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ÉRAMOS LUZ. ÉRAMOS OSCURIDAD.

Capítulo 3: Ben

La mirada curiosa de Rey me tomó por sorpresa. Trataba de indagar en ella y descubrir qué pretendía cuando de pronto la vi estirar su mano hacía mí. Me quité el guante, convencido de que quería hacer aquel contacto como se debía, sin algún obstáculo de por medio. Alargué mi mano hacía ella mientras sentía que la atmósfera entre nosotros cambiaba; había algo que me impulsaba y a ella también, podía sentirlo, tan fuerte, tan imparable. Sus dedos alcanzaron los míos y la vi derramar una lágrima al momento en que las imágenes pasaban por mis ojos:

Vi el desierto de Jakku una tormenta de arena azotaba a plena luz del día. Una mujer jalaba de las manos a una pequeña niña que gritaba deseperada. El hombre las seguía con una red como mochila que llevaba al hombro. Caminaban dando tropicones en aparente estado de ebriedad abriéndose paso hacia el mercado de chatarra. Llegaron hasta el puesto mas grande donde el dueño aguardaba. Le ofrecieron a la niña a cambio de unas monedas y licor. Él aceptó. La niña gritaba deseperada pero sus padres acababan de subir a su nave sin siquiera devolverle la mirada.

Vi una tumba clandestina en medio de aquel lugar, una tormenta de arena azotaba como aquella vez en que ambos comerciantes de chatarra vendieron a su hija… sus cuerpos yacían apilados uno sobre el otro con los ojos abiertos…

Me vi ofreciéndole mi mano a Rey… ella dudaba por un momento, una guerra en su interior se libraba, pero terminó eligiéndome, tomó mi mano y me sonrió. Me vi, invencible y dichoso en ese momento. Vi a Hux queriendo sabotearme por la presencia de Rey en nuestra flota, pero yo era el nuevo líder supremo y todos sus esfuerzos fueron en vano. La primera orden me pertenecía, a mi y a Rey y nos juraron su lealtad.

La vi a ella… su delgada figura lucía etérea con aquel vestido negro de seda. Su cabello, largo y suelto caía sobre sus hombros. Era como una estrella… era la mujer más hermosa de la galaxia. Se acercó a mi y colocó sus manos en mi rostro y acarició la cicatriz que me había hecho años atrás cuando nos conocimos. La acerqué a mi depositando una de mis palmas en su espalda. Su cuerpo se sentía delicado entre mis brazos. La miré con devoción recorriendo cada milímetro de su rostro con mis ojos. Era como un hechizo, como la fuerza entre nosotros que me instaba a adorarla a ella que había permanecido conmigo a pesar de todo. Sin más busqué su boca y atrapé sus delicados labios en los míos. Ahí, sintiéndola estremecer en mis brazos, sentí que toda mi alma y mi cuerpo le pertenecían, por siempre… y sé que ella sentía lo mismo. En ese breve instante éramos reales y éramos oscuridad.