¡Hola a todas de nuevo!
Ya sé que he tardado un montonazo, de verdad que lo siento muchísimo, me atranqué en una parte y no me venía la inspiración y con todos los exámenes que tenía (y que tengo) no me daba tiempo. Pero al final lo conseguí, lo que pasa es que me salió más largo de lo que me esperaba porque lo que iba a ser un capítulo al final van a ser dos, si no se iba a alargar este capítulo un montón. Así que ya sabeís que la próxima continuación la tendreís antes, porque ya esta empezada y con la idea clarísima. Asi que me vuelvo a disculpar por la tardanza U.U'
Ahora, los maravillos, preciosos, esplendorosos, etc, etc, etc, reviews que he recibido. De verdad, no me esperaba tanto, fue como O.O Y bueno, agradeceros a todaaaaaaaaaaaaaaaaaas los comentarios que me habéis dejado y que me han dado muchísimos ánimo para ponerme a escribir y que no puedo expresar con palabras lo feliz que me ponen ^^
Así que bueno, aquí tenéis el segundo capítulo, que es uno de mis favoritos con el siguiente, ya que es la segunda parte, que creo que me gusta más, es más emocionante, pero era necesario el partirlos, así que espero que os guste :)
2º Capitulo de esta emocionante historia que va a ser muuuuy larga, ya os iré adelantando cositas, aunque por la edad de los personajes deduciréis que no se van a quedar todo el tiempo con 12 y 15 años, lo emocionante de verdad viene después ;P
Los pensamientos, flash-backs y algunos nombres están en cursiva.
Como siempre los personajes no son míos y digo lo mismo que la mayoría, si lo fueran os puedo asegurar que Sasuke estaría a estas alturas con Sakura ^^, pero como son de Masashi Kishimoto, tendré que dejar de soñar con eso TT_TT Por cierto, si me podéis mandar las que sepáis algo nuevo del manga me haríais un favor, es que ya no tengo casi tiempo TT_TT
Y ya no os entretengo más xD Dejad correr vuestra imaginación :)
-INVASIÓN Y REENCUENTRO-
ºIt's all about youº
—Te prometo Sakura… que nos volveremos a ver y cuando eso pase, podrás venir conmigo para vivir todas esas aventuras que tanto te gustan— le prometió con voz ahogada y la estrechó con más fuerza.
Después de unos instantes se separó de ella y le limpió las gotas que se deslizaban por su carita.
—Lo has prometido—le recordó intentando sonreír.
—Adiós pequeña Sakura—se despidió y le dio un beso en la mejilla que dejó sorprendida a la niña.
En cuanto abrió los ojos despertando de su últimamente repetitivo sueño, supo que aquel día sería diferente. Una vaga sensación de que iba a pasar algo estaba alojada en su interior. El problema es que no sabía si iba a ser algo bueno o malo. Pero estaba absolutamente convencida de que algo sucedería aquel día.
Sentía el fuego palpitar a través del cristal, también parecía sentir algo. ¿Podría el collar transmitirle esas sensaciones? Obviamente no, solo es un collar, pensó en un principio dejando de lado la idea; sin embargo, tras meditarlo unos instantes, no descartó la idea, por muy surrealista que pareciera.
Apartó las sábanas y salió de su cama con cierta pereza. Con los pies descalzos, caminó a paso lento hasta la puerta que daba al balcón, abrió las cortinas y salió al exterior.
Su mirada analizó el paisaje que había ante sus ojos, buscando un incentivo para validar su teoría del presentimiento. Pero comprobó, con cierta decepción, que todo estaba igual que el resto de los días, nada había cambiado. De hecho, todo estaba en calma absoluta y no veía nada que perturbara el tranquilo ambiente tanto de la ciudad como de los alrededores. Todo era y estaba absolutamente aburrido… como siempre.
Sin embargo, algo atrajo su atención de forma inmediata y casi involuntaria, pese a no salirse de lo normal. El mar la llamaba, la incitaba a ir hasta él, la atraía con la fuerza de un imán. Eso había cambiado, antes, siempre se había sentido fascinada con él. Pero hacía dos días que parecía ser una necesidad ir hasta el mar o tocar el agua. Si, todo lo que estuviera relacionado con el agua hacía que su cerebro solo pensara en ello, como una especie de conexión profunda irrompible. Parecía como si fuera parte de ella. Algo que la asustaba un poco, puesto que no lo comprendía.
El ruido de su pequeña gata acercándose la liberó del embrujo al que era sometida y se volvió para coger a su adorable mascota. Le gustaba acariciarla, su pelaje era infinitamente suave, y además, le transmitía tranquilidad cuando se encontraba nerviosa. De todas las cosas con las que se quedaría de todo el palacio, su gatita estaba en primer lugar. Se la encontró en una excursión a escondidas a la playa hacía tres años, desde entonces, la había estado cuidando. Lo curioso del animal, era que seguía del mismo pequeño tamaño que tenía por aquel entonces, pero ella lo prefería así.
Sakura, con un suspiro, dejó a su gatita en el suelo y se apresuró a arreglarse y a vestirse. Se puso su uniforme y se recogió su pelo.
Estaba a punto de salir de la habitación cuando la extraña sensación la invadió de nuevo. Tras meditarlo indecisa, abrió su armario y sacó una daga. No era de su estilo especialmente, pero prefería ir armada por si acaso, total, no se notaría si la ataba a uno de sus muslos.
El resto de la mañana continuó de forma monótona y tediosa. No había nada nuevo de aprender que requiriese un esfuerzo mental lo suficientemente alto como para conseguir romper los esquemas preestablecidos de las clases. Tenten se había mostrado impaciente y nerviosa durante todo el día, ¿le pasaría algo? ¿Podría tener ella lo mismo? Lo mejor sería preguntarle durante la comida.
—¿Ocurre algo, Tenten?— la interrogó Sakura nada más acabar las clases, la mirada chocolate de su amiga estaba demasiado alterada. Como si estuviera esperando algo realmente malo.
—No… bueno sí… no… sí, no pasa nada— tartamudeó atragantándose y contradiciéndose con sus propias palabras, parecía realmente perturbada por algo.
Los perceptivos ojos verdes de Sakura la analizaron con fijeza, era demasiado obvio que no se había creído lo dicho.
—Realmente estás muy preocupada, ¿te ha pasado algo?—le preguntó inquietándose un poco, su amiga solía ser demasiado directa como para estar en aquel estado.
—Es que… mira creo que lo he debido haber imaginado, eso es, solo ha sido una ilusión, claro que si— contestó autoconvenciéndose de algo que dejaba a la pelirrosa con una mueca de estupefacción en su rostro.
—¿Y qué es lo que has imaginado exactamente?—inquirió tratando de que dijera algo coherente y que su mente pudiera entender, dado que los balbuceos incompresibles no eran su especialidad.
—Nada importante— contestó esbozando una sonrisa un tanto falsa y Sakura le dirigió una mirada casi fulminante, ¿Acaso no podía contestar algo que tuviera sentido o que fuera meritorio de ser escuchado?
—¿Y qué es eso que no es importante?—preguntó con cansancio, como odiaba tener que dar vueltas para conseguir algo.
—Una simple ilusión— contestó para ponerla nerviosa, Tenten sabía perfectamente que su amiga se exasperaba con facilidad y que no tenía mucha paciencia, pero le gustaba hacerla rabiar, era divertido.
—Tenten…— dijo con enfado y con una amenaza silenciosa mientras la asesinaba con la mirada.
—Está bien, está bien, esta mañana, de camino aquí, bueno… he visto un barco— empezó adquiriendo seriedad conforme continuaba— ese barco era de color negro, pero no de un negro normal, me refiero completa y absolutamente negro, de ese que no se distinguen las formas; las velas eran extremadamente blancas, cegadoras. Y una bandera negra se alzaba en el palo mayor, aunque no se podía distinguir el dibujo de su interior.
—Estás pensando de que se trata de ese barco, ¿no es así?— contestó Sakura especificando el barco haciendo especial énfasis en el "ese".
—Así es— respondió mordiéndose el labio inferior, la pelirosa le imitó.
Sakura no sabía si estar muy preocupada o asustada, o sentirse feliz por tener la oportunidad de volver a ver al legítimo dueño de su colgante. Podría ser peligroso, pero el peligro le encantaba, hacía su vida más emocionante. Además, un buen subidón de adrenalina no le vendría nada mal a su mal acostumbrado por el aburrimiento cuerpo.
—Bueno, no te preocupes, seguro que al final no es nada— la tranquilizó Sakura con una sonrisa, pero Tenten conocía demasiado bien esa expresión y se alarmó.
—¿Qué tienes en mente, Sakura?— le preguntó con preocupación.
Sakura no contestó, se limitó a encogerse de hombros y le hizo una señal para que continuaran su camino al comedor. Su día había mejorado notablemente y ya entendía el porqué del presentimiento de aquella mañana. No podía distinguir en qué lado estaba porque, ciertamente, estaba en los dos. Que vinieran los piratas era bueno, pero a la vez malo. Bueno porque implicaba ver al pequeño Sasuke, que ya no sería tan pequeño, al fin y al cabo, y tal vez, cumpliría su promesa y ella podría largarse de allí para vivir aventuras. Sin embargo, también era malo, porque a pesar de todo, los piratas no eran buenos, eran reconocidos por sus crímenes: robos, secuestros, matanzas, amenazas, etc. Y precisamente, los piratas del Onix Sheet eran conocidos por esto. Por ello eran los piratas más temidos y el hecho de haber conocido a uno de ellos siendo este todavía un niño no significaba que no fuera a ser igual, ¿o se equivocaba?
—Oye, Sakura, prométeme que no vas a hacer ninguna estupidez— le dijo Tenten con voz seria y preocupada cuando le dio alcance. La pelirrosa suspiró cansada.
—Yo no he dicho que vaya a hacer nada— canturreó esquiva saliendo rápidamente por la puerta principal.
—Que no lo hayas dicho no significa que no lo hayas pensado— insistió la otra manteniendo el mismo ritmo que su amiga.
—Oye, estás un poquito insoportable, ¿sabes?— le dijo un poco irritada por su comportamiento— ¿por qué no me dejas en paz?
Sakura la adelantó pero la castaña se puso delante suya impidiéndole el paso. Las miradas de ambas eran de desafío pero una estaba cargada de irritación y la otra de preocupación. Tenten conocía perfectamente a su amiga, como la palma de su mano, y la mirada que esos ojos verdes le devolvían no significaba nada bueno, no después de haber visto lo que pasaba cada vez que Sakura ponía esa mirada. En cualquier otro caso se lo dejaría pasar e incluso la ayudaría con el plan que se estaría llevando a cabo en la cabeza de su amiga. Pero sabía lo que pasaba cuando uno se metía en el camino de los piratas. Y nadie, absolutamente nadie, salía bien después de que su camino se encontrara con los peligrosos corsarios. Tenía que detenerla.
—Porque soy tu amiga y me veo con la obligación de que no te pase nada malo— contestó frunciendo el ceño pero con mucha seguridad en sus palabras.
—Pues no te preocupes por eso más— le dijo con rabia la pelirrosa golpeándola en el hombro para pasar delante, dejando a una Tenten confundida.
—¿Qué quieres decir con eso?—le preguntó sin comprender.
Sakura se giró enfadada y la miró con determinación.
—Que de ahora en adelante, ya no vamos a ser amigas— le dijo de forma venenosa y dolorosa, sabía lo que estaba haciendo, pero después de haberlo estado meditando, supo que era lo mejor para ella. Si al final se iba con Sasuke, ella sería una traidora, una desertora y si eso era así, Tenten sería a la primera que interrogarían, así, ella quedaría totalmente libre de cualquier cosa que intentaran contra ella.
—Eso que dices es una tontería, si quieres paro, pero no veo que esto sea razón para dejar de ser amigas— replicó Tenten sin comprender sus razones, aquello no iba por donde ella quería. La amistad que tenía con Sakura era demasiado importante para ella como para echarla a perder por una tontería.
Sakura se mordió el labio inferior, después de reflexionar durante unos instantes se dio cuenta de que la calentura del momento le había hecho decir algo realmente malo a su mejor amiga. Pero también reflexionó que, tal vez, lo de la separación era una absoluta tontería. ¿Quién sabía si ese niño al que conoció se acordaría de ella? Tal vez ya lo habían capturado y ella estaba como una tonta rompiendo su lazo de amistad más fuerte.
—Tienes razón, lo siento, me he dejado llevar— se disculpó, pero su mirada seguía con determinación— pero quiero que sepas que no me va a pasar nada, así que no te preocupes.
—Ya seguro, ¿Sabías que los piratas no tienen piedad? Si te enfrentas a ellos no dudarán en torturarte y matarte, ya viste el periódico, no se detendrán por ser una niña— le advirtió con seriedad.
—Olvidas que llevo combatiendo en una academia durante toda mi vida, esos piratas no tienen nada que hacer conmigo— aseguró con falsa superioridad y prepotencia, Tenten suspiró un poco cansada.
—Lo que tú digas, pero luchadores mejores que tú han muerto en ataques contra piratas.
—Pero como no voy a luchar contra los piratas asunto zanjado— cerró el tema Sakura y Tenten la miró con una ceja enarcada.
—¿Estás intentando decirme que he malgastado saliva para nada?— le preguntó.
—Creo que sí— contestó riéndose y al ver el aura maligna que se arremolinaba alrededor de Tenten decidió salir corriendo.
Tenten la persiguió con más diversión y alivio que enfado. Era mejor que aquello solo fuera una broma de la pelirrosa que un descabellado plan.
—¡No huyas cobarde! ¡Te vas a enterar!— le gritó mientras trataba de darle alcance.
—¡No conseguirás atraparme!— le contestó mientras reía.
El ambiente tenso había cambiado totalmente a uno relajado y divertido, pero en la cabeza de Sakura todavía había un plan creciendo. La sensación de esa mañana no había desaparecido sabía que iba a pasar algo y tenía que estar prepasada para ello.
Mientras, en la misma isla pero en otra parte muy diferente, un barco entraba por la única entrada por la cual no sería descubierto. El temible Onix Sheet se adentraba por la oscuridad de la Amethyst Cave. Cuanto más adentro se metía más se distinguía el violáceo brillo de las amatistas iluminar la cueva haciéndola parecer la Ruta de las Maravillas. Las tranquilas aguas transportaban el barco, cada vez más al interior. La iluminación era tenue, pero bastaba para distinguir las posibles rocas que podrían chocar contra él. Las velas blancas se fueron plegando una a una hasta que todas fueron recogidas. La discreción era algo muy importante, tenían que pasar desapercibidos, al menos por el momento.
—Que sitio más guay— comento Ino con la boca y ojos abiertos. Le maravillaban las joyas y aquel sitio estaba hecho por el violáceo mineral que relucía como ellas. Pensó con seriedad en coger algunos trozos, luego podría hacer con ellos pulseras, collares, etc. Sería un buen negocio, en cuanto los otros se fueran, aprovecharía para hacerlo.
—Si, la verdad, es muy bonito— la apoyó Kurenai admirando el inusual escenario.
—Dejaos de tonterías, esto no es un museo, tenemos que ponernos manos a la obra ya— les dijo Ibiki en tono serio, las dos mujeres lo miraron despectivamente, pero no dijeron nada, sabían que dijeran lo que dijeran saldrían perdiendo, así eran las cosas con Ibiki.
—Todavía no estamos reunidos, déjalas disfrutar del espectáculo, no todos los días venimos a la espectacular Amethyst Cave— le dijo despreocupadamente Asuma que se estaba fumando un cigarrillo. Ibiki le lanzó una mirada de reproche, pero este no le hizo caso. Ino y Kurenai le dirigieron una sonrisa, si alguien había en el barco capaz de callar a Ibiki, ese era Asuma, tal vez por eso Kurenai mantenía una relación con él, aunque, por supuesto, había otros muchos motivos. La pirata de cabello negro se acercó a su defensor para posar sus labios sobre la mejilla de este en gesto de agradecimiento. Ibiki se apartó de ellos con un suspiro de frustración, definitivamente tratar con mujeres y defensores de las tonterías de estas era algo que el, ciertamente, no podía soportar. Para él, aquello era reflejo de debilidad, aquellos buenos sentimientos hacían un mal pirata de aquel que los poseía. Por eso él era un buen pirata, no había nadie en el mundo capaz de removerle aunque fuera un poco su fibra sensible, que estaba seguro de que no tenía. Eso le hacía, para orgullo suyo, el pirata más peligroso de aquella tripulación. Aunque admitía que muchos podían estar a un nivel muy parecido al suyo, o los que en un futuro lo tendrían, como los jóvenes Sasuke y Sai, que eran fríos y sin escrúpulos, sin duda, sus mejores alumnos.
—¿Y como es que nadie viene a este sitio? Podrían explotarlo, la piedra amatista es utilizada para el comercio de joyas— preguntó extrañado Shikamaru al ver lo solitario que estaba el lugar, y sobre todo, ver que estaba intacta.
—Para algunos el peso de las leyendas es más grande que el del dinero— contestó Tsunade saliendo del camarote con una sonrisa. Avanzó hasta quedar a la altura de los demás.— Hay muchas historias escritas sobre esta cueva, todas mentira, pero la gente prefiere no jugar con la suerte. Además, este sitio es muy peligroso, recordar que cuando aumenta la marea, se inunda por completo. Venir aquí para una persona normal podría ser casi un suicidio.
—¿Por eso se piensan que ni los piratas se atreven?— inquirió Sai incrédulo.
—Exactamente, ellos se piensan que los piratas que entran son fantasmas de personas que murieron ahogadas por la codicia de obtener las amatistas mientras están por estos alrededores— respondió con sorna la rubia.
—Entonces no me extraña que haya tantos casos de pirateo aquí— comentó Naruto con sorna sonriendo— esto va a ser robar y cantar.
—Es coser y cantar, Naruto— le corrigió Ino pegándole en la cabeza en broma-a ver si te aprendes bien las cosas.
—Pero nosotros no vamos a coser si no a robar— protestó como un niño pequeño.
—Eso no tiene nada que ver— replicó fulminándole con la mirada.
—Me tenéis harto— les dijo la voz irritada de Sasuke cuando este y el capitán Kakashi salieron a cubierta para reunirse con el resto de la tripulación.
El silencio se hizo inminente entre todos. El respeto que estos tenían hacia su capitán había sido forjado durante todo el tiempo. Tantas batallas juntos habían creado entre todos los tripulantes un vínculo entre sí que solo el más fuerte de los sentimientos se podría comparar.
Kakashi avanzó hasta quedar justo en medio del círculo que todos habían hecho a su alrededor. Su rostro parecía tan calmado y apacible como siempre. Si había algo por lo que ese hombre era reconocido entre ellos era por no perder nunca la calma, incluso en las peores situaciones, lo que ayudaba mucho a los demás a la hora de actuar.
—Ya es la hora de empezar—empezó sonriendo, los demás correspondieron al gesto, estaban deseando entrar en acción. Hacía mucho tiempo que habían querido ir allí, decían que era impenetrable y que atacar la Ciudad de Cristal suponía una muerte segura para cualquiera. Pero como ellos no eran cualquiera, estaban ansiosos por demostrarles a todos cuan superiores eran.— Ya sabéis cada uno la colocación.
—Shikamaru, Sai y yo nos quedaremos justo encima de la cueva, os avisaremos de inmediato si ocurre cualquier cosa— dijo Obito. Para todos resultaba obvio que ellos tres serían los que vigilaran. Sai los avisaría si alguno de los dibujos vivientes que dibujara veía algo sospechoso. El poder de Shikamaru con las sombras era muy útil para pararle los pies a cualquiera que se dirigiese a la cueva, pues los manipularía antes de que estos realizaran algún ademán de haber descubierto algo. Y Obito, quien actuaría como capitán de grupo, tenía una habilidad parecida a la de Kakashi, podía prever cualquier movimiento de su oponente, incluso realizar tal movimiento con que el otro lo pensara. Si alguien los atacaba mientras hacían guardia, el podría proteger a los dos muchachos.
—Nosotros estaremos en la montaña de Plata, desde allí veremos todo lo que pasa, tanto en la ciudad como en la playa—dijo Asuma haciendo referencia a él mismo y a Shino, con la ayuda de sus insectos. Su posición estaba muy cubierta y solo intervendrían en caso necesario. Y las luciérnagas podrían emitir señales en caso de que ocurriera algo malo en algunos de los dos sitios.
—Ino y yo nos quedaremos vigilando el barco— continuó Tsunade y observaron como Ino hacía un mohín, sabían que a la rubia no le agradaba quedarse allí sin hacer nada. Pero para esta misión era lo mejor.
—Bien, los demás—dijo para finalizar Kakashi mirando a la restante tripulación que les seguiría: Kurenai, Kushina, Iruka, Gai, Naruto, Lee, Ibiki y el creador del plan, Sasuke.— Espero que estéis preparados para invadir la ciudad. Ya sabéis cuál es la única regla: no quiero ninguna muerte innecesaria. Por lo demás, haced lo que queráis, pero no olvidar el objetivo principal de todo esto.
—¡No se preocupe Capitán Kakashi!— le dijo con mucho entusiasmo Naruto.
—Tener mucho cuidado— les advirtió Tsunade con una sonrisa.
—Más os vale traer mucha ropa moderna— amenazó Ino con el dedo y los más jóvenes se rieron. La obsesión de Ino por la moda nunca cambiaría.
—No te preocupes, yo misma me encargaré de ellos— la tranquilizó Kurenai guiñándole el ojo con complicidad y la rubia sonrió aliviada.
—Venga, nos vamos— anunció Kakashi mientras se iba. Los demás se apresuraron a seguirle después de despedirse de Tsunade e Ino, que les desearon suerte y que se divirtieran. A la mayor no le importaba perderse aquella invasión, ya había tenido otras, y como médico, era mejor que se quedara allí para las urgencias. La menor, se quedaba con envidia, pero intentó encontrar algo que la distrajera durante todas las horas que sus amigos estuviesen fuera. Saltó del barco, y empezó a recoger amatistas, sacaría mucho dinero y si tenía dinero, seguro que podría permitirse comprar mucha ropa. Con aquel feliz pensamiento, se olvidó que sus compañeros se habían ido y empezó a recolectar aquel mineral de color violeta que tanto le había gustado.
Después de desembarcar y colocarse justo a la salida de la cueva, pero de tal forma que no podían ser descubiertos, Sai dibujó un pájaro que se agrandó hasta ser lo suficientemente grande como para que los indicados subieran en él. Kurenai se montó con ellos, puesto que de esa manera los volvería invisibles y no los descubrirían mientras los dos grupos centinela llegaban a sus puestos. El grupo de Obito fue el primero, pero Sai dirigió el pájaro dibujado hasta la otra posición de defensa donde se quedaron Asuma y Shino vigilando y observando la situación. Por último, dejó a Kurenai con el resto.
Una vez todos reunidos, avanzaron de forma sigilosa por la playa cubierta de niebla hasta las dos palmeras que formaban una W. Sasuke hizo una pequeña llama para que alumbrara mientras abrían el pasadizo por donde entrarían. Unos tras otro entró por la trampilla hasta que el muchacho se quedó el último y, tras extinguir su propio fuego, entró cerrando la trampilla con él.
El carruaje transportaba a las dos muchachas que acababan de salir de una intensiva tarde de entrenamiento. Aquel día había sido más duro que otros, pero también más provechoso. Tenten había aprendido técnicas nuevas que tendría que desarrollar en futuras clases, pero saber cosas nuevas le alegraba, así avanzaba. Sakura, por su parte, había derrotado a todos los alumnos de su categoría e incluso a algunos de nivel, supuestamente, mucho más avanzado que el de ella. Sentía una facilidad para moverse increíble, como si su cuerpo se transformara en agua y fuera más ligero, lo que hacía que ganara más velocidad y su ataque fuera mejor. Todos lo habían notado y la habían felicitado por su mejora. La pelirosa estaba orgullosa de sí misma. Saber que era la mejor siendo la más joven hacía que su ego aumentara aunque no le gustaba fardar, pero al menos le servía para estar feliz consigo misma.
—Esta tarde ha sido increíble, ¿has visto la voltereta que he dado cuando he lanzado esos cuchillos y he dado justo en el blanco? ¡Ha sido increíble!— contaba emocionada otra vez Tenten que seguía alucinada por el movimiento que había hecho y que había salido de forma limpia y perfecta. Sakura le sonrió y se rió.
—Sí, la verdad es que ha sido genial— admitió la pelirrosa.
—Pero bueno, ¡tú sí que has estado alucinante! ¡La forma en que te movías ha sido una pasada!—la halagó emocionada al recordar el combate de su amiga contra los otros pupilos, la batalla había acabado rápida y mostrando una ganadora que no se había despeinado un pelo— ¿cuándo has aprendido a hacer eso? Era como si te desmaterializaras y corrieras, como… ¡un torrente de agua! Sakura, me tienes que enseñar a hacer eso. Así las dos seríamos invencibles no solo tú
—Yo no soy invencible— replicó riendo,— no lo sé, me salía solo era una sensación extraña pero agradable— confesó al rememorar lo que sintió, sentirse tan ligera era una sensación que nunca había experimentado antes, parecía como si fuera libre.
Las dos amigas siguieron hablando hasta que llegaron a la casa de Tenten. Era una preciosidad, el tipo de casa en el que a Sakura le gustaría vivir, no muy grande pero bonita y acogedora, un verdadero hogar.
Se despidió de su amiga y vio como la madre de esta la recibía con un abrazo y beso. Sakura no pudo evitar sentir un poco de envidia, a ella nunca la recibían así. Entre otras cosas porque su madre estaba muerta y ni sus hermanas ni su padre saldrían a recibirla de esa manera. En esos momentos, ella deseaba no ser princesa y ser una persona normal, así, por lo menos, se sentiría como una.
Por las ventanas del coche contemplaba la puesta de sol y la sensación de aquella mañana la invadió de nuevo. La intentó ignorar observando que unas nubes de tormenta se movían con rapidez, supuso que esa noche habría tempestad. No le gustaba la tormenta, es más le daban miedo los truenos. Pero si solo era lluvia, adoraba taparse con las sábanas hasta arriba mientras escuchaba, cobijada, el sonido de las gotas caer.
Suspiró y apoyó la cabeza en el respaldo del asiento, sabía que esa noche no dormiría bien. Estaría toda la noche en vela por culpa de la sensación que la embargaba.
Al cabo de media hora ya estaba subiendo las escaleras que la llevaban hasta su habitación. Dejó su cartera sin cuidado alguno sobre la alfombra y se tiró sobre la cama. Sin saber cómo, se sumió en un sueño profundo.
Avanzaban a buen ritmo por el oscuro, húmedo y desagradable pasadizo. Sasuke iba el primero iluminando el camino gracias a que en sus hombros había creado llamas. Recorrieron algunos túneles, llenos de suciedad y bichos, hasta desembocar en lo que supusieron que eran las alcantarillas por el hedor que provenía del agua verde y marrón que fluía en estas. Justo cuando avanzaron un poco, descubrieron varios botes. Se agruparon en grupos de 3 y cada uno empezó a remar lo más rápido que podían para no tener que soportar aquel olor durante mucho más tiempo.
Tras haber recorrido todo el camino, encontraron las escaleras que llevaban hasta la Sapphire Plaza. Desembarcaron con cuidado, amarrando los botes para que no se los llevara la corriente, pues el alcantarillado tenía más recorrido que continuaba más allá, y corrieron hasta allí. Pero justo cuando iban a subir por estas, alguien les llamó la atención. Un sujeto se acercaba con una antorcha. No le dieron mucha importancia al ver que venía solo, era una presa fácil.
—¡Hey VOSOTROS!—les gritó el guardia que los había pillado, quien se acercaba para averiguar de quién se trataba, pues estaba prohibido bajar a la parte subterránea de la ciudad. Un escalofrío lo recorrió entero al reconocer el símbolo que se repetía en todas aquellas personas. Intentó escapar para dar la voz de alarma pero ellos fueron más rápidos que él.
—Adiós—le dijo Ibiki quien no dudó un segundo a la hora de quitarle la vida a aquel hombre— ahora podemos seguir.
Los demás asintieron y empezaron a subir por las escalerillas. Sasuke abrió con cuidado la trampilla y al subir comprobó que estaba en un callejón que daba directamente a la Sapphire Plaza. Salió con rapidez y ayudó a los demás a subir. Una vez que todos estuvieron fuera. Se miraron de forma significativa. Todos sabían que hacer. Naruto y Lee cogieron unos trozos de madera y pidieron a Sasuke que los quemara, el juego empezaría. Una vez que prendió, ambos muchacho empezaron a saltar tejado por tejado prendiendo fuego. Aquel clásico siempre resultaba efectivo para causar el pánico y que todo el mundo intentara hacer desaparecer el incendio y no al causante de este. Bueno, esa ciudad se lo merecía.
Los demás empezaron a saquear y a coger todo lo que veían de valor o útil. Kakashi e Ibiki se apartaron del grupo para buscar información y atender otros asuntos. Sasuke, por su parte, emprendió camino hacía su objetivo.
—¡Sakura! ¡Sakura!— sacudió fuertemente Yuri a Sakura para despertarla. La pelirrosa la fulminó con la mirada cuando fue interrumpida de tal manera de su dulce sueño.
—¿Qué quieres ahora Yuri?— le preguntó a su hermana mayor de mala leche, pues sus despertares no eran los mejores y menos aún cuando lo hacían de esa manera.
—¡La ciudad!—le gritó con pánico Ran mientras entraba súbitamente a la habitación provocando dolor de cabeza a Sakura que se encontraba aturdida y confundida.
—¿Pero qué…?— intentó preguntar Sakura que no entendía lo que estaba pasando, pero fue interrumpida por varios guardias.
—Señoritas, deben regresar a sus aposentos y no salir de ahí—mandó uno de ello mientras que los otros las sacaban de su cuarto. La pelirrosa parpadeó un par de veces, pues en cuestión de segundos la habitación se había quedado vacía a excepción de ella y todavía nadie le había explicado nada.
Se levantó perezosamente de su cama y vio con molestia que seguía con el uniforme puesto. Miró por la ventana que seguía lloviendo aunque la tormenta en sí no había comenzado, lo cual agradeció, pues si bien la lluvia no le desagradaba, los rayos y truenos eran una cosa distinta. Pero no vio a simple vista que hubiese nada raro.
Aún así, quiso saber la causa del alboroto, así que abrió la puerta, pero cuatro guardias se encontraban justo en su puerta y no la miraron de forma amigable. Pese al aspecto intimidante que estos tenían, pues eran enormes comparados con ella, intentó sonreír para preguntarles.
—¿Sucede algo ahí fuera?
—La ciudad está siendo atacada por piratas—respondió de forma resumida y sombría uno de ellos.
Sakura se sorprendió, pues pese a que la ciudad era pocas veces invadida por piratas, nunca se había armado tal escándalo, los soldados habían acabado con ellos con rapidez.
—¿Y por qué tanto alboroto, acaso nuestro ejército no ha sido siempre suficiente?— preguntó añadiendo un poco de burla al final, pues todos los militares estaban muy pagados de sí mismos, como si fueran superiores al resto de los ciudadanos solo por pertenecer al ejército y ser reconocidos por luchar.
—Estamos siendo atacados por la tripulación de la Onix Sheet— indicó de forma fría otro y Sakura lo comprendió enseguida. Las caras de los guardias parecían máscaras de hielo, pero ella adivinaba que la preocupación y el temor se escondían bajo estas. Al fin y al cabo, los tripulantes de aquella embarcación eran considerados de los piratas más peligrosos y sádicos por la mayoría de la civilización, capaces de derrotar a un ejército entero y burlar toda la seguridad de una ciudad, como había pasado en este caso. También entendía el alboroto de sus hermanas, pues si había un asalto al castillo, sin duda alguna, las más perjudicadas serían ellas. Por esa razón, ella no pensaba permanecer allí.
—¿Puedo ir a la habitación de la princesa Yuri? Es que todo este asunto de los piratas me da mucho miedo— les pidió adoptando su pose más inocente y asustadiza aprovechando sus propios rasgos infantiles que le daban una apariencia de niña pequeña.
—Está prohibido que ninguna de las señoritas abandone su cuarto bajo ninguna circunstancia cuando se da el estado de alarma, por su propio bien— decretó el que Sakura ya había adivinado que tenía que ser el jefe de los otros. Ella hizo una mueca de disgusto, pues normalmente se le concedía todo al poner aquella pose.
—Como digan— respondió irritada y con el orgullo casi herido.
Se metió en su habitación sin saber si llorar o reír. Había deseado que algo como eso sucediera. Al fin, después de 7 años lo volvería a ver. Con cierta emoción sacó el extraño colgante admirando la llama de fuego que todavía ardía dentro del esférico cristal. Se lo colocó con una sonrisa soñadora. Aunque un sentimiento de temor se hallaba alojado en su corazón, pues si el no estaba o no la reconocía él a ella o ella a él, todo acabaría mal. Seguramente ella desapareciendo de la faz del mundo, pues sabía que los piratas no tenían piedad con nadie, y ella ya no era un bebé del que apiadarse sino una orgullosa princesa, aunque seguía siendo una niña.
Llevaba fantaseando desde los cinco años un reencuentro de cuento de hadas y esperaba que todo fuera así. Al fin y al cabo, aquel niño que conoció no le haría daño a nadie. Caminó hasta el ventanal para salir al balcón y cuando estuvo fuera, la escena que se desarrollaba ante sus ojos no le gusto nada. La asustó.
La pelirrosa estaba alarmada ante lo que vislumbraban sus ojos. Gran parte de la ciudad estaba siendo atacada y se podían ver las demoledoras llamas de incendios provocados. Las columnas de humo que ascendían hasta el cielo formaban una capa oscura y grisácea que se mezclaba con las nubes de la tormenta que amenazaba descargar sobre la acristalada ciudad. El mar había adquirido un color fúnebre y sombrío, sus olas parecían furiosas y se estrellaban con fuerza destructora contra las playas y acantilados. En ese momento, la luz de un relámpago seguida del estruendoso trueno de un rayo, dieron comienzo a la tempestad, haciendo que un aguacero cayera sobre los habitantes y sobre los invasores. Pese a la ducha de agua que estaba lloviendo, el fuego no parecía ceder, permanecía poderoso mientras quemaba todo a su paso.
Sakura se sintió sumamente impotente en ese momento. El hecho de que solo pudiese contemplar la terrible escena que se desarrollaba ante sus ojos desde el balcón de su habitación, sin poder hacer absolutamente nada por los ciudadanos atacados, hizo que tuviese una sensación de no estar haciendo lo correcto. Tenía que ayudar a la gente, defender su ciudad. Tenía que hacer algo por ellos, y ese algo no se encontraba en su habitación, sino fuera de ella.
Se dio la vuelta y miró hacia la gran puerta de su cuarto. Sabía de sobra que por el otro lado había guardias de seguridad, tanto para impedir pasar a nadie, como para impedir que ella saliese. Pero no lo iban a conseguir, al menos no la última parte.
Caminó con decisión hacia su vestidor y cogió la "ropa de emergencia" que ella misma había comprado y cuidadosamente guardado para ocasiones como esa, en las que no podía ser reconocida como una princesa. Se puso la camisa blanca con chorreras en el cuello y puños con un cinturón de piel sujetado fuertemente en la cintura. Unos pantalones ajustados y unas botas de piel. Después se colocó una daga en el interior de su bota izquierda y en el mismo lado, pero en el cinturón, se ató otra. En el otro lado, se ató su preciada y gran espada. Por último, se ató una banda en el pelo para retirárselo un poco de la cara, dejando únicamente los mechones de pelo que antes habían sido su flequillo.
Con todo esto listo y preparado, se colocó vendas y otros utensilios pequeños que podría necesitar en el bolsillo que había cosido al cinturón, y caminó hasta su cama, donde debajo había escondido una cuerda lo suficientemente larga como para llegar hasta el suelo si la tiraba desde el balcón para hacer una escapada perfecta.
Odiaba odiar a los piratas, porque ello supondría el hecho de estar odiando sus sueños de ser una y también significaría odiar al primer amor de su visa, pero lo estaba haciendo. Cada ruido fuerte era un ataque más, y ese podría ser la muerte de más de una persona y eso eran sueños rotos. Como el de ella.
Con decisión, ató la cuerda a uno de los barrotes del balcón y la aseguró bien para no tener ningún tipo de incidente. Cuando hubo terminado, agarró fuertemente la cuerda y fue descendiendo cuidadosamente por todo el palacio. Admitía que desde aquella altura daba impresión mirar hacia abajo, pues cualquier paso en falso y la caída podría ser casi mortal. Después de que, para su gran alivio, llegara sana y salva hasta abajo del todo, atravesó todo el jardín hasta donde se alzaba un gran muro de defensa. Se acercó hasta este y fue colocando los pies y manos en cada hueco que pudiese encontrar, lo cual era muy difícil, pues el agua le impedía ver y agarrarse bien a la piedra. Una vez que llegó hasta lo más alto, miró con un poco de miedo y desconfianza la altura que le ahora le tocaba bajar sin ningún tipo de sujeción, parecía casi un suicidio. Realmente estaba muy alto, y no podía garantizar el no matarse antes o cuando llegase al otro lado. Tienes que ser fuerte, se recordó tratando de influirse algo de valentía en sus venas. Con muchísimo cuidado, y rezando a todo lo que sabía, se deslizo para bajar el muro sin caerse. Después del primer metro, aquello le pareció más fácil y se confió. Ese fue el peor que pudo cometer.
Cuando fue a colocar unos de los pies, este resbaló sobre la piedra mojada, haciendo que todo el cuerpo de ella se desequilibrada provocándole pánico. Socorro, pensó atemorizada mientras veía como las fuerzas de sus manos le fallaban y sus pies no se podían colocar en ningún hueco. Un trueno que sonó demasiado cerca sobresaltó a la muchacha y, sin querer, se soltó, impulsando su cuerpo al vacío.
Es el final, pensó con horror mientras cerraba los ojos y esperaba el golpe que la dejara inconsciente, tal vez para siempre. Sintió una extraña humedad en el cuerpo, como si el agua se deslizara por su cuerpo bajo la ropa y se encogió para protegerse.
Pero el golpe nunca llegó. No hubo ningún tipo de impacto y, sorprendida, abrió los ojos. Sus pies tocaron tierra, pero lo hicieron suavemente. A su alrededor vio acumulaciones de agua suspendidas en movimiento en torno a ella. Atónita ante lo sucedido, alzó una de sus manos para tocar el agua en extraño estado; sin embargo, cuando apenas la rozó, esta cayó junto a las gotas de lluvia. En show, miró su mano y a su alrededor, pero al observar la terrible imagen que tenía ante sus ojos, volvió en sí, a la realidad. No se podía entretener con esas tonterías. Se puso en camino al Monasterio de Plata, pues era un atajo para entrar a la ciudad, ya que la entrada principal estaría cortada o sería casi inaccesible, aparte que tardaría muchísimo más tiempo.
Sasuke se había separado del resto de la tripulación nada más empezar, no es que no le gustara causar alboroto y escándalo en las ciudades que invadían, pero en esa ocasión había algo que tenía que hacer mucho más importante que pelearse y ver cómo todos quedaban arrodillados a sus pies. A su corta edad ya se le consideraba un pirata peligroso y eso le llenaba de orgullo. Los patéticos soldados que defendían las ciudades o la mismísima Marina no eran nada para él.
Corría con gran velocidad atravesando los callejones y atajos para llegar a su destino. Sabía que no podría salir de la ciudad con facilidad y aunque el asalto a palacio podría ser excitante, todavía tenía asuntos que resolver y la única manera de hacerlo era yendo al Monasterio de Plata. Desde que empezó a planear la misión ir a aquel lugar había sido una de sus prioridades.
Pese a llevar un rato recorriendo la ciudad, esta no parecía acabarse. Por eso odiaba las capitales, eran demasiado grandes y poco prácticas. Había mucho de poco y poco de mucho. Al cabo de unos minutos vislumbró la salida de la ciudad que le interesaba: la que llevaba al Monasterio.
Comprobó que, por supuesto, había guardias resguardándola, pero eso no sería nada para él. Además, un poco de diversión no le venía mal. Con una media sonrisa salió a la luz, sorprendiendo a los guardias que sacaron sus armas de inmediato.
—Vaya, vaya, si es el famoso pirata de fuego, Sasuke de la Onix Sheet— comentó el más atrevido con tono burlón mientras se adelantaba en posición de ataque.
Con las manos en los bolsillos del pantalón se fue acercando sin prisa hacia ellos. Su espada estaba enfundada y no tenía intención de cambiar eso.
—Supongo que si os pido de forma amable que os apartéis del portón no me haréis caso—les habló despreocupadamente sin dejar de caminar. Los guardias se envararon ante la proximidad del joven pirata.
—Supones bien escoria— le insultó el guardia y después escupió a sus pies. —No queremos piratas inmundos por aquí.
—Me alegro por vosotros, cuando vea a alguno le avisaré—respondió son inmutarse encogiéndose de hombros. Un tic en el ojo le salió al soldado.
—¿Sabes lo que le pasa a las sabandijas como tú?—preguntó retóricamente y antes de abalanzarse para luchar contra él añadió— ¡que se pudren en el calabozo!
Sasuke sonrió y con el puño dirigido al soldado dirigió una poderosa llamarada que lo envolvió. Los gritos de este no se hicieron de esperar mientras los otros miraban al pirata con temor al saber que los próximos serían ellos.
—¡Terminarás ahorcado!—aullaba de dolor y blasfemaba contra Sasuke mientras las llamas consumían su cuerpo. La muerte por quema era una de las más dolorosas y terribles y él lo estaba comprobando mientras el fuego lo conducía hasta la muerte.
Pese al miedo que tenían al ver como su compañero era asesinado por los poderes del pirata, trataron de luchar contra él; sin embargo, algo lo impidió, un profundo corte en la garganta de dos de ellos apareció de la nada paralizando de miedo a los otros tres que quedaban que no tardaron en correr la misma suerte.
Sasuke torció la boca al ver esto, aunque por lo menos ya tenía la entrada libre. Cuando cayó el último guardia, Kurenai surgió de la nada con una sonrisa.
—Date prisa, no querrás quedarte sin diversión— le dijo sonriendo.
—Me has quitado toda la diversión— contestó aburrido mientras pasaba por su lado para seguir su camino.
—Desagradecido—le dijo en broma antes de volverse invisible de nuevo.
Sasuke sonrió al ver lo cerca que se encontraba el Monasterio desde donde él estaba, en un cuarto de hora llegaría. Debía de admitir que la intervención de Kurenai había jugado en su favor, pero hubiese preferido que se los dejara a él. De todas formas, ya todos los de la tripulación estaban acostumbrados a que la mujer surgiera de la nada para hacer la faena, eso demostraba lo sanguinaria que podía llegar a ser.
Atravesó campo abierto por el camino de tierra que estaba hecho para la salida y entrada de los miembros o personas que quisieran visitar el antiguo lugar. Cuando llegó observó que estaba protegido por un muro de piedra. Cuando se dispuso a entrar por lo que parecía ser la única entrada, vio que había dos guardias al acecho. Sonrió, esta vez los tenía para él solito.
A los soldados no les dio tiempo a reaccionar pues las llamas de Sasuke los envolvieron mientras Sasuke pasaba por su lado sin inmutarse por los aullidos de auxilio que proferían mientras eran quemados vivos.
Una vez dentro de la muralla observó cómo se alzaba el viejo Monasterio de Plata imponente e intimidante. Pese a los bonitos jardines que lo rodeaban, con árboles frutales que despedían agradables aromas, distintos tipos de flores salpicadas con el arco iris o a las enredaderas que escalaban sus altas paredes, aquel seguía pareciendo un edificio de piedra gris, frío y sombrío. Después de siglos enteros, entre miles de batallas presenciadas, aquel Monasterio seguía en pie y era lo único que verdaderamente contaba la historia de aquella ciudad. Y justamente eso era lo que le interesaba.
Atravesó el portón de madera maciza y se adentró dentro del lugar. Una vez dentro se encontró con una alfombra roja que atravesaba gran parte del lugar y seguía por las grandes escaleras que se dividían en dos. Observó las lámparas de aceite, que apenas alumbraban, colgadas en estatuas de Santos o figuras emblemáticas de la ciudad, como antiguos reyes o héroes. Los ventanales con bonitas vidrieras de colores que narraban historias se encontraban situados a los extremos del Monasterio, iluminando lo justo. En conjunto, hacía que fuera elegante pero un tanto siniestro, frío y poco acogedor. Abrió el saco que había traído consigo, sacó el mapa que había conseguido del sitio y buscó con la mirada el lugar exacto en que se hallaba la biblioteca. Parecía estar en el segundo piso a la derecha. Volvió a mirar las grandes escalinatas y suspiró con cansancio. Se preguntó si alguien había decidido ponerlo a prueba en cuánto tardaría en cansarse de ir de una parte a otra con rapidez y como un loco.
Mientras recorría el Monasterio, se fijó en los dispares cuadros que adornaban las paredes junto con las cortinas de terciopelo que cubrían la fría piedra. Había retratos inocentes, escenas de ángeles, con cabellos rubios y miradas ingenuas y dulces. Por el otro lado, también había visto algunos que reflejaban verdaderas escenas sádicas y perturbadoras. La cuestión era, ¿cuál de las dos posturas se consideraba la verdadera obra maestra? Solo Sai estaba capacitado para responder correctamente. Por su parte, prefería las pinturas oscuras, daban más emoción que las luminosas e inocentes.
Se paró al ver un gran cuadro que retrataba a una familia, que seguramente sería la monarca actual. Sus ojos no rodaron para contemplar a las emblemáticas figuras de los reyes, ni a las dos hermosas princesas adolescentes. No, sus oscuros ojos se posaron en unos familiares ojos verdes, grandes y con la mirada clara, limpia y pura. Los de la princesa menor. Se fijo en la forma en que, a diferencia del resto de féminas que aparecían en el cuadro, el pelo rosa caía rizado como una cascada por los vuelos del vestido azul claro, lleno de puntilla y volantes. Digno de una princesa. Pero el cuadro no reflejaba a una niña recta y seria, digna de la nobleza, sino a la más pura imagen de una niña infantil, con una sonrisa alegre y sincera, que contrastaba con los rostros serios de sus padres y con las sonrisas altivas de sus hermanas. Como queriendo expresar que la pequeña era diferente.
La imagen de una tierna y asustadiza niña de cinco años se coló en su mente, recordándole el por qué sentía cierta familiaridad con aquel retrato. Sin duda, se trataba de la pequeña que conoció hacía unos 7 años. Sin embargo, con la información que poseía actualmente, y la que conseguiría en un futuro, podía adivinar que de aquella niña del pasado no debía de quedar nada. Sin lugar a dudas, se habría convertido en una muchachita digna de su categoría, tan altiva y prepotente como las otras jóvenes retratadas. Había conocido a muchos nobles en el tiempo que llevaba pirateando, y todos eran igual de hipócritas y orgullosos de méritos de los que una persona normal se avergonzaría de contar. La nobleza apestaba, indistintamente de quien se tratara.
Se alejó del cuadro para seguir su camino y tras recorres pasillos casi laberínticos, llegó a la antigua y enorme biblioteca. Sus ojos se pasearon por la multitudinaria cantidad de estanterías, cada cual repleta de libros de diferente temática. Se adentró un poco más dando una vuelta por el inmenso lugar y mirando los miles de libros que éste poseía. Parecía que iba a tener que estar allí un buen rato antes de conseguir lo que quería. Colocándose en el primer estante, empezó su minuciosa tarea de forma rápida. No tenía todo el tiempo que quisiera.
—¡Mierda, este sitio es enorme!—exclamó enfadada recorriendo el laberíntico e inmenso Monasterio de Plata. Dio un fuerte pisotón en el suelo, poniendo toda su rabia en él y siguió.
Desde que había llegado hacía más de una hora, había estado recorriendo aquel lugar buscando la entrada, que para ella era la salida de este, pero la entrada a la ciudad, que era realmente donde quería ir. Pero el ahorrar tiempo no le había salido como ella había planeado, pues no conocía mucho el sitio, a excepción de las pocas veces que había ido con su padre y sus hermanas, y las veces que había ido con el colegio, todas guiadas. Ahora que se encontraba allí sin ni siquiera un mísero mapa, estaba total y absolutamente perdida. Había recorrido pasillos de un lado a otro, metiéndose por habitaciones que habían resultado ser también pasillos, subiendo y bajando escaleras que desembocaban que más pasillos y escaleras. Definitivamente, no había odiado un lugar tanto como lo hacía en ese momento. Si le hubieran advertido la complejidad interior del edificio, no se hubiese aventurado a recorrerlo ella solita, bueno, tal vez sí, pero se hubiera buscado un mapa o algo.
Después de otro largo período de tiempo corriendo de una parte a otra sin conseguir resultado alguno, encontró un lugar enorme que parecía ser una biblioteca, pero ver que solo había estanterías y estanterías repletas de libros y que aquello era un laberinto sin salida se agobió. Dejó resbalar su cuerpo por una de las estanterías hasta llegar al suelo. Así, sentada en el frío suelo de piedra, completamente perdida y desorientada, sabiendo que debía estar ayudando a la gente y no de esa manera, se puso a llorar de la pura impotencia.
Solo soy una niña, ¿a dónde iba a llegar? pensó irónicamente mientras se daba cuenta que la voluntad, en muchos casos, no era suficiente. Pensándolo bien, ella era una, ¿de verdad se había pensado que podría luchar contra los asesinos más peligrosos de los mares? Si lo razonaba sonaba tan ridículamente estúpido que llegó a la conclusión que todo lo que había hecho había sido en vano, su presencia puede incluso, que no habría sido más que un estorbo para aplacar a los invasores.
Impotente, frustrada, agobiada y cansada, las lágrimas no tardaron en desbordarse por sus ojos mientras su llanto resbalaba como una triste melodía por todos los rincones del inmenso lugar. Pero a ella le daba igual llorar, total, no la oiría nadie pues el silencio era algo de lo que se habría percatado desde que entró y supo que no había nadie allí.
Se hundió con su propia tristeza, sabiendo que habría cientos de personas que serían asesinadas, otras que sufrirían la pérdida de alguien querido y otras que no tendrían un hogar al llegar el final del día.
Después de su exploración por la Biblioteca, encontró el libro que había estado buscando. Era grande, viejo y estaba sucio. Se notaba que nadie lo había cogido durante mucho tiempo.
Por qué será, pensó irónicamente sabiendo el contenido de este. De hecho, no estaba como todos, simplemente colocando en un estante, sino que lo había encontrado en un escondite, del que ya tenía conocimiento, entre dos viejas estanterías situadas al final de la Biblioteca. Aquel libro había permanecido oculto adrede, pues su contenido podría cambiar el curso en que muchas cosas habían sido manejadas.
Tuvo la tentación de empezar a leerlo allí mismo, pero sabía que debía volver para realizar la misión que todos tenían asignada en conjunto. Pues la suya, había sido un aparte que su capitán había permitido porque sabía lo que se traía entre manos.
Metió el libro en su saco notando el peso y bufó, odiaba tener que cargar con un muerto como ese, pero dado el interés que tenía sobre él, lo dejó pasar.
Cuando terminó, escuchó unos pasos que lo alarmaron. ¿Lo habrían pillado? Si descubría lo que acababa de hacer tendría muchos problemas. Agudizó el oído para oír las rápidas pisadas. Eso lo tensó. Si alguien estaba corriendo de esa manera por una biblioteca solo podía significar una cosa: estaba buscándolo. Los pasos se acercaban cada vez más rápido. Supo que la persona estaba recorriendo todo el lugar sin dejarse detalle.
Mierda, mierda, mierda, pensó enfadado. A su parecer había sido todo lo sigiloso que había podido ser. No había hecho ruido y había tenido la precaución de mirar a todos lados por si alguien lo seguía. No sabía dónde estaba el fallo en todo su comportamiento. Escuchar aquellas pisadas solo conseguían que se tensara cada vez más. No podía incendiar toda la Biblioteca, era demasiado llamativo y casi se podía considerar sacrilegio hacer desaparecer un lugar como ese. Demasiados secretos escondía y algún día podría necesitar saberlo. Otra opción era esconderse y huir. O podía encararlo y matarlo, pero eso conllevaba la posibilidad de que su oponente fuera demasiado escandaloso, consiguiendo dar la voz de alarma y que viniesen más, o que tuviera poderes superiores a los de él, cosa que no parecía muy probable, dado que el fuego era un arma demasiado poderosa, pero lo importante era lo primero. La discreción era lo que prevalecía en ese momento. Aunque si lo cogía desprevenido podría acabar con él directa y silenciosamente con un movimiento de su daga.
Se escondió tras una estantería y esperó que el sujeto se acercara más, hasta su posición. Sin embargo, rompiendo todos sus sistemas. Los pasos se pasaron de repente. ¿Se habría dado cuenta de su estrategia? De ser así tenía un problema, debía ser alguien o muy listo o muy poderoso, ¿un lector de mentes? Sabía que existía esa clase de poder, Obito tenía algo parecido. Espero pacientemente el siguiente movimiento del sujeto. Entonces, escuchó como el sujeto parecía sentarse mientras resbalaba por una estantería. ¿Sería capaz de encogerse o trasformarse en algún animal? Aquello estaba haciendo que se estresara, odiaba cuando el oponente no daba la cara, aunque aquella era, en ocasiones, su propia estrategia. Pero le fastidiaba más cuando alguien interrumpía sus planes de esa manera. El silencio inundó el lugar y apto seguido, un llanto. Sasuke frunció el entrecejo. ¿Qué tipo de broma era esa? Primero parecía ser perseguido y se preparaba para atacar y, de repente, ese alguien se ponía a llorar. Descubrió que no era un adulto el que lloraba y que no era hombre. ¿Una niña? ¿Qué narices hacía una niña en una biblioteca llorando? Le hirvió la sangre solo de pensar en todo el tiempo que había perdido calentándose la cabeza. Tanto se enfadó que quiso ver la cara que había hecho que su plan casi hubiese sido un desastre. Siguiendo el sonido, la descubrió.
Si comparaba aquella escena con la de hacía unos 7 años, solo cambiaba el lugar y la edad que tenían.
Había sido imposible no reconocerla. No conocía a muchas personas con aquel color de pelo tan llamativo. El rosado cabello caía rizado hasta los hombros. La postura encogida hacía que fuera imposible verle la cara que estaría cubierta de lágrimas. Su vestimenta era la adecuada para luchar, eso lo sabría reconocer a distancia. La cuestión era, ¿para qué una princesa se ponía eso? ¿Acaso no la protegían sus preciados guardaespaldas? ¿Y si era una estrategia de la muchachita para acabar con él? Se rió de sus propios pensamientos, aquella llorosa y asustada chiquilla no podía competir con él.
—Oye tú— le llamó la atención con voz indiferente mientras le deba un pequeño golpecito en el pie.
Sakura dio un respingo al escuchar esa voz masculina. Miró hacia arriba para encontrarse con un muchacho mayor que ella. Era guapísimo, se sonrojó al ver la penetrante mirada de esos ojos negros. La apariencia desaliñada y salvaje contrastaba con los finos rasgos propios de un aristócrata, pero en lugar de estropearlo, le daban un aura seductora y misteriosa que sabía que hacía caer a cualquier mujer. Algo en él le resultaba familiar pero no sabía el qué. Sin embargo, se dio cuenta de que el apuesto muchacho la había encontrado llorando a ella, la Princesa del Reino de Cristal. Tenía que remediar aquello de inmediato, ya que hablaba muy mal de sí misma.
—No estaba llorando— le dijo antes de darle la oportunidad de hablar, pues estaba enfadada por ser descubierta así. Se limpió con disimulo las lágrimas de su cara y se quedó enfurruñada. Aunque estaba descontenta consigo misma y no con él. Había que tener mala suerte, para una vez que conocía a un chico que le llamaba la atención la encontraba en esas fechas, que vergüenza.
Sasuke sonrió ante el comentario de la muchachita. Ahora veía los ojos aguamarina que antes había contemplado en aquel cuadro. Seguían siendo grandes e ingenuos. Eso lo sorprendió, se esperaba encontrar otra cosa pero esa mirada era la misma que recordaba, tal vez más madura, propia de una niña de… la verdad es que no sabía que edad tenía exactamente, pero no le echaba más de 12 años. La pose enfadada le daba cierto encanto. Sus rasgos aniñados y el pelo rosa rizado le daban un aspecto dulce. Digno de una princesa.
—Ya, claro— le contestó burlón, hacer enfadar a una noble en miniatura era algo a lo que no se podía resistir, disfrutaba haciéndoles rabiar.— Todavía te faltan algunas lágrimas— le advirtió señalando su cara.
—¡Te he dicho que no estaba llorando!— repitió enfadada mientras se repasaba la cara, efectivamente en la barbilla todavía quedaban algunas.
—¿Y entonces, te gusta ahogar tus penas en la Biblioteca?— le preguntó con sorna, cabreando más a la muchacha.
—¡Eres un idiota!—le insultó poniéndose de pie y encarándolo. Había algo en él que la atraía y también le recordaba a algo, pero no sabía a qué.
—Oye, si llorar está muy bien, además, es lo que le va a la princesas, ¿no?—siguió metiendo cizaña intentando no reírse por las caras que ponía la chiquilla, había herido su orgullo, eso lo tenía bastante claro.— Así es como aparecen vuestros príncipes azules.
—Yo no necesito que un príncipe azul me rescate, yo puedo solita—replicó enfadada.
—Claro, claro, ahora las princesas mutan y se vuelven guerreras, que novedad— comentó burlándose.
—¡Pues te voy a demostrar que soy capaz de defenderme por mí misma!— le gritó.
De un momento a otro, desenvainó su espada y la colocó en el cuello del apuesto muchacho, que sonrió divertido.
—¿Sabes que te puedes hacer mucho daño con eso? Yo de ti la guardaba, que no es un juguete— le aconsejó sin sentirse siquiera un poquito amenazado por ella.
—Yo no estoy jugando— le advirtió muy seria y enfadada. Odiaba que no la tomaran en cuenta solo por ser una niña.
—¿En serio? No me había dado cuenta porque ¡ahí va! Estoy delante de una pequeña princesa que estaba llorando— la provocó divertido.
—¡Te vas a enterar quién es la pequeña princesa!—le chilló enfadada y le atacó.
Por puro acto reflejo se aparto pero eso no evitó que un pequeño trozo de pelo fuera cortado. La miró sorprendido, pues no esperaba que lo atacase de verdad. Levantó las manos y sonrió burlón.
—Tranquila, que lo decía en broma, de todas maneras ya me voy, no quiero meterme en líos—le dijo mientras se daba la vuelta, pero la mano de la muchacha se agarró a su brazo y le hizo girarse.
—A mí no me vas a dejar con la palabra en la boca y largarte así, sin más— le dijo enfadada. Una batalla aguamarina contra azabache se llevó a cabo.
Sasuke se soltó del agarre de Sakura con una risa.
—Eres demasiado orgullosa para ser tan pequeña— le dijo con sorna.
—Yo no soy pequeña, tango 12 años— replicó haciendo un gracioso mohín de disgusto.
—Vaya, qué mayor—se burló de ella,— por cierto, ¿qué hace una princesita como tú en un lugar como este?
—Estaba tratando de llegar a la ciudad lo más rápido posible, y como esto era una atajo… al final me perdí— admitió para su propia vergüenza mirando a otro lado.
—¿A la ciudad?— le preguntó confundido.
—Si porque… ¡Oh Dios mío! Tengo que salir de aquí, debo ayudar a la gente— recordó de repente y se alteró.
—¿Qué puede hacer una niña contra una tripulación de piratas tan peligrosa?— le preguntó irónico cruzándose de brazos.
—No lo sé—admitió, un brillo de determinación y valentía centelleó en los ojos de Sakura— pero seguro que puedo hacer cualquier cosa.
—No te recomiendo que vayas, los otros no se detendrán porque seas una princesa— le advirtió, pues no quería que saliese herida, le caía bien, pese a sus orígenes.
—Ya lo sé, pero soy la mejor de la academia con la espada y puede que me necesiten— dijo pensando cuando cayó en la cuenta de lo que había dicho— ¿los otros? ¿Tú que tienes que…?— Abrió los ojos con sorpresa, se fijó mejor en Sasuke, su apariencia desaliñada, las armas que portaba y la forma de comportarse. Ahora caía en la cuenta—tú… tú eres… ¡tú eres un pirata!
El entusiasmo de aquella exclamación sorprendió a ambos. A él porque expresaba simpatía por lo que él era, que era mal visto para muchos y, a ella misma por lo obvia que resultaba ser. Si alguien descubría que le agradaban los piratas estaba muerta.
—En efecto, soy un pirata—admitió con una sonrisa— ¿asustada?
—¿Debería decir que sí?—preguntó con una sonrisa, conocer a un pirata era algo emocionante.
—Una persona normal diría que sí.
—Pero yo no soy una persona normal
—Entonces di que no.
—Vale, no.
Se miraron con una sonrisa cómplice, había una conexión entre ellos. Algo que les hacía confiar el uno en el otro. Como una especie de química. Una que Sakura solo había sentido con una persona en el mundo. Entonces cayó en la cuenta de quién se trataba.
Ese extraño peinado de color azabache. Esos impenetrables ojos negros. Una sonrisa burlona y orgullosa. Esos rasgos dignos de un Adonis. La ropa de pirata y el colgante con el símbolo de la Onix Sheet. Solo podría tratarse de él.
—Sasuke— susurró.
Así todo comenzó a tener un sentido en su vida de nuevo, recordando una vieja promesa que la marcó de por vida.
...It's all about you...
Y así se termina esta primera parte con la bonita frase "It's all about you" sacada de la preciosísima canción de McFly "All about you", si podeis oírla os encantará, yo me aficcioné al grupo este verano y estoy loca por ellos *¬* Pero regresando a la historia, como veis ya se han reencontrado y en el siguiente bueno... digamos que empieza la verdadera historia. Esta, va a tener dos partes claramente diferenciadas y que serán el mismo fanfic. Y regresando con el capítulo, ya veís cómo son considerados los piratas por el resto, ¿considerarían a Sakura una paria en la sociedad si se volviera pirata? ¿Qué contenía el libro que Sasuke ha robado? ¿Cual es la verdadera misión de los piratad de la Onix Sheet?
Todo esto y mucho más en próximos capítulos.
Y para principios de diciembre subiré la continuación, os doy mi palabra :)
