Hola, de nuevo.
Me he adelantado este capítulo también solo por el gusto de hacerlo y dejarles un poco más sobre la trama de la historia. El tiempo me está haciendo buena cara y me ha permitido publicarles esto.
Probablemente el siguiente capítulo si venga con tiempo justo, pero no por eso es menos detallado que este.
Estoy ansiosa por saber que opinan sobre nuestro nuevo Oc en esta parte, así que si pueden déjenme un review ;)
Sin más por el momento les dejo leer.
Carpe diem.
*Disclaimer: Los personajes tanto el mundo en el que se desenvulven no me pertenecen, todo se lo debemos a SM (Amén)
Un Semana en el infierno
Segunda Parte
Día de biblioteca
Renesme
Tenía que admitirlo, pero sin la aparición de Alex en su segundo día de escuela, todo hubiera ido en picada.
El día había empezado con una nota de Jacob en el parabrisas del Ford rojo.
Surgió un problema con el clan, Sam nos quiere a todos. Prometo que te llevaré cenar en cuanto todo esto acabe. Lo siento. Jake.
Con una mueca, dobló el papel con sumo cuidado por la mitad y se dispuso a manejar el auto del lobo cuando de pronto, el capote del BMW brillo con la luz del sol que amenazaba con salir. Tal vez si lo hubiera pensado mejor, hubiera tomado un trayecto lento con música country dentro del auto de Jacob. En cambio, prefirió el que estaba lleno de velocidad y Yiruma de fondo.
Mala idea.
Apenas y estacionó el lujoso auto en el estacionamiento, los alumnos comenzaron a cuchichear y a tomarse fotos cerca del monstruo aquel. Al salir del BMW, muchos miraron asombrados a la pasajera, pero la mayoría le lanzaban miradas fulminantes y le daban la espalda en cuanto Renesme pasaba a su lado, dejando en claro que no querían dirigirle la palabra a la "Niña prodigio riquilla de los Cullen".
A ese paso su mejor amigo sería su cuaderno de estudio y su confidente el maestro Valdez.
Nessie dio gracias al cielo que el segundo día tocaba Literatura, así solo tendría que limitarse a hundirse en un libro y hacer quizá algunos reportes. El salón 5 (con el gran número en la entrada) era reducido y solo algunos alumnos se encontraban ahí, los suficientes para hacer que con sus miradas Renesme fuera a sentarse hasta la esquina más alejada del salón.
—Mis literatos—canturreó una mujer de mediana edad con el cabello oscuro ensortijado mientras entraba al salón al tiempo que los alumnos tomaban asiento.—Bienvenidos sean todos los jóvenes ilustres.—su sonrisa era más grande que su cara—El día de hoy quiero empezar con una historia que escribí yo misma—Nessie notó como algunas caras se llenaban de pánico ante el comentario—Es un pequeño ensayo sobre la emocionante visión que tiene Dante Aligeri sobre el infierno.
—Cada inicio de semestre es lo mismo—le dijo una voz femenina en un tono muy bajo de pronto.
Renesme ladeó su cabeza hacia la voz. La chica que le había hablado la mirada con una sonrisa ladeada, presuntuosa con su largo cabello castaño lacio enmarcando su bronceado rostro y sus pómulos altos. Sus ojos verdes la escrutaron un momento, luego se volvieron cálidos.
—¿A qué te refieres?—le preguntó la pelirroja inclinándose involuntariamente hacia la chica. Hace mucho que no hablaba con alguien que no fuera Jacob, Sue o sus padres. Mucho, mucho tiempo.
—La profesora Piper está un poco obsesionada con La divina comedia—le informó murmurando la castaña, acercándose un poco más a la pelirroja.—Cada curso se encarga de hacer personalmente un escrito de aproximadamente doscientas hojas—su semblante adoptó un tinte serio—Este promete ser un curso interesante.
—No me parece tan malo—comentó la pelirroja sintiéndose un poco intimidada por la mirada que le lanzó la castaña—He leído más que eso en un solo día.
La castaña se limitó a estudiarla sin dejar ver lo que pensaba.
—Parece que te gusta la lectura—le dijo sin dejar de murmurar mientras la profesora aun arreglaba sus documentos, preparándose para sentarse—Por cierto, soy Jasmine—extendió la mano con la palma hacia abajo.
Tal vez haya sido sus transparentes ojos verdes que se insinuaban amables.
Tal vez tendría que ver que profesora Piper aún no tomaba asiento.
O tal vez era simplemente que Renesme no tenía razones para desconfiar y tomar la mano que le ofrecía su prospecto de nueva amiga, así que solo la estrechó.
Error.
Primero, la profesora acabó por fin de acomodar su enorme papeleo al tiempo que doblaba las rodillas para sentarse apaciblemente en su asiento cuando alternativamente la pelirroja verbalizaba un "Mucho gusto, me llamo Renesme" que apenas se escuchó al ser silenciado por un aullido de dolor proveniente de la mujer de cabello oscuro que posaba sus manos (sin ninguna pena) sobre sus prominentes glúteos cuando al mismo tiempo Nessie sentía un ardor nuevo sobre sus mano derecha. Asustada, giró la muñeca y se encontró con horror su palma llena tachuelas clavadas en su palma pálida, alzando sonidos de sorpresa y las miradas acusadoras se clavaron en ella como agujas calientes.
Cuando alzó la vista, los ojos verdes que la miraron abrieron paso a una frialdad inminente y una sonrisa que era casi cruel. Que tonta había sido.
—¡Niña!—chilló la profesora mientras se sacaba una tachuela del glúteo derecho—¿Cómo pudiste jugarme una broma de tan mal gusto?. De entre todos en este salón, TU, una alumna que pensé era buena, ejemplar….—para ese punto la voz de la señorita Piper se había vuelto quebrada, haciendo que unos cuantos chicos soltaran risitas—¿Cómo pudiste faltar al respeto de esta manera…—alzó su mano con la tachuela entre sus dedos—a un profesor de este instituto que te recibió con los brazos abiertos?
No precisamente, quería decir Renesme, pero todas las miradas, más la expresión dolida y decepcionada que la profesora Piper le bastaron para agachar la cabeza y fijar la mirada en el suelo con actitud avergonzada, aun cuando ella no había sido la bromista en primer lugar. Ella era el chivo expiatorio a todo esto.
—Dios sabe que me duele decir esto—comenzó la profesora llevándose la manos a la cienes adoptando al tiempo una seriedad que Nessie espero nunca más volver a presenciar—Renesme Carslie Cullen, a la oficina del director. De inmediato.
Mordiéndose el labio fuertemente, lastimándolo sin darse cuenta, Nessie esperaba sentada impacientemente a ser llamada por el hombre de canas en las cienes y espeso cabello negro que le habían dicho estaba atendiendo a una causa perdida.
Renesme no quiso preguntar más sobre eso, de hecho, ni siquiera pasó por su cabeza cuestionárselo a la secretaria así que solo se esperó pacientemente a la espera de su castigo.
Su primera amonestación escolar, reflexionó. Qué día tan nefasto.
Tendría que andarse con cuidado ante la amenaza constante que representaba ciertamente ser hija de Edward y Bella, a quienes todos los profesores parecían tenerlos en un pedestal. A los alumnos de Forks parecía no caerles muy en gracia.
La puerta de la oficina se abrió de pronto.
—Vamos, Robert, sabes que no tardare en visitarte en uno o dos días, quien sabe, tal vez sean horas.
Lo primero que Nessie notó fue el salvaje cabello indomable de la rubia de prominentes curvas saliendo con el director (un hombre maduro de visibles músculos con su traje azul marino a la media) a su lado.
Lo segundo fue la sonrisa más descarada y ególatra que en su vida haya visto. Y no se estaba refiriendo al rostro de él, sino al de ella.
La chica se veía no más de dieciocho años, con ropas desteñidas echas girones a propósito que delataban en más de una vez que su anatomía era natural, pues no tenía ni una cicatriz que cubrir en su piel marmórea, su cabello rubio caramelo era tan largo como el de Renesme, hasta la cintura, y era casi tan alta como Jacob; tal vez, pensó Nessie, si se quitara un poco de delineador negro de ojos, su iris azul se vería más suave y no tan…inestablemente frenético. Desde la distancia, los tonos delataban que el color su aquellos ojos no era solo azul, sino violeta.
—Alex—suspiró el hombre a lado de la rubia, misma que lo miró como retándolo al alzar la barbilla y cruzarse de brazos—No te he expulsado del instituto porque tu padre es un gran amigo mío, y de ante mano sé cómo han ido las cosas entre tus padres en estos últimos meses—la rubia desvió la mirada un segundo, luego volvió a sostenérsela al moreno—Pero por la memoria de Jason, deberías tratar de comportarte.
La chica clavó sus ojos azules como cuchillos filosos sobre el moreno borrado de tajo su sonrisa.
—A él no lo metas en esto.—le espetó con un tinte gélido.
—Lo siento, Alex, pero se me acaban las opciones para tratar contigo.
El tono informal con el que el director la hablaba a la rubia, hizo sentirse como una intrusa a Nessie, observando, callada, como discutían ambos frente a ella. Al parecer no habían notado su presencia.
—Mejor ya no trates.—le escupió la rubia al hombre—No te metas en mi vida, Robert.
El hombre apretó visiblemente la mandíbula mientras le extendía un papel con algo escrito.
—Aun así jovencita, sigo siendo la autoridad aquí.—sacudió el papel hacia ella—Y sigues estando sancionada.
La rubia masculló algo por lo bajo mientras le arrebataba el pedazo blanco al hombre y se daba media vuelta sin mirar atrás. El moreno se llevó a sostener el puente de su nariz con las yemas de los dedos sin reparar todavía en la pelirroja. Suspiró, y volvió a adoptar una postura cuadrada, una tremendamente falsa y recta postura. Sorpresivamente, los ojos del hombre se encontraron con los de Renesme en un instante fugaz, como si él siempre hubiera sabido que ella estaba ahí después de todo.
—Señorita Cullen.—saludó en un tono plano, sin dejar de aparentar ser amable—Pase a mi oficina, por favor.
La pelirroja caminó serenamente hasta el hombre, sintiendo un poco de lastima y dejando de lado la razón por la que fue a hablar con el director. El hombre le sostuvo la mirada sin ningún sentimiento asomándose en esos ojos negros, lo que le causó un estremecimiento a Renesme sin saber realmente le porque. Tal vez era el azabache de su mirada que le recordaba a la oscuridad. Al entrar en el cubículo, el director tomó asiento en una silla detrás de su escritorio (uno muy moderno de cristal y metal plateado) sobre el cual descansaba solamente unas plumas doradas de lo que Nessie pudo identificar serian plumas fuente a lado de un largo tallado en metal cobrizo que rezaba el nombre del director: Prof. Robert Greg Nicolson.
—¿A que debo su presencia en mi oficina, joven Cullen?—el tono de Nicolson seguía careciendo de matices, nada que ver con el hombre que vio discutiendo con la rubia hacia un momento.
Nessie se mordió el labio superior.
—Yo…—comenzó con su voz suave y en tono bajo—La profesora Piper me mando con usted.
Él tamborileo de los dedos Nicolson sobre el cristal empezó cuando la joven frente a él se negó a verlo a los ojos. La respuesta que le había dado tampoco había ayudado mucho a su mal humor desde la llegada de Alex a su oficina.
—Me queda claro que fue uno de los profesores que la mando aquí, señorita Cullen—Nessie deseó que dejara de pronunciar su apellido como si fuera algo preciado, casi intimo en comparación con el tono impersonal con que vocalizaba todo lo demás—Lo que no acabo de entender es como una alumna tan prometedora como lo es usted, es enviada a mi oficina con un aviso de suspensión en nuestro segundo día de clases.
La pelirroja guardó silencio, no sabiendo que responder. Renesme sabía que lo correcto era decir absolutamente toda la verdad, redactar toda la jugada de la que habían hecho formar parte a causa de un engaño y delatar a Jasmine como la culpable resolvería el problema, ella saldría exonerada. Por otra parte, estaba plenamente consciente que si hacia todo lo anterior, los problemas en los que se vería envuelta no acabarían ahí. Era mejor mantener a los lobos a raya que hacerlos enfadar. De primera mano sabía cómo tratar con estos animales.
Armándose de valor, levantó la vista de su regazo chocando con la oscura mirada de Nicolson.
—Puse tachuelas en la silla de la maestra de literatura.
Nicolson se limitó a estudiarla sin una expresión en su rostro color crema, como si no hubiera escuchado lo que la pelirroja había confesado. Muy a su pesar, Nessie no pudo negar el hombre frente a ella se veía lo suficientemente guapo para alzar suspiros entre las alumnas. Para nada se veía como el director de un instituto. No es que Renesme estuviera interesada en él, simplemente le pareció curioso que un hombre con tanta fuerza y virilidad trabajara solamente dando órdenes y archivando papeles detrás de un escritorio. Él seguía mirándola, evaluando de una forma que poco a poco hizo crecer en la boca del estómago de Nessie un deje de incomodidad hasta no poder sostenerle la vista y bajarla de nuevo a sus manos unidas sobre su regazo.
Nicolson suspiró.
—Renesme—dijo adoptando un tono menos gélido y más cansado—Sé que estas mintiéndome—la pelirroja alzó la vista de repente. El director la miraba ya no con inquisición, había algo suave en todo ese negro iris—También puedo asegurar que estas encubriendo al verdadero culpable por que no quieres más problemas.
Renesme guardó silencio.
Vaya, lee mentes, pensó para sus adentros mientras el director Nicolson sacaba de uno de sus cajones detrás del escritorio un papel parecido al que le había dado a la chica rubia de hacía unos momentos.
—No puedo obligarte a que me digas la verdad.—continuó sin mirarla al tiempo que llenaba el papel con una de sus elegantes plumas de plata en mano—Por lo tanto, tengo la obligación de cumplir con el protocolo de mi deber como máxima autoridad. Además de que la profesora Piper estaría inconforme sino hago valer su respeto como catedrático.—dejó la pluma a un lado de un solo movimiento y luego le extendió el pedazo blanco a Nessie.—Esta es tu sanción—le dijo mirándola intensamente. Cuando Nessie hizo gesto de tomarla, el director echó unos centímetros hacia atrás la muñeca—Sabes que puede cambiar si tú me dices lo que realmente pasó.
La pelirroja tenía las palabras contenidas en la punta de la lengua, estaban luchando por salir. Abrió la boca un poco sin dejar intimidarse por los ojos negros que le pedían decir la verdad. Ella ya había tomado una decisión.
Tomó el papel sin cortar el contacto visual, despidiéndose con un simple: Que tenga un buen día y cerró la puerta tras de sí.
La biblioteca era pequeña en comparación con la de los Cullen. Nessie estaba acostumbrada vivir cerca del arte, llena de libros, escuchando música de piano y observando con detenimiento y admiración algunos cuadros en la oficina de su abuelo Carslie. No había ningún problema acerca del castigo impuesto como ayudante de la recepcionista de la bibliotecaria. Sin embargo, un parte minúscula de su cabeza seguía pensando que no se merecía estar gastando una parte tiempo en tareas curriculares mientras se perdía la clase de literatura.
Con aire resignado, llegó hasta donde una señora de caderas anchas al igual que su prominente busto, con su cabello gris recogido en un perfecto moño y los lentes colgando de una cadenita alrededor de su cuello, se hallaba acomodando en los estantes algunas obras viejas con olor a polvo. De hecho, toda la biblioteca tenía un olor a polvo y pergamino antiguo. Nessie era muy susceptible a los aromas.
—Buenas tardes, señorita Granville—saludó Renesme cordialmente, apostando el todo con la mejor sonrisa genuina esbozada en su rostro—Mi nombre es Renesme…—la mujer la miró dejando de lado su trabajo—Cullen.—finalizó la pelirroja al tiempo que la mujer abría mucho los ojos.
—Oh…La nieta de Charlie.—dijo la mujer con los ojos cristalinos. Renesme sintió una punzada en su pecho con la sola mención de su abuelo.—Él era un buen hombre, muchos en Forks lamentamos la pérdida del jefe de la policía Swan.—comentó la mujer limpiándose una lagrima gruesa con su dedo regordete y arrugado.—El señor lo tiene en su gloria.
Ya más recuperada, la mujer le sonrió cálidamente a Nessie, haciéndola pensar que ella era primer persona en aquel instituto que no la hacía sentirse a la defensiva o demasiado presionada.
—Dime, cielo, ¿qué puedo hacer por ti?.
Nessie le tendió el papel con delicadeza.
—Vengo a cumplir mi servicio.—dijo con voz baja, avergonzada por lo que la mujer pudiera pensar de ella. La señorita Granville la miró como si tratara de resolver un rompecabezas sin sentido hasta que finalmente Renesme tuvo que agachar la cabeza, hallándose sin poder enfrentarla.
—¿Semana difícil, eh?—le oyó decir sin dejar de mirar el suelo. Alzando la cabeza lentamente, Nessie recibió con sorpresa una sonrisa alentadora de parte de la bibliotecaria. Le devolvió le gesto con las mejillas sonrojadas por tanta amabilidad y sin más que decirle la mujer le cedió su lugar con el carrito lleno de libros fuera de sus estantes. Con algo de energía renovada, Nessie puso en marcha su nuevo trabajo extracurricular.
Estaba acomodando los tomos de las hermanas Brontë, cuando una vocecilla susurrante interrumpió el hilo de su concentración en completo silencio.
—Hey.
Renesme dio media vuelta después de poner Cumbres Borrascosas en su lugar. Miró entras los pasillos y no vio a absolutamente nadie. Con el ceño fruncido, se dispuso a seguir con su labor cuando nuevamente la voz le volvió a interrumpir.
—Hey, tu.
En ese instante vislumbró un pequeño mechón rubio caramelo asomándose en su vista periférica a más de cinco pasos a su izquierda. Nessie tenía que agradecer ese don de precisión a su mitad vampiro. Cuidadosamente, tomó un libro plano de no más de cincuenta hojas y con fuerza un poco menos sobrehumana, se lo lanzó directamente a la cabellera rebelde.
—¡Auch!—salió gimiendo una chica rubia detrás de un estante al tiempo que se llevaba una mano a la cabeza con ojos azules fulminando a Renesme—¿Que no tienes sentido del humor, salvaje?—le exigió la rubia caminado hacia la pelirroja.
Nessie se limitó a observarla con cara despreocupada.
—Disculpa—dijo sin realmente sentir el arrepentimiento en sus palabras—Me asustaste un poco y a veces me pongo paranoica.
—Ya.—gruño la rubia—No es mi culpa que nadie en este maldito pueblo soporte tu presencia, podrías ser un poco más civilizada.
El rostro de Nessie se mostró dolido.
—¿Qué dijiste?—su voz quebrada. La rubia rodó los ojos como canicas sin dejar de sobarse el golpe.
—Lo que tú ya sabes—le dijo como si fuera la cosa más obvia del mundo—Como tu madre es Isabella Swan, tu padre Edward Cullen, tu abuelo el doctor Cullen y para rematarla tu otro abuelo el fallecido y queridísimo jefe de policía, muchos te envidian por tener absolutamente todo y otros no soportan verte con cara de mártir por la ciudad después de la muerte de tu abuelo. Creen que eres una niña mimada y que quieres sobresalir académicamente como tus padres, humillando a todos en este pueblo por ser superior.
Renesme dio dos pasoso atrás, tambaleándose y llevándose una mano al corazón al tiempo que hacia un esfuerzo por contener las lágrimas picaban detrás de sus ojos.
—Cómo pueden creer eso—susurró afectada.
La rubia alzó los hombros y luego los dejó caer sin percatarse del estado de Renesme.
—Las personas de pueblos pequeños, crean grandes mentiras—comentó metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón—Y tal vez mi madre tenga una poco de culpa.
—¿Tu madre?—soltó Renesme confundida.
—Si—suspiró la rubia conectando su mirada cansada con los ojos dolidos de Nessie—Jessica Stanley, ¿No la conoces?
Resultaba ser que Jessica Stanley, la misma Jessica que había visto a su madre Bella junto a la tumba de su abuelo, esa misma en persona se había encargado de correr toda clase de calumnia acerca de la familia Cullen.
Ahora Nessie entendía lo de la broma y por qué recibía tantas miradas furtivas.
Cualquier pensaría que después de eso Renesme se tomaría distancia de la rubia hija de Jessica, pero no.
Alexandria Newton era su nombre completo, pero ella simplemente le gustaba que la llamaran Alex porque era corto y desconcertaba a la gente, rompiendo la ideología de que el apodo era usado solo para los hombres. Le contó que sus padres eran divorciados y que a raíz del carácter excéntrico de su madre, prefirió irse a vivir con su padre, Mike Newton.
La intimidad con la que ella hablaba era preciosa y Nessie lo agradeció, era fácil pretender que se conocían de años y dejar a un lado el hecho que por culpa de los chismes de su madre Nessie tenía que sufrir las consecuencias. Notoriamente, la pelirroja pudo percatarse que Alex no soportaba a su madre, lo que fue de gran ayuda al aceptarla como un prospecto de amiga, más el hecho que siempre pareciere referirse a Forks y sus habitantes como la cabeza hueca de un alfiler. Renesme no estaba en total acuerdo con eso pero cada que los alumnos las veían platicar juntas, les lanzaban miradas de aprensión y Alex entraba en acción con su mirada setenta y siete (como ella misma lo llamaba) junto con un ácido "¿Que miran'" salido de su boca viperina, causando que las miradas desaparecieran en un santiamén, eso, le hacía olvidar lo despectiva que podía ser Alex.
—Perdón por eso—dijo mientras comía una chocolatina en la biblioteca. Al parecer no le gustaba seguir las reglas de nadie, pensó Nessie—A mí tampoco me quieren aquí, así que si te juntas conmigo recibirás muchas más de esas a diario.—señaló en lugar por donde los estudiantes habían desaparecido.
Nessie la miró con curiosidad.
—¿Porque no te quieren?—le preguntó confusa—Tu naciste aquí y tus padres son buenos ciudadanos.
Alex la miró con aprensión alzando lentamente una comisura de su boca. Esa era otra cuestión que capto de la rubia, Alex sonreía de una manera cruel, como si todo lo que dijeras fuera estúpido y no hubiera duda de que ella la reina del sarcasmo. Nunca sonreía genuinamente o con amabilidad.
—No tienes idea—murmuró más para sí, dedujo Nessie—Mira, soy la oveja negra del rebaño, vamos, el frijol en el arroz. Este pueblo de mente cerrada no es para mí, los desprecio y ellos lo saben, por lo que no dudan en despreciarme también.
—No los entiendo—confesó murmurando la pelirroja.
—Ni yo—estuvo de acuerdo Alex adoptando nuevamente un tinte serio—Es por eso que te advierto que antes de que decidas si quieres volverme a dirigir la palabra, te lo pienses dos veces.
Renesme la miró con sus ojos redondos y chocolates claros, sin ningún rastro de perversión o aversión. Alex era una chica poco común, algo rara y muy loca, sin embrago, el aroma de su alma era dulce, suave y delicado, representando una persona totalmente diferente dentro de ese cascarón de cruel frialdad. Nessie no tuvo dudas, no tenía que cuestionarse nada.
—No tengo nada que pensar, quiero hablarte—le espetó Renesme mientras sonreía genuinamente a su nueva amiga.
Día nefasto
Renesme
Oh, you´re acting you thin disguise
All you perfectly delivery lines…
Dust to dust, The Civil Wars
La siguiente mañana, Jacob no estaba.
El día anterior no había venido tampoco para recogerla e ir a cenar como había prometido.
Tentada a llamarle para quitar le preocupación que le nublaba la razón, Jacob llamó segundos después que su madre Bella le colgara alegando que no había recibido ningún mensaje, llamado, correo o señales de humo por parte de su hija.
—Todo está bien, mamá—mintió la pelirroja con facilidad al teléfono mientras bajaba las escaleras—Nada nuevo que contarte aún.
—¿Esta Jacob ahí?—dijo como quien no quiere la cosa. Nessie suspiró con tristeza.
—No lo he visto desde ayer—dijo a su madre mientras salía y cerraba la puerta con la llave—Al parecer Sam esta en reunión con ellos hablando sobre la educación que deben llevar forzosamente los más chicos del Clan.
—Han estado muy rebeldes—comentó su madre con un tono plano.—Me refiero a las nuevas generaciones.
—Lo son—estuvo de acuerdo Nessie mientras subía al coche—Mamá, tengo que colgar, voy conduciendo.
—Este bien, hija, prométeme hablar en cuanto llegues a casa.
La pelirroja rio bajo.
—Lo prometo—dijo sonriendo y colgó. A los pocos segundos el teléfono volvió a vibrar.
—Jacob—suspiró aliviada Nessie cuando identificó el número parpadeando en la pantalla de su celular. Por el auricular se oyó un chasquido y luego un maldición.—¿Jake?—insistió preocupada al obtener solo silencio del otro lado.
Otra maldición.
—¡Basta, Seth!, es Nessie al teléfono—oyó gruñir al metamorfo. A lo lejos, pudo oír un saludo jovial—Argh, ¡Lárgate!…Lo siento, Ness, no era para ti. Seth aún no comprende el significado de privacidad.—la chica pudo imaginar al lobo poniéndole cara de pocos amigos al otro chico mientras hablaba.
—No te preocupes, dile a Seth que yo también lo extraño.
—Mejor no, puede que me ponga celoso y ataque al lobito de mamá.—Nessie rio con soltura mientras una punzada de dolor creía en su pecho. Se aclaró la garganta.
—Ayer no viniste—le soltó sin poder contenerlo—La nota decía que me llevarías a cenar.
—Uf, si, lo siento mucho Ness—se oía miserable—No tengo disculpa, pero deja te explico—comenzó apresurado sin dejarla hablar—Ha Emily se le rompió la fuente y estaba con Rachel en casa así que tuvimos que llevarla al hospital de emergencia, luego avisarle a Sam y a todos en la Reserva. Después de que la dieran de alta, Sue insistió en celebrarlo a lo grande con una fogata y comida a lo que no me pude negar ya que le idiota de Seth se lo ocurrió decirle a Leah lo sucedido con Emily y bueno…ya sabes cómo es Leah. La encontré en el corazón del bosque y le dije que volviera a casa para lo que ella me respondió algo como ¡Lárgate imbécil! Así que en resumen: fue un día agitado. Lo siento mucho, mucho, mucho, Ness, de verdad no sé qué haría sino me per…
—Nunca te odie, Jake, estas más que perdonado—le interrumpió divertida—Vaya, que día el tuyo.
—No me crees, ¿cierto?—dijo el lobo sin poder pararse a sí mismo—¡Oh diablos!, debería haber sabido que no me creerías—bufaba para sí y masculló hasta hacer rechinar sus dientes—Si quieres, puedes hablar con Emily, o con mi hermana, o con Sue, Sam no cuenta por que no estuvo hasta la cena…
—¡Jake!
—¿Ness?, ¿Nessie?, ¿Estas bien?, ¿Por qué gritaste?, ¿Estas disgustada?, ¿Debería haber ido esta mañana?—maldijo por lo bajo pero Ness lo pudo escuchar—Si, debería haber ido aun que estuviera cansado por…
—¡Jake!, basta, me estas mareando con tanta disculpa.—dijo entre risas la pelirroja. Ella sabía que Jacob era sobreprotector con ella, muy celoso e imponente, y cuando no le cumplía algo a Nessie (rara vez pasaba) se ponía en aquel estado maniaco, disculpándose hasta el cansancio.
—Yo, am…Lo siento… ¡argh!, ¡rayos!, se supone que ya no debería disculparme, puuuufff…lo estoy haciendo todo mal…solo…solo…—suspiró al teléfono—Discúlpame.
Renesme sonrió al tiempo que negaba con la cabeza.
—Quedas exonerado.
—¿Enserio?—pudo imaginar sus ojos de cachorro y no pudo contener el sonrojo de su mejillas.
—De verdad, Jake.—le devolvió con voz suave. Al otro lado pudo oír un silbido pesado, como si hubiera lanzado un puño al aire seguido de una exclamación afirmativa al cielo.
—Está bien, esta noche pasare por ti.—se oía agitado, de tras fondo pudo escuchar el llanto de un bebe—Ay no—se lamentó el lobo—Esta despierto.
—¿Estas siendo…niñero?—disparó con sorpresa y algo de diversión.
—No te mentía cuando dije lo de Emily—sonó dolido—Sam me lo pido como un favor. Se supone que lo estaba cuidando junto con Seth pero el muy idiota se fue algún lado con alguien.
—Espero que esta vez sea con alguien definitivo—le dijo con sinceridad—Seth es un buen chico.
—Lo es—concedió—y también es bastante inmaduro.
—Vaya, habló el Macho Alfa—farfulló la chica mientras oía el llanto del recién nacido—Jake, ve y atiende al pequeño, seguro que extraña a su madre.
—Pero no soy su mamá—se defendió molesto
—No, por supuesto que no. Eres mamá sustituta—dijo sin poder evitar reír—Por favor, Jake, tal vez tenga hambre.
—Está bien, está bien—pudo oírlo bostezar y recuperase de nuevo con excitación en su voz—A las nueve, ¿hecho?
—Hecho—confirmó sonriendo y colgó.
Luego de la charla, Nessie se dispuso a conducir con algo de prisa, puesto que había gastado un tiempo considerable con las llamadas matutinas. Su primer clase fue Historia, no pudo evitar notar que las miradas de soslayo habían incrementado en una cuarta parte desde que el día de ayer vieron a Alex salir con Nessie y dirigirse directo hasta su auto. Trató de no tomarle importancia, ni tampoco a los demás alumnos de otras clases hasta que el horario académico se había terminado y forzosamente tenía que ir a su trabajo como ayudante de bibliotecaria. Al llegar a la biblioteca, lo primero que buscó fue una rubia cabellera abundantemente rizada.
Pero no la encontró.
Alex
Let me in the wall
You´ve built a round…
Dust to dust, The Civil Wars.
Era una mierda ser hija de padres divorciados.
Pero lo que era una jodida y soberana mierda era que tus padres siguieran echándose la culpa mutuamente por la muerte de su hijo después de cinco largos años.
Jessica Stanley y Mike Newton quizá jamás se hubieran casado de no ser porque la noche de graduación, en lugar de festejar sanamente como dos adolescentes comunes lo harían (¡ja!) en casa de los Cullen, y luego marcharse a casa sin más, en lugar de eso, decidieran (irresponsablemente) liarse cuando ambos estaban pasados de copas.
Cuando Alex lo supo, prometió jamás de los jamases tener relaciones sexuales en un auto. Ni durante una noche de fiesta. Ni con ningún idiota del instituto. Y tomar la píldora del día siguiente como vitaminas por la mañana.
Y se prometió también, bajo ninguna circunstancia, enamorarse. No quería terminar como su madre, viviendo en la vieja casa de sus padres llena de gatos, tomando té en las cafeterías baratas del pueblo mientras parloteaba sobre los últimos chismes de Forks.
Ni tampoco como su padre.
Entre otras cuestiones.
—¿Papá?—llamó Alex entrando a la sala. Deslizó las correas de su mochila por los hombros hasta sus codos y sin más la dejo caer al suelo, creando el suficiente ruido como para que el hombre rubio frente a ella despertara de golpe.
Desde luego, después de una buena ingesta de alcohol saliendo de la tienda de deportes más los programas repetidos de futbol soccer en la televisión, cualquiera estaría más que profundamente dormido.
Había llegado cansada después de un estresante día en el cementerio y luego en el bar, que lo único que quería era tumbarse y dormir como si estuviera en coma toda la noche.
—Papá—gruñó la rubia esta vez mientras se dirigía al viejo sillón con los resortes salidos por todas partes de su feo tapiz verde (que alguna vez fue más claro), mascullando por lo bajo más maldiciones de las que normalmente soltaría.
Hoy era el día, y su padre prefería olvidarlo perdiéndose en las aguas calmas de la levadura. No lo culpaba, pero tampoco lo apremiaba. Cada quien tenía sus medios para olvidar.
—Levántate—le ordenó Alex sacudiendo el hombro de su padre con todas sus fuerzas. Rindiéndose después de seis intentos en los que logró gruñidos y apenas balbuceos, suspiró con cansancio y fue escaleras arriba por una manta. El pedazo de fieltro cuadrado era lo suficientemente grande como cubrir por completo la figura borracha de un Mike Newton de treinta y tantos años, con barba descuidada y un poco subido de peso. Usando la fuerza de sus brazos que había adquirido de hace un tiempo, Alex puso sobre su costado a su padre, temiendo que las arcadas vinieran por la noche y se ahogara con su propio vómito, pensando mientras lo hacía, que esto era exactamente por qué prefería ser distante con las personas, prefería mantener esto lo más en secreto posible, tal vez pudiera fingir un poco de paz y que eso no sucedía en absoluto.
Luego prosiguió a limpiar; latas de refresco dispersas por todas partes en la sala, algo que con todo su corazón espero que fuera cerveza derramada en la alfombra, los trastes de una semana entera (no eran demasiados, pero podría jurar que la pizza de un plato comenzaba a moverse sola), la ropa a la lavandería el día de mañana, y luego a dormir.
Pero su cabeza tenía otra cosa en mente.
Sus pesadillas siempre fueron escalofriantes; acerca de niños que lloraban frenéticamente en medio de la oscuridad y cuando esta se iba quedaban charcos de sangre a su alrededor haciéndola temblar sin control, más aun cuando sus padres la encontraban y comenzaban a gritarle cosas que Alex prefirió no entender.
Este sueño-pesadilla era diferente.
Se encontraba en medio del bosque mohoso y lleno de vegetación verde por todas partes con un sonido silbante y gaviotas de tras fondo. Era el bosque de Forks cerca de La Push, adivinó Alex. Delante de ella, una sombra oscura, lo suficiente grande como para ser un hombre de proporciones colosales, estaba parada sin mover un musculo, sin ningún tipo de movimiento. La rubia se preguntó si quiera respiraba. Alex intuyó que la sombra la estaba mirando, aunque no pudiera ver sus rasgos faciales en medio de tanta oscuridad, la intensidad de la mirada que le lanzaba la presencia hacia que los vellos de su nuca subieran como agujas calientes.
La sombra se movió de un de repente.
Fue un rápido y feroz movimiento de su cuerpo, imperceptible y pesado a la vez. Alex se halló siseando como una animal hacia la sombra que sufría de espasmos violentos causando que la rubia se pusiera en posición de ataque, como si desde un principio su cuerpo supiera que hacer y su instinto razonara por ella. Los espasmos se detuvieron, al igual que el corazón de Alex. La sombra había desaparecido, en su lugar, un lobo con pelaje color arena dorada miraba con sus penetrantes ojos ámbar a la rubia. Alex dio unos pasos hacia atrás, atemorizada por la imponente figura del lobo de más de un metro frente sus narices.
Pero lo que más le asustaba era su mirada. Sus ojos feroces, aprensivos, se veían humanos, con total pasión desmedida que ocasionaban a las piernas de Alex sentirse como gelatina. El lobo alzó el hocico hacia el cielo, poniendo las orejas en punta al igual que su lomo como si hubiera escuchado algo que le asustara. Gruñó desde su garganta, y Alex pudo notar que estaba enfermo, pues no podía soltar ni un solo alarido. No obstante, el lobo obtuvo una respuesta a su débil aviso.
Al primer aullido, Alex despertó.
Renesme
Luego de ducharse con sales marinas y aromatizantes de frutas, Nessie se arregló con un vestido al estilo Marilyn Monroe en color azul índigo, combinado con unas valerianas negras y su cabello cobrizo en un moño alto elegante, con algunos mechones escapándose de su amarre.
Mientras esperaba a Jacob, se sentó a ver en la televisión de la sala sin realmente prestar atención a una seria policiaca situada en Miami. Con una bolsa de frituras sobre su regazo, Nessie vio el reloj marcar la nueve en punto de la noche. Trató de no comenzar a ponerse nerviosa y sacar conclusiones que no tenían fundamento. La serie había cambiado al cabo de unos segundos, (¿o eran minutos?) y Nessie vio con preocupación que el reloj marcaba las nueve y media. Comenzó a impacientarse. Aunque el sentimiento de un vacío estaba comenzando en la boca de su estómago, lo oculto a sí misma y no prestó atención al reloj.
A las diez de la noche las frituras se habían acabado.
A las diez y cuarto Nessie estaba quitándose los zapatos y cubriéndose con una manta.
A las diez y media sus ojos luchaban por cerrarse.
A las once se quedó dormida sobre el sillón.
A las doce de la noche en punto; el aullido del lobo se oyó fuera de su puerta.
¡Fin!
Ya sé, ya sé.
Es algo corto y les dejó con la incertidumbre de porqué el aullido en la última parte, pero vamos, esto comienza a ponerse apenas interesante.
Los viejos fantasmas se hacen ver ante el inesperado acto de presencia de Alexandria. Aunque en el libro, Stephenie no nos dice que pasa con Jessica, me permití no dejarlos en el olvido a ella y Mike ya que me hacía falta de igual forma una amiga para Nessie.
No la odien, ella no se parece a sus padres (gracias Jesús), y mucho menos a la chismosa de su madre.
Adelanto, en el siguiente cap resurgen los Clerwater, así que ya saben, háganse a la idea.
Finale.
