Había sido robado en Mónaco, un importante estafador y con eso lo habían atrapado, pero ahora se negaba a dar más datos sobre lo que le robaron; entre otras noticias habían sido robadas varias joyas de la corona rusa, lo que era un verdadero escándalo, pero lo que lo era todavía más era un huevo de Faberger con riquísimos detalles de piedras incrustadas regalo para la zarina de su esposo; un atentado en la casa real Húngara, bueno que si había trabajo, había de más. Yo viaje primero a las famosas cascadas del Riechelbach… Me hospede en un hotelito al lado del famoso. Mucho más parco, pero un poco más concurrido por nuevos esposos. Desayuné y comí sola. Pero en la noche viendo que mi maestro no llegaba, decidí salir a dar un paseo por las cascadas. A esas horas ya no había gente en los alrededores. Eran pasadas las diez de la noche. Me llamó la atención un pequeño resplandor que reflejaba la luz de la luna en un broche que yo ampliamente conocía, cuando la reconocí. No podía creerlo, estaba sucia, desaliñada, con las ropas desgarradas y mojadas, había lógicamente subido por el despeñadero y nuestros enemigos rondaban los alrededores. Después de asegurada la escena, me acerque a ella, chequé su respiración y su pulso y le hablé por su nombre, volvió lentamente en sí.
- Mató a Penélope. Su cara estaba bastante descompuesta, parecía que iba a vomitar.
- Es una lástima. Le respondí encendiendo un cigarro.
- No debí permitirlo.- Estaba sofocada pero también muy, pero muy enojada, como pocas veces la había visto. Interesante, interesante…
- ¿Sabes que esa es una notable diferencia entre tú y el verdad?- le dije ayudándola a incorporarse. ¿Crees que aún ande en 5 kms a la redonda? Irene me volteó a ver muy molesta.
- El coronel no, un secuaz si. Es el administrador del famoso hotelito.
- Bueno, no hay tiempo que perder ¿puedes caminar?
- Si, solo son raspones y golpes- me contestó incorporándose mientras se sacudía algo de polvo y ramas secas de sus ropas.
- Así que quiso deshacerse de las dos. ¿Qué sabe de nosotros?
- Nada.- Bajó la mirada - Piensa lo mismo que hace dos años- No le creí, por supuesto.
- ¿Por qué entonces te quiso matar? Y en el mismo lugar, creo que ya le están afectando los años. Ella sonrió levemente.
- Bueno Ana, ya son bastantes preguntas ¿dónde está el?
- Debía haber llegado hace una hora si mis cálculos no son errados. Pero querida, para tu información él también se quiere deshacer de mi.
- No lo dudo y creo saber por qué. Contestó Irene.
Una vez que llegamos al hotelito, Irene y yo llegamos hasta mi cuarto, escalando, no queríamos pasar por el lobby y el cuarto estaba en el segundo piso. Casi me voy para atrás cuando lo vi recargado en la chimenea de mi habitación viendo el reloj.
- Tardaste mucho Ana ¿algo interesante?
- Si. Alguien interesante: Irene.
Volteó ligeramente y nuevamente se recargó en la chimenea. Hundió la cabeza en los brazos y empezó a reírse. Su risa era de lo más contagiosa, y sabiendo sus razones aún más, pero me contuve.
- Así es-Le dijo Irene– No necesita decirme que me odia, bien lo sé. Ana por favor permíteme una toalla húmeda. Dijo mientras se quitaba las botas enlodadas. En cuanto volví del baño, mi maestro anunció:
- Bueno, señoras las dejo. Buenas noches. Ana. Señora. Sabía que quería hablar conmigo casi inmediatamente. Irene llenó la tina con agua y dijo que se daría un baño. No le dije que saldría.
Toque suavemente la puerta. Y vi a mi maestro con el abrigo, los guantes y el sombrero puestos. La maleta sin tocar.
- Ni siquiera tengo tiempo. Solo quiero datos, me advirtió.
- Sus sospechas, confirmadas. Bástele saber que si son aliados. Aunque dudo que lo sean ahora y…
- ¿Por qué? Mataron a Penélope ¿verdad?
- Así es. Por eso está sola.
- Escribe a mi hermano. Que vele por el doctor y su familia en la medida de lo que pueda.
- Lo haré. Ah, y ella no sabe más que la mitad.
- Te quedarás con ella y de lo que sabe te encargarás en delante de averiguarlo. Espero tu correspondencia. Ya sabes cómo.
Nos despedimos rápidamente con un apretón de manos. Vaya, al fin había logrado deshacerse de mi. Gracias a Irene cumplió su misión. Regresé al cuarto, para encontrarla completamente cambiada.
- Vaya que fue un baño rápido.
- Estuvo aquí. Y en efecto, estaba un tanto pálida. Penélope no está muerta.
- ¿Hacemos un plan Irene?
- Ya me cansé de esta vida pero tengo que rescatar a mi amiga. Se fue ¿verdad?, ahora lo está buscando justo en este piso.
- Si, no te preocupes. En esto se equivocó nuestro querido amigo el coronel. Pensando que él te ayudaría, cuando lo que quiere es huir de ti y no volverte a ver.
- No lo entiendo – dijo sacudiendo la cabeza – Yo podría ayudarlo a regresar más rápido.
- Vamos Irene, tú bien sabes porqué
- No, no lo sé. Dime tú.
- Yo no voy a humillar a mi maestro. Nos quedamos en silencio un rato. Bien lo sabía Irene, pero para acicate de su orgullo, le encantaba que se lo repitieran. Preparé algo ligero para cenar, ya que no podíamos salir de la habitación y sería arriesgado pedir algo de comer, conociendo las actuales circunstancias.
- ¿Cómo ha estado?- Me preguntó Irene.
- Tan bien como tú- Sabía que Paloma confiaba a ciegas en ella, pues era su maestra y su socia, pero yo no. Y no porque él me hubiera contagiado su desconfianza, que más bien de su parte eran un poco de celos profesionales.
- Estás tan diferente de tu hermana. Paloma y tú ya no son la misma.
- Nunca lo hemos sido- Ella sonrió un poco.
- Lo sé. Lo siento. Quiero decirte una cosa Ana. Yo no soy como él. Yo pienso que la vida sin emociones no tiene sentido. Privarte de ellas es una tontería. Manejarlas es una arte que no deberías menospreciar. No sé si aún lo admiro, porque veo muy claro lo que te ha hecho… pero espera, ahora recuerdo. No fue el ¿verdad?
Irene también sabía muy bien leer en el corazón humano, pero a diferencia de mi maestro, ella se entregaba apasionadamente a sus emociones. A veces exageraba un poco. Pero se podía dar el lujo sin duda alguna. Yo no contesté y me limité a mirar por la ventana. Por lo visto Paloma le había contado todo a su maestra. Bueno, todo lo que hasta hace dos años sabía, cuando aún era mi confidente. Viéndome a solas con ella, me agradecí a mi misma que ya no fuera tan abierta con Paloma. Pensé en no contestarle e irme a dormir, pero sabía que tenía una asignación pendiente y que esa actitud me llevaría al lado opuesto del punto al que me proponía llegar.
- Muy bien Irene – le contesté sentándome en el borde de la cama que esa noche compartiríamos. – A esa persona que te estás refiriendo, la tengo en uno de mis más gratos recuerdos. Así como el te guarda a ti. – Primera estocada, no espere a ver sus efectos – Queda nada más en eso porque está casado, no felizmente creo yo, pero casado al fin.
- ¡Ja! No creo que me guarde como un grato recuerdo.
- Bueno, volviendo a mí. Me decidí a hacer carrera por mi cuenta, soy médico, además me especialicé en medicina forense, tengo una maestría en psicología de lo criminal y una en tecnología aplicada a las ciencias forenses. Holmes me dio de alta hace dos meses. Cree que no tengo nada más que aprender.
- ¿Y por qué sigues con él entonces? Ah, adquirir experiencia… no, espera, aún mejor: poder competir con él.
- Más bien lo primero Irene. Él es él aquí y no tiene idea del mundo en el que yo me voy a desenvolver.
- ¡Vanidosa la chica! Veo que le has agregado todos los vicios de Holmes a tu nueva personalidad.
- Casi. Yo soy lo más cercano que vas a poder ver de él. Segunda estocada.
- Si, a menos que yo así lo quiera. Deseo escribirle. Pero me imagino que tendrá que ir esa carta primero a tus manos ¿no es así?
- Así es. Pero ahora tú dime por qué te involucraste con el profesor James Moriarty, sabiendo que era uno de sus enemigos más formidables.
- Ay Ana si yo te contara por qué, no me creerías
