Los ojos de Kaoru estaban fijos en su computadora; escribía líneas y volvía a borrarlas una y otra vez. El tic tac de su reloj era el único sonido que la acompañaba mientras, dubitativa, trazaba sus dedos por el teclado transcribiendo las palabras del abogado.

Entendía claramente que lo que ella pensó sería la mejor exclusiva de su vida era no más que un limpia imagen para aquel horrible hombre que había logrado con su dinero e influencias, salir libre como una víctima.

Mordió su labio, tal como hacía cuando se encontraba con alguna complicación y se sintió totalmente derrotada.

También podía escribir que había sido acosada por el gran abogado Himura Kenshin, pero cómo iba a comprobar aquello; después de todo, la única cámara de seguridad que había visto en aquel lujoso edificio daba a la entrada y salida.

"Bien, Kaoru" estiró su cuello sintiendo el sonido de sus vertebras acomodarse "acabas de terminar tu peor entrevista de la vida."

Sin tener nada más que agregarle, decidió enviar el correo con el archivo adjunto a Aoshi, esperando la confirmación de su parte y sintiéndose aún, la peor periodista de toda la historia de Japón.

Cuando por fin terminó con su trabajo, se levantó de la silla y se dirigió al baño. Era la 1.30 de la madrugada y seguía encerrada en aquella pequeña oficina. Sabía que todas las copias serían impresas en un par de horas más así que ya no le quedaba nada más por hacer ahí.

Observó su imagen en el espejo y frunció el ceño. Tenía todo el contorno de sus ojos sombreado entre ojeras y delineador corrido, su cabello caía desordenado sobre su cara y su expresión no era la mejor. Mojando su rostro para refrescarlo, terminó su visita al baño de personal y fue por sus cosas. Revisó su billetera y suspiró; no tenía lo suficiente para ir en taxi a su departamento así que tendría que correr si quería llegar al último autobús de la noche.

Tomó su bolso y salió con premura en dirección a la parada. Lo único que agradecía era el hecho de que el clima había dado una tregua y ahora el cielo estaba completamente despejado; el viento la hizo abrazarse a sí misma pero siguió su camino.

A esa hora no era mucha la gente que podía acompañarla en su viaje, y aunque estaba acostumbrada a salir de noche debido a su trabajo, no dejaba de incomodarle el estar casi desprotegida. Caminó un par de cuadras más hasta que vislumbró la parada. Sus ojos se horrorizaron al ver el autobús presto a partir y comenzó a correr.

"¡Espere!" gritó mientras corría "¡Deténgase!" volvió a gritar, pero estaba claro que no podrían escucharla y agregando una nueva derrota a su historial, vio su última esperanza de transporte abandonarla. "Genial…"

Y sin dejarse estar, siguió su camino en dirección a su departamento, esta vez con paso lento y cansado.


"Hey, Kenshin"

La voz de la mujer llegaba desde el dormitorio, pero no hizo ningún esfuerzo para responder. Se encontraba echado en el sofá, semidesnudo con un vaso de whisky en su mano, observando por incontable vez la noticia de su nuevo triunfo jurídico. Este caso le reportaría un muy buen aumento en su cheque mensual aunque había sido algo molesto tener que lidiar con las preguntas. Justo en ese instante, y como si fuese un gran descubrimiento, su mirada se cruzó con la figura de aquella periodista a la que él mismo calificaba de incompetente. Alzaba su pequeña grabadora y miraba desafiante a su cliente. "Molesta."

"¿Quién?" la pregunta lo sacó de sus pensamientos. Alzó la mirada y vio a la pelinegra envuelta en su bata, sonriéndole.

"Vete a dormir, Tomoe" respondió pausando el video que veía.

"¿Quién es molesta?" quiso saber, intrigada.

"La prensa" murmuró mientras Tomoe se sentaba sobre él y lo rodeaba por el cuello. "Vete a dormir, no estoy de humor." Y sin más, quitó el cuerpo de la mujer de encima de él y se levantó en dirección al baño.

Tomoe tomó el control de la TV y observó el cuadro en el que había quedado pausado. Un dejo de incomodidad cruzó por sus gestos antes de apagar el televisor y volver a la habitación.

Molesta.


Habían pasado cerca de seis semanas desde que la entrevista a Himura Kenshin había salido en páginas centrales del diario. Kaoru había ganado cierta notoriedad por esto, después de todo el temible Battousai no era conocido por dejarse entrevistar. A pesar de que para ella esto no era más que un fraude, le había permitido abrirse paso en los temas que a ella ciertamente le interesaban, así que solía encontrarse mucho más seguido en tribunales cubriendo noticias que sentada en su escritorio.

No podía negar que esto le agradaba, y aunque era irónico que aquel desagradable personaje le hubiese abierto puertas, se sentía en parte agradecida.

Caminaba de vuelta a su oficina luego de estar media mañana en tribunales, no se sentía muy feliz puesto que el caso que deseaba cubrir con más ansias de las que podía demostrar, estaba llevándose de forma privada; había corrido pensando que alcanzaría un buen lugar en las tribunas para encontrarse con dos policías que custodiaban la pesada puerta de madera, mordió su labio inferior pero avanzó decida hasta que con el bastón retráctil, uno le cortó el paso.

"Es una audiencia privada." Dijo con una seriedad que rozaba la antipatía, no le gustó para nada esto y menos le gustó tener aquel bastón frente a ella.

"¿Disculpe?" Se aclaró la garganta "Pensé que tal como se informó, ésta sería pública debido al gran interés del tema y-"

"Señorita, le pido que desaloje el área, tenemos órdenes de detener a cualquiera que traspase el perímetro de seguridad."

"Tienes que estar bromeando…" susurró más fuerte de lo que deseó y recibió una mirada intimidante de ambos policías, se sentía tan frustrada que quiso lanzarles su grabadora y correr, pero por su mente pasaron dos contras a esto. Primero, no podía hacer su trabajo desde la cárcel, y segundo, lamentablemente no corría tan rápido como le hubiese gustado. Sonrió petulante al darse cuenta que éste último pensamiento pesó más que la idea de unos cuantos días encarcelada.

Cuando decidió que lo mejor sería salir de ese lugar antes que sus pensamientos se volvieran acciones, hizo una ligera reverencia y caminó en dirección a los ascensores.

Presionó la pequeña flecha que indicaba los pisos inferiores mientras ideaba algún plan que no involucrase grabadoras volando. Iba tan absorta en sus pensamientos, tanto que cuando las puertas del ascensor abrieron, simplemente avanzó para encontrarse con una pared. Su frente azotó contra algo que la hizo trastabillar, sin llegar a caerse, hizo una reverencia algo torpe, murmurando un lo siento inaudible para el resto de las personas. Cuando levantó su cabeza, se sintió más avergonzada de lo que le habría gustado y frunció el ceño con molestia. Frente a ella, vestido impecablemente con un traje que, a su parecer, era demasiado caro como para permitirse usarlo, se encontraba la persona más molesta que hubo conocido en toda su vida, mirándola con una sonrisa arrogante y burlesca que caló en lo más profundo de su orgullo. Kaoru enredo los mechones de cabello que caían desordenados en sus dedos y los acomodó tras sus orejas, y sacando desde lo más profundo de su ser una dignidad que no recordaba fuera tan imponente, devolvió la sonrisa sin dejar que sus ojos se apartaran de los de Himura Battousai.

"Kamiya Kaoru-san" su voz remarcó el san con cierta burla. "Tal vez erré el piso, sino porque la prensa se encontraría en este lugar."

Su pregunta le pareció más una ofensa que cualquier otra cosa. "No, no… definitivamente éste debe ser su piso, después de todo, quién más podría conseguir que una persona tal como Shishio Makoto tuviera una audiencia tan cerrada, incluso cuando se le imputan cargos horrendos."

"Kamiya-san" Kaoru retrocedió unos pasos ante su voz, que repentinamente sonaba sepulcral. "No creo que sea correcto acusar a personas sin evidencia, y si no recuerdo mal, esta audiencia se basa en meras presunciones de un detective que, si mal no recuerdo, fue apartado de su institución."

"Pero eso no significa que su testimonio pierda validez."

"¿Es así?" sonrió "Lo tendré en cuenta… ¿si gusta?"

Repentinamente, Kaoru se dio cuenta de que era él quien sostenía las puertas del ascensor evitando que se cerrarán, y ahora le ofrecía con una amabilidad perturbadora el paso. Sin querer ahondar más en su conversación con aquel hombre que le desagradaba sobremanera, se irguió y caminó hacia él.

"Creo que esto le pertenece." Su voz la detuvo. "Al parecer nuestros encuentros siempre terminan con algo de su propiedad en mis manos." Kenshin sonrió mientras le entregaba la pequeña billetera con forma de cerdo rosado. "Pintoresco"

Y antes que pudiera decir algo más, Kaoru se la arrebató de las manos con más fuerza de la necesaria. Kenshin sitió el violento roce de sus dedos en sus palmas, se quedó observando el ascensor por unos segundos para seguir su camino hacia la audiencia.


Habían pasado dos semanas desde que había logrado quitar la sospecha que aquel policía había sembrado sobre su cliente, no le importaba saber si era o no verdad a pesar de que lo tenía claro; sólo había importado el momento en que los ceros en su cuenta habían aumentado considerablemente.

Se encontraba sentado en su oficina en lo alto del edificio, observando lo diminutas que se veían las personas bajo él y sintió cierta alegría en esto. No sabía muy bien cómo es que aquella periodista que todos los días iba a su oficina en busca de entrevistas no era capaz de entender que el mundo funcionaba bajo reglas distintas a las de su utópica realidad, que para él era muy fácil dejar a una persona libre de polvo y paja como también lo sería hundirlos en lo más profundo con la cantidad necesaria. Todo su mundo funcionaba con dinero y poder, tenía todo lo que alguna vez pudo desear y más, podía tener a quien quisiese sólo porque sí, y podía desecharlos de la misma forma, porque él era quien estaba encima de todos. Aquel Bufete de abogados tenía tal porcentaje de éxitos gracias a él, y esto lo hacía tener bonos mucho más considerables que el resto de las personas; esto mismo lo hacía una persona despreciada por otros al mismo tiempo que lo admiraban, es que Kenshin tenía absolutamente claro que la admiración en algún punto se convierte en envidia, y eso le gustaba.

Que lo envidiaran lo engrandecía aún más, y eso le daba cierto poder tácito sobre otros. O al menos eso pensó hasta que Kamiya Kaoru se atravesó en su vida.

¿Era posible que ella no lo viese como alguien superior? No lo creía. Y aunque fuera así, se negaba a aceptarlo y eso lo divertía. Lo divertía tanto como lo molestaba.

Pensó muchas veces en que tal vez podría demostrarle lo lejos que estaba de poder siquiera tocarlo, pero olvidaba rápidamente esa idea ante la falta de desafío que eso implicaba. Estaba exasperado en alguna forma y eso lo intrigaba.

Tomó las llaves de su vehículo y salió de su oficina, se despidió de la secretaria que alguna vez conoció al otro hombre, y casi con crueldad le sonrió, dándole alas que jamás podrían hacerla volar.

Camino con rapidez por el estacionamiento y cuando hubo encendido el automóvil, salió con velocidad. Siempre esperaba que la noche cayera completamente para abandonar ese lugar, odiaba las congestiones y aquello que no podía controlar.

Iba tan rápido que cuando una figura que le pareció una sombra le hizo señas para indicarle que su luz cambiaría a rojo y que tal vez, sólo tal vez, su auto se encontraría con algo más de asfalto, lo único que atinó a hacer fue a frenar hasta el fondo, dejando un tenue olor a neumáticos quemados. Miró a su alrededor y se dio cuenta que habían demasiadas personas, más de las que le hubiera gustado ver su espectáculo automotriz.

El pequeño hombrecito verde parpadeaba, indicándole que pronto podría abandonar esa esquina tan concurrida, cuando de repente tres golpes suaves en el cristal de su ventana lo interrumpieron. Los ignoró.

Tres golpes más.

"Hey."

Mierda, qué pasó ahora.

El tenue chirrido del vidrio deslizándose hacia abajo se perdía entre los murmullos curiosos. Cuando éste hubo desaparecido dentro de su puerta, sus ojos ámbar chocaron con unos profundos azules. Inocentes ojos azules.

"Hey" su voz se perdía entre tantos murmullos. "Te atrapé." Y antes que pudiese siquiera reaccionar, la puerta del copiloto golpeó, cerrándose con fuerza.

"¿Qué mierda crees que estás haciendo?" dijo sintiendo como la furia lo inundaba "Baja."

"Está en verde, Himura-san" recordó aquel tono familiar. "¿Vamos?"

Los grandes ojos azules lo instaban a salir de allí, y sin entender el por qué, en menos de un minuto se perdieron por las calles.

Kaoru se sentía extremadamente feliz. Pensó que tendría que seguir yendo a mendigar por una entrevista y él había caído del cielo, casi.

Ahora se encontraba sentada en un bar que ella jamás frecuentaría, demasiado fino como para ella, bebiendo una copa de un divertido espumante rosa. La verdad no sabía si era eso lo divertido, pero después de la segunda copa – y ya iba en la cuarta – todo parecía más alegre.

Llevaba diez minutos sola en esa barra, tomó de un sorbo la copa y pidió sonriente uno más, el barman la miró unos segundos antes de volver a servirle y Kaoru se recostó suavemente sobre la barra.

"Ah qué lugar más estupendo" dijo con palabras lentas, arrastrándolas. "Y tendré mi entrevista al fin."

"No lo creo" la profunda voz de Kenshin llamó su atención. Se volteó sólo para encontrarlo sin su corbata y ligeramente despeinado, con su camisa desabotonada en lo justo. "Tal vez debería llamarle un taxi, Kamiya-san, por cuenta de la casa."

Kaoru miró alrededor y carcajeó débil, divertida. "¡Pero si es un bar, no una casa!" esta vez, su risa resonó en el bar vacío.

Kenshin le dio una fugaz mirada al barman y luego negó con su cabeza, se acercó a Kaoru y la sostuvo por el brazo y la levantó, pero ella soltó su agarre y agregó que podía sola. No quiso insistir y caminó tras ella a una distancia prudente, cuando de pronto la vio tropezar y sujetarse de la pared. Nuevamente una risa resonó por el pasillo que los conducía a los ascensores.

Se acercó a ella y rodeó su cintura con uno de sus brazos, levantándola y acomodándola, la ayudó a caminar. Sintió como el peso de su cuerpo era traspasado automáticamente a él y entendió que ella no tenía suficiente fuerza como para seguir. Podría haberla dejado allí, pero estaba demasiado ebria como para eso y no quería que terminara vomitado el pasillo; tampoco quiso enviarla en un taxi, en sus años de trabajo conocía perfectamente a los hombres, él mismo era uno, y si aquella mujer no fuera quien era, también se hubiera cuestionado el hecho de llevarla así.

Cuando llegó al lobby del hotel donde se encontraba el bar, suspiró molesto al darse cuenta que Kaoru estaba casi inconsciente y así no podría llevarla a su casa; dudándolo un momento, se acercó a la recepción y le sonrió a la mujer que estaba frente a él.

"Suite" dijo serio, y sin más recibió la tarjeta y volvió a subir hasta el lugar.

Caminó arrastrándola como un bulto, hasta que la lanzó a la cama. Kaoru se quejó débilmente y se acomodó en posición fetal. Kenshin resopló observándola y volteó para irse.

Odiaba haber tenido que llegar hasta allí y se sentía extraño. Tomó el teléfono de su bolsillo y marcó el discado rápido. "¿Estás en casa?" murmuró encendiendo el auto "Espérame."