos caminaban sin intercambiar palabras por el pasillo del hospital dirigiéndose hacia la habitación de Makoto, pero a medio camino se encontraron con el detective Ozaki que los detuvo.
—No pueden entrar a verlo, tendrán que esperar —Les explicó el mayor sacando un cigarrillo de su caja.
— ¿Por qué? —Preguntó Haruka preocupado— ¿Le sucedió algo?
—Despertó —Contestó acercándose a una ventana— Y no lo hizo muy bien que digamos.
Es todo! Espero les haya gustado.
Tengo que decir, que esto recién está comenzando.
Nos leemos en el siguiente!
Hasta entonces, se despide su servidora.
Airi.
¡Muchos kissus llenos de amor virtual!
