Como un disco rayado. El pequeño niño siguió confesándose sin falta alguna, ante su pobre profesora. Ya ella no sabía qué hacer. Los montones de regalos que recibía. Llegaban a formar una pequeña pila. Pero viendo que su amor no era correspondido. El pequeño comenzo a entristecerse. "Por qué no se enamora de mi?!, que estoy haciendo mal?!", se preguntaba constantemente Steven. Y como método informativo. Comenzó a ver varias películas románticas. Buscando "consejos", para poder enamorar a su joven maestra. "A su Perla". Pero no llegó a terminar ninguna. Puesto a que cuando los protagonistas apenas empezaban a insinuar que se besarían. El pequeño rojo como un tomate apagaba la televisión. Para que después mirara a los lados y se muriera de vergüenza, y se sintiera "culpable". Estaba profundamente enamorada, pero era la inocencia pura.
Siguió con sus "estudios" del amor, y en como "enamorar". Pero ciertamente no llegaba a comprender que el era un niño aún. El solo decir "No soy un niño!, Ya soy grande!", no cambiaba absolutamente nada, ese pequeño hecho. Pero nada se podía hacer. Aquel pequeño estaba enamorado profundamente. Y no pasaba un solo día en el que no pensara en ella. Perla era perfecta viera por donde le viera, y todo lo que hiciera y dijiera. Estaba muy bien justificado o era una verdad absoluta.
El solo mencionar su nombre. Le producía un sonrojo espectacular.
-Te amo Perla!
Gritaba sonrojado y con seriedad, mientras ingresaba a su salón. Y todos sus compañeros e incluyendo a la mismísima Perla se ponían ciertamente rojos. "Que alguien pare a ese niño!" pensaba la joven profesora. Mientras a un poco ruborizada, cubría su rostro en una de sus libretas.
Pero había cosas realmente buenas también. El pequeño Steven, nunca faltaba por entregar tarea y siempre prestaba atención a su clase. Estaba completamente maravillado. Mientras que Perla estaba con los nervios de punta. "Es hora de acabar esto. Pero como?. Yo no podría mirarlo llorar", pensaba Perla sonrojada. "Talvez si soy mala... Ya se le dejaré más tarea. Todos odian la tarea!". Talvez el pequeño Steven y Perla no eran tan diferentes de pensamiento..
-De tarea, tienen que resolver la página 23 de su libro de español -al decir esto la profesora daba una pequeña pausa y miraba a Steven -Steven.
-Si maestra -contestaba con emoción y con su típica expresión seria, acompañada de su típico sonrojo.
-Tu tendrás que ser la página 23 y la 24 -decía con cierta seriedad forzada.
"Lo siento Steven, es por tu bien", se justificaba inocentemente Perla.
-Está bien señorita! -decía decidido.
"Wow, eso fue duro" pensó Perla mientras suspiraba. Ese mismo dia Steven no se confesó como de costumbre y ni se quedó al final de las clases. De hecho fue el primero que se fue. Puede que Perla lo haya conseguido?.
Al siguiente día el pequeño llego temprano a su salón y se dirigió a Perla. La cuál se encontraba organizando unos papeles.
-Profesora!
-Si Steven?
-Aquí está la tarea y también hice la página 25 de una vez! -dijo con completo orgullo -solo la hice para mi Perla! -esto le decía con cierta timidez, con rubor en los cachetes.
La profesora solo se ruborizó y el pequeño dejó su libro. Para que luego irse a sentar a su lugar de siempre (hasta al frente de todos!). Perla ahora estando sola, dejaba caer su rostro nuevamente en uno de sus cuadernos. "Parece que no funcionó. Necesitara más?". Ciertamente no era así. No se redujo su amor por ella, es más el pequeño había duplicado su amor por ella. El dejarle más tarea lo hacía sentir "especial" y "único". Por extraño que se escuchara. Y la joven profesora después de unos días de tarea extra, así lo noto.
Eso era lo más mala que podía hacer. Que debía ser ahora?. "Talvez si se enamorara de alguien más!. Pero de quién?". Rápidamente miro a la niña tímida del salón. "Connie claro!".
-Hoy haremos algo nuevo. Tendremos un trabajo por equipos de dos -Perla miro a el pequeño y hablo -Yo haré el primer equipo. Steven y Connie.
Una vez integrados todos. Perla esperó pacientemente, que de la nada el pequeño se enamorara de la pequeña. Lo cual no sucedió ese día, ni el siguiente, ni a la semana. Parece que Perla estaba más desinformada del amor que el propio Steven. Ya que ingenuamente pensó que se enamorarían de la nada. Lo cual no era para nada así.
No causo ningún cambio en el pequeño. Perla como último recurso quiso convencerlo. Y al final de las clases a punto de que Steven se confesara, en su confesión número veintitantos. La profesora hablo con el.
-Perla!. Yo...
-Espera un poquito Steven -dijo interrumpiendolo, mientras esbozaba una tímida sonrisa.
El pequeño miro extraño esto y como Perla quería espero.
-Veo que te estás haciendo muy amigo de Connie. Hacen muy bonita pareja sabes? -dijo mientras sonreía forzadamente y se apenaba. Hasta la joven profesora se dio cuenta de lo extraño de esa comentario.
-No sabia profesora -respondió Steven serio.
-Puede que se gusten?. Yo los apoyare si es así claro! -seguía con su sonrisa claramente forzada.
-No nos gustamos!, mi corazón pertenece a usted profesora y a nadie más! -dijo el pequeño rojo como un tomate, mientras le daba un abrazo sorpresivo -discúlpeme si se vio así! -esto lo dijo con cierta tristeza, a la vez que se aferraba más al abrazo.
Perla al escuchar esto se sorprendió y sonrojó intensamente. Para que después sonriera y correspondiera al abrazo. Repentinamente se sintió feliz. Pero por qué?. Por escuchar eso de aquel pequeño?. Su corazón comenzó a latir apresuradamente sin explicación alguna. Junto a que le provocaba que se sintiera de repente extraña y feliz. Después de un rato se separaron y el pequeño hablo con destreza.
-Quisiera invitarla a comer a mi casa!.
La joven profesora se sonrojó mucho más al escuchar eso.
-Por favor diga que si!
-Si...
Se le había salido ese "Si" inconscientemente. Sin siquiera pensarlo. Como si hubiera salido de su corazón. Algo puro y honesto.
-Gracias!, no se arrepentirá. Mi mamá hace muy buena comida.
Al escuchar eso su sonrojo desapareció y se puso completamente pálida.
-Bueno le daré la buena noticia a mi mamá. Nos vemos profesora, la quiero mucho! -dijo esto sonrojado y muy feliz, en lo que abandonaba el salón.
Perla se quedo sola en el salón, completamente perpleja. "Le dije que si a Steven?. Esto esta muy mal!".
-Esto está muy Mal! -dijo en voz alta, a la vez de que sonrojaba.
Perla en la soledad de ese salón. Puso su mano en su pecho y sintió como el corazón le comenzaba a latir de nuevo y comenzaba a sonrojarse. Y todo esto le sucedió por qué recordó la cara del pequeño. Esa pequeña cara tierna, sonrojada y decidida, con su cabello rizado y alborotado.
Perla se sonrojó aún más y sonrío. "Espero no cambies mi pequeño".
