¡Hoooooola! -saluda efusivamente.- Cof~ Bueno, cómo recibí mensajes incitándome a escribir (?) y tengo cierto tiempo libre, voy a escribir el nuevo capítulo del BelFran... ¡Así que idsfrutad! òwó

Jamás había visto unos ojos tan hermosos en toda su vida; Se quedó completamente mudo de la impresión. Tragó saliva pesadamente, poniéndose de pie para ver los ojos del rubio. ''Son realmente lindos...'' pensó para sí mismo, abrazándose a su peluche de rana. Parecían los ojos de un gato; Tal vez los de un águila. Directos, fríos, capaces de paralizarte con una sóla y simple mirada. Pero también eran cálidos, dulces, acogedores.

Violetas, ese tono danzaba entre el arco de los violetas. Los brillos que desprendían de éstos eran enigmáticos, casí mágicos. Levantó una de sus manitas y la colocó sobre la sien del príncipe, cómo si así pudiera observar mejor los exuberantes ojos del mayor.

-Son... Realmente lindos, senpai. -susurró en voz baja, a lo que ganó que el mayor se sonrojara un poco y se bajara el flequillo.

-Va rana, aparta. -le dejó encima de un sillón, colocándose bien el flequillo. Nadie, jamás, había visto sus ojos. Menos ese crío.- No vuelvas a pedir que te enseñe los ojos, no te servirá de nada. Ya los viste, y te bastó.

Observó al mayor hablarle, abrazado a su peluche de rana. No le gustaba que el mayor dijera aquellas cosas, por que él encontraba que eran unos ojos demasiado bonitos cómo para querer esconderlos. Vió cómo el rubio se alejaba del sofá, a lo que con un salto, con el cuál acabó de boca en el suelo, consiguió que el mayor se parara y fuera a ayudarle a levantarse. Escuchó cómo el príncipe se autoreñía, cómo diciéndose cosas que ''Belphegor, eres un príncipe, no una mujer de la caridad'' o cosas por el estilo que no entendía. Cuando Bel le acabó de colocarle y quitarle el polvo por haberse caído, se volvió a levantar, pero ésta vez él le tomó de la mano, observándole.

-Senpai, tengo hambre. -dijo cómo si fuera culpa suya.-

- ... -parpadeó.- ¿Y yo que culpa tengo de eso, rana? -miró su mano, a la espera de que el peliverde tomara la indirecta de que le soltara.-

- Quiero merendia. -dijo, abrazándose al peluche.-

- ¿Merendia? Se dice merienda. Y se dice ''Quiero merendar''. -le corrigió, a lo que vió que el pequeño asentía una sola vez con la cabeza. Suspiró y se lo llevó de la mano hasta la cocina de Varia, que extrañamente, no estaba ocupada por Lussuria. Miró al pequeño, el cuál le observaba insistente.- Ah, ah, ah. El príncipe no cocina. -fue a dejar al niño allí, a lo que vió que bajaba la cabeza, mirándose la tripa.- ¡Arg, vale! -le sentó sobre la mesa, buscando algo en la nevera, matándose interiormente.

Movía sus piernecitas en el aire, dado que la mesa era bastante alta. El mayor estaba de espaldas y no podía ver lo que hacía, pero viendo sus pintas, no podía esperarse una merienda con chocolate, galletas y un vaso de leche. Rodó la vista por la cocina, era bastante amplia y estaba completamente limpia, cómo si alguien estuviera siempre limpiando ese lugar. Entonces escuchó un estruendoso personaje entrando en la cocina, a lo que se giró y vió a un hombre peliverde medio calvo con gafas de sol y una bufanda de pelo naranja.

- ¡Pero quién es esa monada! -gritó ese extrafalario hombre, a lo que de golpe ya le tenía en brazos y le pasaba los dedos por el cabello. Fue a abrir la boca para decir su nombre, pero ya volvía a estar en brazos, ahora del rubio.

- ¡Vete de aquí, Lussuria! ¡La rana es MÍA! -dijo casi cómo una amenaza, señalándole con una cuchilla, que Fran no podía indentificar ni saber de dónde diablos la había sacado. Vió cómo el mayor casi lloraba del susto, a lo que salió de la cocina, gritando un nombre de tiburón o eso le pareció.

- ¿Quién era ese hombre con voz de gallo? -preguntó al mayor, el cuál se rió y le sentó sobre la mesa de nuevo, extrañándose de que le hubiera preparado un chocolate en condiciones. Lo olió, en busca de veneno.

- Lussuria~ Es el guardián del... -se calló al ver lo que hacía el peliverde.- ¡Eh! El príncipe lo ha hecho, tómatelo sin rechistar.

Empezó a beberse el chocolate, que extrañándole bastante, estaba más rico que la comida que le daba el cabeza piña de su maestro. Dejó el vasito a un lado, que llevaba dibujos en él. Lo tomó de nuevo, investigando los dibujos de éste.

-Entonces, en diciembre de dentro de doce años lo tendrás aquí. -dijo únicamente, levantándose de la mesa de reunión y saliendo de la puerta del despacho. Bajó las escaleras, observando que su pequeño ilusionista no estaba dónde le había manndado quedarse. Andó para poder encontrarle, hasta que le vió jugando con el asesino de Varia. ''Um... Es el chico que ganó a Gokudera'', pensó únicamente, para reírse de esa manera carecterística suya, a lo que hizo que el peliverde se girara de golpe.- Nos vamos Fran. Despídete. -se dió la vuelta, andando hacia la puerta.-

Miró al príncipe, el cuál tenía el rostro volteado hacia su maestro. Le tiró de la manga de su chaqueta negra, a lo que se ganó la atención del rubio.

-Senpai, me tengo que ir ya. -al ver que el rubio sólo asentía y se quedaba algo descolocado, se acercó por instinto y le abrazó. Eso es lo que solía hacer la gente al despedirse de alguien que no vería en mucho tiempo.- Adiós senpai. -dijo con la voz algo quebrada, no quería irse.

Abrazó a su pequeña rana con cariño, extrañamente con cariñ quería que el menor se fuera, le había tomado cariño las pocas horas que había estado allí. Sintió cómo el pequeño temblaba en el abrazo, a lo que le abrazó más contra él; Se sentía extraño ese sentimiento de miedo al no querer que la pequeña rana se fuera para tanto tiempo.- Tranquilo ranita... -le tomó en brazos, apoyando su frente en la del pequeño.- Sólo tienes que prometer al príncipe que volverás, ¿si...? -dijo, hasta a él se le hacía duro.

Asintió con su cabecita, para que después el rubio le dejara en el suelo. Dió unos pasos, para después darse la vuelta y correr en dirección al rubio, alzando su muñeco hacia él.- Quédate cpn brinquitos senpai... Es una promesa de que regresaré. - observó cómo el rubio tomaba su peluche y se agachaba delante suya, sonriéndole con tristeza, viendo cómo le salía una cristalina lágrima. Le pasó la mano por al rostro, para dejarle un beso sobre la mejilla.- Cuida bien de brinquitos. Él te cuidará por mi, Bel-senpai. -después de eso, salió corriendo hacia la puerta, dejando atrás la mansión que después, sería su nueva casa.

Ñe, ya se acabó por hoy uwu Espero que os haya gustado, y quiero dar desde aquí gracias a todos los que leéis, comentáis y añadís la historia a vuestros favoritos ;u; ¡Gracias a todos! 3