Si sigue caminando, es un zombie
Mandragorapurple
ADVERTENCIAS: yullen, muerte, zombies, AU, mucha "Alma".
DISCLAIMER: D. Gray –man pertenece a Ktsura Hoshino (ah! Ella está de regreso!)
Kanda vio alejarse ese desfile de muertos sin estar convencido de que sus observaciones eran correctas. Aquellos cuerpos se movían rápido, sus movimientos no tenían la torpeza de todos los zombies que había visto, incluso parecían hablar entre ellos, pero no había duda que esa piel gris y el olor a muerte que despedían era el de siempre.
Agazapado en la rama, con el corazón acelerado por el temor a que lo encontraran en esa posición de desventaja y por las cualidades que esas criaturas parecían poseer, decidió seguir callado. Era o más sensato, eran demasiados y aunque pudiese lanzarse a la brava y matar a unos cuantos, recordaba que Alma siempre le ayudaba a reprimir ese odio y urgencia por matar a todos zombies que veía.
Alma le seguía salvando la vida incluso en ausencia. Pero los odiaba más, más y más porque el sólo ver su manera de actuar le daba una pista de lo que encontraría cuando llegase al campamento. Nada.
Unos ojos se encontraron con los suyos y de inmediato pensó que ya estaba muerto. No habría encontrado a Alma, no al vería otra vez, no la volvería a tener en sus brazos… una niña de la caravana lo miraba, pronto todos lo harían, sin embargo, la niña saludó con un movimiento de cabeza y cuando la llamaron "Road", siguió su camino. Se había quedado de piedra. Nunca había visto tal cosa. Pero considerando que los otros zombies iban charlando, no debía sorprenderlo, más bien preocuparlo.
Le habían dejado vivir otro día más sólo para que descubriera lo que temía. Al llegar al sitio se encontró con un muro echado abajo, huesos por todos lados, escombros a lo lejos. Se frotó la cara con el dorso de la mano y miró el panorama por un momento. Aún quedaban algunos zombies lentos, de los normales, buscando comida. Atravesó la el muro y desenvainó la katana que llevaba en la espalda. Con Alma había descubierto que era mucho más efectivo cortar de tajo las cabezas que dar disparos como loco. El arma en su cintura estaba reservada para momentos críticos y este no era uno de ellos.
Avanzó acabando con varios reanimados que estorban en su camino, siempre pensando que un acabar con uno de ellos era unos menos del cual preocuparse en el futuro. Así llegó a una casita ruinosa y exploró buscando comida. Había algunas latas de todo y sin discriminar metió en su mochila lo que encontró. Ya veía lejano el tiempo en que sólo quería comer soba con su padre, había aprendido que en un apocalipsis es imposible ponerse exigente en cualquier aspecto. Encontró también algunas armas, pero las dejó, prefería cargar el peso de la comida que armarse hasta los dientes y volverse lento.
Cuando estuvo preparado para salir, la puerta se abrió y desenvainó tomó la espada. Era un chico, estaba tan alterado que ni siquiera había notado su presencia. Parecía desesperado, se tocaba la cara con las manos y lloraba. Antes de poder llamar su atención, salió corriendo nuevamente y desde el marco pudo ver como tomaba una tabla y se enfrentaba a los zombies que se habían reunido a devorar algo. Había sobrevivientes. Y ese chico era un estúpido al pensar que podría salvar a la persona que los zombies mordían.
Lo vio luchar, dejar en la tierra a varias criaturas y tratar de tomar en brazos a una persona de la cual sólo quedaba el torso. El humano maltrecho en sus brazos estaba a punto de morderlo así que corrió y se dispuso a acabar con él, sin embargo el chico ya había sido mordido en el hombro y ahora sangraba.
Kanda clavó su espada en la cabeza de esa cosa una vez que el chico la había lanzado al suelo por instinto, de inmediato dejó de moverse.
Kanda sacó su katana y chasqueó la lengua. Estaba como al principio, de todas maneras en un principio había pensado que no habría gente ahí. Cortó un par de zombies y cuando tuvo el campo libre, se dio la vuelta para acabar con el chico antes del cambio.
Lo miró, tirado en el suelo, lloraba con furia y lo miraba como si no comprendiera lo que estaba pasando. No había visto a alguien vivo desde que Alma le había sido arrebatada y ahora este encuentro terminaría así, por estupidez. Levantó la hoja y justo cuando iba a cortar pudo ver cómo la parte de carne que le había sido arrancada al sujeto se regeneraba.
Bajó la espada. Casi al principio del apocalipsis, Alma y él habían quedado encerrados en una estación de policía pensando que ahí podrían encontrar ayuda. No eran expertos en las situaciones y un perro que merodeaba la estación había mordido a Alma en la pierna. Ella le había dicho que debía matarla antes del cambio, que no debía poner su vida en peligro, pero él ya había decidido que si tenía que dejarla en ese lugar, si tenía que ser mordido por alguien, se quedaría y enfrentaría el que ella lo hiciera. Esperaron el cambio varias horas, sin embargo la herida había sanado y Alma no parecía haberse transformado. Tal vez era porque la mordida venía de un perro, tal vez era porque eran pequeños y resistentes, tal vez habían tenido suerte. Pero jamás volvió a permitir que algo la mordiera hasta el día de su desaparición.
El chico a su lado se había desmayado. Contra sí mismo y con la esperanza de que ese chico tal vez supiera algo de Alma, lo arrastró hasta la casita donde había estado y esperó hasta que despertara.
Notas del autor:
Ahí está, de vuelta a esto. No he roto la promesa y me da gusto. Por otro lado quiero agradecer los comentarios pues me dan confianza en que esto no es del todo una locura XD. Además, en unos días pondré aquel proyecto romántico que preparo.
Gracias por todo y espero que les guste.
Mandra.
