III.I

El reto de McGonagall.

¿Por qué siempre llueve sobre mí?

Incluso cuando el sol esta brillando

No puedo evitar los relámpagos.

No puedo sostenerme

Estoy siendo sostenido por hombres invisibles.

Aún vivo en un anaquel cuando

Tengo en mi mente otra cosa.

Why Does It Always Rain On Me?

Travis

En la entrada de Hogwarts mientras los estudiantes se dirigían al gran comedor y los niños desembarcaban recibidos por Flitwick.

Minerva McGonagall esperaba a sus tres nuevos profesores, pensando en la catástrofe que había sido cuando recibió la escuela.

Como si los resultados de las horribles revueltas del siete de Junio se hubieran extendido años más y hubieran sumergido a la escuela en un limbo de que al parecer, contrario a los rumores la sociedad de estudiantes era la única interesada en sacarlos.

Había tomado el empleo imaginándose al grupo de alumnos más monstruosos en la historia, sin embargo al revisar los archivos.

Fue testigo de la mediocridad del director Reginald Cuthbert, su antecesor, al intentar mediocremente desaparecer de la historia de Hogwarts las revueltas del Siete de Junio, quemando documentos y falsificando otros. Hasta que finalmente nadie sabía nada salvo rumores que se expandían como pólvora, unos peores que otros. Dejando a Hogwarts en el numero 30 de las mejores escuelas de magia en el mundo cuando había sido siempre la primera.

Y el Siete de Junio se volvió una leyenda mediocre e incompleta, donde un grupo de alumnos bravucones de Slytherin habían masacrado a seis estudiantes y dos maestros y los demás alumnos enloquecidos por la misma furia ciega intentaron matarse entre ellos, haciendo que los disturbios duraran días hasta que los Aurores llegaron a imponer el orden.

Lo cierto era que el director en ese entonces Caín Redstone se retiró y jamás habló de ello y los alumnos se volvieron una tumba, nadie dijo nada y se volvió lo que llamarón "el secreto mejor guardado de Hogwarts"

Y Minerva quería saber, que exactamente que sucedió ahí, ¿Cómo podía gente morir en esa escuela y nadie saber nada?

Entre los documentos que sobrevivieron quedaba el acta de creación de la sociedad de estudiantes que databa del quince de septiembre del año 2018, el curso siguiente a los desordenes, una de las declaraciones de viejos estudiantes muy vagas y posiblemente falsas y un folleto de la generación 2018 de la sociedad donde se daban reglas especificas sobre qué hacer en caso de amenaza de suicidio, "tétrico y sospechoso" pensó.

Ahora que ella estaba ahí para ver con sus ojos a "La terrible sociedad de estudiantes", y descubrir el secreto mejor guardado de Hogwarts y así sacar del limbo todo lo que se quedó olvidado.

Harry caminó por sendero que se dirigía la entrada de Hogwarts, observando todo a su paso como bebiéndolo, casi nada había cambiado en ese escenario que parecía almacenar tantos recuerdos, todo para él había empezado y terminado en Hogwarts y ahora de alguna manera Hogwarts volvía a él.

Se giró sintiendo una mirada fija sobre su cuerpo, no se espero a ver a Albus junto con un grupo de chicos de Slytherin observándolo fijamente. Harry le sostuvo la mirada y Albus sonrió de manera misteriosa le dedicó un asentimiento con la cabeza, para después simplemente tomar la mano de Scorpius Malfoy y desaparecer entre la gente. Dejando a los otros chicos ahí sin inmutarse como si estuvieran acostumbrados a esa clase de actitud.

Harry miró un segundo ese espacio vacío que dejó Albus y continuó con su marcha.

Cuando llegó a la entrada Malfoy y Snape ya estaban ahí hablando con McGonagall, era muy extraña la interacción entre Malfoy y la Directora, se veían de una manera que nunca había soñado en su juventud, al parecer ella también le había dado una oportunidad. Tenía que ser así porque ella decidía la plantilla de maestros.

La anciana mujer le sonrió, se acercó a él y lo saludo como un viejo amigo, se veía tan joven ahí frente a él incluso más que la última vez que lo vio, Hogwarts parecía rejuvenecerla. Y confirmó la sospecha acerca de que el ministerio la obligó a retirarse.

—Harry Potter, te veo y ya no encuentro a ese niño problemático y curioso que se escabullía por los pasillos de Hogwarts tratando de descubrir algún misterio— dijo ella mirándolo con ternura

—Bueno, quiero pensar que he crecido.

—Pero eso no es ningún halago Harry, para nada— le dijo seria Minerva —Creo que has perdido algo importante, desde la última vez nos vimos, descubrí que en tu miraba algo faltaba, por eso te traje a Hogwarts y te di este puesto en especifico.

—No te entiendo Minerva, creí que la meta era madurar y crecer— le explicó Harry confuso.

—Y parte de madurar es no dejar atrás todo lo que somos si no solo lo prescindible, es por eso que te llamé a ti y te di esa asignatura, para que recuerdes que es lo importante. Creo que Hogwarts aún tiene una lección que enseñarte, espero que la aproveches—

Y Harry no supo que decir, el sabía que algo faltaba, y si era eso, hacía tanto tiempo que el mundo se había vuelto tan aburrido, la magia había dejado de ser eso, quizás mucho antes del juicio quizás desde la época en que creía que era feliz.

—Sabes Minerva creo que seguiré tu consejo, quizás es el más útil que han dado hasta ahora, ese y uno que dieron en King Cross sobre no perder el tiempo y aprovechar mi oportunidad al máximo— le respondió sintiéndose un poco más ligero.

—Creo Harry que el que te dio ese consejo debe ser un sabio, vamos no perdamos tiempo y unámonos a tus nuevos colegas y por favor— dijo mirando de reojo a Malfoy —Trata de por lo menos de tolerarlos—

Harry hizo una mueca

—Te prometo que trataré de no ver en él al mocoso intolerante de Hogwarts. ¿Eso es justo?

—Bueno es un apropiado primer paso, Profesor Potter porque no voy a permitir que dos de mis profesores se peleen como si fueran estudiantes— dijo caminado hacia ellos.

—A veces siento que vas a quitarme puntos otra vez— dijo Harry mientras se unía a ella.

Minerva solo rió un poco y se dirigió a todos

—Muy bien caballeros ahora que estamos todos juntos puedo decirles, bienvenidos a Hogwarts, y quiero que sepan que estoy muy orgullosa de ver a tres estudiantes transformarse en profesores y por lo mismo espero que puedan dar el ejemplo a sus estudiantes de lo que pueden llegar a ser en el futuro.

Malfoy bajo el rostro un instante como pensativo

—Incluso usted Señor Malfoy, todavía espero que demuestre su punto, no lo olvide— continuó Minerva mirando retadora a Malfoy.

Harry observó a Draco curioso preguntándose ¿cual punto? Y él le mostro una sonrisa arrogante.

—Lo haré Directora, lo prometí no es así— respondió con orgullo.

Y Harry se preguntó qué clase de trato tenían esos dos mientras escuchaba la discreta risa de Snape de fondo, ¿En realidad era hijo de Severus?, ¿En realidad era un Slytherin? Mientras más lo trataba más dudaba de esos dos hechos.

Quizás porque era tan diferente de todos los miembros de esa casa que había conocido durante su vida.

—Está bien es hora de irnos— dijo McGonagall y caminó por un amplio pasillo lleno de arcos que daban vista a los jardines.

Harry se fijo su vista en ellos se veía tan diferente sin chicos corriendo sobre el verde césped. Recordaba muy vagamente haberlo visto así días después de la batalla de Hogwarts, lo habían dejado quedarse un tiempo más, mientras el asedio del mundo mágico sobre su persona se tranquilizaba un poco.

El castillo vacío fue una especie de consuelo después del año de pesadilla que supuso la batalla final.

Un conjunto de flores blancas de tallos tan gruesos como el palo de una escoba y de corolas llenas de pétalos blancos y enormes como una calabaza llamaron su atención, estaban rodeadas de un cercado rústico de madera y cada tallo tenía varios moños hechos con lo que parecían ser corbatas de estudiantes.

Harry se talló los ojos para comprobar que no era una alucinación especialmente cuando aquella chica de cabellos largos completamente desordenados y llenos de hojas salió de entre las flores y le dedicó una aristocrática reverencia, levantando incluso una orilla de su vestido blanco y después se sentó sobre la cerca mientras cantaba algo que no se alcanzaba a escuchar bien desde su distancia.

— ¿Ella es la famosa Brisda?— preguntó Malfoy con interés

— ¿Brisda?— repitió Harry curioso.

McGonagall se detuvo —Oh si la joven Brisda y su jardín de Bisbiseos, es la ahijada de Hagrid, no está en sus cabales pero es chica buena y gentil, todo lo que hace es cuidar ese peculiar jardín, todo el día.

—Mis hijos creen que ella es lo mejor desde la invención de la ranas de chocolate— dijo Malfoy observando a aquella chica curioso.

Y extendiendo la curiosidad de Harry sobre ella, ¿A qué se refería con eso?, recordaba a muchos Slytherin burlarse de Hagrid, ahora su ahijada ¿Sería victima de las burlas de los hijos de aquellos Slytherin?, sin embargo no escuchó malicia en Malfoy y se recordó que se había prometido no preconcebir.

—Nunca había visto un Bisbiseo real, son flores muy hermosas, ¿es cierto lo que dicen sobre ellos?— Snape preguntó interesado en aquel curioso jardín.

—Por supuesto, ¿Quieren oírlos? Estos cantan una curiosa melodía— respondió la directora.

Los maestros asintieron con la mirada llena de expectativa, en especial Harry que nunca en su vida había escuchado hablar de semejante flor, lo más seguro es que Neville había casi babeado nada más al verlas.

McGonagall se acercó al cercado y Harry se apresuró seguirla junto con Malfoy y Snape.

Al ver a los maestros acercarse la chica saltó del cercado y volvió saludar haciendo aquella graciosa reverencia.

—Brisda querida, te presento a los profesores Potter, Snape y Malfoy, son nuevos y están curiosos por escuchar la canción de tus Bisbiseos, porque no les enseñas.

Ella solo sonrió dulcemente y coloco su dedo índice en sus labios indicando silencio y comenzó a cantar

—Canta el pueblo su canción…— su voz se detuvo y un pequeño coro en murmullos respondió

"…nada la puede detener

Esta es la música del pueblo

Y no se deja someter"

Brisda solo volvió a sonreír satisfecha y cantó — Si al latir tu corazón…—y otra vez continuó ese coro como si fueran voces de niños.

"…oyes el eco del tambor,

Es que el futuro nacerá

Cuando salga el sol"

Ella aplaudió emocionada, pero por alguna razón Harry no podía compartir esa emoción, aquellas pequeñas voces se escuchaban tan tristes que Harry no pudo evitar sentir un nudo en la boca del estomago, y más al ver aquellas gigantescas flores llenas de moños hechos con corbatas.

Estiró su mano y sostuvo entre sus dedos la punta de un moño hecho con una corbata de Gryffindor.

—Los chicos creen que es algo novelesco regalar a Brisda sus corbatas y ella las anuda aquí, creo que es su manera de decorar su jardín, no me molesta siempre y cuando ninguno de esos chicos crea que esto es un pretexto para ir por ahí sin corbata— dijo McGonagall.

Harry sospechaba que no había tenido corazón para intentar romper aquella tradición Brisda se veía feliz en su jardín a pesar de que a Harry lo catapultara a una segura depresión.

—Y esa la razón de porque tengo comprar dos juegos completos de corbatas cada año, entre eso y la noche de quema de las corbatas, ¿no podrían los chicos crearse tradiciones donde no se tengan que tirar buenas piezas de ropa a la basura?— se quejó un poco Malfoy.

—Bueno los adolecentes no son conocidos por preocuparse por ínfimos detalles, para ellos hay cosas más importantes de que preocuparse, como Quidditch, chicas o chicos y tareas de última hora— respondió Snape sin dejar de mirar aquellas flores y luego cambió de tema —Mi madre amaba lo bisbiseos pero nunca pudo permitirse uno, en Japón no son una planta común.

—Bueno no es que en este país sean una planta común, solo tenemos un guardabosques con talento para encontrar cosas no comunes— le respondió McGonagall —En fin tendremos todo el curso para admirar bisbiseos y cuestionarnos sobre las raras costumbres de los alumnos y según tengo entendido hay muchas de ese tipo últimamente.

Cuando se alejaron del jardín Harry volteó una última vez para observarlo, teniendo presente que no sería un lugar que se detendría a admirar otra vez.

Sin embargo al dedicarle esa última mirada casi brinca del susto a ver a un muchacho de corbata verde asomarse entre las plantas observándolo fijamente.

—Potter— lo llamó Snape y Harry parpadeó un momento y al instante la figura de aquel chico se despareció.

—Ya voy— dijo Harry, pensando que quizás solo sería un juego de su imaginación; en definitiva los bisbiseos no eran su flor favorita.

Albus se perdió por los pasillos de la mano de Scorpius, necesitaba alejarse de todos menos de él, el ver ahí a su padre suponía tantas cosas, desde que había leído el pergamino de la nueva plantilla de maestros y vio su nombre fue como si el pasado intentara regresar y atraparlo.

Se sintió un pequeño niño de nuevo, lleno de frustración y rabia, tan perdido y con ganas de no haber nacido nunca.

Los dedos de Scorpius apretaron gentilmente su mano, y Albus giró para observarlo, y su corazón se aceleró, tomo su mano y besó sus nudillos. Lo que había entre ellos era mucho más fuerte que cualquier sentimiento habido, lo sabía y le intimidaba, pero era inevitable.

Al final siempre serían ellos dos, no tenía que investigar para saber que estaba escrito, era una de esas que simplemente sabía y no tenía chiste negarlas. Lo miró a los ojos y esa mirada prácticamente lo absorbió, se sentía abrumado por las emociones.

— ¿Por qué tardaste tanto?— preguntó Albus disfrutando de la calidez del tacto de Scorpius y lo abrazó hundiendo su rostro en su pecho, no le importaba si los veían todo el mundo sabía que eran cercanos.

— La misión que nos diste no fue nada sencilla— Scorpius torció lo labios —Tuvimos que lidiar con idiotas con ánimos exaltados en nuestra casa y en la de los mininos.

Se suponía que debía estar enojado por eso, sin embargo no podía estando entre esos brazos, sintiendo el aliento del rubio contra su cuello mientras se perdía en el delicioso aroma a colonia, dulce de menta y tinta, el aroma particular de Scorpius, su otra mitad.

—Si esos dos se convierten en un tormento juró que los matare y no hare distinciones— ni siquiera sonó a amenaza, tuvo que admitir Albus.

Al igual que dolorosamente admitía el hecho de que para él Scorpius era la persona más peligrosa del mundo, él que con sus manos lo transformaba en el más cursi de los Hufflepuff, conocía todos sus secretos incluso él más peligroso, sabía cuando mentía. Lo tenía irremediablemente atrapado y no comprendía por Scorpius no tomaba ventaja de aquello.

Desde la primera vez que sus miradas se cruzaron Scorpius había estado de su lado incondicionalmente y se había transformado en sus sueños en medio de una dura y dolorosa realidad.

— ¿Dónde se ha extraviado tu mente esta vez Albus?— preguntó sonriendo mientras acariciaba su cabello con una manos mientras la otra seguía descansando en su espalda.

—No lo sé— respondió sonriéndole con travesura e irremediablemente perdido en él.

La mirada de Scorpius se oscureció un poco y preguntó —Volverás con él.

—Nunca voy dejarlos, ustedes son mi familia Scorpius soy un Malfoy— Respondió Albus

Con convicción.

—Sabes a veces temo que te des cuenta de que él es tu sangre y nosotros no somos tu familia de verdad, que no sientas a mi padre como tuyo, ni a mí como un hermano— dijo Scorpius con voz insegura.

Albus soltó una carcajada ahogada en el pecho de Scorpius –Como puedes decir eso tonto, tu madre fue la única madre verdadera que conocí y tu padre no puedo llamarlo de otra forma, aunque tú si no puedes ser mi hermano. Los hermanos son molestos, odiosos y regañan por todo, como James.

Scorpius le revolvió el cabello a Albus a pesar del gruñido que soltó — ¿Entonces que soy?— preguntó arqueando la ceja.

Albus lo miró fijamente a los ojos, respondió —Eso es obvio eres mío y de nadie más.

Scorpius se rió un poco —Eres incorregible Albus Severus, no sé qué hacer contigo— bajó la cabeza mordiéndose el labio descuidadamente.

Al se preguntó que se sentiría besar esos labios ¿Bastaría solo eso? No lo creía, sin importar lo que hiciera parecía imposible contener la necesidad desesperada de estar tan unidos que fuera imposible distinguir donde empezaba uno y terminaba el otro.

Se paró en sus puntas y se maldijo por lo bajo por ser más chico que Scorpius. Aún así acercó su rostro al del rubio buscando su boca y él a pesar del sonrojo en sus mejillas no retrocedió si no que acortó la distancia hasta que sus labios se rozaron.

"Voy a besar a Scorpius" se dijo emocionado.

Sin embargo el sonido de un carraspeo rompió la atmósfera y ambos chicos se separaron rápidamente.

Albus giró su rostro con los instintos asesinos a flor de piel. Buscando al suicida que se había atrevido a interrumpir y que resultó ser el suicida crónico de su hermano mayor.

Hermanos, la peor invención de Satán desde la peste bubónica. ¿Por qué diablos no pudo ser hijo único?

James estaba pálido y observándolo con algo de temor, quizás le estaba lanzando una de esas miradas que decían "Quiero eviscerarte vivo" y era la absoluta verdad, lentamente y al feo y sucio estilo muggle.

—Potter ¿vas quedarte ahí admirándome? — dijo tan frío que pudo haber congelado el pasillo.

Era una suerte que Scorpius hubiera permanecido abrazándolo por la espalda, sino ya le hubiera lanzado un crucio en la cabeza y no precisamente la que tenía sobre los hombros.

— ¿Puedo hablar contigo sin "Cosa uno" pegada a ti?— preguntó lanzando una mirada despectiva a Scorpius.

—Mi nombre es Scorpius Malfoy, Potter lo gritan más el que el tuyo en el campo de Quidditch, así que ya va siendo hora que te lo aprendas— dijo Scorpius con desdén.

— ¿En qué sueño Malfoy?— Lo provocó James

Y Albus frunció el ceño —Ni si quiera se atrevan a iniciar una de sus estúpidas discusiones sobre una aún más estúpida pelota dorada.

Scorpius y James lo miraron como hubiera torturado a un Puff Pigmeo y Albus los miró como si le importara un carajo.

—Al te dejo con el pariente retrasado de Buckbeak antes de que intentemos cruciarnos el uno al otro, te esperare en el gran comedor— le dijo despidiéndose con una última caricia sobre su rostro.

— ¡Eso es, huye animal rastrero! — le gritó James

Y Albus volteó y amenazó a James — Será mejor que se esté acabando el mundo o que un grupo de mortífagos amenacen con destruir la realidad tal y como la conocemos, porque si no, puedo asegurarte que habrá mucho sufrimiento en tu futuro— y esta vez sí sonó a amenaza.

Último año en Hogwarts, la última vez que presenciaría una selección de casas, esos sentados frente a él serían sus últimos profesores, James Potter quizás su ultimo amor como estudiante y quizás él primer y último chico que lograría romper su corazón en aquellas paredes.

Tantas cosas y tan poco tiempo, malditamente irónico cuando hubo momentos en que los días eran tormentosamente largos y ahora que quería que duraran un poquito más se le escapaban entre los dedos. Aún así Vera Eleganza se consideraba afortunado, hubo chicos que en toda su estancia en Hogwarts nunca tuvieron un recuerdo feliz y se marcharon de Hogwarts con ganas de no volver jamás.

Un golpe en las costillas lo sacó de sus divagaciones. Su mesa estaba aplaudiendo a un nuevo Ravenclaw y él hizo lo mismo era un insulto que su líder no los recibiera como era debido.

— ¿Qué demonios te pasa?— Erzsébet Nott lo regañó en voz baja.

—Lo siento, cavilaciones de un águila a punto del retiro— se justificó.

Michael Wu su tercero al mando lo miró un tanto confuso pero no le dijo nada, sus chicos se habían acostumbrado a su extraño carácter.

Llamarón a otro niño más y esta vez toco el turno a los leones de ovacionar a su nueva adición, observó a James levantarse y aplaudir se veía un tanto afectado desde que él y su hermano habían entrado al gran comedor.

No era necesario ser un genio para saber que habían discutido y la causa de su discusión estaba sentada en la mesa de profesores platicando con el infame profesor Longbottom, y curiosamente daba un vistazo de reojo al profesor Malfoy.

Las noticias que les había dado Scorpius Malfoy sobre ellos no eran buenas si ellos dos peleaban abiertamente empezarían a formarse bandos y todo su esfuerzo sería tirado a la basura. Eso sin contar con que el Salvador del mundo mágico podía hacerse invisible y contaba con un mapa que le proporcionaba la ubicación de todos sin excepción.

—Victoria Goyle— anunció la directora

Y Erszé le mando un gesto de apoyo a su novio en la mesa de Slytherin, Ethan Goyle solo sonrió nerviosamente. Erszé podría tener el carácter de una Gorgona pero se dulcificaba con su enorme novio. En Ravenclaw creían que estaba loca por salir con un hombre que apenas y rozaba siempre las calificaciones para pasar, Eleganza no la juzgaba él estaba enamorado de James Potter el chico más hetero de Hogwarts.

El comedor se silenció cuando una niña con una pierna ortopédica caminó frente a la directora y con un aire de suficiencia se subió al banco rechazando la ayuda de la directora.

Los murmullos no se hicieron esperar y cuando el sombrero la mandó a Slytherin pudo ver incluso un par de miradas burlonas y suspiros de alivio en las otras mesas, incluso un par de quijadas desencajadas en la mesa de Slytherin, sin embargo Albus fue el primero en levantarse y aplaudir, poco antes incluso que Eran Goyle y Scorpius dirigió una mirada a su mesa y la ovación se hizo general.

Supuso que para la casa de las serpientes si su líder le daba el visto bueno significaba que la pequeña Victoria Goyle merecía un segundo vistazo.

Y finalmente, después de la selección de dos chicos más para Hufflepuff y Ravenclaw respectivamente llegó el momento del discurso de bienvenida.

Eleganza pudo sentir que él y los líderes de las otras casas se inquietaban al mismo tiempo. Ese era el momento más esperado del día para ellos. Si algo habían aprendido era que los discursos de bienvenida eran una especie de profecía sobre lo les esperaría todo el curso, las primeras palabras de un director a sus futuros estudiantes decían mucho de su carácter, podían averiguar así si era déspota, manipulador, ingenuo, cualquier detalle saltaba a la luz mientras daban tan mencionado discurso.

Así que cuando la nueva Directora subió al pódium los oídos de toda la sociedad de alumnos estaban puestos en escuchar cada detalle.

—En primer lugar me gustaría presentarme, aunque una vez tuve el placer de ser directora, todas las caras frente a mí son nuevas y por mucho que hayan escuchado mi nombre soy una total extraña para ustedes. Mi nombre es Minerva McGonagall, fui directora de este colegio muchos años antes de que cualquiera de ustedes soñara siquiera con recibir su carta de bienvenida. Personalmente me gustan la disciplina, el trato justo y el respeto, no tolero ninguna acción que vaya en contra de estas tres directrices.- dijo Mirándolos a todos con franqueza.

Eso era algo bueno, odiaban a los hipócritas habían tenido muchos de esos y todos ellos hicieron cosas terribles.

—Debo decir que muchas cosas han cambiado algunas para mí disfrute, otras no tanto. Soy una persona chapada la antigua me gusta la disciplina y debo decir que el orden cuando subieron y bajaron del tren me dejó satisfecha— continuó la anciana directora y algunos chicos sonrieron un poco pero Minerva continuó —también personas de mi confianza me han dado a conocer muchas cosas buenas y otras francamente desagradables, es por eso que insto ahora mismo a los líderes de la sociedad de estudiantes a ponerse de pie—

Un rumor general se alzó en gran comedor sin embargo James Potter, Fred Weasley y la tercera al mando Rose Weasley se pusieron de pie, haciendo honor al valor Gryffindor, casi al minuto en mesa de Slytherin Albus y Scorpius Malfoy además de Denébola Snape, y finalmente casi al mismo tiempo de Ravenclaw Vera Eleganza, Michael Wu, Erzsébet Nott. Y Margaret Hills con sus gemelos Scamander por Hufflepuff.

—Ustedes muchachos, de alguna manera han sido las personas más influyentes de esta escuela, doce jóvenes haciendo lo que ustedes hacen no se había visto nunca en todos mis años de trabajo, a pesar de estar en lineamientos de Hogwarts en su historia nunca hubo quien formara una sola sociedad de alumnos. Sin embargo no se qué pensar de esta influencia, he visto cosas muy buenas en esta escuela, pero también sé que dos directores, cuatro maestros y dos enfermeras dimitieron a causa de ustedes y que no todo lo que he escuchado es bueno ¿Qué tiene que decir a eso?—

Inmediatamente Eleganza giró sus ojos a la mesa de Slytherin y se dio cuenta que los demás habían hecho lo mismo, normal se habían acostumbrado a que el líder de las serpientes lidiara con los maestros, siempre tenía el toque para arreglar acuerdos o echarlos fuera, lo que fuera conveniente.

—Profesora McGonagall podríamos dar mil excusas sin embargo solo daremos un ejemplo, Albus Dumbledore y Severus Snape fueron a su manera dos de los mejores directores que Hogwarts ha tenido sin embargo ninguno de ellos murió exento de rumores escabrosos. Solo la gente que se ha atrevido a conocerlos tiene derecho a juzgarlos— Finalizó Albus con el acento formal que lo caracterizaba cuando hablaba con adultos.

La directora miró al joven líder de una manera cauta y Eleganza se preguntó si la mujer tenía la astucia para ver a través del juego de Albus.

—Tienes razón Albus Severus Malfoy y es un gusto saber que haces honor a los nombres que llevas, sin embargo tomaré tus palabras y me daré tiempo para conocerlos he estudiado la ley de Hogwarts y sus tradiciones de "La noche de la quema las corbatas". Así que convocaré un juicio de disolución justo después de las vacaciones de navidad, más de tres meses atreverme a conocerlos y juzgarlos, ¿Eso es justo para ustedes sociedad de estudiantes?— terminó la profesora dejando a sus líderes mudos y un coro de protestas en las mesas.

Sin embargo Eleganza lanzó un sonorus y gritó — ¡SILENCIO!— con todas sus fuerzas.

El comedor a entero calló y esta vez fue él quien habló por su casa, —Yo Vera Eleganzza líder de la casa de la sabiduría, acepto el trato— Eleganza sabía ver un trato justo cuando lo veía y aquél era un trato bastante justo, mejor que lidiar con un enemigo.

—Yo Albus Severus Malfoy líder de la casa de la nobleza, aceptó el trato— le siguió Albus Malfoy, dos a favor y si las otras casas no aceptaban iban a tener un serio problema interno.

Después de un largo minuto fue Meg quien dijo —Yo Margaret Hills líder de la casa de la lealtad, acepto— tres contra uno, se preguntó ¿Por qué James dudaba tanto? Generalmente era el que se lanzaba de cabeza al precipicio.

—Yo James Sirius Potter líder de la casa del valor, acepto el trato— dijo finalmente y Eleganza se preguntó ¿Qué le estaba pensando?

La directora sonrió un poco —Muy bien, entonces no me queda más que presentarles a sus nuevos profesores, dando la materia de Pociones y también como Jefe de Casa de Slytherin Darius Daniel Snape — presentó.

El profesor Darius Snape se levantó de su asiento y sonrió con gracia a modo de saludo algunas chicas suspiraron, pero todos lo recibieron con una ovación moderada, las grandes ovaciones y los abucheos estaban prohibidos eran una muestra de parcialidad mal vista ante los profesores que todavía no destacaban.

—Como profesor de Historia de la Magia, Draco Lucius Malfoy— fue recibido con la misma intensidad que Darius, por fortuna era demasiado pronto para empezar con los abucheos, sin embargo el profesor delicado era otro.

Todos temían que muchos idiotas corrieran refugiarse a las faldas de Potter tan pronto lo vieran, que lo usaran para escudarse para volver a iniciar los ataques a Slytherin que la ultima que vez terminaron en la masacre del siete de Junio como los estudiantes llamaban a ese horrible episodio.

—Y por ultimo pero no menos importante, el profesor Harry James Potter impartirá la clase de Defensa Contra Las Artes Oscuras—

James se levanto de la mesa y observó a su casa con advertencia todos ellos, algunos se notaba regañadientes, aplaudieron con la misma fuerza con que se recibió a los profesores Snape y Malfoy.

Después de las aclaraciones ya tradicionales, todos fueron a dormir con un gesto preocupado y varias preguntas en silencio que deberían responder en cuanto llegaran a sus respectivas salas comunes.