Ok, antes de empezar, gracias a Kanda, a YUKIECLAIR, a Yuuki Phantomhive Michaelis, tanto por comentar como por corregir suavemente, y los demás que siguen esta historia, porque, si os digo la verdad, estaba cuestionandome si continuarlo o no. Y gracias a puts-a-lot, por lo que tú ya sabes... XD

Por cierto, antes de que se me olvide, este cap. es tipo love, no sé si me entendeis... a mí, personalmente, no me gusta que sean muy emapalgosos, pero creo que esta pareja necesitaba un poco de romance entre tanto sexo exponáneo :)

Estos personajes no me pertenecen ni intento utilizarlos con intención de copiar nada. Son propiedad de Nintendo.


Y PROMETO INVERTIRLO EN CARICIAS EN TU ESPALDA

Pequeños rayos de sol que entran por entre las cortinas blancas de la ventana y caen directamente en mis ojos, ¿os ha pasado alguna vez? Cabrea, ¿eh?

Estoy acurrucado en posición fetal sobre unas suaves sábanas de seda en una cama de matrimonio, aunque no estoy casado. No, esta cama es de mi… ¿novia? Aun no se lo he preguntado y me da algo de miedo, pero… ¿quién no lo tendría? Ayer no pude preguntárselo, puesto que caímos rendidos cuando volvimos de comer algo en el Mc. Donlals.

- Mmmm… - Gimo entre la comodidad de las mantas que me dan calor.

Me pongo cabeza arriba y arqueo la espalda, estirando los brazos y las piernas para despertar un poco mis músculos, algo entumecidos. Cuando termino, vuelvo a dejarme caer pesadamente sobre la cama cuando me doy cuenta de algo.

- ¿Zelda…?

Me levanto de la cómoda cama y me siento en el borde, buscando a la chica con la mirada.

- ¿Zelda?

Estando desnudo, me levanto y bostezo mientras vuelvo a bostezar, estirándome de nuevo. Abriendo y cerrando la boca, notando algo de saliva, rascándome mejilla, - tengo que afeitarme - miro hacia los lados de toda la habitación, pero no la encuentro.

Desde el otro lado de la puerta de madera de sauce, escucho un leve cantar muy agudo y que se oye muy bien de una canción de Despistaos, creo. Pero no estoy seguro, tan solo lo sé porque mi amigo Sheik no deja de poner canciones de esas, pero parece que la canta una chica.

Discreto, abro un poco la puerta y asomo la cabeza lentamente, y lo que veo me enternece hasta las lágrimas. Zelda desnuda, sentada en una butaca negra, de piernas cruzada, fumando y mirando hacia la ventana a mi derecha, viéndola yo de lado mientras llora y canta, y escucho la parte de la canción:

Te dejaste unos pendientes.

Me dejaste sin respiración.

Y dejamos aparcado lo que había para hoy.

Te llevaste tus zapatos.

Me arrancaste el corazón,

Y me lo encontré tirado cerca de un contenedor.

Me dejaste con la palabra en los labios…

Y la palabra era "¡NO!".

Suspiro mientras la oigo cantar, sus bellos ojos azules llenos de lágrimas… y decido que por mucho que me escuche oírla cantar, prefiero que deje de llorar. Zelda… mi fuerte e inteligente Zelda, la que siempre me consuela, llorando. No, no pienso permitirlo. Esta vez la consolaré yo.

Interrumpo en la habitación de golpe, causando un respingo a Zelda del susto y deje de cantar. Me pongo delante de ella y me arrodillo, le rodeo la cintura con mis brazos y apoyo mi cabeza en su estómago, cerrando los ojos mientras escucho algunos sollozos más.

- ¿Estás… estás bien? – Ya sé que no lo está, pero no sé que hacer.

- Sí, tranquilo. – Dice restregándose los ojos.

- Zelda, en serio. ¿Qué te pasa?

- Nada.

- Zelda, por…

- ¡Dije que no pasa nada!

Se levanta de golpe y yo me voy al suelo, mirándola con escepticismo por su inmediato arrebato. Diosas, esto es preocupante. La miro algo asustado, pero mucho más preocupado que otra cosa.

- Solo… vete. – Dice dándose la vuelta y cruzándose de brazos. – Quiero estar sola.

La miro y noto en el ambiente que está muy dolida por algo que no comprendo o no sé.

- De… de acuerdo.

Es lo único que se me ocurre responder así que me levanto, cojo mi ropa desperdigada por el suelo y me la pongo antes de salir raudo del piso, directo a algún otro lugar que no sea tan incómodo.

Han pasado dos días desde la última vez que vi a Zelda y mi preocupación no me deja concentrarme en los estudios. A ver, la masa molecular del átomo es de… ¡Argh! No puedo.

Pongo mis manos sobre la cabeza y me agito el pelo, despeinándolo, intentando quitarme de la cabeza a la chica que aun no me ha llamado. Solo estoy dos días separado de ella y ya me pongo así… suspiro pensando en ella, en su actitud divertida, en la actitud enfadada… es tan mona cuando se enfada conmigo…

- ¡Hey! – Dice alguien palmeando delante de mis ojos. - ¿Estás aquí?

Veo los ojos verdes de mi amiga de la infancia – y la única con la que no me he acostado ni lo haría – Saria. Su sonrisa ilumina su rostro y su cabello verde y ondulado cae sobre sus hombros con la misma suavidad de sienpre.

- Claro. – Respondo. - ¿Por qué?

- Mmm… te veo estudiando, luego agitado, luego enamorado… ¿enamorado? ¿Qué no me estás contando?

- ¿De qué estamos hablando?

- ¡Ya está bien! – Exclama riendo. Bajamos la voz cuando nos llaman la atención. - ¿Y bien?

- No me pasa nada.

Me levanto de la silla y guardo el libro en la mochila negra, me la pongo sobre la espalda y me despido del bibliotecario. No me pasa nada… lo mismo dijo Zelda después de soltar aquellos lagrimones.

- Estoy muy preocupado por alguien.

- ¿Quién? – Dice caminando felizmente a mi lado.

- Una chica. No sé si somos algo o no o qué… pero bueno, me preocupé mucho.

- ¿Por qué? ¿Qué pasó? – La miro y su cara se ve totalmente perdida. No me extraña.

- La vi llorando y le pregunté que le pasaba, pero ella me dijo nada, y yo insistí, y ella me dijo nada de nuevo. Entonces me dijo que me fuera, y yo…

- Te fuiste.

- Sí.

- Mmm… - Dice con la mano en la barbilla.

- ¿Qué debería hacer, Dra. Amor?

- Solo te lo diré si me ayudas con algo, Dr. Sexo.

- O.K. – Digo sonrojado. - ¿Desde cuando te gusta alguien como para eso?

- ¡Oh…! No solo eso, estoy saliendo secretamente con alguien.

- ¿Ah, sí? – Y como mera cotilla continúo. - ¿Quién?

- Mido.

- Mi… Mi… ¡WUAAA! ¡No jodas! – Exclamo riendo con lágrimas en los ojos. – Osase que tú eres la fantástica chica y él el chico escultural…

- Síp.

- Pero si os llevabais a morir.

- Antes. Y bueno, ¿qué debería hacer para llevarme a la cama a ese santurrón?

- Ahora entiendo aquellas miradas indiscretas… Mmm… Cómprale un preservativo de calidad. O tres, mejor. Con sabor a melocotón.

- ¿¡Qué! No, no, va en serio, ¿¡Qué!

- Eso servirá.

- ¿Cómo lo sabes?

- Confía en mí. ¿Alguna vez te he fallado?

- No, supongo que no.

- Pues eso. ¿Me ayudas tú a mí ahora?

- De acuerdo.

Paseando, hemos llegado a unas anchas escaleras en la sombra donde nunca pasa nadie, nuestro lugar favorito para hablar de nuestras cosas. Dejo la mochila negra con adornos plateados en el suelo, apoyado en la negra barandilla vieja, mirando el paisaje. Son simples carreteras y coches pasando delante de nosotros, a unos diez metros de nosotros. Árboles dan la sombra al lugar y una brisa fresca remueve nuestros flequillos.

- O.K. Cuéntame algo de esa chica tuya.

- Es Zelda Hyrilian.

- ¡Q-Q-Qué! – Dice algo exaltada. – No será ESA Zelda.

- Esa, esa es.

- No me lo puedo creer. ¿Y cómo…? ¿Cómo…?

- Fue algo irreal. Pareció una peli porno, te lo juro. – Digo medio riendo. – Me levanto y cuando me quiero dar cuenta estamos ahí, dándole al tema.

- … - Se me queda mirando y dice. – Estás loco. Eres realmente…

- ¿Afortunado?

- No iba a decir eso exactamente, pero… sí, algo así. Bueno, pero dime… ¿sientes algo por ella? – Dice mientras me analiza con mirada asesina.

- Cla-Claro.

- ¿El qué?

- La quiero. No, la amo.

Lo digo completamente en serio casi como un acto reflejo y, después de decirlo y aunque solo haya sido desde hace menos de un mes, sé que es verdad. Es raro, pero es así.

- ¿Y ella por ti?

- No… no lo sé. Creo que me quiere, me lo ha dicho un par de veces.

- Aha… ¿Te das cuenta de lo que eso significa?

- Em… ¿tiene que significar algo?

- Link, hermano… ¡Es la hija del presidente de los EEUU!

- Me he dado cuenta.

- Tiene treinta años.

- También me di cuenta.

- Ha estado casada y fue maltratada por su marido violador.

- También lo sé…

Me concentro en eso último… ha estado casada y fue maltratada por su marido violador… quizá estaba llorando porque…

Te dejaste unos pendientes.

Me dejaste sin respiración.

Y dejamos aparcado lo que había para hoy.

Te llevaste tus zapatos.

Me arrancaste el corazón,

Y me lo encontré tirado cerca de un contenedor.

Me dejaste con la palabra en los labios…

Y la palabra era "¡NO!".

- Oh, Diosas… - Susurro. – Ya sé porque lloraba…

- ¿Eh? ¡No cambies de tema!

- Ella le quería.

- ¿Qué?

- Ella quería a su ex-marido… y le sigue queriendo.

La miro a los ojos y veo que ella también lo ha comprendido. Mi corazón palpita rápido y me cuesta respirar. Esto es tan… ¿Por qué tengo tantos problemas con mi vida desde que estoy enamorado? Apoyo la cabeza entre mis manos y suspiro, pensando en qué puedo hacer por ella.

- Oh, mierda… - Susurro cuando me acuerdo de algo.

- ¿Qué pasa? – Dice Saria poniendo la mano en mi espalda para darme apoyo.

- Su ex-marido… ¿no se llamaba Dark Link? Link para los amigos. – Digo intentando imitar la ridícula voz del susodicho.

Me mareo y me dan ganas de vomitar.

Poca luz entra por el patio este sábado. He cerrado las ventanas y la puerta con el seguro por si el presidente decide venir y picar a mi puerta para que le ayude con las cuentas de la comunidad.

La casa realmente da miedo, tan oscura y macabra, llena de pañuelos blancos y arrugados por toda la superficie plana que hay en mi pisito. Al entrar en la casa, hay un pasillo principal que da a todas las habitaciones: primero la cocina, luego la sala de estar – donde estoy -, la habitación y el baño. Todas las habitaciones muy pequeñas y una puerta antigua de madera que cada vez que se abre chirría.

Delante del sofá donde estoy sentado, la televisión es pequeñita. Dan un programa de esos de corazón, contando sus problemas de amor y demás compañía. Nunca antes lo había entendido, hasta ahora.

- Yo le quería tanto que… y es por eso… - Dice la joven de la televisión.

Tan solo capto pequeños fragmentos del diálogo entre pañuelo y pañuelo, lidiándome la nariz de agua. Mientras veo los programas, dicen son una chorrada, lloro como una mala pécora. Noto todas mis mejillas húmedas y frías de llorar tanto tiempo, y mis ojos secos. No sé de donde saco tanta agua.

Llevo deprimido desde que me levanté, y de eso hará un total de dos días, dos días después de haber descubierto que Zelda no me quería, que amaba a otro chico más de su edad. Desde entonces me he duchado muy por encima de vez en cuando y alimentado a base de palomitas, manzanas y helado. Mucho helado de chocolate con cuchara sopera.

A pesar del volumen de la televisión, bastante alto para mi usual gusto, oigo los golpes furiosos en la puerta de entrada, pero me da pereza ir a ver quién es. Seguro que no es importante.

Sigo viendo la televisión y vuelvo a secarme la nariz con un nuevo pañuelo. Lo tiro y no sé donde cae.

Vuelvo a escuchar los golpes en la puerta de nuevo, más fuertes e insistentes. Una voz estrangulada que casi no puedo entender, menos identificar, al otro lado de la puerta exclama.

- ¡Quieres hacer el favor de abrir! ¡Sé que estás ahí!

Absorbo con la nariz y suspiro, secándome las lágrimas con la palma de la mano. Apago el televisor con el mando a distancia y me levanto, dirigiéndome raudo hacia la puerta cuando vuelven a golpearla. Creo que están a punto de derribarla una manada de búfalos.

- ¿Sí…? – Digo cuando he abierto la puerta.

Me quedo estupefacto y al momento sé que es un sueño. Zelda con el ceño fruncido y los brazos cruzados, un chándal negro y suave y sus ojos mirándome con si hubiese hecho algo malo. Me muerdo la mejilla por dentro y me duele, no es un sueño.

Pero si no es un sueño, debería echarla de mi casa, que esté aquí solo me hará más daño, y no quiero estar para siempre viendo programas de corazón y comiendo helado.

Así que comienzo a cerrar la puerta a la chica algo más bajita que yo.

- ¡Hey! ¡Hey! ¿Qué se supone que haces? – Dice interponiéndose.

- Oye, será mejor que… vuelvas en otro momento.

- ¿Por qué? – Se apoya en el marco de la puerta y me mira.

- Porque es lo mejor.

- Ni que fuera una despedida.

- Pues tal vez lo sea. – Digo algo exasperado.

Cuando intento volver a cerrar la puerta, me empuja y entra dentro, cerrando la puerta tras de sí.

- Veo que estás enfadada. – Digo mirando al suelo.

- Normal, he intentado contactar contigo en tres días y no he sabido nada de ti. Además, tú también lo estás.

- Me has mentido.

- ¿Qué?

La miro con mis ojos azules secos y repito.

- Me has mentido.

- ¿Por qué lo dices?

- Me dijiste que me querías.

Zelda me mira como si no supiera de lo que hablo, pero seguro que sí lo sabe. No lo entiendo.

- Aun quieres a ese Dark Link, ese ex-marido tuyo.

De repente, un aura tenebrosa nos envuelve en medio de la oscuridad que es mi piso, Zelda y yo cabizbajos. Sé que he dicho la verdad, y ella también lo sabe. O eso creo.

- No vuelvas a decir eso… - Me mira muy, muy enfadada y continúa. – nunca.

Me da algo de miedo el ambiente y su mirada, cero que será capaz de matarme. Pero no quiero darme por vencido. ¿Me quiere o no? ¿Somos pareja, o tan solo una relación carnal? ¿Me ha mentido treinta o cuarenta veces?

- ¿Por qué? – Digo intrépido.

- Porque no sabes lo que dices.

- ¿No lo sé? ¿Quieres decir que no mentías cuando me decías que me querías? ¿Cuándo gritabas mi nombre, lo era realmente o era el nombre de ese otro? – Se me acaba de encender la bombilla y estoy realmente cabreado.

- ¿Y tú? – Me dice en contrapartida.

- ¿Yo qué?

- Tú te has acostado con muchas mujeres, más de con las que has salido, ¿me vas a decir que siempre les fuiste fiel?

- No puedo creer… ¡Claro! No puedo creer que me conozcas tan poco.

- Pues lo mismo tú conmigo. ¿¡No decías que seguiste toda mi historia por la televisión! ¡Claro que AMÉ a ese hombre! ¡Pero eso ya fue hace tiempo!

- Entonces, ¿por qué aun lloras por él?

- ¡Lloro por lo que me hizo, no por él! ¡Tú no lo entiendes!

- ¡Pues explícamelo! – Exclamo, hasta ahora habiendo estado tranquilo.

- ¡Él me dejó embarazada!

Después de gritar, se hunde en el suelo y comienza a llorar, con las manos en la cara, con convulsiones constantemente y la entiendo, yo mismo tengo miles de lágrimas tras los ojos. Me ha impactado y dolido que, en algún momento de su vida, Zelda haya estado embarazada. Eso demuestra la gran diferencia de edad…

Aunque sin poder evitarlo, me agacho y la rodeo con los brazos, sin saber que más hacer o decir o si va a alejarme. Pero no me aleja, se apoya en mi y llora en mi hombro, empapando mi pijama azul. Me avergüenzo de que seguramente huela a sudor, pero creo que no es momento para eso.

- Pero me golpeaba tan seguido… - Después de un sollozo, continúa. – no le importaba que estuviera encinta, pero yo era tan feliz…. y un día él… él…

- Tranquila… - Le susurro al oído. – estoy aquí y nunca voy a dejarte…

- Él me golpeó en el estomago en la fase más débil del embrión… y no llegó a sujetarse bien a las paredes del útero y se desprendió… y mi niño murió… ese día, yo…

Los sollozos y delirios no la dejan hablar, pero ya he entendido lo principal. El día en que me echo a patadas fue el día en que perdió a su futuro bebé. Y no puedo culparla.

No puedo culparla por no olvidar a su ex-marido, no puedo culparla por no olvidar aquel bebé desprendido, y mucho menos culparla por no amarme tanto como yo a ella.

- Zelda… - La separo de mí y la miro a los ojos.

Esperaba poder decirle algo que la animara, que le permitiera volver a su usual felicidad, pero no sé que decir. La miro entristecido y abro la boca para decir algo, pero nada sale de mi garganta mientras ella me mira.

Entrecierra un poco los ojos y me sonríe pesadamente, como si entendiera mis intenciones. Se acerca a mí y me abraza del cuello mientras yo me siento en el suelo, Zelda quedando entre mis piernas, acurrucada. Noto como se mueve lentamente hasta mi oreja y suelta un sollozo antes de susurrar.

- Te amo… ¿es lo que querías?

Y entonces es cuando se me ocurre qué decir y lo digo todo de golpe.

- No. Lo que quiero es saber que estás bien, y que no sea una mentira. Estar realmente bien. Feliz. Quiero verte reír cada día y saber que vas a estar ahí tanto como yo lo estaré, que vas a seguirme a cualquier lado que vaya, tanto como yo te seguiré. Quiero saber como hacerte reír y como hacerte llorar, saber qué es lo que sientes en cada momento con tan solo mirarte a la cara. Quiero verte llorar de felicidad y de tristeza y sostenerte cuando ocurra, que me hagas reír por chorradas. Pero sobretodo, quiero estar ahí para ver esa cara tuya tan hermosa que hace que mi corazón lata tan deprisa cada vez que la veo y me sienta como un tonto.

Me mira escéptica y no la culpo. Nunca he dicho algo así, y la verdad también me habría asustado. Siento la tensión dentro de ella, como si no supiera si creerme o no.

- Pero sí, con un "te amo" sirve para hacerme feliz.

Le dedico una de mis mejores sonrisas naturales y ella me devuelve la sonrisa con algo de tristeza.

Una melodía de Nokia desde mi habitación, de mi móvil, específicamente, intenta romper el momento y nuestra mirada mutua. Pero decido pasar de ella, seguro que no es tan importante como Zelda. Me asusto de mí mismo, pero sé que mis palabras han surtido efecto y me da igual.

Pongo mis manos sobre sus mejillas suavemente, notando lo húmedas que están. Ella cierra los ojos y lleva sus manos sobre las mías, apretándolas más contra sus mejillas. Acerco mi cara a la suya y la beso suavemente en la mejilla, justo después de levantar la mano, besando sus lágrimas hasta llegar a sus ojos, y luego repito el mismo proceso con la otra mejilla.

Después de haberla secado con mis besos, acerco mis labios a los suyos y deposito un beso suave, con mi boca aun con el salado sabor de las lágrimas. Ambos movemos los labios al mismo son, yo besando su labio superior. Pero solo me limito a eso, a pesar del deseo y la erección en mis pantalones.

Soy un enfermo… a lo mejor es cierto que solo yo me preocupo de eso. Cuando Zelda me responde con una mano en la entrepierna descaradamente, me corrijo. No soy el único. Gimo suavemente en la boca de ella y me separo, cogiéndola de la mano y levantándome con ella. Voy caminando de espaldas a la habitación, cogido de las manos de ella y mirándola a los ojos. Un pié tras otro, mientras ella me contesta con la misma mirada vidriosa que hace unos segundos.

Cuando ya estamos dentro de mi habitación, vuelvo a besarla cariñosamente en los labios, en un beso solamente superficial. No quiero ir muy deprisa, como hemos hecho cada vez que nos hemos acostado.

Saca la lengua y lame mis labios dando una petición sorda. Abro mis labios contra los de ella y su lengua pasa a través de ellos. Mi lengua se mezcla con la de ella, moviéndose ambas al compás, ambos explorando la ya conocida boca del otro.

Después de un rato besándonos, la empujo suavemente a la cama, descendiendo lentamente, sin romper el beso, apoyando su cabeza en la almohada. Cuando Zelda ya está estirada y yo entre sus muslos, me pongo de rodillas y me desabotono la camisa del pijama. La miro y veo que ella me mira con lujuria y amor, ya olvidada la tristeza que minutos antes se había apoderado de ella.

Me quito la camisa y la tiro a un lado, volviendo a bajar para besarla de nuevo. Noto el calor y la suavidad de sus manos sobre mi pecho y espalda. No queriendo dejar a Zelda desatendida, con cuidado deslizo una mano bajo su chaqueta hasta la parte exterior del sujetador, oprimiéndolo suavemente. Se separa de mi boca y se arquea, suspirando de placer.

Abro la cremallera y sonrío al ver que no lleva nada debajo.

- ¿No pasaste frío?

- ¿Frío? – Dice. Parece que ya ha recuperado su compostura. - Hace cuatro días que no… nos vemos.

- ¿Quieres decir que solo has venido aquí para esto?

- Quiero decir que estaba deseando verte. Aunque este es uno de los factores.

Vuelve a besarme cariñosamente, aunque ya introduciendo la lengua directamente en mi boca. El beso es intenso, pero no como los que nos damos siempre. Este es diferente.

La rodeo con los brazos y levanto un poco su espalda, el tiempo suficiente como para desabrocharle el sujetador.

Beso su barbilla y hago un caminito de besos húmedos y lametones hasta el lóbulo de la oreja, donde lamo y muerdo un rato. Zelda gime y se retuerce debajo de mí, susurrando MÍ nombre… y se siente genial, sus susurros y suspiros solo aumentan mi excitación. Pero esto no es para mí.

Continúo bajando por el cuello, lamiendo, mordiendo y volviendo a lamer, hasta llegar a sus protuberantes senos, donde juego con sus botones rosados, utilizando la lengua en uno y la mano en el otro. Presiono el suave y marcado pezón con la palma de mi mano, y ella no hace más que gemir y retorcerse. Sus manos se posan en mi espalda y me acarician mientras beso y jugueteo con esa parte de sus senos, noto como el calor baja hasta la cintura del pantalón, donde lo sujeta y lo empuja hacia abajo junto mi ropa interior hasta la mitad del muslo, liberando mi hombría.

Me toca gemir a mí cuando comienza a acariciar suavemente mi erección en un puño. Comienzo a empujar dentro del puño, gimiendo y mi cabeza dando vueltas por el placer. Mientras con una mano acaricia mi polla, la otra mano va tocando y busca mis sensibles pezones, acariciándolos y pellizcándolos cuando los encuentra. Suelto un suspiro ronco antes de que Zelda vuelva a besarme con lengua.

- Es-Esto es demasiado… para, para…

- ¿Qué pasa? ¿Te hice daño? – Dice con sus mejillas rojas por la pasión.

- No… pero si no paras me voy a correr.

- O.K.

Separa sus manos de mi cuerpo y las pone sobre mi espalda, acariciando de nuevo pero sin tocar demasiado. Aunque ese simple toque ya me haga enloquecer.

Vuelvo a besar una o dos veces cada seno para seguir bajando por su estómago, hasta su ombligo, donde vuelvo a besar, morder y lamer alrededor. Zelda agita las caderas, intentando acercarse más a mí. Quito su pantalón junto con su ropa interior lentamente, acariciando sus muslos, e intento quitarlos del todo cuando me doy cuenta de que aun llevo los pantalones a medio quitar.

Con un suspiro hastiado y una risilla baja de Zelda, me levanto y me quito los pantalones, quedando totalmente desnudo. Vuelvo a la cama y los quito a ella, quedando tan desnuda como yo. Observo su cuerpo y vuelvo a coincidir conmigo mismo de que es lo más hermoso que he visto e irremediablemente digo.

- Diosas, eres hermosa…

- Y tú.

- ¿Yo soy hermosa?

- No, tonto. Eres… como lo diría… serías bonito, bello, mono, pero eres demasiado masculino como para serlo. Atractivo.

Suelto unas carcajadas irremediablemente y Zelda también se ríe, pero me empuja para que retome lo que dejé de lado.

Sonrío y, ya entre sus piernas, las abro con los codos, dejando a la vista su humedad. Acerco dos dedos a sus labios inferiores, bajo su centro, empapándome de su humedad mocosa. Zelda gime y levanta las caderas con anticipación, con una mirada lujuriosa.

Subo los dedos hasta el clítoris, acariciando por dentro de sus labios hinchados, mojando su pequeño órgano sensible e hinchado. Mientras con un dedo acaricio dando vueltas alrededor del granito rosado, beso la parte interior del muslo y lamo bajando hasta su sexo. Zelda gime y es retuerce, mientras acaricia mi cabello rubio.

Con la mano con la que estaba acariciándola, abro sus labios y doy un lametón a todo su coño, haciéndola gemir y agitar sus caderas. Mi erección comienza a dolerme por la falta de atención, pero para lo que tengo planeado esto es una minucia. Espero que pueda aguantar.

Lamo su clítoris con la lengua, jugando con él y oprimiéndolo una y otra vez.

- Oh… sí, Link… - Susurra mientras acaricia mi cabello.

Con la otra mano, hasta ahora acariciando la parte interior del muslo, comienzo a hacer círculos con un dedo alrededor de su agujero, que va soltando más mocosa transparente. La oigo gemir y susurrar súplicas incoherentes y frases inacabadas mientras intenta que meta mi dedo dentro, pero no lo hago y decido seguir con la tortura.

Cuando ya creo que es suficiente, introduzco el dedo índice en su humedad, haciéndola gemir.

- Más… ah, Link, necesito más…

Introduzco un segundo dedo y ella suspira y gime de felicidad y placer, agitando las caderas en círculos, aumentando la fricción de mis caricias sobre ella, estimulándose contra mí.

Saco mis dedos y los substituyo por mi lengua, introduciéndola dentro de ella, de su estrechez, y con un dedo acaricio su clítoris. Ella no lo sabe, pero escuchar sus gemidos es como si me tocara, me da el mismo placer, y estoy sudando tanto como ella lo está. Y ahora está gimiendo de lo lindo, cada vez más fuerte y más seguidos, hasta que sus suspiros se hacen pequeños gritos.

- ¡Link! ¡Para! ¡Me voy a correr!

No se da cuenta de que es lo que quiero.

Saco mi lengua de ella y meto tres dedos en su humedad mientras acaricio su clítoris con mi otra mano, sentado encima de mis piernas como los japoneses. Me lamo el labio con la lengua, saboreando aun su humedad.

Cuando noto las contracciones contra mi dedo, lo saco inmediatamente y me alejo de ella, sonrío cuando se queja y lloriquea como una niña. Me pongo encima de ella y la penetro de golpe, aumentando notablemente su placer en medio del orgasmo. Comienzo ya con movimientos rápidos y duros mientras ella se abraza a mi cuello y me araña, gritando y agitando sus caderas a al ritmo de mis embestidas.

- ¡Ah! ¡Sí! ¡Link! ¡Más!

Intento concentrarme en alguna otra cosa que no sea el placer de la estrechez, la humedad y el calor que me ofrece estar dentro de ella, ni los gritos de placer que acaban en mi oído. Y cuando llega al clímax y grita aun más sigue sin molestarme ese ruido, y aun cuando se está corriendo, no dejo los embates, alargando su orgasmo.

Cuando ya ha terminado, salgo de ella y me tumbo a su lado, aun erecto. Me duele como el infierno pero tenía que hacerlo.

- Ah… eso ha sido… - Intenta reír, pero acaba tosiendo. – creo que… cada vez que… lo hacemos… acabo diciendo lo mismo…

- Sí… - Digo recuperando un poco el aliento.

- Oye… ¿por qué aun estás…?

- Para demostrarte que te quiero de verdad. Así ves que no es solo tu cuerpo.

- ¿Que te… joder… - Traga y cuando ha recuperado el aliento continúa. - ¿Qué te hace pensar que me tienes que demostrar nada?

- Porque siempre que nos vemos acabamos en eso. Entonces…

- ¡Solo a ti se te podría ocurrir eso! – Exclama riendo. - ¿No debería yo demostrártelo también, entonces?

- Yo, bueno… - Mierda, dudé.

- ¿Qué? – Me mira sospechosa. Sé que no es la respuesta que quería escuchar. – Ah, por lo de Dark.

- Lo siento…

- No, no, estás en tu derecho. No estoy enfadada. Dark y el bebé son agua pasada, lo que pasa es que me trastorné un poco. Seguramente porque he vuelto a enamorarme… pero me siento algo culpable.

- ¿Por qué? – Me levanto sobre un codo y la miro.

Me mira y no sé que pensar. ¿Será porque cree que engaña a su ex-marido? ¿Cree desobedece a su padre al no avisar? ¿No está realmente preparada para… lo que sea que tengamos?

- Porque… eres tan joven…

Cilck. ¿Eing?

- Ah… ¡Pero eso da igual, mujer! – Digo riendo. – Si ese es el único problema, no es tan grave.

- Pero cuando tenga noventa años…

- Yo tendré ochenta y tres y me podré mover tan poco como tú.

Un momento… ¿noventa años?

- Oye… ¿por qué te preocupa la edad?

- Soy una abusa-nanos. – Dice con fingida tristeza.

- ¡Anda ya!

- Que sí, que sí. Mira.

Y sitúa un dedo en la punta de mi media erección, que ya había comenzado a bajar. Un gritito ronco de sorpresa mezclada con placer escapa de mi garganta cuando comienza a jugar con su dedo por toda mi polla.

- Nunca te he visto la cara al terminar… quiero verla.

Me obliga a estirarme de espaldas y se apoya en el codo al lado mío mientras me acaricia. Primero utiliza su dedo para extender la gotita de presemen que sale de la punta, para posteriormente ayudar a la fricción de su mano contra mí. Gimo, cierro los ojos y suspiro, a menudo roncamente, mientras noto encima de mi cuerpo y mis facciones, más concretamente, la mirada de Zelda. Me retuerzo y me empujo contra su mano cuando me la rodea en un puño con su mano delicada.

- Oh… así… - Susurro entre gemidos y mis manos con un puño entre las sábans.

Entreabro los ojos y la miro, deseando que continúen las caricias. Noto que el peso al lado mío cambia cuando Zelda se pone de rodillas al lado mío, una mano acariciando aun mi erección, la otra ahora posada sobre mi torso.

Va moviendo la mano por todo mi estómago y pecho, notando los pequeños respingos de mi cuerpo, más pronunciados cuando pasa el pulgar casualmente por mis oscuros pezones.

Arqueo la espalda y suelto un pequeño gritito cuando comienza a bombear algo más rápido y duro.

- Sí… - Susurro una y otra vez, empujándome contra su mano.

Noto en la parte baja de mi estómago como comienza a formarse el orgasmo, pero este aun no ha llegado. Abro mucho mis ojos azules y abro la boca mientras me empujo y gimo, dando ahora gemidos más contundentes y roncos.

- Ah… Zelda… me-me voy a correr… ¡Ah!

Zelda se ha agachado y me ha lamido un pezón, lo que provoca que comience mi clímax.

Me empujo más rápido contra ella y ella presiona más fuerte mis pezones cuando mi semilla comienza a volar hasta mis muslos y la mano de Zelda.

- ¡Ah! ¡Joder! – Exclamo mientras me arqueo contra la cama y abro los ojos como platos.

Cuando termino, vuelvo a caer sobre la cama pesadamente, jadeando y suspirando, intentando recuperar mi aliento normal.

Zelda se vuelve a estirar al lado mío, el codo encima de la cama y su cabeza apoyada en la mano, mirando mi cara bufar de cansancio pero satisfecha.

- Eso fue hermoso… - Susurra mirándome.

- Sí… me gustó… - Río suavemente.

Cuando ella se vuelve a estirar cabeza arriba al lado mío, me acerco y a abrazo por la cintura, apoyando mi cabeza en sus blanditos senos.

- Buenas noches… - Digo.

- Buenas noches… - Me responde.

E instantáneamente, pocos minutos después, se queda dormida. Me levanto suavemente para no despertarla y la miro dormir, tan apacible. La estoy mirando fijamente, sin tocarla por temor a despertarla, y susurro un estribillo de una canción del mismo grupo:

Me dejé la vergüenza olvidada en el baso en el último bar.

La mirada perdida, la voz oxidada.

Despierto en tu cama y me da por cantar:

"Dame el tiempo que no te haga falta,

Y prometo invertirlo en caricias en tu espalda."

"Dame el tiempo que no te haga falta,

Y prometo invertirlo en caricias en tu espalda."

Voy a intentar dormir de nuevo cuando de mi móvil llega un mensaje. Suspiro cansado y me acerco a la mesilla de noche, cojo el teléfono y lo abro, viendo el mensaje de Saria. Frunzo el ceño mientras lo abro, y una risilla se escapa de mí cuando lo leo.

"¡Sí! ¡Funcionó! ¡Funcionó! ¡Jajaja! ¡Eres tan genial! *Q*

Solo los quería de adorno para una gran colección pero… sirvió jajaja.

Nos vemos mañana n.n"

Apago el móvil y lo vuelvo a dejar donde estaba, volviendo a apoyar la cabeza en los pechos de Zelda y volviendo a abrazarla por la cintura.

CONTINUARÁ...


Esos eran estribillos de unas canciones de Despistaos, la de NO y la de CARICIAS EN TU ESPALDA, que me gustaron y en cierta manera, he retorcido un poco el significado poniéndo solo esa parte, pero os recomiendo escucharla toda.Y espero que esta vez me haya salido más suave el lemon... ¡espero que me lo hagan saber!

Adiós, y hasta el próximo y último capítulo. ^.^